Oigan, ¿no he hecho ningún fic con los personajes siendo niños, verdad? Bueno, bienvenidos a este fic.
Quería escribir un Hiccstrid chiquito y a Hiccup chiquito, porque Hiccup chiquito es lo mas tierno que hay.
Bueno, aparte de Nuffink.
Universo: Canon. Ocho años antes de HTTYD.
Hiccup y todos los demás tienen 7, los gemelos tienen 8.
Rating: K
Resúmen: En Berk se celebra el día de las madres, sin embargo, Hiccup parece ser el único vikingo que no puede celebrarlo. Esto deriva en algunas bromas por parte de los gemelos y una que otra palabra hiriente.
"¿Quieren dejarlo en paz? ¡Hiccup no tiene mamá!"
Su padre se había ido de expedición otra vez, dejándolo solo. Aún a tierna edad, Hiccup lo entendía, era un poco más listo que los otros niños o por lo menos, un poco más observador que los demás. Ayudaba que nadie quisiera jugar con él, porque así tenía todo el tiempo del mundo para explorar, y espiar en las reuniones de su padre.
Entendía porque su padre odiaba el Día de las Madres.
Ciertamente, Hiccup no odiaba el Día de las Madres, solo era un día incómodo y ya. No se podía extrañar lo que nunca había tenido, además, desde que había nacido, Hiccup había sido rechazado por los demás niños, así que sentirse desplazado no era nada nuevo. De todas formas, era algo molesto escuchar risas cada que pasaba por ahí o ignorar las burlas a veces era difícil, pero nada que Hiccup no pudiera manejar.
Tenía que ser fuerte. Su padre le pedía que fuera más fuerte, que dejara de llorar tanto. Los jefes no lloran, no por lo menos, en público, son duros, estoicos en todo el sentido de la palabra, como su padre. Hiccup se encontraba practicando eso, pero le costaba demasiado trabajo.
A veces odiaba ser demasiado blando.
Pero no odiaba el Día de las Madres. Todavía.
Se encontraba removiendo la avena de su plato, era demasiada para él, probablemente esta porción le vendría mejor a su padre. Sabía que las cocineras del Gran Salón querían hacerlo crecer o por lo menos embarnecer su figura dándole porciones más grandes que lo hacían tener dolor de estómago o querer echar la siesta después de comer como si fuera un bebé... ¡Y Hiccup ya no era un bebé! Tenía siete años recién cumplidos, ya era un niño grande... Bueno, no grande de estatura, ni de músculos, ¡Pero sí de edad! No podía seguir tomando siestas todo el tiempo...
Además, no importaba cuánto comiera, Hiccup nunca engordaba o crecía un centímetro nuevo. Así que lo veía como un despropósito.
El Gran Salón no estaba lleno como siempre, todos debían encontrarse en casa, probablemente pasando tiempo con sus madres. Todos menos Gobber, que estaba comiendo junto a él, el herrero era el encargado de cuidarlo todas las semanas en las que su padre se iba en búsqueda del Nido de Dragones, por lo que en estos días, Hiccup pasaría todo su tiempo en la fragua. No era tan malo, le gustaba la fragua, Gobber le enseñaba muchas cosas geniales, como derretir el hierro, como darle forma, y al niño le ocasionaba mucha ilusión ver todas las prótesis de Gobber (el como tiene una para cada cosa que te imagines). No solo eso, el hombre siempre le daba pergaminos y carbones para dibujar. Sí, hacia calor, era muy ruidoso y el aire era contaminado por el asfixiante olor dulzón del metal, pero a Hiccup le gustaba.
— Hiccup.— lo llamó Gobber, Hiccup volteó a verlo, todavía con la cabeza gacha.— ¿Por qué no comes, muchacho? Debes estar fuerte para combatir a esos molestos dragones.— le recordó a los terroríficos dragones. A Hiccup le daban algo de miedo, sin embargo, los más aterradores de todos, eran los Furias Nocturnas.
— Estaba pensando...— respondió en voz baja. Con Gobber era un poco más sencillo hablar sobre tenerle miedo a los dragones. Era un poco menos severo que Stoick, sin duda.— ¿Por qué tú no estás con tu mamá, Gobber?
La pregunta enterneció el corazón del herrero, tanto así que lo hizo carraspear incómodo.— Bueno, ella no está aquí, con nosotros.
Hiccup asintió, bajando la mirada de nuevo.— Oh, ya veo.—volvió a revolver su avena. Era un alivio no ser el único que no tenía a su mamá en el Día de las Madres.— ¿Crees que tu mamá y mi mamá sean amigas en el Valhalla?— le preguntó con inocencia. Gobber tomó agua, oh, pobrecito.
— Claro. Deben llevarse muy bien.— dijo después de darle el trago a su tarro. Hiccup sonrió viéndose menos desanimado.— Te pareces mucho a ella, de hecho.
— ¿Era igual de pequeña?
Gobber se rió. Ciertamente no.— No, bueno... Un poco, ella era más pequeña que Stoick.
Hiccup soltó aire por la nariz.— ¡Todo el mundo es más pequeño que papá!— exclamó, sonriendo por primera vez.— ¡Mi papá es gigante!— Hiccup siempre recordaba como lo solía cargar su padre, vamos, que era enorme y Hiccup era demasiado pequeño, tanto así que podía sostenerlo únicamente con la palma de su mano.
— ¡Aye! Un día de estos vas a ser tan enorme como él.
Hiccup suspiró.— Lo dudo.— volvió a comer su avena, por si las dudas, ¿Que tal que un buen día despertaba tan enorme como su padre? Necesitaba fuerzas para eso, o peor, ¿Qué tal que hoy entraba en la casa un enorme Furia Nocturna? Necesitaba fuerzas para luchar contra él y defender la casa.
Gobber también lo dudaba. Siendo honesto le preocupaba un poco lo pequeño que era Hiccup, no era su culpa, claro, solo de los dioses que lo dejaron en Midgard antes de tiempo, pero es que en serio, no importaba cuánto comiera, el niño no engordaba, ni tenía fuerza y era sumamente torpe. Y sí, era un niño pequeño todavía, los niños de su edad se caen, todavía se tropiezan y se lastiman, sin embargo, Hiccup de verdad era torpe. Tenía mucha suerte de no haberse roto ninguno de sus dientes o romperse la nariz.
Además, no le gustaba pelear. No le gustaba usar armas, al contrario, parecía estar más interesado en hacerlas, sí, tenía interés en matar dragones, pero no demasiado. Sabía que Stoick fingía que no le importaba...
Pero sí que le importaba.
Las puertas del Gran Salón se abrieron, dando paso a los gemelos Thorton, su primo Snotlout y Astrid, la niña del clan Hofferson. Hiccup fijó sus ojos en ella, para luego desviarlos, Gobber enarco las cejas, uh vaya.
— ... ¡Así que pensamos en hacerle un pastel!— bramaba Tuffnut. Hiccup empezó a comer más rápido, animado por hablar con ellos.— ¡Y bam! La casa estalló.
— Sí, pero a mamá le pareció lindo que lo intentáramos.— aseguró Ruffnut.— Ahora, lo que haremos será traer comida de aquí para comer con mamá.
— ¿Por qué no hicieron eso antes?— preguntó Snotlout.
— Uh...
Hiccup se levantó de golpe.— ¡Ya regreso!— le aseguró a Gobber antes de correr hacia la bola de niños. Gobber sonrió.— ¡Hola, chicos!
Todos los niños se volvieron al escuchar la voz de Hiccup, incluso Astrid posó sus ojos en él. Astrid no era muy de hablar con la gente y aunque no le gustaba mucho estar con los gemelos y con Snotlout, era mejor que estar sola. Además, la madre de los gemelos siempre les regalaba dulces, eso daba puntos extra.
Siendo franca, ella no tenía ningún problema con Hiccup. Era igual de molesto que todos los demás, sin embargo, Hiccup era ligeramente mas soportable que todos los demás. Pero aunque le cayera bien, Hiccup no era útil para nada.
— ¡Miren, un pescado parlanchin!— señaló Ruffnut apuntándolo con el dedo, Hiccup no dejó que eso lo desanimara mucho. Hubo carcajadas por parte de Tuffnut y Snotlout, pero no por parte de Astrid, quien solo, como siempre, lo miró con desagrado.
— ¿Qué es lo que están haciendo?— preguntó el niño todavía sonriendo.
— Vinimos por comida ya que hicimos explotar la casa.— respondió Tuffnut, si los mirabas bien, había restos de hollín y ceniza en sus caras y en la ropa.— ¿Tú qué es lo que haces aquí? ¿No deberías estar con tu mamá?
Oh.
— Sí, ¿qué haces en el Gran Salón? ¿Tu mamá no sabe cocinar?— preguntó Ruffnut de forma brusca. Astrid enarcó una ceja, ¿qué acaso no lo sabían? Hiccup no tenía mamá. Todo el mundo hablaba de eso.
Esperaba que Snotlout, siendo el líder de los gemelos, les dijera algo, sin embargo, lo único que hizo fue molestar a Hiccup con eso.
— Huh, no creo que sepa hacer mucho.— se burló de forma cruel. Hiccup hizo una mueca, algo dolido. Quizá no era su culpa, tal vez ellos no lo sabían, o lo ignoraban o solo se les había olvidado.— ¿Verdad, Hiccup?
Hiccup titubeó, ¿cómo decirle a los chicos que...?— Bueno, es que...
— ¿Dónde está tu mamá? Creo que jamás la hemos visto.— se preguntó Ruffnut, viéndose con genuina curiosidad. Hiccup desvió la mirada, dolido.
— Sí, ¿qué no sale de la casa?
Astrid apretó los puños e incluso sentía que se estaba poniendo roja de coraje. Es que nadie podía ser tan estúpido ni tan cruel, bueno, sí, lo creía de los gemelos, ellos era sumamente idiotas, pero Snotlout era el primo de Hiccup. Él debía saber mejor que nadie que Hiccup no tenía mamá. Un dragón se la llevó cuando él era un bebé, todo el mundo lo sabía, era por eso que Stoick nunca estaba en el Día de las Madres y la razón por la que Hiccup no lo celebraba jamás.
— Tal vez es fea.— se encogió de hombros Tuffnut. Hiccup parpadeó, Astrid pudo notar como el corazón del pobre pequeño se rompía.
¡Hasta aquí!
— ¡Callate, sesos de carnero!— chilló Astrid, antes de darle un puñetazo que dejó al gemelo en el suelo y viendo estrellas. La rubia se giró a Snotlout y a Ruffnut.— ¿Quieren dejarlo en paz? ¡Hiccup no tiene mamá!
Auch.
Hiccup no sabía porque eso le había afectado tanto, quizá había sido el tono tan frio en el que Astrid lo había dicho, o el volumen de su voz, ya que todos los presentes se giraron a verlo. Ruffnut le miró como a un bicho raro, Snotlout lo miró con superioridad, Tuffnut hizo una mueca, tal vez tratando de comprender el como Hiccup no podía tener una mamá, porque, si no la tenía, ¿de dónde había venido? O sea, todos deben tener una, ¿no?
Los dos gemelos llegaron a la conclusión de que esa era la razón por la que Hiccup era tan raro y defectuoso. Hiccup no tenía mamá y por lo tanto, estaba mal hecho. Sí, esa era la razón.
Lo que más afecto al pequeño fue la mirada de Astrid, la cual era unicamente de lastima. Pobre niño sin mamá, escuálido y pequeño, inútil y torpe. Sus ojos se llenaron de lagrimas, se formó un doloroso nudo en su garganta y sentía que su pecho ardía, ¡no quería llorar! No frente a ellos, los otros niños se burlarían de él, en especial Snotlout, y además, ¿qué iba a pensar Astrid? Seguro que creía que no era nada mas que un niño llorón.
Por lo que decidió huir de ahí, lo mas tapido de lo que le dieron las piernas. Gobber que había observado la escena, suspiró, negando con la cabeza, miró a Astrid. Ella no entendía porque eso había hecho llorar a Hiccup, tampoco le importaba mucho, Hiccup siempre lloraba por todo. Los demás vikingos adultos también la miraban un poco disgustados.
¿Por qué la miraban así? Esa era la verdad, ¿no? La señora Haddock estaba muerta. Hiccup no tenía mamá. No había dicho una mentira, al contrario, dijo toda la verdad. Es más, lo había defendido de los cabezas de carnero que eran los gemelos y Snotlout.
Astrid rodó los ojos, y sin poder soportar como todo el mundo la miraba, salió del Gran Salón, ¿acaso era su culpa que Hiccup llorara por cualquier cosa? Claro que no. Si él no podía soportar admitir que no tenía mamá, ese no era su problema, es mas, era problema directo de Hiccup, tenía que superarlo o algo así...
Fue a su casa, y su madre, al verla tan molesta, le preguntó el porqué. Muy molesta, le explicó todo, desde el principio. Su madre le escuchó atentamente, y una vez su hija terminó, le dijo.
— Bueno, corazón, quizá fuiste un poco grosera al decirlo así.— dicho esto, Astrid se volvió incrédula, ¡Ah! ¿cómo que grosera?
— ¿Grosera?— espetó, apretando los puños.— ¿¡Grosera por qué!?— chilló.
— Astrid, ese tipo de cosas no se dicen de esa manera.— respondió su madre con paciencia, terminando de coser un vestido. Era la costurera de Berk, pero no se engañen con lo blando que puede parecer su oficio, la mujer era muy buena peleando.— Es algo muy delicado, y puede afectar a las personas.— explicó, escuchó a su hija bufar harta.
— ¡Pero ni siquiera la conoció!— espetó Astrid, cruzándose de brazos.— ¿Cómo puede alguien sentirse mal por alguien que no conoce?
Su madre suspiró.— Piensa en el pobre niño, Astrid. Imaginate como se siente en el Día de las Madres, en especial ahora, que Stoick se fue otra vez de expedición.— Astrid seguía creyendo que era algo tonto y bobo.— Debe sentirse tan solo, en esa enorme casa... ¿Tú como te sentirías si yo no estuviera contigo?
Eso la hizo suavizar un poco su expresión. Bueno, sí, ella se sentiría demasiado triste si no tuviera a su madre, ¿quién la cuidaría cuando estuviese enferma? ¿Quién la curaría después de haberse hecho daño por estar practicado con su hacha? ¿Quién hablaría con ella cuando se sintiera de esta manera? ¿cómo podría vivir sin sus galletas de avena?
Cayó en la cuenta de que, de hecho, Hiccup no tenía nada de eso. Estaba solo.
— Tal vez lo dijiste de una forma muy brusca, cariño.— continuó su madre.— Debiste decirlo un poco mas... Suave.
Astrid desvió la mirada.— Solo quería ayudar...— masculló. Su madre sonrió con ternura, Astrid continuó a regañadientes.— Los demás siempre lo molestan... ¡Y nunca se defiende! Todos deberían estar molestos con Snotlout y los gemelos, no conmigo.
— Eso es algo muy dulce.— la mujer obtuvo un "eugh" por parte de su hija en respuesta.— Tal vez deberías explicárselo.— sugirió antes de dejar de lado la prenda y levantarse en dirección a la cocina.— Tal vez debas darle unas galletas de disculpa.
— ¡No pienso disculparme por haberlo defendido!
— Astrid...— la regañó, la rubia infló las mejillas.
— Agh, de acuerdo.— aceptó, apretando los puños.
Hiccup, por su parte, se refugió en la fragua. Estaba hecho bolita, abrazando sus rodillas, debajo del escritorio de Gobber, unicamente se escuchaba el crepitar del fuego y sus sollozos e hipidos. Conforme pasaba el tiempo, se fue tranquilizando, y ahora solamente se le escuchaba sorber por la nariz e hipar de vez en cuando.
Quería a su papá. Quería ir con él y sentarse en su regazo hasta que todo estuviera bien. Pero no podía, ya era un niño grande, los niños grandes no van a llorar con su padre. Los jefes mucho menos. Además, su padre ya debería estar harto de siempre estar consolándolo. No, si quería ser un guerrero vikingo, tenía que afrontar sus problemas solo, como su padre.
Escuchó una puerta abrirse, se encogió en su lugar y con premura se limpió los surcos de las lagrimas en sus mejillas.
— ¿Hiccup? ¿Estás aquí?— escuchó a Gobber, el niño procuró no hacer ruido. Su tamaño ayudaría a no ser visto.
No funcionó, lo localizó rápidamente. A diferencia de Stoick, Gobber le ponía atención a los detalles. Igual no dijo nada, ni fijo la mirada en el escondite del niño, no quería asustarlo.
— Jum, bueno, ya que no estás aquí, entonces solo apagaré el horno...— se dirigió al horno con un cubo de agua. Hiccup bajó la mirada, dudando si salir o no.— Ah, si Hiccup estuviera aquí, le diría que no hiciera caso a lo que digan los demás. Son solo niños, no saben lo que dicen.— le consoló Gobber, Hiccup gateo fuera de la mesa.— Con que ahí estás...
Hiccup mantenía la cabeza gacha, con algo de dificultad se subió sobre uno de los bancos para sentarse sobre el escritorio, ante la atenta mirada de Gobber.
— ¿Soy raro porque no tengo mamá?— preguntó Hiccup tímido, abrazándose a sí mismo.
Gobber negó con la cabeza.— No, Hiccup. No eres raro, solo un poco diferente.— el rubio se acercó mostrando todo su apoyo.— Y no tiene nada que ver con el hecho de que tu madre se haya ido.— Hiccup hizo una mueca, todavía no muy convencido.— Ya sabes lo distraídos que son los gemelos y lo tonto que es ese chico Jorgenson. Además, esa chica Hofferson, ella te defendió.
Hiccup negó con la cabeza.— Debiste ver como me miró.— murmuró algo enojado.— Le doy lastima.— admitió amargamente, que Astrid no quisiera ni siquiera hablar con él significaba que no tenía una oportunidad de tener un amigo o una amiga.
— No lo sé, tal vez ella realmente quería ayudar.— la justificó, Hiccup no respondió, solo se veía igual de decaído. La parte buena era que ya no estaba llorando.— Si quieres que los otros niños dejen de burlarse de tí, Hiccup, tienes que empezar a trabajar en...
— No llorar, ya lo sé.— interrumpió el niño con la voz apagada.— Eso intento.
Gobber se encogió de hombros.— No pierdas la paciencia, Hiccup, ya lo lograrás.— le dió una palmada en la espalda, cosa que casi le quita el aire al niño pequeño.
— ¿Le dirás a mi padre lo que pasó?
Gobber negó con la cabeza.— No, no se lo diré. Además, no creo que se moleste por esto.— aunque, si era honesto, esto preocuparía un poco a su amigo. No solo eso, Stoick tendría que explicar, de una vez por todas, lo que había pasado con Valka, por el bien de Hiccup.
Hubo un silencio después de eso, en el que Hiccup sentía que su cabeza le iba a estallar por haber llorado tanto y que necesitaba una siesta, debía volver a su casa, asegurar todas las puertas y ventanas. Tenía que mantener las brasas de la sala encendidas si no quería congelarse durante la noche.
Y ayudaba con la oscuridad, así Hiccup podría ver si un terrorífico Furia Nocturna estaba asechando en la casa.
Gobber rompió el silencio.— Así que... La chica Hofferson.— esto hizo a Hiccup voltear.
— ¿Qué con ella?
— Parece que te agrada.— insinuó el herrero, Hiccup supo a que se refería casi al instante.— ¿Tal vez demasiado?
Hiccup sintió que las mejillas le picaban.— No. Solo me cae bien.— negó, aunque de hecho, sí creía que Astrid era linda, mas que las otras niñas, no solo eso, era excelente peleando, con solo siete años ya sabía como usar un hacha con completa maestría. Claro que le agradaba mucho.— Pero creo que yo no le caigo bien.
Gobber estaba a punto de decir algo vergonzoso, solo para molestarlo, cuando escuchó que alguien tocaba la puerta con fuerza. Se dirigió a ella, porque, ¿quién podía ser a esta hora?
— Oh, ¡hola!
Hiccup estiró el cuello para saber de quien se trataba, debía ser alguien pequeño, mas pequeño que Gobber.
— ¿Hiccup está aquí?— escuchó la infantil voz de Astrid. Hiccup se preocupó primero que nada, por su aspecto, seguro que estaba hecho un desastre, con los ojos hinchados, las mejillas enrojecidas por el llanto. No debía verse muy vikingo en este momento. Bueno, nunca se veía así, pero, ahora se veía mucho mas débil que antes.
No iba a causar una buena impresión.
— Ah, sí, ¿para qué...?
— ¡Bien!— empujó al herrero para entrar a la fragua, encontrándose a Hiccup sobre el escritorio de Gobber, visiblemente sorprendido y claro, hecho un desastre. Verlo así, hizo que Astrid sintiera una especie de enojo mezclado con culpa, culpa que para empezar no debía sentir ella, sino los sesos de carnero que eran los gemelos o el idiota de Snotlout.
Hiccup no sabía exactamente que cara poner, porque Astrid parecía estar molesta con él o con algo en particular, ¿era con él? ¿a qué había venido? Hiccup no sabía que hacer o que decir. Intentó saludar, pero sabía que su voz no iba a sonar ni un poco varonil, sino como un graznido pastoso y patético.
Ella llevaba un plato en sus manos, iba cubierto con una servilleta, ¿eso era comida o algo así?
Intentó saludar, pero Astrid fue mas rápida.— Escucha.— ordenó, orgullosa como siempre. Hiccup decidió obedecerla. Después de decir esto, Astrid se sintió patética por lo que estaba a punto de decir.— Lo que hice hace un rato...— empezó, sonando un poco mas suave que de costumbre, Hiccup dió un salto.— ... creo que fui algo grosera. No quería decirlo así.
Hiccup y Gobber estaban legítimamente sorprendidos, tanto que se miraron entre ellos, Astrid entornó los ojos.
— ... Solo trataba de que los otros sesos de carnero dejaran de molestarte.— bien, aquí viene, dile que lo sientes. Agh, ¿por qué costaba tanto trabajo hacerlo?— Así que... lo siento.— se disculpó al fin, con las mejillas infladas, de un color sonrosado por la vergüenza. Extendió los brazos para darle el plato.— Y mi madre hizo esto para ti.— entonces, esperó.
Esperó a que Hiccup hiciera o dijera algo. Lo que sea. Aunque sea una risa burlona, o un muy nervioso gracias. Algo.
Pero no, Hiccup solo la miraba con esa expresión sorprendida y con los ojos muy abiertos, brillando como esmeraldas, observándola fijamente, como si ella fuera su heroína con un plato de galletas.
Esto hizo que Astrid se avergonzara.— ¡¿Quieres dejar de mirarme?!— explotó, asustando al castaño. Gobber casi suelta una carcajada, Astrid ahora tenía las mejillas mas encendidas que antes.— ¡Dí algo!— exigió, Hiccup instintivamente llevó las manos frente a su rostro, esperando que ella le arrojara el plato de galletas directo a su casa.— ¡Agh! ¡Ese es tu problema!— espetó molesta, harta, y algo avergonzada con el hecho de que Hiccup le tenía miedo.— ¡Nunca dices que es lo que te molesta! ¡Nunca te defiendes! Esos sesos de troll te molestan porque saben que no vas a defenderte, ¡y eso es muy injusto, ¿sabes?!— continuó, soltando todo lo que le molestaba de Hiccup, sin saber que tal vez estaba arruinando su disculpa.— Porque ellos siempre se burlan y tu solo te quedas ahí, sin hacer nada... ¡justo como ahora! ¡Cielos, ni siquiera voy a golpearte!— Astrid observó a Hiccup, quien bajó las manos con cautela. Esto la hizo suspirar y rodar los ojos.— Pero...— añadió, suavizando su expresión un poco, tratando de reparar todo... de nuevo.— Aún así, lo siento. Ahora acepta esto.— ordenó lo ultimo.
— Yo las pondré aquí.— las tomó Gobber, Hiccup empezó a jugar con sus manos con nerviosismo, tratando de responder algo, pero las palabras se le atoraban en la garganta. Astrid era mas bonita estando enojada, era como cuando ves el fuego, es bonito de mirar y peligroso al mismo tiempo.
— ... Gracias.— mustió Hiccup al fin. Astrid se cruzó de brazos, tal vez esperando una palabra.—... y sí, lo intentaré.
Viendo que no se le ocurría que mas decir, Astrid negó con la cabeza y decidió que lo mejor era irse.
— De nada.— bueno, ciertamente se sentía mejor, ya que Hiccup esbozaba una débil sonrisa. Por lo menos ya estaba mas animado que antes.— Bien, supongo que te veré por ahí.— se despidió, antes de dirigirse a la puerta a paso firme y seguro. Una vez estuvo fuera de la fragua, corrió de vuelta a su casa.
Hiccup se sintió mucho mejor, bueno, quizá Astrid no lo odiaba tanto.
— ¡Vaya, vaya!— exclamó Gobber.— Hiccup, que galán.— le dio un codazo amistoso y pícaro. Hiccup negó con la cabeza, enérgicamente.
— ¡Ew, Gobber!— exclamó Hiccup, avergonzado. Gobber siguió riendo.
— ¿Sabes? Es la Maldición de los Haddock.— aseguró el herrero, Hiccup frunció el ceño, sin entender.— Sí, a todos los Haddock les gustan las mujeres fuertes.— explicó, el niño se encogió de la vergüenza.— Tu madre sí que era un hueso duro de roer, en un principio a ella no le caía nada bien tu padre. Ella tenía unas ideas extrañas sobre los dragones... ¡ja! Decía que quizá no teníamos que matarlos, solo ahuyentarlos.— recordó Gobber las absurdas ideas de Valka.— Pero era sumamente buena peleando. Stoick decía que su madre también era muy dura.
— ¡Astrid no me gusta!— refunfuñó Hiccup.
— Uh, no, quizá no te gusta ahora, pero, si la maldición es cierta, entonces un día te gustará.— dijo Gobber, incomodando aún mas al castaño.— Y no solo eso, ella gobernará contigo una vez que se casen...
— ¡Ew, no quiero casarme!— exclamó Hiccup, en el fondo, sentía miedo, porque si esa maldición era cierta, estaría en problemas. Problemas muy serios.
— Es lo que todos dicen...
— ¡Pero yo lo digo de verdad!
Eso también era lo que todos decían.
Después de un rato, Hiccup se levantó para ir a casa, el hombre rubio lo acompañó hasta la colina donde se encontraba la casa del jefe, Gobber se le acercó.— ¿Quieres que me quede contigo?— preguntó Gobber, viéndose preocupado.
Hiccup negó con la cabeza.— Nop. Puedo cuidarme solo.— aseguró el castaño. Gobber hizo una mueca, ¿era seguro que un niño se quedara solo tanto tiempo y con los dragones asechando por ahí?
— ¿Sabes que hacer si los dragones atacan?
— ¡Sip!— saltó el niño, muy orgulloso de sí.— Tengo cubos de agua y sé como salir.— añadió. Gobber seguía viéndose dudoso.
— ¿Y no tienes miedo?— preguntó.
— No...— Hiccup no se veía muy convencido, por lo que eso sonó dudoso. La verdad sí, pero solo de los furias nocturnas. Los otros dragones no le daban tanto miedo.
Gobber suspiró. Bien, podía quedarse fuera, acampando, solo para asegurarse de que todo estaba bien. Ningún niño debía estar solo el Día de las Madres.
Lean, no es que odie a Valka. De hecho, me cae chido. El problema que tengo con ella es que, cuando vuelve, NADIE hace nada. O sea, Hiccup está como de "oh, ok, eres mi mamá, que cool", no hay una confrontación, y nadie exige una explicación por parte de ella. Sí, ella medio explica porque se fue y varias cosas, pero, vamos, la perdonan muy facil xd
Este fic vino de la nada. Probablemente vino de mis ganas de ver un hiccstrid pequeño. Son pocos los fics de estos chicos siendo niños pequeños, por lo menos, que sean mas que flashbacks. No hay nada muy especial por aquí de todos modos, solo a una Astrid tímida que odia que molesten a Hiccup y un Hiccup que, durante las expediciones de Stoick para encontrar el Mundo Oculto, se quedaba solo en casa, especialmente el día de las madres.
Por cierto, según los juegos de HTTYD, en Berk se celebra el día de las madres. Ya sé que no son canon, pero, no sé, me gusta pensar que sí hay un día para conmemorar a las madres en Berk.
¡Gracias por leer!
