Disclaimer: Todos los personajes de Naruto y Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.

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Los únicos sonidos que escuchaba eran el de la sangre bombeando en sus oídos y el grifo del agua, corriendo sin cesar.

Tomó más agua entre sus manos y se volvió a empapar el rostro en un vano intento de despejarse. Gotas resbalaban por su cuello mojando su camisa, pero no le importó.

La mano le ardía, la marca del sol sangriento escociéndole la palma a pesar de la frescura del chorro con el que intentaba despejarse.

Su respiración era un desastre, apenas sentía que les entraba aire a sus pulmones y tenía la sensación de que se desmayaría en cualquier segundo.

De pronto la puerta del baño se abrió y su estimado profesor, Umino Iruka, entró con un semblante de entera preocupación.

— ¿Naruto? —se acercó a él y le puso una mano en la espalda, consiguiendo que todos sus músculos se tensaran. —Ven, vamos a la enfermería. —pero, en medio del pánico que le nublaba la mente, se sujetó al lavamanos sintiéndose incapaz de responderle. —Ven. —repitió su profesor antes de tomar uno de sus brazos y pasárselo por el cuello para ayudarle a aguantar su propio peso.

Naruto cedió y, apoyándose en Iruka, se dejó guiar hasta la enfermería.

Apenas registró las preguntas de la enfermera, solo supo que se tomó unas pastillas que ya no recordaba para qué eran y que estuvo recostado un rato en una de las camillas.

— ¿Te sientes mejor?

Sus ojos azules se dirigieron cansadamente hacia su profesor. Iruka no se había ido, a pesar de haber dejado al salón en medio de la clase. Simplemente les dio unas asignaciones de lectura para que hicieran mientras regresaba y salió del salón en busca de Naruto en cuanto lo vio salir como alma que lleva el diablo hacia los baños.

—Un poco. —contestó con honestidad.

— ¿Quieres hablar de ello?

El rubio negó con la cabeza con suavidad.

— ¿Y Sasuke? —preguntó extrañado de no verle ahí con él. Debió sentir su pánico, además de que obviamente tuvo que haberlo visto salir corriendo del aula a media clase, era imposible que pasara desapercibido, especialmente porque se sentaba detrás de él.

—Salió detrás de ti cuando corriste. —le informó. —Supongo que no pensó en buscarte en los baños.

Eso era… extraño.

Sasuke podía percibir su presencia no importa dónde se encontrase, y viceversa. ¿Por qué no había podido hallarlo ahora?

Cerró los ojos y trató de concentrarse, y entonces se dio cuenta de que él tampoco podía sentirlo. Otra oleada de pánico le atravesó, todo su cuerpo tensándose y la sangre abandonándole el rostro.

¿Por qué no podía sentirlo? Siempre había sido capaz de detectar su presencia, pero ahora no podía.

¡Naruto!

Al escuchar su voz, su corazón volvió a latir. Sasuke le hablaba telepáticamente, pero se escuchaba lejano.

¿Dónde mierdas estás?

Inhaló y exhaló, Iruka preguntándole en el fondo si le ocurría algo.

En la enfermería. —musitó tanto mentalmente como en voz alta.

Una mano se posó en su frente y se sintió helada al tacto.

—Creo que tienes fiebre. —comentó el maestro.

—Estaré bien.

A pesar de sus palabras, Iruka avisó a la enfermera y esta le dio a tomar medicamentos para la fiebre y le ordenó que descansara un rato y que luego podría irse a casa o continuar con sus clases, dependiendo de cómo se sintiera.

Al ver que todo estaba en orden, el profesor decidió que era momento de regresar con sus demás estudiantes, así que le prometió a Naruto que, si necesitaba tomarse el día, él avisaría a los demás maestros para que no tuviera ningún inconveniente. Luego de que el rubio le agradeciera, abrió la puerta dispuesto a irse y casi choca con otro de sus estudiantes, Uchiha Sasuke, quien aparentemente había estado a punto de entrar a la enfermería con todo el impulso del mundo.

Sasuke ni siquiera reparó en que casi atropella a su maestro. Sus ojos buscaron con desesperación el lugar donde estaba el rubio para ir a su lado lo más pronto posible.

— ¡Tú, idiota! —exclamó al ver a Naruto.

Iruka observó con cierta sorpresa lo expresivo que se encontraba Uchiha, quien solía mantenerse impasible en toda situación que él hubiera visto. Dentro del instituto, Sasuke era el estudiante al que menos veía demostrar sus emociones a los demás. Apenas unos días atrás, cuando Naruto había sido transferido, fue que observó emociones intensas de su parte. Léase enojo, principalmente, porque recordaba su rostro al ver al rubio y el Uchiha en verdad había estado furioso.

Haciendo una seña a la enfermera con la mano, salió del lugar y caminó de regreso a donde le correspondía, sintiéndose extrañamente inquieto.

SNS

Las pálidas manos del Uchiha examinaron la palma donde estaba su marca. Un sol de sangre.

—Por eso no podía sentirte. —murmuró, delineando el contorno carmesí con un dedo.

Sasuke observó su propia mano. Su marca de luna seguía igual, como si no tuviera nada que ver con el sol en la mano de su compañero.

—Puede que esto sea peor de lo que creímos al inicio.

Naruto suspiró, cerrando su mano y mirando las blancas paredes de la habitación. Su corazón tamborileaba angustiado contra sus costillas de modo que le resultaba casi doloroso. Intentaba obligar a su mente a centrarse pero no podía. Todo lo que se le venía a la cabeza eran las mil y una formas en las que podría perder a Sasuke y eso solo lo hacía angustiarse más.

Un apretón en su hombro le hizo desviar la vista hacia un par de lagunas oscuras que lo miraban con cierta preocupación.

—Vamos a casa. El día de hoy ya está perdido de todas formas. —decidió Sasuke por los dos. Es más, estaba seguro de que, hasta que no pudieran arreglar lo que sea que estuviera pasando, ir a la escuela no tendría sentido. Estaban ambos demasiado estresados y con demasiadas preocupaciones como para concentrarse en sus responsabilidades como adolescentes.

—Nuestras cosas siguen en el salón. —le recordó el rubio

—Iré por ellas. —le aseguró y, antes de marcharse, su mano se detuvo en su mejilla unos instantes antes de dejar escapar un suspiro.

SNS

Sasuke le informó a Iruka que él y Naruto irían a casa por el resto del día. Literalmente eso hizo: le informó. No pidió permiso, no consultó si estaba permitido… solo entró al salón, tomó las cosas de ambos ignorando la mirada de todos los presentes y caminó hasta estar frente al escritorio del maestro y soltó un crudo "Naruto y yo nos retiraremos por hoy". Y, sin nada más que agregar y sin esperar respuesta alguna, salió del aula.

No le importaban demasiado las consecuencias. Al fin y al cabo, Iruka sabía que Naruto no se sentía bien, así que el rubio no tendría problemas. Él, por otro lado, sí podría llegar a recibir un llamado de atención por su actitud, pero le importaba un reverendo cacahuate en esos momentos.

Naruto lo esperaba afuera de la enfermería. Al llegar a su lado, tomó su mano sin mediar palabra y le haló consigo hacia la salida. El rubio parecía estar perdido en su mundo pero, a pesar de todo, apretó su mano con fuerza y entrelazó sus dedos.

Volvieron a utilizar la salida trasera. Milagrosamente aún no se habían topado con ningún reportero, todos se mantenían en la entrada principal. Una estrategia algo tonta, pensó fugazmente el pelinegro, considerando que, si ellos estaban ahí, obviamente ellos no se aparecerían por dicha zona. En fin, mientras más les durara la idiotez, mejor. Especialmente cuando ninguno de los dos se encontraba de humor para estar lidiando con desconocidos queriendo inmiscuirse en sus vidas privadas.

Caminaron en silencio hasta el departamento de los Uchiha. Sasuke meditó si les hubiera convenido tomar un taxi para regresar, pero descartó la idea al pensar que una caminata no les caería mal para distraer la mente. Aunque, claro, esta no resultó ser tan efectiva.

—Odio la escuela. —masculló Naruto, quitándose los zapatos el entrar al hogar de su compañero.

Sasuke sonrió con cierta ironía ante las palabras del rubio y dejó las cosas de ambos junto a la puerta, cerrándola al entrar.

—No llevas ni una semana.

—Y sigo sin estar seguro si es la mejor o la peor semana de mi vida.

El pelinegro suspiró y, tomándole de las manos, lo guio junto con él hacia el sofá, donde ambos se dejaron caer agotados.

No es que pudiera culpar a Naruto. Definitivamente los últimos días habían sido demasiado para ambos.

Normalmente, luego de encontrarse, los días venideros solían ser bastante tranquilos. Ambos se concentraban en la felicidad de estar el uno con el otro de nuevo y, si había complicaciones, solían ser externas, como el ambiente en donde se encontraban, o si había guerras o conflictos de algún tipo, o incluso contrariedades relacionadas con clases sociales. Pero nunca era algo que les afectara exclusivamente a ellos y que no supieran como lidiar con ello.

Ni siquiera tenían idea de cuál era el verdadero problema aquí. No podían hacer otra cosa que sentarse y esperar a que las cosas fueran sucediendo por su cuenta. Lo peor era que sabían que actuando de ese modo lo único que realmente estaban consiguiendo era esperar lo inevitable pero ¿qué más hacer?

No tenían ningún indicio por donde comenzar a buscar respuestas. Cualquier pista que pudiera llevarlos a alguna parte debía estar perdida hace al menos mil años atrás y, sin sus memorias disponibles, no podían acceder a ellas.

—No sé qué hacer…—murmuró el rubio con voz apagada.

Sasuke lo miró unos segundos antes de apoyar su cabeza en su hombro y volver a suspirar.

—Yo tampoco.

Tal vez fueran minutos u horas, pero pasaron en el sofá apoyados uno en el otro, con las manos entrelazadas, por largo rato.

Naruto acariciaba lentamente el dorso de la mano de Sasuke con el pulgar, su mirada desenfocada en algún punto de la sala. Sasuke había cerrado los ojos, concentrándose en la presencia del cuerpo a su lado.

—Debe haber algo que podamos hacer. —fue el murmullo que escapó de la boca del rubio.

—Sí, pero ¿qué?

El ojiazul abrió la boca y luego la cerró.

Ideas no se le ocurrían y soluciones menos. Hasta le aterraba la idea de morir y que esta fuera la última vida en la que se encontraría con Sasuke. Nunca antes le había dado miedo la muerte. Era tonto si se tenía la seguridad de que al dejar una vida te esperaba una nueva, pero ahora era diferente. Aunque le esperara una nueva vida, no sería suficiente. No sin su amor a su lado.

Una mano cálida le apartó mechones dorados de la frente y entonces se percató de que el ojinegro se había separado ligeramente para verle.

—Si sigues pensando tanto se te freirá el cerebro.

Oh, pero no podía evitarlo. No importa cuanto Sasuke se burlara de su inteligencia, Naruto no era estúpido. Y su mente no podía evitar divagar ante la incertidumbre.

No respondió a su provocación, sino que cerró los ojos y acortó el espacio entre ellos para besarlo. La mano del Uchiha se deslizó hasta su nuca mientras sus labios le correspondían el toque, y la suya se enrolló en su cintura para abrazarlo.

Esto.

Esto que compartían justo ahora, que llevaban vidas compartiendo.

No podía perderlo.

No podía perder este lazo y este amor que compartían. Rayos, que ni siquiera el sexo le importaba, y eso que Naruto era al que normalmente le entraban ganas más a menudo. Podría vivir el resto de su existencia en abstinencia, pero no podría vivir sin Sasuke.

Le amaba demasiado. Toda su alma dolía por él, lloraba por él, le añoraba con todas sus fuerzas.

Ni siquiera se percató de que estaba llorando hasta que unos pulgares le restregaron las empapadas mejillas en medio del beso.

—Debe haber alguna manera de que podamos recuperar la memoria. —dijo de pronto Naruto con un tono completamente decidido, separándose de sus labios.

— ¿Cómo cuál? —preguntó su novio, su mirada encontrándose rápidamente con la suya.

— ¿Qué hay de tu sharingan?

—Sabes que no tengo la energía para utilizarlo a placer. Buscar entre tus memorias algo perdido requeriría de energía que no tengo. —le recordó frunciendo el ceño.

El uso de sus poderes oculares requería de una energía peculiar llamada chakra. Esta energía era propia de los seres divinos, como lo eran originalmente Sasuke y Naruto. Al convertirse en humanos, perdieron la mayor parte de esta, al igual que la mayoría de sus poderes espirituales, pero conservaban lo suficiente para hacer uso de ellas de vez en cuando. Como cuando Sasuke había utilizado sus ojos para ver su sueño, pero ese estaba tan latente en la mente de Naruto que solo le tomó un par de segundos encontrarlo y visualizarlo, por lo que casi no había gastado de su chakra.

Esto era bastante diferente. Buscar en una mente algo que se encontraba perdido, bloqueado o sellado era mucho más complicado. Sasuke tendría que internarse en la mente de Naruto a consciencia y mantenerse ahí el suficiente tiempo para realizar una búsqueda exhaustiva. Y eso no era muy sencillo que digamos, considerando que no se trataba de algunos años de recuerdos, sino de cientos de vidas, todas almacenadas en un mismo lugar.

—En forma humana no. —respondió Naruto, apretando el agarre en la cintura de su novio. —Pero si nos transformáramos

¿Estás loco? ¡Sabes que no tenemos permitido hacer eso!

— ¡Pero, Sasuke! ¡Mira nuestras opciones! —le soltó y se puso de pie, haciendo gestos en el aire, señalando la nada. — ¡No tenemos! Esto. —mostró su marca, aún roja. —Y eso. —señaló el hombro del Uchiha, donde la extraña marca negra había aparecido. —Podrían destruirnos. ¡Lo sabes!

Naruto. —también se levantó para mirarlo de frente y a la misma altura.

Sasuke. —tomó sus manos y les dio un apretón. —Por favor. —suplicó. —No quiero perderte, y si así conseguimos aunque sea un solo indicio, uno pequeñito, que nos ayude a prepararnos para lo que viene…

La mirada del ojinegro se suavizó.

Volver a sus cuerpos originales, aunque fuera temporalmente, requería que tomaran el poder directamente de la luna y el sol. No es que esto fuera un problema, ya que el sol y la luna siempre se encontraban en el mismo lugar, aunque no se pudiera ver a alguno de ellos. La Tierra giraba en una misma órbita alrededor del sol, y la luna alrededor de la Tierra. Además, este fenómeno podía presenciarse en el momento en que juntaban sus marcas al conocerse, solo que la transformación duraba apenas unos instantes y servía el único propósito del reconocimiento de sus almas.

El verdadero problema radicaba en el hecho de que ellos ya habían renunciado a dichos poderes. El lazo que les unía a sus propios astros no se había roto por completo, puesto que esto era imposible a menos que sus espíritus fueran destruidos, pero no contaba con la misma fortaleza de antes. En teoría, no tenían permitido utilizar sus poderes originales luego de haber renunciado a ellos.

En el peor de los casos, podrían estar atentando contra el equilibrio de ambas energías.

— ¿Qué es lo peor que podría pasar? —sonrió el rubio.

Sasuke se limitó a alzar una ceja.

—Oh, no lo sé. ¿Qué el sol se apague y muramos todos congelados?

—Eres demasiado pesimista. Solo necesitamos la energía para que urgues en mis memorias un rato, no para iniciar una guerra nuclear o algo así.

—Prefiero el término realista. ¿Y una guerra nuclear, en serio?

—Pesimista.

—Como sea. —dio por terminada la discusión exhalando sonoramente.

El rubio lo miró con ojos expectantes.

— ¿Lo haremos?

Sin mediar palabra, Sasuke se liberó de su agarre y alzó su mano, exponiendo su marca. Sonriendo, Naruto le imitó y juntó sus palmas, entrelazando sus dedos. Un agradable cosquilleo comenzó en sus manos y se extendió despacio por sus cuerpos.

Cerraron los ojos cuando una luz les envolvió.

La energía recorría sus cuerpos como si les hubiera golpeado un relámpago. Podían sentir el cambio aún sin observarlo.

Cuando Naruto volvió a abrir los ojos, se encontró con su Luna.

Ojos negros iguales a las noches más oscuras. Cabello del mismo color con elegantes reflejos azules que le llegaba a los hombros por delante, y casi a media espalda por detrás. La sencilla túnica oscura con brillos violeta y azul, moviéndose de manera que asimilaban nebulosas, con un cinto plateado como la luna en su cintura… Estaba tal y como lo recordaba, igualito a la primera vez que le vio.

—Estás desconcentrándote. —le regañó este, sacándolo de su ensimismamiento.

Sasuke también se había detenido a admirar durante medio segundo el cambio en la persona frente a él. Pero fue eso: medio segundo. La túnica naranja con destellos amarillos y blancos, el cinturón del mismo color del cielo… Su cabello refulgente que se movía como si fueran llamas ardientes, sus ojos, ahora dorados con sombra naranja en los párpados.

Sep, una vista increíble a decir verdad, pero el pelinegro tenía en primer plano sus prioridades.

—Je, lo siento. —le dirigió una sonrisa apenada. —Es solo que extrañaba verte así, como cuando nos conocimos. —Su sonrisa pasó de apenaba a embobada.

—Sigues distrayéndote. —le volvió a reñir. —No despegues tus ojos de mí.

Naruto estuvo a punto de hacer un comentario parecido a "como si eso fuera posible" cuando se encontró de lleno contra ojos escarlata que refulgían en el rostro de su poseedor. Fue casi como sumirse en un hechizo que lo consumía completo, uno del cual no deseaba escapar jamás.

SNS

—Llegamos a Tokio, señor.

Una sonrisa retorcida apareció en los labios de un hombre de largos cabellos negros y tez de un pálido enfermizo.

Podía sentir la extraña energía en el ambiente. Esos dos en serio debían de estar desesperados como para recurrir esos recursos.

Oh, pero eso no les serviría de nada. Él mismo se encargaría de ello.

— ¿Señor Orochimaru? —escuchó que le volvían a llamar.

Sin decir nada, se puso de pie listo para salir de su avión privado y admirar por primera vez en años a la famosa y singular ciudad de Tokio.

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N/A: Honestamente ya no tengo idea de qué tan largo resultará este fic XD Mi idea original eran 15 capítulos, pero ahora ya estoy segurísima de que me van a salir al menos 20 XD

Pero bueno. Intentaré actualizar una vez a la semana, o al menos una vez cada quince días XD Énfasis en la palabra "intentar" xd

Por cierto, muchas gracias a todos los que apoyan y comentan este fic :D Leo todos los comentarios y de verdad me motivan bastante a seguir escribiendo :D