*Hi Everyone! =) Espero se encuentren muy bien.

Cuéntenme esto: ¿Les gustaría que una portada alusiva a Sentimientos al límite fuera plasmada en un hermoso fan-art?

Bueno, pues este fanfic está participando en el reto de la página de facebook Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma, les puedo pedir por favor un like en la imagen que dice Sentimientos al límite de esta publicación, por favor (al inicio de la liga poner "www. facebook " , fanfiction lo restringe)

MundoFanficsInuyashayRanma/photos/pcb.450022469707375/450015499708072

O bien también pueden ingresar a Mundo Fanfics Inuyasha y Ranma y en la primer publicación anclada, es la 10ma fotografía.

Gracias a su apoyo podríamos tener un fan-art de la artista Gedaart Ilustraciones ( gedaart/)

Eso en verdad llenará mi corazón de inspiración y me apuraré bastante con el próximo capítulo que por cierto viene bastante tóxico jajaja :) amo el drama.

Sin más verborrea los dejo. Los quiero mucho.

Nota: Confirmo que los personajes no me pertenecen, sino a la gran sensei Rumiko Takahashi.

¡Gracias por leer y comentar!

Sentimientos al límite

Cap. 8 Declaración

Se dirigió a una de las esquinas del recinto. La estancia aún se encontraba a oscuras. La observó brevemente tratando de analizar su estado de ánimo. Se recargó en la pared y dejó caer su peso hasta llegar al suelo, donde rápidamente flexionó su rodilla izquierda y recargó uno de sus brazos sobre ella. Se veía cansado, pero a la vez decidido.

Volteó al frente mirando a la nada evitando tener contacto con su rostro. Parecía tener alguna obsesión con el mutismo.

Aún en penumbras, ella alcanzó a descifrar unas bolsas con tonalidad ligeramente verdosa que colgaban de sus ojos. Parecía que no había dormido bien hace días.

- Tal vez deberíamos hablar mañana…

- Ellos…han pasado por mucho…

Ella guardó silencio. Ahora mismo no tenía ganas de hablar, pero tenía mucha curiosidad en las últimas palabras que había pronunciado. Algo relacionado en que ya era hora de ponerse de acuerdo para intentar separarlos. Tal vez no tenía el mismo tiempo de conocerlo que Ranma, pero ya habían pasado muchas aventuras en las que indirectamente ambos habían quedado inmiscuidos. Por lo mismo sabía del carácter bonachón del chico que tenía enfrente, así como por obviedad, el profundo amor que le tenía a su rival. La raíz de la "amistad" de ambos era esa. De una forma u otra habían establecido lazos conforme había pasado el tiempo y cada vez se habían entendido más. Ambos enamorados, ambos en cierta forma sin rumbo fijo, ambos persiguiendo una meta que parecía inalcanzable…pero ambos hartos.

El hartazgo era lo que había ocasionado últimamente que ella errara sus pasos. Amaba a Ranma. Eso era un hecho. No le importaba si más o menos que el resto de las chicas, pero tenía más tiempo de conocerlo que todas ellas. Por ende, tenía más derechos. Derecho a comprenderlo en todas las difíciles situaciones que había pasado, derecho a ser una esposa fuerte para él y derecho a compartir su mismo lecho. Por lo mismo cada día que pasaba sentía que el piso se movía. Sentía que la grieta por la que intentaba pasar, se hacía grande cada vez más y más. Los días de ansiedad estaban aumentando. A veces era tan enfermo el pensamiento que se sorprendía viendo más a Akane que al mismo Ranma.

¿Por qué este chico, por qué Ranma?

¿Qué demonios tenía ella?

- Pero yo he pasado por lo más difícil…- dijo con profunda amargura. Le dio la impresión que los ojos se le humedecieron al decir eso.

- Yo…no entiendo…

- Cuando te enfrentas cara a cara con la muerte… lo único que pasa por tu mente es cuestionarte si en verdad completaste todo lo que anhelaste…en esta vida.

- ¿Muerte…? – Ukyo sintió un escalofrío recorrer su columna. Ryoga volteó poco a poco su cuello para verla a través de la oscuridad.

- Muerte…la muerte en sí. – Ukyo se acercó hasta llegar a él y bajó hasta estar en cunclillas.

- ¿Qué te ha pasado?...

- Contarte sería ponerte en peligro…

- Entonces… no entiendo… - dijo en una expresión lastimera

- Sólo quiero estar con ella…en verdad Ukyo…es lo que más deseo… – Se levantó del piso y volvió a ella con una mirada que ella no le había conocido.

- Akane está cerca de Ranma… - le confirmó tajante.

- Ranma está cerca de Akane… - le debatió al instante. – Parece que ambos nos dimos cuenta… - Ukyo agachó la mirada provocando que su flequillo tapara la expresión de tristeza en sus ojos.

- Eso no importa… te juro…por mi vida…que ya he tenido muchas segundas oportunidades…Que no la voy a desaprovechar…no esta vez… Amo a Akane y no la voy a perder… - dijo casi arrastrando las palabras, con profunda ansiedad y cierto brillo atrayente en sus ojos.

- Es imposible. Ranma es invencible… - confirmó completamente decidida. - ¿Cómo vas a enfrentarlo? ¿Cómo vas a ganarle?... ¡Nadie ha podido salir ileso o medio muerto en un combate con él... además yo no quiero…!

- Parece que, en esta ocasión, soy el único que sabe cuál es el punto débil de Ranma… - Ukyo lo miró con muchas preguntas en su mente.

- ¿El punto débil de su fuerza?...

- No, el punto débil de su corazón…

- Es-espera…no tendrás pensado matarlo… ¡Ni se te ocurra Hibiki! – le gritó enojada.

- Tranquila…no soy ningún asesino…me refiero a sus sentimientos…Ranma no es bueno expresando sus sentimientos…

- Es…verdad… y tú eres…

- Totalmente lo contrario… le haré saber a Akane cuáles son mis sentimientos por ella, es una decisión tomada por varios eventos que han pasado en mi vida… - Ryoga empezó a observar una de sus manos. Lucía vendada por una herida aparentemente vieja, pero aún en estado de cicatrización. Lo atribuyó a una de sus aventuras peligrosas.

- Pero eso…no significa que ella…

- No le pediré una respuesta aún… necesito un poco de tiempo para acercarme a ella y que me conozca de una mejor manera.

- ¿Y crees que Ran-chan se va a quedar de brazos cruzados? – le dijo demandante.

- Muy seguramente no, él ya empezó a mover sus piezas en el tablero. Sin embargo, no ha dado una estocada, esa la tengo que dar yo.

- ¿Y cómo intervengo en esta historia? – preguntó como alguien que realmente no acababa de deducir, de atar cabos.

- Sencillo. Solo estando presente para las oportunidades que se te vayan a presentar. La mayoría serán decididas por la suerte. Tu tendrás que identificar muy bien como atraparlo.

Ukyo se quedó viéndolo con una ligera expresión de asombro en su rostro. Moría de la curiosidad sobre todo lo que estaba pensando Ryoga en ese momento.

- No seas impulsiva…no seas loca. No te comportes como Kodashi o Shampoo. Ellas en verdad han perdido el juicio. – Ryoga esbozó una pequeña sonrisa…

- Yo lo único que sé, es que amo a Ran-chan y definitivamente no deseo que se quede con Akane… solo de imaginarlo – se tocó el pecho haciendo una mueca de dolor – Siento que se me va el aire…

- No va a ser fácil, Ukyo… - dijo antes de recoger sus cosas y darle la espalda.

- Dime algo… ¿ella sabe…?

- ¿Que la amo? …No…no aún…

- No me refería a eso…lo de tu maldición… ¿Ella sabe que eres P-chan?... – preguntó con cierto temor en sus palabras.

- No. No lo sabe – afirmó tajante.

- Pero entonces cómo piensas...

- Seguramente habrá un momento para eso…pero pienso prolongarlo el mayor tiempo que pueda. Además, se te olvida que no soy el único que va a salir perdiendo… - esbozó una sonrisa que la cocinera no pudo ver.

Ukyo prestó atención a sus palabras e intuyó por donde pudiera venir el golpe. Así mismo prestó atención en el lenguaje corporal del chico de la bandana amarilla. Se veía seguro de sí mismo, firme. Al parecer había pasado por algo difícil que, sin duda alguna, lo había marcado. Había sido de tanta importancia y relevancia que, aun siendo un guerrero sumamente talentoso, demostraba cierta amargura en sus palabras y algo que no alcanzaba a entender si era miedo o coraje.

Otra cosa nueva finalmente detectada a esas horas de la noche, era la forma de encontrarse con ella. Era sumamente raro que había llegado entre las sombras, pareciera un ninja que se ocultaba en la oscuridad. Ciertamente era un chico que siempre daba la cara en momentos difíciles, ahora quien estaba parado frente a ella era un tipo misterioso, hosco, que sin lugar a dudas cuidaba sus espaldas. Ya no estaba el aire jovial y alegre del chico con un colmillo en sus labios. Lo anterior aunado a la cierta pasión que derrochaba sus palabras, en verdad deseaba a la chica Tendo.

Aún no le quedaba claro qué método iban a utilizar, pero al parecer todo iba a comenzar con un Ryoga que se iba a estar acercando a Akane poco a poco. Ella tenía que aprovechar la guardia baja para intentar estar con el chico de los ojos azules.

- Nos vemos…y que no se te olvide…Aprovecha las oportunidades – volteó ligeramente hacia ella antes de salir por la puerta trasera del restaurante.

Ukyo asintió insegura.


Salió del baño recién y se sentó enfrente de su pequeño peinador.

A un lado de su escritorio se podía ver un calendario. Habían pasado muchos días ya de cuando había empezado a tener una relación furtiva con su prometido, aproximadamente 1 mes.

Era increíble pensar que todo se había mantenido tranquilo respecto a todos los que querían u odiaran su relación. Nadie había empezado a sospechar, sólo Nabiki. Aunque ella aun así estaba manteniéndose al margen de la situación, seguramente por los estudios en la universidad. Estaba distraída afortunadamente y rezaba a los dioses que siguiera manteniéndose así.

Su carrera en Finanzas no era nada fácil y también había descubierto un mundo inmenso de hombres. Prospectos perfectos para ella, según lo que había comentado en muchas ocasiones. Por eso y todo lo anterior, no había ahondado más en la relación de ellos dos.

Sacó su cepillo y comenzó a alaciar su cabello.

Notó que el largo ya había sobrepasado su nuca y había comenzado a rozar sus hombros.

Sonrió.

Tenía que ir a cortárselo nuevamente. A Ranma le gustaba más corto.

Comenzó a tocar los límites de su cabello y comenzó a pensar como se vería ahora con el cabello largo.

Sí, ahora. Antes era otra Akane…

Antes de Ranma, existía otra Akane que él mismo había sepultado, sin darse cuenta. Su prometido sin darse cuenta había derribado todas y cada una de las barreras que ella había puesto para que nadie conociera su interior. Y lo había hecho en días.

También la Akane del Dr. Tofú. La Akane sumamente acosada por todo Furinkan. La Akane con mil inseguridades.

Bueno, no era que las últimas dos se hubieran eliminado al cien por ciento, pero definitivamente ya no era la misma.

- Me pregunto…si le gustará el cabello largo… ¿Me veré igual…? - dijo en voz alta mirándose al espejo, sosteniendo las puntas de su cabello.

- ¿De fea? – escuchó una voz sumamente grave con un tono de ternura que sólo una persona tenía en su mundo. Abrió los ojos sorprendida. Se volteó lentamente y se levantó de su lugar para acudir a su cercanía…

- Hey…me asustaste bobo…

- No soy yo el que habla como loco con un espejo – dijo mientras sonreía viendo hacia abajo.

- Se supone que estoy en la privacidad de "miiiii…" cuarto… no deberías estar aquí, Saotome.

- Corrección, este ya no es "tu" cuarto, es "nuestro" cuarto…yo decido cuando entro y cuando me voy, ¿lo olvidas? - se acercó lentamente a ella, rodeando con uno de sus brazos la cintura de la chica, con un leve empujón la atrajo hacia él.

- Claro que no, es mi cuarto y precisamente te ordeno que no es hora para que estés entrando…

- Cállate, Akane… - atrajo su cabeza hacia él y se fue de lleno a los rosados labios de la chica, comenzando a besarla al principio lentamente.

Akane soltó un suspiro cuando Ranma se apropió de la voluntad de su cuerpo. Rodeó rápidamente con sus delicados brazos el cuello del chico y él comenzó a manipularla haciendo que se balanceara conforme iba aumentando la intensidad de sus besos.
Casi como una ardiente tentación, bajó sus labios al pequeño cuello de la artista marcial para olerlo. Algo endemoniado había en la esencia de Akane, o algo angelical. Tal vez la endemoniada era su reacción precoz. El maldito olor de Akane últimamente no le daba tregua. Algo tenía su prometida que lo tenía vuelto un loco pervertido.

Envuelto en mil sensaciones Ranma bajó rápidamente un brazo hasta donde alcanzaba parte de la falda- pijama que tenía puesta la chica y la comenzó a levantar para ver si alcazaba tocar parte de sus muslos. Akane se dio cuenta de lo que estaba tratando de hacer y coronó el ambiente con un pequeño gemido. Ranma la soltó de repente y acercó rápidamente sus dos manos a las mejillas de la artista marcial para atraerla con fuerza y vehemencia a sus labios masculinos. Entreabrió los ojos para no perderse los detalles que iba despidiendo su bello rostro y pudo vislumbrar una de las expresiones más atrayentes que le había visto hacer. De nuevo la soltó y se puso de espalda rápidamente.

Akane sintió como regresaba a la realidad de golpe y se extrañó por su comportamiento desconcertante.

- Ran…¿Ranma?... – lo dijo casi como un gemido lastimero arrepintiéndose al instante por haberlo soltado aun agitada.

Vio como su prometido se llevaba una mano al rostro con desesperación y cerraba los ojos como pensando algo.

- ¿Estás bien?... – realmente había sonado preocupada esta vez.

- N-no…

- Hey, puedes…? – Akane había puesto una mano en su hombro para provocar que se volviera hacia ella.

- ¡No, Akane, no! – se desprendió del brazo y volvió a su posición original.

- ¡Hey! ¿Me puedes explicar qué demonios te pasa? – sonó alterada finalmente.

- No me pasa nada… - dijo entrecerrando los ojos.

- ¡Claro que te pasa algo! ¡En este momento me lo vas a explicar!

- ¿De verdad quieres saberlo?

- ¡Si!, si no, no te lo hubiera preguntado, ¡tonto!

- Sucede…que cada vez me cuesta más trabajo estar cerca de ti…en verdad Akane, es un suplicio para mí…

- No…no entiendo – Akane retrocedió dos pasos.

- Hey…claro que lo entiendes… - él se acercó otros dos pasos.

- Si no me lo explicas no puedo entenderte … o ayudarte…

- Simplemente no puedo…dejar…

- ¿Dejar?...

- Dejar de pensar…cosas…

- Ranma…en verdad estoy haciendo un esfuerzo, pero no entiendo…quiero ayudarte…

Ranma se acercó como un rayo y la encajonó en uno de los rincones del cuarto. Se acercó a su cuello aspirándolo nuevamente y exhaló cerrando los ojos. Dirigió su boca a uno de sus oídos buscando hablarle de una manera exquisitamente baja. Aun a pesar de la gravedad de su voz, logró suavizar su tono.

- Definitivamente si podrías ayudarme…

- Dime cómo…

Ranma dirigió una de sus extremidades para tocar el cuello y parte de la mejilla de su prometida.

- No te quiero asustar… ni tampoco quiero ser pretencioso, te lo juro…tú me conoces bien…

- A..já… - el sonrojo adornó en automático las mejillas femeninas.

- Quiero dejar de pensar en hacerte...

Akane cerró los ojos dejándose guiar por el toque de Ranma. El solo pensar cómo sería entregarle su cuerpo a Ranma, todas las sensaciones se aglutinaban en su vientre bajo y se expandían como olas fuertes a través de todo el resto de su cuerpo.

Sintió sus mejillas arder como nunca.

Pero ese pensamiento no era nuevo.

Menos ahora.

Desde que los habían prometido a la fuerza, Akane había pensado que tendría al menos un acto sexual con esa persona. Tendría que dar la cara por el dojo y eso incluía casarse y tener hijos. Ese pensamiento era natural. A ese momento nunca le dijo a su padre, pero abrigaba una presión muy grande en su interior, porque no se sentía preparada para dar ese paso tan drástico.

Había un miedo muy grande en la boca de su estómago constantemente, porque no conforme de entregarle todos sus secretos a un hombre, estaría expuesta a ser juzgada o manipulada. Ella se consideraba un espíritu libre. Esa era una de las razones más poderosas por las cuales había elegido el arte del ataque. No quería tomar el papel de cocinera, de esclava por su esposo, para eso estaban las idiotas esas.

Ella era diferente.

Tal vez por esa misma razón, ella había provocado un efecto de atracción, como magnetismo sobre el artista marcial.

Alguien que no buscaba tenerlo por su estirpe, por el linaje que pudiera heredar o por tener un hermoso rostro y ser varonil.

A Akane solo le importaba apoyarlo, estar compartiendo momentos juntos y hacerle justicia a la gran química que poseían entre ellos. Lo último era innegable hasta para los más fuertes de su entorno, los más sabios.

Y qué decir del amor.

No había otra forma de describirlo. Sí, al inicio todo había sido una relación pasional de peleas y desaciertos, malinterpretaciones y deseo de competencia entre ambos. Luego del tiempo, siguieron esas sensaciones, pero se habían agigantado como fuego que se expande en un bosque, arrasando con todo a su paso. El tiempo había sido tan sabio con ellos, que ahora mismo se podían leer el alma mutuamente y solo a través de sus observar sus ojos.

Ahora mismo Ranma había traspasado los límites de su intimidad en varias ocasiones y como pareja definitivamente ya no eran novios sólo de nombre. Su prometido le había armado esa confesión con tal pasión que sintió sus piernas temblar, por debajo de su falda. En verdad él era el único hombre que le inspiraba confianza, protección y una atracción casi dolorosa la cual era casi imposible ignorar. Desde que se conocieron. Para nadie era novedad lo que estaba pasando entre ellos y era la raíz de todos sus problemas, sin embargo, como ellos lo seguían negando, era bastante cómodo que los demás también.

Akane sintió como su prometido cerraba con fuerza sus brazos con la firme intención de romper cualquier lejanía que hubiera entre sus cuerpos. Sintió como pegó su frente a la de ella y cerró sus ojos con un toque de solemnidad y confesó:

- Cada vez me cuesta más trabajo estar cerca de ti, pero no quiero que pienses que soy un pervertido porque eso significará darte la razón en todas y cada una de las veces que me lo dijiste… - soltó una risa cohibida.

- Y-yo…en verdad no pienso…

- No, Akane. Déjame terminar – Akane levantó el rostro para verlo. Vio como inspiró su aroma nuevamente y lo exhaló.

- Desde hace no sé cuánto tiempo…ya lo había pensado…sólo que con esto que ha comenzado entre tú y yo… a veces la ansiedad me quiere ganar, quiero aparecer en medio de la noche por tu ventana…Por eso quiero que me prometas algo… porque tal vez la próxima vez, no tenga la misma fuerza de voluntad que estoy teniendo ahora…- vio como los orbes castaños temblaban conforme él iba despidiendo cada palabra.

Maldita sea.

La amó más.

Era completamente receptiva a sus palabras y si en algún momento había sentido inseguridad por los sentimientos de la chica más osada de Nerima, todo eso había sido disipado con esa hermosa mirada que le dedicaba solo a él. Porque sería solo con él, por todos los dioses que sí.

Ranma sintió una corriente de adrenalina en su pecho, producto de los celos solo de pensar que alguien pudiera quedarse con la dulzura de su mirada. Sintió como una sombra negra se abría en el piso y buscaba devorarlo. Pasó saliva para disipar su miedo.

Agravó su voz.

- Creo que ahora mismo no sería lo mejor avanzar…en primer lugar porque no te quiero poner en peligro frente todo lo que pasaría. Ponerte en riesgo sería como matarme a mí mismo… después de lo de Jusenkyo…en verdad no se de lo que sea capaz de hacer esta vez si algo te sucede… - esto último lo dijo casi dolorosamente.

- Ran…ma… – lo dijo casi en un cantar hipnótico.

- En segundo, porque quiero que esto siga así. No quiero que por culpa de mis…maldición… odiaría saber que he propiciado… forzarte a hacer algo… Quiero que esto siga su curso natural…

Se acercó al rostro de su prometida y depositó un beso en sus labios. Vio como brillaban increíblemente los ojos de Akane, parecían destellos de un bello amanecer. De nuevo recargó su frente en la de ella y cerró los ojos, al parecer a veces no verla era más fácil para tratar de frenar sus impulsos, se estaba volviendo una costumbre. Además, al parecer así hablaba mucho más fácil de sus sentimientos, indagaba hasta el fondo de su interior. El corazón dictaba las palabras, él solo las repetía.

- En tercero… jamás provocaría que hicieras algo de lo que te arrepientas…- antes de continuar, sintió como sus mejillas eran envueltas por unas delicadas manos de seda. Abrió los ojos sonrojado.

- Creo que jamás me arrepentiré si es contigo, Ranma… - el artista marcial se sorprendió todavía más y una profunda fuerza lo llenó. El moreno sintió como una llama había sido encendida.

Iba a ser muy complicado apagarla.

Akane sintió como sus piernas eran separadas y eran elevadas hasta rodear las caderas de su prometido, soltó un gemido en automático. Ranma se movió de lugar hacia la pared más cercana e hizo presión con todo su cuerpo sobre el de ella sosteniendo sus piernas con ambos brazos. Comenzó a besar apasionadamente el cuello de Akane hasta que llegó a su boca y quiso devorarla, al fin sin miramientos.

"Akane, Akane, Akane…"

No podría pensar en otra cosa… al fin podía aspirar como nunca su esencia, su olor, su transpiración…sus cabellos y su aliento tibio.

Akane tuvo que girar un poco la cabeza para permitir la profundidad del beso y sintió humedecer su centro cuando la lengua de su prometido había ingresado a su boca y estaba entrando y saliendo una y otra vez.

Ella estaba sintiendo que se le iban las fuerzas de todo el cuerpo. Ranma estaba tomándola.

De todos los hombres que habían tratado por años quedarse con toda ella, ahí, justo en su alcoba, estaba el ganador.

Ranma estaba tan eufórico que no se había dado cuenta que estaba dado pequeñas embestidas sobre la intimidad de Akane, al tenerla completamente a su merced contra la pared.

Akane comenzó a gemir. Ranma sintió como su miembro le dio un latigazo de placer provocando una gran tensión en su espalda y se endureció todavía más. Alcanzó a pensar en todas las veces que se había venido pensando en su prometida. En aquellas ocasiones las sensaciones habían sido sumamente intensas porque desde que la había visto desnuda en ese baño cuando se conocieron como hombre y mujer, ella había sido objeto de deseo para él. Si habían sido sumamente sucios los pensamientos que tenía con ella… y lo peor era que conforme la edad avanzaba, ella seguía floreciendo como una hermosa mujer adulta con sus más deliciosos y exquisitos atributos…

Pero esto, esto…no tenía punto de comparación.

¡Estaba tocando a Akane libremente y con su consentimiento!

¡No era producto de su imaginación!

Eran tanto el anhelo por sentir más de su prometida que inesperadamente Akane sintió un tirón y pudo observar como salieron volando algunos botones de su camisón. Automáticamente e hipnotizado en una especie de trance, vio como su prometido se sumergió entre sus pechos que aun llevaban su sostén blanco de encaje. Gimió aún más fuerte y vio como Ranma salía de su escondite y la observó con tanta intensidad, casi presenciando un espectáculo, que ella sintió su cara arder, como si le quemara la piel.

Akane soltó un suspiro profundo y echó la cabeza hacia atrás.

¿Por qué le había dicho eso?

¿Por qué le había prácticamente aceptado sus deseos?

Justo estaba pensando en huir de ellos y ella tuvo que responderlos. Todo parecía un sueño tan jodidamente hermoso que pensó por un momento que estaba en el paraíso. Lo que ella había hecho era un afrodisiaco para él.

Ranma pensó que la composición y formas de Akane eran casi como movimientos que eran parte de una obra de arte. Su cuello níveo, la tersura de su piel, el nacimiento de sus pechos, toda ella en esencia. Era algo de lo que jamás se quería perder y por supuesto, jamás compartiría con nadie.

Ya lo habían decidido ellos, ¿no?

Ese endemoniado – bendito pacto.

- Hey, Ran…ma… – escuchó su melodiosa voz, luciendo ahora sumamente agitada.

Ranma recorrió con uno de sus brazos el interior de una de las piernas de Akane, hasta llegar a su centro. Agachó su cabeza para ver sus descubiertas piernas

Su piel estaba tan suave que parecía tocar pétalos de rosa.

Akane se dio cuenta que su prometido parecía estar en una especie de trance. No había oído su llamado. Acercó su boca a su oído.

- Hey, tonto…estabas por decirme algo importante…

Ranma había abierto los ojos como platos y tomó de la cintura a Akane para bajarla de la pared en la que estaba sostenida. Poco a poco ella quedó a la altura de su pecho, como siempre.

- Pe…perdóname, Akane…

- Shhh… - la peliazul levantó un dedo índice y lo dirigió a los labios masculinos para hacerle entender que guardara silencio.

- Ya te dije que no estoy haciendo algo fuera de mi voluntad…pero quiero que termines lo que estabas diciendo…

- Ok…- la tomó de los hombros… - Quiero que me prometas…algo…

- ¿Qué te voy a prometer, Ranma?

- Por favor, como ahora…si llego a intentar sobrepasar tus límites…me detengas…no quiero forzarte, ni tampoco quiero adelantar las cosas…

- ¿Ósea que no confías en que pueda mandarte a la próxima galaxia si es que intentas sobrepasar mis límites? – Ranma soltó una risa cómplice…

- No dudo de eso en lo absoluto, marimacho. Sólo quiero establecer esta promesa, ya que… - se sonrojó y vio hacia otra parte.

- ¿Te falta autocontrol?... – Ranma volvió la mirada hacia ella entre asustado y sorprendido. Se quedó mudo.

- Ok, ok…mira…para tu tranquilidad… te prometo que haré saber si está mal lo que estás haciendo… - Ranma suspiró aliviado. Depositó un beso en su frente a manera de despedida y se dirigió a la ventana.

- Pero también te prometo que te haré saber… - Ranma ya en cuclillas volteó hacia ella antes de saltar al árbol - si está bien lo que estás haciendo… - Akane guiñó un ojo, coqueta.

Sólo se escuchó donde Ranma cayó absolutamente mal al piso de césped y se quejó con una expresión de venganza sobre ella.

Akane se dobló de la risa.


La luna estaba en su máximo esplendor, la noche ocultaba algo desde su más efímera discreción.

Mousse se despertó somnoliento desde su pequeña cómoda y extendió un brazo para tomar sus anteojos, pero por error terminó derramando un vaso con agua que estaba contiguo a su cama.

- Maldición…- expresó son zozobra.

Cuando los alcanzó, se talló los ojos para terminar de despertar bien y se los puso. Tomó una de sus batas sucias y limpió el líquido del piso.

Miró el reloj y pudo comprobar que su descanso vespertino había durado aproximadamente media hora. A esa hora de seguro la vieja bruja ya había terminado la limpieza y se disponía a descansar.

Como siempre comenzó a preguntarse si la amazona ya habría ido a descansar, se dispuso a ir a uno de sus cajones para sacar ropa cómoda y dormir cuando comenzó a escuchar unas voces.

Agudizó los sentidos y se dio cuenta rápidamente que la plática provenía del patio trasero del Neko-hanten y al parecer eran dos mujeres las que sostenían una conversación.

- Entender la situación…

- ¿Estás segura?... – aún ella no tenía cara para hacer esa pregunta, después de que precisamente ella se sintiera completamente insegura.

- Ella siempre estorbar en mi camino…ahora mismo no ha dejado muchas opciones para mí – exclamó contundente.

- ¿A qué te refieres?

- Ser claro. Yo intentar en muchas ocasiones deshacerme de ella, simplemente no puede ser porque Airen se ha interpuesto.

- Pues entonces lo vas a tener que hacer en una oportunidad donde él no esté…- no sabía si realmente quien hablaba era ella o los celos repentinos.

- Un momento… ¿porque tu pedírmelo? Hasta donde saber, tu ser suficiente para hacerle daño, he peleado contigo y has sido buena – sus ojos se hicieron pequeños, intuitivos, como los de gato.

- Claramente yo no puedo arriesgarme, no porque no pueda vencerla. Yo voy a tratar de alejarla de él paulatinamente…- sintió un pinchazo en el pecho. Una clara señal, de esas que aparecen cuando se hace algo de lo que se tiene certeza que está mal.

- ¿Para quedarte con él? Aunque chica ayudarme, sigue siendo mi rival.

- Claro que somos rivales. Pero al menos ahora solo seremos dos, no tres. Kodashi no cuenta, Ranma jamás se fijaría en ella, está demente. Después tú y yo tendremos la oportunidad de pelear limpiamente para ganarlo… Además…

- ¿Además...?

- Ryoga ya está aquí – comentó con un asomo de sonrisa.

- Chico cerdo muere por ella. No logro entender qué le ven. Pero ya quiero que se la lleve lejos, de no ser así tendré que tomar medidas drásticas. La Abuela me secunda.

- Ryoga claramente se la quiere llevar…aun desconozco los motivos, pero eso no importa ahora. Él tiene sentimientos por ella, eso es evidente. Eso también nos ayudará.

- Entender…solo una cosa…

- ¿Cuál?

- Recordar que yo pertenecer a la Supremacía Femenina de Amazonas, al haberme pedido ayuda para esto…

- ¿No andarás con rodeos, no?

Shampoo le había dedicado una mirada completamente fría y esbozó una torcida sonrisa.

Ingresó a la casa e hizo un ademán para invitarla a retirarse.

Ukyo salió del recinto de inmediato. Ya no quería estar ahí. Tenía un peso de conciencia, sí. Pero ya no había vuelta atrás. Le había enterado de todo a la amazona y esperaba que actuara con inteligencia. Siguió su camino viendo como la luna se reflejaba en el suelo ante tanto esplendor.

Mousse se quedó estático frente a la ventana donde había observado la escena y perdió su mirada a consecuencia de comenzar a ahogarse en sus pensamientos.

"¿Qué demonios pasa por tu mente, Shampoo?"

"¿Qué pretendes hacerle a Akane?"

"¿Qué no entiendes?, ¿Qué no has visto como se pone Saotome cuando se trata de ella?"

"Tú misma estarás en un peligro inminente…"

Se acercó a uno de sus cajones y tomó una manta la cual albergaba una hermosa peineta, una que le había regalado a su amada hace tiempo pero que ella deliberadamente había rechazado, alegando que no podía recibir ningún presente de otro hombre que no fuera su futuro esposo.

- Shampoo, tan hermosa como malvada…

Claramente la preocupación lo había invadido.

No era muy cercano a Akane Tendo, pero definitivamente sabía que era una hermosa persona por fuera y por dentro. No podía dejar las cosas así, aun si eso iba a representar traicionar a su amada Shampoo.

"Parece que debo advertir a Saotome…"

"Si ya se decidió a actuar, lo hará rápido"

Preparó la ropa del día siguiente, por la mañana tenía una vuelta a Furinkan.