Ni Marvel ni High School DxD son de mi propiedad, pertenecen a sus respectivos autores.

Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.

Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, posible lemon más o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.

—comentarios.

—"pensamientos".

—*hablando por teléfono, comunicador, etc.*

(J.A.R.V.I.S.)

—+F.R.I.D.A.Y. +

—[Ddraig, Albion, etc.]


Capítulo 57:

NUEVO MUNDO — PARTE 08


Era temprano en aquella mañana de aquel día del mes de julio. Luego de meditar y razonar durante todos aquellos días sobre las dos últimas opciones para elegir al administrador de la empresa, Issei creyó haber tomado la decisión. Cogiendo su teléfono, marcó un número y esperó a que, desde el otro lado, cogieran dicha llamada.

—*¿Diga? * —preguntó una voz femenina al otro lado de la línea.

—Buenos días. Es la mansión de Charles Xavier.

—*Así es. ¿Quién pregunta? *

—Soy Issei Hyoudou-Stark. Me gustaría hablar con el señor Xavier.

—*Un momento, por favor —pudo escuchar voces al otro lado durante unos segundos—. Le paso la llamada*.

—Gracias.

—*Señor Hyoudou* —saludó Charles Xavier luego de unos segundos.

—Señor Xavier.

—*Entiendo que me ha llamado para el tema de la empresa*.

—Así es. Creo tener una decisión tomada, pero me gustaría visitarle antes de tomarla.

—*Por supuesto. Puede venir cuando quiera*.

—¿Es posible ir hoy?

—*Claro. Puede venir sobre las cinco de la tarde para hablar, y si gusta, después podemos hacer un pequeño tour*.

—Eso estaría bien. Entonces nos veremos a las cinco.

—*Esperaré su llegada*.

Tronó su cuello y estiró su espalda, suspirando de alivio por el placer recibido.

—No hay nada como estirarse por la mañana, ¿eh? —preguntó Tom de manera retórica—. Aunque yo prefiero rascarme el culo nada más despertar.

—Ambas opciones son buenas.

—Entonces hoy no comes aquí. Lo tendré en cuenta.

—No me digas que ya te vas a sentir solo. Pero si Marilyn se fue ayer luego de ese largo permiso que le dieron. Pensaba que estabas acostumbrado.

—Cuando amas tanto a tu pareja como lo hago yo, es difícil estar separados. Somos como dos palos de madera que, frotándose un poco, encienden una hoguera del tamaño de esta torre.

Issei rodó los ojos. ¿Por qué razón le había dicho eso? Los conocía desde hacía años y aquello era algo que tenía más que claro. Un par de horas después, mientras Issei y Tom repasaban los papeles que los abogados le habían entregado respecto a los cargos del próximo juicio, el teléfono demoníaco de Issei comenzó a sonar y vibrar. Tom, que era el que estaba más cerca, se levantó y aceptó la llamada.

—Hola Rias, que gusto verte.

—*Hola Tom. Yo también me alegro de verte*.

—¿A qué se debe el placer de tu llamada? —preguntó mientras se sentaba al lado de Issei, con la cámara ahora enfocando a ambos.

—*Es por una buena noticia, y hola a ti también, Ise*.

—Rias —saludó el ingeniero—. ¿Cuál es esa buena noticia?

—*Podemos llevar a cabo el encuentro el doce de este mismo mes* —anunció Rias con una amplia sonrisa.

—¿El doce? Hum. Me parece buena fecha. Pero Kuroka no puede pisar terreno demoníaco, y no creo que Grígori nos deje un lugar tranquilo para ello.

—*Lo sé, y por eso mismo será en la Tierra*.

Issei alzó una ceja, creyendo haber escuchado mal. Tom se mostró contento.

—¿Aquí? ¿Acaso no estáis bajo arresto domiciliario? —cuestionó Issei.

La sonrisa divertida de Rias le hizo entender que algo había pasado.

—*Te lo contaré en otro momento. Lo importante es que podemos volver a la Tierra*.

—¿Solo vosotros o todos los demás también?

—*Por ahora solo nosotros —contestó la noble—. Supongo que nos usarán como conejillos de India para comprobar si es seguro que volvamos a la Tierra*.

—Estáis un poco como este de aquí —intervino Tom—. La mitad os consideran héroes y la otra mitad criaturas malignas. Que mal os ha dejado la religión.

—*Motivos no faltaban, al menos a los demonios de antaño —opinó Rias—. Después de todo, nuestra fama era bien merecida con las dos primeras generaciones de demonios. La tercera comenzó a alejarse de las viejas costumbres y la cuarta, la mía, vamos camino de intentar establecer una sociedad más justa*.

—A veces olvido que podéis vivir diez mil años…

—*Además, aunque nos acepten como héroes, nuestra sociedad y costumbre no les gusta*.

—Sí. Es que eso del esclavismo ya no se lleva… aunque el racismo, las clases sociales y demás siguen estando bastante presentes.

—Y cada vez más con la crisis.

—Cierto, cierto. Incluso en Occidente hay cierto tipo de esclavitud, pero oye, mejor no ponernos a discutir de eso. Entonces el doce, ¿no? ¿Dónde?

—*Estoy buscando un lugar. Me encantaría hacerlo en Japón, pero lo mejor es un lugar más aislado y donde nos conozcan menos. Cuando lo tenga decidido os diré, ¿vale? *

—Perfecto.

—*Nos vemos pronto, chicos*.

Despidiéndose con la mano, Rias cortó la comunicación.

—¿Cómo lo habrá conseguido? —se preguntó a Issei refiriéndose a que pudieran volver a la Tierra.

—No creo que tenga las rodillas raspadas —comentó Tom encogiéndose de hombros.

—Sabes que estás hablando de la actual heredera y próxima líder de una de las pocas Casas demoníacas que queda, ¿verdad?

—¿Y? Madre mía hermano, yo de los demonios me lo creería todo con tal de conseguir lo que quieren.

—Dudo que una noble como ella recurra a esos tratos.

—A mí no me sorprendería. Ojo, tengo en buena estima a Rias, pero en su sociedad, y como están actualmente, no me llegaría a sorprender nada.

—Dudo que Sirzechs y sus padres lo permitieran.

—¿Hablas de los mismos que orquestaron su matrimonio arreglado? Vale que su hermano estuviera en contra, pero tampoco pudo hacer nada. Quizás ella no revele cómo lo ha conseguido.

—Ahí no puedo discutir, pero me sigue siendo imposible imaginar a Rias recurriendo a eso para conseguir esto.

—Deseable es, una mujer de diez, así que me remito: no me sorprendería que le hayan puesto esas condiciones con tal de poder volver a la Tierra, aunque sea solo para la reunión —Issei gruñó, coincidiendo al fin, aunque siempre teniendo claro que Rias no lo haría por voluntad propia—. Oye, ¿crees que se habrá acostado con otros? —curioseó Tom mientras apoyaba medio cuerpo en el respaldo del sofá.

Issei alzó una ceja mientras volteaba para mirar al artista.

—¿Qué?

—Ya sabes: ¿sigues siendo tú el único con el que lo ha hecho?

—¿Y a mí que me cuentas?

—No sé, tengo curiosidad.

—No es algo que me preocupe mucho, la verdad.

—¿En serio no tienes nada de curiosidad? Digo, contigo fue casi rayar lo obvio. Hablamos de la hija de un noble demoníaco que vive en una sociedad machista y patriarcal hasta decir basta que ven a las mujeres como objetos y engendra hijos y que no admiten que ellas vayan por ahí teniendo amantes.

—Dime algo que no sepa, por favor.

—Pues eso. Luego de descubrir el sexo: ¿seguirá con la masturbación, se habrá buscado uno o varios amantes o al fin admitirá que es bisexual, pansexual o algún sexual y se habrá tirado a Akeno?

Issei le miró con aburrimiento.

—En serio… ¿Y yo soy el pervertido?

—Tú intentas esconderlo, yo no. Pero nunca entenderé por qué ocultarlo de mí, tu hermano de otra madre, tu confidente, el único que sabe, además de Marilyn, las cosas más pervertidas que hiciste con Iris.

—Oooh, cállate.

—¡Venga, dime! No creo que en verdad no te preocupe o tengas interés mínimo. ¡Joder! Si hasta discutimos si Rias y Akeno eran bolleras. ¡Nunca confirmaron o desmintieron nada! Pero yo sigo pensando que sí lo han probado.

—[Claro que tiene interés, y le encantaría volver a, como decís vosotros, follársela, cogérsela, empotrarla…]

—¡Ddraig!

—[¿Que? Oh, por favor. Ya sabes que yo no he sido precisamente un puritano. He tenido mis aventuras. Soy un ser que se guía por sus instintos y no se reprime]

—Lo raro es que no tengas críos poblando el cosmos.

—[Puede que los tenga, puede que no. No es que me importe demasiado]

—A veces olvido qué tan distinta es tu moral y ética.

—[Entre los propios humanos es dispar. No me molestes]

Touché. Bueno, cambiad de tercio. Tengo algo importante entre manos —dijo agitando uno de los papeles.

—De acuerdo, de acuerdo… Oye, ¿cómo va la búsqueda del próximo Dragón Blanco?

Issei suspiró largo y tendido. Ahora que a Tom se le había soltado la lengua, tardaría un rato en volver a cerrarla.

—Es casi un callejón sin salida. Su nuevo usuario tendrá entre unos pocos meses y poco más de un año.

—¿Ninguna anomalía en algún nacimiento?

—Nada que haya visto hasta el momento.

—Eso podría significar que su actual portador no debería ser nada fuera de lo normal, ¿no?

—Es una posibilidad… Y no sé cuál me asusta más.

—Mientras no hagas un Rey Arturo…

—¿Por quién me tomas? —inquirió ofendido.

—¿Yo? Por nadie.

—Haz el favor de volver a lo tuyo, ¿vale?

—Bien, bien. Te dejo volver a tus asuntos jurídicos. Yo era por intentar relajarte un poco.

Encogiéndose ligeramente de hombros, Tom se rascó el pecho y volvió a sus cosas, pero siempre echando una mirada de vez en cuando, de reojo, a su viejo amigo.

XXXXX

La mansión estaba situada entre la carretera Graymalkin Lane y el lago Breakstone, sobre ochenta y una hectáreas de bosque. El terreno alrededor de la casa, que lleva hasta el lago, estaba podado; pero el resto del territorio, particularmente cerca de los límites de la propiedad, seguía siendo un bosque. Al este, sobre la estribación de una montaña, los suelos de la propiedad eran elevados. Sobrevolando el lugar, Issei dio con la entrada principal al recinto, por lo que decidió bajar a la entrada principal del terreno en vez de plantarse justo en medio.

Los jóvenes que había frente a la entrada de la mansión observaban con asombro el aterrizaje del Hyoudou, así como el cómo desaparecía la armadura, mostrando al usuario. El superhéroe observó atentamente la mansión con aquel nuevo ángulo. En verdad le seguía sorprendiendo que aquella mansión hubiera sido adaptada para convertirse en una escuela, y más aún que fuera una escuela para personas con ciertas capacidades. Miró entonces a los estudiantes, saludándoles con la mano o con la cabeza mientras caminaba hacia el edificio principal.

—¿Crees que algunos posean Sacred Gears? —preguntó al dragón.

—[Sí, confirmo. Alguno de aquí posee una]

—¿Lo saben ellos?

—[Es bastante probable. Puede que no sean habilidades psíquicas, pero siguen siendo poderes anormales para el estándar humano]

—Entiendo, aunque pensaba que solo aceptarían a espers.

—[No parece que les importe si son poderes propios o a partir de un Artefacto. Serían idiotas si no aceptaran ambas categorías. Su uso y manipulación no son muy distintos]

—Ahí te doy la razón.

Atravesó todo el patio delantero hasta llegar a las puertas mismas de la mansión. Allí se encontró con una mujer de larga cabellera blanca que contrastaba con su tono de tez oscura. La mujer, de gesto serio, fue la que le recibió.

—Usted debe ser el señor Hyoudou-Stark. Soy Ororo Iqadi Munroe, maestra de esta escuela. El profesor te está esperando. Acompáñeme.

Con un gesto afirmativo por parte de Issei, la mujer se dio la vuelta, caminando hacia el interior del edificio.

—"¿Sacred Gear?"

—[Negativo]

—¿Usted también tiene poderes? —le preguntó Issei con curiosidad.

—Atmoquinesis, así lo llaman.

—Como la Zenit Tempest.

—¿Habla de la Longinus?

—Esa misma.

—Admito que sería interesante tener un encuentro con su actual portador.

—Bueno, si todo esto llega a buen puerto, podría ser posible.

Las únicas palabras que intercambiaron fueron referentes a lo que Issei pudo ver de aquella mansión-escuela durante el trayecto al despacho del profesor Xavier. Nuevamente los alumnos seguían sorprendiéndose por su presencia mientras los profesores intentaban llamar su atención para sus respectivas clases. Una vez llegaron al despacho, la señorita Munroe llamó a la puerta, abriéndola poco después.

—Le he traído, profesor —informó la mujer mientras Issei ingresaba hasta colocarse frente a un amplio escritorio de madera.

—Muchas gracias —agradeció el hombre desde el otro lado de su escritorio.

—Señor Xavier —saludó Issei extendiendo la mano del nombrado.

—Señor Hyoudou —con una leve sonrisa, el anciano estrechó la mano—. Me alegra que haya venido.

—Bueno, usted aceptó mi propuesta, después de todo.

—Así es. Por favor, acompáñeme —invitó señalando con su mano una silla situada al lado del japonés.

Issei se sentó, observando a su alrededor.

—¿Te importa que nos acompañe? —preguntó Charles señalando ahora a la mujer.

—Sin problema.

Los dos hombres hablaron largo y tendido sobre todo el asunto de la empresa que Issei estaba creando, así como sobre la escuela. La señorita Munroe intervenía de vez en cuando, exponiendo su punto de vista sobre aquel asunto. Cuando hubieron terminado, el profesor procedió a realizar el tour por todo el terreno, presentando a los profesores y algunos de sus alumnos. Issei se sorprendió mucho con algunos de ellos, pero no escarbó en busca de información para no dar una mala impresión. Lo que menos quería ahora era que las relaciones se fueran al caño.

—Bien. Debo decir que estoy satisfecho —dijo al fin Issei luego de terminar el tour, ya de vuelta en el despacho del profesor Xavier—. Si aceptas, me gustaría que fueras el administrador, Charles.

—Con gusto, señor Hyoudou. No, Issei.

Ambos estrecharon sus manos, sonrientes.

—Pues ahora solo me queda hablar con los demás y concertaremos una reunión, así os vais conociendo.

—Esperaré paciente. Ardo en deseos de poder hablar con todos aquellos jóvenes que lucharon en Nueva York.

—Pues, en ese caso, iré preparando la documentación. Le avisaré cuando tenga todo preparado.

—Tómese el tiempo que necesites. Después de todo, tienes un importante juicio de por medio.

—Créeme, lo tengo muy presente. En fin, nos vemos.

Con un gesto de cabeza, Issei se despidió de ambos, abandonando aquel terreno, preparando en su mente el anuncio a Rias y el resto, así como el papeleo para comenzar a crear la empresa como tal.

XXXXX

Decir que no estaban nerviosos aquel jueves doce de julio era mentir, y muy descaradamente. Kuroka era la más nerviosa, aunque hacía grandes esfuerzos para demostrar cierta indiferencia por aquella reunión, que no le afectaba tanto como realmente lo hacía. ¿Y cómo no estarlo en verdad? Luego de tantos años, poder volver a reunirse con su hermana sin tener que estar vigilando que nadie las viera era una liberación. Incluso había dejado de usar sus típicos yukatas para vestir algo más occidental: unos vaqueros cortos y una camisa de tirantes. Tom e Issei estaban esperando a que Rias se pusiera en contacto con ellos. La reunión se iba a llevar a cabo en un pequeño pueblo cercano a la costa croata, donde los rostros de los Gremory e Issei no serían muy reconocidos... esperaban.

—Que nervios —murmuró Tom mientras fingía leer el periódico en una tablet—. ¿Por qué estará tardando tanto? —preguntó a Issei ya que Kuroka prácticamente les ignoraba, demasiado sumida en sus pensamientos.

—Quería tenerlo todo estrechamente vigilado. No se fía de muchos y quiere tenerlo todo atado y bien atado. Después de todo, solo los Maous saben dónde se va a llevar a cabo este reencuentro.

—Solo ellos, que ella sepa. ¿Quién dice que no se ha podido filtrar la información? Además, sólo ellos han podido venir. Ni siquiera los Sitri tienen permiso para esto. No sé hermano, me huele raro.

—Ya somos tres, y es por eso mismo que se está tomando su tiempo.

—¿Los católicos no se van a meter?

—Primero que nada: no es el Vaticano, así que no pueden decir ni mu; segundo: con todo lo que está pasando, tienen problemas más importantes de los que preocuparse que este.

—Te encargaste de ello.

La mirada fiera que le lanzó el Stark solo provocó una sonrisa burlona en el artista.

—No empieces.

—Dos semanas, hermano. Solo quedan dos semanas para que empiece el juicio. Te has relajado, así que tengo que volver a recordarte lo que te puedes encontrar.

—¿En serio? ¿Vas a hacer eso?

—Y tanto. Es más, tengo el beneplácito de más de uno.

—Dudo que sea Pepper. ¿Tony, Happy?

—Mis hermosos labios están sellados.

Bufando, Issei observó a Kuroka. La yōkai se encontraba mirando por la ventana. El calor de aquel día se colaba por la ventana abierta, pero en aquel momento no iba a pedirle que la cerrase. Un par de minutos después, el teléfono demoníaco comenzó a sonar. A pesar de estar esperando la llamada, prácticamente todos dieron un brinco al escuchar la melodía.

—¿Rias? —preguntó Issei para asegurarse.

—*Buenas tardes, Ise*.

—Serán buenos días.

—*Puede que en Nueva York, pero aquí son las dos de la tarde*.

—¿Está ya todo listo?

—*Listo y preparado. No hay mucha gente. Todo está asegurado*.

—Perfecto. Estaremos allí en breve.

—*Os veo ahora*.

Colgando la llamada, Issei observó a Tom, quien le miraba sonriente, y Kuroka, que tenía cara de póker, aunque podía asegurar que estaba ansiosa.

—Bueno, pues ya está todo. Cuando queráis nos vamos —anunció mientras se ponía en pie, caminando hacia donde estaba la nekomata. Tom le imitó—. ¿Estás segura de que no nos vas a dejar en pleno Vaticano?

—Ya me gustaría, pero sus defensas son excepcionales.

—¿Ya lo intentaste?

—Una vez, por error… Na', mentira. Vali quiso probar si yo podría, pero no pude, y luego lo intentó Arthur. Resulta curioso que esos meapilas no tuvieran protección contra el poder de Caliburn.

—En otro momento hablaremos de eso. Venga, que tengo hambre —dijo Tom con ánimo mientras chocaba sus manos—. Quiero volver a probar la comida croata.

Kuroka invocó un hechizo mágico y en un par de segundos ya estaban en medio de una pequeña plaza del pueblo. Los tres observaron a todos lados, pero no parecía haber ningún nativo, solo las presencias demoníacas de los Gremory, más precisamente de Yuuto.

—Buenas tardes —saludó el Caballo con su típica sonrisa elegante—. Están esperando. Seguidme, por favor.

Guiándolos a través de las calles de piedra, el cuarteto llegó a una plaza, la que suponían debía ser la principal y más grande, pues había varias tiendas y restaurantes de aspecto antiguo, quizás de primera mitad del siglo XX o finales de XIX. Al contrario que en la plaza donde llegaron, aquella sí mostraba signos de vida. No eran muchas personas, y casi todos eran ancianos. Por la hora, y teniendo en cuenta que era día laboral y estudiantil, el resto de personas del pueblo debían estar comiendo en sus respectivos hogares o puestos de trabajo. Pudieron ver a los otros miembros del equipo demoníaco separados, vigilantes. Todos iban vestidos con ropas veraniegas por el calor. Al ver a los dos humanos saludaron, gesto correspondido por estos. Rias, que estaba tranquilamente tomando algo en la terraza de un restaurante, les hizo una seña para que fueran a donde ella estaba. La Gremory vestía un elegante y corto vestido lila veraniego. Yuuto se despidió y se alejó.

—Hola chicos. ¿Habéis desayunado? —preguntó la pelirroja mientras se quitaba las gafas de sol, colocándolas en la mesa, y cruzaba elegantemente sus piernas.

—No, no lo hemos hecho. Quería comer algo de por aquí —dijo Tom mientras se sentaba en uno de los tres asientos libres.

Con una sonrisa, Rias miró a Kuroka.

—Está dentro. Te aconsejaría ir con cuidado. Está muy nerviosa y desconfiada, pero se quedará.

Kuroka miró hacia la puerta del restaurante. Había visto a su hermana un instante por uno de los cristales.

—Gracias —dijo con sinceridad para luego proceder a ir hacia la puerta e ingresar en el restaurante.

—No quisiera estar ahí dentro —comentó Tom mientras se relajaba en el asiento—. No sé tú, hermano, pero yo quiero empezar con algo suavecito. ¿Un aperitivo, quizás?

—Sí, no es mala idea —coincidió el ingeniero mientras se sentaba en el otro asiento libre.

Visto desde arriba, los tres formaban un perfecto triángulo alrededor de la mesa.

—Al menos tienen puesta la pérgola —comentó el artista mientras miraba hacia la plaza—. Qué calor hace aquí. Piscina no tendrán, ¿verdad?

—Me temo que no —negó Rias—. Pero la playa está a unos pocos kilómetros.

—Mierda, no he traído el bañador. Hey, podríamos alquilar unos y luego ir.

Comentó mirando a Rias e Issei. La pelirroja parecía feliz por aquella idea, pero Issei miraba con dejadez a su amigo.

—Podría ser divertido —opinó Rias.

—Podría, sí, pero tengo un juicio que preparar, ¿lo has olvidado?

—Como si pudiera —bufó Tom a la respuesta de su amigo—. Dios sabe las ganas que tengo de… Ups, lo siento —Se disculpó luego de ver a Rias hacer una mueca mientras se frotaba la sien—. A veces me olvido de que todo eso os afecta.

—Tranquilo, no pasa nada —restó importancia—. Estáis acostumbrados a referiros a todo ello, aunque no sea en plan religioso, es normal. Aunque agradecería que lo evitarais.

—Lo intentaré, prometido.

Issei desvío su mirada primero al interior del restaurante. Ninguna de las dos lo había abandonado aún, y tampoco parecía que hubiera comenzado una pelea entre las dos hermanas. Aquello era una buena señal.

Miró entonces al resto del grupo Gremory. Así como si fueran espías o policías que iban de paisanos, se mantenían «ocupados» mientras vigilaban que no ocurriera nada fuera de lo normal o alguien actuase extraño.

Entonces volvió su mirada hacia sus otros dos amigos. Miró a Rias, quien charlaba con Tom muy animada, sin prestarle la más mínima atención; y luego el susodicho, que parecía estar contando alguna graciosa anécdota que había vivido con Marilyn y el propio Issei. Entonces pudo ver a Rias adoptar otra postura, una menos relajada: la pelirroja mantuvo su espalda erguida, apoyó sus codos en la mesa, puso sus manos juntas, entrelazando ligeramente sus dedos, poniendo su mentón encima de ellas. Apenas un par de segundos después, algo pasó.

Cuando sintió un pie que descansaba en su rodilla, se tensó metafórica y literalmente. Miró a Rias, pero esta seguía hablando con Tom, ignorándole. Se había quitado la sandalia del pie sin que nadie se hubiera dado cuenta.

—Y entonces, este pedazo de sinvergüenza, hackeó el ordenador de ese imbécil de Josep, destapando todo su historial de búsqueda. Sabíamos que era un salido, pero… A ver, nosotros no juzgamos los gustos de otros, pero… Madre mía.

—Oh, ¿en serio? —preguntó Rias interesada, sonriendo de aquella manera tan elegante mientras miraba a Issei de reojo—. Vaya que eres un pillín, ¿eh, Ise?

Mientras realizaba aquella pregunta, su pie comenzaba a masajearle la rodilla. Issei tragó saliva mientras disimuladamente miraba a todos lados, pero nadie les prestaba atención. Lo peor no es que le estuviera haciendo aquello tan descarado frente a su mejor amigo, quien no se daba cuenta, sino que desde aquella mesa cualquiera podría ver lo que estaba haciendo.

—Vaya que lo es, ¡pero oye! lo hizo por un muy buen motivo de venganza. Sinceramente, no me bastó simplemente con la venganza de Marilyn, aunque fuera aquel golpe a los huevos.

—Sí, desde luego, aunque esa zona de la anatomía masculina es bastante delicada, ¿no? —preguntó mirando directamente al Hyoudou.

Sintió su pie avanzar, ahora acariciando su muslo.

—S-sólo un poco —respondió Issei un poco nervioso.

¿Desde cuándo Rias era tan hábil a la hora de hacer eso? Él solo podía tragar saliva ante las sensaciones que le estaba provocando. Aquella erección no podía esconderla ni disimularla.

—¿Solo un poco? —cuestionó Tom divertido—. Es nuestra zona más delicada.

—He escuchado que esa parte se «motiva» incluso con el más mínimo roce.

—Y sin rozarlo —rio el artista—. Pocas veces me habré excitado yo solo mirando el techo.

—¿En serio? ¿Sin siquiera rozarlo? Vaya —preguntó divertida. Issei pudo notar cómo el pie de Rias casi tocaba su entrepierna—. ¿Y solo siendo estudiante?

—No exactamente, aunque ciertamente no tanto como antes, ¿eh o no? —preguntó a su mejor amigo.

—P-puede —contestó Issei mirando disimuladamente la carta, fingiendo que pensaba cuál sería el plato principal a probar.

Casi gimió cuando Rias alcanzó su objetivo. Sonrojado como un tomate, volvió a mirar hacia todos lados para luego clavar su mirada en Rias, pero esta seguía charlando animadamente con Tom. Su amigo ni parecía darse cuenta de que prácticamente le estaba masturbando.

—¿Te pasa algo, Ise? Estás muy rojo. ¿Tienes calor? —preguntó Tom con preocupación.

—Oh, vaya. Sí que estás rojo, Ise. ¿Crees que te va a dar un golpe de calor? —preguntó la Gremory con falsa preocupación.

Incluso su rostro mostraba aquel falso sentimiento. Con una ligera sonrisa coqueta, Rias apartó el pie de la entrepierna, recorriendo la pierna hasta apartar su pie de la misma, volviendo a ponerse la sandalia sin movimiento que indicara aquel acto.

—Estoy bien. Solo… solo un poco de calor.

—Eso se soluciona fácil. ¿Alguno puede pedir una jarra de agua fresca? Yo no sé croata —pidió Tom mientras buscaba a algún camarero.

—Yo me ocupo —dijo Rias mientras alzaba una mano, atrayendo la atención de la camarera más cercana.

Issei entrecerró los ojos mientras veía a Rias. Le había torturado y la muy fresca ni se había hecho notar, como si no hubiera estado masturbándolo con el pie hacía unos segundos.

—[Vaya, vaya, vaya. Esto no te lo esperabas, ¿eh?]

—"Tú a callar".

—[Oye, que quizás podáis saber ahora si esta niña solo ha probado una salchicha, ¿no?]

—"Ddraig…"

—[Es más que obvio que quiere volver a tener relaciones contigo]

—"No, ¿en serio?"

—[Tú verás. Incluso podrías comentarle de hacer un trío con la nekomata. No sé, podrían aceptar]

El imaginar aquella posible escena le provocó un dolor en la entrepierna.

—[¡Liberad al kraken, ja, ja, ja!]

—"¡Ddraig!"

—Aquí tienes, hermano. Un vasito de agua bien fresquita —dijo Tom mientras le echaba agua en el vaso.

Issei observó aquel recipiente de vidrio mientras intentaba pensar en algo que hiciera bajar aquella erección.

—[Algo está pasando ahí dentro] —dijo de pronto el dragón, llamando la atención de los tres, quienes miraron hacia el edificio.

XXXXX

Los ojos de ambas hermanas se clavaron en los de la otra nada más Kuroka entró en el establecimiento. Koneko entrecerró ligeramente los ojos mientras se tensaba, aunque por su postura nadie lo hubiera dicho. A pesar de todo lo ocurrido en el juicio, su sola presencia le provocaba un gran revoltijo en su estómago que no sabía cómo apaciguar. Había pasado días practicando para aquel momento, pero aquellas prácticas eran muy distintas a estar frente a ella por primera vez en años.

Por su parte, Kuroka no pudo evitar sonreír un poco. No solo podía volver a verla, hablar con ella tranquilamente, luego de más de una década, sino que podía sentir en ella que ya no ocultaba o negaba sus poderes, aquellos mismos que tantos problemas le habían provocado, como bloquear su desarrollo físico y mental. Si bien seguía teniendo el cuerpo de una niña, pues habían pasado unos pocos meses desde que los aceptó y comenzó a usarlos, ya podía notar como su senjutsu fluía con naturalidad.

Despacio, Kuroka caminó hasta la mesa donde estaba su hermana, llamando la atención, esta vez sin desearlo, de varias personas presentes. Se sentó frente a su hermana, quien rápidamente cogió la carta del menú para echarle un vistazo, aunque era bien claro que no se sentía preparada para hablar con su hermana. Kuroka no dijo nada, sino que la imitó, pensando en qué comer. Una vez hubieron pedido y la comida reposaba en la mesa, se permitieron hablar.

—Veo que ya no reniegas de tu naturaleza —comentó Kuroka luego de comer un poco de su plato.

Koneko siguió masticando y, cuando tragó, se mantuvo en silencio unos segundos.

—Sí… —respondió con tono seco y cortante.

—¿Fue solamente por lo de tu ama?

Nuevamente Koneko tardó en responder. Los comensales las miraron e intentaron comprender el idioma, pero dado que estaban hablando en lengua demoníaca, les resultaba imposible entender una sola palabra.

—Todo lo que hago es por ella… Necesito ser más fuerte, por lo que tengo que aceptar lo que soy… Si no lo hago me convertiré en una carga para ella…

—¿Crees que si lo haces… te abandonará como lo hice yo?

Koneko entrecerró los ojos y apretó ligeramente los dientes. Kuroka se dio cuenta de ello así de cómo su senjutsu comenzaba a enturbiar.

—No. Ella no es como tú. Ella no me abandonaría.

—Sí, eso es lo que tengo entendido.

—Aunque seas una carga, ella no te deja atrás.

Kuroka no respondió a ninguna de las pullas ni se mostró molesta.

—No te abandoné porque fueras una carga, Shirone.

—Koneko. Mi nombre es Koneko.

—Como gustes. Lo importante es que no te abandoné por eso. Me convertí en una proscrita y si te llevaba conmigo… No quería esa vida para ti.

—Y por eso me abandonaste.

—Me aseguré de dejarte con alguien que te protegiera.

—Lucifer-sama me encontró por casualidad.

—¿Has hablado con él?

Koneko estuvo por responder, pero ninguna palabra salió de ella. En honor a la verdad, desde el juicio sólo había hablado con los miembros de su grupo. No había visto al hermano de Rias ni una sola vez.

—No… No lo he hecho.

—Pregúntale entonces cuando puedas. No iba a dejarte sola ante la ira de todos esos viejos decrépitos del Consejo. Los Gremory son de los que mejor tratan a sus esclavos, y era el lugar más cercano. Incluso aunque fueran a por ti, sé que ellos no permitirían que te pasara nada —Koneko siguió mirándola molesta. Kuroka suspiró—. Sé que no me vas a perdonar, y no te voy a pedir que lo hagas. Lo único que te pido es que entiendas mis motivos. Lo eres todo para mí, Shirone, no tengas ninguna duda, incluso si eso significaba dejarte con otros para mantenerte a salvo y que tengas una vida lo más digna posible.

—¿Y por qué no me dejaste con otros como los yōkais?

—Eso habría creado un conflicto político entre ambos gobiernos. No dudo que los yōkais habrían aceptado extraditarte con tal de no agravar un posible conflicto mayor. No había lugar seguro que no fuera entre los propios demonios.

Koneko no rebatió aquel argumento. Rias le había pedido comprensión y mantener la mente abierta ante lo que su hermana pudiera decir, y sus argumentos no carecían de lógica, pero el dolor, la tristeza y la rabia que sentía eran demasiados como para que su parte lógica pudiera ser escuchada. Kuroka dejó salir todo el aire por la nariz mientras volvía a comer, dando tiempo a su hermana pequeña para que asimilara lo que había escuchado. Koneko hizo lo mismo durante un rato.

—¿Qué te parece si hacemos un preguntas y respuestas? —sugirió Kuroka luego de terminar de comer.

—¿Un qué?

—Preguntas y respuestas. Tú me haces las preguntas que quieras y yo responderé con total sinceridad.

—¿Tú no me harás?

—¿Me responderías con sinceridad? —La falta de contestación de Koneko fue suficiente—. ¿Ves? Estás demasiado reacia conmigo ahora mismo. Por eso, si te parece bien, será unidireccional.

Koneko sopesó aquella sugerencia unos segundos.

—¿Cómo sé que me responderás con sinceridad?

—Te diría que usaras el senjutsu, pero apenas has comenzado a explorarlo, y no tenemos un detector de mentiras. Solo puedes confiar en mí, pero si no te es suficiente, entonces no creas nada de lo que te diga.

A pesar de aquella desconfianza, Koneko en verdad tenía interés por conocer sobre la vida de su hermana luego de abandonarla, todo aquello que no fuera estar en el grupo del anterior Dragón Blanco. Kuroka respondió con honestidad en todo momento a pesar de las dudas de su hermana. No tenía secretos, nada que ocultar. Si quería avanzar en la posible reconstrucción debía ser sincera y sobre todo cooperar, abrirse a ella.

De un momento a otro, aquel lugar comenzó a llenarse de un gas inoloro e insípido. Ninguna de las dos hermanas se dio cuenta hasta que una especie de neblina amarillenta. Pero aquello no fue todo. Conforme pasaban los segundos, comenzaron a darse cuenta de que algo estaba pasando, pues los clientes humanos comenzaban a bostezar, acostándose en las mesas, la barra, en las sillas e incluso en el suelo. Aquello era demasiado extraño. Se pusieron en pie, intentando entender qué estaba ocurriendo. Como demonios y yōkais que eran, ningún gas o veneno terrícola era efectivo contra ellas por su biología superior, pero no era un gas creado para humanos.

XXXXX

—¡Barrera! —exclamó Rias poniéndose en pie.

La mesa golpeó el suelo cuando los otros dos se levantaron. Intentaron entrar dentro del restaurante al mismo tiempo que Kuroka y Koneko salir, pero algo se lo impidió. Nada más intentar atravesar la puerta, una barrera mágica se mostró. Rias clavó su mirada en Koneko. Ninguna sabía qué estaba pasando. Intentaron hablarse, pero ningún sonido parecía atravesar dicha barrera.

—¿Qué coño…? —siseó Issei.

—¡Oh mierda! —gritó Tom horrorizado—. ¡La gente está en el suelo!

—¡Rias, cuidado! —escucharon gritar a Akeno.

Los tres voltearon hacia la plaza. Dos personas encapuchadas se habían lanzado hacia ellos mientras otras tantas luchaban contra los demás miembros Gremory. Issei rápidamente protegió a Tom mientras la armadura le envolvía. Las dos navajas de considerables dimensiones del sujeto se rompieron cuando golpeó la armadura. Rias creó una barrera para detener un cuchillo dirigido a su brazo.

—Te vas a cagar —siseó Issei mientras intentaba alcanzarle con el puño, pero el sujeto lo esquivó con cierta facilidad—. Mierda. Sobrenatural. Ddraig.

—[Hecho]

El atacante chasqueó la lengua, comenzando ahora un combate cuerpo a cuerpo con el Hyoudou listo para un enfrentamiento de aquel calibre. Rias puso tierra de por medio usando sus poderes demoníacos.

La gente que estaba en aquella plaza gritó y corrió, alejándose. Los más jóvenes aprovecharon para grabar con sus teléfonos aquella lucha inesperada a pesar de los gritos de los mayores.

—¡Tom!

—¡Oído cocina!

Ganando distancia con respecto a los dos atacantes, el artista aprovechó para ponerse a salvo mientras ayudaba a los más rezagados, aunque se los tuviera que llevar a rastras.

XXXXX

Ambas hermanas observaron el exterior, como demonios y superhéroe luchaban contra unos encapuchados. Koneko cubrió su mano de ki y golpeó la barrera, pero esta fue capaz de resistir el impacto sin problema. Kuroka lo hizo con touki, pero también resistió.

—A mí no me vuelven a encerrar —siseó la morena al tiempo que intentaba usar su magia para tele transportarse de allí, pero para su sorpresa, no pudo, ni siquiera manipular el espacio—. ¿Qué diablos…?

—¿Qué ocurre? —preguntó Koneko.

—No puedo usar magia ni manipulación… Probaré por atrás —dijo mientras corría en busca de una puerta trasera.

Koneko volvió a golpear las paredes y cristales en un intento de crear un agujero de escape, pero con cada golpe que daba sentía sus fuerzas flaquear y cómo una neblina le cubría la vista. Sentía que se iba a desmayar en cualquier momento.

—¿Qué…? —murmuró antes de caer de rodillas y luego hacia un lado.

—¡Shirone! —pudo escuchar a su hermana gritar.

No pudo moverse, pero sí pudo escuchar cómo Kuroka parecía arrastrar las piernas, y no erraba. Kuroka se sentía igual, solo que ella se apoyaba en la barra y los clientes que en esta dormían para llegar a donde estaba su hermana. Ella también había comenzado a sentirse cansada y enferma. Le pitaban los oídos, parecía perder vista por momentos y el cuerpo comenzaba a dolerle. Lo peor es que ya no podía usar sus poderes. Ahora no era solo la magia y la manipulación, sino que también eran el senjutsu, youjutsu y touki.

Cuando llegó al final de la barra dejó caer su cuerpo, arrastrándose en un intento de alcanzar a su hermana, pero las fuerzas le llamaron. En apenas un instante, ambas comenzaron a sentir un intenso dolor que les recorrió toda la espina dorsal. Cada nervio parecía gritar como si lo estuvieran torturando. Intentaron gritar, pero ni una palabra ni un sonido abandonaban sus gargantas. Aquello fue solo el inicio de un suplicio que no parecía tener fin. Entonces Kuroka vio a un sujeto, uno que llevaba una máscara antigás, aparecer por la puerta que daba a la cocina del restaurante. El desconocido se acercó a Koneko, inyectándole algún tipo de líquido a través de una jeringuilla. El sujeto le miró, pero nada más pudo hacer porque la vista acabó por oscurecerse.

XXXXX

—¡Koneko! —exclamó Rias al lograr ver el interior del restaurante de reojo.

Lanzó un ataque contundente contra su atacante, el cual fue golpeado, cayendo de espaldas varios metros. La Gremory volteó, dispuesta a destruir la barrera, pero no lanzó el ataque.

—Mierda… Los clientes…

Issei logró conectar una patada contra su atacante, mirando hacia el restaurante.

—¡Rias, ¿te puedes ocupar de ellos dos un momento?!

—¡Sí, por supuesto!

Corriendo hacia la puerta, Issei la observó. No se mostraba a menos que algo o alguien contactara con ella. Dentro podía ver la niebla amarillenta. Los clientes seguían en el suelo, al igual que las dos yōkais. Los dos atacantes, los que estaban en la plaza, volvieron a atacar, pero esta vez Rias pudo mantenerlos alejados del superhéroe.

—Ddraig… —masculló Issei con apremio.

—[Adelante]

No podía arriesgarse a un ataque directo por si la barrera era más débil de lo esperado y dicho ataque afectara a las personas del interior. Por eso decidió probar con otra carta, una que hasta el momento no había usado. Colocó su mano en la barrera y se escuchó una palabra.

[Penetrar]

La barrera se agrietó y estalló en decenas de miles de pedazos como si fuera un cristal, deshaciéndose antes de tocar el suelo.

—Cierra los filtros.

—[Hecho]

Rápidamente comenzó a sacar a la gente que había ahí dentro mientras los atacantes comenzaban a desaparecer, como si hubieran cumplido. Rias frunció el ceño por aquello. Era como si solo hubiesen querido hacerles perder tiempo. Soltando improperios, corrió hacia donde estaba su amiga.

—Yo me ocupo de ellas —le dijo a Issei para que atendiera a los humanos.

Los demás miembros del grupo también se apresuraron a llegar. Issei se apresuró a llamar a emergencias y comprobar el estado de los clientes. Para su sorpresa, solo estaban desmayados, todos ellos. Entonces su mirada se clavó entonces en las dos hermanas. Akeno y Rias se encontraban tratando a las nekomatas, pero el rostro de la nefilim era de frustración.

—¿Qué ocurre? —exigió saber mirándolas preocupado, levantando la visera del casco.

—Esto… Ese gas… Es como un gas venenoso —explicó Akeno mirando el gas que aún se encontraba abandonando el establecimiento—. Uno específico para ellas…

—¿Qué?

—Mira —indicó señalando con la mirada.

Issei observó el cuerpo desmayado de Kuroka. Le habían salido una especie de costras por todo el cuerpo visible. De pronto su cuerpo comenzó a agitarse violentamente mientras hilos de sangre le salían por todos los orificios de la cabeza.

—¡Sujetadla! —ordenó la Reina.

Akiro e Issei la agarraron con fuerza: uno de las piernas y otro de los hombros; mientras Akeno apretaba los dientes, usando todos sus conocimientos curativos (que no eran pocos) en un intento de detener aquello. Rias apretó los labios mientras miraba a Kuroka mientras se sacudía con aquella violencia. Aquello era demasiado extraño. Koneko tenía algunas costras, pero estas parecían retroceder, hacerse más pequeñas. No pudo evitar fijarse en el pinchazo que tenía en su cuello. Era demasiado extraño.

—¡La estamos perdiendo! —exclamó Akeno—. ¡Rias!

—¡Voy! ¡Yuuto, Gasper, Akiro!

Ambos hombres asintieron mientras ocupaban el lugar de su jefa. La vida de Koneko no peligraba y su salud parecía mejorar con el paso de los segundos. Ambas, Rey y Reina, concentraron todos sus esfuerzos en salvar a Kuroka, quien no dejaba de sangrar y escupir sangre al mismo tiempo que sus costras comenzaban a mostrar un tono mohoso al principio y luego uno de podredumbre. El sonido de las sirenas de la policía croata no tardó en escucharse en las cercanías, pero ninguno de ellos se movió. Se mantuvieron en el sitio, vigilando a todos los clientes por si alguno sufría alguna reacción, incluyendo la propia Koneko.

Issei vio a un par de ambulancias y a tres coches de policía acercarse apresurados. Los policías bajaron, apuntándoles directamente con las armas, pero al reconocer a Issei dejaron de hacerlo, mirando ahora hacia todos lados, buscando a algún sospechoso. Los paramédicos corrieron hacia las personas acostadas en el suelo, procediendo a cumplir con su deber.

—¡Vamos, Akeno, vamos! —gritó Rias en un intento de animar a su casi hermana a dar todo lo que tenían.

Pero, a pesar de todo aquel esfuerzo, el estado de Kuroka no hizo más que empeorar hasta que su cuerpo dejó de sacudirse, quedando totalmente inerte, estando la mayoría cubierto de aquellas horribles y asquerosas costras y sangre por numerosos lugares, surgiendo incluso de las propias. Jadeos salieron por las bocas de las dos mujeres, quienes se veían frustradas y tristes por no haber podido evitar aquella situación.

—No tiene pulso —dijo Rias.

—Déjame —pidió Issei mientras ocupaba el lugar de la pelirroja.

Llevó las manos al pecho de Kuroka y procedió a realizar las maniobras de reanimación. No se iba a dar por vencido. Un par de paramédicos se acercaron con un resucitador para inyectar oxígeno a los pulmones de Kuroka, ya que era peligroso hacer el boca a boca por el veneno gaseoso desconocido, y otro con un desfibrilador. El resto de presentes no se acercaron al grupo, sino que observaron a cierta distancia mientras la policía les pedía colaboración para esclarecer los hechos. Tom corrió hacia Issei para comprobar su estado, pero se quedó quieto, helado, al ver a Kuroka en el suelo, inerte, con el cuerpo lleno de sangre, costras y de un color casi pálido y ennegrecido. Luego de pasados muchos minutos, incluso Issei y los paramédicos se dieron por vencidos.

—¿F.R.I.D.A.Y…? —preguntó a la IA con un nudo en la garganta.

—+Lo siento, señor. Ha fallecido. +

Aquella notificación fue un jarro de agua helada para todos los demonios y el propio superhéroe. Algunos voltearon para ver a Koneko, quien seguía inconsciente y, en apariencia, cada vez mejor. No podían imaginar cómo se tomaría la muerte de su hermana.

—¿Qué ha pasado aquí? —exigió saber la oficial de los policías mientras se acercaba ahora que la reanimación había sido infructífera.

Levantándose lentamente, sin subir la visera, Issei explicó todo lo ocurrido como pudo. Las lágrimas le caían por los ojos y la voz le temblaba. Algunos pudieron notar cómo apretaba uno de los puños mientras la otra se agitaba en el aire, indicando lugares mientras explicaba. Uno de los policías casi gritó cuando, luego de buscar en su teléfono móvil, reconoció a los demonios, algunos de aquellos que lucharon en Nueva York.

No pasó mucho cuando los habitantes de aquel pueblo volvieron a acercarse a aquella plaza mientras los clientes humanos comenzaron a despertar, pero Koneko continuó inconsciente. Los paramédicos, a pesar de las primeras impresiones, sugirieron a todos ellos que fueran al hospital más cercano para cerciorarse de que aquel gas no produjera efectos secundarios.

—Señorita, será mejor que la llevemos al hospital —sugirió uno de los paramédicos a Rias.

—No es necesario, nos la llevaremos a uno de los nuestros. Vosotros no tenéis conocimiento sobre su fisiología.

—Espere un momento —intervino uno de los policías—. No pueden irse así sin más.

—Lo sé, lo sé. Pero al menos permita a uno de los míos llevársela.

—Eeeh… Vale. Si alguien puede venir a por ella… —permitió la oficial no muy segura.

Ante su asombro, y el del resto de humanos presentes, Rias creó un hechizo con el cual pudo contactar con alguien. Tom, que había logrado dejar que se acercarse, pudo escuchar el nombre de Sona. Si no recordaba mal, los Sitri tenían los mejores hospitales y centros de salud del Inframundo. Mientras aquellos demonios llegaban para llevarse a Koneko, los Gremory declararon ante la policía los eventos y el motivo por el cual estaban allí, sin hacer mención al pasado de Kuroka: «una reunión de hermanas», básicamente.

No muchos minutos después, varios demonios vestidos como médicos y enfermeros humanos, hicieron acto de aparición a través de un círculo mágico junto a una camilla. Aquello fue impactante para los presentes. Con cuidado y haciendo uso de la magia demoníaca, colocaron a Koneko en la camilla, despidiéndose de los Gremory al tiempo que desaparecían de la misma manera. Cuando los Gremory hubieron terminado de hablar con la policía se despidieron de Tom y luego de Issei, quien observaba cómo el rostro de Kuroka desaparecía conforme cerraban la cremallera de la bolsa que usaban para los cadáveres. Intentaron llevársela, pero él les pidió que la dejaran donde estaba.

—Esto no tenía que haber terminado así —murmuró Issei mientras los paramédicos se alejaban.

—Ninguno deseaba esto —coincidió Rias mientras le ponía una mano en el hombro, aunque solo sintió el contacto del frío metal—. ¿Sabes una cosa? A pesar de mostrarse reacia y desconfiada, Koneko en verdad anhelaba esto, encontrarse con su hermana.

—Ella igual... Quería volver a formar parte de su vida…

—Sospechas de alguien, ¿verdad?

—Creo que todos lo hacemos.

—Sí.

Issei la miró, pero ella solo vio el casco de la armadura.

—Pagarán por esto.

—Sé que estás furioso. Yo también lo estoy. Le han hecho y le harán daño a mi hermana pequeña. Tampoco dejaré pasar esto. Pero te pido que me dejes este asunto. Ya bastante tensas están las cosas como para ir a por ellos sin pruebas.

Issei giró su cuello para mirar la bolsa y luego volvió a mirar a Rias, asintiendo.

—Cualquier cosa que necesites…

—Tranquilo, te la pediré si la necesito —La mirada de la noble fue a la bolsa negra—. Si quieres puedo llevármela. Nadie sabrá nada.

Pero Issei se negó a aquella sugerencia.

—No. Yo me ocuparé.

—De acuerdo. Pero, por favor, dime dónde. Al menos así Koneko podrá…

—Sí, por supuesto. No te preocupes por eso.

Rias dio un suave apretón en su hombro y se alejó para ir con el resto de su grupo, desapareciendo a través de un círculo mágico.

—F.R.I.D.A.Y., llama a Kunou.

—+Ahora mismo. +

—¿Estás seguro de pedírselo a ella? —preguntó Tom no muy confiado en aquello.

—Voy a probar. Sé que con todo lo ocurrido los Clanes y los yōkais no están muy contentos conmigo, pero eso no importa.

—Está bien. Yo solo opinaba.

—Lo sé. Tranquilo.

—*¿Issei? * —escuchó el nombrado la voz de la actual reina yōkai.

—Hola Kunou.

—*¡Qué agradable sorpresa! Hacía mucho que no hablábamos*.

—Lo sé, y ojalá fuera en otras circunstancias.

—*¿Qué ha pasado? Te noto mal*.

—¿Sabes quién es Kuroka, hermana de Koneko, la sierva de Rias Gremory?

—*Pues… Déjame pensar… ¡Oh, sí! sé quién es. ¿Qué ha pasado con ella? *

Issei se pasó la lengua por los labios, intentando que las palabras salieran de su boca.

—La han asesinado.

Pudo escuchar un grito de sorpresa al otro lado de la línea.

—*Yo… Yo… Lo siento mucho…*

—Tranquila. ¿Crees que podría llevar su cuerpo a uno de vuestros hospitales o sanatorios? Han usado un gas venenoso y me gustaría que le hicieran una autopsia. Pero si no puedes…

—*¡No, no! Tráela. Nos ocuparemos*.

—Gracias. Te debo una.

—*No es necesario. ¿Envío a alguien a por ti? *

—Por favor. Te mando mi localización. Y aviso que esto está lleno de gente. Esto… ha sido público.

—*Entiendo. En seguida van*.

—Gracias, otra vez.

Un par de minutos después llegaron unos yōkais envueltos en ropas de aislamiento hospitalario, también a través de un círculo mágico. Issei se agachó para recoger el cuerpo, levantándolo con sus brazos y, junto a Tom, atravesaron el hechizo tras los yōkais.

XXXXX

El tiempo que pasaron en el nuevo territorio yōkai fue bastante largo. Tom e Issei fueron la conexión entre yōkais y Sitri para un intercambio de información sobre el caso de ambas hermanas dado que las relaciones se habían enfriado luego del ataque a la Kioto yōkai y por el propio caso. Kunou fue a verles nada más terminar con asuntos de la realeza. Tenía ganas de ver a ambos desde hacía mucho tiempo. Sus nuevos deberes como reina eran demasiados para ella. Por suerte tenía a los consejeros que tanto habían ayudado a sus padres durante su reinado.

—¡Issei, Tom! —gritó feliz la kyuubi, pero rápidamente echó a un lado esa alegría al ver el estado de ambos, enfadados y les había pillado en una acalorada discusión—. Yo… lo siento… —se disculpó avergonzada.

—Tranquila, nosotros también estamos felices de verte —dijo Tom mientras se pasaba una mano por el pelo, levantándose de su asiento—. ¿Quieres un abrazo? Son gratis.

Sonrojada por la vergüenza, la joven reina miró para todos lados, cerciorándose de que no había nadie más. Una vez comprobado, se acercó con lentitud a Tom, quien la estrechó entre sus brazos con delicadeza. El color aumentó en el rostro de la yōkai, nada acostumbrada a ese trato si no era por parte de su madre o amigas. A pesar de la vergüenza que sentía, correspondió el abrazo. Unos segundos después se separaron, siendo ahora el turno de Issei, aunque pudo notar debilidad en el acto, como si tuviera desgana por todo.

—No ha estado mal —comentó Kunou cuando hubo abrazado a ambos, intentando no hacer sentir mal a Issei por esa falta de ganas.

—A los orientales os falta el contacto físico —opinó Tom al tiempo que volvía a sentarse—. Donde esté un buen abrazo…

—¿Cómo estáis?

—Jodidos, tristes, y con una mala hostia…

—L-lo siento —volvió a disculparse Kunou al escuchar la respuesta del artista—. No debí de…

—¿Acaso no te sentías igual cuando murió tu madre? —Kunou bajó la cabeza y asintió—. Es normal sentirse así, pero no hay que hacerles pagar a los demás. Esos sentimientos no deben tratarse así, con las personas que quieren ayudarte.

La joven asintió.

—Y… ¿qué ha pasado? —preguntó con cuidado—. ¿Cómo ha…?

—Ha sido una trampa —aseguró Issei con los dientes apretados—. Estaba todo demasiado organizado… demasiado preparado… No ha sido coincidencia.

—Yo no puedo decir nada, no he estado —dijo Tom—. Dios… Pocas son las veces en las que me he sentido un inútil, y esta es una de ellas.

—Has ayudado a alejar a la gente de la pelea. No eres un inútil.

—Y tú no eres un superhéroe baldío.

—¿Por qué dices…?

—Oh vamos, por favor, que ya nos conocemos. Sé perfectamente lo que está pasando por tu cabeza. Te estás machacando mentalmente desde que hemos llegado.

—No empecemos —gruñó mientras le daba la espalda.

—Mejor esperamos a que vuelvas a estallar o te de otra depresión de caballo, ¿no?

—No es el momento —continuó gruñendo mientras se sentaba en un asiento que había justo enfrente—. Déjame en paz.

—Ambos sabemos que eso siempre es peor que hacerte hablar.

—Tom —advirtió.

—Has hecho lo que has podido. No es tu culpa.

—Cállate.

—Has hecho lo que has podido, tú y todos. Nadie hubiera imaginado que esos cabrones harían algo así.

—No es excusa. Podía haber actuado antes.

—No te han dejado. Esto no es como en esas series donde el villano de turno deja al héroe que invoque su poder para machacarle.

—Tenía que haber destruido esa barrera nada más aparecer.

—Te atacaron, joder. No te iban a dejar destruirla. Tienes un gran poder y eso...

—¡No me jodas! —le interrumpió levantándose de golpe, asustando a Kunou con su reacción—. ¡No he sido capaz de proteger a las personas importantes para mí o que prometiera proteger! ¡Primero Iris, luego Yasaka, y ahora Kuroka! —La yōkai bajó la cabeza al recordar aquel momento—. ¡Era mi amiga, nuestra amiga, y no he podido salvarla! ¡Confió en mí y le he fallado! ¡No la he salvado, y podía haberlo hecho, pero me confié! ¡Lo único que he hecho con este poder es cagarla una y otra y otra vez!

—No te confiaste. Confiabas en que ellas dos podrían arreglárselas porque ya habían demostrado que podían cuidarse. Eso no es confiarte, eso es confiar en las capacidades de los demás. Y nadie, ni siquiera ellas, habrían imaginado que usarían algo así en su contra. Y no desestimes ese poder, pues has hecho grandes cosas con él. ¿Cuántas personas siguen vivas gracias a ti? ¿A cuántas has logrado salvar desde que te presentaste al mundo como el Dragón Rojo? —le preguntó Tom con total tranquilidad.

—¿Y eso qué más da si no puedo proteger a las que me importan o voy y provoco el mayor homicidio de la historia?

—Eso último fue como Issei Hyoudou-Stark, un magnate y genio adolescente con aires de grandeza, una persona arrogante, estúpida y creída.

—Es lo mismo, Tom. Yo soy el Dragón Rojo. Da igual si no llevo el traje. Mis acciones son como ambos, no solo como uno de ellos.

Tom estrechó su mirada, levantándose lentamente, mirando a Issei con seriedad, una que este le había visto pocas veces.

—Si no eres capaz de diferenciar entre Issei Hyoudou-Stark y el Dragón Rojo, entonces deberías dejar de serlo. Ser el Dragón Rojo es parte de tu vida, pero no es lo único que te define.

Issei intentó contra argumentar, pero ni una sola palabra salió de su boca. No supo qué decir. Así que, por eso mismo, bufó y se dio la vuelta. Necesitaba aire fresco. Tom le observó marcharse con el semblante serio. Kunou miró a ambos amigos, preocupada por aquella discusión acalorada.

—Lo siento, me parece que hemos hecho como si no estuvieras —se disculpó Tom.

—Oh, no, tranquilo. ¿Estabais hablando antes de ello?

—Pues sí, pero entonces has llegado y lo hemos dejado de lado, pero fíjate tú que hemos vuelto al origen.

—Entiendo… ¿Estará bien?

—Lo estará, no te preocupes, solo necesita tiempo para procesar lo hablado. Las discusiones como estas son uno de sus puntos débiles.

—Sobre lo que has dicho…

Tom suspiró mientras se sentaba.

—Yo no tengo la razón absoluta. Siempre he intentado ayudarle como he podido, y varias veces me he equivocado, pero no tengo dudas sobre lo que acabo de decirle. Algunos me darán la razón y otros dirán que es una estupidez, pero yo seguiré pensando que le he dicho lo que debía decirle. Aunque quién sabe, quizás llegue el momento en que me cierren la boca y tenga que retractarme de lo dicho.

Kunou asintió, sentándose a su lado. Tom conocía a Issei de toda la vida, así que, si él no iba tras su amigo, entonces lo mejor era hacer lo mismo. Casi media hora después, la forense que analizó el cuerpo de Kuroka salió, sorprendiéndose por la presencia de su reina, a quién saludó con una profunda reverencia.

—Majestad, no os esperaba.

—Tranquila. Tú sigue como hasta ahora.

—Por supuesto. Ya tengo los resultados.

—Espera, voy en busca del idiota —A paso rápido, Tom desapareció de su vista, apareciendo unos minutos después con el susodicho—. Díganos, ¿qué usaron?

Issei lucía muy molesto, pero ante todo decidido a escuchar el resultado de la autopsia. La forense asintió.

—Este tipo de gas venenoso es lento a la hora de activarse, pero cuando lo hace ataca con gran virulencia. Está diseñado específicamente para los nekomatas demonizados. La primera fase provoca la nula capacidad de usar magia, la segunda ataca la capacidad de usar senjutsu, youjutsu y touki, además de provocar un cansancio gradual en el sujeto; y la tercera ataca directamente el cuerpo, creando esas costras putrefactas, que las venas se debilitan hasta el punto de no poder mantener la sangre dentro… Bueno, me temo que ustedes ya saben cómo es. Gracias a que ustedes compartieron el análisis realizado a la señorita Toujou, pudimos comprobar que, si bien el veneno afectó a la señorita Toujou, a ella le inyectaron el remedio para dicho veneno, de modo que sus efectos fueron desapareciendo poco a poco, evitando que se llegara a la tercera fase, por lo que no existió riesgo para su vida.

—Eso quiere decir que fue algo calculado —afirmó Tom—. No querían o debían hacer daño a los humanos ni a Koneko, solo a Kuroka.

—Eso parece —asintió la forense—. No hay otra explicación para este caso.

—Gracias por la información.

—Es mi trabajo. Mandaré una copia a los Sitri.

—Eso sería de agradecer.

—Pues me pongo a ello. Majestad.

Despidiéndose de Kunou con otra reverencia, la forense dejó a los tres solos.

—Veneno gaseoso específico para nekomatas reencarnados… ¿Cuántos hay así en el infierno? —preguntó Tom a Issei, quien se encogió de hombros.

—Quien lo haya creado no solo tiene conocimientos sobre fisiología demoníaca y nekomata, sino que los tiene sobre esa unión. Ha debido tener acceso a ADN de alguien así. Habrá que hacer recuento de nekomatas reencarnados y hacerles varias preguntas.

—Eso será tarea para Rias. Tú no puedes pisar ese suelo sin que se te echen encima. Ya incluso dudo que se ofrezcan de buenas para que Rias investigue.

—Si Sirzechs mete la mano, no habrá puerta que se le resista.

—Esperemos que los Reyes hagan algo que no sea solo ser los más altos en la jerarquía.

—Esperemos… ¿Y qué hacemos ahora?

—Organizar un entierro digno, obviamente. Hablaremos con sus viejos amigos, los Pendragón. Ya cuando lo tengamos todo listo avisamos a Koneko.

—Me parece bien. Kunou, sé que no tengo derecho a pedir otro favor, pero ¿podríais ocuparos del cuerpo hasta el entierro?

—Claro, sin ningún problema. Nos ocuparemos de dejarla digna para el momento.

—Gracias, de verdad.

XXXXX

El entierro se llevó a cabo al día siguiente. Kuroka iba a ser enterrada en un bosque dado que no podían enterrarla en el inframundo (ni la propia Kuroka habría querido), tampoco en el hogar de los Pendragón por obvias razones, ni en el hogar de los yōkais. Por eso decidieron enterrarla en el cementerio al aire libre de la ciudad donde Vali la encontró muchos años atrás. Quien propuso la idea fue Arthur Pendragón cuando Issei le informó sobre su muerte.

Como era lo normal, al menos en Occidente, todos los que asistieron al funeral fueron vestidos de negro. Issei observó a Tony, Pepper y Happy. A pesar de solo conocer a Kuroka por un mes, decidieron acompañarle a él y a Tom en el funeral dado la importancia de Kuroka para ambos. Si era sincero, agradecía su presencia en aquel momento. La muerte de Kuroka le había hecho mucho más daño del imaginado. Aquello no era por perder a la persona que le estaba curando ni se había enamorado de ella, ni tampoco porque se acostara con ella.

Kuroka se había ganado su cariño y respeto desde hacía mucho. Era alguien importante en su vida. Se había vuelto su amiga. Cuando la vio morir y no pudo evitarlo, fue como rememorar la muerte de Iris. El dolor que sentía, la impotencia y decepción hacia sí mismo era tal que le costaba incluso mirarse al espejo. Atravesaron el cementerio, observando las distintas tumbas y panteones familiares. Algunos estaban hermosamente decorados y tallados mientras que otros tenían simples símbolos religiosos o simplemente simples lápidas y epitafios.

Al final acabaron llegando a un rincón muy apartado, lejos del resto de tumbas, pero igualmente dentro del cementerio. Allí pudieron ver a tres personas, dos hombres y una mujer. Los dos de rasgos occidentales iban vestidos también con elegantes ropas negras mientras que el oriental iba informal sin llevar nada negro a simple vista. Issei los reconoció al momento. Uno de ellos, al verle, se abalanzó contra él tan rápido que nadie tuvo tiempo de reaccionar. El aire se escapó de sus pulmones al recibir tal placaje.

—¡Maldito hijo de puta! —exclamó Bikou mientras le agarraba de las solapas de la chaqueta, agitándolo violentamente—. ¡Ella confiaba en ti, y tú la dejaste morir! ¡No la merecías! ¡Nunca debió quedarse contigo!

Prácticamente todos tuvieron que intervenir para separar a Bikou de Issei, aunque alguno no pudo evitar llevarse un golpe del descendiente del Rey Mono. Issei tosió mientras se acariciaba la garganta, siendo ayudado por Pepper para ponerse en pie.

—¡Haz el favor de comportarte! —exclamó un hombre rubio con gafas que aparentaba la edad de Tom mientras apartaba a Bikou—. ¡No te comportes como un imbécil!

Ambos discutieron acaloradamente durante varios segundos, hasta que Bikou se alejó entre insultos y maldiciones. La mujer de larga cabellera dorada se alejó junto a la criatura mitológica china, hablándole para intentar tranquilizarle. El rubio suspiró y se acercó al quinteto.

—Lamento mucho lo ocurrido, y me disculpo por ello. Soy Arthur Pendragón. Es un placer conoceros —Se presentó mientras estrechaba las manos—. Creo que es la primera vez que nos vemos —dijo mirando a Tony.

—Nunca he tenido tratos con la realeza británica —asintió Tony—. Sinceramente, toda mi vida creí que os gustaba demasiado la leyenda artúrica y por eso el apellido. Pero parece que me equivocaba.

—Suele pasar. Después de todo, ¿qué tanta verdad hay en la leyenda? Luego de mil quinientos años, es difícil de saber —Ahora Arthur miró a Issei—. Issei Hyoudou-Stark, un honor conocerte en persona —Ambos estrecharon sus manos—. No me presenté cuando aparecí en el jardín trasero de tu casa ni me parecía adecuado hacerlo por teléfono.

—Habría sido un detalle, pero ahora eso no importa.

—Como entenderás, teníamos prisa, aunque aquello fue un error. Nunca pude agradecerte haberlos rescatado.

—Ni siquiera sabía que fueron secuestrados, al menos hasta que ella pudo contactar conmigo. Me dijo que vosotros no salisteis bien parados.

—Y así fue, pero las cicatrices se curan, al menos las físicas. El no poder poner las manos sobre quienes mataron a Vali…

—Entiendo ese sentimiento.

Arthur volteó al escuchar pasos acercarse por detrás. Le Fay avanzaba hacia ellos con las manos entrelazadas por delante.

—¿Ya te has presentado? —le preguntó a su hermano, el cual asintió—. Bien. Hola, soy Le Fay Pendragón. Un honor conoceros —Se presentó la pequeña de los hermanos realizando una elegante reverencia—. Por favor, no se lo tengas en cuenta —le pidió a Issei—. A pesar de estar siempre peleando, molestando y burlándose el uno del otro, Bikou admiraba, respetaba y quería a Kuroka como cualquiera de nosotros. Primero Vali y ahora ella… Te usa a ti para sacar toda la ira que tiene por no haber podido hacer nada por ella. Eso no está bien y no te pido que le perdones, pero sí que lo entiendas.

—Lo entiendo… perfectamente… Aunque ya es la segunda. Espero que no haya una tercera.

—Estás sugiriendo que uno de ellos dos va a morir, colega —le susurró Tom al oído mientras Pepper cogía a Tony del brazo para llevarlo a los asientos. Happy les siguió.

—... Ups. No quería…

—Tranquilo —sonrió Le Fay—. No hay malinterpretación.

—¿Y cómo estáis vosotros?

—Decir que no estoy rabioso, furioso, sería mentir —admitió Arthur—. Nosotros tres también estamos llevando una investigación a cabo, pero esta vez no nos adelantaremos. Incluso hemos pensado en proponer una colaboración con Rias Gremory, que tengo entendido inició una, y con vosotros.

—Personalmente me parece buena idea.

—Y hablando del Rey de Roma —dijo Tom señalando hacia atrás.

Issei volteó, quedando ahora los cuatro mirando al grupo que se acercaba. No pudieron evitar sorprenderse al ver a una figura bastante inesperada.

—Parece que ya estamos todos —indicó Rias mirando a todos los presentes.

Junto a ella iba el resto del grupo Gremory, Sona Sitri y su séquito, así como Sirzechs, Venelana y Zeoticus.

—Vaya, a ti sí que no te esperábamos —comentó Tom mirando a Sirzechs.

—Tú debes ser Tom Wood.

—El mismo que viste y calza. Y tú eres Sirzechs Gremory, el Rey Demonio Lucifer, ¿no?

—Así es. Un placer —sonrió el Maou mientras mostraba su mano.

—Igualmente —dijo Tom estrechándola.

—Y vosotros sois los Pendragón. Un placer.

—Igualmente.

Ambos hermanos estrecharon la mano del Rey Demonio. Todos pudieron notar cómo, a pesar de aquella cortesía, Arthur miraba analíticamente al demonio. Le era imposible no mostrar desconfianza. A pesar de ello, Sirzechs no pareció tomarlo a mal.

Mientras, Issei clavó su mirada en Koneko. La nekomata se veía hundida, con los ojos rojos por haber estado llorando largo y tendido, otra muestra de que, a pesar de cómo se mostraba y actuaba, la muerte de su hermana la había afectado más de lo que parecía. Rias se fijó en ello, por lo que apremió a los demás para ir a los asientos.

—Koneko —la llamó Issei—, ¿podemos hablar un momento?

La Torre miró a su dueña, quien asintió con una pequeña sonrisa. Asintiendo, la joven observó al resto alejarse, volteando a verle.

—¿Cómo estás?

A pesar de parecer una pregunta estúpida y cliché, Issei sintió que era lo que debía preguntar.

—Estoy bien.

El humano dejó salir el aire por la nariz mientras cerraba los ojos.

—Yo no estoy bien. Ella era una importante amiga para mí…

—Porque era tu curandera, porque te curaba con coitos. Eso es lo que echas en falta.

Se esperaba algo por el estilo, que se pusiera a la defensiva. Debía estar harta de las condolencias y todas esas cosas. No supo si reaccionaba igual con alguien de su grupo íntimo.

—Lamento que pienses así, pero nada más lejos de la realidad. Sí, ella me curaba, y sí, lo hacía de esa manera, pero nuestra relación no se basaba en eso —La nekomata no dijo nada—. Desde que supe quién era realmente, admito que sentí desconfianza hacia ella, pero me demostró que no era como la retrataban.

«Era una mujer juguetona, divertida, que le gustaba hacer lo que le daba la gana y nunca aceptaba órdenes, o casi nunca. A veces nos causaba problemas con su actitud y humor, pero al final acabábamos riéndonos. Le gustaba vaguear, observándome cuando trabajaba o yéndose con Tom cuando se iba a pintar al exterior, molestándolos cuando no le prestábamos atención durante demasiado tiempo —tuvo que detenerse para evitar llorar ahí mismo, evitando que le temblara la voz demasiado—. Siempre se preocupó por nosotros, y sí, eso incluía mi salud, y quiso «devolverme un favor» salvándome la vida. Pero sobre todo era alguien que se preocupaba por aquellos que se ganaban su confianza, pero sobre todos ellos estabas tú, su adorada hermana de quien no dejaba de hablar sobre el pasado y un posible futuro. Siempre que estaba en Kuoh iba a verte, desde la distancia, aprendiendo de ti todo lo que podía. Siempre quiso acercarse a ti, pero nunca se atrevió. Estabas bien, a salvo, con gente que te quiere y aprecia, por eso se mantenía al margen. Pero te quería, Koneko, eso te lo puedo asegurar, y deseaba ocupar algún lugar en tu corazón y tu vida, más ahora que podía».

Koneko apretó los labios, bajando la cabeza. Con cuidado y con lentitud, Issei la abrazó del mismo modo que le abrazaron a él cuando falleció Iris, cuando habló por primera vez frente a su tumba. Cuando su cuerpo dejó de temblar, fue la propia Koneko la que se alejó, pero no se apartó con brusquedad. Fue una separación tranquila.

—Gracias…

Aquello fue lo único que dijo la joven. Ambos marcharon hasta donde estaban los demás reunidos. Una vez todos estuvieron colocados en sus respectivos asientos, un grupo de cuatro yōkais apareció, llevando una larga tabla sobre la que reposaba la fallecida Kuroka. Con cuidado la colocaron en el espacio que había entre los asientos y el hoyo.

Kuroka no parecía que hubiera pasado por aquel tormento, pues su cuerpo se veía bien, sano, y a ella relajada, en paz. Casi parecía que estuviera durmiendo, pero todos sabían que no era así. Lo más probable es que fuera un hechizo ilusorio para que pudieran verla por última vez sin ver cómo había quedado realmente.

Bikou y Le Fay no pudieron evitar sollozar al verla. La hechicera abrazó a su compañero, intentando no solo consolarlo a él, sino también a ella misma.

Tom e Issei estrecharon sus manos en un intento de evitar derrumbarse. Tony y Happy colocaron una mano en los hombros de cada uno. Rias abrazó a Koneko, acariciándole el brazo, al verla derrumbarse.

Arthur, limpiándose las lágrimas, se levantó y colocó al lado del cuerpo, mirando a todos los presentes. Dio un pequeño discurso, resaltando la importancia que tuvo Kuroka para sus tres compañeros que aún vivían, incluso la importancia que tuvo para el fallecido Vali. Arthur también tuvo palabras para Koneko, quien tenía la llorosa mirada fija en su hermana. Con el discurso terminado, se colocó nuevamente junto a su hermana, quien usó magia para hacer levitar el cuerpo, envolviéndolo con hermosas telas japonesas como si se tratase de una momia. Con cuidado hizo descender el cuerpo a aquel hueco que iba a convertirse en su lugar de reposo. Lo siguiente fue tapar dicho hoyo con la misma tierra que se había extraído, plantando un espécimen del árbol favorito de la nekomata.

Entonces Bikou se acercó, portando un trozo de piedra hermosamente tallado, una lápida. Con mucho cuidado y cariño, lo colocó a los pies de la tumba, dejando el árbol justo detrás, algo que chocaba mucho con el resto de tumbas, pero no le importó. En la lápida se podía leer:

«Aquí yace Kuroka: hermana y amiga.

Que tu espíritu juguetón y burlón descanse en paz».


Chan… CHAN… ¡CHAAAAAN!

¡Booooombazo! ¡Sí, la he matado, ¿qué pasa?! ¡Dios, que gusto me da ja, ja, ja! En verdad os juro que no estaba planeado en un principio, pero se me pasó por la cabeza y dije ¡pa' lante! Soy muy cabrón, lo sé. Con lo bonito que estaba quedando, con ambas hermanas reunidas y dispuestas a darse otra oportunidad… ¡y voy y la mato! ¡Ole yo y ole mis cojones! ¿Me odiáis? ¿Me amáis? ¿Una mezcla de ambas? Pues a lo hecho pecho. Os toca aguantar ja, ja, ja.

Sé que la parte del profesor Xavier ha sido muy corta, pero no era la parte importante de este capítulo. Si lo he puesto ha sido más por cerrar eso como tal.

Ahora quiero anunciar que este es el último capítulo del arco, y algo aún más importante:

¡ME VOY A TOMAR UN DESCANSO DEL FIC!

A ver, aclaro: he decidido dividir este fic en tres (como las Tres Fases del UCM). Aquí termina la primera fase, la segunda la publicaré en otro fic distinto, uno con el mismo nombre salvo que podrá «Fase Dos». Por si no os habéis dado cuenta, ahora en el nombre pone «Fase Uno» ja, ja, ja. Resulta que el fic ya lo tenía planeado al completo, pero varios sucesos, como las muertes de Vali, Yasaka y Kuroka, así como la revelación, el juicio, etc., ha provocado que se me descuadre toda la Fase Dos. Por eso me tomaré un tiempo para reorganizar las ideas.

Obviamente este fic no lo abandono, no os asustéis. Es solo eso, un breve descanso. Demasiado que reorganizar.

También mencionar que llevaba semanas de bloqueo por no saber cómo desarrollar lo escrito, así que agradezco infinitamente a Spider-Man: No Way Home por la inspiración que me ha proporcionado.

Pd: en mi opinión, una obra maestra del arácnido. Quedé extasiado (en el buen sentido), sin poder moverme del asiento ni hablar. No exagero.

Ahora, sin más dilación, a los comentarios:

Tenzalucard123

Bueeeno… pues eso… No te lo esperabas, ¿verdad? La terapia no tengo intención de no continuarla, pero sí pausarla un tiempo. Si te pone de mala la situación entonces significa que lo estoy haciendo bien ja, ja, ja.

Zitfeng

Ja, ja, ja. Bueno, sabemos dónde está el cetro con esa gema por estas fechas, ¿no? Pero Thanos aún no tiene el ojo puesto en la Tierra.

omega9028

¿Ha acabado? Bueno, por el momento sí. Ahora Issei tiene que demostrar que ha avanzado algo.

Ezequiel Monster

Lo raro sería que supieras quienes son ambas dado que acaban de aparecer y no se sabe mucho de ellas, salvo lo poco mencionado.

Tranquilo, para gustos los colores. Bueno, esta historia no es como el UCM. Aquí ninguno de los otros Vengadores ha destruido uno de los pilares de la civilización humana. Recuerda que casi todo el planea es religioso, principalmente cristiano o del islam, y les acaba de demostrar que su dios es falso y está muerto. Que haya hecho eso no es algo menor. Pero le han usado de cabeza de turco (también se lo ha buscado) y se está dando cuenta de que no está actuando como debería y que hay un problema con ello. Uno no puede decir que es un superhéroe y provocar algo como eso.

Bueno, no diría que estoy drama tras drama. ¿Que hay mucho? Pues sí, bastante, y más ahora. Y admito que aún queda un poco, pero es una parte importante de la historia que debe pasar sí o sí, o al menos así lo veo yo.

Eso también ha sido así y por la misma razón que tú dices. Issei es el Sekiryuutei, posee una de las armas más poderosas del universo y a una de las criaturas que podrían destruirlo todo. Obviamente es alguien de peso y alguien que «une» lo humano y sobrenatural, pero oye, ahora la cuestión es ver qué pasará en el futuro con todo esto.

Pd: pensé en hacer un fic yuri de Akeno y Xenovia (está en mi perfil), pero nunca me atreví porque no lo plasmaría correctamente, pero es una idea que en verdad no me parece naaada descabellada.

y sin más que decir, me despido.

¡Nos leemos!

¡Y FELICES FIESTAS ATRASADAS, JA, JA, JA!