Resumen: Hyoga jamás tuvo problemas con lo que era desde que se presentó como un Omega. Tardó un poco pero no batalló tanto consigo mismo como hubiese creído que lo haría… Solo que ser Omega no es fácil, menos cuando es el único del grupo, y con un Alpha pegado constantemente a él.
Serie: Saint Seiya
Personajes: Shun de Andrómeda, Hyoga del Cisne, Ikki de Fénix, Seiya de Pegaso, Shiryu de Dragón. Sahori Kido.
Pareja: Shun-Hyoga.
Género: Amistad, Familia, Romance.
Rating: T
Advertencia: Omegaverso. Alpha/Beta/Omega.
Capítulos: 6/20
Palabras: 2832.
Notas:
Fecha: 25/04/2020
Beta Reader: Por ahora sin betear.
Disclaimer: Todo lo referente a Saint Seiya pertenece a Masami Kurumada y a la Toei.
Capítulo 06.
Ninguno de los hombres de Kido salió a cruzarlos cuando los cuatro entraron al coliseo, más aprensivos de lo que habrían querido. Todas sus armaduras estaban allí, listas a que ellos simplemente las tomaran.
—Vaya... después de tanto esfuerzo en que no las tengamos en nuestro poder. —Seiya comentó molesto, pero aliviado al mismo tiempo de sentir el poder de su armadura vibrar sobre su piel.
—Lástima que no pusieron el mismo empeño en cuidar la armadura de oro. —Hyoga gruñó por lo bajo. Estaban los cuatro en un mismo pequeño cuarto, cambiándose a la vez, por lo que conscientemente, el Santo del Cisne intentó que todo su cuerpo mirara directamente hacía una de las esquinas.
—Claramente es algo que no podían hacer, ni aun proponiéndoselo. —Shun murmuró, también por lo bajo, aunque su voz se escuchó anormalmente cerca de Hyoga.
El rubio Santo observó de reojo que su joven compañero estaba solo a unos pies de distancia de él, pero... sin la aparente incomodidad que el Cisne parecía sentir. Tampoco se veía acomplejado, así que Shun se vistió rápidamente, dejando solo su casco en una de sus manos.
—Claro, no son ladrones comunes... todos podemos coincidir en eso. —Shiryu, quien ya estaba esperando en la puerta del cuarto, y con la armadura completa, les recordó.
—¿Alguna organización especial? —Seiya no se calló al preguntar acerca de lo que los demás veían como obvio.
—Sí, algo así como una unión de personas malas buscando jodernos la vida... Ya serian muchas veces las que me he cruzado con esa organización, en lo personal. —Así como Hyoga tampoco refrenó su sarcasmo.
A pesar de la situación, todos esbozaron sonrisas con diferentes grados de hilaridad por la chanza, al menos así, empezaban esa empresa un poco más relajados.
—¿Y bien? Ahora, ¿qué?
—Voto por ir al lugar donde tenían la armadura, de allí vemos para donde seguir... tal vez separarnos para abarcar más lugares en los cuales buscar.
—No creo que sea una buena idea el separarnos, si bien todos podríamos defendernos, no sabemos contra que estamos yendo, lo mejor es al menos tener a alguien más al lado.
—Shiryu tiene razón, no es inteligente salir corriendo detrás de algo que no sabemos cuan peligroso es. —Shun se detuvo en el pasillo, ya de camino al lugar donde generalmente se exhibía la armadura a todos aquellos que pagaban su entrada para ver las peleas.
—Ok, entonces... Shun y yo, por un lado, y Shiryu y Hyoga por otro.
Hyoga no emitió juicio alguno, pero asintió cuando vio al Santo del Dragon hacer lo propio. Tampoco era como si pudiera hablar con Shun en medio de la búsqueda de quienes se había llevado la armadura. Así que eso de todas maneras tenía que esperar.
Los Santos más jóvenes abrieron la caminata. Seiya hablando a viva voz, incluso cuando muchos de los trabajadores del Coliseo se volvían a verlo con diferentes grados de curiosidad y molestia. Shun solo asentía o reía, según los chistes o palabras que el Pegaso acentuaba.
—¿Shun?
De golpe, el paso de ambos se detuvo súbitamente. Seiya en alerta ante un pasillo en apariencia vacío. Shun, gruñéndole a la nada misma, mientras retrocedía hasta chocar contra el cuerpo tenso de Hyoga.
—¿Shun?
—¿Lo sientes?
Hyoga no supo que contestar hasta que el aroma que había puesto a Shun de esa manera llego a sus fosas nasales. ¡Horrible!, fue el primer pensamiento en su cabeza. El aroma de Alpha era increíblemente horrible en todo el lugar, extremadamente agrio, casi para causarle arcadas.
—¿Hyoga, Shun? ¿Qué pasa?
Shiryu tomó la delantera en un intento de cubrir la posición que Shun había dejado abierta cuando decidió que lo mejor era cubrir a Hyoga con su cuerpo, al parecer.
—El ladrón es un Alpha... —gruñó entre dientes, tratando de evitar las náuseas.
—¿Está aun aquí? —Seiya preguntó, comenzando a recorrer el lugar.
—Por la forma en la que huele todo, se tomó su tiempo en llenar todo con su fragancia. —intentó que las manos de Shun soltaran la tela de su ropaje, al mismo tiempo que retrocedía más a ambos. —Shun, necesito que te calmes.
Los ojos verdes claramente estaban viéndolo, aunque sus dientes seguían a la vista.
—No hay nadie... Ya lo revisamos. —Shiryu se acercó a ellos, aunque no sobrepaso el cuerpo del Cisne para ver más allá, y tampoco hubiera podido. —¿Qué le sucede?
—Se presentó hace muy poco, es esperable que reaccione así, al menos hasta que sus hormonas se establezcan... —Hyoga explicó, al menos desde su punto de vista y conocimiento escaso, de lo que era la biología Alpha.
—No, no hay nadie... pero encontré esto.
Seiya apareció detrás de todos, sosteniendo en su mano un trozo de lo que parecía ser tela hecha girones.
Fue automática la reacción, tanto de Hyoga, como de Shun... uno de ellos retrocedió para casi vaciar su estómago. El otro casi salta sobre el Santo del Pegaso, si Shiryu no hubiese intervenido.
—Vaya... no creí que pasara eso.
—Aleja eso, Seiya. Lo más que puedas... su sensibilidad para las feromonas es mayor que las nuestras. —Shiryu forcejeó con un Shun sumamente enceguecido.
—Si, si... ¡Ya voy!
Shun gruñó, tanto a Seiya como a Shiryu, pero su tono era de advertencia, más que de amenaza.
—¡Shun, cálmate! No hay nadie aquí... ¿Hyoga? ¿Hyoga, puedes ayudarme?
El rubio asintió desde detrás, aun intentando mantener su estómago consigo... apretó ambas manos sobre su cara, antes de hacer lo que Shiryu le pedía. Alcanzó a Shun por detrás, necesitando hacer más fuerza de la que creía para alejar al Santo de Andrómeda, del Dragon.
—Shun, intenta no respirar muy profundo, necesito que salgamos de aquí.
Con decisión tiró del Alpha una vez, y al parecer fue lo suficiente para que Shun lo siguiera sin otro intento. Aun cuando su pecho siguió emitiendo esa reverberación constante, apenas salieron del Coliseo todos los músculos de Shun parecieron perder toda la tensión de golpe.
—¿Mejor? —Hyoga no tardó en preguntar, cuando su joven compañero decidió dejarse caer hasta el suelo.
—No.
—Si, te entiendo... era horrible allí.
—Que es lo que era horrible, ¿exactamente? —Shun se vio extrañado, como si aún no hubiese entendido porque reacciono de la forma en que lo hizo. —Porque yo aun no sé qué es lo que sentí allí. ¿Esto siempre será así?
Hyoga le sonrió con calma, y con un suspiro se puso de cuclillas hasta estar a la altura de sus ojos, negando suavemente.
—Complicado cuando eres un Alpha hace menos de unos días... y no, no debería ser así, no te preocupes por eso. Pero para que lo sepas, ese Alpha estaba mandando un reto a otros como él, como tu...
—¿Como?
—Este Alpha tiene a su lado a un Omega, muy probablemente ya enlazado...
—¿Quieres decir que hizo eso para evitar que nos acerquemos a su Omega? —Shun ahora sí estaba mostrando una completa confusión en su rostro. ¡Increíble!
—En pocas palabras sí... aunque no creo que eso sea lo único que intentaba hacer.
—No tiene ningún sentido.
—No es como si nuestras vidas tengan mucho de eso tampoco... de otra forma, creo que ninguno aquí sería un Santo.
Shun sonrió de golpe, antes de negar con diversión.
—¿Siempre eres así de pesimista?
—Solo cuando veo que mi vida está siendo ridículamente estúpida, que es al menos cinco veces a la semana.
La broma bien le valió una risa apenas contenida, aunque no tuviera mucho aire para reírse correctamente.
—Bien, tienes dos días de descanso, al menos.
—Si es un buen día, y no llueve... tal vez.
—Bueno, espero que, si es así y no llueve, me dejes robarte algunas horas... creo que nuestra charla tendrá que posponerse.
Con un sonoro suspiro, Shun se irguió, Hyoga asintió... pero en realidad quería preguntar porque... cuando las voces de Seiya y Shiryu los hicieron voltear.
Un tercer Santo, al parecer, estaba con ellos... alzando un reto hacia ellos.
—Los cachorros de la falsa Diosa intentan morder cuando aún no tienen dientes... ¿no son adorables? Aquí estoy yo para acabar con ustedes.
Shun respiró hondo, allí, parado en medio del ring del Coliseo el Santo llevaba la misma armadura que su hermano Ikki, solo que esta era completamente negra. Incluso... no era solo la armadura y su aspecto lo que lo hacía un símil de su hermano.
—¿Dónde está la armadura de Oro? —Seiya gruñó, intentando dar un paso al frente, pero Shiryu se lo impidió.
—Quizás te lo diga, cuando lo que oigas sean las últimas palabras antes de morir, Pegaso.
Shun se detuvo detrás de Seiya, y Hyoga a un lado de Shiryu. El aroma del Santo, ahora les llegaba con más claridad... el Omega del Alpha que había robado la armadura, estaba allí, frente a ellos.
Y por supuesto no estaba solo, otros más, con armaduras similares... todas de la constelación del Fénix salieron a enfrentarlos.
—No nos estaba retando. —Shun murmuró por lo bajo, pero a quien iba dirigido el comentario lo oyó correctamente.
—No, solo lo hizo para crear una pantalla.
—¿De que hablan? —Shiryu apenas desvió su mirada por un segundo para cruzar sus ojos con el perfil de Hyoga.
—El ladrón, el Alpha... Llenó todo de su olor para cubrir la presencia de estos. Esto es una trampa en toda regla.
—Tal vez... Aunque no me enorgullece hacer caer a cuatro cachorros... pero yo solo sigo órdenes. Y después de acabar con ustedes, iré por la Señorita Kido.
El final de la frase fue el detonante del comienzo de toda la acción. Los Santos negros atacaron sin esperar un segundo más, el primer obstáculo para su ataque fue una reluciente pared metálica.
—¿Qué demonios?
Shun respiró con tranquilidad, su cadena de Andrómeda extendida por toda la arena del Coliseo.
—Maldito, ¿crees que tu truco infantil podrá contra nosotros? ¡Ataquen, no dejen de atacar hasta que ninguno respire más!
—No pueden llegar hasta nosotros, pero ustedes pueden llegar hacia ellos. —Shun informó, sabiendo que los tres tenían conocimiento de cuan peligrosas podían ser sus cadenas.
—O sea, nosotros podemos tocarlas, pero ¿a ellos los fríe? —Seiya preguntó con un dejo de diversión, viendo como las cadenas seguían impidiendo el paso de sus enemigos.
—Solo procura que la cadena no te confunda con un enemigo, Seiya. —Hyoga guiñó un ojo hacia el Santo de Andrómeda antes de ser el primero en salir de su reducido espacio seguro.
Seiya y Shiryu lo siguieron inmediatamente, eligiendo cada uno un sector del lugar y un grupo de atacantes, mientras Shun en el centro seguía golpeando e inhabilitando a más de un atacante a la vez.
Imposible pasar por una defensa tan férrea como la que formaba la cadena de Andrómeda, y eso comenzaba a desesperar al Fénix negro frente a ellos. El Omega estaba claramente desesperado por atacar también, pero por alguna razón no lo estaba haciendo, y desde su lugar seguía gritando órdenes para que sus lacayos volvieran a ponerse de pie y siguieran atacando. Solo que cada vez tenia a menos secuaces capaces de hacer lo que les ordenaba.
—Bien, ahora estas rodeado... Ya dinos donde está la armadura de Oro.
Seiya saltó con nada de esfuerzo hasta la más alta de la bandeja de butacas, donde seguía el Fénix inmóvil, apostándose a su izquierda, Hyoga consiguió llegar a cruzarlo por la derecha, impidiéndole un escape seguro por allí. Mientras Shiryu seguía debajo y listo a atacar, solo que ninguno de ellos fue su prioridad a la hora de atacar.
Shun podía decirse a sí mismo que había sido muy tonto. No solo porque se confió al bajar sus cadenas, si no también al creer que su enemigo, superado en número ya no era un peligro para ellos... para él.
El golpe fue directo, golpeándolo, pero no de lleno, después de todo aun seguía siendo un Santo, y sus reflejos eran más que buenos. Pero el ataque golpeo su hombro izquierdo haciendo volar la mitad de la hombrera de su armadura.
—¡Shun!
El grito fue un coro de voces al unisonó, haciendo que todos maldijeran por el ataque no esperado.
—Hola, cachorro... ¿listo para rendirte?
Shun no contestó a la provocación del Omega frente a él, incluso cuando estaba en una tan mala posición. De rodillas y sosteniendo su hombro con una mano, frente a un hombre que claramente estaba buscando matarlo, y que solo no lo había hecho porque su rapidez había sido su salvación.
—¿Por qué no le pregunto a tus amigos? Que dicen, ¿le perdono la vida a su pequeño compañero...? —su mano fue directo al cuello de Shun, mientras sus ojos se dirigían al resto de los Santos de Bronce.
Solo que la ventaja no le duro mucho tiempo al Santo negro.
Las llamas llenaron el suelo, al mismo tiempo en que filosas plumas cortaban la mano y el brazo de su enemigo. Shun aprovechó el momento para rodar de allí, aun sosteniendo su hombro ensangrentado y muy dolorido.
Shiryu fue el primero en ayudarlo a ponerse de pie, pero fue Hyoga quien lo alejó más de la batalla, hasta cubrirlo con su cuerpo.
—¿Estas bien?
—Sí, creo que no es muy grave...
Hyoga asintió, pero se negó a soltar el brazo de su compañero hasta casi pegarlo a su espalda.
Ikki frente a ellos, atacaba a quien era su sombra... el Fénix Negro, ya no tenía una sonrisa en sus labios, y la diversión se había borrado de su rostro. La pelea era ajustada, sí, pero al mismo tiempo Ikki parecía estar más holgado en poder.
—Nunca vas a dejar de ser una sombra, Phillip... siempre detrás mío, siempre bajo mis zapatos.
—No cuando Docrates ponga sus manos en tu cuello.
El Fénix Negro jadeó ante el golpe certero, aunque no mortal de Ikki. El Fénix, solo se dio un segundo para maldecir en voz alta antes de correr hacia su hermano.
—¿Shun? ¿Estás bien?
Shun solo se limitó a asentir, su mano estaba llena de sangre, así como el suelo bajo el.
—Estas pálido.
—No puede ser mucho, de verdad estoy bien... niisan.
Ikki removió con cuidado el resto de la hombrera de la armadura, para ver que efectivamente, Shun le había dicho la verdad. La herida no era profunda, pero si estaba sangrando mucho.
—Es solo por la pelea, la sangre está ahora en presión, es obvio que saldrá una gran cantidad de ella.
Ikki sabía que sonaba lógico, incluso en su mente el eco de la información le decía que tenía toda la razón de que fuera así, pero era su hermano, su pequeño hermano, Shun... y que ahora fuera un Santo, o un Alpha no le hacía más fácil el verlo herido.
—¿Conoces a ese Santo, Ikki?
La pregunta de Hyoga lo hizo voltear hacia algo que no fuera Shun, por un instante al menos.
—No son santos, son copias... sombras de la verdadera armadura del Fénix.
—La tuya. —Shiryu se metió en la conversación, tendiéndole a Ikki una venda con la que podía parar la sangre del hombro de su hermano.
—Sí, pero no solo es la mía... jamás las vi a todas, pero hay muchas más, al menos de bronce. Son copias, pero aun así peligrosas. —Ikki explicó muy escuetamente, mientras por momentos su vista se desviaba hacia el Santo Negro del Fénix en el suelo del Coliseo. —Phillip es uno de los que debían ser mi 'soldados'... tenían pensado usarme como un arma.
Acabó, con un bufido pesado y sin ver a Shun a los ojos.
—¡No me dijiste nada de eso!
—No pensé que fuera necesario, ellos no están aquí por mi... Sahori ha hecho un gran revuelo con este torneo, era obvio que muchos buscarían lo que ella usa para hacernos pelear.
—El Santuario es un lugar extraño, no es de extrañar que hayan mandado a alguien para obtener la armadura. —Seiya comentó, se había quedado casi sobre el Fénix Negro, y casi que no despegaba sus ojos de encima del Santo, para no llevarse una segunda sorpresa.
—Recuperar, dirán algunos. —Hyoga observó las miradas de todos a su alrededor. —¿Qué? ¿Nunca se han preguntado cómo es que el viejo Kido consiguió una armadura por sus propios medios?
Shun se acercó, solo un paso, viéndolo como algo extraño, antes de asentir con un poco de resignación, reconociendo que era una pregunta totalmente valida.
—Filántropo mis huevos...
—¡Ikki!
Shun no tardó en amonestar el desliz de su hermano, pero a todos sin excepción les hizo mucha gracia el 'exabrupto' del Santo del Fénix.
—Hay muchas preguntas antes. Shun si me haces el honor... creo que llego la hora de despertar a nuestro inesperado amigo.
Con muy poco, los ánimos cambiaron, los cinco se volvieron serios y listos en muy poco tiempo. En el suelo del Coliseo las cadenas de Shun comenzaron a deslizarse y a emitir energía mientras rodeaba el cuerpo aun inerte de Phillip. Ikki tenía razón, había muchas interrogantes que necesitaban respuestas, y allí solo había alguien que podía despejar esas incertidumbres.
Continuará.
Notas Finales: Siempre tardo un montón en traerles un nuevo capítulo de este fic, lo siento por eso. Pero soy lenta para escribir, según se ve... no siempre fue así, pero al parecer la vejez está llegando a este cuerpo, para quedarse definitivamente.
No hay mucho que pueda decir del capítulo, no explico mucho y hay un poco más de acción que en los anteriores. Espero que todo se vea 'creíble'... dentro de los parámetros de la serie, claro está.
Esto es totalmente un AU, ya renuncié a la idea de apegarme a la serie, perdí esa batalla desde el segundo capítulo. Así que este lio se resolverá totalmente con ingenio de mi parte... perdón por eso, es que no hay mucho.
Solo espero que el recuento inicial me dé para todos los capítulos, y no se me estire mucho. Pero por ahora me voy teniendo fe de que solo serán 20 y nada más.
Recen por mí, por favor.
Por lo demás, ustedes ya saben, si les gusta lo que escribo y si no, me lo pueden hacer saber. Yo contesto, a veces tardo, pero contesto... y si me cuelgo, porque lamentablemente soy así, les doy permiso para volver a escribir y decirme en mayúscula un: ¡QUIERO MI FEEDBACK!
Así yo sé que me colgué contestando reviews.
Espero que esto no se me esté yendo de las manos y sea de su agrado.
Nos vemos pronto... o no (lo siento de ante mano).
