Universo: What if? ¿Y si Hiccup sí se hubiese ido de Berk con Toothless?

Uy, sí, que original. Algo que nunca se ha visto.

Bueno, ya sé, pero me faltaba hacer mi versión de esto XD

Rating: T

Resúmen: Después de irse de Berk, ocuparse del Muerte Roja y encontrar a su mamá, Hiccup es visto como el misterioso "jinete de dragón", quien se encarga de robar y rescatar dragones a lo largo del archipiélago. Sin embargo, cuando un peligro parece amenazar Berk, se verá obligado a volver.


Bueno, por lo menos el humo sería una buena excusa para explicar el porque lagrimeaban sus ojos. Dió una vuelta, observando el panorama. Dioses. Había humo por todos lados.

Este debía ser el peor incendio que ella haya visto en Berk. Trató de buscar un cubo con agua, pero cuando lo encontró, reparó en su familia. No había visto a su padre en medio de todo el caos, ni a su madre buscándola; con el cubo en las manos, corrió en dirección a su casa, repitiendo lo mismo una y otra vez...

"Por favor, por favor, que estén en el Gran Salón, por favor, por favor..."

Ahogó un grito cuando llegó a su casa, la cual seguía ardiendo, las llamas sobresalían de las ventanas, la madera crujía. Negó con la cabeza, soltando el cubo con agua para llevar sus manos para cubrir su boca.

"Que estén en el Gran Salón, por favor, que estén en el Gran Salón..."

Su casa, el lugar en donde había crecido...

¿Dónde estaba Hiccup? Debía encontrarlo, debía decirle, ¿Por qué no estaba en la fragua? No, la verdadera pregunta era porque no se había presentado a la arena en la mañana. Una parte de ella no quería admitir que él se había ido, tal vez seguía pensando en su plan, tal vez aún estaba en el bosque.

Una enorme mano se poso en su hombro. Se giró asustada, Stoick The Vast estaba ahí, mirándola con tristeza. Oh no.

Oh no.

— Astrid...— usó un tono suave, compasivo. Oh no.— Parece ser que...— el hombre no hallaba palabras para decírselo la joven, viéndose cubierta de hollín, con los ojos llenos de dudas, sabía lo que él iba a decir, pero no podía creerlo.— Se quedaron atascados en la... En... En la casa.— dijo al fin. Los ojos de la rubia se colmaron de lágrimas, ella negaba con la cabeza, con fuerza.— Lo siento tanto, chica...

— ¿Toda mi familia está...?— preguntó con voz rota, volvió su vista a la casa, sus escombros, en cualquier momento se vendría abajo. Como ella.— No...— murmuró antes de taparse la cara con las manos; empezando a sollozar.

Este fue el peor ataque de dragón en años. Fue la misma noche en la que se supone, Hiccup habría vencido al Muerte Roja, de no haber sido porque esa misma mañana, huyó con Toothless para no volver, firmemente convencido de que él acabaría con el Muerte Roja. Sin decirle a nadie, claro.

Ni siquiera a ella.

Stoick había buscando a su hijo todo el día, no tardó mucho en dar con la cala, en encontrar las escamas del furia nocturna. Uno de ellos se había llevado a su hijo. Tal y como se llevaron a su esposa.

Con tacto, abrazó a Astrid. La pobre se quedó sola en solo una noche. Ambos estaban solos.

Pero iban a resolverlo. Juntos.


Tamborileó su escritorio con la punta de los dedos, miraba fijamente el mapa, recorriéndolo con los ojos, frunciendo el ceño. En el centro del mapa se ubicaba la Montaña, y un poco mas abajo, pequeña, fácil de pasar de largo, se encontraba Berk.

Berk, Berk, Berk...

Llevó su cabeza hacia atrás, resoplando. No quería volver, no estaba demasiado lejos, solo debía volver al archipiélago y volar exactamente a donde hacía casi diez años se había ido pitando, sería volver a ver a su padre, y explicarle todo.

"Hola papá, ¿me recuerdas? Soy tu hijo, sí, el que se fue de Berk hace nueve años con un dragón, ¿cómo va la cosecha?"

Sí, eso no sonaba bien. Pero tenía que hacerlo, Drago cada día se estaba volviendo mas poderoso, en especial ahora, que un tan Grimmel se le había unido. A ambos se les ocurrió convocar a cazadores de dragones en islas cercanas, para esclavizarlos. Y, ¿adivinen cuál es la isla que mas se caracteriza por matar dragones? Sí, Berk.

Peor aún, ahora que se sabía que él venía de Berk.

¿En serio? ¿Cuanto mas tendrían que recordarle esa pequeña aldea? A él ya no le importaba demasiado, tenía una mejor vida aquí, con su madre, cuidando al Salvajibestia, rescatando dragones con ella, con sus amigos. No entendía porque siempre el destino se encargaba de recordárselo, de recordarle de donde venía, de quién era hijo. De Stoick The Vast, el mas grande Cazador de Dragones en Berk.

Agh.

— ¿Tú tampoco quieres ir ahí, verdad Toothless?— preguntó Hiccup al aire, el dragón le escuchó, por lo que se acercó.— No. No hay que ir.— sentenció, medio bromeando, alargando la mano para acariciar el cuello del furia nocturna. Toothless se relamió, feliz con el afecto.— Mandemos a alguien más a hacerlo, sí.

— Ni se te ocurra.

Hiccup se volvió hacia la voz femenina, rodó los ojos, mientras volvía a resoplar. Se sintió un poco abochornado por la presencia de su madre y por haber sido atrapado estando a punto de despotricar contra Berk, ella no odiaba precisamente Berk, y él sabía que ella tampoco quería regresar a la aldea, pero su esposo seguía ahí.

Y ella adoraba a Stoick.

— Hola mamá.— la saludó, ignorando su ceño fruncido. Valka negó con la cabeza.— Gracias por tocar antes de entrar a mi cuarto. Lo aprecio.— agregó con sarcasmo,

— Tienes que ir.— ella se cruzó de brazos.— Sabes que debes hacerlo. Destruirán Berk en cuanto lleguen ahí.— le recordó, él cerró los ojos, apretando los labios.— Es el pueblo de tu padre, Hiccup. Él está ahí todavía.

— Mi padre jamás me perdonará el que me haya ido.— negó él, se enderezó en su silla, abriendo los ojos, girándose para ver a su madre mejor.— Imagina que un día tu hijo le dispara a un dragón, luego lo encuentra en el bosque, y en vez de matarlo, decide hacerse su amigo y entrenarlo.— el relato no le hizo mucha gracia a la mujer mayor, quien negaba con la cabeza cada tanto.— Querrá matarme antes de la cena.— exageró, nah, quizá su padre solo lo echaría en de la isla, otra vez. Quien realmente tenía todas las de perder era Toothless, si él llegaba a acercarse a Berk con Hiccup, lo capturarían enseguida.— Y a Toothless también. No pienso arriesgarme a eso.— finalizó, de forma firme.

Su madre suspiró. Se acercó poco a poco a su hijo, hasta quedar frente a él. Hiccup tenía la mirada fija en su dragón, quien ahora estaba un poco mas interesado en un punto de luz que Hiccup podía controlar con un espejo cóncavo, el cual se encontraba ahora en su mano izquierda.

— Hiccup...— lo llamó, suavemente, obligándolo a mirarla.— Sé que es difícil. Nadie va a querer escucharte, y nadie querrá creerte.— advirtió con pesar. Hiccup volvió su mirada a Toothless, quien le dio un zarpazo al punto de luz.— Lo sé, pero también sé que eres el único que puede hacerlos cambiar.— le aseguró, con esperanza en su voz. Hiccup le regaló una mirada sarcástica.— Te he visto hacerlo antes, con Viggo...

— Convencí a Viggo después de años. Empezó a creerme una vez destruí todo su imperio.— Hiccup se levantó, caminando de un lado a otro por la habitación, haciendo gestos con las manos.— Y ni siquiera lo ha hecho del todo, aún cree que voy a matarlo o algo así.— completó, llevaba puesta su armadura negra sobre una túnica verde. El traje estaba forrado de escamas caídas de Toothless, así como el arnés del traje volador que usaba a veces.— No es tan fácil. Conozco a mi padre, sé como es. Jamás va a escucharme, jamás va a perdonar que me fui. No lo entenderá.— se negó de nuevo, mirando los dibujos en su pared. Entre ellos, habían algunos paisajes de Berk o sus antiguos dibujos que había realizado en la isla.— Jamás lo hizo.— añadió en voz un poco mas baja.— Y si no lo hace él, nadie mas en Berk lo hará.

En realidad, alguien sí lo hizo. Ahí estaba, el dibujo lo había hecho él mientras se alejaban de Berk para no volver, era una muchacha rubia, sentada en una roca, afilando su hacha; el dibujo era simple, con detalles en los que él había profundizado, como la textura de su cabello, la forma de sus pestañas, y su mirada, su mirada fría y repleta de concentración.

A veces, pasaba noches enteras preguntándose si ella le odiaba. Lo mas probable era que sí. Seguro que creía que era un cobarde, ¡si ella supiera todo lo que había hecho por el archipiélago! Se sentía como un tonto al darse cuenta de que jamás la había olvidado, después de todos estos años.

Valka notó la concentración de su hijo hacia el dibujo. Ella ya se sabía la historia con Astrid, el como la había convencido.

— Ella lo hizo.— Valka señaló el dibujo con la cabeza, sonriendo, Hiccup volvió a suspirar, Toothless alzó las orejas, sí, la recordaba. Lamentaba haberla asustado tanto.— Y si ella pudo entenderlo... alguien más lo hará.— le tomó de los hombros, mirándolo fijamente a los ojos.— Hiccup, debes ir. Berk está en peligro. Es deber nuestro salvarlo. Tu padre solía decir que un jefe protege a los suyos...

Hiccup desvió la mirada.— Nosotros no somos como ellos.— susurró, sin embargo, al volver a alzar la cabeza, se le vio un poco mas convencido.— Si no regreso después de dos días o si no mando un Terrible Terror...

— Lo sé. Iré con toda la caballería.— aseguró su madre con una sonrisa.


Decidió irse al amanecer, para llegar ahí en la noche. Con suerte, llegaría después de la cena, estando casi todos dormidos. Se refugiaría en el bosque, acamparía ahí y luego buscaría como explicar su extraña resurrección.

Apartó su mascara de su cara, necesitaba algo de aire fresco. Tenía que calmarse, estaba sumamente nervioso, ¿y si alguien vería a Toothless? Huh, quizá habían escuchado las historias sobre él. Eso le ayudaría un poco.

— Esto no va a salir bien.— le dijo Hiccup a Toothless, quien alzó los ojos, atento.— Aunque sepan quienes somos, definitivamente no va a salir bien.— chasqueó la lengua, frotó su cuello con nerviosismo con la mano enguantada.— Solo espero que...— solo esperaba que Astrid no le odiara tanto. Hizo una mueca.— Ella debe odiarme. Lo sabía, prometió que jamás lo diría, pero, ¿en serio alguien puede guardar un secreto tanto tiempo? Le prometí que pensaría en como resolver lo del Muerte Roja.— se estaba desahogando antes de volver a Berk.— Y sé que no lo hice al momento, mamá me ayudó, y gracias a eso ya no debería haber dragones ahí, pero... — derrotado, dobló su cuerpo para que su espalda quedara sobre el lomo de Toothless, tapo con su brazo sus ojos.— Jamás querrá hablarme. Ni siquiera sé porque debería importarme tanto.— la verdad es que no sabía exactamente porque seguía un poco enamorado de ella.— No es como que vaya a volver y ella quiera estar conmigo. Es mas, debe estar casada, con hijos...— el pensamiento lo hizo sentirse triste, como un tirón en su corazón. Oh.— No sé, quizá con Snotlout.— agregó en voz mas baja, su voz bajando de animo cada vez mas, Toothless gorjeó para darle animo.— Lo sé, es ridículo...— admitió Hiccup.— Y no debería ser muy importante, debería importarme mas mi padre y...

No, de hecho, Astrid sí era importante, probablemente si hablaba con ella y la convencía de nuevo, quizá... solo quizá...

Fueron dos horas llenas de pensamientos, pero pasaron sorpresivamente rápido. Tembló a ver a Berk de nuevo, estaba exactamente igual a como la recordaba, quizá algunas cosas fuera de su lugar, le pidió a Toothless que volara con mas cautela, sin aumentar mucho la velocidad, para así no hacer el típico ruido que siempre sonaba cuando ellos volaban muy rápido.

Aterrizaron en el bosque, en la misma cala donde se habían encontrado. A Hiccup le pareció que el tiempo se había congelado, todo estaba tal y como lo recordaba...

— Eso ha estado bien, ¿no, amigo?— le preguntó a Toothless, este olisqueó en el aire, escuchando atentamente los sonidos del bosque, en caso de que alguien se acercara.— Vamos, hay que buscar un lugar en donde podamos acampar... un poco mas cerca del pueblo.

Caminaron por otro rato, hasta dar con la aldea. Estaba desierta, por la posición de la luna, intuían que era bien entrada la noche; abusando de su suerte, el castaño colocó la mascara en su rostro de nuevo, con el dragón detrás de si, caminando cautelosamente por las calles, no había mas dragones, tal y como esperaba. El Salvajibestia, el alfa, les había ordenado escapar de ahí lo mas pronto posible.

No fue tan imprudente, cada tanto, se escondían detrás de las casas o donde pudieran. Al poco rato notó que las antorchas del Gran Salón seguían encendidas, lo que explicaría el porqué de la ausencia de todos. Forzó su memoria, ¿hoy era un día importante en Berk? No lo recordaba. Era un poco difícil tomando en cuenta que Hiccup y Valka no contaban los días, por lo que a veces no tenía ni idea de en qué día estaba viviendo.

Encontró su casa, estaba a oscuras. Se acercó con cautela, dudando. ¿era una buena idea entrar? Dado el estado de la casa, seguramente su padre estaba en el Gran Salón, tal vez bebiendo, o quizá no. No se escuchaba música a lo lejos.

Quizá ya lo sabían. Se estaban alistando para el ataque.

Resolvió entrar por un momento, con Toothless detrás. Trató de que su prótesis no hiciera tanto ruido al pisar en la madera, todo estaba exactamente igual, salvo las brazas, estaban apagadas. Cosa rara, porque así su padre no estuviera en la casa, estas siempre estaban encendidas. No le dio mucha importancia y para iluminar su camino encendió a Inferno, entrando a la cocina, sonriendo, le paso un pescado a Toothless, para él, robó un pedazo de tarta. Había sido un largo viaje, quería comer algo antes de enfrentarse a Stoick.

Todavía masticando, subió las escaleras, rumbo a su habitación. Esperaba verla vacía, pero le asustó el verla tal y como la había dejado, todos sus planos en el escritorio, su cama, que había hecho antes de irse, los dibujos en las paredes, lo único diferente eran los baúles. Esos no eran los suyos.

Frunció el ceño, tal vez si los abría encontraría cosas de su padre. Nada raro. De todos modos, no dejó mucha ropa ni diarios importantes, todo estaba en su taller de la fragua.

La fragua. Cierto. Alguien que seguro le escucharía era Gobber. Salieron de la casa en dirección a ella, de la misma forma cautelosa, llegaron a ella, esta estaba iluminada, pero vacía.

Lo mejor era esperar a Gobber ahí.

Le sorprendió ver su taller cerrado, seguro Gobber le había dado un buen uso, convertirla en almacén era la mejor opción. Al abrirla, sus labios temblaron, oh...

Estaba todo igual. Entró aún mas en la habitación, encendiendo una lampara de aceite cercana, guardando su espada para luego, sus dibujos seguían ahí, junto con algunos de sus inventos fallidos, en el fondo de la habitación, arriba de su escritorio estaba un mapa enorme de rutas, con islas tachonadas en tinta roja, en el escritorio, alguien había dibujado su rostro varias veces, algunos, tratando de dibujarle un poco mayor...

— ¿Estaban... buscándome?— susurró sin poder creérselo de nuevo, Toothless hizo un sonido de confusión. Todo parecía indicar que sí.

Estaba tan absorto, que no escuchó que Gobber se acercaba a cerrar la fragua, hablando con alguien. Hiccup encontró algunos de los dibujos que había dejado atrás, su padre parecía haberlos ordenado, probablemente Astrid le había dicho y por eso intentaron buscarlo. ¿seguían buscándolo? Ya casi acababan con el archipiélago, y una vez eso pasara, ¿que? ¿dónde mas podrían hacerlo?

Se formó un nudo en su garganta. Imaginó a su padre hablando con los jefes de cada aldea, preguntando por su flacucho y torpe hijo, esperando encontrarlo en la siguiente isla, con vida...

Tenía que disculparse por eso.

— Dioses, ¿que fue lo que hice?— susurró, la vista fija en el mapa.

— ¿¡Quién anda ahí!?

Esa voz. La sangre se le heló. Creyó que jamás volvería a escucharla, quiso tranquilizar a Toothless antes de que tratara de defenderlo, pero no fue necesario.

Él ya conocía a Astrid.

— ¡Será mejor que te muestres o voy a...!— la puerta se abrió de un portazo. La voz se cortó de golpe al ver al furia nocturna. Hiccup dudó si girarse o no, no estaba listo. La voz intentó formular una oración.— ¿Qué...? ¿T-Toothless?— reconoció, él le regaló una sonrisa con sus encías y movía la cola.— ¿Hiccup?

— ¿¡Hiccup!?— ese era Gobber, quien corriendo llegó hasta el lugar, incrédulo.

El aludido se giró, lentamente, dudando. Sus ojos se abrieron aun mas al ver a la rubia frente a él. Dioses, era mucho mas bella de lo que recordaba, no, era mucho mas hermosa de lo que él hubiese imaginado jamás. Llevaba su cabello en dos trenzas, las cuales iniciaban en su coronilla , terminando en la nuca y continuando, recorriendo su espalda. Una túnica azul se ceñía en su torso, junto con un chaleco café de cuero, todavía usaba las hombreras y las muñequeras, fijas con finas cuerdas, la falda de picos y las medias. así como una gruesa capa de piel, que le recordaba a la que usaba su padre. No pudo evitar notar las curvas mas pronunciadas en algunas partes, y el como ahora había un poco mas de carne en otras.

Estaba desconcertada, con el hacha en una mano. Gobber detrás de ella, sin entender.

Sin perder mas tiempo, Hiccup levantó la mascara de su rostro. Exponiéndose por primera vez.

— No puede ser...— escuchó que soltaba Gobber.

Tenía la cabeza hecha un lío, así que lo único que pudo articular fue.— ¿Dónde está papá?

Debía hablar con él. De forma urgente.

El rostro de Astrid palideció al escucharlo hablar, bajó el hacha, exponiendo algo que él ni había visto. Cubriendo la mayor parte de su cintura y el vientre, se encontraba el cinturón de su padre. El cinturón de jefe.

— Hiccup...— Gobber esquivó a Astrid, quien seguía con la mirada fija en él, los ojos azules poco a poco cristalizándose en lagrimas. El rubio reparó en el dragón, por lo que no se acercó mucho.— Stoick falleció... hace un año.

¡Zaz! Fue como si le clavaran una espada directo en el corazón, helada, de tajo, expandiendo todo el frio a su torso, a sus brazos y al resto del cuerpo. Parpadeó un par de veces, sintiendo un insoportable nudo en la garganta, los ojos picarle con lagrimas pugnando con salir de sus ojos.

— ¿Q-qué?— balbuceó. No, no podía ser verdad.

— Fue una planta de dragonvine, te estaba buscando cuando se enredó en ella. Intentamos todo, pero no hay una cura para eso...— explicó rápidamente el herrero. Hiccup ya no le escuchaba. Su padre estaba muerto. Muerto.

Un momento, si Stoick estaba muerto, y él prácticamente estaba dado por muerto... ¿Quién estaba a cargo de...? Oh. Volvió la vista al cinturón.

Era ella. Ella estaba a cargo. Astrid era la jefa de Berk.

Astrid tomó su lugar.


Esta es un versión reducida de un long fic que tenía planeado y que deseché varias veces porque... No encuentro como continuarlo xd

Para mí, si Hiccup se hubiera ido de Berk, él hubiera encontrado a Valka (o al revés) y probablemente le ayudó a derrotar al Muerte Roja (ya que, ahora ya saben porque los dragones los atacan en Berk xd). Quizá después, se fueron a vivir juntos al nido del Salvajibestia, donde ahora Hiccup vive feliz, sin la preocupación de que algún día será el jefe de Berk (volviendose una persona despreocupada, pero tambien llena de rencor), hasta que Drago y Grimmel se unen y se le acaba la fiesta xd

Mientras tanto, en Berk, el mismo día en el que se supone que Hiccup y los demás derrotaron al Muerte Roja, hay un ataque que casi destruye la aldea por completo. Entre las victimas, esta toda la familia de Astrid, quedandose sola y huerfana. Stoick, quien ahora también perdió a su hijo, decide adoptarla como su hija y con el tiempo, elegirla como su sucesor, así como tambien emprender una extensa búsqueda para encontrar a Hiccup. Sin éxito.

Ahora que Hiccup volvió, tiene que enfrentar varias cosas: su padre ha muerto, Astrid ha tomado su lugar (y lo odia), asi como la desconfianza que tiene su pueblo hacia él. Ah, y salvarlos de Drago xd

Ta heavy, no? Quizá un día de estos me anime a escribir toda la historia. Pero pues, quien sabe.

¡Yoooo soy el vigilante! Okno.

Les quiero. Cuidense uwu