¡HOLAAAA! Por fin puedo darme una pasada por acá, justo para las fiestas navideñas xD. Si les soy absolutamente honesta, no quería terminar el año sin haber publicado el capítulo 23. Así que aquí está, escrito con mucho amor. Ya estamos en un punto importante de la historia, pero bueno, lo mejor está por venir . Gracias por leerme, y sobre todo por seguir ahí. Son mi mayor motivación para continuar, de verdad. Cada uno de sus comentarios, likes, follows los recibo en el corazón.

A isabelgrangerwaesley: ¿Te confieso algo? Mi parte favorita del capítulo anterior también fue la conversación de Syaoran con Eriol. También quise hacerla muy tangible, real. Siento que fue un momento de confort para Syaoran en medio de todas las emociones que se están moviendo en el interior de la historia. Aunque cada una es importante para que vayan madurando, creciendo. Me encanta ver que notes y te guste el cambio de Sakura. Pronto habrá más de Syaoran también, en ese camino. :) ¡Gracias, gracias, gracias por seguir y estar! MissCerezoo:OMG! ¿Cambiaste tu nick? ¡Qué lindo! Jajaja, entiendo lo frustrante que te puede resultar la situación de estos chicos. Especialmente porque el Syaoran de mi universo es alguien reservado, pero de emociones impulsivas xD (mala combinación para tomar ciertas decisiones: no avisa que hará algo estúpido, sólo lo hace y ya). Pero bueno, es parte de su encanto (¿?) xD jajaja. Syaoran ha crecido mucho a lo largo de esos meses, a la par de Sakura, y eso ya se irá notando más en la historia. Tenles paciencia, (están en sus veinte, ya irán entendiendo xD). Pero por lo pronto, prometo poner lo mejor de mí en cada escrito para que siga gustando (espero que así sea). ¡Gracias por el review! FairyMe: ¡Wooow! ¡Estuviste muy elocuente esta vez! Me alegra mucho que te esté gustando la historia, porque la escribo con todo mi amor y esfuerzo. Ver este tipo de comentarios me hace sentir que las horas invertidas pensando en ella valen absolutamente la entrega. Gracias por tu comentario, de corazón lo aprecio mucho. Melisa: Te seré franca, tu review me conmovió profundamente. No sólo compartir tu propia historia (gracias por ello), sino por la manera que dices conectar con la mía. Es gratificante, después de todo escribimos para ser leídos. Pero más que ser leída, busco generar con ustedes un lazo de empatía y entendimiento, y el hecho de conseguirlo ya me hace sentir una gran victoria. Quiero hacer de los personajes de Fiore seres tangibles no sólo para mí, sino también para quiénes llegan. Es poético que las letras nos permitan sanar nuestros lados más vulnerables, aún a distancia. Gracias por leer pero, sobre todo, gracias por conectar. Te mando un gran abrazo. Guadu2905, Saiki29: ¡Aquí me tienen de nuevo, ya actualicé! Gracias por el ánimo, la entrega y el amor. :3

¡Y a todos, a nivel general, quiero desearles una FELICES FIESTAS, llenas de luz, alegría y muchísimo amor!

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Capítulo 23: Sinceridad. A quién quiero es a ti.

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Sakura bajó el celular, sintiéndose con un nudo en la garganta.

El ruido de fondo apenas le dejaba escuchar sus propios pensamientos, en los que seguía haciendo eco la voz de Syaoran diciendo que había besado a Meiling. Se sentía aún irreal aunque el estómago le pesara. Incluso una parte de sí llegó a sentirse… ¿Molesta? Si. Molesta.

La garganta le escoció, devolviéndole a la sensación de cuándo se besaron por primera vez y él la apartó de sí por un mes. De cuando vio a Syaoran y a Meiling en la recepción del hotel Tanaka y, al momento de preguntarle directamente qué sucedía, éste le mintió. Ahora llevaba semanas sintiendo culpa e incertidumbre; preguntándose si había hecho lo correcto, buscándolo, pensando en lo mucho que lo extrañaba, en las veces que ella tenía que buscarlo a él porque Syaoran no había tomado la iniciativa de escribirle de vuelta… ¿Y él sólo la llamaba para decirle que se besó con Meiling? ¿En serio? En ese segundo, su remordimiento se fue al caño. Tenía la mandíbula fuertemente apretada, sintiendo mucha frustración y coraje. Pero, sobre todo, sintiendo el corazón roto.

Sin embargo, no tuvo tiempo para pensar en ello porque pronto volvió a escuchar esa voz a distancia que la había estado llamando mientras estaba al teléfono.

No había querido colgarle a Syaoran de esa forma tan abrupta. Pero, a decir verdad, el castaño no consideró que ella se encontraba muy ocupada en ese momento.

Estaban celebrando la clausura de un festival de teatro en la ciudad de Fukuoka, en la que debía entenderse con varios escritores, actores y organizadores al tiempo.

El sitio estaba atiborrado de gente que hablaban a la vez en un gran salón que tenía buenos resonadores. El exceso de ruido, sumado a las imágenes mentales que se estaba haciendo la castaña, empezaban a ser abrumadores.

-¿Sakura? ¡Sakura! – se trataba de Chizuka Suzuki, "Suzu", la amiga escritora que compartía con Syaoran y que había tenido el gusto de conocer durante la gira. Era una mujer de 43 años, aunque por su mirada aparentaba ser alguien mayor que no escatimaba tiempo en disfrutarse la vida al máximo en ese punto de su adultez.

Tenía un ajustado vestido negro con un escote pronunciado, y llevaba pintado el rostro con maquillaje despampanante. Su cabello era ondulado y corto de un color rojo encendido, que llevaba con mucho estilo y confianza. Miró a Sakura que traía consigo una postura lánguida, notándola con una expresión dura y los ojos humedecidos. Suzu era una mujer intuitiva, se lo atribuía a la escritura- Querida, ¿Qué te pasa? Estás pálida, parece que hubieras visto un fantasma.

Sakura tardó un momento en reaccionar de vuelta. A ella no le gustaba mentir. Sin embargo, se sentía desorientada y le resultaba difícil disimular lo molesta que realmente se sentía.

Además de eso, tenía ganas de gritar y de tirarle a Syaoran el teléfono en la cara.

-Este… lo siento, Suzu… yo…- La joven Kinomoto abrió sus ojos verdes al sentir como estos se humedecieron más y su voz amenazó con quebrarse. Guardó silencio mientras cubría su boca en un intento de recuperar la compostura. Suzu la miró con detenimiento y suavizó la expresión en señal de empatía.

-¿Quieres acompañarme por una copa?- alzó el vaso vacío que tenía en la mano, provocando el tintineo de las numerosas pulseras doradas que llevaba puestas- Has tenido suficiente trabajo, déjale el resto a tu equipo.

-No hace falta, de verdad…

-Vamos. Insisto.

-No es correcto…

-¿Qué no es correcto, Sakura? Cuéntame- Suzu la miró de manera penetrante con unos ojos oscuros cargados de experiencia y tranquilidad. Unos ojos que delataban conocer el mundo de una manera muy diferente a la de ella- ¿No es correcto ser una mujer adulta con la libertad de tomarte una copa, si te da la gana?

-Estamos en un evento.

-Tú acabas de decirlo. Es un evento. Y a los eventos venimos a exaltar nuestro gozo, a disfrutarnos, a dejar nuestro cuerpo ser. Tú trabajas arduamente, Sakura, pero eres una mujer libre que toma sus propias decisiones. No tienes que rendirle cuentas a nadie, ni ser perfecta para nadie. Sólo para ti misma - rodeó a Sakura por el hombro con un brazo, y emprendió marcha con ella. Suzu olía a una mezcla de sudor, tabaco y perfume, pero su tacto era cercano y protector. La castaña la siguió en un estado de mutismo- ¿Te gusta el ginebra, Sakura?

-No recuerdo haberlo probado.

-Bueno, lo probarás conmigo. Vamos a la terraza, parece estar más tranquila.

En efecto, había pocas personas afuera porque la gran mayoría se encontraban dentro del salón aprovechando para hablar con los demás invitados y hacer contactos. El mundo del espectáculo se nutría a partir de estos.

Sakura se estremeció ligeramente al sentir la brisa fría tocarla, agradeciendo para sus adentros el tener puesto algo de manga larga. Se preguntó si Suzu estaría bien, pero esta parecía habituada a ese clima. Se sentaron en una pequeña mesa redonda, más aparta de la multitud. Suzu le pidió dos tragos de ginebra a un mesero y de su bolso sacó una caja de cigarrillos y un encendedor. Le ofreció uno a la joven Kinomoto, quién alzó la mano educadamente manifestando en un murmullo que ella no fumaba.

Sakura se permitió observar el horizonte. El cielo yacía teñido de un brillante color naranja y pintaba las fachadas de los edificios de la ciudad. En esos meses Sakura había viajado mucho, había conocido nuevas ciudades de las cuáles se había enamorado perdidamente. Le habían ofrecido opciones de viajar fuera del país, cosa que también le emocionaba. Pensar en eso le disminuyó la ansiedad mientras tomaba aire profundamente, sintiendo su nariz especialmente fría en ese segundo.

Mientras Sakura miraba el paisaje de la ciudad que ofrecía aquella magnífica terraza, Suzu la miraba a ella en silencio. Encendió el cigarrillo, lo llevó a su boca y se permitió darle una bocanada antes de soltar el humo a un lado. En eso, el mesero depositó los dos vasos de ginebra sobre la mesa. Suzu golpeteó el cigarrillo contra el borde del cenicero que se encontraba junto al centro de mesa y, de manera calmada, volvió a abordar a Sakura.

-¿Qué te sucede?

Esta sólo atinó a suspirar quedamente.

-Las cosas del corazón son difíciles de entender… es todo.

-¿Problemas de hombres?

-Algo así.

Con su mano libre Suzu tomó el vaso, le dio unos pocos giros al líquido y luego bebió un sorbo. Arqueó ambas cejas con un dejo de interés.

-¿Y ese chico es Syaoran Li, de casualidad?

La expresión de Sakura la delató. Abrió sus ojos verdes con sorpresa, a lo que Suzu rio para sí misma.

-Ese chico es un rompecorazones, ¿Sabías? Pero no en un mal sentido. En este tipo de eventos, todas las chicas querían algo con él. Es más popular de lo que dimensionas, o de lo que él mismo dimensiona me atrevo a decir. No te imaginas la cantidad de gente que lo buscaba. -Suzu soltó una risa burlona a ver la expresión de perplejidad en el rostro de la joven Kinomoto- Admito que si Syaoran fuera diez años mayor, también querría seducirlo, pero no. Está muy bebé para mí. En este punto, sólo puedo encontrarlo adorable.

Sakura pareció desanimada ante eso.

-Ya veo…

-Pero ¿Por qué pones esa cara, niña? No es nada raro que eso suceda. Seamos honestas, el chico es inteligente, sensible, talentoso, hermoso, tiene un sentido de humor ingenioso, está buenísimo, tiene un cuerpazo ¡está como quiere! ¿Crees que el resto del mundo no iba a notarlo? Además, durante un tiempo circuló el rumor de que era excelente en la cama también. ¿Y has visto cómo lucen los escritores veteranos en estos eventos? La mayoría de ellos son calvos, panzones, desgarbados. Claramente la belleza de Syaoran iba a destacar demasiado, ¡es un Adonis de las letras! – Sakura no respondió, pero dio un sorbo a su bebida en silencio, con una expresión abatida. Suzu notó a la castaña de manera más escrutadora- Así mismo, también he podido verte en este evento, Sakura. Y he visto lo mucho que también tú llamas la atención. Eres encantadora, pero también eres una mujer muy sensual. Tienes un tono de voz hermoso, cristalino y agradable. Una mirada penetrante y llena de luz y conocimiento. Eres brillante. Tienes una imaginación despierta y una creatividad más despierta aún, además de tu misma tener un cuerpazo monumental y un rostro precioso. ¿No has notado la cantidad de personas que han pedido tu número? ¿Por qué crees que es?

Sakura no se había detenido a pensar en eso.

-Pues… por trabajo, ¿no?

-En parte sí, pero también porque eres lindísima, sexy, muy inteligente e interesante. Y contrasta enormemente con esa personalidad tan tierna y gentil que posees por naturaleza. Lo que quiero decir es que, así como no me extraña que tú te hayas fijado en Syaoran, no me extrañaría tampoco que él pudiera fijarse de vuelta en ti. Tienes todo para llamar su atención tú también. Si él es un Adonis, tu puedes considerarte con confianza una Helena de Troya en este medio – Suzu embozó una sonrisa ladeada, despreocupada y burlona- Es más, si tú fueras diez años mayor, también consideraría seducirte.

Sakura parpadeó con estupor, y algo de vergüenza.

-No sabía que te gustaban las mujeres, Suzu.

Suzu soltó una carcajada relajada, en lo que volvía a llevar el cigarrillo a su boca.

-Querida, este mundo es enorme y hermoso como para ponerse límites cuando se trata de amar, ¡todos los días conocemos a personas maravillosas! Es imposible simplemente no notarlo. Yo no amo cuerpos, Sakura, ¡amo almas!

Sakura le sonrió con sinceridad, encontrando cierta belleza poética en lo que Suzu acababa de manifestar. "Amar almas, ¿eh?" pensó para sus adentros, preguntándose qué era lo que su alma realmente deseaba.

Una brisa sopló, meciendo el cabello de ambas, y la joven Kinomoto tomó aire profundamente. Guardó silencio un momento antes de mirar a Suzu de soslayo y preguntar:

-¿Cómo supiste que pensaba en Syaoran?

-No lo sabía. -admitió Suzu, alzando los hombros en un gesto despreocupado- Lo supuse. Porque el día que supiste que lo conocía, te brillaron mucho los ojos al mencionarlo. Eres… una persona muy honesta y expresiva, Sakura. Más de lo que te imaginas. Es parte de tu encanto.

Sakura mordió el interior de su mejilla, reprochándose mentalmente por ser tan evidente.

-La situación es más compleja de lo que te imaginas.

-¿Por qué?

-Es una larga historia.

-Los escritores somos devotos de las historias largas, linda.

Sakura soltó una exhalación en lo que pasaba la mano por su corto cabello castaño, despejándose el rostro.

Y al final, en una necesidad de desahogarse, le contó todo.

Suzu era una excelente oyente, reaccionaba a los momentos tensos y parecía fascinada con lo demás. Resultaba fácil hablarle. Cuando Sakura terminó de contarle acerca de la última llamada que le dio Syaoran, y lo del beso con Meiling, Suzu suspiró.

-Si, ya veo… entiendo como eso pudo molestarte. No te mentiré, metió la pata horriblemente. Pero, en cierta medida es romántico eso de que recibieras sus cartas de amor en el pasado, aún sin saber que eran de él.

-¿Por qué?

-Suena como si realmente estuvieran predestinados a estar juntos. Como si todo a su alrededor confabulara para llegar al punto en el que están ahora. Incluso si salieron con otras personas…al final siempre había algo que los unía -Suzu chasqueó la lengua, en un gesto pensativo- ¿Si me hago entender? Me da la sensación de que ambos estuvieran hechos el uno para el otro, pero apenas ahora todo se alineó para que pudieran tener ese encuentro prometido.

Sakura no lo había pensado de ese modo, aunque recordar la llamada de Syaoran le restaba a ella la sensación de romance. De hecho, sólo le resultaba doloroso.

-Si eso fuera medianamente cierto, ¿no habría sido mejor por parte del destino el unirme a Syaoran de manera directa desde el principio?

-Depende… ¿Consideras que la persona que eras tú en aquél entonces se habría llevado bien con la persona que era él antes de ti? – Sakura no respondió. Suzu alzó el vaso y se quedó mirando los hielos- Si, eso pensé. Algo que he aprendido con los años, es que las cosas ocurren en el momento preciso. No antes, ni después, no hay tampoco cabida para arrepentimientos. Cada cosa por la que has pasado te ha abierto el camino para traerte al punto en el que estás ahora y no serías quién eres hoy de no ser por esa Sakura que fuiste ayer. Yo creo en las sincronicidades. Y probablemente Syaoran y tú ya llegaron a ese nivel de evolución en el que sus almas resuenan igual. Que ya tienen la madurez emocional de entenderse, verse y quererse como lo que realmente son.

Como la noche empezaba a caer, la nueva brisa se sintió especialmente fría. Sakura se concentró en el ruido del fondo, que hacía eco dentro de los muros del salón de eventos. Miró sus manos, que sujetaban el vaso de ginebra como si este estuviera caliente, (aunque no fuera el caso).

-Pero me enoja, Suzu. Me molesta muchísimo su actitud. Syaoran dice que merezco un amor inquebrantable, pero cuando se presenta la posibilidad de que algo suceda me aparta, me miente o se besa con su ex, ¿y qué tiene eso de inquebrantable en relación a mí? Dejó de hablarme bien porque tomé la decisión de darme un tiempo para mí, ¡y fui honesta al decirle que necesito vivir este proceso por mi cuenta! ¿Pero él va y besa a otra mientras dice quererme a mí? Él la amaba a ella, y no sé si soy el tipo de persona que él pueda llegar a amar de verdad. Esa es la realidad y me tiene harta esta situación. Si no quiere nada conmigo, que me lo deje claro de una vez, porque esta incertidumbre de ser y no ser me tiene harta.

-¿Quieres que te diga lo que pienso?

-A ver.

-Pienso que Syaoran está a muchos kilómetros de distancia, y aun así te llamó para decirte qué fue lo que ocurrió. No todos se habrían tomado la molestia de ser tan honestos…a menos que la chica realmente les importe. Créeme, no lo estoy defendiendo. Pero le estoy reconociendo la valentía que hay detrás de su sinceridad, porque esta también es importante en la comunicación. Syaoran habría podido guardar silencio, pero prefirió decirte la verdad. Habla con él, esa es mi sugerencia. No pierdes nada escuchando lo que tenga por decir. Y bueno, probablemente él mismo necesitaba tener su propio cierre.

-Pero…

-Dime la verdad Sakura, ¿quieres estar con él?

La joven castaña no respondió. Suzu soltó una risita medio ladeada, llevándose el vaso de ginebra a los labios para terminarlo de beber.

-Vaya, eso es diciente…- manifestó la mayor en un murmullo ronco y ligeramente burlón.

Sakura alzó el rostro, repentinamente afanada.

-¡No es eso!

-¿Entonces?

-Es sólo que… me asusta pensar en ello.

-¿No estabas diciendo hace un momento que querías claridad entre ustedes? ¿O temes que te rompan el corazón? La valentía debe ir por ambas vías, linda.

-Me aterra un poco, es cierto. Pero no es todo lo que me preocupa.

-¿Entonces?

-La verdad es que una parte de mí también se siente culpable de disfrutar con Syaoran como nunca disfruté con Hien. Me siento culpable con Hien mismo, porque esa parte de mi desea incluso haber podido empezar mi historia con Syaoran antes y evitar todo este enredo con Meiling.

-¿Y eso es acaso tu culpa, Sakura? ¿Puedes controlarlo?

-No.

-¿Puedes cambiarlo?

-No.

-¿Entonces por qué te mortifica?

Sakura entendió en ese momento que tal vez le estaba echando más cabeza de la necesaria al asunto. No había realmente algo o alguien que le impidiera estar con Syaoran. Tal vez ellos mismos, o sus propias dudas. Tal vez el enojo que ella misma sentía por sus idioteces.

La situación era ridícula.

-De todas maneras, me da temor que Syaoran me elija y se dé cuenta que no soy suficiente.

-¿Cómo que no eres suficiente, Sakura? ¡Eres mucho más de lo que cualquiera podría soñar! ¡Nunca aspires estar con alguien que te vea como menos que eso! ¡Tú no te atrevas a verte a ti misma como menos que eso! - espetó Suzu, frunciendo el ceño con marcado reproche- Además, si él te quiere cerca le corresponde a él mismo elegirlo, ¿no lo crees? - le sonrió- ¿Sabes Sakura? No está mal sentirte deseada. No está mal sentir que le despiertas apetito a un hombre, y que este te vea de manera irresistible. No está mal que Syaoran también despierte esas emociones en ti. Somos seres espirituales, pero también sexuales. Tú tienes todo el derecho del mundo a sentirte sexy también y que te lo hagan saber -hizo una pausa- La monogamia no implica dejar de aceptar un cumplido, o inhibirte a despertar emociones en otros. Hasta cierto punto todos necesitamos esas dosis de atención de vez en cuando. La admiración está para ser recibida, no para menospreciarla.

Sakura entendió en qué magnitud le resultaba ajeno el sentirse deseada, principalmente porque no era una emoción que hubiera trabajado con frecuencia en relación a Hien. Todo lo contrario, este solía evitar el contacto físico. Y, cuando lo establecían de manera más íntima, el cuerpo del menor de los Li se tornaba rígido y su tacto más áspero. Durante mucho tiempo, la joven castaña lo normalizó. Incluso romantizó un poco la situación, con la mentalidad de "si él no tiene para darme, yo daré suficiente por los dos". Pero de eso no se trataba el amor, el amor consistía en trabajo mutuo y reciprocidad.

Ahora lo entendía.

Y Syaoran, por otra parte, la hizo sentir diferente en ese aspecto. Cada que lo encontraba mirándola durante los momentos que compartían juntos. Y todas las veces que el joven escritor le pidió besos, atado únicamente por la promesa de no ir más lejos.

¿Qué era realmente sentirse deseada?

¿Syaoran la deseaba?

Terminó de beber el ginebra, cuyo sabor era fuerte y amargo. Siguió hablando con Suzu mientras pensaba en ello, y cuando Haru la llamó a la distancia, Sakura se incorporó para reanudar sus actividades, agradeciéndole a Suzu por el espacio.

La mayor le dedicó una sonrisa sugerente al ver al rubio a unos cuantos metros.

-Tu compañero, Shirogane. Es bastante lindo, ¿qué tal te va a ti con él?

-¿Con Haru?- inquirió la castaña de manera desconcertada, virando el rostro para divisar el del aludido- Pues… lo normal, me va bien, ¿por qué?

-Porque considero que él no escatima tiempo en admirarte a ti.

-¿Disculpa?

Suzu rio por lo bajo, antes de guiñarle el ojo burlonamente- Le gustas, se nota a leguas. Syaoran no es el único rompecorazones aquí, belleza.

Las mejillas de la escritora se tornaron rojas, cosa que llevó a Suzu a reír más. Pero no tuvo mucho tiempo para pensar en ello porque pronto llegó una orquesta para cerrar el evento, y Sakura debía encargarse de revisar algunos detalles de los invitados antes de que se dispersaran con la música.

La banda sinfónica de Fukuoka era la encargada de la clausura. Y cuando su presentación dio por iniciada, el resto del público guardó silencio. Era un espectáculo excelso, que transmitía emociones sublimes a través de los instrumentos. Una soprano se avanzó para cantar en escena, y lo hacía de manera tan hermosa y desenvuelta que Sakura deseó ser ella por un momento. En esas se acercó Haru, ofreciéndole una copa de rosé.

Ambos se encontraban cansados, pero sonrieron al verse a los ojos. Y al recordar las palabras de Suzu, Sakura no pudo evitar ruborizarse nuevamente y volverse muy consciente de su propio cuerpo en relación a Haru. De manera automática llevó una mano a sus cortos cabellos, revisando que estos estuvieran medianamente peinados.

La molestia con Syaoran seguía presente y resultaba un poco dolorosa ahora que le había bajado el furor del enojo. Sentía mucha tristeza, y pocas ganas de hablar con alguien. Pero no podía darse el lujo de mostrarlo hasta que estuviera fuera de la vista del resto del mundo.

El evento terminó alrededor de las 11 de la noche.

Durante ese transcurso de tiempo, Syaoran había intentado llamar a Sakura un par de veces más, pero ella no le respondió porque seguía ocupada, aunque tuvo la delicadeza de hacérselo saber por mensaje pese a todo. Sin embargo, aún no se sentía del todo segura de querer hablar con él porque… ¿Qué le diría, en primer lugar? Sentía el estómago revuelto al imaginarse a Syaoran con Meiling, como en el video del coctel al que fue con él meses atrás.

El cielo se encontraba despejado, y la brisa marina impregnada en la ciudad le daba a Sakura una sensación relajante luego de aquel día tan agitado. El sonido de las olas del mar le inspiraba paz.

-¡Sakura!- Haru la interceptó en la entrada del edificio en el cual tuvo lugar la clausura del festival. Tenía el rubio cabello revuelto al correr y las mejillas rojas por el frío de la noche. Ya llevaba puesto su abrigo, y le trajo a Sakura el de ella para ayudarle a ponérselo – Casi que no te alcanzo, ¿estás bien?

-Si… ¿Por qué preguntas?

-Porque te fuiste alejando tú sola sin esperarme, y sin decir nada. Nos quedamos en el mismo hotel, ¿recuerdas?

-Ah… lo siento…

-Y ahora en el show final estabas haciendo caras como de querer llorar.

-¿Caras?

-La de puchero se te ve tierna- bromeó Haru, pero Sakura no rio de vuelta. Al darse cuenta de que la situación parecía más seria, el rubio suavizó la mirada y aplacó su actitud para adoptar una postura de condescendiente escucha- Tu cara es muy expresiva. No te das cuenta, pero te delata.

Sakura pareció mortificada por un momento.

-¿Qué?... ¿De verdad? - murmuró por lo bajo, llevando una mano a su pecho- ¿Crees que se notó mucho?

Haru le dedicó una tierna sonrisa, posando la tibia mano en la suave mejilla de ella, acariciándola con el pulgar. Sakura se tensionó, recordando las palabras de Suzu en la tarde, y volviendo a tomar conciencia de su cuerpo y el de Haru. De calor que emanaba la piel de él.

-No. Te veías lo suficientemente linda sólo pensara en eso, no te preocupes- le dijo el joven Shirogane de manera tranquilizadora.

-Entonces, ¿para ti no estoy linda?

-¿Qué?

-Pues si era el caso, tú tampoco debiste notar mis caras por encima de mí belleza.

-Es diferente.

-¿Por qué?

-Porque yo te miro todo el tiempo, Sakura. Es lo que más disfruto del paseo. Admiro tu belleza cuando estás feliz, y la sigo admirando incluso cuando no lo estás.

Sakura no respondió, pero se encogió de hombros sonrojándose fuertemente. Emprendieron marcha.

Con la calma en las calles, tomaron la decisión de ir a pie al hotel para disfrutar del silencio de la noche y el sonido de las olas del mar acariciando la costa.

A Sakura le encantaba el mar desde que era muy pequeña, pues era uno de sus lugares felices en el mundo. Tenía hermosos recuerdos de paseos a este con familia y amigos, y de instantes importantes y felices en su vida.

Recordó una ocasión en la que hablaba con Chiharu en pleno otoño, muchos años atrás. Se encontraban en las playas de su ciudad natal y Sakura sentía desespero por no saber qué estudiar o qué hacer de su vida. Debía escoger entre estudiar una carrera que le gustara a ella por su sueño de ser escritora o una que fuera políticamente correcta para el resto. Se desahogó a los cuatro vientos, nadie más las escuchaba al fin y al cabo. En un momento dado, Chiharu tomó su mano y le dijo que se metieran al mar aún vestidas con su ropa de calle que ya traían puesta, porque en la vida había que aprender a tomar riesgos y dejar de lado el miedo. Ese comentario desconcertó a Sakura, quién en un principio pareció renuente ante la propuesta. Pero Chiharu insistió, y la fue llevando al agua, riendo. Cuando menos lo hubo pensado, Sakura se encontraba en el mar junto a Chiharu, saltándose las olas, completamente empapadas. Rieron, brincaron, nadaron, volvieron a reír. Fue una experiencia excelsa y liberadora para la joven Kinomoto, quien simplemente se concentró en sentir como el mar limpiaba todas sus penas y le daba alas para sentirse enorme. Al final, no le importó no tener ropa de cambio, o el regresar a la casa empapada. Se sentía feliz, y ese recuerdo quedó grabado con cariño en su alma. Pues aún si no se hablaba de seguido con Chiharu, sabía que por un instante aquel trozo de universo les perteneció a ambas.

Sakura deseaba poder experimentar esa sensación de libertad en ese segundo, pero su mente estaba en otra parte, sin saber si devolverle la llamada a Syaoran o no.

Debía hacerlo, eventualmente. Pero no sabía aún qué decirle. No terminaba de entender tampoco qué era lo que quería ella de verdad.

Por su parte, Haru parecía entretenido conversando, incluso si la joven Kinomoto le respondía con pocas palabras distraídas.

Mientras avanzaban, el rubio le habló de lo emocionante que estuvo el evento y de cómo la próxima ciudad que visitarían ya sería la última del recorrido. A Sakura eso le emocionó y la llevó a sonreír.

-No te imaginas cuánto me alegra que vayamos allá, Haru.

-¿Ah si? ¿Por qué?

-Porque es mi ciudad natal.

-¿En serio?

-Si. Pasaré las fiestas allá con mi familia- la sonrisa de Sakura se extendió, mientras una suave brisa que olía a sal marina los acarició a ambos. Al andar, lograron dar con una calle que quedaba al pie de la playa. Se sentía agradable a esa hora de la noche, que se encontraba más vacía, tranquila y despejada.

Sólo estaban los dos.

Haru guardó silencio un momento, pensativo.

-Sakura…

-Dime.

No habló de inmediato. Sakura lo miró y notó como Haru detuvo su marcha, dirigiendo el rostro al mar. Este se veía negro e insondable, su imagen se fundía con la frontera del cielo nocturno.

La joven castaña mantuvo la vista en Haru, notando su perfil y la profundidad de sus ojos oscurecidos. Era muy guapo.

-¿Haru?

El rubio tomó aire profundamente, miró a Sakura a los ojos con una expresión significativa, y le dijo:

-Una vez que toda esta gira termine y tengamos más tiempo para nosotros, me gustaría que aceptaras salir conmigo.

En ese segundo, toda la atención de ella estaba puesta sobre él. Y su rostro expresivo lo reflejó en el momento que abrió más los ojos verdes y compuso una perfecta "o" con su boca.

Sintió el estómago agitarse nerviosamente en ese momento, recordando las palabras de Suzu rato atrás. Cómo tardó en responder, Haru empezó a sentirse algo incómodo.

-Eh… ¿Sakura?

Tan sólo escuchar su nombre pareció bastar para hacerla volver en sí.

-¡Lo siento! Es sólo que me tomaste por sorpresa. No creí que…

-¿No lo creíste?- el rubio soltó una risa tenue y discreta mientras sacaba sus manos de los bolsillo de su abrigo y tomaba las de Sakura- No he disimulado un solo instante lo mucho que me gustas, ni la cantidad de veces que he intentado acercarme a ti en este viaje. Sólo quiero decirte que… ¿Ah? ¿Qué pasó?- mientras hablaba, los ojos de la joven Kinomoto se humedecieron haciendo que Haru se asustara. Ella comenzó a hipar. Tenía fresco lo de Syaoran, y con lo que acababa de decirle Haru tenía muchas emociones mezcladas- ¿Hice algo malo? ¡Lo siento! No fue mi intención, yo…

-¡No! Haru no, tranquilo, no fue eso- tomó aire, liberando su mano derecha para limpiarse el rostro- Dios, qué vergüenza. No es por ti, ha sido un día largo. Y es muy lindo que me lo digas, en serio. Sólo me tomó por sorpresa- tomó aire, regulando la respiración- Es decir, SI noté las señales. Pero tal vez no esperé que fueras tan directo al respecto, porque generalmente no estoy a la expectativa de despertarle ese tipo de emociones a nadie.

Haru parpadeó, incrédulo.

-Bromeas ¿cierto? ¡Sakura, eres la mujer más interesante y hermosa que he conocido en mi vida! Es simplemente imposible no notarlo. Sería un ciego… o tal vez sólo un tarado- la castaña rio ligeramente y eso llevó a Haru a sonreírle de vuelta, tomando nuevamente su mano. Adoptó de nuevo una expresión más seria, aclarándose la garganta. Su mirada era intensa, cosa intimidó un poco a la joven Kinomoto, quién contuvo el aliento brevemente.

Por reflejo, Sakura desvió el rostro. Pero Haru la tomó de la mejilla con dulzura, haciendo que lo mirara de nuevo.

-Sólo quiero saber qué piensas de mí, Sakura… ¿También te gusto? ¿Me correspondes?

-Yo…- Sakura dudó en responder. Finalmente soltó un suspiro, volviendo a apartar la mirada con tristeza- Lo lamento, Haru…pero no. Siendo honesta, me gusta alguien más… y tal vez esta noche no sea la mejor para hablar de eso.

Haru pareció visiblemente decepcionado.

-¿Por qué no?... Si no es ahora, ¿cuándo, entonces?

-Haru, yo…

-¿Él te corresponde?

Sakura no respondió. Luego de lo último que habló con Syaoran, no estaba del todo segura. Haru dijo minutos atrás que ella era muy expresiva y en eso atinó, pues rápidamente pudo percibir cómo el rostro de la joven castaña adoptó una expresión más distante y apagada.

Haru vio en ello esperanza para sí mismo.

-Ya veo… ese silencio es un no, ¿verdad? Yo puedo quererte, Sakura. Puedo darte todo lo que desees. Todo lo que él no supo darte.

Sakura entrecerró los ojos con una expresión de dolor, mientras sentía una opresión en el pecho ante las palabras del joven rubio. Quería que se detuviera, ¿por qué era tan insistente?

-No creo que un clavo saque a otro clavo, Haru. No es sano tampoco, y no es justo contigo.

-Podemos al menos intentarlo.

-No creo que sea apropiado.

-Sakura, por favor- él la miró de manera implorante, mientras volvía a tomarla del rostro suavemente. Sakura permaneció inmóvil, sintiéndose tensa. Una brisa de viento helado sopló, haciéndola temblar.

-Ya quiero a otro hombre, Haru.

-Déjame intentarlo, ¿sí? Dame el chance de al menos poder besarte.

-No creo que deberíamos.

-¿Por qué no? No estamos haciendo nada malo. Y no pierdes nada tú tampoco descubriéndolo.

-Mmm… no lo sé.

- Sería un beso sin compromiso, lo prometo.

-No creo que sea buena idea, en serio.

-¿Por qué no? No te inhibas de explorar. No puedes saber si algo nuevo te gusta si sólo pruebas lo mismo siempre. Además, ¿crees que ese sujeto no aprovecharía para besar a alguien más, de tener la oportunidad?

Se instaló un silencio tenso en el que ninguno dijo nada más, y la joven castaña tampoco lo apartó. Tenía el impulso de querer desviar el rostro de nuevo para cortar la tensión que había al mirarse a los ojos; esa tensión previa a que algo más grande ocurriría y ambos lo sabían.

Una parte de Sakura meditó lo que Haru acababa de decirle, recordando las palabras de Suzu aquella misma tarde… ¿Era realmente una mujer sensual y deseable? ¿Podía despertar deseo genuino en un hombre? Por otra parte, recordó a Syaoran con Meiling.

Haru aguardó un instante corto, calculando si Sakura se iba a apartar, pero no lo hizo. Aún si su mirada verde seguía luciendo conflictuada.

Tomó aire y acercó su rostro al de ella para acortar la distancia, besando sus labios.

Sakura se lo permitió.

Habría podido apartarlo de haberlo querido, pero no lo hizo. Porque una parte de ella deseaba poder abrazar esa nueva sensación y reconocerse a sí misma en esta. Entenderlo y entenderse como una mujer que aprende a descubrir lo que es besar una boca que no fuera la de Hien Li, o su hermano.

El tacto de Haru era rígido, su boca se sentía fría sobre la de ella.

Y no hubo una real primera magia en ese momento. Sólo sentía la boca de Haru pegada a la suya.

Al darse cuenta de que Sakura no lo apartaba, Haru se animó a llevar las manos del rostro al cuerpo de ella, queriendo acercarla a sí. Pero incluso ese gesto resultó ser algo torpe y tenso en un principio.

La joven Kinomoto recordó nuevamente a Suzu, y su invitación a ser libre y explorar más. Tal vez esa curiosidad se conectó con la tristeza que le generó el recuerdo la llamada de Syaoran. Tal vez el despecho la llevó a querer demostrarse que ella, cómo mujer, también podía inspirar deseo sin depender únicamente de la validación del joven Li. Tal vez en el fondo quería desquitarse.

Así que poco a poco fue cediendo, permitiéndole a Haru la cercanía. Optó por relajar su cuerpo, y sencillamente corresponderle, tan sólo por probar.

El beso mejoró en cuanto ella se relajó. Haru la abrazó con más propiedad, poniendo una mano en su espalda baja y la otra en sus cortos cabellos castaños. Sakura lo abrazó por el cuello y abrió más la boca, invitándolo a profundizar el beso. Buscando entender lo que se sentía esa cercanía de parte de un hombre que no tuviera el rostro de Hien o Syaoran, y tampoco la atormentara como ninguno de los otros dos.

Para cuando Haru empezó a besarla más intensamente, Sakura sintió calor. Pero un calor físico dirigido al placer que le estaba generando el contacto.

Las manos del joven Shirogane empezaron a recorrerla con el deseo de querer agarrar más de ella, por debajo de la ropa.

Para Sakura, el beso sólo se sentía físicamente bien porque Haru sabía de qué manera moverse para que fuera agradable y despertara sus sentidos. Pero mental y emocionalmente se sentía desconectada del gesto. Era un placer de carne vacío y plano.

Haru no le hacía acelerar el corazón, contener el aliento o incluso sonreír en medio del beso. No la hacía sentirse emocionada, y tampoco desear más. No le despertaba adoración, ni admiración. Ni siquiera le inspiraba paz. No le daban ganas de escucharlo hablar, ni hambre de recorrer su cuerpo desnudo con sus labios.

Haru, sencillamente, no era Syaoran.

SU Syaoran. Alguien a quien quería tanto física como mentalmente.

Ahora que besaba a otro hombre entendió que siempre se trató de él, desde el principio.

La joven se fue apartando, pero Haru se mostró renuente, negándose a soltarla.

-Haru…- alcanzó a balbucear ella. Al sentirla hablar, Haru dejó de besarla para abrazarla por el talle, sumergiendo el rostro en su cuello, llenándola de besos. La joven se sintió incómoda ante esa invasión de su espacio personal, y lo tomó de los hombros para apartarlo nuevamente. Este volvió a hacer caso omiso- Haru- dijo más fuerte.

El joven Shirgane tardó en apartarse, porque quería seguir tocándola, pero al tercer llamado más serio obedeció. Tenía una expresión aturdida en el rostro, desconcertado por la separación. Sakura retrocedió un par de pasos, incómoda por eso último. Aunque le correspondiera el beso, no le agradó que Haru se tomara la libertad de seguir cuando ella le pidió detenerse.

-¿Qué pasa?

-Lo siento Haru, pero no puedo hacer esto.

-¿Por qué no? ¡La estábamos pasando bien! - dio un paso hacia ella queriendo reanudar el agarre, pero Sakura se apartó de nuevo, empezando a enojarse.

-¡Haru, por Dios! Ya te dije que no.

Al darse cuenta de que Sakura hablaba en serio, Haru se sintió desconcertado. Al aterrizar las palabras de ella, frunció el ceño crispadamente.

-Estás bromeando, ¿verdad?- terció de mala manera. Su tono de voz sonó ronco y hosco- Te he dado todo lo que has querido en este viaje. Te he comprado tus antojos y te los he regalado. Te he presentado con gente importante, además de tratarte bien y ser caballero contigo. Te digo cosas lindas todos los días, te hablo bien, te trato bien. No entiendo entonces porqué me estás rechazando.

Sakura no esperó esa respuesta, pero escucharlo le hizo terminar de volver en sí.

-Espera, ¿qué?- dijo la joven Kinomoto mientras enarcaba una ceja a modo de respuesta- NO ES mi obligación corresponderte únicamente porque hayas tenido detalles bonitos conmigo- le recordó- Si no me gustas, ¡no me gustas y punto! Y si todas esas cosas las hiciste para que te correspondiera, pues está mal. No puedes tratar bien a alguien sólo para sacarle provecho.

Al verse confrontado, el joven rubio se mantuvo quieto. Tomó aire y llevó dos dedos al puente de la nariz, intentando calmarse.

-No, espera… no quise decir eso…

-¡Pero acabas de hacerlo! ¡Y por todos los cielos, estamos en pleno siglo XXI, Haru! ¡No debes esperar que te recompensen por comportarte como un adulto funcional y tratar bien a una mujer!- Sakura puso los brazos en jarra. Tenía muchas cosas que aclarar en su mente en ese segundo, y lo último que necesitaba eran reclamos. Soltó un suspiro, intentando calmarse- Cielos… esto fue un error.

Haru no dio crédito a sus oídos.

-¿Si eres consiente de que fue por MI que estás trabajando aquí, verdad? ¡Me lo debes!

-¡No te debo NADA! Yo no te pedí que hicieras nada por mí, y de haber sabido que sólo haces las cosas para echarlas en cara después, no habría aceptado de entrada.

-Si es verdad que no te gusto, ¿entonces por qué me besaste?

-¡Porque me lo pediste! Y estuvo mal, terriblemente mal, fue un error. Tal vez sólo intentaba demostrarme algo… tal vez sólo quería desquitarme con Syaoran por haber besado a otra mujer. De todas maneras, Haru, fuiste tú el que habló de un beso sin compromiso, ¿entonces por qué el reclamo? – Aguardó un momento antes de seguir hablando. El viento otoñal acarició nuevamente su rostro, ayudándola a despejarse un poco- Escucha, esto es ridículo. Volvamos al hotel, ¿sí? No quiero hablar más del tema.

-Syaoran- terció Haru de repente, con los ojos azules clavados en ella. Tenía una expresión sombría y circunspecta, como quién apenas está procesando una parte de todo lo que escuchó. Su mente empezó a atar cabos- ¿Te refieres a Syaoran Li, el escritor?

Sakura no respondió. Haru compuso una mueca de desagrado.

-¿Por qué no dices nada?- insistió el rubio, con un tono de voz que cargaba consigo una frialdad contenida. Su cuerpo estaba rígido, y no le quitaba de encima los ojos a la castaña. Había algo indescifrable en la expresión de él- ¿Si se trata de Li?

-Haru, basta por favor.

-Respóndeme, Sakura.

-¿Qué quieres que te responda? ¿Qué estoy perdida de amor por ese hombre? Si. Lo estoy. Y no es como que no lo supieras, porque antes del beso te lo dije.

-No me dijiste que era Li.

-¡No es cómo si importara! Te dije que ya me gustaba alguien más.

-No me dijiste que era Li- insistió.

-¿En qué cambia saber que se trata de él o no?

-¿En serio? ¿Li?- había un dejo de desdén e incredulidad en la voz del joven Shirogane- ¡Ese tipo lleva rato sin escribir! Estoy seguro de que lo pusieron en el jurado por consideración, no porque realmente tenga algo para mostrar.

Sakura lo miró con dureza.

-Retira eso que acabas de decir. No sabes nada.

-Es un engreído. Se cree mucho por ser un buen escritor estando tan joven, gran cosa- terció Haru, rodando los ojos- ¿Qué fue lo que viste en él? Según me contaron, la chica con la que estaba el día del concurso era su ex y ella lo botó por un viejo.

Sakura no entendía nada, ¿qué había sucedido con el dulce y atento Haru? Ese que tenía en frente parecía un completo desconocido. Alguien hostil, y odioso que parecía solo tener el interés de ser hiriente, porque probablemente él mismo se encontraba herido…

¿Se trataba de eso?

No le contestó a Haru de manera inmediata. Aguardó para ella misma reordenar sus ideas y, tras proferir un suspiro, agregó en un murmullo- No me importa lo que opines o digas, porque son sólo suposiciones tuyas. Yo sí conozco a Syaoran Li.

-Eso es lo que crees tú.

-No. En verdad siento que lo conozco. Me mostró su rostro más honesto y vulnerable…y cuando lo hizo…- apartó la mirada, tornándose pensativa. Recordando las veladas que compartió con Syaoran, su calidez, su sentido de atención con ella. Sakura soltó un suspiro, entendiendo que si la situación con Syaoran dolía, era debido a lo mucho que lo seguía queriendo-… cuando lo hizo, vi en él a alguien hermoso. Viví con él, bailó conmigo, lloró en mis brazos y me confió sus escritos y mayores deseos. Él me ayudó a volver a creer en mí, cuando nadie más lo hizo…- su rostro se fue suavizando al traer un recuerdo por cada cosa que mencionaba- Aunque es hermoso y escribe bien, realmente me enamoré del hombre detrás de los libros. De ese que me miraba escribir incluso si pensaba que no me daba cuenta, o me escribía cartas y las firmaba con el nombre de su hermano… De ese que se preocupa por las otras personas, aunque a veces sea reservado para expresarlo. De ese que puede volverse gruñón si hay demasiadas personas mirándolo al tiempo. De ese que ama con tanta intensidad que es capaz de inmortalizar a alguien en un libro- suspiró, llevando una mano a su pecho mientras sonreía con cierto dejo de tristeza- Y no sólo eso…también siento que él me conoce a mí. Porque le mostré mi verdadero ser y lo aceptó.

-Yo a ti te acepté.

-¿Lo hiciste realmente, Haru? ¿O sólo aceptaste la parte que crees conocer de mí? La parte que sólo esperabas que te dijera si por hacer cosas lindas por mi- Haru guardó silencio. Sakura compuso una mueca- Sí, eso pensé. No sabes nada de mi historia, ni de mí, mis deseos, mi familia o lo que sueño para mi futuro. No creo que te guste yo, creo que te gusta la imagen que tienes de mí. Y de hecho…- guardó silencio un momento, volviéndose consciente de lo que estaba a punto de decir. Cómo si de repente cada palabra cobrara un sentido diferente-…Syaoran no sólo me aceptó cómo soy, sino que también me motivó a ser una mejor versión de mí misma… y se convirtió en uno de mis lugares seguros en el mundo por eso- él ganó ese lugar en su corazón que, hasta ahora, sólo le había abierto a su familia y mejores amigos.

Cuando alzó la mirada, notó que Haru tenía una expresión indescifrable en su rostro, afligido. La escuchaba, pero había algo en él que mantenía una terquedad renuente.

-¿Qué tiene él que no tenga yo?- su voz se quebró, sonando desesperado mientras llevaba una mano a su propio pecho- ¿Quieres que empiece a portarme como él o qué? ¿Si lo hago, me elegirás a mí?

-…No se trata de eso.

-¡Pero puedo cambiar! Puedo adaptarme a lo que a ti te guste, Sakura, tú dime. Cambiaré para que me aceptes, ¡considéralo hecho!

Y al escuchar eso, Sakura guardó silencio horrorizada. Sin embargo, le ayudó a entender algo que no había terminado de integrar del todo hasta ese momento. Ella se comparaba mucho con Meiling, preguntándose si Syaoran la aceptaría. Pero realmente, ella no tenía por qué competir con nadie, ni buscar ser como otra persona.

Quien la quisiera le daría su lugar, así como ella misma no sacó a Syaoran del suyo. Entender eso le dio paz mental, y la llevó a suspirar para acercarse, tomar a Haru del hombro y decirle.

-Haru…si tienes que rogar para que permanezca a tu lado, no es amor lo que sientes ahí.

-¿Cómo que no es amor? Si hago todo esto para que estés conmigo.

-Tal vez. Pero sigue sin ser amor.

-¿Cómo qué no?

-No, Haru. No es amor hacia ti, ni hacia la otra persona. No puedes esperar conquistar a alguien a punta de buenos gestos postizos, o de pretender ser alguien más. Eres tú quien debe darse su lugar, y hacerlo valer. Hacerlo respetar. Porque lo mereces. Y mereces luchar por encontrar tu propia mejor versión, pero siendo fiel a ti mismo.

Haru no respondió, pero las palabras de Sakura le hicieron bajar la guardia, tornándose pensativo. Ella no insistió, sabía que probablemente tenía mucho que pensar. Sakura misma tenía mucho en lo que pensar también, pues aunque no creyó que fuera posible, ese beso si le ayudó a aclarar sus pensamientos en relación a Syaoran y a ella misma.

A recordar qué fue lo que amó de él, en primer lugar. Y a entender que ya había llegado el momento de dejar de huir.

Haru y Sakura regresaron al hotel, en silencio, con el sonido del mar acariciando la costa de manera amena y tranquilizadora.

.

.

Para cuando llegó a su habitación, a Sakura ya se le había pasado el enojo con Haru. En el camino lo notó pensativo. Se dio cuenta de que el joven Shirogane era alguien con muy baja autoestima en realidad, aunque eso no excusara sus actos reprochables.

Sin embargo, como para entonces ella ya había aprendido a amarse más, podía verlo desde un sentido de compasión diferente.

El amor venía de muchas maneras. Pero la falta de amor también tenía diferentes rostros.

Sakura quería relajarse.

El cuarto del hotel era grande, ordenado, con suelo de porcelanato, una cama doble en el centro y un amplio ventanal con vista a la playa. Cómo estaba haciendo frío, no quiso salir al balcón. Encendió la calefacción, tomó la pijama rosada del equipaje y miró en la mesa de noche unas bolas de jabón para la tina que había comprado el día anterior.

Tomó una y se dirigió al baño. Había sido un día largo y quería relajarse un rato.

Afortunadamente el cuarto de baño era amplio y la tina también. Sakura tomó su celular para tenerlo cerca y luego se dispuso a preparar todo lo demás.

Llenó la tina con agua tibia y dejó caer una bola de jabón de color azul, la cual pronto empezó a soltar burbujas grandes y esponjosas, con un aroma dulce.

La joven Kinomoto se desnudó, mirando su imagen en el espejo. Los cortos cabellos se encontraban ligeramente despeinados, y tenía algo de maquillaje corrido en la comisura de los ojos. Luego se limpiaría la cara. Por lo pronto, quería relajar su cuerpo.

En el momento que ingresó al agua, sintió gratitud. Cerró los ojos, apoyando la nuca en el borde de la tina, y permitiéndose tomar aire profundamente mientras relajaba los músculos. Sentía un dolor agradable en las piernas, de tanto caminar.

Había sido una jornada extensa, y de mucho movimiento emocional. Pero luego de lo que experimentó con Haru, Sakura sentía una claridad mental sobre sus sentimientos que no había experimentado en meses.

Amaba a Syaoran. No sólo era un gusto momentáneo, no. De verdad lo amaba, y ya no valía la pena seguirse diciendo lo contrario, o intentar huir de sus sentimientos por miedo a salir herida.

La joven miró su teléfono, posado en una repisa cercana. Tenía que hablar con él. Ya fuera para recibir una respuesta o la otra, debían tratar esa situación de raíz y no darle más larga al asunto.

Se sentó un poco mejor en la tina, tomó el celular y, teniendo prudencia de no mojarlo, buscó el número de Syaoran y lo llamó. Este contestó en el acto.

-¿Hola? ¿Sakura? - la voz del joven Li sonó afanada y ronca, como si realmente hubiera estado todo ese rato pendiente de poder hundir el botón de contestar.

-Hola…- dijo ella, sorprendida de que respondiera tan rápido. Al escuchar su voz, sintió un vuelco en el estómago y un nudo en la garganta. Pues incluso si se sentía más tranquila, una parte de si tenía ganas de no dar más rodeos y hablar con honestidad. Aunque la respuesta de Syaoran era lo que le generaba algo de incertidumbre- ¿Te desperté?

-No…no- se apresuró a decir Syaoran. Sonaba cauto, como quién meditaba bien qué decir con el propósito de no arruinar la conversación -La verdad, pensé que no me llamarías ya. Me alegra que si lo hicieras.

Discretamente, Sakura se viró para ver la hora, notando con sorpresa que era la una de la mañana. ¿Había pasado tanto tiempo?

Syaoran empezó a hablar de manera torpe y atropellada -Sakura, entiendo que estés molesta por lo de Meiling. Fui un imbécil. Llevo siendo un imbécil todos estos meses y lo sé, me dejé llevar por el enojo. Sé que no es excusa, pero…

-No pasa nada, Syaoran- ella interrumpió con voz calma. Y para su propia sorpresa, lo dijo en serio. Syaoran guardó un momento de silencio, incrédulo.

-Espera… ¿qué? ¿No estás molesta?

-Si lo estaba y mucho, pero supongo que ya no… creo que en este punto me siento decepcionada, si te soy honesta. Un poco contigo, porque me ha costado entender tus decisiones. Pero también conmigo, porque no he sido coherente con las mías-guardó silencio un momento- En fin, por encima de eso quiero hablar con franqueza contigo, Syaoran. ¿Qué sientes tu por mí?

-¿A qué te refieres?

-Por favor, respóndeme. Estoy cansada de que nos mintamos a nosotros mismos. De que nos alejemos por miedos y huyamos de nuestros propios sentimientos. O al menos yo si he estado huyendo y ya no quiero hacerlo más. Quiero cortar con esto ya- guardó silencio nuevamente a la espera de un comentario. Al ver que Syaoran tampoco respondió, Sakura soltó un suspiro- Hoy besé a Haru- dijo finalmente.

Se instaló un silencio helado al otro lado de la línea.

Sakura se alcanzó a preguntar por un momento si Syaoran había colgado, pero pronto le escuchó soltar una respiración tensa, lenta y profunda. La joven castaña lo había aprendido a conocer en ese punto como para saber que esa noticia le cayó como un balde de agua helada. Sin embargo, cuando habló, lo dijo con una voz más seria y contenida.

-Ya veo… supongo que me lo merezco- dijo finalmente -Y…em… ¿Eso fue antes o después de que te llamara?

-Después.

-Mmm…- fue todo lo que atinó a decir el joven Li. No agregó nada más por un momento y cuando Sakura abrió la boca para decir algo, él soltó un-Bueno… supongo que ya no hay nada más que decir…

-¿Quién dijo que no? Si te llamé fue para hablar.

-Si, pero supongo que entenderás que no quiera hablar de ti besando a alguien más cuando sé que llevo las de perder. Aunque no lo creas, Sakura, es doloroso. Y si, sé que no tengo autoridad moral para reclamarte nada y sé que fui un estúpido, pero si tu decisión final es estar con Shirogane…prefiero cortar ahí.

-¿Por qué? ¿Por qué si quieres hablar de tu beso con Meiling, pero no de mi beso con Haru?

-¡Porque en este punto yo no siento NADA por Meiling! Me dejé llevar por el remordimiento y la frustración del momento, pero no hay nada ahí. Ya no.- Syaoran tomó aire, aunque su voz sonó más apagada, con un tinte de frustración -Esta experiencia me ayudó a entender que en efecto avancé. De alguna manera tú me ayudaste a eso. No sé si puedas dimensionar hasta qué punto tu presencia en mi vida me hace bien. Siempre mencionas que yo te ayudé a ti, pero Sakura… tú me rescataste a mí también del abismo. Creíste en mí. Me leíste, y no me refiero sólo a los libros. Viste a través de mí, como nadie más lo ha hecho. Tú me motivaste a escribir de nuevo.

Sakura adoptó una expresión de desconcierto- ¿Cómo que yo te motivé a escribir de nuevo? Tú fuiste el que me dijo que empezara a escribir contigo, ¿de qué hablas?

Syaoran soltó una bocanada de aire y, por cómo sonó su voz, se notó que acababa de pasar la mano por su rostro -No, Sakura. Fue desde antes, mucho antes. Me atrevo a decir que desde el principio. Tu mirada, tu bondad, tus palabras… hay algo en tu alma que conmueve profundamente a la mía, y es imposible negarlo en este punto. Si, es verdad que empecé a cuidar de ti por otros motivos, pero eras tan poética y fascinante… tan genial…que era imposible no terminar despertando fascinación.

-¿Lo dices en serio?

-¡Claro que lo digo en serio! Sakura… Fiore lo escribí por y para ti. Fiore eres tú- y listo, lo dijo. Al otro lado de la llamada, Syaoran tampoco creía posible haber llegado a esa confesión, pero no le importó. Se sintió bien de poder ser honesto en ese instante y hablarlo con claridad -Cada página escrita es una oda a tu ser. Se trata de ti. Desde hace meses, todo en mi mente se trata de ti.

Sakura contuvo el aliento, llevando la mano libre a su boca. Tenía las mejillas rojas y el corazón latiendo rápidamente. Syaoran, ¿había dedicado un libro entero a ella? El hermoso manuscrito que leyó, ¿se trataba de ella? Fue a partir de eso que empezó a recordar el texto, y a encontrar semejanzas entre Fiore y ella. Algunos gestos, mañas, incluso expresiones le habían resultado familiares antes, pero ¿cómo no lo había notado? Aunque la declaración la tomó por sorpresa, la verdad fue que encantó. Se sintió especial. Muy especial y feliz. Era indescriptible.

Porque viniendo de alguien como Syaoran, entendía lo grande que era ese gesto.

-No lo sabía… nunca me imaginé que hicieras algo tan lindo por mí.

-¿Por qué no lo creerías?- la voz de Syaoran era indescifrable. Su tono sonaba agotado, pero era más por el desgaste emocional del día que por lo que estaban discutiendo. Él quería hablar con Sakura, ser honesto con ella. Quería que las cosas estuvieran bien entre los dos, aunque no sabía si podría ser posible. En el fondo de sí mismo, pidió a las estrellas un milagro. Y se prometió mentalmente que, si funcionaba, escribiría de nuevo Fiore y le pondría fantasía, tal como Sakura deseaba -Eres una mujer maravillosa. Sería un tonto si nunca me hubiera detenido un momento a apreciarlo.

Sakura sonrió, conmovida, recordando para sus adentros la manera en la que ella misma llegó a decirle esas palabras durante la noche del coctel, poco antes de su primera vez.

-Bueno, ya te escuché yo, ahora déjame hablar a mí.

-…No sé si esté listo…

-Ya te escuché yo- repitió.

-No sé si pueda manejarlo…

-Syaoran…

-Ya perdí un amor una vez, prefiero no revivir eso.

-Syaoran, déjame termino de hablar. Y, por todos los cielos, ¡deja de suponer que te voy a decir algo malo!

El joven Li guardó silencio, pero luego suspiró - Está bien…continúa.

-Si besé a Haru- dijo finalmente la joven Kinomoto- Y lo hice porque… una parte de mi se sentía frustrada cuando me llamaste para decirme lo de Meiling y tú. Sé que te dije que necesitaba descubrirme en este tiempo y era verdad, pero una parte de mí también aceptó ese viaje porque temía que al final eligieras a Meiling sobre mí. Me dolía tan sólo pensar en ello, y me dije que dolería menos eso si ya había una cierta distancia anticipada.

Sakura ignoraba que, en el fondo, Syaoran también había tomado distancia con ella por exactamente lo mismo.

-Veo…supongo que mi actitud contribuyó a que terminaras pensando de esa manera. - tuvo que admitir el joven Li, en un murmullo.

-No te diré que no.

-Entiendo. Perdón por eso.

-Vale. El punto es que después del evento, me devolví con Haru al hotel. Él me notó triste. Hablamos de muchas cosas y al rato me invitó a salir formalmente. Lo rechacé, me pidió un beso. Lo volví a rechazar y él insistió. Al final, acepté besarlo porque una parte de mi seguía muy molesta contigo, y tal vez en un gesto de inmadurez sólo quería desquitarme- soltó un suspiro quedo- Sin embargo, cuando lo besé terminé de entender el por qué no podía corresponderle en realidad.

-¿Por qué no?

-Porque simplemente no eras tú, Syaoran. Por eso.

-Entonces… lo que intentas decirme es que…

-A quién quiero es a ti. Y ya estoy cansada de negármelo.

Syaoran soltó algo que se pudo entender como una risa sorprendida y aturdida, pero también con un dejo de alivio en ella.

-¿Lo dices en serio, Kinomoto? - incluso su tono de voz sonó momentáneamente más animado y brillante.

-Si. Quería que lo escucharas de mí, porque ya me cansé de dar vueltas sin sentido sobre este asunto. Y sobre todo, quería que lo supieras, independientemente de cuál será tu elección final. No puedo corresponderle a Haru porque te quiero a ti.

De repente Syaoran se echó a reír de verdad. Sakura en un principio no supo cómo tomarse eso y, cuando abrió la boca para replicarle, Syaoran agregó:

-Yo también te quiero a ti. Te he extrañado muchísimo, y estoy harto de fingir que no es así.

Sakura se ruborizó, pero sonrió con sorpresa y alivio al escuchar eso- Espero que sepas que cuando hablo de querer, lo digo en serio…

-Yo también.

-No, pero yo me refiero a algo más profundo, ¿sí? – insistió la castaña, mientras sentía el calor agolparse aún más en sus mejillas. Cerró los ojos, buscando las palabas adecuadas en su mente- Ya nos habíamos dicho en julio que nos gustábamos, pero mis sentimientos por ti van más allá de eso. Y necesito que lo tengas claro, si vas a darme una respuesta.

-Te aseguro que mi respuesta será la misma.

-¡Ni siquiera has terminado de escuchar!

-Pruébame.

-Syaoran, estoy enamorada de ti- soltó la joven Kinomoto finalmente. Se instaló un silencio al otro lado de la llamada, y ella alcanzó a ponerse nerviosa por su repentino mutismo- ¿Syaoran?

-Dilo otra vez. - cuando el joven Li pidió eso, su voz sonó cálida, reconfortante. A Sakura le habría gustado ver su rostro en ese momento. Pero ya lo conocía lo suficiente para imaginarse la expresión que debía estar acompañando aquella voz.

-Estoy enamorada de ti- repitió.

-Otra vez.

-Syaoran…- rio ligeramente.

-Por favor.

-Estoy enamorada de ti.

-Cuánto deseo besarte en este segundo, Sakura Kinomoto- la voz de Syaoran sonó ronca, apacible. Se notaba que decía la verdad por su manera de hablar, pausada y profunda. Concreta -Eso, si no reviento primero.

Ella rio tenue y nerviosamente.

-¿Por qué?

-¿Aún preguntas? La dueña de mi corazón me acaba de declarar su amor por teléfono, ¿cómo esperas que reaccione?

Esa vez, Sakura soltó una carcajada nerviosa -Espera, ¿qué?

-Lo que oíste, Kinomoto, no te hagas la sorprendida.

Bromearon un rato. Luego Sakura suspiró, mirando como las burbujas de la tina empezaban a disolverse, y ya podía ver mejor su cuerpo desnudo bajo el agua.

-Entonces… si ambos nos queremos y queremos estar juntos… ¿por qué nos hemos estado alejando entre nosotros? - preguntó ella en un murmullo -¿Por qué nos seguimos torturando de esta manera?

-Por idiotas- respondió el escritor - Por seguir cargando culpas que no son nuestras.

-No… no lo son.

Syaoran carraspeó.

-Hay tanto de lo que quiero hablarte, Sakura…

-Espero que sean cosas buenas- alertó ella. Syaoran rio.

-Si, lo son, no te preocupes, sólo hay algo que necesito hacer antes. Pero quiero hablar contigo de frente, mirándote a los ojos, no por medio de un teléfono. La verdad es que simplemente quiero verte.

- Bueno, ya falta poco para eso…

Syaoran suspiró, resignado- Si, supongo que sí…

Sakura se reacomodó, considerando que ya era momento de salir de la tina. El agua ondeó ante cada movimiento- Bueno… ya es de madrugada. Deberías ir a dormir. Y a la tina se le acabaron las burbujas, así que…

-Espera, ¿qué? - la voz de Syaoran cambió de matiz con ese comentario. Un poco más serio, alertado. Sakura pareció ser consciente de su propia desnudez, y se ruborizó algo apenada. La verdad, habría podido inventarse cualquier otro comentario.

Pero entonces recordó lo que habló con Suzu ese día y nuevamente miró su propio cuerpo desnudo en el agua… ¿Podía ella ser sensual? ¿Inspirar deseo? ¿Podría Syaoran desearla? El sólo pensamiento la hizo sentir de repente muy despierta y curiosa, por encima de su propia timidez.

¿Será que…?

-En la tina, Syaoran. Me estaba dando un baño de burbujas mientras hablaba contigo.

El corazón de Sakura latía frenético, esperando una respuesta. ¿La aceptaría? ¿La rechazaría? ¿Qué haría? Se mantuvo a la expectativa, aguardando que Syaoran respondiera positivamente. Deseando muy en el fondo que este no la rechazara.

Syaoran pareció contener el aliento, pero luego de unos segundos respondió algo que sonó como un tenso -Ah.

Sakura se mordió el labio inferior. Volvió a reacomodarse en la tina, poniéndose cómoda.

-¿Syaoran?

-Lo siento, no sabía que te estabas bañando. - le dijo torpemente. Ella movió los hombros en medio de una risa silenciosa. Sus mejillas aún ardían.

-Yo te llamé a ti- le recordó. Apretó los labios en una fina línea- ¿Te…incomoda?

-¿Qué cosa?

-Que te haya llamado mientras tomo un baño.

-No…no, no me incomoda. Es sólo que me tomó por sorpresa- no fue difícil para Sakura adivinar que Syaoran se debía encontrar muy ruborizado. Él era alguien reservado, y muy respetuoso -Tu… ¿has estado bañándote todo este rato?

-Si.

-Dios…

-¿Qué pasa?

-¿Cómo que qué pasa? Eres magnífica y yo sigo siendo un hombre, Sakura. Eso pasa. A veces…a veces siento que me idealizas como un hombre de letras únicamente. Pero te acabo de abrir mi alma en intimidad, mi corazón… y tú lo recibiste al desnudo, ¡en todo el sentido de la palabra! ¿Tienes idea de lo que eso me…? ¿De lo que desearía con todo mi ser poder hacer en este instante? - el joven Li sonó nervioso al otro lado de la línea. Sakura reprimió otra risita, deseando ver su rostro. Aunque agradeciendo también que hablaran por teléfono, porque ella misma se sentía algo nerviosa con ese repentino arrebato. Se aclaró la garganta.

-¿Y qué deseas poder hacer, Syaoran?

El joven escritor tomó aire. Aguardó un par de segundos para poder reanudar la idea, pero cuando lo hizo su voz sonó más profunda.

-Deseo poder entrar en esa tina y hacerte el amor una y otra vez.

Llegó el turno de Sakura de contener el aliento, mientras un hormigueo agradable empezó a acariciarle la parte baja de su vientre, imaginándose a Syaoran acompañándola en el agua. Con las gotas deslizándose por su torso atlético, bien definido, y el cabello húmedo echado para atrás mientras se acercaba a besarla con propiedad, estrechando su cuerpo al de ella en un jadeo.

Sakura sintió sed. Y algo de calor agolparse en el resto del rostro.

-¿Una y otra vez?- repitió, sin calcular que su voz sonó como un murmullo ronco.

-Una y otra vez. - reafirmó él.

-Vaya…- Sakura hizo una pausa, cerrando los ojos. Sentía su corazón latiendo emocionadamente- ¿Y…qué más harías?

-¿De veras quiere que siga?

-Syaoran.

-¿Sí?

-¿Tú de verdad me deseas?

El castaño soltó una risa incrédula -¿Lo preguntas justo ahora?

-¿Cambiaría en algo el que lo hubiera preguntado después, y con ropa encima?

Syaoran suspiró.

-No, no habría cambiado en nada- contestó.

-Si estuviéramos solos en una habitación y con ropa, ¿también habrías querido hacerme el amor una y otra vez? - ella sonrió. Y pudo sentir por el tono de voz de Syaoran que él también liberó una pequeña sonrisa cálida en el proceso.

-Una y otra vez- confirmó tierna y calmadamente- Pero sólo si tú también lo deseas así, por supuesto.

-Vaya… entonces, ¿qué más harías?

-Estás como traviesa hoy, ¿no?- bromeó Syaoran.

-¿Te molesta?

-Para nada- Syaoran se tornó pensativo un momento -Siendo honesto, si te hiciera el amor ya mismo, me tomaría el tiempo de hacerlo bien. Ir despacio. Besaría cada palmo de tu cuerpo hasta descubrir cuáles son tus lugares favoritos. Contaría cada uno de tus lunares…memorizaría el aroma de tu cuello y la sensación de tu peso en mi cadera- se detuvo un momento, como pensando mejor las palabras -…La verdad… me arrepiento un poco de que nuestra primera vez fuera con copas encima.

-¿Por qué?

-Porque si llego a tener la oportunidad de estar contigo de nuevo, me gustaría estar plenamente en todos mis sentidos- Syaoran soltó una risita tenue -Aunque bueno, por lo pronto dejemos así.

-¿Por qué?

-Porque a este paso, el que va a terminar necesitando una ducha seré yo.

Sakura soltó otra carcajada. Estaba disfrutando el ponerlo nervioso, y especialmente disfrutaba de ser consciente del efecto que estaba teniendo ella sobre él. Era una sensación tan diferente. En el pasado, no había dejado explorar a esa Sakura sensual, y se sentía nueva, pero libre. Poderosa.

-No negaré que esto se siente bien.

-Eres cruel, Kinomoto.

-El dueño de mi corazón acaba de decirme que desea estar aquí haciéndome el amor, ¿cómo esperas que reaccione? - terció Sakura suavemente, con un tinte jocoso en su cristalina voz.

Syaoran soltó un suspiro atontado.

-Dilo otra vez- pidió nuevamente.

-¡No empieces!- dijo Sakura a modo de reproche. Él soltó otra risotada

-Está bien, está bien. Sakura, hay algo de lo que quiero hablar contigo pero no ya.

La joven pareció preocupada por un momento- ¿Algo bueno o malo?

-Algo bueno. O, en todo caso, espero que así lo veas tú…

-Si es bueno, ¿por qué no me lo dices ya?

-Porque quiero hacerlo de frente. Y antes de llegar a eso, quiero terminar de sanar otro asunto, ¿vale?

Sakura compuso un puchero.

-Bueno… vale.

-No me pongas esa voz.

-¿Qué voz quieres que te ponga? No sé cuándo nos vayamos a ver otra vez.

-No, pero prometo que hablaremos todos los días de aquí a que eso suceda, ¿de acuerdo?

Esa promesa le devolvió el ánimo a la joven escritora, quiero sonrió de par en par.

-¿De verdad?

-Luego de esto, quiero tenerte lo más cerca de mí.

-Está bien. Pero no te acostumbres a las llamadas en la tina, en los otros momentos del día tengo mi ropa bien puesta.

Syaoran soltó una abierta risa.

-No te preocupes, no me molesta. De todas maneras, si me vuelves a llamar estando en la tina, no prometo responder a todas tus preguntas.

-¿Por qué no?

-Porque prefiero sorprenderte cuando ya te pueda volver a hacer el amor, mi hermosa flor.

Sakura soltó un suspiro, sintiéndose derretida en esa tina ante sus palabras. Una sonrisa tonta y alegre asomándose en sus labios.

-Te salió en verso, sin esfuerzo…

-¿Qué esperas? Soy un gran escritor.

-Si, lo eres…- Sakura guardó silencio, permitiéndose abrazar esa sensación de ligereza y alegría que emergía de su pecho. Esa sensación de comodidad y plenitud- Te quiero, mi príncipe- le dijo en un murmullo suave.

Syaoran pareció contener el aliento brevemente, pero luego dejó escapar una risa tenue.

-Yo te quiero más, mi Fiore. Ve y descansa, ha sido un día largo.

-Vaya… ese apodo…

-¿No te gusta?

-No. Me encanta.

Syaoran sonrió.

-Ve y duerme. Mañana hablamos.

-¿Mañana u hoy? Ya es de madrugada.

-Hoy, mañana, todos estos días hasta que nos veamos de nuevo. Es una promesa.

Fue la primera vez en muchos meses que, en una conversación de ambos, no surgió el nombre de Hien.