El despertador muggle que Hermione ponía todas las mañanas a las 7, sonó de manera puntual, y también chirriante y molesta. Una mano salió de debajo de las sábanas y rápidamente apagó el aparato que tan molesto era cada vez que sonaba. La castaña gimoteó en voz baja mientras se movía al lado opuesto de la cama en el que había estado durmiendo, y entreabrió los ojos con desgana. Se regañó mentalmente por haber estado leyendo hasta tan tarde la noche anterior un libro que la profesora McGonagall le había recomendado sobre Transformaciones, y se prometió a sí misma no volver a leer tanto y recuperar horas de sueño, aunque sabía que eso era prometer en vano y que sus palabras caerían en saco roto en pocos días.

Tras estirarse de manera metódica como hacía cada mañana salió de la cama sin apenas hacer ruido para no molestar a sus compañeras que dormirían media hora más. Cogió el uniforme y sus utensilios de aseo, y se dirigió al cuarto de baño. El grifo de agua caliente fue lo primero que abrió mientras se desvestía. Suspiró de placer al sentir el contacto del agua en su piel y comenzó a enjabonarse el cuerpo para después lavarse su melena. Al terminar su rutina de aseo, aplicó un hechizo de secado en su pelo y notó que su melena no estaba tan alborotada como siempre gracias a las pociones alisadoras que lleva aplicándose desde el pasado mes de Octubre. Después de hacerse una trenza y ponerse su uniforme, se dirigió de nuevo a su habitación, donde sus compañeras, apresuradas, intentaban arreglarse para llegar a tiempo al Gran Comedor y disfrutar de un abundante desayuno antes del inicio de clases.

A la misma hora pero a muchos metros de allí, cerca de las mazmorras, una joven de 4º año de Slytherin, llamada Astoria seguía un ritual muy parecido al de la joven leona, claro que de manera inconsciente. Esta también optó por una ducha mañanera para despejarse y empezar el día con algo más de energía. Suspiró cuando después de su rutina de mañana miró el horario. Odiaba las clases con Hufflepuff y odiaba las clases de Herbología. El resto del día no pintaba mal, sobre todo teniendo en cuenta que a última hora le tocaba Pociones con el eterno enemigo: Gryffindor. Cogió su cartera y la deslizó por su brazo hasta llegar a posarla en su hombro. Un silbido se escuchó cuando bajó hasta la Sala Común, y la joven serpiente puso los ojos en blanco mientras que Zabini abría los brazos en clara señal de querer un abrazo matutino.

-¿Sabes Greengrass?-dijo el pelinegro estrechando con fuerza a la morena- Tú y yo haríamos muy buena pareja. No hago nada más que pensarlo cada día que pasa: en la cama, en la ducha, en el Gran Comedor... Y para los que dicen que no pienso, este es un gran avance y lo sabes-continuó diciendo notando como su cuerpo se movía dado que Astoria no podía hacer otra cosa que reírse-.

-Blaise-murmuró en voz baja Astoria, con la intención de que solo la oyese su amigo- Esperaba que tu tiempo en las duchas o en la cama fuese más...provechoso. Tendrás que hablar con tu amigo Malfoy para que te de lecciones, ya que a él se le da tan bien beneficiarse de su tiempo-.

A Zabini no le pasó por alto el tono venenoso con el que la pequeña de las Greengrass hablaba de Malfoy. Esos dos tenían una guerra que venía desde que en segundo año Malfoy había pillado a un alumno de tercero queriendo aprovecharse de la inocencia de Astoria. El rubio y la morena tuvieron una bronca monumental en la que el profesor Snape, como jefe de su casa tuvo que intervenir.

Astoria le reprochaba al rubio que no la dejaba ni a sol ni a sombra y que ella no necesitaba ningún defensor más, porque ya tenía bastante con su hermana.

Por otra parte el rubio se quejaba de que era demasiado tonta para que todos los chicos del castillo hicieran lo que quisieran con ella, aprovechándose de su ternura y delicadeza. Pero también, los días posteriores se vanagloriaba y sacaba pecho de su hazaña. El "gran héroe de las damiselas en apuros" se hacía llamar de manera secreta.

Astoria rodó los ojos al ver a cierto rubio bajar las escaleras con una chica de Ravenclaw que solo podía soltar risitas tontas ante las palabras que Malfoy susurraba en su oído. Dejó un beso en la mano de la chica de la otra casa y esta se fue, aún riéndose hacia su propia sala común.

-Si me disculpas, voy a vomitar-comentó Astoria en voz alta, lo suficiente para que Draco la escuchase y la retuviera con rapidez del brazo antes de que la chica saliese de la sala-.

-¿Qué te pasa, Greengrass? ¿Acaso estás celosa? Sé que te gustaría ocupar mi cama cada noche, pero eres tan mojigata que dudo que lo consiguieses-contestó Draco con evidente tono de asco en su voz.

Astoria le miró con odio antes de desprenderse de su agarre y que un sonido seco se escuchase en la silenciosa sala común. Draco se llevó la mano a su mejilla sorprendido.

-¿Sabes, Malfoy? No tienes ni idea de lo que me gustaría hacerte en este momento, por lo que te quedarás con la duda. Pero puedes preguntar a alumnos de quinto y sexto de esta casa y de otras, y te sorprenderías de mi "mojigatería"-.

La morena, visiblemente enfadada y poniendo punto y final a lo que sin ninguna duda había sido un comienzo de mañana movido, salió de la sala común pensando que no necesitaría café en el desayuno. Pegar a Malfoy era suficiente estimulante.

Hermione se dirigía al Gran Comedor con la idea de tomar una buena taza de café caliente, tostadas y quizá se animase con huevos revueltos. Sacó un libro de su cartera para leer una vez que estuviese sentada en su mesa, y ojeó las páginas para recordar por cuál de ellas iba. Apenas le dio tiempo a cerrarlo, cuando un cuerpo impactó con el de ella haciendo que se tambaleara y que su preciado libro cayese al suelo.

-¡Podrías mirar mejor por dónde vas!-exclamó la joven leona agachándose a por el libro.

-Discúlpeme, señorita Granger, no todos comenzamos el día con las narices metidas en un libro, aunque viniendo de usted no me sorprende en absoluto, si es que se auto complace en saber todo lo que ponga en las páginas-dijo la siseante voz del profesor Snape haciendo que la castaña se ruborizase automáticamente- Ahora, desaparezca de mi vista antes de causar más molestias-sentenció el jefe de Slytherin.

Hermione asintió con la cabeza y comenzó a andar hacia las puertas del Gran Comedor sin fijarse en una alumna de Slytherin que había presenciado la escena.

-Al menos no te ha quitado puntos-dijo una voz que hizo que Hermione levantase la vista del suelo- Snape, por las mañanas es tan adorable como un pequeño unicornio-continuó hablando la morena.

-Greengrass, no te hacía tan temprano por aquí-contestó Hermione dirigiendo una suave sonrisa a su compañera en Transformaciones mientras ambas caminaban a la entrada del comedor, donde el olor a café recién hecho y todo tipo de comida les apremió a apretar el paso.

-Bueno, Granger, digamos que a veces me gusta madrugar y tener tranquilidad mientras desayuno. Aunque hoy no haya sido así-dijo mientras le enseñaba la palma de su mano que aún seguía ligeramente enrojecida.

Hermione levantó una ceja y Astoria respondió riendo entre dientes

-Digamos que hoy cierto rubio va a tener la cara marcada. Míralo por el lado positivo, Potter estará exento de atención en clases. Nos vemos-murmuró la morena guiñandole un ojo a la castaña que no salía de su asombro.

En la mesa de los profesores, Dumbledore observaba con interés el intercambio de palabras de dos muchachas de casas rivales y fruncía el ceño en señal de preocupación.

-Severus, hijo-articuló en voz baja el anciano mago al pocionista, que emitió un breve gruñido antes de dejar la taza de la que iba a tomar un primer sorbo- ¿Qué tipo de relación tienen la señorita Greengrass y la señorita Granger? Es la primera vez que veo a dos rivales de casa, por lo así decirlo, hablar de un modo civilizado sin estar con las varitas en ristre.

Snape, con el rostro impertérrito movió su cabeza hasta mirar al director:

-La verdad es que ni yo mismo podría decirle, al menos en mis clases. Tampoco es que vaya prestando atención a mis alumnos en las aulas, suficiente tengo con controlar que ninguno muera o salga volando por los aires. Granger es una sabelotodo sin la que Potter y Weasley estarían perdidos, o aún peor, faltos en esta vida. Y Greengrass es una alumna notable de mi casa que ha sabido defenderse sola y no estar a la sombra de su hermana. No puedo contarle nada más-concluyó el profesor, bebiendo de su taza al finalizar su breve explicación que de momento, pareció conformar a Dumbledore.

El jefe de Slytherin murmuró por lo bajo el "viejo chiflado" que era Dumbledore y rogó a Merlín que no le encomendara ninguna otra misión suicida que tuviese que ver con dos jóvenes alumnas. Él cargaba con el fantasma de la culpa todos los días desde hacía 13 años. No se perdonaría cargar con más culpa aún.

Bebió un último sorbo y mordió el pequeño trozo de tostada que quedaba. Se levantó de su silla y echó una mirada breve a Granger, quién notando que alguien le miraba, dirigió sus ojos a la mesa de profesores. Unos ojos negros como pozos oscuros le escudriñaban.

¿Acaso iba a castigarle por tropezarse con él en el pasillo? Apartó la mirada, notando como los nervios acudían a ella y se instalan en su estómago inicio a todas pensar en todas las razones por las que Snape la mirando de esa manera. El profesor desvió la mirada y le dio la espalda, yéndose por una pequeña puerta.

Hermione sintió que un escalofrío le recorría la columna. ¿Qué rayos le pasaba al profesor para mirar hacia ella, una insufrible sabelotodo cómo bien le recalca él a menudo, de esa manera?