Antes de comenzar con la lectura vale pena acotar que ninguno de los personajes de Haikyuu! me pertenece, sólo los uso para escribir historias románticas.

Sean bienvenidxs a esta historia, es un omegaverse/drama/policial. Las parejas principales serán KageHina, AtsuHina, TsukkiHina, BokuAka y KuroAka.


Orgullo

Kei y Tadashi estaban acostados en el suelo de la sala del castaño. No hacían mucho, sólo miraban el techo mientras platicaban de cosas triviales. Parecía una rutina muy aburrida para unos chicos de tan solo 19 años, pero para ambos era perfecto. Ahí, entre esas cuatro paredes, se protegían de la realidad que todos los días los asechaba. Toda la tranquilidad era gracias a íntima compañía del otro.

—Él va a volver hoy, estoy seguro que debes estar muy ansioso por verlo—le dijo Yamaguchi buscando su mirada.

—No mucho—respondió sin interés y frío.

Como era de esperarse, a Tadashi no pareció molestarle con él. Después de tanto tiempo de estar juntos esas actitudes que tomaba el rubio eran de lo más comunes. Además, había algo más que su encantador carácter detrás de su hosco comportamiento y por eso no podría enojarse con él; ni ahora ni nunca.

Nadie debería de hacerlo.

Frente a la fuerte convicción de los ojos de Tadashi, Kei tuvo que dejar su casi perfecta fortaleza e ir hasta el aeropuerto a recibir a su "pareja". No era sólo Tadashi, también sus padres estaban poniendo mucha presión sobre él. La situación ya era demasiado incómoda y ellos no estaban haciendo que mejorara para nada. Cómo muestra de su inconformidad había hecho lo posible para llegar retrasado a la bienvenida y así no encontrarlo. Se había dado el gusto de irse a comer con Tadashi y pasar tiempo con él en su casa.

Rezaba porque no tardar tanto, los aeropuertos eran de esos sitios donde había demasiada gente, haciendo un escándalo innecesario. Y si suma el calor con el que iniciaba el verano, se volvía la excursión menos agradable del planeta. Estaba muy tentado a sólo pararse en la entrada, medio mirar y decirle a todos que no lo había encontrado. Lo último tal vez no sería del todo una mentira porque dudaba que aquel chico lo hubiera esperado tanto tiempo.

Para su infortunio, lo encontró sentado en una de las bancas del aeropuerto, justo una que estaba cerca de una entrada de aire. No necesitaba de mucha vista para saber qué se trataba de él, era pequeño y pelirrojo. Estaba envuelto dentro de tantos suéteres que el solo mirarlo le daba bochorno. En su hombro tenía una pequeña bolso, imaginó que el carnet y las medicinas; en el costado derecho estaba una maleta de color caqui.

Bien, no podría escapar.

Se fue acercando hasta él con lentitud, deseando no llegar nunca hasta donde estaba. Pero el universo no era tan amable.

—Hola—saludó—. Lamento la demora—no claro que no lo hacía y Shoyo, al igual que Tadashi, era capaz de leerlo en sus ojos fríos y rostro de completo desagrado.

—Hola—saludó con cautela pero sonriente—. No ha pasado tanto tiempo, mi vuelo tuvo un retraso por lo que llevo aquí un par de minutos—mintió también, más que por hacer sentir bien al rubio, lo hizo por su orgullo: había esperado más de tres horas ahí.

—Menos mal—plan frustrado.

—Agradezco que me hayas venido a recoger, seguro que estás hasta el tope de deberes en la universidad—se puso de pie y por fin pareció ceder ante el clima caluroso de Japón porque comenzó a quitarse la tonelada de suéteres. Con la última pieza fuera, se expuso la razón por la cual Kei tenía que estar ahí.

Una marca de mordida en su hombro izquierdo.

Por fin después de tres años la volvía a ver, seguía igual que cuando la había hecho. Un carraspeo lo llevó a cambiar el objetivo de sus ojos, emigraron del cuello de Hinata a su rostro. Su mirada miel se perdió en la avellana y un escalofrío recorrió su cuerpo. De pronto sintió ganas de abrazar a Shoyo, porque su ser primitivo ansiaba el reencuentro con aquel con el que había hecho su enlace. Kei se odio por reaccionar así a alguien que no era su amado Yamaguchi. Estúpido y maldito instinto que te hace actuar como un mono.

—Vamos—dijo Kei dándole la espalda al pelirrojo antes de que hiciera algo de lo que después se lamentara.

Los alfas y los omegas pueden ser bastante diferentes en cuanto complexión y capacidades pero hay algo que comparten: el orgullo de su vínculo—garabatos en la pizarra—. Una vez que se han establecido con su pareja no permiten que nada le pase, ni mucho menos que alguien más merodee cerca de ella. Si sienten que algo está amenazando su vínculo ellos actuarán instintivamente cómo...

Cómo animales sin cerebro—completó un niño rubio al final de la fila.

.

Subieron al carro sin decir ninguna palabra. Kei fingía que manejar requería toda su atención y a Shoyo podría importarle menos su actitud de molestia; él tenía más razones para estar molesto. Tsukishima lo hizo esperar tres malditas horas en el aeropuerto y Shoyo estaba seguro de que fue un acto premeditado. Lo supo por el semblante lleno de tranquilidad con el cual se presentó a su encuentro.

Y por si fuera poco, estaba también eso: feromonas de otro omega. Su compañero llegó empapado de un olor picante y azucarado. Su naturaleza dominante fue capaz de percibirlas muchos metros antes de que Kei lo saludara. Esa misma naturaleza lo estaba matando en ese instante, no era sólo el rubio, el auto mismo estaba hecho un apestadero y Shoyo sentía que vomitaría en cualquier momento. Ellos no eran absolutamente nada más que dos compañeros ligados por la fuerza y aún así el orgullo de omega de Hinata activababa sus glándulas para desprender sus propias feromonas y hacer suyo el espacio que lo rodeaba.

Una vez satisfecho de marcar su territorio se dedicó a mirar con nostalgia el camino cambiado en su andar, habían sido ya tres años desde que sus pies besaron su tierra natal y el paisaje le gritaba que el tiempo no pasaba en balde. De a ratos desbloqueba su teléfono y jugueteaba con sus contactos, luchando consigo mismo respecto a mandar o no un mensaje.

—¿Quieres que te deje en la estación para que tomes tren para la casa de tus padres o vas a quedarte en Tokio?—preguntó Kei cuando se paró en una luz roja.

Shoyo apretó la tela de su pantalón ante su pregunta, su actitud fría le hacía doler el corazón.

—Tu casa—respondió con desgano—, me quedaré ahí los próximos días.

Kei se paraliza, pero no así el mundo que comienza a tocar el claxon para clamar su avance.

—¡¿Con permiso de quién?!—poco le importa elevar la voz.

—Pensé que tus padres y tú lo habían hablado.

Por supuesto que no lo discutieron, es más, ni siquiera le mencionaron tan pequeño detalle. Entonces supo lo que su madre le estaba ocultando y de porque estaba tan insistente de que recogiera a Hinata. Como siempre inmiscuyéndose en sus asuntos sin tomar en cuenta su opinión.

Shoyo, quien se había mantenido quieto, desbloqueó su móvil y llamó a su primer contacto en la lista de favoritos. Ni siquiera pasaron tres segundos y la persona al otro lado de la línea ya había atendido.

—Hola, soy yo ¿puedes venir por mi?—esperó por la respuesta de la otra persona—. Gracias, te mando la dirección—cortó la llamada—. Espero que puedas bajarme en el punto más cercano.

—Dijiste que ibas a quedarte en mi casa y es ahí donde estarás—reprochó Kei, sabía bien a quien había llamado y su orgullo de alfa empezó a encenderse.

A Hinata no le importó que estuviera en el segundo carril, presionó el botón para abrir lel portaequipajes y en la siguiente luz roja que los hizo detenerse abrió la puerta y bajó del vehículo.

—¿Qué se supone que estás haciendo?—Kei no podía creer que Shoyo estuviera haciendo eso. A la velocidad de un rayo se quitó el cinturón y bajó a intentar detener al pelirrojo.

—Lo que tú quieres, alejarme lo más posible de ti—sacó su equipaje y empezó a manejar lejos del auto—. Gracias tu amabilidad.

Las luces jugaron a favor del omega y tan pronto como llegó a la acera se pusieron en verde. Tsukishima sólo alcanzó a cerrar su puerta antes de que provocara un accidente. Golpeó con rabia el volante. Así era el Hinata Shoyo que recordaba. Ruidoso y temerario. No dejaba guardados sus comentarios en su mente, no, todo era sacado sin temor alguno. Si su ira estaba presente era sacada, sin importarle que su desahogo fuera un alfa o un beta. Era tonto creer que un intercambio de tres años sería suficiente para aplacarlo.


Hasta aquí la lectura, no duden en dejar sus comentarios ;)

Nos leemos~