Hola, lectores.
Bienvenidos a otro capítulo de Beyond DNA.
Muuuuuchas cosas ocurrieron el capítulo anterior, y, al parecer, muchas cosas están volviendo en orden, sin embargo, hay otras que se están destruyendo.
Clockwork debe cumplir su parte del trato.
Sam quiere tener fe.
Jack quiere respuestas.
Y Dan ha vuelto.
En fin, vayamos a lo legal para empezar.
DISCLAIMER: Danny Phantom NO me pertenece.
Capítulo 24:
Última oportunidad
Sam no podría explicarlo en voz alta, pero en el momento en que Dan decidió apartar su mano de ella sin delicadeza, supo que algo andaba mal. Jack, instintivamente, también se apartó con lentitud de él, temiendo recibir un trato similar. Ella no podía culparlo, se había enterado hacía muy poco que Dan era su hijo, y si Masters no se encontraba en condiciones de lidiar con ello, lo mejor era no presionarlo.
Dan entrecerró los ojos, entrelazando sus recuerdos lentamente; pareciera que había sido convertido en un animal primitivo, como si le hubiesen arrebatado sus pensamientos, para dejar solamente paso a las sensaciones: la ardiente ira, el burbujeante deseo de dejar un río de sangre a sus espaldas. La obsesión que lo carcomía, y nunca parecía ser suficiente.
Mas, ahora que podía recordar cada una de sus acciones, aún en su forma fantasma, sintió una horrible jaqueca taladrar sus sienes. El aliento rojizo escapó de sus fosas nasales y de su boca, y alzó la vista.
Además de Clockwork, había otros fantasmas que no reconoció. Todos lo miraban con suma atención. Giró un poco su cabeza, para notar otro más a sus espaldas, quien trataba de sonreírle amistosamente.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó el amo del tiempo.
—Extraño —carraspeó, e hizo una mueca al sentir su garganta tan seca—, pero también es una sensación familiar.
—Has vuelto a ser mitad fantasma —le explicó—, pero tus poderes han aumentado considerablemente, justo como esperaba —ante la mirada de hielo del joven, Clockwork supo que, tal vez, la cicatriz que había dejado en su mente y su alma no desaparecía jamás. Por primera vez en mucho tiempo, no supo si sentir remordimiento, o apartar el amargo sentimiento ante unos ojos que parecían estar tan muertos como los suyos—… Y no seguirás siendo mitad fantasma por mucho tiempo.
Sam se tensó, y Dan lo notó.
—Tu condición como halfa es temporal, dentro de poco, tu lado fantasma volverá a consumir tu lado humano.
Jack se mantuvo en silencio, tratando de procesar la noticia. No había estado muy seguro con la explicación anterior de la gótica, pero oírlo de este fantasma, lo hacía aún más aterrador. Tragó duramente saliva.
Daniel consideró sus palabras, pero no se veía sorprendido en lo más mínimo. Sin esperar, se puso de pie, y caminó escaleras arriba. Clockwork cerró los ojos unos segundos, meditando. Los demás fantasmas no se movieron ni comentaron respecto al comportamiento del ahora mitad fantasma. Jack seguía sin aceptar el destino de su hijo.
Y Sam, reaccionando, se puso torpemente de pie y fue tras él.
Lo encontró en la misma habitación donde había estado reposando. Estaba rasgando sin cuidado sus vendajes, y ella casi quiso detenerlo, de no ser porque pudo ver con claridad cómo las quemaduras sanaban rápidamente, casi desvaneciéndose de su piel. Casi, insistió su mente, pues pudo ver las heridas más graves cerrarse, pero dejarían una notoria cicatriz en su piel. Ahora que estaba a menos de un metro de él, capaz de comunicarse, Sam no sabía cómo empezar. En poco tiempo, muchas cosas habían ocurrido, que le había costado no sólo la cordura de Dan, sino que también la de Maddie, la de Vlad… y quizás cuántas más personas yacían muertas, y ella aún no lo sabía. Ni siquiera podía sentirse como la primera vez que conoció a Daniel Masters; si bien la primera vez, ambas defensas, las suyas y las de él, se encontraban altivas, desconfiadas e impenetrables, Sam sentía que, la persona que estaba allí, estaba a años de distancia de ella.
Dan terminó por colocarse su camisa maltratada, sin importarle mucho su apariencia, y terminó por voltearse. No supo que Sam lo había seguido, pero debió esperarlo.
Los ojos de Sam se llenaron de lágrimas al ver sus ojos.
Se preguntó si realmente Dan no había muerto, y el hombre ante ella no era más que una cruel ilusión.
La casi inexistente luz en ojos de Dan, que había iluminado sus ojos como un templado día tras conocerla, se había extinguido. Había algo frío y muerto en sus ojos. No pudo evitar retroceder ante la intensidad de sus irises, que eran más aterradores que los del mismísimo Vladimir Masters.
Cuando finalmente Sam no pudo soportar la conexión, apartó bruscamente sus ojos violetas de él. Dan no dijo nada, y terminó por salir de la habitación, pasando a su lado, como si nada. Consideró bajar las escaleras, pero lo consideró mejor. Abajo, se encontraban los cuerpos de su madre, su padre…
Tachó el sustantivo rápidamente de su mente.
Vladimir, Jasmine y Tucker estaban ahí.
Sabía que Masters estaba muerto, pero no quería averiguar si su madre, su hermana y Tucker también lo estaban. El lamento fantasmagórico que había lanzado antes de regresar a ser un halfa, había sido lo suficientemente potente para matarlos. Cuando había subido a la habitación, trató de no mirar la entrada de FentonWorks, así que lo mejor era no satisfacer lo poco y nada de curiosidad que nacía en su nuca. Se hizo intangible para bajar directamente al laboratorio. Jack había pegado un respingo al verlo aparecer tan de repente. Pero, a estas alturas, a Dan no podría importarle menos de ocultar su identidad. Miró directamente a Clockwork.
—¿Ahora qué?
—Es una buena pregunta —le contestó calmadamente—. Tú dime: ¿ahora qué harás? Teníamos un trato.
—No hace falta que lo cumplas —rechazó rápidamente su oferta—. Ya tienes lo que querías: mi núcleo está desarrollado — sus ojos se tornaron rojos—, y puedo seguir fortaleciéndolo mientras mantenga mi obsesión en mi alma.
—¿Pensé que no querías morir?
Una seca risa salió de sus labios, pero esa mueca parecida a una sonrisa no lograba alcanzar sus ojos.
—¿Tengo otra opción? Todos moriremos algún día —se encogió de hombros—, incluso si quisiera atrasar mi vida, el resultado sería el mismo. Es cuestión de tiempo —siseó con una cruel sonrisa.
Los acompañantes de Clockwork miraban la escena sin intervenir. Frostbite y Pandora no pudieron evitar tenerle lástima al muchacho que casi parecía haber perdido las ganas de vivir en el mundo de los vivos, y solo funcionaba como un engranaje de interés para Clockwork. A Undergrowth no podía importarle menos la condición del muchacho; por él, si tenía que perder la cabeza con tal de ayudarlos a deshacerse de Pariah Dark, le valía. Nocturne, por su parte, analizaba con interés la comunicación entre Clockwork y el halfa. Se preguntaba cómo funcionaría la mente de Daniel, especialmente en sus sueños, tras haber sufrido semejante trauma en tan poco tiempo, siendo capaz de abrir heridas mentales que creía haber cerrado, pero, bajo sus ojos, podía verlas desangrándose en la mirada vacía de Daniel.
—Espera, Danny.
Dan miró a Jack Fenton, quien se acercó a él rápidamente.
—No estarás hablando en serio, ¿verdad? ¡No puedes entregar tu vida así!
—Señor Fenton —Jack no pudo evitar sentir ser acuchillado ante la forma en que se había dirigido hacia él—, no sé qué tanto sabe de mi condición, pero no hay nada que pueda hacer para estabilizar mi cuerpo y vivir… como una persona normal —se encogió de hombros—. Es mejor aprovechar de luchar contra Pariah Dark ahora que soy de utilidad.
—… ¡¿Utilidad?! —exclamó casi molesto por esa palabra. Agarró con fuerza de los hombros a su hijo—. ¡No, Danny! ¡Así no funciona la vida! —lo sacudió con fuerza, pero Dan seguía mirándolo sin expresión alguna—. ¡La vida se disfruta, y tratas de vivirla como deseas! ¡Se trata de cumplir tus sueños y metas! ¡Él único que impide tus deseos eres tú mismo!
Jack sentía que el mundo se le venía encima. No había ninguna reacción en los ojos de su hijo, no había burla, pero tampoco empatía en su expresión. El llanto se desató rápidamente y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
—Te busqué por tantos años… y nunca pude encontrarte. Nunca pude hacer feliz a Maddie, ni pude recuperarme de haberte perdido —finalmente, vio un cambio en sus ojos. Había cierto rastro de sorpresa—… ¿cuánto has sufrido por nuestra culpa?
Con toda sinceridad, Dan no quería averiguar cómo se había enterado Jack Fenton de su identidad. Tampoco tenía las energías de digerir otra noticia que podría estropear, más de lo que ya estaba, su mente. El dolor en los ojos de su padre era genuino, agónico. No quería ver esa expresión en su rostro, lo perturbaba y, al mismo tiempo, le generaba cierta culpabilidad.
Estaba harto.
Aceptar el pasado de sus padres, el crimen que cometió Vladimir Masters contra su familia, la tragedia que se había desatado… todo había sido demasiado, pero lo había comprendido. Aunque esto no cambiaba el hecho de que no quería relacionarse más con las personas. Tener amigos fue un sueño del que ya había despertado; tener una familia que lo amara sin importar su condición era imposible; y tener a una mujer que lo amaba incondicionalmente… era algo que no merecía tener.
Clockwork había cumplido su cometido. Había logrado incrementar sus poderes, su núcleo logró aferrarse a una obsesión… pero, ¿a qué precio?
Amity Park estaba casi destruida por su causa. Ni siquiera había sido Pariah Dark. Todo había sido de él. En medio de la locura y el deseo de masacrar, había acabado con vidas inocentes que conocía. Podría recordarlo; los ojos resignados, llenos de resentimiento de Valerie Gray antes de que él terminara por quitarle su último aliento. Ella, entre muchos más de sus alumnos, habían muerto bajo su mano.
No merecía la amistad de Tucker Foley.
No merecía la aceptación de Jasmine Fenton.
No merecía el desesperado amor de Madeline y Jack Fenton.
No merecía amar a Samantha Manson, ni mucho menos el amor que ella profesaba por él.
Reaccionó al oír un jadeo de sorpresa de Jack, quien se apartó de él rápidamente, y comenzó a buscar entre los destrozos del laboratorio, con desesperación. Abrió algunos cajones, y los cerró rápidamente. Se agachó hasta notar un líquido brillante y viscoso derramándose en la esquina.
—No… ¡Maldición! —susurró mientras tocaba con sus manos enguantadas el liquido verdoso del suelo.
Se levantó temblorosamente, y miró a Clockwork.
—¿Qué es ese trato que tienes con Danny?
Dan frunció el ceño.
—A cambio de haber fortalecido sus poderes, podía retroceder el tiempo a la época que…
—Clockwork —le interrumpió Dan con cierta advertencia, pero el amo del tiempo solo le sonrió.
Jack caminó hacia su hijo y le mostró sus manos enguantadas del viscoso contenido.
—Hace unos años, quise crear un suero capaz de debilitar a los fantasmas, ojalá para destruirlos —le confesó—. Lo hice por Maddie… el fantasma que te había secuestrado… no podíamos dejarlo salirse con la suya —era la primera vez que veía tanto resentimiento en los ojos tan gentiles de su padre; parecía otra persona—. Quería verlo sufrir… para que supiera de todo el daño que nos había hecho.
Dan no le podía negar ese deseo a Jack, honestamente. Vladimir se merecía todas las penas del mismísimo infierno.
—Pero algo salió mal… y resultó ser todo lo contrario.
Sin que ambos lo notaran, Clockwork ensanchó la sonrisa en su rostro.
Dan pareció atar los cabos rápidamente.
—El Ecto-Dejecto… ¡puede salvarte! —insistió Jack—. ¡Estabilizará tu cuerpo! ¡No tendrás que morir pronto porque podrás vivir como una persona normal, aún con tus poderes!
Tal vez, si le pedía al fantasma del tiempo retroceder lo suficiente como para recuperar el invento destruido, podría salvar a su hijo. Jack miraba fijamente los ojos azules de Dan, quien no parecía reaccionar ante semejante oportunidad, o quizás, lo estaba considerando. Incluso si hubiese querido retroceder mucho más allá, sabe la razón del porqué su hijo se negaba a cambiar el destino de esa forma.
Lo entendía.
—¿Qué dices? —insistió suavemente—… yo sé que, muy en el fondo, no quieres sacrificar tu vida de esta forma. Tienes el derecho de ser egoísta, Danny. Jamás te recriminaría por eso.
Dan retrocedió un poco, generando una distancia prudente, y miró a Clockwork. Él seguía esperando pasivamente a que le dijese cuánto deseaba retroceder, parecía seguro de que aceptaría la oferta de Jack. Y aunque Dan lo odiase por saberlo, tenía razón. Entrecerró los ojos y consideró.
—… No importa si no es Plasmius, Pariah volverá sin importar cómo, ¿verdad?
El amo del tiempo sonrió.
—No todo dura para siempre.
Escuchó unos pasos bajando las escaleras, pero no apartó su mirada de Clockwork.
—¿Qué hora es?
—¿Mm? Aquí… cuatro y doce minutos de la madrugada.
Calculó rápidamente los sucesos ocurridos en la línea que se había eliminado y en la de ahora. Su viaje, el de su madre, el ataque del rey fantasma, muerte, Masters, muerte, Plasmius, muerte, muerte…
—Veinticuatro horas.
Se sintió un poco satisfecho de haber notado una pizca de sorpresa en las facciones de Clockwork, que pronto se transformó en intriga. Pronto, pareció entender sus intenciones. Jack, por su parte, se vio un poco sorprendido por el breve tiempo que había solicitado.
—Solo retrocede veinticuatro horas, es suficiente.
—Eres más arrogante de lo que esperaba —se rio de buena—. ¿Crees poder cambiar todo en un día?
Una amarga y sardónica sonrisa se formó en sus labios.
—Soy un Fenton… pero me crie como un Masters —arrastró con cinismo sus palabras—. Y si hay algo de lo que aprendí de Vladimir, es perseguir tu objetivo hasta que lo alcances, o mueras en el intento.
Jack se tensó ante esas palabras, pero no dijo nada más. Clockwork levantó el báculo, haciendo un ademán para que Masters también lo tomara, y cuando estuvo a punto de hacerlo, el señor Fenton intervino.
—¡Danny!
No se volteó a verlo, pero detuvo su mano en medio del aire, fijando sus ojos azules en las manijas del pequeño reloj que se encontraba en la cima del bastón.
—… Me dirás la verdad, ¿no? Sobre dónde estuviste estos años… y cómo —se interrumpió y decidió dejar sus dudas—… Lo harás, ¿cierto?
Sintió una mirada taladrando su nuca, y no era la de su padre. Se giró y notó al pie de las escaleras a Sam, quien esperaba una respuesta de lo que el señor Fenton le había pedido prometer. Sus ojos violetas lo miraban sin un rastro de súplica, como si le estuviese entregando una sutil amenaza. Quería que le cumpliera la palabra a su padre, y no estaba muy seguro de la razón. Se había alejado de Sam como pudo porque aún le resultaba irreal haberla encontrado viva ante él después de haber contemplado su cadáver en los aposentos de Clockwork. Además, había un rastro de remordimiento que no quería enfrentar; se encontraba en un rincón de su mente, deseando ser olvidado, pero seguía palpitando, vivo e insistente. Incluso si este futuro desaparecería… sabía que Clockwork no alteraría el tiempo en él.
Por lo tanto, recordaría todas las atrocidades que hizo, como humano y como fantasma, y tendría que lidiar con eso hasta el resto de sus días. Era un castigo a cambio de sus logros, o eso quería creer para no seguir taladrando lo poco y nada de estabilidad que quedaba en su cabeza.
Sin contestar, tomó el báculo del fantasma, y ambos desaparecieron.
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Escucha bien, Daniel.
Solo tú, del mundo humano, recordará estos acontecimientos, y así debe mantenerse.
Es la única forma de no desatar más desastres de los que ya ocurrirán…
A partir de ahora, todas las decisiones que tomes serán tuyas.
Y no volveré a intervenir.
Su cuerpo dio un respingo ante el fuerte escalofrío que recorrió su cuerpo. Su núcleo palpitó en advertencia, mientras que su cuerpo se entibiaba. Abrió los ojos, y se encontró en un cuarto completamente oscuro; era su propio cuarto de su departamento. Al ajustar mejor su vista y el resto de sus sentidos, sintió entre sus brazos un bulto pequeño contra su pecho, y el sonido de su respiración acompasada. Bajó la mirada y vio a Sam durmiendo plácidamente, envuelta y abrigada por las mantas y sus propios brazos.
El sonido del exterior: uno que otro auto pasando por las calles, el viento meciendo algunas hojas de los árboles, y, en la lejanía, un ladrido, o tal vez un aullido de algún perro. Había una suave luz bañando los pies de su cama; probablemente, eran las luces artificiales junto con las de las estrellas y la luna. Sam no era una fanática de la luz, específicamente la del día, pero recordó que ella había mencionado que le gustaba la exquisita y suave luz que regalaba el cielo nocturno. Por eso, cada vez que pasaba la noche con él, no cerraba las cortinas. Y también disfrutaba ver su rostro arrugado por la frustración cuando el sol alumbraba su rostro.
Se movió un poco, y consideró ir inmediatamente a la zona fantasma para detener a Vladimir, podría acabar con el rey fantasma sin necesidad de…
—¿Dan?
Sam se removió al sentirlo mover sus brazos lejos de ella, y se giró hasta contemplar su rostro.
—¿Qué ocurre?
Era extraño.
Antes de volver, había visto los ojos de Sam: rotos, resentidos, casi rendidos a perecer con los suyos. Ahora, tenía en frente a la Sam que había dejado antes de separarse de ella, para luego perder todo uso de razón. Los ojos de esta mujercita estaban somnolientos, pero solemnes, y aún con un precioso resplandor.
—¿Estás bien?
Hasta su voz sonaba diferente.
—… No puedo dormir.
Sam pareció despertar un poco más al oírlo, se movió un poco para apoyar sus codos contra el colchón.
—¿Te estás desestabilizando? ¿Necesitas…?
—Nada de eso —negó, y consideró, unos segundos, decirle todo—… Fue solo una pesadilla.
La gótica entrecerró los ojos.
—Oh —soltó en un suspiro—. ¿Quieres dar detalles o llevártelos a la morgue?
Sonrió un poco. Había extrañado su estrafalario sentido del humor.
—Prefiero hablar de otra cosa.
—¿Cómo qué?
Borró la curva de sus labios, y Sam no pudo evitar preocuparse más. Se incorporó un poco para sentarse, y Dan decidió hacer lo mismo. Contempló la escasa luz que se filtraba por el ventanal, iluminando un poco el rostro pálido de la gótica, limpio del maquillaje lúgubre que estaba acostumbrada a usar, pero que, a él, de alguna forma, le fascinaba. Pero verla sin esa máscara, la hacía ver aún más joven, casi lucía como una niña, haciéndole recordar que había "profanado" a una joven como Sam.
Lo más enfermizo de sus pensamientos era que no se arrepentía ni un poco, y sabía que Sam tampoco. Nunca lo escuchó de ella, ni de la Sam de su línea original, pero estaba seguro que ella lo amaba. Y él a ella también. No eran necesarias las palabras. Sam supo en lo que se estaba metiendo cuando decidió indagar más en su historia, o, más bien, estuvo dispuesta a enfrentar las consecuencias de saber la verdad.
… O, parte de ella.
—Tengo que pedirte algo, Sam.
La luz nocturna transparentó los ojos violetas de Sam. Se veían crudamente frágiles; no sabía si era porque presentía que le diría algo desagradable, o por haberla tomado desprevenida en un momento de debilidad. Esperó silenciosamente a que prosiguiera.
—Ahora, más que nunca, te necesito a mi lado —le confesó—, pero como mi compañera —le aclaró—. No como…
—Oh —le interrumpió, y hubo una horrible tristeza naciendo en sus ojos.
¿En qué momento había aprendido a leer perfectamente cada expresión en sus ojos? Probablemente, porque nunca pudo apartar la vista de ellos cada vez que tuvo la oportunidad.
Estaban compartiendo lecho, horas atrás, se habían entregado nuevamente al otro, deseando nunca separarse. No obstante, en estos momentos, parecía haber un muro de hielo separándolos. Dan ya extrañaba su calor corporal.
—Es… repentino —comentó débilmente, pero no protestó ni pidió explicaciones.
—Sí.
Era lo que habían acordado. Al momento de separarse, Sam le había prometido que lo aceptaría, pero comprendía la confusión y el dolor en su semblante. Acorde a ella, aún no era la hora.
Entrecerró los ojos, y se acomodó para que sus piernas volvieran a rozarse. Sam se tensó.
—Escucha.
Ella estuvo mirando un rato las sábanas, jugando con ellas con sus dedos, hasta que alzó la mirada ante esa petición.
—… Creo que puedo tener otra oportunidad.
Sam agrandó los ojos, en shock. Abrió la boca para hablar, pero él la detuvo.
—Es una posibilidad, Sam. No voy a prometerte nada.
Ella calló, pero le inquietaba el brillo de esperanza que había nacido en sus ojos. Esa resplandeciente flama danzaba en sus irises, segura que podría salvarse.
Aún le sorprendía la fe que le tenía.
—Por eso, quiero que estés a mi lado como alguien en quien puedo confiar, aunque resulte mal.
—… No entiendo, y tengo el presentimiento que no vas a explicarme nada.
—No lo haré —le dio la razón—. Pero hay algo que puedo decirte: si logro solucionar las dudas de mi familia, y logro sobrevivir, volveré.
A ti.
Ella entendió el mensaje, y presionó sus labios, contemplando su propuesta.
Mantuvo sus ojos azules en su boca unos segundos de sobra.
—Está bien.
Dan admitió, para sus adentros, que había deseado que Sam lo hubiese mandado al demonio. Sería mucho más sencillo para él, y para ella.
Pero con Sam, todo siempre era más complicado.
Tal vez, por eso le resultaba fascinante el haberse enamorado de ella.
—¿Quieres que me vaya?
—No es necesario —negó—. No te estoy echando.
—Mm —entrecerró los ojos.
Normalmente, los silencios que compartían eran placenteros y armónicos. Esta vez, se podía percibir el amargo ambiente, cargado de melancolía y resentimiento. Vlad siempre le había enseñado a Dan ser el último en dar la palabra en una conversación, pero no sabía que decirle a la gótica. Sentía que no merecía su comprensión. Repentinamente, soltó un jadeo de sorpresa cuando Sam se levantó hasta sentarse en su regazo, apresando sus movimientos al presionar sus caderas. Sus brazos lo envolvieron mientras escondía su rostro en su cuello, temblando.
—¿Sam?
Ella no le respondió.
Dan suspiró y se dejó caer pesadamente en el colchón, sin liberarse del agarre de la gótica. Contempló el techo mientras sentía el menudo cuerpo de la joven moverse, acompasando su respiración con la suya. Cuando iba a envolverla en sus brazos, se estremeció al sentir sus dedos rozar sus costados. El tacto de Sam era suave, casi materna, pero también logró acariciar la piel recientemente sanada tras haber sufrido las horribles quemaduras de la explosión del portal de su línea temporal anterior. No le había dolido, realmente, pero tuvo la sensación que tanto la Sam que tenía en sus brazos, como la que abandonó en esa línea, habían deseado consolar su corazón con gestos tan simples como consentir sus cicatrices.
—¿Te hiciste daño?
Mierda.
No debía ni quería darle detalles de cómo obtuvo esas marcas. Las cálidas yemas exploraron con curiosidad el patrón de las quemaduras cerradas, hasta detenerse a la altura del costado derecho de sus costillas.
—Fue una estupidez. Estoy bien.
Sam incorporó su torso, y trató de mirar mejor las heridas.
Dan la detuvo por dos razones.
La primera, para ahorrar tener que mentirle.
Y la segunda, porque cada vez que hablaba con ese tono de voz, exclusivo para él, cargado de empatía y amor, lo habían hecho perder el control.
Tiró de sus brazos para hacerla caer nuevamente encima de él, y calló el pequeño grito de sorpresa que iba a escapar de sus labios con un beso. La sintió jadear, pero no se apartó, y tironeó de la única prenda que tenía (¿era su camisa? No lo recordaba ni le importaba) para quitársela.
Pronto, Sam correspondió con las mismas ganas el beso y enredó sus dedos en su cabello.
Esta podría ser la última vez…
Ambos lo sabían.
—No confío en el muchacho.
—No confías en nadie, Undergrowth —replicó Pandora con una cínica sonrisa—, solo en tus plantas.
El fantasma de la maleza le gruñó con desprecio.
—¿Puedes culparme? Son los seres humanos quienes han generado la destrucción de este mundo; si no es Pariah, ellos lo harán.
—Aparta tu resentimiento, ¿quieres? —intervino Frostbite—. Lo más importante es detener a Pariah Dark.
—El muchacho no ha hecho nada. No ha actuado, no ha prevenido, ¡es un completo inútil!
Nocturne, que estuvo escuchando el argumento de los tres en silencio, resopló.
—¿Qué te pasa a ti? —exigió saber Undergrowth.
—Es tan obvio que no sabes nada de la mente humana —entre sus dedos, nacieron esporas del sueño, un poder que compartía con él, y jugó con las pequeñas chispas—. El alma y núcleo de Daniel son complicados, pero no ingenuos, ni mucho menos vegetales —siseó al sonreír con malicia—. Su mente es como un oscuro pantano escondido del mundo fantasmal y humano; sus profundidades esconden los secretos y actos más horribles que ha cometido, y fuera de esas aguas, puedes encontrar solo restos de su sanidad mental. Nadie podría comprender por lo que ha pasado, ni siquiera Clockwork. Está condenado a observar, no ha comprender, por eso no tuvo ni una pizca de piedad con ese niño.
—Parece ser que te agrada —comentó Pandora con cierta fascinación.
—No, me fascina su mente —sus globos oculares rojos resplandecieron—. Me preguntó cómo sería alimentarme de su subconsciente, sus sueños…
—Bueno, si hay algo claro, es que Daniel no es normal —Frostbite suavizó su mirada. Honestamente, sentía lástima por el chico, había sufrido desde el momento en que había tomado su primer respiro en el mundo humano—. Y es posible que… Clockwork tenga razón.
—¿Hablas que pueda ser el próximo rey fantasma?
—Siempre que Clockwork comenta una "posibilidad", se cumple —murmuró—, y el muchacho tiene potencial, su obsesión es una de las más naturales y poderosas, capaces de rivalizar con Pariah.
—… Siempre hemos tenido a Pariah como rey, no sé si un cambio como ese sea algo bueno o malo —razonó Pandora.
—Solo Clockwork lo sabe —comentó con fastidio Undergrowth.
—Y él lo dejó a cargo para ocuparse de Pariah, y sigamos sus órdenes. Si no nos ha llamado, no debemos intervenir.
Frostbite no estaba seguro de las palabras de Nocturne. Dan parecía dudar a la hora de pedir ayuda, no creía que fuese capaz de venir por ellos.
Maddie se estaba preparando para ir a Wisconsin. Estaba dispuesta a saber la verdad; si tenía que sacar la verdad a gritos a Masters, lo haría. Bajó las escaleras y llenó el hervidor con suficiente agua, sabiendo que Jack o Jazz querrían servirse una taza de té. Se sentó y cerró los ojos, tratando de mantenerse calmada. Estaba aterrada de saber lo que estaba ocultando Vlad, pero si no lo averiguaba, no podría seguir su vida.
—¿Maddie?
Ella abrió los ojos y se giró para mirar a su marido.
—¿Sí, Jack?
—¿Qué ocurre? Has estado actuando muy extraño estos últimos días.
Maddie presionó los labios, para luego levantarse de su asiento y caminar hacia su marido. Posó sus manos en sus mejillas y las acarició.
—Jack… quiero que sepas que te amo más que a nada en este mundo.
—… Yo también, pero… ¿qué pasa?
—… Tengo que…
Su voz fue interrumpida con el sonido del timbre sonando. Ambos se miraron con cierta confusión. Era demasiado temprano para visitas, y no esperaban a nadie. ¿Tal vez eran los amigos de Jasmine? Maddie retrocedió, sintiendo la cobardía apoderarse de su ser, y salió rápidamente de la cocina, dispuesta a atender a quien fuese que haya interrumpido su conversación. Escuchó la voz de Jack llamándola, pero ella lo trató de ignorar.
Al abrir la puerta, se encontró con los fríos ojos azules de Daniel Masters.
Contuvo el aliento, como si hubiese sido descubierta haciendo algo malo. Dan entrecerró los ojos, endureciendo su mirada, y Maddie se sintió atemorizada. Recordaba el día que se habían conocido; unos calculadores ojos azules, similares a los de Vlad, pero con una viveza que lo separaba de él.
Sin embargo, en este momento, parecía estar en frente de los ojos de un miserable fantasma. El hielo de su mirada era peor que la misma muerte.
Era un azul frío que provenía del mismísimo infierno.
—No vayas.
—… ¿Uh? —soltó.
—No vale la pena enfrentarlo —negó con la cabeza—. Es mejor que estés aquí, con gente que sí te aprecia y te cuida como se debe.
La mujer estaba muda. No sabía cómo Dan se había enterado de sus planes y la razón de porqué quería detenerla. Pero lo que más la había dejado pasmada había sido la forma en que le había pedido que desistiera. Quería que se quedase con Jack, con Jazz… pero que no se acercarse a Masters; a los Masters.
Era como si ni él mismo quería acercarse a ella.
Sus ojos se llenaron de lágrimas ante esa posibilidad.
Si Vlad le había llenado la cabeza de mentiras a su hijo con tal de que él la odiase, ella…
—¿Maddie? ¿Quién…?
Jack paró detrás de su esposa, sin notar su expresión. El hombre alzó las cejas.
—Oh. Hey, Danny. ¿Viniste por una visita matutina? —le sonrió con afecto.
—Buenos días —saludó cortésmente—. Se podría decir que sí —le dirigió una fugaz mirada a su madre, quien aún seguía petrificada mirándolo.
—¡Qué bueno! Jazz está arriba, le gusta estudiar primero antes de desayunar. ¿Has comido?
Dan movió la cabeza asintiendo, aunque eso era una mentira.
—Oh, bueno… ¿qué tal un café?
—No estaría mal —una falsa y cortés sonrisa se formó en sus labios.
—¡Genial! Maddie, ¿puedes llamar a Jazz?
La mujer asintió sin decir nada, retirándose rápidamente de ahí. Jack guio a Dan y sirvió dos tazas humeantes de café.
—¿Quieres azúcar?
—No, gracias.
—¡Wow! ¡Maddie también prefiere el café tal cual! Dice que la mantiene más activa, aunque no sé cómo pueden aguantar el sabor —se rio ligeramente.
Dan no contestó, y bebió en silencio.
—Uh… um, y… ¿cómo te va con esa chica lúgubre que tanto te gusta?
Frunció el ceño y miró con cierta confusión a Jack.
—¿Qué?
—Lo siento, no me gusta entrometerme en esas cosas… pero la noche de la fiesta de Navidad —le sonrió—, la forma en que mirabas a la amiga de Jazz… me recordó un poco a mí —admitió con cierta vergüenza—. Maddie es todo lo que no merecí, y aun así, el destino nos unió, y siempre lucho por hacerla feliz hasta el día en que muera.
Dan bajó la taza.
—La forma en que mirabas a Sam, aunque fuese sutil, pude ver ese brillo en tus ojos —se encogió de hombros—. Sé que fuiste su profesor un tiempo, pero Sam parece una chica muy madura, y creo que comprende los sentimientos que siente por ti… y por la forma en que me estás mirando, creo que tú también lo sabes.
Masters apartó la mirada, recordando haber dejado durmiendo a Sam mientras él venía aquí. Se preguntaba si ya se había ido de su departamento para no dejar rastro alguno. Finalmente, miró de vuelta a Jack.
—¿Por qué piensa que no merece a la señora Fenton? —decidió preguntar.
—Nunca fui un buen partido —se rio con nerviosismo—. Hubo tantos chicos que era mejores que yo… mejor aspecto, mejores notas, reconocimiento…
—Pero usted era quien la hacía feliz —le interrumpió con cierta gentileza.
Los ojos oscuros de Jack brillaron ante esas palabras, y dejó de sonreír.
—Quiero creer eso… pero… siempre ocurren cosas malas a mi familia… y el daño nunca es infligido directamente hacia mí, y eso lo hace más doloroso.
—¿Por qué lo dice? —Dan ya tenía una idea, pero quería oírlo de su propio padre.
—Maddie sufrió un accidente hace muchos años… hasta el día de hoy, sé que me oculta detalles de lo que le pasó realmente. Me gustaría que me compartiera su dolor… si tan solo pudiera absorber todo ese dolor y liberarla de esa tristeza… esas cicatrices en su corazón hacen que le cueste expresarse. Maddie solía ser como el sol, iluminando y brindando calor a todo y a todos… pero ya no… y eso ha afectado mucho a Jazz —miró su reflejo en la taza—… he tratado de criarla lo mejor que pude, pero… supongo que no fue suficiente.
—… Creo que sí lo fue —se opuso a su pensamiento. Jack lo miró de vuelta—. Jasmine es una persona amable, empática… y muy inteligente. Fue la primera que me recibió de forma genuina en Casper High, por eso —se interrumpió—… y la señora Fenton sigue a su lado, ¿no? Ella sigue con usted porque sabe que puede contar con usted, señor Fenton —cerró los ojos, y la imagen de la gótica apareció en su mente—. Sam es…
Se detuvo.
Era raro que estuviese admitiendo esto en voz alta, por primera vez, en frente de su propio padre.
—Sam es la primera mujer que he amado incondicionalmente —confesó.
Amó a Vlad; la imagen de un padre estricto, pero dispuesto a salvarlo fue algo con lo que se quiso convencer muchos años, hasta que había dejado que despedazara a Freakshow con sus propias manos, eso había sido lo que le había abierto los ojos. Hubo muchas veces que de verdad quiso odiar a Madeline y a Jack; aunque era por razones erróneas, hubiese sido más fácil que dudar y querer creer que en realidad su madre lo había hecho para ser feliz, y Jack era exactamente eso.
De Jazz, sintió celos.
Descubrir que era su hermana, y había tenido a su madre toda su vida, hizo que la odiara unos minutos, pero ese sentimiento se desvaneció rápidamente, porque se había convertido en uno de los pilares más importantes de su vida.
Sam siempre fue diferente.
Nunca despertó sentimientos inhumanos en él; claramente, lo había hecho enfadar muchas veces al involucrarse en sus asuntos sin su consentimiento, pero nunca se vio capaz de odiarla. La determinación en su mirada, la valentía de enfrentar lo que sea, aunque no tuviese oportunidad... y tras esa capa de valor, se encontraba un corazón sensible, pero fuerte.
Por eso no quiso retroceder más el tiempo.
Si hubiese cambiado el pasado, sus orígenes, su destino… ¿qué hubiese pasado? Tal vez, hubiese sido más feliz; tal vez, nunca hubiese lidiado con la corrupción permanente en su alma; tal vez, no tendría que cargar con una responsabilidad tan pesada en sus hombros…
Pero, eso pudo haber desviado la posibilidad de conocerla.
Quizás lo hizo por cobardía, y no le importaría admitirlo si es que pudiese hablar de ello en voz alta. Como cualquier ser humano (o lo que quedaba de él), temía lo desconocido. Perder todo lo que había construido con Sam, por más torcido que fuese, no era una opción.
—¿Por qué suenas como si no fueses a verla nunca más? —le cuestionó con suavidad Jack.
—No soy una persona de fiar —negó con la cabeza—, y aún hay cosas que debo reparar para ser mejor. La persona que soy ahora… podría causar un gran daño.
—… No soportarías hacerle daño.
Ya lo había hecho, pensó con amargura.
En su línea alternativa, la había lastimado. Había matado incontables personas, pero nada se comparaba a la forma en que había maltratado a la gótica. Aún recordaba la imagen de ella retorciéndose de dolor al casi destrozar su muñeca. También, estaban los ojos violetas aterrados de su mirada cuando había recobrado la conciencia. No estaba muy seguro de por qué había nacido ese terror en sus irises, pero le había dolido de igual forma.
De seguro pensaba que era un monstruo.
—… creo que, en realidad, eres tú quien está herido, Danny.
Él agrandó los ojos y miró a su padre. Había una preocupación paternal en sus facciones, aún no estaba acostumbrado a la idea de que Jack lo apreciase tanto sin saber la verdad.
—No sé qué clase de vida has tenido, hijo, pero hay una gran soledad y tristeza en tus ojos. Y no quiero imaginármelo —le sonrió dolorosamente—. Pienso que es muy maduro y considerado de tu parte que quieras sanar tu corazón para poder dejar fluir tus sentimientos libremente sin provocar consecuencias negativas.
Él no contestó.
Jack suspiró y posó una mano en su hombro.
Iba a decir algo más, pero Dan se levantó de su asiento, cubriendo su boca.
—¿Estás bien?
—Estoy un poco mareado. No he dormido bien estos días. ¿Podría lavarme la cara en su baño?
—Um, claro. Está cerca del laboratorio.
Dan lo sabía, y por eso le había inventado esa excusa. Al asegurarse que Jack se había distraído, bajó las escaleras para ingresar al laboratorio de los Fenton. Había presentido a la onda de fantasmas acercarse, así que tuvo que ocultar el aliento rojizo que había escapado de su boca y nariz. Trató de recordar, en la línea alternativa, dónde se encontraba el objeto que quería encontrar.
No se tardó mucho en encontrarlo.
Estaba en un rincón del último cajón, como uno de los inventos fallidos. Era una jeringa cristina, conteniendo un sospechoso líquido verdoso. Era el Ecto-Dejecto.
No se separaba mucho en apariencia en cuando a los estabilizadores que Vlad hacía para él. La comparación lo hizo sentirse enfermo, y tragó saliva, aún saboreando el café bebido unos minutos atrás. Subió la manga de su chaqueta con rapidez, e se inyectó todo el contenido.
El Ecto-Dejecto… ¡puede salvarte!
Incluso si quería dudar de esas palabras, ya era demasiado tarde.
El gritó que escapó de su boca pasó completamente desapercibido cuando la alarma contra los fantasmas Fenton se activó. Sus piernas perdieron fuerza y se dejó apoyar contra la pared, hasta dejarse caer sentado. No era el abrasador dolor de desestabilizarse, tampoco de ser torturado… era diferente. No atacaba su organismo del todo. Solo implicaba su núcleo y su corazón. El órgano palpitaba con fuerza contra su pecho, y el núcleo en su alma luchaba contra los efectos de la extraña viscosidad con la que se había inyectado.
Su corazón parecía que iría a explotar; nunca había latido tan rápido. Su núcleo lo maltrataba a golpes, luchando por predominar por encima de su lado humano.
Repentinamente, el portal Fenton se abrió, e incontables fantasmas salieron de él. No conocía muchos, y no le importaba, los vio volar rápidamente, lo más lejos posible. Soltó un jadeo y esperó a que se fueran.
—¿Chico fantasma?
Alzó la vista y vio a Skulker.
—¿Qué te pasa? ¿Ya llegó la hora?
Dan no le contestó, ni siquiera tenía la energía de decirle algo. Bajó la mirada y esperó a que ese fuera, pero, para su sorpresa, el cazador se arrodilló en frente de él, esperando que le diera alguna respuesta.
Aún había muchos espectros escapando, y no podía oír nada más además de sus lamentos. Sin embargo, con gran alivio, pudo sentir la armonía creciendo en su interior. Su núcleo se iba calmando, al igual que los latidos de su corazón. Sintió como si hubiese sido destrozado en incontables pedazos, para luego ser rearmado.
Una gota cayó y chocó con su brazo. Abrió los ojos, recién notando que los había cerrado, y se dio cuenta que era sangre. Llevó su mano a su nariz. Efectivamente, la sangre había provenido de allí. No sabía si había sido por el dolor, o fue una reacción con el Ecto-Dejecto. Lo que más lo sorprendió (junto a Skulker, lo escuchó soltar un ruido de sorpresa), es que parecía normal; propia de un ser humano.
Hacía casi seis años que no veía su sangre normal, el líquido rojo y viscoso que solía correr en sus venas, y que luego se atoraba en su garganta, había desaparecido.
—¿Qué diablos te ha pasado?
Dan solo pudo soltar una airada carcajada.
Era mitad fantasma.
Hacía mucho tiempo que no se sentía tan ligero en su propio cuerpo. Aún en sus tiempos de estabilidad, su cuerpo siempre respondía acorde a su terrible estado. Pero ya no era así.
—Skulker —lo llamó—… necesito pedirte un favor.
—… ¿Por qué debería? Te devolví el favor al no volver a espiarte.
—Esto nos beneficia a ambos —alzó la mirada, sin dejar de sonreír—. Si quieren volver a la zona fantasma y quitar a Pariah del camino, tendrás que confiar en mí.
—¿Sabes de Pariah?
—Sé que Plasmius inició esto —le dijo, y Skulker hizo una mueca—, y hay que hacerlo pagar del mismo modo.
Él se tensó un poco.
—Chico fantasma, ¿estás seguro? Es el rey, y tu padre. ¿Crees que puedes hacerlo?
Una maligna y oscura risa salió de sus labios, y sus ojos se tornaron rojos. Skulker retrocedió.
—No podría importarme menos. Sacrificar poco para ganar mucho es parte de sobrevivir.
—¿Poco? Pariah Dark es…
—No me importa —le interrumpió y se puso de pie—. Quiero que le pidas a los demás buscar a Plasmius. Robó el anillo de furia, así que hay que recuperarlo. Una vez lo tengan, me notificas.
—… Daniel.
Era la primera vez en mucho tiempo que lo llamaba por su nombre. Dan lo miró.
—… ¿Qué te ha ocurrido? Eres el mismo, pero al mismo tiempo, una persona completamente diferente.
Había perdido la cabeza.
Muchas personas habían muerto por culpa (indirecta) de Plasmius.
Clockwork le reveló la horrible verdad de sus orígenes.
Sus verdaderos padres eran Madeline y Jack Fenton.
Vladimir Masters le había mentido; lo había engañado de la forma más vil.
Había perdido todo sentido.
Destruyó parte de la ciudad.
Mató a algunos de sus estudiantes, sin remordimientos en aquel entonces.
Casi asesinó a Sam, a Tucker, a Jazz y a su madre.
Ahora, debía llevar con esos pecados y que nadie los supiese por el resto de su existencia. Todo había pasado muy rápido, su naturaleza fría y calculadora trataba de asimilar todo esto con la mayor calma posible. ¿A cambio de qué? Todo lo que había construido como persona había muerto.
Tal vez, Daniel Masters había muerto al momento de conocer la verdad. O la imagen de lo que trató de ser.
No estaba seguro.
Pero no tenía tiempo de evaluar esos remordimientos ahora.
—He despertado, Skulker. Solo eso.
We're gonna stand and fight forever
Esta es la última oportunidad. Dan debe tomar decisiones a partir de su propio juicio, independientemente si eso es un problema para los demás. Hubo un quiebre en su personalidad, en su ser, en todo. Y no sabe cómo responder a semejante cambio. Pero si hay algo claro, es que necesita espacio, y tiempo para sí mismo para procesar todo esto.
Hay un problema menos, y es que Dan se ha vuelto por completo en un halfa. Pero eso no garantiza su sobrevivencia en la lucha contra Pariah. Aún hay muchas cosas que resolver. Maddie no sabe cómo lidiar con las palabras de Dan; Jack y Jazz aún no saben lo que está pasando, y Sam está devastada. Pero aceptó separarse de Dan.
La invasión de los fantasmas de Pariah tomará un rumbo diferente, cambiando el destino de todos.
En fin, ¡contestemos los reviews!
Mauve42: Jeje, lo siento. Advertí de todos lados que la historia se pondría fea (en el buen sentido si es que te gusta). Maddie, en la línea anterior, perdió completamente los estribos, después de todo, ya había sido raro que al saber todo, hubiese reaccionado de forma tal suave. En realidad, contuvo todo hasta que ya no pudo más. Jack, por su parte, no supo cómo ni nunca pudo saber por qué y cómo Dan llegó a las manos de Vlad. Gracias al silencio de su esposa, no fue capaz de unir las piezas. La obsesión de Dan, al ser muy amplia, se manifiesta de muchas formas, y Sam fue uno de los detonadores que lograron desarrollar su obsesión. Su lado fantasma también conocía a Sam, y su mente no lograba recordar por qué su presencia lo confundía tanto. Las acciones de Vlad han afectado a todos nuestros personajes, sin importar si fue de forma directa. Fue una bola de nieve que fue rodando hasta crecer y convertirse en algo que cayó encima de todos, incapaz de detenerlo. Me gusta mucho el personaje de Vlad, ya que puede ser trabajado de muchos matices. En este caso, desde lo más horrible, oscuro y repugnante de su ser.
Creo que describiste perfectamente la obsesión de Dan. No era de esperarse, aunque las señales estuvieron allí, sutiles, pero nunca mostrándose por completo. A partir de Dan Phantom, siempre creí que su obsesión era algo similar, la muerte, ya que eso relaciona a su perdida, los crímenes que ha cometido, su deseo por destruir… todas esas cosas provienen de algo en común: la muerte. OK, pero eso es una teoría solamente... trabajo ese tema en un one-shot, si no mal recuerdo… En fin, lo de Freakshow fue traumático, por eso Dan mantuvo ese recuerdo bloqueado en su mente hasta cierto punto, hasta que comprendió cuál era su obsesión, y, de alguna forma, logró llegar a la "muerte" por primera vez mediante Freakshow, porque la muerte estuvo bajo su mando, su poder, y él decidió qué hacer respecto al destino de semejante miserable. Lo de Pandora, Undergrowth, Frostbite, Nocturne y Clockwork como un grupo en común, lo hice por dos razones: una, pensé que los fantasmas que sellaron a Pariah Dark debieron ser jodidamente poderosos; tal vez, no capaces de destruir al rey, pero capaces para detenerlo de momento. Vortex debería estar en la foto, sí, pero se supone que está aprisionado, y sigue siendo así (por ahora, quién sabe, la verdad no sé si involucrarlo…). Las obsesiones de estos personajes son enormes y muy generales (Clockwork, el tiempo; Nocturne, los sueños… etc.), como la de Dan, y pueden manifestarse de diferentes formas, así que trabajan sus poderes y se vuelven fuertes a partir de él.
Lamento decirte que el camino de Dan sigue en desarrollo. Si bien tuvo cambios al conocer a sus alumnos y a su familia, se requería de alguna… "caída" del personaje, por así decirlo (sí, a lo muy literatura). Lo peor es que Dan tiene que cargar con esto solo, y debe aprender de sus acciones, a pesar de que no valgan nada en la línea que se encuentra ahora. Creo que me pasé, la respuesta es gigante. Gracias por leer, espero leerte pronto, me encantan tus reviews en forma de eterna biblia.
FairSoldier: ¡Oh! ¡Bienvenido de vuelta! Me alegro que te siga gustando. Sí, puedo decir que los capítulos comienzan a tomar un lado más lúgubre a partir del 18. Espero que tú también te encuentres bien. PD: tengo una cuenta de DA, me llamo CallMeRossana, donde dibujo el concepto de los personajes de este fic. Si quieres, puedes pasearte por ahí.
TsukihimePrincess: Tal y como el capítulo dice, esta es la última oportunidad, ni más ni menos. Nah, estás bien. He leído comentarios peores de Vlad en este fic, jaja. Ahora que se ha retrocedido el "castigo" que sufrió por Maddie, veamos cómo actúa el karma en esta línea. Si bien Dan y Vlad se enfrentaron en su forma fantasma… no lo hicieron de forma humana, es decir, a partir de una perspectiva racional. Veamos qué pasa. ¡Gracias por leer!
Honestamente, pensé que este fic tendría, máximo, 20 capítulos, pero la inspiración está loca por mí ahora, y como siempre, me he dejado seducir por ella. De hecho, la historia iba a tomar un rumbo completamente diferente. Si quieren, cuando termine este fic, daré los datos curiosos de lo que iba a ser de la historia original en el último capítulo.
Eso es todo.
Gracias por leer.
Nos leemos.
Rossana
Reviews?
