Universo: What if...? ¿Y si Hiccup sí hubiera matado a Toothless cuando lo encontró en el bosque?

Rating: T, tirándole a M.

Advertencia de uso de OOC.

Resúmen: Hiccup mató a un furia nocturna y le llevó el corazón a su padre, tal y como había declarado. Esto lo convierte en el Orgullo de Berk, pero Hiccup quiere más. Mucho más.


— Te mataré, dragón. Voy a sacarte el corazón... Y se lo llevaré a mi padre.

En la versión original, Hiccup se arrepiente al ver los ojos del furia nocturna, ya que se ve a sí mismo reflejado en él, esto lo vuelve incapaz de asesinar al dragón, para después, darse cuenta de que, en realidad, los dragones no eran como los vikingos creían; así, Hiccup terminaría con la guerra entre vikingos y dragones, para después, descubrir el Mundo Oculto, y, sin más remedio, conducirlos a este para salvarlos de este cruel mundo. Sin embargo, en este universo, Hiccup, al ver los ojos del furia nocturna, efectivamente se ve a sí mismo...

Y odia lo que ve.

Ve lo mismo que todos ven. Resignación, miedo, frustración. Lo mismo que sentía él todos los días, el mismo sentimiento que sentía cuando su padre lo miraba, cada que alguien le gritaba que se moviera del camino, el mismo que sentía cuando alguien lo empujaba, cada que se burlaban de su cuerpo, de sus inventos, de su incapacidad de sentir ese instinto asesino.

El sentimiento de no ser lo que todos esperaban. De ser una decepción total.

Por lo que, en esta ocasión, no lo duda y atraviesa la cabeza del dragón de una, cerrando los ojos con fuerza. Se hace daño en la muñeca, se permite llorar como un niño pequeño, porque está asustado, porque acaba de asesinar a un dragón, ni siquiera quiere ver el cadáver. Solloza con total libertad al estar solo en el bosque, se toma la muñeca izquierda, porque, al no saber cómo apuñalar se la ha lastimado. Tarda un poco en tranquilizarse, lo que lo ayuda fue un pensamiento en el fondo de su cabeza: ya, ya está, está muerto.

Todo está arreglado, ¿No?

Sí, lo estaba. Ya era un vikingo completo. Uno como su padre. Vaya, hasta mejor que él. Mató a un furia nocturna, el dragón más Mortífero de todos, el hijo del rayo y la muerte misma... Ahora, finalmente tenía un lugar en la aldea. Se limpio las lágrimas y se decidió por sacarle el corazón al dragón, así pues, cubierto de sangre, regresa a la aldea, rumbo al Gran Salón, dónde su padre reúne a todos sus guerreros para irse en búsqueda del Nido de Dragones, dónde se encontraría el Red Death. Stoick, al principio se asusta al ver el estado de su hijo, sin embargo, al ver el corazón del furia nocturna, la preocupación pasa a interés.

— Papá... Acabo de matar a un dragón.— es lo único que dice Hiccup. No suena orgulloso en un principio, pero, al ver la reacción de todos, el pecho se le infla de orgullo, ¡Claro que tomo la decisión correcta!— A un furia nocturna.


Lo que pasó después fue... lo opuesto. Hiccup logró convencer a los demás vikingos que sus armas serían mas efectivas que solo ir y correr a atacar al dragón, ya no se necesitaba entrenar a lo tonto, solo instalar una catapulta sobre el techo de las casas, donde una persona pueda lanzar una lanza y derribar al dragón de una, sin permitirle atacar. Si se fallaba, rematarlo en tierra sería una buena opción.

Pero Hiccup no sopesaba la idea de estudiar a los dragones. Para nada. Al contrario, tenían que buscar mas información de ellos, saber como se comportaban, si eran solitarios o si siempre iban en manada, saber que les gustaba, que no, sus temporadas de apareamiento, destruir los huevos y nidos para evitar que mas bestias crecieran. Al final, dieron con el Nido del Red Death, y gracias a los inventos de Hiccup (y algo de suerte), lograron vencerla.

Hiccup no perdió la pierna, al menos. Lo que sí perdió fue la poca compasión que le quedaba hacia los dragones, ya que perdió al que sería su segundo padre, su mentor, el único amigo que tenía en la aldea: Gobber.

Esto lo enfureció, tenía que defender su aldea, hoy había sido Gobber, un día de estos, le seguiría su padre, ¿quién mas? No podía permitir que esas bestias siguieran torturando Berk. Necesitaba un mejor plan, seguir matando dragones para conservar el estatus que tenía ahora que era el Orgullo de Berk, no podía descansar ahora, no podía perder. Necesitaba más, mucho mas.

Necesitaba exterminar a todos los dragones que existieran. Su padre quería encontrar el Mundo Oculto para cerrar la entrada. Hiccup quería volar en pedazos ese lugar, quemarlo hasta los cimientos.

Este Hiccup también tenía una obsesión con los dragones, pero él no quería preservarlos. Quería extinguirlos a todos. Cazar a cada furia nocturna que se le pusiera enfrente, sacarles el corazón y usar su piel para crearse una armadura a prueba de fuego, no importaba a quien tuviera que pasar, ni cuantas aldeas defensoras de dragones tenía que quemar, debía deshacerse de todos ellos. Incluso de los cazadores.

Hiccup luchó contra Viggo Grimborn y destruyó su imperio, sin salvar ni un solo dragón, al contrario, matándolos a todos y quemando sus campamentos. Hasta que se topó con el Ojo del Dragón, y se dio cuenta de que algunos dragones, podrían serle útiles, solo tenía que encontrar los correctos; Hiccup entrenó a un skrill, y a varios cola quemantes, claro, no de una forma amable, sino de una forma cruel, viéndolos solo como enormes armas con escamas. De esta forma, logró, por lo menos por un momento, algo de paz.

Nadie comerciaría con dragones. Porque no habría. Nunca mas.

En un principio, lo hacia por un bien común, lo hacia porque, de verdad creía que solo así se lograría la paz entre dragones y vikingos, pero después, cuando Viggo, antes de morir le dijo que era el mejor adversario que había tenido jamás, algo cambió.

— ¿Sabes? La primera vez que vi tu rostro, vi el de un joven puro, herido, pero que todavía tenia algo de remedio.— decía Viggo, estando en el suelo con flechas en la espalda, tosiendo sangre. Hiccup blandía su espada de fuego, que funcionaba con la saliva de los Pesadilla Monstruosa que cazaba.— Ahora, me doy cuenta de que esa pureza se ha ido. Esto ya no es por los dragones, Hiccup...— pronunció su nombre por primera vez sin ánimos de ironía, o con burla, al contrario, Viggo en sus últimos momentos de vida, demostró respeto a su oponente.— Nunca fue por los dragones, ¿cierto?

— No sé de qué hablas.— negó Hiccup, de unos dieciocho años, con su armadura de piel de dragón. Trataba de negarlo, seguro que Viggo estaba alucinando con la perdida de sangre.

— Claro que lo sabes.— tosió Viggo.— Tu y yo, toda esta absurda pelea, no fue por los dragones, matarlos no te interesa, ni siquiera te interesa Berk, ni ser el mejor cazador de dragones.— recapituló, sentándose con dolor, mirándolo de forma muy seria.— No te interesaba el imperio. Lo único que querías era seguir siendo lo que todos creen que eres. Quieres el poder que conlleva el ser el mejor cazador de dragones, quieres el reconocimiento, el respeto que se te negó por años, Hiccup Haddock.— continuó, Hiccup lo miró con horror, enojándose cada vez mas.— Quieres poder, ¿y sabes como lo sé?

"Porque yo también lo quería. Y lo obtuve, pero eso me hizo alejarme de todos, me hizo quedarme solo. Una vez lo tengas, una vez que todo el archipiélago tiemble al escuchar tu nombre, que no haya mas dragones por matar, nada por que pelear, entonces vendrá ese vacío, ese vacío que te esmeras en ocultar, cuando menos te des cuenta, te quedarás solo.

"Y no habrá peor castigo que ese.

Movido por el odio, lo remató después de dar ese discurso. Hiccup no estaba solo, tenía a su padre, tenía a Dagur como aliado, a Alvin, a cientos de guerreros en Berk que le respetaban, que seguían sus ordenes sin rechistar. Nadie dudaba de él, él controlaba todo.

No iba a quedarse solo.

Mientras mas crecía, mas aumentaba su hambre, sus ganas de controlarlo todo. Destruyó a Drago Manodura y doblegó a su estúpido alfa escupe hielo con sus dragones y sus inventos, conoció a un tal Grimmel, que le enseñó a los dragones Gancho Mortal, con un veneno bastante poderoso, con el que se podía controlar a los dragones. Su alianza no duró mucho, claro, Hiccup se tuvo que deshacer de él cuando descubrió sus planes de rebelarse contra él para matarlo.

Al final, cuando cumplió los veintidós años, después de morir su padre, encontró a su madre. Tuvo sentimientos encontrados, al ver el rostro de su hijo, en el monstruo en el que se había convertido, intentó convencerlo, hacerlo ver que la visión de paz que tenía no era para nada correcta, ni la mejor para nadie, no lograría nada de esta manera. Lo intentó varias veces, perdiendo dragones en el proceso, desestabilizando el nido, perdiendo al ultimo Rey de los Dragones. Sin resultado.

Cuando Hiccup se hartó, decidió que lo mejor era terminar con esto de una buena vez. Destruyó con toda su artillería el nido, hasta que no quedó nada, y teniendo a su madre de rodillas, ordenó matar a Cloudjumper frente a ella.

— ¡Hiccup, por favor!— rogó Valka, viéndose a punto de ser asesinada por su propio hijo.— Piensa bien lo que estas haciendo, ¡por piedad!, mira toda la destrucción que has causado, ¿esto como traerá la paz?— preguntó, señalando el fuego, los escombros. Para Hiccup eran un mal necesario, un pequeño tropiezo, sí, perdió hombres, pero por lo menos, su aldea estaba a salvo. Valka, al ver sus ojos verdes, oscurecidos, cegados por el poder, lloriqueó.— Soy tu madre.— le recordó, con lagrimas en los ojos.

Hiccup se rió con amargura.— No, Valka, tú no eres mi madre.— se hincó a su altura, tomándola con brusquedad de la barbilla, haciéndole daño.— Yo no tuve mamá. Mi madre está muerta a causa de las bestias que te esmeras tanto en proteger.— le dijo con severidad, apretando los dientes. Tenía ojeras visibles debajo de sus ojos, oscuras como sombras, la piel insanamente pálida. Y olía a humo y muerte.— Esos dragones, que cuidaste como si fueran tus hijos, me la quitaron, la apartaron de mí. Dime, Valka, si tanto me amabas, si tanto me adorabas como dices, ¿por qué no volviste por mí?— preguntó de forma hiriente.— ¿Dices que en todos estos años, nunca pudiste ni siquiera juntar el valor para verme? Tenías miedo de que yo fuera una total decepción, ¿verdad, mamá?— dijo esto ultimo con amargo sarcasmo, rompiendo el corazón de su madre en pedazos.— Ni siquiera te dignaste en ir al funeral de tu esposo, y hablando de él, ¿Sabes lo mucho que le dolió perderte? Lo dejaste con un hijo débil y escuálido, con una aldea que dirigir, lo abandonaste en medio de la guerra. Nos abandonaste.— dijo esto ultimo con todo el odio en su corazón, con todo el desprecio del mundo. Es que, hasta parecía una broma, su propia madre le había cambiado por un puñado de dragones, no podía ser mas irónico.— Púdrete en el infierno, Valka. Tú y tus estúpidos dragones.— se levantó, listo para quemar la estancia con su madre dentro.

— ¿Qué fue...?— sollozó Valka, antes de que Hiccup pudiera cruzar la puerta.— ¿Qué fue lo que te pasó? ¿Quién te hizo tanto daño?

Hiccup se giró una ultima vez.— Nadie, Valka.— respondió como si fuera una pregunta obvia.— ¿Qué? ¿No te gusta ver a tu hijo de esta forma?— abrió la puerta, y antes de salir añadió.— Este soy yo, en esto me convertí, soy lo que todos querían, ¿no? Perdona por no ser el amante de dragones que querías. Pero no sufras, traeré la paz. De una forma u otra.


No todos en Berk estaban contentos con esto, claro. Berk estaba tan descuidada y fría que nada parecía querer crecer en la dura y fría tierra, Hiccup gastaba todo el oro de Berk en sus expediciones, en sus armas y en sus noches de juerga.

Y esto enfurecía a Astrid. En especial ahora que ni ella ni su hermano menor tenían nada que comer. Pero ya la escucharía, oh, sí, la iba a escuchar esta noche.

Tomó el hacha su padre, lista para enfrentarlo de una buena vez. Él era el jefe, era obligación suya atender a su pueblo...

La rubia irrumpió en el Gran Salón, pateando la puerta. Todos los que se encontraban bebiendo y celebrando se volvieron a ella, alarmados por el ruido, guardaron silencio al verla. Todos menos Hiccup, que seguía riendo con Snotlout.

— ¡Oye, tú!— le gritó, su voz fuerte llenó el Gran Salón, llamando su atención. Hiccup sonrío aun mas al verla. Conservaba su trenza, apretada, cayendo detrás de su espalda, una túnica roja, su falda de picos, las botas, las hombreras, y las muñequeras. Lo único diferente eran los accesorios de cuero de dragón, como su chaleco.

Estaba mas delgada, casi en los huesos, pero eso no le quitaba lo atractiva.

— ¡Astrid! ¿Cómo estas, mi lady?— la saludó Hiccup, alegre gracias al alcohol. Ella rodó los ojos, como siempre, estaba borracho.— ¿Necesitas algo, preciosa?

El comentario le hizo hervir la sangre.— Ah, ahora que lo mencionas, sí.— añadió como si estuviera pensándolo. Caminó meneando las caderas, haciéndolo alzar las cejas y hacer un amago de levantarse. Alguien silbó al , Astrid clavó con violencia el hacha en la mesa del jefe.— ¡Necesitamos comida!— le espetó furiosa, Hiccup hizo una mueca en respuesta.— Dijiste que traerías un barco con recursos hace una semana, ¿dónde está?

— Debe estar por ahí.— respondió el castaño embobado.— ¿Qué te preocupa, mi lady? Ya llegará...

— La gente tiene hambre.— masculló Astrid.— Eres el jefe, es tu trabajo conseguir comida, el invierno viene pronto...

— Te preocupas demasiado, Astrid.— sopesó el castaño, sin darle nada de importancia.— Ya veremos qué hacer, tú tranquila...

— ¡¿Tranquila?!— explotó Astrid, apretando los puños.— ¡Nos estamos muriendo de hambre, ¿y tu solo quieres que me quede tranquila?!— Hiccup cambió su rostro a uno un poco mas fastidiado. Ella le gustaba, pero odiaba cuando gritaba demasiado.— ¿Tienes alguna idea de cómo vivimos aquí? ¡Las cosechas cada día son mas pobres! La gente se está enfermando, nos estamos muriendo poco a poco, ¡y a ti lo único que te importa son los dragones!

— Y tu no tienes ni idea de lo mucho que trabajo para alejar a esas bestias de aquí.— respondió Hiccup, con fastidio.— Si es tan horrible vivir aquí, ¿por qué no se largan, eh?

— Nos dejaste incomunicados, ¡te llevaste todos los malditos barcos!

Dicho esto, Hiccup se levantó de golpe, golpeando la mesa con ambas manos, en advertencia. Eso no la asustó.

Ambos se miraron fijamente por un rato, ninguno dispuesto a ceder, eso era lo que mas lo volvía loco de ella, sus agallas, su terquedad, su dureza y su belleza, la mirada de hielo que lo cautivaba desde que podía recordar. Sonrió, divertido.

— ¿Por qué no simplemente te casas conmigo y ya, mi lady?— le preguntó, usando un tono suave. Astrid entornó los ojos.— Así podrías encargarte de todo lo que te preocupa, ¿tienes un hermano pequeño, no?

— No metas a Aren en esto.— siseó Astrid, furiosa.— Y ya te dije que no pienso casarme contigo.

Hiccup resopló antes de reír.— ¿Por qué no? A nadie le importa la aldea tanto como a tí.— se acercó mas a ella, apestaba a licor.— Si te casas conmigo, podrás dirigir todo este lugar a tu antojo, traer cuantos barcos quieras, no solo eso, serás la esposa del soltero mas cotizado del archipiélago.— alardeó, sonriendo burlonamente, los demás hombres estuvieron de acuerdo. — Eso hará que todas las chicas se pongas muy celosas, ¿no? Te dará el lugar que mereces...

— No. Voy. A casarme. Contigo.— no era la primera vez que él le proponía matrimonio.— ¿Por qué no mejor dejas de beber y te ocupas de tu maldita aldea, ah?— le atacó,haciéndolo enojar de nuevo.— ¿Qué diría Stoick de todo esto?

Había cruzado la linea.

La agarró del brazo, con fuerza, la jaló hacía él, violentamente. Astrid gruñó.— No vuelvas a mencionar a mi padre.

— ¿Por qué?— Astrid a pesar de estar atrapada en su agarre, se sentía en una posición de poder.— ¿Te avergüenza saber que destruiste todo lo que construyo por tu obsesión con los dragones? ¿Crees que le guste saber que tú mataste a su amada esposa?

— Astrid...— le advirtió el jefe, tensando el ambiente.

— ¿O que el Orgullo de Berk se siente tan culpable por todo lo que ha hecho que se emborracha hasta quedar inconsciente?

— ¡Astrid...!

— O tal vez sea cierto lo que dicen, sobre que tu lo mataste...

— ¡CALLATE!— le espetó, a punto de darle una bofetada. Astrid le sostuvo la mano con fuerza, antes de que él siquiera le tocara un pelo.

— No eres mas que un patético borracho.— siseó, con desprecio, todo el desprecio y odio que había acumulado hacia él con el paso de los años.— Un asesino y un cobarde.— espetó, apretando su muñeca, a pesar de no comer mucho, la chica se conservaba fuerte.— Jamás me casaría con alguien como tú, ¿Oíste? Preferiría morir antes que casarme contigo. — con toda la fuerza de su cuerpo, Astrid se zafó de su agarre, con brusquedad, esperando haberlo puesto en ridículo.

— Muérete de hambre entonces.— contestó Hiccup, sacándola de sus casillas. Él rellenó su tarro con más vino, resingnandose. Era mejor terminar esto por la paz. Paz. Vaya palabra, lo había metido en tantos problemas.— Eres igual a los demás. No se les puede satisfacer con nada.— habló, ahora arrastrando más sus palabras. Furioso, lanzó el tarro por los aires, mojando a quien estuviera cerca.— ¿Sabes por qué soy un asco de persona, mi lady?— le preguntó de forma retórica, ella no iba a responder de todos modos.— ¿Sabes por qué me importa un carajo lo que le pase a esta aldea?— continuó, Astrid se cruzó de brazos, esperando una respuesta de su parte — Porque nadie se preocupó por mi, ni una sola vez. La gente empezó a tomarme en cuenta cuando maté a ese furia nocturna. Pero no fue suficiente, no, ¡Todos querían más!— estaba enojado de verdad, algunos de sus hombres se hicieron a un lado, temerosos, Astrid era la única que que conservaba firme, en su lugar, sin un atisbo de temor en la mirada, al contrario, sentía curiosidad por lo que él tenía que decir.—Mi padre, el pueblo, ¡Hasta tú!— la señaló, sin obtener ninguna reacción por parte de la rubia.— Todos ustedes, no hacían más que pedirme cosas, una y otra vez. ¡Querían que me deshiciera de todos los dragones! ¡Pues ahí está!— señaló la puerta.— Dime, ¿Ves algún dragón? ¿¡Lo ves!? ¡Todos están muertos! ¡Hice todo el maldito trabajo!— exclamó, temblando.— ¡Hice todo lo que me pidieron! ¿¡Qué más quieren de mi!?

Por un momento, Astrid sintió auténtica lástima por él, ¿Cómo es que el chico sarcástico y balbuceante que solía afilar su hacha había terminado así? Tan arruinado, tan triste, tan... Roto.

— Yo... En algún momento creí que...— vaciló, llamando su atención, Hiccup reparó en su tono de voz, era distinto. Jamás lo había usado en él.— Que eras diferente.— completó, mirándolo a los ojos. Aunque estaban cubiertos de nubes de alcohol, el verde bosque de sus ojos seguía siendo lindo, estaba ahí, un poco apagado, pero ahí.— Creí que...— suspiró negando con la cabeza.— Creí que eras especial, eras bueno con... Otras cosas en las que nadie más era bueno.— recordó la vez en la que vio todos sus dibujos, sus inventos, ¿Hace cuánto que no lo veía realmente disfrutar de algo? No es como que ella lo haya visto muchas veces, después de todo.— Y no lo sé, yo creía que tú podrías... Cambiar las cosas.

— Te equivocaste.— respondió con amargura el castaño.— Tú lo has dicho, soy un cobarde, un borracho patético.— se autonombró, Astrid hizo una mueca.— El mismo que quizá un día se harté y te obligue a casarte con él.

— No.— fue lo único que dijo.

— Está es mi isla, preciosa.— añadió él con voz grave.— Aquí se hace lo que yo diga. Si yo digo que el día es de noche, la gente me seguirá. Y si yo digo que vas a ser mía, es porque lo serás.

Frustrada, Astrid despegó el hacha de la madera de la mesa. Caminó con la frente en alto hasta la entrada, que cerró de un portazo una vez estuvo afuera, escuchó risas adentro y nuevamente, el ruido de la gente al hablar. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

Arrojó el arma al suelo y empezó a llorar de frustración, de impotencia, sus sollozos eran casi gritos de dolor, se jalaba el cabello y pateaba el suelo, desesperada. Él tenía razón, él era el jefe, después de todo, lo que decía, se hacía, y ella... ¡Dioses! ¿Por qué ella? ¿Por qué de todas las chicas en todo Berk ella era la única que parecía gustarle? Antes lo entendía, ella era la vikinga mas talentosa aquí, pero ahora no era ni la sombra de eso. Ni Hiccup ni Stoick la dejaron unirse a la armada, ya que Stoick no quería "poner en riesgo" a la "futura esposa de su hijo", y sí, ella había matado a un dragón pero, ¿de qué había servido? ¿De qué servía todo esto?

Tenía que salir de ahí. Tenía que huir, llevarse a su pequeño hermano y largarse para no volver. Sí, quizá al principio Hiccup la buscaría, sin embargo, en algún punto se aburriría, lo vería como una molestia, encontraría, con suerte, a otra chica que llame mas su atención.

Fue hasta su casa, ahora con menos muebles, ya habían vendido casi todo. No había nada mas con que conseguir comida, no si no había barcos. Empacó las pocas cosas que tenía, así como las de su hermano, quizá por el hacha alguien les podría dar un viaje hasta el Mercado del Norte, si no, ella podría ir con los Thorton, los gemelos todavía le debían un par de favores.

Era verdad. Ella realmente creía que Hiccup lograría algo mejor que todo esto, jamás lo había admitido hasta hoy, claro, lamentó bastante no habérselo dicho antes, tal vez si alguien se lo hubiese dicho antes, si alguien hubiese sido su amigo, esto no estaría pasando.

No podía seguir lamentando el pasado. Tenía que irse.

— ¿Eret te llevará hasta ahí?— preguntó Fishlegs, el esposo de Ruffnut. Astrid hizo una mueca.

— Ya le debo demasiados favores.— respondió, ciertamente, no sabía si Eret quisiera desobedecer a Hiccup para llevarla en su barco.— Nos iremos en el primer barco que llegue.

— ¿No vas a volver?— preguntó Tuffnut, preocupado y triste.

— No podemos seguir aquí.— le respondió la rubia.— Tampoco podré escribir en un tiempo. En lo que las aguas se calman.

— Te extrañaremos mucho.— se despidió Ruffnut, abrazándola fuerte.— Y no te preocupes, no le diremos a nadie.

— ¡Seremos tan silenciosos como... eh...!— Tuffnut se lo pensó un momento, ¿qué era silencioso? A Astrid le parecía lindo que ambos hermanos conservaran su sentido del humor a pesar de todo lo que estaba pasando, era como su mecanismo de defensa.— ¡Como una montaña! Sí, eso.

— Gracias, chicos.

Se dirigía al muelle, las noches eran mucho mas oscuras desde que los dragones se habían ido. Cargaba a su hermano, el cual yacía dormido en su pecho; antes de morir, sus padres le hicieron prometer que lo cuidaría con su vida. Si ella quería seguir haciéndolo, tenía que partir...

O casarse con Hiccup Haddock.

Respiró hondo antes de escuchar algo que cortaba el aire. Abrió los ojos con sorpresa, hacia años que no escuchaba ese silbido, miró al cielo, curiosa. Fue cuando lo vio, una mancha blanca con la figura de un furia nocturna surcaba los cielos.

— Ay no.— murmuró, bajó a su hermano al suelo del muelle, para moverse con mayor facilidad. Buscando el lugar en donde el dragón aterrizaría.— Lo van a matar.— dijo antes de despertar a Aren. Le pidió quedarse junto a las cosas y no moverse por nada del mundo. Era un niño listo, podía cuidarse solo por unos minutos en lo que ella asustaba al dragón y lo alejaba de la isla. Solo esperaba que nadie mas lo hallase visto.

Alguien sí lo vió, para desgracia de Astrid. Pero se demoró un poco en llegar con Hiccup, dándole tiempo a la rubia a llegar primero; estando ahí, en medio del bosque, Astrid observó al dragón. No se parecía a ninguno que ella hubiese visto antes, tomando en cuenta de que ella jamás vió un furia nocturna de cerca. La dragón la observó con desconfianza, a punto de atacar.

— Eres una furia luminosa.— la nombró Astrid, ella también mirándola con desconfianza.— No deberías estar aquí.— se acercó con cautela, fingiendo acecharla, como si la fuera a cazar.— Te van a matar.— habló con una voz mucho mas fuerte. La dragón le gruñó.— ¡Largo, vete!— blandió el hacha, de forma amenazante, la furia luminosa dio dos pasos hacia atrás, molesta.— ¿No me oíste? ¡Vete!

Fue demasiado tarde, se escucharon mas personas en el bosque, rodeándolas a ambas. Eso no pintaba bien.

— ¡No!— bramó Astrid, buscando por todos los medios, que alguien tuviera piedad por ese dragón. — No la lastimen...

— ¿Astrid Hofferson sintiendo piedad por un monstruo?— preguntó Hiccup a su espalda, Astrid se giró, tratando de proteger a la furia luminosa con su cuerpo.— Eso debe ser un indicio del Ragnarok*.

— No dejaré que mates a este dragón.— se le enfrentó con valentía.

Hiccup resopló.— ¿Por qué de repente te importan tanto? ¡Los suyos mataron a tus padres! ¡Merece morir!

Astrid negó con la cabeza.— Tendrás que pasar sobre mí antes de que le toques una escama a este dragón.

Por un momento, Hiccup dudó. Astrid sintió una falsa sensación de seguridad, él sentía algo por ella, él no podría hacerle daño, ¿cierto?

— Como quieras.— dijo Hiccup finalmente, sorprendiéndola en el acto. No se movió de todas formas, se enfrentaría a mil hombres si con eso detenía esta locura.

Hiccup realmente esperaba que Astrid se moviera, él no quería hacerle daño; esto no iba en serio. Lo que lo hizo volver a la realidad, fue cuando alguien le disparó una flecha directa en el estomago, otra y otra mas en el pecho. Hiccup gritó que se detuvieran. Oh no.

— ¡Astrid! ¿¡Qué han hecho!?

La furia luminosa vio su oportunidad para escapar. Agradecía a esa humana por sacrificarse para que ella pudiera huir, emprendió en vuelo en medio de la confusión.

— Usted dijo que...

— ¡ERES UN IMBECIL! ¿¡CÓMO PUDISTE DISPARARLE!?— le gritó a Snotlout, antes de darle un golpe en la mandíbula tan fuerte, que seguro que le rompió la mandíbula. Corrió hasta el cuerpo de la rubia, el cual luchaba por respirar.— Astrid, Astrid... dioses, lo siento tanto.— se quebró, sus ojos le miraron por un segundo. No supo descifrar lo que quería decir su mirada, y eso solo le dolió mas.— Perdóname, perdóname... No quise...

— Eres un monstruo...— jadeó ella, antes de sucumbir a la oscuridad. Marcándolo de por vida, rompiéndole el corazón.

— No, no, ¡Astrid! ¡No!— la sacudió, como si eso fuera a traerla de vuelta.— ¡No, no te vayas! ¡No! ¡Astrid, tú no!— sollozó con fuerza, asustado, arrepentido, vulnerable.— ¡No me dejes!— la abrazó, aferrándose a su cuerpo.— No me dejes aquí...

Fue ahí cuando las palabras de Viggo, de Valka, de todos cobraron sentido. El vacío volvió, siendo ya imposible de ignorar.

Estaba solo.


EN SATURNOOOOOO, VIVEN LOS HIJOS QUE NUNCA TUVIMOOOOOOS...

EN PLUTOOOOOOONNN...

Ok, no, basta, esto es sad xd

¿Saben? Esta idea se me vino a la mente despues de ver un post que decía "Nombren personajes que qué bueno que están del lado bueno", inmediatamente pensé en Hiccup, porque, si Grimmel es su contraparte, eso quiere decir que Hiccup malvado sería en serio malvado.

Y dije: oIGAN, y sI corrOMPO a hIIccUP?

De ahí nació. Fin. Tan sencillo como eso xd

En este universo, Hiccup exterminó a TODOS los furia nocturna y ha masacarado a los dragones dejandolos al borde de la extinción, pero nada de eso lo llena, en todo este tiempo, su conciencia no lo deja tranquilo, eso y su hambre de poder; en un intento de llenar ese vacío, se vuelve alcoholico y violento. Hiccup es la clase de tirano que no le importa pasar por quien sea para obtener lo que quiere: La paz entre dragones y vikingos.

Seh. No hay redención a este punto. Ahora que Astrid, la unica persona que pudo haber estado con él, también está muerta, ya no hay quien lo frene. Solo la muerte.

Tan tan taaaaaan. Cuanto drama.

Respecto a la vida en Berk, siento que pasó lo opuesto a lo que tenía que pasar. En vez de ser una aldea prospera, se volvió una aldea triste, gris y fria. Toda la pandilla, en teoría, sigue con vida, siendo Snotlout el unico miembro de la armada (aunque, quien sabe, tal vez ahora tambien esté muerto jaj). Respecto a Eret, sí, él y Astrid tenían algo. Nimodo.

En fin, qué bueno que Hiccup no mató a Toothless. Gracias a Dios que esto no es canon.

Yo soy el vigilante, soy testigo de todos los universos, que... Necesita un abrazo, porque maté a Astrid :c

Espero les hayan gustado estos What if? que tenía atorados en la cabeza. Gracias por leer, en serio uwu

¡Les quiero, cuidense!