Disclaimer: Todos los personajes de Naruto y Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.
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Nunca, durante toda su existencia, había tenido la necesidad de entrar a la mente de Naruto.
Si le hubieran preguntado qué expectativas tenía, sería probablemente un desorden total. Parecido a un armario donde la ropa solo era tirada dentro, sin doblar, sin colgar. Parte de ella terminaba en el piso, y a eso había que sumarle la silla con ropa que "aún se puede utilizar", ni limpia ni sucia.
No estaba seguro de que lo que veían sus ojos ahora era mucho mejor.
Se encontraba en el medio de un pasillo extenso, sin final. A ambos lados de este había infinidad de puertas. Todas blancas y simples, sin ninguna gracia.
¿En serio esta era la mente de Naruto? Parecía el pasillo de un hospital de una película de terror, nada que ver con la personalidad del Namikaze. Esperaba al menos un lugar más colorido, pero el pasillo frente a sus ojos era tan insípido que incluso le parecía más realista que fuera su propia mente y no la de su novio.
En fin. Si iba a hacer esto, necesitaría ayuda. Al fin y al cabo, quien mejor conocía una mente debía ser el dueño de dicha mente.
— ¡Naruto! —le llamó, su voz resonando contra las paredes.
En un parpadeo, su amante se materializó frente a sus ojos con una sonrisilla divertida en sus labios. Luego parpadeó y observó alrededor, haciendo una mueca.
—Ugh, hace falta una remodelación. —dijo este, cruzándose de brazos y arrugando la cara.
—Es tu mente. —le recordó el pelinegro.
—Nunca vengo aquí. —se encogió de hombros. —Podrá ser mi subconsciente, pero no es como si pasara algo de tiempo aquí como para pensar en decorar o algo. Seguro que la tuya está peor.
Sasuke rodó los ojos.
—Como sea, estamos perdiendo el tiempo.
—Bien, bien. —concedió. —Pues, cada puerta es una de mis vidas. —para demostrarlo, abrió la primera puerta y todo el entorno en el que se encontraban cambió.
Ahora se encontraban dentro de una enorme casa. Estaba toda iluminada cálidamente, bien ordenada y acogedora. Los mueblen y la decoración eran bastante alegres, había plantas por todos lados y las paredes estaban decoradas con papel tapiz con figuras doradas de lianas y estrellas.
—Así era la casa de mis padres. —murmuró el rubio en un susurro, sus ojos siendo invadidos por la nostalgia.
El ambiente era generado por sus recuerdos y la casa de sus padres siempre fue el lugar que consideró su hogar, incluso cuando ellos ya no estaban es este mundo. Todo estaba igual a como lo recordaba. Lo único que parecía fuera de lugar era el marco de la puerta blanca en el centro de la sala, que se encontraba abierta.
Colgados en las paredes había miles de cuadros con recuerdos que se reproducían como películas. En algunos podía observarse a él mismo años atrás, cuando aún era un niño y no tenía ni la mitad de las preocupaciones que cargaba ahora.
Al ver que Naruto volvía a distraerse, Sasuke habló.
—Bueno, esta vida no nos interesa. Cierra ya eso.
Encogiéndose de hombros y dejando escapar un suspiro, el rubio cerró la puerta y nuevamente se encontraron donde comenzaron.
—Habrá que saltarnos unas quince puertas para encontrar la que buscamos.
Comenzaron a caminar. Lo único que se escuchaba era el sonido de sus pisadas, que retumbaban con un eco por todo el lugar. Naruto lo seguía por detrás, dejando al Uchiha tomar el liderazgo de la situación. Cuando llevaban unos minutos andando, su voz volvió a resonar en el lugar.
—Tienes mucho valor para criticar mi ropa y tener una mente tan tétrica. —comentó el pelinegro, observando con ojo crítico cada acceso igual a la anterior.
—Sí sabes que este es solamente el almacenamiento de mis memorias, ¿cierto? ¡Mi mente es un lugar muy alegre! —replicó ofendido. —Y no es mi culpa que siempre te vistas como si fueras a ir a un funeral.
—Hn.
Al llegar a la puerta número diecisiete, el pelinegro se detuvo. Llevaban quince vidas sin verse, por lo que, sin contar su vida actual, esta debería ser la puerta de su última vida juntos.
Respirando profundamente, Naruto tomó el pomo y abrió la puerta. De nuevo todo su alrededor desapareció para dar lugar a un nuevo escenario. A diferencia de la primera puerta, donde se materializó la antigua casa de los padre de Naruto por ser un lugar preciado para él, ahora se encontraban en medio de la oscuridad de una cueva.
El rubio se abrazó instantáneamente a sí mismo, sintiendo como si un viento frío y tenebroso soplara contra él, lo cual no tenía ningún sentido considerando que estaban en su mente. Se escuchaba el sonido de una gotera, pero apenas podía ver lo que sus pies estaban pisando.
No tenía sentido. No recordaba ese lugar, ¿por qué su mente había escogido ese escenario para guardar sus recuerdos de esa vida.
—No se ve nada. —escuchó a Sasuke comentar inútilmente. —Los recuerdos más nuevos deberían estar más cerca de la puerta, pero está demasiado oscuro para ver nada.
—Ni siquiera sé qué es este lugar. —confesó, notando el temblor en su propia voz. El lugar definitivamente le daba mala espina.
De pronto se vio forzado a cubrirse los ojos ante el destello de luz que apareció de la nada, iluminando los alrededores. Al apartar su mano, se dio cuenta que Sasuke ahora cargaba con una antorcha que ardía vivamente en medio de la oscuridad.
—… ¿Qué mier-?
—Es tu mente, puedes crear lo que sea que imagines.
Oh, eso tenía sentido para él.
Sin embargo, ahora que el tenebroso lugar estaba iluminado, seguía sin visualizar ninguno de sus recuerdos. Solo veía las paredes humedecidas y deformes, al igual que el suelo sobre el que estaba parado. Pero había algo más. El sonido de la gotera estaba justo detrás de él, donde se encontró a sí mismo encarando un charco de sangre, donde el espeso líquido se movía ligeramente en ondas gracias a la gota que caía de algún lugar en el techo.
—No me gusta este lugar. —fue lo único que pudo decir el rubio, tomando un paso hacia atrás, queriendo estar lo más lejos posible del dichoso charco.
—Ignóralo. Debemos comenzar a buscar.
SNS
Pudieron ser horas, días e incluso semanas, pero la realidad es que la cueva donde se encontraban parecía no tener final. Ni siquiera lograron encontrar las memorias que el rubio sí recordaba, lo cual no tenía ningún sentido. Deberían estar ahí, porque Naruto podía acceder a ellas.
—Siento que estamos perdiendo el tiempo. —suspiró el rubio. — ¡Aquí no hay nada más que rocas, humedad y ese extraño charco de sangre de hace un rato!
— ¿Charco de sangre? ¿Dónde viste eso? —Sasuke se volteó inmediatamente, encarando al ojiazul.
—Eh… No lo sé, ¿cuándo estábamos junto a la puerta y encendiste la antorcha?
— ¿Y no se te ocurrió decirme? —reclamó fastidiado.
— ¡Creí que lo habías visto! —intentó defenderse. —Lo dejamos atrás hace ya rato.
Sasuke se sujeto el puente de la nariz con dos dedos y contó hasta diez. ¡Si es que era idiota! Hasta el momento lo único que habían encontrado era altas paredes de roca y un pasadizo sin final. Si había algo diferente, tenía que ser una especie de pista. O al menos una señal, un indicio.
—Vamos. —sin dar explicaciones, le tomó la muñeca a Naruto y le jaló de regreso. Ignoró las quejas de este al verse arrastrado al sitio donde comenzaron. Sin embargo, el rubio se calló en cuanto divisó la puerta que varios minutos atrás habían dejado abandonada.
El sonido de la gota resonó en sus oídos de nuevo, instándole a cubrirse las orejas con las manos. No toleraba escucharlo, no importaba cuan ridículo le parecía a su lado racional.
— ¿Es este? —preguntó entonces el Uchiha, de pie junto al charco y sin soltar su agarre.
—Sí.
Llamarle "charco" era bastante modesto, pensó Sasuke, considerando el hecho de que bien podría ser del tamaño de unos cinco metros cuadrados, con quién sabe cuántos metros de profundidad.
Inspeccionó con cuidado el borde, rodeándolo despacio, observando la pequeña gota que caía desde arriba cada dos segundos sin cesar. Entonces alzó la vista y se encontró un hueco el lo alto del techo de la cueva por el cual resbalaba la sangre.
Los ojos de Naruto siguieron los suyos y soltó un jadeo ahogado cuando divisó el enorme túnel que se formaba arriba de ellos.
—Hay que subir. —exclamó decidido el Uchiha.
— ¿Qué?
—Tenemos que subir.
— ¡N-Ni hablar! —gritó el rubio, muerto de miedo.
—No estoy preguntándote. —y, dicho esto, volvió a tomarle de la muñeca y comenzó a caminar hacia arriba, dando la impresión de que había alguna clase de escalera en espiral cuando en realidad no había nada debajo de sus pies.
— ¿Qué diablos? —no pudo evitar exclamar. Luego recordó lo que Sasuke ya le había dicho sobre el poder de crear cualquier cosa estando en su mente y dejó de cuestionar todos los truquitos de magia que el pelinegro parecía tener bajo su manga. — ¿Cómo sabes manejarte tan bien en mentes ajenas? —masculló frunciendo el ceño.
—Años de práctica.
Mientras continuaban subiendo, la incertidumbre y la inquietud se apoderaban más y más del Namikaze, quien ahora se aferraba con ambas manos al brazo de su compañero, como si temiera quedarse solo y perderse si lo soltase.
¿Por qué estaba actuando tanto como un cobarde? Normalmente se lanzaba hacia el peligro sin siquiera pensar las cosas, pero ahora todo lo que quería hacer era salir de allí. Era como si todo de sí le gritase que se fuera, que huyera, que no debería estar ahí, y era su propia mente.
Sintiéndose incapaz de seguir observando sus alrededores, cerró los ojos con fuerza, confiando en que Sasuke le guiaría hasta donde tuvieran que llegar. Pero se detuvo. El cuerpo al que seguía dejó de avanzar y pronto la voz de su novio interrumpió sus pensamientos.
—Están aquí. —escuchó que decía y abrió los ojos.
Iluminados por la llama de la antorcha, había miles de huecos en las paredes del túnel que les rodeaba. En cada uno había imágenes que se reproducían como películas, y se extendían hacia el cielo aparentando ser infinitas.
—Tus recuerdos están aquí. —repitió el pelinegro, observando cada hueco con atención.
La escena le recordó a Naruto cuando vio Alicia en el País de las Maravillas hace muchos años, con sus padres. Era como una versión retorcida de la madriguera del conejo blanco, toda oscura y húmeda y sin extraños objetos flotando a su alrededor, solo un silencio penetrante que parecía no tener final.
Sin embargo, los recuerdos sí estaban ahí. El más cercano al borde reproducía una imagen de ellos aproximadamente a los treinta años, conversando sobre algo mientras Naruto señalaba un riachuelo que pasaba junto a la entrada de una cueva rodeaba de la más bella naturaleza.
No podían escuchar lo que decían, pero la memoria terminaba con ellos asomándose dentro de la cueva, sin llegar a entrar en ella.
Los hoyos que estaban más alto reproducían recuerdos más antiguos, por lo cual no estaban interesados en ellos.
—Sasuke, mira.
El pelinegro bajó la vista hacia Naruto, que señalaba unos huecos vacíos en la pared, por donde unos hilillos de sangre se deslizaban hasta caer en forma de gotas al charco debajo de ellos.
—Son los espacios donde deberían estar tus últimos recuerdos.
—Pero… Están vacíos. —musitó, confundido.
No estaban sellados, no estaban cubiertos de nada… Simplemente no había nada en ellos, como si dichos recuerdos no existieran.
Estiró la mano, tocando el borde irregular por donde escurría la sangre, manchándose un poco de esta. Grande fue su sorpresa cuando, de la nada, una serpiente completamente blanca apareció, como si hubiera atravesado la dura roca de las paredes, y se lanzó sobre él.
SNS
— ¡Naruto!
Apenas escuchó fue consciente del grito llamando su nombre cuando sintió su cuerpo chocar contra un líquido y comenzar a hundirse.
Movió los brazos, pataleó, tragó el sabor metálico de la sangre en la que se vio arrojado.
Le quemaba. No sabía si era su desesperación o si en realidad esa enorme piscina sangrienta le estaba hiriendo de alguna forma, pero todos sus pensamientos se redujeron a una cosa.
"¡Sáquenme de aquí!"
Y, como si alguien hubiera oído su deseo, algo le tironeó del brazo hasta la superficie, donde pudo aferrarse al frío piso de roca como si de ello dependiera su vida.
Llenó sus pulmones de aire con desesperación, sin que su cabeza le hiciera recordar que este no era su cuerpo físico y que, en realidad, no podía ahogarse.
Una mano le frotó la espalda y Naruto exhaló profundo, sus brazos buscando instintivamente el cuerpo a su lado y rodeando una firme cintura. No abrió los ojos ni levantó la cabeza, solo enterró su rostro en el pecho del cuerpo contrario y dejó que otra mano ajena le acariciara despacio los cabellos.
—Sasuke, quiero…—logró decir entre jadeos. —Quiero salir de aquí, Sasuke.
— ¿Tan pronto? —una tenebrosa voz le contestó, paralizándole todo el cuerpo. —Pero si acabas de llegar.
Su cabeza se alzó instantáneamente y, en lugar de ser recibido por los bellos ojos oscuros de Sasuke, se encontró con una mirada inhumana. Irises amarillas y pupilas rasgadas, piel pálida hasta el punto de parecer enfermiza, una sonrisa escalofriante en labios secos y quebradizos, cabello negro que caía como cascada por sus hombros y espalda…
Pero le conocía, estaba seguro.
Esos ojos eran los mismos de su sueño.
—Ríndete de una vez.
No podía moverse. Su cuerpo no le respondía. No podía alejarse de las peligrosas manos del hombre frente a él.
—Olvida a la Luna.
La misma voz que le había gritado en aquella pesadilla.
—Él jamás debió ser tuyo.
— ¿Qué? —su voz fue apenas audible.
—Apártate ahora, mientras puedes. —le advirtió la figura que le encaraba, un filo peligroso en su mirada, su aliento chocándole en la cara. —Tomaré lo que desde un inicio tuvo que ser mío.
¿Quién era este hombre? ¿Por qué estaba tan seguro de haberlo visto antes? ¿Qué quería con Sasuke y por qué la obsesión en su voz era tan tétrica?
—No dejaré que te acerques a Sasuke. —esta vez su voz fue firme y directa, llena de convicción.
—Entonces, conocerás tu final.
SNS
— ¡Naruto!
La realidad le golpeó como un quintal de ladrillos.
Parpadeó, confuso.
Estaba de nuevo en el apartamento de los Uchiha, de vuelta al mundo real. Un par de ojos carmesí le observaban teñidos de preocupación mientras una mano le daba palmadas en la mejilla, buscando hacerle reaccionar.
Seguía ahí. Estaba frente a él y estaba a salvo. Su largo cabello con destellos azules, el aura divina que le rodeaba, sus poderosos ojos brillando en un tono rojizo… Todo estaba intacto, su Luna estaba bien.
Olvidando por completo que seguían transformados y que su misión fue un profundo fracaso, soltó la mano de su pareja, que hasta el momento seguía entrelazada con la suya, y le rodeó con los brazos, apretujándole con fuerza. Todo su cuerpo temblaba violentamente y sin que pudiera evitarlo.
—Estás bien. —escuchó que su amante le susurraba en el oído. Cálidas y reconfortantes manos le recorrieron despacio la espalda. —Todo está bien.
El Sol asintió con la cabeza, deseando no tener que soltarse nunca, poder permanecer toda la eternidad entre sus brazos. No tener que preocuparse más, no tener más miedo… Eso era todo lo que quería, abrazarle para siempre y por siempre.
Aunque "para siempre" no duró demasiado cuando la puerta principal fue abierta sin ningún aviso.
—Sasuke, estoy en ca- ¡Santos dangos!
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N/A: Perdón por el retraso :'V
¿Soy solo yo o el fic se está poniendo raro? XD
¿Alguien tiene teorías de lo que vaya a pasar?
