Resumen: Hyoga jamás tuvo problemas con lo que era desde que se presentó como un Omega. Tardó un poco pero no batalló tanto consigo mismo como hubiese creído que lo haría… Solo que ser Omega no es fácil, menos cuando es el único del grupo, y con un Alpha pegado constantemente a él.

Serie: Saint Seiya

Personajes: Shun de Andrómeda, Hyoga del Cisne, Ikki de Fénix, Seiya de Pegaso, Shiryu de Dragón. Sahori Kido.

Pareja: Shun-Hyoga.

Género: Amistad, Familia, Romance.

Rating: T

Advertencia: Omegaverso. Alpha/Beta/Omega.

Capítulos: 4/20

Palabras: 2713.

Notas:

Fecha: 24/01/2019

Beta Reader: Por ahora sin betear.

Disclaimer: Todo lo referente a Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada y a la Toei.


Capítulo 04.

La batalla de Shun y Jabu se llevo a cabo un día mas tarde de lo programado. Hyoga estuvo allí, viendo lo que fue una extrañísima entrada.

Jamás, ningún otro peleador, había llegado al ring como Shun y Jabu lo habían hecho ese día. Y al parecer, por los gritos de cientos de mujeres –y hombres– en el coliseo, esa entrada había sido mas para Shun que para Jabu… con toda seguridad.

Hyoga observó la pelea… o lo que debió ser una pelea, y no lo fue. Shun casi no se movió de su lugar, limitándose a hacer un despliegue inmenso de sus cadenas sobre casi todo el ring de batalla.

A simple vista, Jabu no tenia ni un solo punto donde atacar.

Aun así, Shun se negaba a atacar a su vez, pidiendo que Jabu se rindiera en el mejor de los casos. Claro que para Jabu, así como lo seria para cualquiera de ellos, la rendición no era factible. Shun se basto de la defensa de la cadena para dejar a Jabu en el suelo, jadeante, y al borde de sus fuerzas.

La chicharra lo salvo de un nuevo intento de ataque, y de una nueva ráfaga de golpes metálicos, cuando las pantallas mostraron el nombre de Shun como ganador de la contienda.

Hyoga no pudo ocultar la sonrisa cuando Jabu paso a su lado, ayudado –o casi llevado– por uno de los médicos a cargo de ellos después de las peleas. Pero le fue imposible no cambiar del todo su sonrisa cuando Shun pasó a su lado, como un borrón informe.

Solo vió su espalda, antes de perderlo en el pasillo que llevaba a los vestidores.

Ni siquiera se había quedado para recibir los vítores de la gente en el coliseo. Aunque su falta de presencia en el ring no les impidió a sus muchos fans a seguir coreando su nombre.

Lo encontró semi doblado contra la pared de las duchas, parte de su armadura a sus pies, y tratando de mantener una respiración uniforme. Una de sus manos contra su pecho, y la otra ayudándolo a mantenerse lo más erguido que podía.

Hyoga supo que algo andaba mal, cuando al entrar, el aroma de Shun –que antes le parecía exquisito–, ahora le repugnó automáticamente llenó sus fosas nasales.

Quiso retroceder, sintiendo como su columna se tensaba en anticipación… a algo que no sabía bien que era.

—¿Shun? —preguntó apenas estuvo a dos pasos del Santo. Su instinto aun gritándole que estaba loco por seguir acercándose.

Shun, que hasta ese momento no había sido consciente de la presencia del Cisne detrás suyo, se apresuró a erguir su cuerpo, recomponiéndose más rápido incluso. Sus ojos buscaron en toda la habitación antes de posarse en la figura alta de Hyoga. Asintió, como si eso bastara para asegurar que nada le había pasado y siguió hasta su casillero.

Hyoga lo siguió con una mirada curiosa, sin poder evitar aspirar del olor que el Alpha iba dejando a su paso. Aun era desagradable para él, pero no tanto como en un principio, y en todo lo que podía pensar era en seguir a Shun y ver que podía hacer por él.

—¿Hyoga? —oyó la voz llamándolo, antes de darse cuenta que Shun había desandado sus pasos para estar otra vez a su lado. Sus manos en un intento de tocarlo… pero aún lejos de hacerlo.

—¿Qué? —preguntó sorprendido de todo.

—Te preguntaba que paso… ¿Por qué venias detrás de mí?

Hyoga negó. Shun ya no llevaba parte alguna de su armadura, solo el traje cubriendo su cuerpo, y sus pies descalzos en el frio suelo. Todo aquello le daba una imagen sumamente inocente, mucho más de lo que debería ser la de un guerrero que acababa de ganar una batalla dejando a su contrincante al borde de la muerte.

—No te vi bien… Creí que algo te pasaba.

Anunció luego de pensar bien su respuesta, no podía simplemente decirle lo que había pensado antes.

Shun asintió, con un pesado suspiro de resignación, pero antes de que pudiera emitir palabra alguna, risas y pasos se escucharon. Ambos vieron entrar a Ichi y Geki, y se movieron hacia otro sector de los vestidores oyéndolos seguir su charla sin importarles que estén allí, al parecer.

Hyoga bufó, antes de comenzar a quitarse la armadura a su vez. Había quedado entre ellos un ambiente muy extraño de silencio e incomodidad, que parecía ajeno a ellos después de lo ocurrido en los últimos días. Claro que ellos no tenían algo así como una gran amistad previa, casi no habían hablado entre si desde que volvieron a verse después de su entrenamiento. Pero el Cisne sentía que congeniaba más con Shun que con cualquiera otro de los Santos.

Shun claramente era el más amable de todos, incluso que Shiryu. Y la amabilidad no debería estar en ellos… si es que querían ganar la Armadura de Oro.

Estaba por preguntarle sus razones para estar allí… siendo que no daba exactamente en el perfil de guerrero, cuando el Cisne sintió que cada palabra que había pensado en pronunciar, moría inevitablemente en la punta de su lengua.

Shun, no muy lejos de él, había seguido con su rutina como si nada más ocurriera a su alrededor, quedando en ropa interior frente a los ojos de Hyoga, mientras acomodaba y ordenaba su ropa, y ropaje.

Lo primero que cruzó la mente del Cisne, fue dejar de mirar… por pudor quizás. Pero rápidamente recordó que en los vestidores se habían cruzados todos ellos ya, aunque él no recordara haber visto antes a Shun, no debía de ser malo, o raro. Lo segundo que pensó, fue lo engañoso que era el Santo de Andrómeda con tan solo una capa de tela por sobre su cuerpo.

Increíble era ver, los músculos definidos, la diferencia obvia entre los hombros anchos y la casi diminuta cintura, hacia a Hyoga replantearse su idea de que Shun no estaba en el lugar que debía estar.

—Si quieres seguir hablando, solo tomare una ducha rápida. —explicó con un tono de disculpa marcado.

Hyoga parpadeó en su dirección, Shun había rodeado su cintura con una toalla, dispuesto a hacer lo que le había dicho que haría.

El rubio asintió. Él quería hablar, hasta ahora sus cuasi charlas solo se habían dado dentro de su cabeza, de verdad necesitaba oír al menos una palabra del verdadero Shun.

Pero para ello, debía acabar de quitarse la armadura y vestirse… no estar allí, con su mirada fija en cada movimiento de sus músculos, de su cuerpo entero. Aun podía oír el eco de los gritos del coliseo, pero no recordaba si iban a llevar otra pelea aparte de la de Shun y Jabu, por lo que, en muy poco tiempo solo estarían ellos y los encargados de la limpieza.

—¿Te gusta lo que ves?

Una voz extraña lo sobresalto, por la cercanía a su oído.

Se puso de pie en el acto, incrédulo de no haber notado que alguien más había entrado a los vestidores, y se hubiese acercado tanto a él.

—¿Quién eres?

Se alegro cuando su voz salió uniforme, baja y peligrosa. Aunque quien estaba frente a él, parecía estar nada impresionado.

—Nadie que debas conocer a fondo, te lo aseguro. Ahora, si no te importa…

Hyoga no quiso retroceder, pero instintivamente dio un paso hacia atrás, cuando el sujeto frente a él avanzó, y hubieran estado muy cerca el uno del otro si la voz de Shun no lo hubiese sacado de su batalla visual.

—Niisan… ¡Ikki!

Shun no tardó en salir de las duchas, realmente nada. Su cabello aun goteaba agua sobre sus hombros desnudos cuando paso frente al rubio, como una sombra que emanaba vapor, y aroma a sal de mar. Sus pies descalzos y apenas una toalla aun en su cintura, era una visión tal, que a cualquier persona le haría perder el hilo de sus pensamientos… o al menos Hyoga se quería autoconvencer de ello.

Sus ojos celestes se cruzaron con un par azules que lo miraron con resentimiento.

Ikki.

¡Claro!

El hermano mayor de Shun… ¿Cómo no lo había reconocido?

Sintió que toda su piel quemaba, mientras repasaba antiguos insultos en su lengua natal, que bien podían ser dirigidos a si mismo, como al hombre que seguía mirándolo desafiante, como a la deidad mas cruel y arrogante, que al parecer había decidido que ponerlo en semejante situación era tremendamente divertida… Hilarante, realmente.

—¿Me alegro tanto de volver a verte, Niisan? —Shun pudo desenvolverse de férreo abrazo, cuando Hyoga pensaba muy seriamente en desaparecer de allí, sin decir nada. —Quiero presentarte a Hyoga… él me ha ayudado mucho en muy poco tiempo.

—Hyoga…, ¿eh?

—Ikki. —se sintió lo suficientemente valiente como para estirar su mano en intención de saludo, claro que era una intención muy ingenua de su parte.

—Estoy seguro que tienes otras cosas que hacer, Hyoga del Cisne.

El rubio Santo vio a Shun por un instante antes de asentir, era obvio que Ikki había malinterpretado su mirada sobre su hermano pequeño, pues sus brazos rodeaban el cuerpo delgado, como si quisiera cubrir cada centímetro de piel expuesta.

Sí, Hyoga estaba sintiendo sus mejillas arder de vergüenza.

—Hablaremos mas tarde, Hyoga… Si aún quieres. —la mirada del Santo de Andrómeda era de total disculpa, sonriéndole mientras Ikki lo rodeaba como un pulpo gigante.

—Claro. Nos vemos en la mansión.

Se fue sin mas que un asentimiento de cabeza en dirección a ambos hermanos.

Solo que tuvo que detenerse a muy pocos metros… aun llevaba parte de su armadura y el suit bajo de esta.

¡Govno!*

Hyoga espantó a un par de trabajadores de la limpieza del pasillo. Ahora debía esperar a que Shun e Ikki dejaran los vestidores para ir a cambiarse debidamente. No podía salir así a la calle, además, ninguno podía salir con su armadura a ningún lado… a menos claro que a Sahori se le ocurriera alguna presentación especial en algún canal de televisión.

***SS***

Así fue como fue el ultimo en llegar, casi todos habían cenado ya, y cada quien fue a hacer sus cosas.

Por su parte, Hyoga se conformo con lo que fuera que había sobrado de la cena, sentado en un rincón de la cocina, mientras la servidumbre seguía con sus tareas.

Seguramente no fue fortuito que Ikki llegara ese día… Shun no parecía haber sido tomado por sorpresa en lo absoluto. Si bien fue muy demostrativo en su abrazo y saludo… Quizás, Sahori le habría avisado.

Aunque eso ahora no importaba. Su charla de seguro no se llevaría a cabo hoy, y quizás tampoco otro día. No por como lo había mirado Ikki.

Estaba pensando muy seriamente en fusionarse con la pared detrás suyo, de pura vergüenza… cuando toda la mansión pareció revolucionarse de golpe.

Todo comenzó con corridas por los pasillos, y con gritos desaforados pidiendo la presencia de la Señorita Kido. Hyoga no tardó en abandonar lo que le quedaba de comida –después de todo, no pensaba terminarla–, para ir al encuentro de dichas voces.

Casi toda la mansión estaba allí… excepto Shun e Ikki.

—¿Qué sucedió? —preguntó al llegar junto al Santo del Dragon.

—No lo entiendo bien… pero por lo que grita Tatsumi, alguien se robo la Armadura Dorada del Coliseo.

El silencio cayo sobre todos ellos, mientras los subordinados del mayordomo seguían gritando cosas y algunos hacían llamados a la policía.

—¿Se robaron la Armadura Dorada?

—¡¿Hemos hecho tanto para nada?! —Nachi apareció detrás de Jabu, parte de su cabeza vendada, al igual que una de sus manos.

Hyoga recordó que, efectivamente, Nachi tendría que haber sido el primero que se enfrentó a Ikki.

—¿Qué quieres decir? —Ichi preguntó, en verdad no muy interesado en el despliegue de hombres frente a ellos.

—¿Cómo puedes preguntar algo así? —Jabu parecía igual de irritado, pero a diferencia del Santo del Lobo, parecía poder mantenerlo bajo control. —Esa Armadura seria nuestro premio por casi matarnos entre nosotros… Si ya no está…

La oleada de rumores a media lengua comenzó después de que Jabu se mordiera los labios para no continuar su frase.

Hyoga en verdad no entendía tanto revuelo. Incluso, para él todo aquello resultaba ser una muy buena noticia. Quizás, mañana por la tarde podría tomar el primer vuelo que lo llevara de nuevo a Rusia, y ya no tendría que seguir siguiendo ordenes de Tatsumi… o Sahori.

—No hay nada de lo que deban preocuparse.

Como si el pensamiento de Hyoga fuese premonitorio, Sahori apareció al final de las escaleras, pidiéndole calma, al parecer. El vestido mas 'casual' significaba que estaba lista para salir de allí, seguramente a la estación policial cercana al Coliseo.

—La Armadura aparecerá, y seguirá siendo ese su premio por demostrar quien de ustedes es el mejor guerrero… —Sahori bajo, ayudada por Jabu –para variar–, aunque rápidamente fue flanqueada por dos fornidos guardaespaldas. —Les sugiero que descansen… y tomen con gusto el día libre que obtuvieron. Las batallas se reanudarán cuando encuentre la Armadura de mi abuelo devuelta.

Y sin más, le heredera Kido salió de la mansión… junto con casi todos los hombres que habían entrado la primera vez.

—¿Qué crees? —Shiryu no parecía estar mas que intrigado con la noticia del robo.

—¡Que prefiero que no la encuentren! —el Cisne contestó cortante, pero cien por ciento sincero.

El Santo del Dragon le dedico una sonrisa ladeada, antes de negar suavemente.

—Si bien la Armadura jamás me intereso… no puedo dejar de pensar en que tal difícil puede ser entrar a un lugar como el Coliseo para robársela.

—¿Con toda la seguridad que Kido tenía?… Definitivamente difícil, pero por lo visto, no imposible.

Ambos quedaron en silencio, pero la verdad es que Hyoga no estaba interesado en darle muchas vueltas al hecho en su cabeza. Bastaba con que le dijeran si seguían con las batallas, o si se podía ir de vuelta a casa.

—¿Sabes algo de Seiya? —preguntó al final, tanto por curiosidad, como para romper el silencio… y ya que estaba, también cambiar de tema.

—Sí. Mañana con suerte le darán el alta. —Shiryu no dio muchos detalles, pero su postura se relajo un poco mas al hablar del Santo del Pegaso. —Y quizás piense como tu… —comentó con cuidado.

—¿A qué te refieres?

—Si no hay Armadura Dorada, ni razón para pelear… lo mas probable es que Seiya vaya en busca de su hermana.

¡Shiryu tenía razón!

Sahori solo había conseguido que Seiya ingresara al torneo, prometiéndole usar todos los recursos de la Fundación Graud para encontrar a Seika.

—Seiya no tardara ni un segundo en irse, en cuanto se entere lo que paso.

—Sí, será mejor que vaya a verlo antes de que los medios se hagan eco de las noticias… en su estado, no es coherente que vaya a buscarla.

Hyoga solo le dio un asentimiento con la cabeza, como único indicio de que entendía la salida de Shiryu. El dragón tampoco esperó por más, tan solo salió de la mansión sin prestar real atención a los guardias de la puerta que le preguntaban hacia donde iban.

De golpe, la mansión volvió a quedar en silencio. Los demás Santos, desaparecidos al mismo instante en que la heredera Kido abandono el lugar, por lo que Hyoga podía oír muy claramente cada pensamiento que pasaba por su cabeza.

Pensó en buscar a Shun… quizás hablar de lo que le había molestado tanto luego de su batalla.

Pero eso seria imposible si su hermano estaba aún a su alrededor.

Ikki ciertamente había entendido todo mal.

¡Por Dios!

No porque fuera un Omega saltaría sobre el primer Alpha que viera… eso era ridículo.

Además, se suponía que Ikki y él compartían la misma biología, el Fénix debía de entender algo así. Ikki debía de comprenderlo. ¿O no?

—¡Además, Shun es aún un niño! —se dijo a si mismo… como al pasillo, afortunadamente vacío. —Al igual que yo. —acabó en un murmullo.

Caminó por el pasillo largo de las habitaciones, en dirección a la suya, notando… con cierto desagrado que el aroma tenue de Shun había desaparecido. Pensó en tocar a su puerta, solo para asegurarse de que… pero pronto recordó que quizás ni él ni Ikki habían vuelto en realidad.

Ya se aseguraría de verlo mañana.

Continuará.


Notas Finales: Como ven, esto es un AU muy marcado de la primera parte de la serie… me he tomado la libertad de cambiar MUCHAS cosas, tantas que a veces me quedo pensando por largo rato como mi**da voy a arreglar mis metidas de pata.

Pero como hasta ahora voy saliendo airosa de los problemas en los que yo misma me metí, la alegría es grande y voy a festejarlo.

* Govno: Literalmente Mierda, pero muy utilizable cuando lo diriges a alguien en especial.

Voy a agradecer a todos mis lectores por el apoyo que le dan al fic, a pesar de que esta, su humilde y muy desmemoriada escritora, tarda meses en actualizar.

Gracias, gracias.

Ahora si las dejo… ya saben… oigo hasta las criticas mas destructivas. Sin problemas.