Resumen: Hyoga jamás tuvo problemas con lo que era desde que se presentó como un Omega. Tardó un poco pero no batalló tanto consigo mismo como hubiese creído que lo haría… Solo que ser Omega no es fácil, menos cuando es el único del grupo, y con un Alpha pegado constantemente a él.

Serie: Saint Seiya

Personajes: Shun de Andrómeda, Hyoga del Cisne, Ikki de Fénix, Seiya de Pegaso, Shiryu de Dragón. Sahori Kido.

Pareja: Shun-Hyoga.

Género: Amistad, Familia, Romance.

Rating: T

Advertencia: Omegaverso. Alpha/Beta/Omega.

Capítulos: 5/20

Palabras: 2643.

Notas:

Fecha: Inicio 30/03/2019, terminado 23/04/2020

Beta Reader: Por ahora sin betear.

Disclaimer: Todo lo referente a Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada y a la Toei.


Capítulo 05.

Lo primero que oyó Hyoga en la mañana, fue la voz de Tatsumi ordenarles a todos que bajaran, luego de un más que innecesario aporreo en cada una de las puertas. Afortunadamente, el Santo del Cisne había dormido mejor que en los últimos días, tal vez por el cansancio de las batallas y las horas que uso ayudando a su joven compañero.

—Deja de pensar… —se reprendió en voz alta, cuando la imagen de Shun se dibujó en su adormilada mente. —Su hermano regresó de un infierno en la tierra… seguro que su primer pensamiento no es hablar contigo.

Con un pesado suspiro, decidió ya dejar su cama, y averiguar qué novedades había acerca de la armadura dorada. Volvió a ignorar la segunda 'llamada' de Tatsumi, mientras se aseaba con total parsimonia, aunque salió al pasillo aun sin acabar de vestir su camisa, solo para evitar que el hombre siguiera gritando como si ninguno de ellos fuera capaz de ponerlo en su lugar…

—¡Llevo media hora llamando! —gruñó Tatsumi, al verlo salir de su cuarto. El rubio solo le dedico una fría mirada antes de seguir su camino, ignorándolo por completo.

Al llegar a la sala donde los habían reunido, el primer pensamiento en cruzar su mente fue que más temprano que tarde estaría nuevamente en Siberia… que no había ninguna razón para quedarse en Japón si no había más una armadura que ganar.

La segunda idea que cruzó su mente, en verdad no tuvo mucho tiempo para analizarla, simplemente sus ojos se cruzaron con los aguamarina de Shun, y atravesó la sala sin mucho más pensarlo, sentándose a su lado sin ver a nadie más a su alrededor.

—Buenos días Hyoga. —el Santo de Andrómeda saludó con soltura, y una amplia sonrisa.

—Buenos días. —Hyoga a su vez que le devolvió el saludo, se dio cuenta que el joven estaba vestido de la misma manera que al final de su batalla… cuando Ikki lo obligó a él a salir de los cambiadores. —No has dormido en la mansión… —murmuró tan bajo que solo Shun a su lado lo oyó.

Shun se encogió un poco en su lugar, pero negó con seguridad.

—Ikki no se aloja en la mansión, esta hospedado en un hotel cerca de la estación… anoche me quede con él. —sus ojos se abrieron desmesurados, cuando se giró para pegar sus labios contra la oreja del rubio. —Nos fueron a buscar en la madrugada, como si tuviéramos algo que ver con el robo de la armadura… ¿Te enteraste de eso, Hyoga?

El joven Santo parecía escandalizado, y tenía toda la razón de estarlo… por poco y sacan a Ikki y a él como si fueran una clase de malvivientes. Un leve escalofrió recorrió su cuerpo entero al recordar a los hombres de Kido intentar reducirlos.

Hyoga sin embargo se tragó la súbita vergüenza por la cercanía del Alpha frente a todos, cuando cayó en la cuenta de ello.

—¿Ikki? —preguntó el rubio, luego de buscarlo rápidamente.

Shun se encogió de hombros.

—Llegó conmigo a la mansión, pero luego desapareció… No me gustaría ver que alguien lo inculpe por eso.

Hyoga no pudo evitar dibujar un semi sonrisa… realmente deseando que Tatsumi cometiera ese simple error. Ikki jamás fue alguien a quien el viejo mayordomo pudiera manejar fácilmente, ahora que era un Santo… le sería aún más difícil hacer que se doblegue ante él.

—¿Tu estuviste con él?

—Desde que termino su pelea… —con un suave movimiento de su cabeza, Shun apunto hacia Nachi. El Santo del Lobo estaba en una esquina, aun con curaciones visibles.

Shun suspiró cuando Tatsumi por fin entro a la sala, y detrás de él, la señorita Kido.

—Lamentablemente, tengo que notificarlos que la armadura aún no ha sido encontrada…

El silencio en la sala se hizo aún más pesado, todos los allí reunidos estaban esperando a lo siguiente que diría la heredera Kido, y que era lo que les depararían a ellos.

—Estoy segura que aquellos que han robado la armadura, no eran simples ladrones. —la imagen del Coliseo, y la ubicación de guardias y cámaras se ilumino detrás de ella, como para dar corroboración a sus palabras. —Aquellos que tienen la armadura de mi abuelo, son profesionales. Por ello estoy dispuesta a dar una cuantiosa recompensa a quien la encuentre…

De pronto toda la sala se llenó de voces exaltadas, que rápidamente Tatsumi mando a callar.

—El Santo que consiga traerme devuelta la armadura, obtendrá más dinero del que puedan necesitar el resto de sus vidas…

—Estoy seguro que no estas evaluando muy bien lo que es dejar a tantos Santos correteando por una ciudad como Tokio, buscando tu preciada armadura. —la voz grave de Ikki los sobre salto a todos, aun mas a Sahori, quien lo vio con algo parecido a la culpa y a la vergüenza mezclada.

—Estoy completamente segura de lo que estoy haciendo Fénix, pero entiendan que, si la policía los ve, la Fundación Graud no se hará responsables de ninguno de ustedes. —Sahori se oyó segura y tajante, antes de salir de la sala, sin ver una segunda vez a ninguno de ellos.

—Era de esperarse… —Ikki rio bajo, pero no dijo más nada… incluso cuando la mayoría de los Santos en la sala, parecían demasiado tentados en salir a hacer el trabajo sucio de Kido.

Los único que permanecieron en su lugar cuando Sahori se fue, fueron Shun y Hyoga. Y mientras el Santo del Cisne evitaba verlo a como diera lugar, su pequeño hermano no despegaba su vista de él.

—¿Dónde has estado, niisan?

Con un suspiro ligero, Ikki se dejó caer en uno de los sillones frente a ellos, encontrando divertido que el rubio frente a él volvía a evitar mirarlo.

—La heredera Kido pensó que por ser un Omega podría haberme guardado la armadura en alguna parte de mi ser… al parecer la educación que le dio el viejo Kido jamás incluyo biología.

—¡Niisan! —Shun no podía evitar que su rostro se volviera completamente rojo, antes las palabras de su hermano. Al mismo tiempo que la irritación por pensar a lo que había sido sometido hervía lentamente bajo su piel.

Hyoga también se había vuelto rojo, pero algo de todo eso lo encontraba divertido… aunque aún se negara a verlo, así sea de reojo.

—¡No es mi culpa, Shun!… Yo no soy el que no sabe nada de Alphas y Omegas. —Ikki carraspeó, llamando la atención de la pareja frente a él… —Lo que me lleva a preguntar, ¿qué sucede entre ustedes?

El Santo del Cisne de golpe sintió deseos de hundirse en los cojines del sillón, y desaparecer de allí… que un milagro lo dejara en medio de Rusia, donde pudiera volver a respirar aire fresco, sin el aroma cargado de Shun a su alrededor. Su balbuceo no ayudo a que Ikki dejara de verlo como quien ve algo frágil y fácilmente rompible.

—Hyoga me ayudo a pasar mi presentación, cuando no tenía idea de que era eso por lo que estaba pasando… te lo dije ayer, niisan. —Shun fue sincero y cortante, zanjando allí esa conversación.

Ikki alzo una de sus cejas, pero su mirada no estaba en la figura segura de su otouto, más bien, seguía intentando hacer que el Santo del Cisne se atreviera a verlo.

—Lo ayudaste con su presentación, ¿verdad?

—¡Ikki, no digas eso!

Shun estaba ya cayendo en el juego de su hermano, comenzando a sentir el calor subiendo por su rostro a una velocidad increíble, él aún no había tenía valor de voltearse a ver a Hyoga, pero que este no emitiera palabra alguna era un inequívoco argumento de que todo aquello no tenía ninguna gracia.

Afortunadamente, la llegada de Seiya y Shiryu los salvo de que alguno de ellos tuviera que seguir escuchando a Ikki.

Seiya había decidido que estaba lo suficientemente bien como para abandonar por sí mismo la clínica, incluso con Shiryu tratando de detener cualquier locura que quisiese hacer.

—Creo que hemos llegado tarde a la reunión de Kido. —Seiya apenas cruzó mirada con Ikki, pero dio un corto saludo a Shun y Hyoga con su cabeza. —Tenía ganas de saber algo acerca del ladrón de la armadura.

El Santo del Fénix recogió el guante antes de que el Pegaso dijese algo más, la sonrisa llena de dientes y el lenguaje de su cuerpo completamente relajado, aunque su voz sonase fría y severa.

—Tarde has llegado, pero aun a tiempo de salir a perseguirlo… Sahori prometió una sabrosa recompensa a quien lo encontrara, y trajera la armadura de vuelta. Quizás, todo esto fue mejor… para algunos al menos.

—¿Qué quieres decir?

—Seiya, Ikki… —Shiryu por primera vez emitió una palabra, tratando de aplacar los ánimos de ambos Santos.

—Tu insinúas que el ladrón esta entre nosotros… Yo, que es mejor que ninguno de los aquí presentes entre en el juego de Kido una vez más. No creo que sea tan difícil de comprender lo que digo.

Ikki se giró para verlos a todos, Shun parecía listo a decirle algo, pero opto por no hacerlo al final. Shiryu y Hyoga compartieron una corta mirada antes de suspirar… claro que todos lo entendían, pero al parecer no era tan fácil. Seiya, sin embargo, parecía listo a saltar sobre él, y lo hubiera hecho si el gruñido profundamente gutural no lo hubiera helado en su lugar.

—Shun… —Hyoga lo observó atónito, de pie y gruñendo hacia Seiya mientras le impedía acercarse a Ikki.

—Es evidente que el Pegaso cree que tengo algo que ver con la desaparición de la armadura… lo cual no es descabellado de pensar, pero desafortunado, si pienso en lo que Shun le hiso al último tipo que intento culparme activamente.

—No puedes negar que es demasiada casualidad que con tu llegada la armadura haya sido robada.

—¿Y eso es suficiente motivo para que vengas a acusar a Ikki, Seiya? —Shun mostró sus dientes mientras el gruñido que escapaba de su pecho no cesaba. Al parecer no estaba dispuesto a atacar a su compañero, pero tampoco estaba de humor para que acusaran a Ikki tan gratuitamente.

—Pienso igual que Shun, Seiya… yo mismo los vi a ambos salir de la mansión, poco antes de que la noticia del robo llegara. Imposible pensar que Ikki sea el ladrón.

Shiryu, como siempre intentando ser la voz de la razón, se metió entre ambos Santos, una de sus manos se posó sobre el hombro de Seiya, sacándolo de su posición, lo que automáticamente saco a Shun de la suya.

—Sahori dio a entender que el ladrón no era alguien común… y no es ilógico pensar que sean alguna clase de organización, después de toda la publicidad que ha tenido el torneo, mucha gente pudo ver interesante la obtención de algo así. —Hyoga presionó su puño sobre su muslo, la necesidad de alcanzar la mano de Shun para calmarlo había sido fuerte en él, pero no quería recibir un trato similar al de Seiya por su intromisión. —Ninguno de nosotros robaría algo que fácilmente puede ganar, Seiya.

—Claro que aun puedes salir a correr por ahí, y hacer siempre lo que la señorita Sahori quiera… Yo estoy más dispuesto a largarme de aquí sin importar si la encuentran o no.

—Aunque quiera decir que tienes razón, niisan… no podemos hacer eso. —Shun se giró para enfrentar a su hermano, un poco de su irritación pasada aun burbujeando bajo su tranquila apariencia. —La armadura de Oro es superior a las nuestras, no sé bien en qué medida… pero ya vestir un ropaje de bronce te otorga un poder increíble, no puedo ni pensar que hará una dorada.

Ikki no pudo evitar el bufido que escapo de sus labios… la mirada que su hermano menor le estaba dedicando era más que suficiente para que nada de lo que dijera a continuación tuviera más sentido.

—Esto no es un manga, Shun… ninguno de nosotros debe ser un héroe.

—No digo que seamos héroes niisan, solo que quiero hacer lo correcto.

—No es por Sahori, o por Kido… yo tampoco quiero pensar en que harían con la armadura, Ikki. Creo que me uniré a la búsqueda… sin importar la recompensa que me ofrezcan.

Shiryu le ofreció una sonrisa pequeña a Shun, lo que bastó para que el joven Santo acabara de drenar lo último de enojo que tenía, y volviera a su sitio en el sillón con un lacónico suspiro.

—¿Entonces?… ¿salimos a buscar a los ladrones? —Seiya golpeó sus manos, casi olvidado del ambiente que se había creado cuando intentó culpar al Fénix.

—Tampoco creo que sea algo fácil de hacer… ¿qué pistas seguimos? —Hyoga no estaba muy convencido… de nada. Aunque, a decir verdad, simpatizaba más con la idea del Fénix, que con la de los demás.

—Las que tú y Shun puedan encontrar. —el Santo del Pegaso parecía convencido de lo que decía, pero ante la mirada confundida de todos, era evidente que debía de explicar su idea. —Sus olfatos son extremadamente sensibles, ¿no?

Shiryu cerró sus ojos, pensando que ahora al menos Hyoga o Ikki saltarían sobre el Santo… porque compararlos con perros, Seiya obviamente estaba buscando un final trágico muy rápidamente.

—Creo que me equivoque, Shun… pienso que es error de todos los Betas de no saber nada de biología en general.

—¿Estas tratándonos de perros, Seiya?

Mientras Ikki aceptaba la estupidez general de los Betas en cuanto a cosas relacionadas con Omegas y Alphas, Hyoga no dejó de sentirse profundamente ultrajado por la comparación.

Shun solo negó, intentado que Hyoga no emprenda una batalla infructuosa… una sola de sus manos bastó para que el Santo del Cisne se calmara, girándose para enfrentarse él mismo al Pegaso. Quizás por el altercado anterior entre ellos, apenas cruzó su mirada con la de Seiya, este retrocedió un paso instintivamente.

La sonrisa en los labios del joven Andrómeda apenas se extendió, pero Seiya entendió que con el nuevo 'estatus', el pequeño Shun había cambiado suficiente en tan pocos días, y ahora si demostraba ser peligroso.

—Lo siento… —se apresuró a balbucear, en una mirada que abarcaba a ambos Omegas como al Alpha en sí.

—De todas formas, debemos partir del lugar de donde se la han robado.

—El coliseo es el lugar, si no está lleno de policías ni de hombres de Kido… algo podremos encontrar.

Y antes de que alguno de ellos dijese una sola palabra más, todos estaban de pie, y en camino, Ikki solo bufó antes de despedir a su hermano más joven con una leve señal de su mano. El Fénix estaba seguro de no emprender esta cruzada en favor de la heredera Kido.

Shun siguió al resto, porque así ya lo había decidido, aunque no estaba ciertamente cien por ciento seguro de ello. Aún tenía ganas de esa charla con Hyoga, porque la que había tenido con Ikki no había arrojado mucha luz a sus dudas… tal vez, una segunda opinión podía ayudarle a saber si era solo su imaginación o si estaba volviéndose paranoico.

—¿Estas bien… Shun? —el Santo de Andrómeda no se asombró de ver a Hyoga esperándolo al final de las escaleras, y eso lo hiso sentir un poco menos nervioso.

—No. —fue sincero, porque así era él. —Pero por ahora no puedo decirte porque… ¿tal vez, podamos tener esa charla cuando pase esta situación? —preguntó mirando sus manos en vez de a la claridad de los ojos celestes del Cisne.

—Claro… cuando quieras, no importa qué hora sea.

La respuesta fue tan sincera como la de Shun, por lo que Santo suspiró antes de dedicarle una sonrisa un poco apagada.

—Gracias, Hyoga.

Las armaduras estaban aun en el coliseo, así que solo debían conseguir que alguno de los autos de la fundación los llevase hasta allí. Y luego… bueno, eso lo hablarían una vez que supieran algo más del robo.

Continuará.


Notas Finales: ¡Por fin! PORFIIIIINNNN! Pude terminar el capítulo cinco de este fic… si notan en la parte superior del capítulo, podrán notar que el pequeño engendro que hoy le presento ya ha cumplido un año… ¡desde que lo empecé!

Lo sé, soy un desastre… pero bueno, se me junto un bloqueo importante con el hecho de que no tenía tiempo para escribir, y ahí todo se complicó.

La cuarentena me está obligando a gastar horas de forma más productivas que solo comer y dormir, así que hay que aprovechar el bug.

Creo que no hay nada del capítulo que deba ser aclarado, pero si tienen alguna duda…

¿Teorías? ¿Desvaríos sobre la trama?… me gustaría leer sus opiniones.

Oh, lo olvidaba, voy a publicar esto sin una segunda revisión, porque ya me urge publicar algo, si encuentra errores o incongruencias me avisan, ¿sí?

¡Nos leemos!