Hola, lectores.
Disculpen la demora, se está acabando el semestre y, por eso, todo se está volviendo un desastre.
Pero bueno, no hablemos de mí, sino del fic.
Espero que les guste.
DISCLAIMER: Danny Phantom NO me pertenece, sino a Butch Hartman.
ADVERTENCIA: Gore, y comportamiento perturbador.
Capítulo 23:
La muerte
La gótica abrió los ojos, notando que se había quedado dormida. Su cabeza descansaba en el hombro de Dan, quien estaba leyendo un libro. Cuando él la sintió moverse, le habló, sin desviar sus ojos de su lectura.
—Estuviste dormida unos veinte minutos.
Ella ni siquiera le había preguntado, pero asintió. Se removió un poco, sin separarse.
—¿Qué lees?
—Saqué un libro de tu casa —pausó, para mover el libro para que ella pudiese ver de reojo la portada: Las flores del mal—. Creo que ya entiendo tu gusto por escribir poesía.
—Solo es un pasatiempo —se encogió de hombros, y lo miró—… ¿Qué hay de ti? ¿Te gusta?
—La literatura nunca llamó mi interés hasta que cumplí veinte, fue coincidencia encontrar un libro de Conrad en la librería de Masters. Después comencé a leer un poco de Rilke, después Poe, Dickinson —se encogió de hombros—… en fin, como tú dices, es solo un pasatiempo. No es como si tuviera tiempo para dedicarme a algo —sonrió con cierto morbo.
Sam frunció el ceño, pero no dijo nada. Se acomodó para apoyar mejor su mejilla contra su hombro, para luego envolver su brazo con los suyos. Él la miró.
—¿Qué?
—… ¿Estás seguro que cuando seas fantasma…? ¿No nos recordarás?
Dan cerró cuidadosamente el libro, y apoyó su espalda en el tronco del árbol donde estaban reposando.
—Es probable —negó con la cabeza—, mientras no tenga una obsesión, solo seré un espíritu sin mente y memoria, sin propósito. Solo serviré para causar caos —se movió un poco, y Sam entendió que tuvo que apartarse para dejarlo. La miró directamente a los ojos, y Sam temió la fría determinación en sus ojos azules—. Eres consciente que tendrás que defenderte de mí cuando llegue ese momento, ¿no?
Ella hizo una mueca.
—Sam.
—… No querría hacerte daño —entrecerró los ojos—, pero es estúpido arriesgar mi vida por eso, sé que incluso tú te decepcionarías —bromeó al final.
Él sonrió, pero Sam sabía que esa sonrisa no llegaba a sus ojos.
Esos ojos que siempre se veían tan vacíos, pero lograban brillar un poco cuando compartían momentos como estos.
Después, se tornó serio.
—Sin importar que pase, debes protegerte, incluso de mí.
Sam había visto pelear a Dan de las dos formas: humana y fantasma. En su forma humana, era mucho más discreto, era obvio que era fuerte, pero siempre evitaba pelear si era necesario, y se apoyaba de las armas Fenton, nunca a su fuerza bruta. En cuanto a su lado fantasma, podía ser un poco más libre para pelear, pero siempre estuvo consciente de sus alrededores. Ella estando cerca, u otro ser humano, él hacía lo posible para evitar lastimarlos. Él le había dicho que le ahorraba problemas, pero en el fondo, Sam sabía que le importaba.
Pero el espectro que estaba a un metro de ellos no era Dan, o al menos, no completamente.
Sam estaba de rodillas, exhausta de sostener sus propias piernas.
Tucker estaba inconsciente y Jazz no podía levantarse. Maddie sujetaba su estómago, respirando fuerte, la gótica había oído el sonido de sus costillas romperse cuando Dan la había atacado. Sus ojos violetas miraron al monstruo en frente de ella.
Había sido capaz de lastimarlos; a ellos. Porque él sabía que ellos llevaban la desventaja; no estaba segura si él estaba consciente que ellos se preocupaban por él y por eso querían evitar pelear, o simplemente los veía como seres inferiores.
Contuvo el aliento cuando Dan caminó lentamente hacia ella. Ella sostuvo su mirada hasta el final, y alzó su muñequera para disparar, y lo hizo.
Él apartó el ataque con facilidad, y sonrió con malicia al acortar la distancia.
Ella siguió disparando.
Uno…
Disparó.
Dos…
Disparó.
Tres…
La agarró rudamente de la muñeca para apartar la fastidiosa arma y ella ahogó un grito de dolor al sentir sus huesos crujir a modo de protesta. Su fuerza logró romper el arma con facilidad, y Sam temía que su muñeca sería la próxima en romperse. Se retorció de dolor y trató de liberarse, sin éxito, de su agarre. Era imposible.
Los latidos de su corazón palpitaban contra sus oídos, contra el pulso de su cuello, contra su piel perlada de sudor frío, del terror, del cansancio.
—¡Hazlo ya! —le exclamó finalmente, mirándolo directamente a los ojos.
El fantasma frunció el ceño.
Los ojos violetas miraban fieramente al espectro, harta. Esperaba su muerte, sin ninguna queja, dispuesta.
Su agarre se suavizó.
—¡Sam!
Valerie disparó hacia el fantasma, logrando separar a Dan de Sam, quien cayó de bruces al suelo. La gótica agrandó los ojos al notar que su amiga no venía sola, atrás de ella, llegaron todos sus antiguos compañeros, armados. Apuntaron a Dan, quien ni siquiera se había inmutado de la cantidad de personas que le estaban apuntando. Sam miró alternativamente a los demás, y a Dan. Maddie había alzado la vista, y estuvo a punto de interferir, para evitar que lo lastimaran, pero la gótica la calló.
—No —le interrumpió—. Esto es lo que Dan quiso.
—¿Qué? —exclamó—. ¡¿Pero qué dices…?!
—Váyanse —ordenó Valerie, sin dejar de apuntar—. Nosotros nos haremos cargo.
—¡Pero…!
—¡Muévanse!
Sam arrastró a Tucker mientras Maddie trataba de levantarse con ayuda de Jazz. Se subieron a la camioneta mientras veían a Dan finalmente sonreír ante la gran cantidad de personas que estaban enfrentándose a él.
Vlad miraba fijamente el cuerpo inconsciente de su hijo. Las heridas se veían graves, pero desgraciadamente, él ya no le tenía ningún uso en particular. Suspiró con tristeza, porque de verdad lamentaba que la relación con Daniel se hubiese derrumbado de esta forma. Siempre quiso una vida feliz al lado de Maddie y con él, pero Dan había escogido a Jack.
Como Maddie lo había hecho.
Nunca entendió su amor y dedicación por ellos, la razón por la cual lo crio, su propósito.
Incluso, había sido capaz de quererlo como su propio hijo.
Delineó con cuidado las facciones de su hijo, tan parecido a Maddie.
Tan bello como ella.
—Te he amado con todo mi corazón, Daniel —susurró al inclinarse a su rostro. Su respiración era débil, casi inexistente—. Y pronto desaparecerás y te alejarás de mí —entrecerró los ojos—, pero tú decidiste eso por tu cuenta. Todo lo que te ha ocurrido —miró fijamente su rostro— fue tu culpa. Nunca supiste ver las formas a mi manera… nunca quisiste aceptar que matar a Freakshow era lo correcto, que lo merecía… y por eso, debías comprender que la maldad y la traición deben ser pagadas con sangre —siseó entre dientes—, como la traición de Jack… pero fuiste incapaz… de siquiera cumplirme ese deseo —pausó—… qué lástima.
Finalmente, besó su frente en un gesto paternal, y se alejó. Antes de irse, una satisfactoria sonrisa se formó en su rostro.
—Al menos —tomó en sus manos el anillo de furia, que había encontrado entre las prendas de su hijo—, me serviste de algo.
Frunció el ceño cuando sintió una presencia acercarse, se hizo intangible y esperó.
Miró con cierto interés e intriga a cuatro individuos entrar a la casa de forma casi desesperada. Se preocupó un poco al ver a Maddie lastimada, pero se tensó al oír lo siguiente.
—¡¿Qué pasa si le hacen daño?!
—Dan es fuerte —murmuró de vuelta la gótica—… estoy más preocupada por los demás.
—Pero —Maddie no pudo continuar y soltó un gemido de dolor.
—¿Estás bien, mamá? —preguntó Jazz.
—Estoy… bien —se trató de levantar—. Necesito ver a tu padre.
Vlad suprimió el gesto de repulsión ante sus palabras.
—Está bien, yo te llevaré.
Jazz ayudó a su madre a ponerse de pie. Vlad lo vio como una señal para marcharse, pero se vio sorprendido cuando, repentinamente, una figura negra y verdosa interrumpió su acción y se abalanzó sobre él aún siendo invisible. Ante la distracción, no pudo evitar que su cuerpo ectoplásmico se volviera tangible, llamando la atención de los presentes. Jazz soltó un jadeo de sorpresa, mientras Maddie se quedaba completamente muda.
Wulf, quien había olfateado una presencia peligrosa en el hogar de los Fenton, esperó hasta encontrarlo con la guardia baja para abalanzarse hacia él. Lo apresó con su peso y sus muñecas, con sus garras. Le gruñó amenazadoramente, mostrándole sus filosos dientes.
Sam fue la primera en reaccionar, y se acercó para arrodillarse al lado de su figura. Vlad la miró de reojo.
—¿Qué haces aquí? —la voz de la gótica era apática, casi hostil—. Si no mal recuerdo, tú eres la causa de que Dan esté así.
—No tienes derecho a juzgarme, Samantha —le respondió entre dientes, aún tratando de liberarse del agarre del lobo—. Daniel ha sido lo más importante para mí todos estos años.
—Pues no lo parece —le respondió rápidamente, entrecerrando los ojos—. Si hubieses cuidado de él, Dan sería una persona completamente diferente.
—¡Nadie lo entiende! —exclamó—. ¡Nadie…! ¡Nadie entiende mi objetivo para Daniel! ¡Tenía un futuro maravilloso a mi lado! ¡Conmigo, su padre…! ¡Y su ma…!
Wulf se apartó rápidamente cuando presintió una figura acercarse desde su izquierda. Al hacerlo, un bate se estrechó directamente en el rostro de Plasmius, quien ahogó el dolor en un simple y corto jadeo de sorpresa. El ectoplasma rellenó sus globos oculares, como su fuesen lágrimas, y se desbordaron por sus costados, sintiendo también la viscosidad salir de sus orificios nasales. Movió, como pudo, su cabeza y miró a Maddie sosteniendo el bate con la marca de los Fenton en él. Respiraba fuerte, mirando con todo el odio y desprecio a este ser que, no solo le había robado a su hijo, sino que también le había hecho daño de la peor manera posible.
Quien había ensuciado su cuerpo cruelmente, y el que se robó a su niño… Eran la misma persona.
Sam tragó saliva al ver la expresión tan aterradora de Maddie; casi era ver la expresión llena de ira de Dan antes de la explosión del portal. Esa cólera caliente e imperdonable, dispuesta a arrasar con todo, era esa misma emoción habitando en los ojos de Madeline. Trató de moverse, pero una mano la detuvo. Se giró y, vio con sorpresa, los cansados ojos de Tucker mirándola. Negó con la cabeza, como si le dijese que no interviniera.
De alguna forma, el moreno sabía lo que se venía.
—Tú no eres el padre de mi hijo.
Sam y Jazz se paralizaron al oír esas palabras. Tucker cerró los ojos, derrotado.
—No eres más que un bastardo desquiciado que se robó a mi hijo… A mi niño… ¡Mío! —le gritó mientras alzaba una vez más el arma y batió con fuerza, esta vez, contra su pecho.
El ectoplasma salpicó hasta las botas negras de Sam, pero ella ni siquiera lo había notado.
—¡Daniel es mi hijo! ¡Mío y de Jack! ¡Y de nadie más! —lo golpeó nuevamente, respirando fuerte—. ¡¿Cómo te atreves a decir eso sin un rastro de remordimiento?! ¡Ni de vergüenza!
Vlad se atragantó con su propio ectoplasma y tuvo que escupirlo, pasando su mano enguantada por el rostro, tratando de limpiarse. Apenas abrió los ojos para hablar, vio los ojos morados de Maddie. Lo miraban sin piedad.
Como los ojos de Daniel…
—Jasmine, tráeme el cinturón de tu padre.
La pelirroja, que estuvo en shock mirando la escena, petrificada al pie de las escaleras, pegó un respingo al oír la orden de su madre. Sin decir nada, obedeció. Pasaron unos segundos que se hicieron eternos. La mano de Tucker sostenía fuertemente la muñeca de Sam, pero ella no se iba a mover.
¿Dan no era hijo de Vlad?
Hay ciertas cosas que necesito saber
Hay algo extraño en todo esto
La voz de Dan resonaba en su mente, y no quería llenar las lagunas de su mente con lo que presentía.
Mi padre siempre escondió la existencia de Jazz
Todo lo que me ha dicho mi padre no concuerda con lo que he recopilado con Jazz
Tragó saliva cuando vio a Jazz volver y, con las manos temblorosas, le entregó el cinturón metálico contra los fantasmas. Maddie miró el objeto unos segundos, hasta que se agachó para ponérselo al fantasma que yacía en el suelo.
Wulf no pudo evitar retroceder, conteniendo un gemido de miedo. Ya tenía una idea de lo que ese cinturón iba a hacer, y le recordaba horriblemente el collar que lo obligaron a usar durante su tiempo en prisión.
Apenas terminó de colocárselo, la reacción fue inmediata.
Vlad se retorció en el suelo, aullando en agonía, se removió y arqueó como pudo, hasta que no pudo soportar más el dolor, y se convirtió en humano. Abrió con esfuerzo sus ojos azules, y Maddie seguía mirándolo con la misma expresión.
—Imaginé que si le colocabas esto a un fantasma, sería doloroso —susurró—. ¿Estás sufriendo?
—Maddie —susurró—… mi amada, Maddie…
Maddie lo agarró rudamente del cabello y lo obligó a mirarla.
—¿Lo estás? —siseó entre dientes.
Incluso si estuviese desmembrándolo con sus propias manos, nada repararía el mal que le había hecho.
A ella, a Daniel… a Jack.
—Maddie… Te amo, Maddie… podremos… ser felices… sin Daniel… Daniel… Daniel me ha… traicionado…
Alzó una vez más el bate, dispuesta a acabar con él de una vez por todas.
—¡Mamá, no! —suplicó Jazz.
Pero no fue esa la razón por la cual la mujer se detuvo, sino que había sido un lamento fantasmagórico que terminó desbalanceando su puntería, y todos se miraron entre ellos.
Cayeron arrodillados al suelo, cubriéndose los oídos, sintiendo la sinfonía penetrar sus cráneos. La sangre brotó de la nariz y oídos de todos, excepto de Wulf, quien estaba encogido, casi sollozando. La presión de este deploro era diferente, las ondas eran más violentas, fuertes. Parecían dispuestas a destruir todo a su paso.
Sam ahogó un grito de dolor, y terminó por vomitar en el suelo. Se abrazó la cabeza, suplicando que el ruido se detuviera, pero era imposible. Trató de mirar a su alrededor, y no veía a nadie despierto. Tucker estaba boca abajo tirado en el suelo, un charco de sangre bajo su rostro. Los ojos de Jazz miraban un punto muerto, con la boca abierta, respirando desesperadamente. Todos los orificios de su rostro chorreaban del líquido carmesí. A Maddie no podía verla bien gracias al cuerpo de Vlad, pero Sam ya tenía una idea de cuál era la situación.
Cerró los ojos, conteniendo el llanto.
¿Iban a morir aquí?
Sus brazos temblaban, y trató de levantarse, pero se paralizó al ver el fantasma que estaba contemplando su patético estado en silencio. Tragó saliva al ver sus manos enguantadas y parte de su traje y rostros manchados de sangre. Sam temió lo peor respecto al destino de Valerie y sus antiguos compañeros. Se dejó caer nuevamente y sollozó contra el líquido carmín que había vomitado. No tenía la fuerza mental, ni mucho menos física, para enfrentar a Dan, ni mucho menos para intentar hacerlo reaccionar.
Quizás, era demasiado tarde.
Todo había sido en vano.
—No has perecido.
Abrió los ojos y parpadeó. Con cuidado, volvió a alzar la mirada. Los ojos fríos e inhumanos de Dan persistían, las escleróticas oscuras hacían resaltar los irises bermellones. Pero no lo había soñado, de verdad había formado una oración coherente. Creía que los fantasmas sin obsesiones no tenían control sobre su mente, solo eran bestias angustiadas.
Entonces, ¿cómo fue capaz de hablar? ¿Por qué le dijo eso?
—… ¿Qué quieres decir?
—No estás muerta.
Sam trató de levantarse, pero el ardor en sus ojos, nariz, garganta y oídos se lo impidió.
—… No lo estoy —le confirmó entre jadeos.
—¿Por qué?
A pesar de la agonía en su cuerpo, Sam logró levantarse un poco y se sentó para mirar mejor su expresión.
—¿Por qué me preguntas eso?
Él endureció su mirada, y la gótica temió que había hablado de más, pero luego recordó algo extraño que había ocurrido horas atrás.
Cuando quiso controlar la ira de Dan, ella había frenado sus manos. No supo por qué, pero hubo desconcierto en la mirada opaca de Masters en ese momento; como si hubiese sido la primera vez en notar su presencia, casi sin creérselo. Después, recordó la horrible información de Clockwork: Dan siendo testigo de la muerte de Jack Fenton y la suya. Todo eso había logrado nublar sus sentidos, pero, ahora se estaba encontrando con ella…
Viva.
El espectro siguió cuidadosamente sus movimientos. La vio levantarse con las piernas temblorosas, había una expresión que no podía descifrar en sus ojos.
Esos ojos violetas tan familiares.
—Dan.
Él entrecerró los ojos. Los ojos de la humana derramaron lágrimas.
—Soy real —le susurró, tratando de acercarse. Él le gruñó a modo se advertencia y retrocedió. Levantó su mano y se la extendió para que él la tomara—. Tócame. Soy real, Dan. Y estoy viva —le insistió.
Phantom miró la pequeña mano, pálida y lastimada que esta niña le estaba ofreciendo. No sabía por qué, pero presentía un gran peligro si aceptaba su gesto. En primer lugar, ella no pertenecía a este lugar. No debería estar viva. Pero, nuevamente, ¿por qué no debería estarlo? ¿Qué pruebas tenía? ¿Por qué no podía crear imágenes coherentes en su mente?
Sam
El nombre sonó en su interior, en su núcleo, y se estremeció cuando pudo oírlo. A unos metros de él, estaba seguro.
Abruptamente, se apartó de la joven y voló escaleras arriba, ignorando sus gritos y llamados. Podía oírlo palpitar junto a su núcleo. Cuando alcanzó el lugar donde provenía su malestar, entrecerró los ojos.
Había un cuerpo descansando en una cama.
Su cuerpo humano.
¿Por qué seguía vivo? Nada tenía sentido. Esto no debería estar pasando. Ni siquiera debería estar en ese lugar. Si tan solo Plasmius no hubiese…
Plasmius.
Masters.
Daniel Masters.
No.
Daniel Fenton.
Daniel Phantom.
¿Quién era realmente?
¿Qué era?
Una burbujeante ira nació en su interior. Quería que se detuviera; preguntarse cosas de su vida pasada no valían la pena, no cambiaría nada. Lo había perdido todo, no tenía sentido recordar, ni mucho menos regresar al mundo terrenal.
Cargo toda su energía en su mano derecha, dispuesto a acabar con su cuerpo mortal.
Cuando estuvo a punto de liberarla, sintió algo presionarse contra su nuca.
—Aléjate de mi hijo.
Esperaba una voz de la cual ya estaba acostumbrado, o al menos, lo estuvo en su vida pasada. Pensó que intervendría una voz fría, calculadora, para luego voltearse y encontrarse con unos ojos oscuros, tormentosos e imperdonables. Sin embargo, no fue así. Fue una voz determinada, pero exhausta, cargada de cansancio, pero aún dispuesto a pelear. Y cuando se movió para mirarlo, sí, se encontró con unos ojos azules oscuros, pero estos eran todo lo contrario.
Eran ojos humanos, empáticos, llenos de amor.
Amor por su hijo.
Jack Fenton estaba a punto de caer de bruces al suelo, pero estaba dispuesto a dar pelea contra este fantasma que parecía querer quitarle la vida a Dan. Si quería asesinarlo, tendría que luchar con él primero.
Tantos años…
Tantos años buscando a su hijo, con la esperanza de no solo tenerlo en sus brazos, sino para que también Maddie recuperara su sonrisa y ese resplandor en sus ojos que lo habían embaucado.
Nuestro niño está vivo, Jack…
… tú me dijiste… que Dan se parecía mucho a mí,
Pero en realidad, se parece tanto a ti.
Aún cuando no supo la verdad, él nunca fue capaz de odiarte,
de vengarse de ti… a pesar de todas las mentiras que Vlad le había dicho…
… él te quiere.
Tenía muchas preguntas.
Y su corazón le decía que no las obtendría pronto, considerando el estado de Dan y el estado mental de su esposa. Pero si Maddie estaba segura que Daniel era el hijo que perdieron por culpa de ese fantasma, y que, de alguna forma, Vlad estaba involucrado en todo esto. Pero eso no era importante.
Ahora, lo más importante, era proteger a su hijo.
Proteger a Danny, persistió su mente.
Aunque, por alguna razón, se preguntaba por qué la amiga gótica de su hija, Samantha Manson, estaba agarrándolo desesperadamente de su brazo libre para impedirle lastimar al fantasma.
—Eres realmente un miserable.
Clockwork miró con interés a Pandora, quien le sonreía.
—¿Tienes alguna razón en particular?
—Estás permitiendo todo esto para que el núcleo de ese niño crezca desmesuradamente.
El amo del tiempo se encogió de hombros. No tenía que regresar a su torre para saber lo que estaba ocurriendo. Miles de personas estaban muriendo, pero solo era cuestión de tiempo para mejorar las cosas. Había que ser pacientes.
—¿Estás seguro que esto es una buena idea? —preguntó Frostbite—. Creo que estás abusando de su alma.
—Todos sabemos que las almas con grandes cicatrices tienen un gran potencial para un gran poder —miró a los presentes, que lo miraban de vuelta—. Nosotros somos el mejor ejemplo, ¿no?
Undergrowth soltó un bufido despectivo.
—Creo que es casi la hora —se levantó—. Andando.
Los demás asintieron y Frostbite se acercó, mostrando un viejo mapa; aquel que los llevaría inmediatamente al lugar que deseaban. Concentraron su energía y deseos en él, y fueron arrastrados rápidamente por el curioso artilugio. En cuestión de segundos, lograron llegar a FentonWorks. Un portal temporal se abrió en el preciso lugar de la sección construida por los Fenton, y Undergrowth y Pandora acomodaron su tamaño corporal para no fastidiarse en un espacio tan pequeño.
—Nocturne, prepárate.
—Por supuesto.
Clockwork y Undergrowth se movieron por el hogar hasta alcanzar el lado fantasma de Daniel acompañado de Jack Fenton y Samantha Manson. Para precaver desastres, el fantasma de la maleza decidió extraer las raíces de sus plantas para atrapar no solo al fantasma, sino que también a los dos humanos que estaban interfiriendo.
Sam soltó un pequeño grito de sorpresa cuando, repentinamente, los tres se vieron envueltos de gruesas raíces verdosas, pero también brillantes. Parecían despedir energía espectral.
—Disculpen la descortesía —la gótica alzó la vista al reconocer esa voz que había sonado y, finalmente, hacerse visible ante ellos.
—¡Clockwork! —exclamó con frustración—. ¡No cumpliste tu parte del trato!
—Lamento el repentino cambio de planes, pero era mejor para ustedes que permanecieran aquí, y también era la mejor opción para él —dijo señalando a Jack Fenton, quien frunció el ceño. El fantasma se convirtió en anciano y le hizo un gesto vago a su aspecto. Jack miró su estado y atuendo, sin comprender a qué se refería, hasta que notó tener puesto un collar muy extraño.
—¿Le pusiste un amuleto? ¿Y no se lo quitaste?
—Gracias a eso, sabe la verdad —sonrió al convertirse en niño—, ¿no es así, Jack Fenton?
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Yo lo sé todo —un gruñido a su derecha llamó su atención y el lado fantasma de Dan se encontraba arrodillado en el suelo, tratando de deshacerse de las raíces con su fuego fantasmal, pero era en vano al haber tantas reteniéndolo—. Por lo que veo, tu núcleo ha madurado, Daniel.
El espectro gruñó como un animal enjaulado, detestando ser apresado de esta forma.
—Tendrás que venir con nosotros, es importante.
—¿Qué quieres decir? —intervino Sam.
—Digo que su núcleo está listo, puede regresar a su cuerpo mortal.
—¿Qué? Pero… ¡Pero él aún no nos reconoce!
—No te preocupes por eso, Sam —le sonrió para calmarla—. Lo someteremos al mismo hechizo que le hicimos a Pariah Dark siglos atrás. Por favor, síganme.
Las raíces hicieron intangibles a los tres y fueron arrastrados con fuerza al laboratorio subterráneo. Jack estaba mudo al encontrarse con variados fantasmas invadiendo su territorio, pero Sam no parecía verse preocupada por ellos, sino por el fantasma apresado a su lado. No le gustaba que también se llamara Daniel, no quería unir las piezas de este rompecabezas. Honestamente, le aterraba un poco lo que estuvo ocurriendo todo este tiempo, y él nunca lo supo.
—Hacer dormir a un fantasma es una de las tareas más difíciles —explicó Clockwork—. Detienes su núcleo, suspendes su alma, y su mente se queda con los recuerdos que rodean alrededor de su obsesión fantasma. Daniel debe recoger todos esos fragmentos para estabilizar su lado fantasma, su núcleo ya se ha fortalecido, y ha crecido de la forma que esperaba. Pero falta que su alma y su núcleo estén en armonía.
Sam asintió, y se sintió un poco aliviada de que pronto tendrían a Dan de vuelta. Sin embargo, aún estaba preocupada de cómo harían que volviese a ser parte fantasma. ¿Se volvería a desestabilizar de nuevo? No sabía si regresar su lado fantasma a su cuerpo humano era buena idea. Vio a Dan ser apresado por el fantasma que ahora sabía de quién se trataba, era una especie de planta fantasma. Amarró sus brazos y piernas mientras el espectro que parecía ser de hielo, y tuvo razón cuando manipuló la humedad del aire para solidificarla y apresar con más fuerza las muñecas y tobillos de Dan.
—¿Qué está pasando? —se distrajo al oír la voz de Jack. Se veía derrotado, una actitud muy inusual en su persona—… Me entero que Danny es mi hijo, el niño que estuve buscando tantos años… y ahora, esto… no lo comprendo.
Al notar que las raíces decidían afianzarse más en Dan que en ellos, Sam las removió de su cuerpo para acercarse a Jack.
—Señor Fenton… créame, yo… tampoco comprendo del todo —admitió.
Jack miró a la joven unos segundos, y suspiró.
—Tengo miedo de saber por qué Vlad está involucrado en todo esto —susurró, y Sam se tensó. Ella tampoco lo sabía, por lo menos, no del todo—. No sé si Maddie llegue a decirme todo… pero, ¿tú puedes decirme cómo es que Danny sea un fantasma?
Sam miró de reojo cómo Clockwork le instruía al único fantasma hembra del grupo, la había llamado "Pandora", que se acercara. Tanto el amo del tiempo, como ella y el fantasma que parecía estar hecho de partículas del cielo, concentraron su energía en Dan, quien no parecía estar disfrutando la situación. Se retorció, conteniendo un gruñido, resistiéndose.
—… Sé que pudo haber muerto — le dijo. Prefería no darle muchos detalles al señor Fenton, pensaba que no era lo correcto que ella fuese quien le contase—, y sus poderes nacieron por esa experiencia —sabía que Vladimir se merecía la ira de Jack Fenton, pero no era el momento ni el lugar para iniciar su venganza.
Ni siquiera estaba segura que Vlad estuviese vivo después de todo lo que le había hecho Madeline.
—¿Por qué es necesario que vuelva a ser un fantasma? E-Es decir… ¡Danny está vivo! —protestó débilmente.
—Su lado fantasma contiene su alma —decidió intervenir Clockwork al ver que Dan estaba cediendo poco a poco, y sus ojos se iban cerrando—. Sin su alma, él nunca podrá despertar.
—Pero su cuerpo y su lado fantasma…
Jack frunció el ceño ante la débil protesta de Sam. Clockwork miró alternativamente a ambos, después, sonrió, ignorándolos para inclinar su báculo en el rostro de Dan, quien ya estaba inconsciente.
Los fantasmas no debían dormir. Era un privilegio que se les arrebataba al morir, pero no era imposible. Pariah Dark estaba a punto de destruir la zona fantasma con su tiranía, así que habían decidido encerrarlo. Pero el hechizo no era perfecto. El que un fantasma durmiera, implicaba que su núcleo se fortaleciera al soñar con los fragmentos que conformaban su obsesión. Estaba seguro que el rey fantasma debía encontrarse más formidable que nunca, y aunque siempre evitaba batallas directas, si alguien decidía intervenir, cabía la posibilidad que él destruyese sus núcleos. Con Daniel no era diferente. El chico dormiría para armonizar el núcleo con su alma, y después… todo quedaría en manos del trato que había hecho con Dan antes de revelarle la verdad.
Ensanchó su sonrisa al escuchar de lo que estaban conversando los humanos a sus espaldas.
.
.
.
Nunca había pensado que levantar sus párpados fuese una tarea tan difícil. La luz le hacía daño, y apenas tenía fuerzas para levantar sus brazos. Débilmente, estiró sus brazos hacia la luz, pero no podía alcanzarla. Aún con la vista borrosa, notó que sus manos eran pequeñas, demasiado pequeñas. Había algo extraño en los orificios de su nariz, pero irónicamente, le era más sencillo respirar.
Cerró los ojos de nuevo.
No supo cuánto tiempo pasó, pero repentinamente, no sintió nada, como si todas las sensaciones que lo estaban abrumando antes habían desaparecido, pero también extrañaba el calor. Cuando recuperó la sensibilidad, no podía respirar. Soltó un jadeo, pero el llanto quedó atorado en su garganta, ni siquiera tenía las energías para pedir ayuda. Dolía mucho, y tenía miedo. Tenía frío, y quería el calor de vuelta.
Abrió los ojos nuevamente y contempló un rostro pequeño. Tenía un color enfermizo, casi azulado por haberse asfixiado. Sus pequeños labios morados estaban entreabiertos, y sus ojos también.
Ojos azules.
Parpadeó, y todo regresó. El frío, que ya no era tan desagradable, el aire, que parecía entrar en su cuerpo con mayor facilidad, y algo extraño lo hizo estremecerse.
—Ya verás, Daniel… te salvaré… hijo mío.
¡MENTIRA!
Si hubo algún momento en que cerró los ojos, no lo había notado. Los abrió abruptamente y respiró fuerte. Su piel dolía, estremecida de dolor, y su corazón latía con fuerza contra su pecho. Alzó la vista con cuidado, y se encontró con unos fríos ojos azules.
Vladimir le sonreía al niño de no más de seis años que estaba restringido de muñecas y tobillos en su camilla experimental.
No sabía si pensar que estaba feliz porque había regresado a la vida, o gozaba verlo sufrir.
Una burbujeante ira se apoderó de su pecho, sus manos picaban de deseo en tomar algo y…
Abrió los ojos.
Se encontró con la aterrada expresión de Freakshow, y estrelló el cristal afilado de su bastón con fuerza contra su rostro. El hombre aulló de dolor, y la sangre salió de su nariz, pero Daniel no se detuvo. Alzó nuevamente el bastón y, esta vez, golpeó con fuerza su cabeza. Escuchó con satisfacción el cráneo trisarse, pero el maldito bastardo seguía vivo. Sollozaba desesperadamente que lo perdonase, pero él no escucharía razones.
No después de lo que quiso hacerle.
Enterró sin piedad el filo del cristal contra su abdomen, una y otra vez. La sangre salpicaba contra sus manos, su traje, su rostro, pero no era suficiente. Soltando un rugido de completa rabia, enterró el filo contra su cuello esta vez. La respiración de Freakshow se cortó abruptamente, y buscaba recuperarlo, retorciéndose con desesperación. Daniel solo empujó con más ganas el vidrio, pero no lo suficiente para matarlo. Su muerte debía ser lenta y dolorosa. Así debía ser. Mientras lo veía suplicarle con la mirada, ya que ya no podía hablar con toda la sangre atragantada, se inclinó contra tu rostro, examinando su expresión.
Usó su otra mano para enterrarla en los interiores de su abdomen. Él se retorció, y el joven entrecerró los ojos al sentir sus entrañas revolverse ante su contacto.
—Ríe.
Freakshow agrandó los ojos, como si no hubiese oído bien su orden.
Él le sonrió de vuelta.
—He dicho que te rías, "maestro" … de la misma forma que tú solías hacer conmigo, ¿recuerdas? No es difícil.
—Gghh…
—Ríete —estrujó con fuerza sus intestinos, y el hombre se arqueó en agonía.
Los sollozos y las lágrimas que corrían por su rostro no significaban nada para él, hizo un gesto de advertencia, y Freakshow no tuvo más opción que cumplir sus deseos.
O, al menos, intentó.
Lo que se suponía que debía ser una risa, era una cadena de jadeos huecos, secos de aire, pero había una enorme sonrisa en sus labios, justo como Daniel deseaba verlo. Apartó su mano de su estómago abierto y, sonriéndole de vuelta, acercó sus dedos a su ojo.
—No dejes de reírte —le instruyó.
Pero fue imposible cumplir esa demanda, no con sus dedos enterrándose en la cuenca para arrancar la esfera ocular sin miramientos. Freakshow aulló y lloró, harto de semejante humillación y dolor, y Daniel ya se había cansado de sus chillidos.
Terminó por destruir la unión entre su cabeza y su cuerpo, y todo se volvió silencioso.
Parpadeó, y ya no se vio torturando a ese hombre hasta la muerte.
Había crecido. Ya no era un adolescente.
Y estaba en su forma fantasma.
Allí, los vio caer.
Escuchaba a esos dos jóvenes gritar mientras caían al vacío. Una caída con tal distancia los mataría al instante.
Y el voló a toda velocidad para atraparlos.
Atrapó a un chiquillo moreno, a quien casi le salieron volando los anteojos, y a una jovencita de vestimentas oscuras. Ella fue la única que tuvo el valor de alzar la cabeza y mirarlo.
Sus ojos eran violetas.
Parpadeó y se vio solo en los corredores de la escuela. Necesitaba encontrar a alguien, así que emprendió su búsqueda. Corría por los pasillos, tratando de encontrarla. Bajó las escaleras y la escuchó gritar. Había un fantasma allí, le estaba haciendo daño, y, al parecer, sería permanente. Disparó con altivez al espectro, que chilló de dolor y la miró. Su muñeca…
Todo su antebrazo estaba abierto, como si hubiese pasado un corte limpio para romper el hilillo de venas que conservaban su sangre. El líquido brotaba como cascada en el suelo.
Si no detenía la sangre pronto, iba a morir.
Un horrible dolor atravesó su costado, pero parecía haber alterado por completo su centro; su núcleo.
Abrió los ojos.
Se retorcía de dolor contra el césped, y sentía la presencia de la cazadora que le había disparado con un arma mortal para él. Iba a morir, el ectoplasma quemaba contra sus huesos humanos, y su núcleo mordía con fuerza los latidos de su corazón.
Era el fin.
Sin embargo, al abrir los ojos nuevamente, se encontró con unos ojos violetas. Esa niña…
Esa niña había derramado lágrimas por él.
—No me digas… que no puedo hacer nada. Quiero ayudarte, incluso si tú no quieres.
Era un gesto noble, pero casi en vano.
Cerró los ojos con exasperación, pero los abrió de golpe cuando unas manos apresaron con fuerza su cuello. Fue estrellado con fuerza, y contempló en shock la ira en los ojos de su padre. Estaba diciendo algo, pero no podía entenderlo del todo.
—… ¡yo soy tu padre!... ¡Dame el respeto que merezco!... ¿Quién te salvó de la muerte cuando naciste?... ¡¿Quién estuvo contigo todos estos años, Daniel?!... ¡Eres mío!
Maldigo el día en que me devolviste a la vida, Plasmius
Caos.
Todo fue un caos.
Todo había dejado de tener sentido.
Muerte.
La muerte lo perseguía y rodeaba por todos lados, pero nunca se atrevía a llevárselo. En su lugar, se los llevaba a ellos. Miró sin poder moverse el cadáver de uno de sus alumnos, Kwan.
Después…
—¡JAAAAAAACK!
Tenía sentido.
Había formulado un lazo con ese hombre, quien resultó ser su padre, y lo había perdido. Ni siquiera el dolor fue pista suficiente para abrirle los ojos. Había sangre, por todos lados.
¿Dónde estaba la cabeza de…?
Su estómago se revolvió al abrir los ojos nuevamente. Estaba en su departamento, las sábanas estaban revueltas, las levantó con cuidado, y la vio.
La cabeza de Jack Fenton, su padre. De su boca, salió el anillo de furia.
Muerte.
Todo lo que lo rodeaba era la muerte.
A pesar de todo, no podía llevárselo.
Recordaba el cuerpo de esa muchacha de ojos violetas, destrozado. Su pecho abierto, sin vida, asesinada de la forma más injusta y horrible, al igual que su padre.
Muerte.
La muerte seguía allí. No se burlaba, solo estaba ahí, al alcance de su mano, por eso…
Sintió la explosión del portal contra su cuerpo, la forma en que su lado fantasma se desprendía violentamente de su lado humano, incapaz de tolerar la electricidad azotando con fuerza su carne y el ectoplasma. Por un momento, solo por unos minutos, había muerto, y todo había dejado de tener sentido.
Pero lo tenía.
Lo pensó muchas veces, había temido ser como Vladimir, teniendo una obsesión que terminaría por destruirlo. Tal vez, por eso había sido reacio a formar lazos con las personas, ignorando lo que le había hecho Freakshow. Nunca le había gustado relacionarse con las personas, y cuando llegó el momento en que había comenzado a disfrutar la compañía de los Fenton, de sus alumnos, de Tucker, de Sam…
El que tuviese una obsesión como esa, lo habría vuelto como Masters. Pero no.
Esa no era su obsesión.
Muerte.
Su obsesión era la muerte.
.
.
.
Jack Fenton miraba con determinación su invención: el Fenton Ghost Catcher. Tenía forma de un atrapa sueños gigante. Lo había diseñado años atrás para atrapar fantasmas, pero había descubierto que su función era más particular. Miró con cierta desconfianza a los fantasmas que lo miraban fijamente. Había miradas más amables que otras, pero él seguía sin bajar la guardia. Clockwork lo miraba pacientemente, sabiendo lo que iba a hacer.
—… Esto, no le hará daño, ¿verdad?
—Jack, tú sabes cómo funcionan tus propios inventos, ¿no? —el amo del tiempo le sonrió—. Confía en tus habilidades.
Sam, por su parte, miraba alternativamente a Jack, luego el lado fantasma de Dan, durmiendo tranquilamente. Y finalmente, fijo sus ojos en el lado humano de Dan, que reposaba en la camilla de experimentos de los Fenton. Undergrowth lo había movido bajos las órdenes de Frostbite. Este último había sido amable con la gótica, y le había asegurado con una sonrisa que no iban a causar daño alguno. Ella esperaba que fuese cierto, temía tener que usar el equipo que había traído del hospital. No quería que Dan volviese a tener una recaída y dejase de respirar.
El señor Fenton suspiró e instaló con maestría el enorme invento. La red verdosa brillaba con fuerza, irradiando energía. De un lado, separaba equitativamente, mientras que, del otro, unía del mismo modo. Entrecerró los ojos y asintió, dándole la señal a Clockwork.
—Pandora.
Ella obedeció y levantó con cuidado tanto al fantasma inconsciente como su contenedor vacío. Frostbite caminó hasta situarse en el lado contrario de la red. Con cuidado, la fantasma integró el cuerpo y el alma en un solo movimiento. La red reaccionó de forma violenta, y sus hilos unieron, una vez más, la carne con el ectoplasma, hasta que solo un cuerpo salió del otro lado, siendo atrapado por el fantasma de hielo. Ambos cayeron sentados el suelo. Sam corrió rápidamente hacia ambos y se inclinó para tomar la muñeca de lo que parecía ser el lado humano de Dan. Levantó temblorosamente su muñeca, y su corazón dio un vuelco al sentir su pulso contra sus dedos. Jack se acercó lentamente, tragando saliva mientras lo veía removerse lentamente.
Tanto para Dan como para Sam, lo siguiente fue una clase de déjà vu. La gótica se sorprendió un poco cuando él abrió los ojos, y estos eran rojos. Cuando él notó su presencia, parpadeó, y sus irises habían vuelto a ser azules. Pudo sentir la pequeña mano de la joven contra su brazo, así que él le devolvió el gesto envolviendo su propia muñeca, sin que ella lo soltara.
El simple gesto fue suficiente para que Sam comprendiese que él finalmente la recordaba. Con su otro mano, trató de calmar los sollozos que habían comenzado a salir de sus labios.
Por su parte, Dan aún no comprendía qué había sucedido exactamente. Recordaba la explosión del portal, a Vlad, a Sam…
Resopló, casi con alivio al notar no solo la presencia de Sam, sino que también a Jack Fenton, mirándolo con una suave expresión. Él también se arrodilló a su lado y posó con cariño su mano en su hombro.
—Hey, Danny. Qué bueno que estés de vuelta.
No…
Not gonna die tonight.
Uff… al fin.
Para qué les voy a mentir, escribía fragmento tras fragmento de este capítulo, hasta que al fin pude terminarlo.
¡Dan está de vuelta! Pero debe estar al corriente de todo lo que ha ocurrido, y ahora que su cuerpo y alma (junto a su lado fantasma), están unidos nuevamene, es hora se asumir ciertas cosas: la verdad.
Pienso que les tiré muchas bombas con este capítulo, es decir, hubo un carácter muy explosivo por parte de los personajes, aunque era de esperarse. Además, ¡Jack sabe que Dan es su hijo! Si algunos no comprendieron, di ciertas sutilezas en el capítulo anterior. Maddie se había acercado a buscar consuelo en Jack, pensando que no la oiría con el tiempo detenido, pero Clockwork ya le había puesto el amuleto, y escuchó todas las palabras de Maddie. La otra pista fue que había descrito que Maddie, curiosamente, podía sentir los latidos de Jack, o sea, Jack estaba fuera de tiempo tanto como ellos.
Pero aún falta cumplir con algo: el trato de Clockwork.
Será hora de cerrar el trato de una vez por todas.
¡Contestemos los reviews!
TsukiminePrincess: Siempre he pensado que a Clockwork le gusta hablar de forma misteriosa y todo eso. Bueno, la razón por la cual decidió cambiar el trato con Sam y los demás, fue por Jack. Wulf tendrá su regreso épico, te lo aseguro. Jaja, Vlad tuvo algo de castigo con lo que le hizo Maddie, pero claro, nada reparará el daño que hizo, eso lo veremos pronto. ¡Gracias por leer!
Mauve42: Debo admitir que sentí gran satisfacción que rescataras el momento entre Jack y Maddie, era significativo por una razón. Maddie ya no pudo controlar su resentimiento, y desquitó todo lo que sufrió con Vlad. No sé si lo habrás notado ahorita, pero hice un paralelo con Dan y Maddie: él finalmente recordando cómo asesinó a Freakshow se asimila a cómo Maddie torturó a Vlad, por ese simple deseo de venganza. Es curioso, todos esos momentos de paz para Dan solo sirvieron para, si bien para abrir su corazón, también para lastimarlo. Y bueno, fueron factores como esos, las muertes de personas que estimaba, lo que lo llevaron a conocer su obsesión: la muerte. Más que egoísta, diría que Clockwork le gusta hacer las cosas a su manera, y aunque a veces sea lo correcto, también puede ser muy doloroso, como lo que hizo con Dan. Claramente, su intención fue hacer fuerte a Dan e instaurar su núcleo, pero, ¿a qué precio? Esto no cambia nada; no cambia el hecho que Dan ha sufrido mucho, y debe recoger los fragmentos de su mente para volver a reconstruir todo lo que creyó ser, en lo que realmente es, o quién es. Siempre quise creer que quienes encerraron a Pariah habían aparecido en la serie, pero eso nunca lo sabremos, así que creé la teoría que los fantasmas más capacitados fueron capaces de hacerlo (sé que no vimos mucho de Nocturne, pero pienso que fue un enemigo muy interesante, la forma en que usa sus poderes o manipula los sueños es muy llamativa). Aunque no se notase, la razón por al cual el fantasma de Dan resurgió en su propio departamento, fue porque ese mismo lugar fue donde casi perdió la cordura. Se había desestabilizado, Jack había muerto recientemente, y para colmo de males, había encontrado su cabeza en su propio hogar. Ese lugar pudo haber sido su punto de quiebre. Me encantan tus reviews, jaja, leerlos es un placer. Agradezco que hayas leído, ¡ya nos leeremos en un futuro!
denise-daze: I know, right? ¡Gracias por leer!
sasha3312: Sí, me dolió matar a Jack, pero al menos, está de vuelta. Ya veremos qué ocurre con Jack… y bueno, aquí tienes. ¡La obsesión de Dan es la muerte! Gracias a ti por darle una oportunidad a este fic, sus reviews llenan mi alma. ¡Gracias nuevamente por leer!
