DEATH END RE;QUEST 1.5
PRÓLOGO: Esperanza entre la desesperación.
La instalación lumínica de la habitación estaba rota, y las piezas de los muebles que contenía estaban esparcidas como hojas por el suelo. Los restos yacían allí, junto a fragmentos de botellas de sake, vacías desde hacía mucho tiempo, sobre el polvoriento suelo de madera. No había un lugar seguro en el que pisar. El pútrido olor de los residuos, la mayoría de los cuales se estaban pudriendo, llenó el aire. Mai Toyama encontró un espacio para sí misma entre la basura. Se sentó en el frío suelo, sus ojos vacíos mirando el techo. Sin embargo, no era inusual que hubiera alguien aquí. Mai no había venido a este lugar para explorarlo. No la trajeron aquí contra su voluntad. Esta era la casa de Mai.
Hace unos años, el padre de Mai comenzó a desmoronarse. Enfurecido por la pérdida de su trabajo, recurrió a tratarse a sí mismo infligiendo violencia a quienes lo rodeaban. Su madre, incapaz de soportar esto por más tiempo, se fue con su hermana menor. Empujada al límite por su partida, la mente de su padre rompió en pedazos. Todos los días golpeaba y esparcía cosas a su alcance, su comportamiento constante transformaba la habitación en un espacio desolado.
– Ah… El día por fin ha acabado… – Su observación no era tanto por el paso del día, sino más por los alborotos de su padre: bebiendo sake, divagando por nada, golpeando objetos alrededor de la casa y también las paredes… Este comportamiento destructivo era solo el principio. El objetivo de su ira se movería en cualquier momento de estos objetos, a Mai. Botellas de sake se convertían en armas contundentes. Aprendió a temer la bañera si la veía llena de agua, pues nunca sabía si ese sería el momento en que realmente la ahogaría en ella. Tenía un regimiento de ejercicios en el que la usaba como saco de boxeo, literalmente. Solo se sentía satisfecho cuando veía que ella estaba al borde de la muerte.
Después de cansarse de su violencia, su padre siempre regresaba a su dormitorio. Cuando su puerta finalmente se cerraba, el día de Mai terminaba, lo que ella permitía casi siempre. Ya no tenía esperanza en este mundo. Tampoco esperaba que nadie la salvara. Sentimientos como este no habían estado presentes desde hacía mucho tiempo. Había considerado quitarse la vida en el pasado, pero... entonces el foco de la ira del hombre seguramente se volvería hacia su hermana menor, Sanae. Los pensamientos más leves de ella pasando por lo más mínimo de aquello por lo que había pasado sofocaron cualquier deseo de alejarse de esta vida. Para Mai, la presencia de Sanae era esperanza en sí misma.
Miró alrededor de la habitación durante un momento. Después de un tiempo, comenzó a mover su cuerpo.
– Ugh… – Con cada movimiento, dolores agudos hacían eco a través de ella – ¡Agh…! – Continuó quejándose. La sangre de su boca se escurría por su garganta, haciéndole sentir arcadas de vez en cuando. Estaba hinchada y su estómago estaba prácticamente negro por los moretones. Siempre que comía, que tenía la suerte de hacerlo, sabía a hierro. Con un collar alrededor de su cuello, solo se le permitía usar el baño una vez al día.
Durante años, vivió así... pero no importaba; Mai había perdido su capacidad de raciocinio hace mucho tiempo, junto con cualquier otra parte de su humanidad. Ella era solo un cuerpo, apenas manteniéndose con vida con la esperanza de que su hermana se salvase y fuera feliz.
Aunque Mai estaba confinada, no le habían quitado toda su libertad. Su padre le había comprado un portátil en un arrebato hace mucho tiempo, y ella pudo usarlo para navegar por Internet. Aunque tenía esta herramienta disponible, su padre comprobaba todos sus registros sin previo aviso, por lo que no podía hacer nada precipitado, como pedir ayuda. Si descubriera que lo hizo, lo más probable es que la matara. "¡Te mataré junto con tu hermana!" era la frase que usaba a menudo.
Mai Toyama tomó su portátil y lo encendió. Se escuchó el familiar tono de inicio y la pantalla del portátil se iluminó poco después. Abrió la aplicación de email y revisó su bandeja de entrada. La aplicación actualizó lentamente "Nuevos emails: 0"
- ¿¡Qué!? ¿Por qué, Sanae? ¿Por qué no respondes a mis emails...? – Mai levantó la voz mientras sostenía su cabeza. Habían pasado semanas desde que dejó de recibir emails de su hermana menor. Su madre falleció y Sanae, ahora sola, fue puesta al cuidado de un orfanato en algún lugar. Volvió a leer el último mensaje que envió Sanae "¡Hola, onee-chan! Pues... parece que me van a llevar a un orfanato. Es un lugar llamado "Wordsworth". Está en un pueblo en el extranjero llamado "LeChoara". Me siento muy ansiosa, ¡pero estoy bien! ¡Todo estará bien, creo! ¿Estás bien? ¿Estás contenta con eso, onee-chan?" – Sanae… ¿¡Qué te ha pasado!?
Sanae admiraba a Mai. Eran lo suficientemente cercanas como para intercambiar emails todos los días sin falta. Sin embargo, habían pasado semanas desde que Mai recibió su último mensaje.
- Ugh… ¡ARGHHH! – Esto era lo único que esperaba con ansias. Ahora que los mensajes ya no llegaban, estaba completamente desolada y no pudo evitar gritar hasta desmayarse. Cuando recuperó la consciencia, se encontró tendida en el frío suelo. Miró alrededor y se fijó en la pantalla del portátil. En él aparecía un artículo de noticias. – Noticias... – No le importaban las noticias. Nada de lo que sucedía afuera le importaba. Ella no estaba interesada en nada que no fuera su hermana.
Estaba a punto de apagar el portátil, pero la curiosidad le llevó a hojear el artículo. Decidió hacerlo, pero rápido.
- ¿Eh? Arata Mizunashi… – Mai vio su nombre en la parte superior del titular "El paradero del sospechoso, Arata Mizunashi, presuntamente involucrado en el caso del Asesino Fantasma y el caso de asesinatos en serie en casas vacías, está siendo investigado actualmente". Mai reconoció el nombre del sospechoso. Él era un programador detrás del título de Enigma Games "World's Odyssey", un juego del que ella había oído hablar antes. Cuando vio ese juego, sintió que el color aparecía en el mundo monocromático en el que había estado viviendo. El mundo que él creó se sentía como un sueño, y por eso recordó el nombre del empleado de Enigma Games, Arata Mizunashi.
Mai se sentó y escribió las palabras "Caso de Arata Mizunashi" en el navegador. ¿Cómo podría un programador detrás de un mundo tan hermoso haber cometido crímenes tan terribles? Por primera vez en años, Mai encontró tal interés en los eventos actuales que comenzó a usar su propio proceso de pensamiento para navegar en su búsqueda. En poco tiempo, encontró un solo archivo que todavía estaba en los servidores de Enigma.
- 'La verdad del fin'... ¿Eh? ¿Qué es esto…?
"Mai Toyama, si continúas buscando la verdad, es posible que no puedas volver atrás..." Seguro que lo estaba imaginando, pero... sentía como si el propio Arata Mizunashi le estuviera hablando. Negándose a dejar que su avivada curiosidad se adormezca, Mai hizo clic en el archivo.
