El amor


Estaba impacientándose, consideraba que era demasiado tarde como para que ella no esté aquí, había llamado a su mamá, sus amigos, pero nadie sabía de su paradero, la verdad no era el único afectado, al borde de la desesperación, lo peor es que no podía hacer reclamo alguno, pues el mensaje de ella claramente decía: " Llego en unas horas a casa, te quiero ". Palabras que no le eran para nada suficientes al pobre peli azul que no hacía más que ver la hora, esperando que su novia pase por la puerta, Wendy y Meredy se habían ido a dormir hace un rato, él simplemente estaba expectante y a punto de ir por un megáfono a gritar el nombre de la peli escarlata por todo Crocus si fuera necesario.

El sonido de unas llaves abriendo la cerradura de su puerta lo alegró grandemente y el ver que Erza entraba a su casa le volvió el alma al cuerpo, ella entraba con cuidado pensando que todos ya estarían dormidos, al voltear y ver a Jellal sentado en la sala se sorprendió.

– ¡Erza! – La abrazó yendo rápido hacia ella soltando su nombre con gran alivio

– Jellal – Emitió sorprendida correspondiendo el abrazo pasando una mano por su cabello azul – No quería preocuparte – Decía sintiéndose algo culpable

– Lo importante es que estás aquí – Se alejó un poco de ella respirando profundamente

– Perdón por llegar tarde – Se acercó a él tomándolo de la mejilla – Debí llamar, pero mi celular se apagó – Acercó su nariz a la de él

– Eso no importa – Intentó animarse abrazándola más sí mismo – ¿Quieres comer? Te preparo algo antes de que vayamos a la cama – Ofreció

– No – Negó viéndolo a los ojos, en verdad la amaba – Solo quiero ponerme la pijama y recostarme junto a ti – Decía completamente convencida

– Vamos, entonces – Un brillo travieso apareció en la mirada de esos ojos

La peli escarlata no supo cuando sus pies dejaron de tocar el piso y era llevada en brazos por Jellal en dirección a la habitación que compartían juntos, ella rodeó los brazos en su cuello y reía con sinceridad mientras él caminaba, el peli azul la hacía feliz, completamente feliz, al llegar a la habitación la depositó suavemente en el mullido colchón dejándole un beso en la mejilla.

Ella suspiró con una sonrisa viéndolo tan cerca suyo – Te amo – Emitió por primera vez confesando ese sentimiento que hasta ahora no había podido decirle, claro que le correspondía en actos, solo faltaban la palabras

Que como bien sabemos, siempre salen sobrando.

Jellal alzó la mirada a los ojos de ella – Yo también te amo, Scarlet – Sonrió plenamente acercándose para volver a besarla, él sabía que era correspondido, pero que lo diga significaba un paso más para ella y el peli azul estaba completamente feliz de todos y cada uno de los avances de la peli escarlata.

Él estaba a punto de alejarse cuando sintió las manos de ella aferrarse más a sus hombros – No, no te alejes – Susurró con algo de desesperación en su tono de voz – Abrázame ¿Sí? – Jellal asintió recostándose al lado de ella pegándola completamente a su cuerpo sintiendo como Erza se acomodaba en su pecho como si buscara protegerse de algo

– ¿Que sucede? – Preguntó con cautela acariciando uno de sus brazos

– Hoy me demoré porque fui al cementerio y vine a casa caminando – Dijo con la voz triste

– ¿Por qué? – Continuaba con el mismo tono suave mientras la rodeaba ignorando el hecho de que la peli escarlata había recorrido demasiados kilómetros

– Yo nunca voy a los cementerios a visitar las tumbas, solo voy cuando la gente muere, nunca entendí el motivo de llevar flores a una piedra, porque aunque vayas a ese lugar, la persona a la que extrañas no está ahí – Frunció el ceño luciendo ligeramente conflictuada – Esta es la tercera vez en la que voy al cementerio de Crocus… – Intentó hilar su primera idea – La primera vez que fui fue cuando era niña, para mi mala suerte lo recuerdo muy vívidamente, era el entierro de papá – Se le quebró la voz – Mamá lloraba de una manera horrible – Negó – Es la peor sensación del mundo ver a la persona que más admiras y amas totalmente destruída – Se quedó en silencio unos segundos – La segunda vez que fui era el funeral de Simon – Suspiró pesadamente – Él era mi prometido – Alzó la mirada a Jellal – Iba a casarme a los veintiún años, pero la vida tuvo otros planes – Volvió a esconderse en el cuello de él – Tuvo un accidente y falleció; y hoy que fui, fue horrible – Negó abrazándose más a él – Me quedé estática viendo las tumbas de ellos, sin decir ni una palabra y así como llegué, me fui; no entendí porque quise ir – El silencio hizo su espacio nuevamente – Estos meses han sido realmente increíbles para mí, estoy agradecida con todo lo que me ha pasado, he hecho cosas que creía completamente imposibles – Su cerebro pensó unos segundos en decir lo siguiente – Como actuar, yo lo había dejado completamente porque era algo que Simon y yo amábamos, sentía que lo traicionaría haciendo algo que él ya no podía, a parte que lo recordaba ni bien leía un libreto, por eso preferí alejarme; aunque tiempo después a su muerte escribí la película solo sabiendo el final – Suspiró – No quería que ninguno de los tres protagonistas fueran felices, todos terminarían sufriendo, aunque Lilith al final muere – Sus ojos se empañaban de lágrimas – Porque de algún modo me sentí a morir cuando Simon lo hizo – La voz se le quebró – Y ahora que lo vi, cómo de una manera ficticia me vi tendida en el piso desangrándome, solo te puedo decir que ese no es el destino que yo ahora hubiera querido para mí en ese entonces – Negó sollozando levemente – Creo que ya intuyes porque era como era cuando nos conocimos – Limpió sus lágrimas con una de sus manos – Intenté deshumanizarme lo más posible, dominar mis sentimientos, dejar de ver las relaciones humanas como algo que había que atesorar y cuidar; la verdad hice demasiadas estupideces esos años – Intentaba calmarse, pero las lágrimas no paraban – Estoy en serio agradecida que nada me haya pasado, que los hombres con los que estuve hayan entendido un no o un rechazo, que al estar en un bar o en una discoteca con varias copas encima no me haya pasado absolutamente nada, aunque no debería de pasarme algo; el mundo en el que vivimos es horrible y hay gente muy mala a la que me da alegría no haberme topado, pero en fin – Tenía la camisa de Jellal tomada en un puño – Estoy feliz de que hayas traspasado todas las barreras que había puesto en mí, no sé cómo tuviste la paciencia y las sinceras intenciones de estar conmigo pase lo que pase y cueste lo que cueste – Rio levemente volviendo a quitarse una lágrima mientras veía a los ojos al peli azul – No tengo más que hacer que agradecerte por todo Jellal – Soltó sincera – Te amo – Esa noche lo repitió por segunda vez desde que estaban juntos

– Te adoro, Erza Scarlet – Decía con tanta sinceridad, ahora más que nunca quería protegerla de todo, no porque ella lo necesite, pero ya debía de bajar su espada de defensa, pues no estaba sola, nunca más lo estaría – Gracias por confiar en mí – Llevó uno de sus mechones de cabello atrás de su oreja

Estaban tan cómodos como se encontraban que después de estar un rato en silencio se quedaron dormidos así.

Había dado mil vueltas en la cama, se encontraba intranquila por dos motivos muy importantes, primero porque a la mañana siguiente iría a la casa de su prometida a tener una charla con sus padres, obviamente sin que ella lo supiera y segundo, bueno… era culpa de su madre. Pues Ul después de alegremente haberlas recogido en el aeropuerto les mostró sus habitaciones al llegar, Ultear iba a interferir, claro; pero Seilah no quería quedar mal ante su futura suegra, por lo que acalló a su prometida y se fue a dormir al cuarto de huéspedes.

Mientras tanto la actriz estaba en una habitación con las cortinas gruesas, un morado oscuro en la pared y miles de posters por todos lados, pues su madre había conservado su cuarto de adolescencia tal cual ella lo había dejado al haberse ido.

Ultear mordió su labio inferior pensativamente, sabía que Seilah descubriría en cualquier momento que fue a hablar con sus padres y también que su madre no podía castigarla más, pues ya no era una niña; así que en medio de la noche se levantó de la cama y fue hacia la habitación de huéspedes en la que se encontraba su prometida profundamente dormida, abrió la puerta con cuidado dejándola junta para no hacer mucho ruido cuando vuelva a su recámara antes de que amanezca, con clara diversión se metió entré las sábanas y deslizó sus manos en la cintura de Seilah atrayéndola más a ella.

– Mmmm… – Sonrió la vestuarista recibiendo esos labios en su rostro, intentando abrir los ojos – U-Ultear – Se trabó reconociendo el ajeno lugar apartándose de su prometida – ¡¿Qué haces aquí?! – Le reclamó en voz baja

– Yo… yo vine… porque tenía frío – Intentó buscar una excusa, aunque no era para nada convincente la verdad

– ¿Ah sí? – Se cruzó de brazos viéndola a los ojos con la poca luz que entraba a través de las cortinas – ¿Y porque no prendiste la calefacción de TU habitación? – Remarcó intentando lucir seria

– Porque seguro aquí está más cálido – Metió las manos debajo del camisón que usaba Seilah, acariciando sus muslos, su abdomen y su espalda – ¿Ves que tenía razón? – Soltó con una sonrisa ladeada disfrutando como la mejillas de su prometida se ponían rojas

– Ultear – Se quejó nuevamente – Tú mamá nos dio dos habitaciones, así que debes de respetar su casa e ir a la tuya – Intentaba no reaccionar a los labios de ella que ya estaban en su cuello

– Te prometo que... – Se alejó un poco de ella para hablar cerca de su boca – Solo vamos a dormir y yo me voy antes de que amanezca – Seilah la veía no creyéndole – No he podido ni cerrar los ojos sin que estés a mi lado – Llevó una mano a su mejilla

– ¿Solo dormir? – Decía dejándose llevar por esa mujer que la volvía completamente loca

– Solo dormir y un besito – Emitió con rapidez

– Estás tentando tu suerte – Sonrió retadoramente

– ¿Suerte? – Preguntó inclinando la cabeza hacia un lado – La única suerte que necesité fue para encontrarte

Seilah no pudo evitar sonreír – Cuando quieres dices cosas tan románticas – Se acomodó en la cama abrazándose a su prometida

– Es un don – Soltó con simpleza rodeando a Seilah por la cintura dejándole un no tan corto beso, sentir sus labios era igual que la primera vez, aún sentía todas esas mariposas en el estómago que le provocaba desde hace mucho – Deberíamos cambiarnos a mi habitación, es más grande que esta – Vio alrededor – Cabrían las cosas de ambas

– Eso de explorar el lugar que usabas hace algunos años me intriga mucho – Sonrió acariciando su mejilla – Leer algunas cosas que escribiste, saber las cosas secretas que guardabas, conocer las cosas que eran especiales para ti hace tanto

– Hace tanto tampoco, eh – Negó a la defensiva – Han pasado sus años, pero no fue hace mucho

Seilah rio levemente, le daba mucha gracia que el tema de la edad la altere, cuando no era para nada relevante – Te amo – Le dejó un beso en la mejilla

– Yo también te amo – Sonrió devuelta acurrucándose con su prometida, aunque intentaba no ponerse demasiado cómoda, pues se iría en unas horas

Aunque el sol salió dándole paso a la mañana y continuó ahí, junto a ella.

Hace tiempo que no salían a desayunar fuera de su casa, el lugar que había elegido su suegra estaba en serio precioso, era un bello día de verano, así que aprovechó para llevar un vestido que relucía sus siete meses y un poco más de embarazo, le encantaba como su esposo la tenía de la cintura, cada vez que subía la mirada se lo veía tan serio como si estuviera amargado de la vida, pero la gente se equivocaba al completo recibiendo esa impresión, él para nada era así, bueno, antes tal vez era un poco salido de su lugar, pero aprendió a ser respetuoso y amable, pues cierta albina lo ayudó a convertirse en un gran hombre y ahora en futuro padre.

– ¡Mira, Laxus! – Escucharon los dos de una de las mesas de al fondo – ¡Por aquí!

El rubio se cubrió un poco la cara viendo a su madre que estaba prácticamente encima de uno de los meseros que tenía una expresión embobada por cada cosa que ella hacía.

– Estefania un gusto verte – Sonrió la albina con sinceridad sentándose al lado de la señora

– Buenos días, mamá – Emitió Laxus sentándose al lado de su esposa, dándole una mirada de enojo al mesero que se la estaba pasando demasiado bien, él rápido tomó la orden y se fue

La mujer de largos cabellos rubios se sintió algo decepcionada por como el hombre que había sido tan atento con ella se haya ido – Debes de controlar esa cara que te cargas que así nunca me vas a dejar conseguir un novio – Soltó en una infantil queja quitándose los lentes de sol que cubrían sus ojos de color verde, iguales a los de su hijo

Mira reía al verlos, Estefania se veía muy joven como para tener un hijo de la edad de Laxus, puesto que quedó embarazada a temprana edad, Laxus a veces se avergonzaba de la manera tan jovial de vivir de su madre, pues perdía las cosas, coqueteaba con todo el mundo, pero tenía un gran corazón, ambos lo tenían. Y aunque no lo parecía en lo superficial, la albina que los conocía muy bien a ambos veía demasiado en uno del otro.

– Mamá – Emitió el rubio entredientes – Ya te he dicho mil veces que debes de comportarte y vestirte de una manera más… apropiada – Intentaba ser serio y no demostrar el enojo que le daba tener a tantos tipos viendo a su madre

– ¿Qué tiene de malo lo que me puse? – Bajó la mirada a su top rosa con puntos blancos que se amarraba por encima del ombligo junto a esa falda del mismo color que le llegaba arriba de las rodillas – Mira-chan ¿Crees que estoy mal vestida?

– Por supuesto que no – Negó la albina – Rayito exagera como siempre – Colocó la mano encima de la de su esposo – A parte que siempre has tenido un fabuloso cuerpo Estefania, no deberías de limitarte solo por lo que piense Laxus, ni pareciera que tengas un hijo

– Pero lo tiene – Rebatió el rubio

– Desde pequeño siempre ha sido un controlador – Rio Estefania apretando la mejilla de su único hijo, él se sonrojó al instante, pero no apartó el rostro, apreciaba mucho el cariño de su madre, ella siempre lo fue todo para él – ¿Y cómo va mi nieto o nieta? – Preguntó llevando la mano al vientre de Mira con emoción

– Todo bien desde la última revisión – Sonrió la albina – Muéstrale la ecografía 3D que le sacamos al bebé

– Aquí está – Emitió Laxus sacando de su billetera una fotografía no tan grande

– ¡Es precioso! – Sonrió Estefania pasando un dedo por el rostro del bebé en la ecografía – Tiene la nariz de Mira, aunque las manos en puños y el ceño fruncido es totalmente tuyo – Rio un poco viendo a su hijo – Estoy muy feliz por ustedes – Decía con gran sinceridad

– Ya sé que te mueres por saber, así que Mira y yo decidimos decirte que es una niña – Emitió el rubio viendo hacia otro lado con las mejillas sonrojadas

– ¡¿En serio?! – Exclamó algo alto abrazando a la albina – ¡Felicidades! – Abrazó a su hijo seguidamente dejándole un beso en la mejilla – Van a ser unos grandes padres – Hablaba quitándole el labial que le dejó sin querer – Ustedes dos serán unos increíbles, maravillosos padres – Sonrió sintiendo sus ojos empañarse – Van a darle a esta niña todo el amor del mundo – Decía tomando a su hijo de la mejilla – Me pone tan feliz que la familia se agrande y saben que cuentan con todo mi apoyo, que aunque no soy la mejor madre del mundo yo crié a mi Laxus y mal no resultó

– Él es un hombre maravilloso – Soltó Mirajane con una sonrisa pasándole un pañuelo a su suegra que lagrimeaba un poco

– Gracias, hija – Le sonrió a la albina – Soy una sensible – Soltó en un suspiro intentando controlarse limpiando sus lágrimas volviendo a su asiento

– Gracias, mamá – Emitió Laxus estirando la mano hacia ella

Siempre que veían a Estefania se aseguraban de un momento divertido, era en serio extraño verla llorar o estar triste, Mirajane se sorprendió, pues nunca la había visto así, aunque le alegraba en profundidad que Laxus vea ese lado de ella, un lado que por mucho tiempo mantuvo oculto por su bien, nunca la vio derramar una lágrima por Ivan, su padre, cuando los abandonó, ni la veía triste cuando él cometía locuras por la juventud, no, pero enojada, sí la había visto, no tantas veces porque Laxus tomaba conciencia en que él se tenía que hacer cargo de su madre y su abuelo, una responsabilidad que nadie le encomendó, pero que él se la atribuyó.

Estaba avergonzada, no, sus sentimientos superaban la vergüenza misma, sentía que estaba fallando, nunca le había pasado algo como esa mañana, en primer lugar porque la habían despertado, eso no pasaba nunca, despertó escuchando su nombre y el de su prometida, justamente de quien menos esperaba, sí, Ul, estaba en la puerta de la habitación que había designado solo para ella, encima no se había levantado para hacer el desayuno como había planeado, no sabía cómo, tal vez era la tranquilidad de estar en la apacible Magnolia.

Mientras tanto, ella solo se limitaba a ver su taza de café con las mejillas rojas y el ceño fruncido, se sentía un poco frustrada, sintió como Ultear le dio con el codo suavemente en medio de las costillas.

– Hey – Susurró la actriz haciendo que Seilah levante la mirada a ella – Debes dejar de preocuparte, lo que pasó ya pasó

– Debes hacerle caso a Ultear – Escuchó la voz de su futura suegra que la puso nerviosa al instante, volvía de la cocina con la mermelada – Solo las encontré durmiendo y créeme que como es mi hija obviamente sé que ella fue la que se escabulló a tu recamara – La actriz intentaba no reír por lo roja que estaba su prometida – A parte si querían una habitación para ambas me lo hubieran dicho, yo escuché que tenían un sofá-cama por eso pensé en preparar dos habitaciones para ustedes

– Discúlpenos nuevamente, señora – Negó la vestuarista – Que vergüenza con usted, yo no quería…

– Mamá dice que está bien – Agregó Ultear tomando la mano de Seilah – Ya deja de disculparte

– No es necesario – Negó intentando tranquilizar – No soy un monstruo y deja de decirme señora y hablarme de usted que eso sí me enoja – Alzó un dedo en reprimenda

– Lo siento, Ul – Trataba de decir la vestuarista, nunca había llamado a alguien mayor por su nombre y menos en Magnolia – Ul...tear – Vio a su prometida sabiendo que crearía confusión si la llamaba de manera corta como acostumbraba hacer – ¿Me pasas el cuchillo de la mantequilla?

– Ten – Emitió la actriz alcanzándole el utensilio, nunca había visto a Seilah nerviosa, era algo insólito, siempre era seria, tranquila, relajada, pero ahora parecía que se iba a deshacer con solo decir su nombre

– Ul...tear – Volvió a pausar su nombre sin querer, no se acostumbraba a llamarla con el nombre completo – Tienes mermelada aquí – Tomó la servilleta de su prometida y le limpió por la barbilla

– Gracias, amor – Le dio un rápido beso para fastidiarla un poco más, casi nunca le decía más que la abreviatura de su nombre, pero quería explorar sus límites, aunque sabía que al estar a solas ella podría enfrentarse a un demonio, quería correr el riesgo

– ¿Por qué no mejor...? – Empezó diciendo Ul antes de que Seilah vuelva a disculparse – ¿...llamas a Ultear de otra forma así no te trabas cuando quieras decir su nombre?

– Sei tiene unos apodos muy lindos para mí – Sonrió la actriz de lado

– Bueno – La vestuarista se encogió de hombros, y Ultear supo que debió haberse mantenido al margen con sus provocaciones – ¿Quieres un bocado de mi tostada, conejita? – Sonrió ofreciéndole lo que tenía en la mano retándola con la mirada, pues ese juego se podía jugar de a dos

La actriz casi se atora con su café al escuchar tal sobrenombre – ¿Por qué conejita? – Preguntó la madre de Ultear con interés

– Porque una vez Ultear… – Fue interrumpida por la mano de su prometida en la boca

– Mamá, a Seilah le encanta el queso crema ¿Podrías traerlo por favor? – Dijo la actriz con rapidez

Al ver a su mamá levantarse de la mesa retiró la mano de la boca de su prometida – Ya entendí – Emitió viendo como ella tenía una sonrisa triunfadora – ¿En serio le ibas a contar esa historia a mi mamá?

– Sabía que me detendrías de cualquier modo – Le restó importancia

– Bueno, para que ese ámbito de mi vida no sea revelado intentaré mantener mis palabras al mínimo

– Y tus besos – Advirtió Seilah

– ¿Segura? – Le dio otro beso rápido

– ¡Tú mamá nos puede ver! – Se quejó bajito

– ¿Y… por qué... me... sigues... besando... entonces? – Decía entre muchos besos

Seilah reía con su accionar – Ya para

Ultear la tomó del cuello y empezó a besarla con una gran felicidad sonriendo encima de su boca sintiendo que su prometida hacía lo mismo, eran realmente felices, la actriz haría lo que sea por mantener esa sonrisa en el rostro de Seilah, no importaba qué.

– Ya basta – Reía ella sacando su ropa de la maleta

– No puedo – Decía él con una sonrisa traviesa – Estabas tan nerviosa desde que llegamos – La abrazó por detrás dejándole un beso en la mejilla – Me causa gracia verte tartamudear

– ¡Son tus papás! – Se cruzó de brazos volteando para verlo – Una mala primera impresión y podrían hacer que ya no quieras estar conmigo – Torció la boca hacia un lado

– Es imposible que a alguien no le agrades – Negó apartando un mechón de su rostro – Y no importa realmente lo que ellos opinen, yo quiero estar contigo sin importar qué – Se acercó a empezar a besarla

Ella correspondió descruzando sus brazos y rodeándolos en el cuello de él, acariciando su cabello con cariño, sonriendo encima de su boca, por fin se sentía en calma, aunque la idea de que los padres de su novio les hayan dado una sola habitación a ambos no la convencía del todo, aunque eran buenas personas y se comportaron muy bien con ella desde que los fueron a recoger al aeropuerto.

– Bueno – Decía el peli azul alejándose de la boca de ella – Iré con mamá, dijo hace rato que quería hablar conmigo. Vuelvo para ir a cenar ¿Te parece? – Acarició sus costados

– Está bien – Asintió dejándole un rápido beso – Te amo – Sonrió al decirlo, a parte de que lo decía con más naturalidad sentía emoción ella misma por expresar lo que sentía en voz alta

– Yo igual – Sonrió dándole otro beso – Nos vemos en un rato – Salió de la habitación

Jellal caminó a través del pasillo de su antigua casa de la que se había ido poco después de ser mayor de edad persiguiendo su sueño de ser actor, no sabía que ese sueño lo llevaría a poder conocer a tan maravillosa mujer con la que ahora compartía su habitación de joven.

Llegó a la biblioteca de la casa en la que vivía anteriormente, la que visitaba muy poco y mayormente para ver a su hermana menor y a Meredy, las vacaciones seguro le caerían bien, igual que a Erza quien ahora pensaba en su siguiente proyecto, claro que se lo tomaba con calma.

– ¿Querías hablar conmigo? – Preguntó el peli azul entrando a la habitación

– Más que hablar… – Empezó diciendo la preciosa mujer de ojos verdes y cabello largo del mismo color que el suyo – Quiero darte algo – Fue directa al punto

– ¿Darme algo? – Preguntó curioso

Ella rio levemente viendo la expresión en su rostro – Sin duda eres igual de lento que tu padre

Jellal enrojeció levemente – ¿Qué es? – Decía intentando averiguar lo primero

– Primero cuéntame más de tu relación con Erza – ¿Te ves en un futuro con ella?

– Estamos yendo lento – Se sentó en la pequeña sala enfrente de su madre que tenía una taza de té en sus manos – Pero si ella quisiera pasar el resto de su vida conmigo sería maravilloso – Sonrió convencido

– Solo basta verte la cara de tonto que traes cuando ella habla o la ves para saber que estás muy enamorado – Sonrió dándole un sorbo a su taza – Debo aceptar que nunca te había visto así de entusiasmado con una mujer, pero quiero saber si estás listo para intentar otra relación en tu vida

– Totalmente – Respondió decidido – Desde la primera vez que la vi sentí algo diferente y cuando supe que se iba a ir de Magnolia me sentí terrible, ella tenía mucho por sanar en sí misma, de algún modo la presioné al principio para que estemos juntos porque no sabía de su pasado y después entendí que aunque no sepa lo que le haya sucedido con exactitud solo debía ayudarla, estar con ella, ser un apoyo en vez de una molestia – Tomó aire – Poco a poco fuimos cultivando lo que tenemos ahora, fue difícil y lento, pero puedo decirte que lo valió completamente

– Suenas muy maduro y centrado – Alzó las cejas con una sonrisa

– ¿Por qué te sorprende?

– Hace años cuando decidiste casarte, lo hiciste a las prisas sin pensar en si era lo mejor en ese momento

– Esa es una situación completamente diferente – Negó – Antes pensaba que el amor era para siempre, sin importar qué, si encontrabas a la persona con la que congeniabas un poco ya podías o debías avanzar la relación a lo socialmente correcto

– Aprendiste a esperar – Lo vio con una sonrisa – Y a que la espera vale completamente cualquier sacrificio que hagas, Erza es una muchacha muy linda, que en verdad te ama, se nota cada vez que lo dice y lo demuestra preocupándose por ti viniendo hasta acá para poder conocer a tus padres, la manera en la que piensa cada respuesta para no arruinar la situación, ella te adora, es muy agradable su conversación y su presencia aquí, por eso… – Dejó su té en la mesa de al lado en la que también había un libro, tomó la caja rectangular que descansaba encima de la tapa y se la pasó a su hijo – Debes tener esto, lo sacamos de la caja fuerte hace un rato junto a tu padre

Jellal lo abrió no creyendo lo que veía, era el collar de diamantes de la familia, una joya que pasaba de generación en generación, tenía recuerdos de vérselo a su madre puesto, pero no había pensando en ese collar hasta ahora.

– Tu padre y yo siempre quisimos que le des este collar a la mujer indicada, Minarva no lo era claramente – Dijo mientras veía a su hijo algo perdido en sus pensamientos

– Tú, bueno ustedes hablaron poco con ella, menos de un día, apenas la conocen… – Hablaba un poco confundido

– Tú veías las cosas de una manera algo radical – Se inclinó un poco estirando la mano hacia él acariciando su mejilla – Para ti era todo blanco o negro, sí o no, arriba o abajo, ahora o nunca, Erza no, ella te cambió, te hizo notar que no siempre un no ahora significa un nunca, que un tal vez se puede convertir en un sí, que la espera es a veces necesaria – Sonrió viendo como su hijo la veía a los ojos – Ella es la indicada, la necesitas

– Lo sé – Asintió, su madre se sentó al lado suyo y lo abrazó a ella, Jellal se sentía feliz en ese momento

– Lamento que tu padre no esté aquí, pero ya sabes que a él no le gustan los sentimentalismos – Acariciaba el cabello de su hijo – Pero él piensa igual que yo

– Gracias – Sonrió – Ya hablaré con papá más tarde

Jellal no podía creer lo que tenía en manos y que sus padres hayan tomado una decisión así tan rápido, tan radicalmente, solo cruzando unas cuantas palabras con Erza, eso solo demostraba que ella era simplemente maravillosa.

Acababa de colgar el teléfono con su amigo, un día antes él había llegado a Magnolia, ya habían pasado días de su propia estadía ahí, le sorprendió mucho la llamada de Jellal invitándola a ella, su madre y su prometida a una comida uno de estos días en su casa, casi como en los viejos tiempos.

Pero hoy no podía, hoy tenía que hacer algo que había aplazado por varios días, pues Seilah se veía tan feliz estando allá, que no le parecía arruinarle el viaje por algo que le dijo desde un principio que no hiciera, pero se sentía en la responsabilidad de decir lo que pensaban, lo que sentía, lo que sería mejor para su prometida, pues aunque ella no lo quiera admitir, se moría sin sus padres, le hacían mucha falta.

Tomó aire y tocó con los nudillos de la que había averiguado era la antigua casa de su prometida, una señora abrió la puerta y la saludó con amabilidad.

– Buenos días – Intentaba lucir serena y amable, pues ya le habían dicho que siempre la primera impresión de ella había sido hostil – Soy Ultear Milkovich y quisiera hablar con los señores Ryogets – Decidió quitarse los lentes de sol

– Yo soy Saiko Ryogets – Se presentó estirándole la mano, la cual la pelinegra tomó con gusto – Mi esposo se encuentra en el cobertizo, pase por favor – La invitó hacia adentro sintiendo que se le hacía familiar ese nombre, pero no sabía de dónde – Iré a llamarlo ¿Desea algo de tomar?

– No, así estoy bien – Sonrió ella dirigiéndose a la sala

– De acuerdo, ya vuelvo – Emitió amable saliendo del lugar

Ultear se encontraba nerviosa, no creía que llegaría a conocer por dentro la casa de Seilah, pero ahí estaba, sentada en el sofá viendo alrededor sintiéndose algo incómoda, el lugar no era tan grande, lo que sí sabía es que el cobertizo estaba algo alejado, así que estaría ahí un buen rato, se veía como una casa normal, era mucho más pequeña de lo que imaginaba, pero resultaba acogedora, las paredes tenían un tapiz muy sobrio, casi no habían decoraciones, solo dos fotos estaban colgadas en las paredes, una de los padres de Seilah en lo que parecía su boda y la otra de los tres juntos, su prometida no se veía muy diferente a cuando había sido tomada esa foto que por lo que calculaba tal vez fue hace unos seis o siete años, justo antes de que se fuera de aquí.

– Buenos días – Escuchó una voz muy profunda detrás suyo, volteó rápidamente – Gahiji Ryogets – Se presentó de una manera algo brusca, pero no irrespetuosa – ¿Quería usted hablar con nosotros?

– Sí – Los vio sentarse en el sofá frente a ella – Yo soy… – Intentaba buscar alguna palabra que no suene tan directa a lo que la relacionaba directamente con su hija – La prometida de Seilah – Pero no la encontró, los rostros de ambos mostraron una gran confusión como si no hubieran entendido lo que les acababa de decir – Sé que no están de acuerdo con cómo ella decide llevar su vida o con quien casarse, pero…

– ¿Su madre lo estaría? – Interrumpió la señora

– De hecho – Ultear intentaba ser paciente y no decir todo lo que se le venía a la cabeza – Sí, nos estamos quedando en la casa de mi mamá – El rostro de indignación de la señora le dolía, pero no por ella

– ¿De qué quiere hablar con nosotros? – Preguntó el señor frunciendo el ceño

– Seilah ha estado muy triste sin que ustedes se comuniquen con ella, está esperando saber algo de sus padres porque ella los adora, está destruída y en serio quisiera que consideraran volver a mínimo hablar con ella – Intentaba usar su mayor poder de convencimiento

– No hay nada de que hablar – Negó Saiko – Si mi hija está paseándose por Magnolia sin avisarnos, es asunto suyo. No seguiré discutiendo del tema, porque… – Se la veía algo alterada – Esa mujer… Kyoka – Intentó recordar su nombre – Confundió a mi hija y ahora está cometiendo la estupidez de querer casarse con otra mujer, y usted, es muy joven igual que ella, están a tiempo de reivindicar su error y dejar esto atrás, porque es incorrecto lo que pretenden hacer, no hay nada de matrimonio en lo suyo, no en lo que respecta a las buenas costumbres – Vio hacia el techo tomando con una mano su propio cuello intentando controlarse – Váyase por favor y se lo pido de todo corazón, no vuelva – La vio con seriedad

Ultear se levantó del sofá y en automático salió de la casa, al cerrar la puerta tras suyo, sintió recién todo lo que había escuchado, no quiso pretender que no le dolían esas palabras, porque aunque sean unos extraños para ella, no sentía que debía recibir un trato así, lo peor fue pensar en qué le habrán dicho a Seilah, si esas cosas tan hirientes se las dijeron sin miramientos, no podía imaginar lo que le hayan dicho a su propia hija con quien tienen más confianza y educaron de ese modo, caminaba hacia su auto pensativamente, había sido un total error ir.

– ¡Hey, señorita! – Escuchó tras suyo, ella volteó, era el padre de Seilah quien la llamaba – Lamento que mi esposa le haya hablado así, no tenía derecho – Decía con arrepentimiento en la mirada – ¿Podríamos hablar un rato? Y así me dice cómo está mi Seilah – Pedía con un tono de voz preocupado

Lo vio pensativa unos segundos – Claro – Asintió sin dudas siguiéndolo

– ¿Sabe disparar? – Preguntó guiándola hacia el fondo de dónde se encontraban, pudo divisar diferentes objetos para probar puntería

– Algo – Contestó aún insegura

– Escoja su arma – Señaló con la cabeza el fondo de un baúl con bastantes tipos artefactos, entre pistolas, rifles, escopetas y otras

A Ultear le dieron ganas de tomar una de esas escopetas, pero se decidió por algo que manejaba mejor, un revólver.

– Al lado hay municiones – Decía el hombre preparando su carabina

La pelinegra abrió el arma para saber cuántos cartuchos le cabían y después decidió tomar los necesarios, Gahiji miró impresionado a Ultear, se notaba que sabía de armas y también sus pocas ganas de presumir o quedar bien tomando una más grande, una mujer que sabía sus límites, alguien que iba a lo básico, le agradaba de cierta forma.

El hombre al tener su escopeta preparada apuntó hacia el frente y le dio un disparo certero a una de las botellas enfrente haciéndola añicos, Ultear siguió su ejemplo y le disparó a una de las ramas de un árbol, haciéndola caer, al parecer la modestia ya no era su mayor virtud.

– Uno de los pasatiempos favoritos que tenía con mi hija era disparar – Emitió el hombre rompiendo el silencio

– ¿Ah sí? – Alzó las cejas con total sorpresa, pues su prometida le había hecho creer algo totalmente diferente, claro que eso no importaba ahora

– Sí – Asintió él buscando otro objetivo – Soy cazador, pero a ella jamás le gustó dispararle a animales – Dio otro certero disparo al terminar de hablar

– Eso suena a ella – Sonrió dando otro tiro a una lata vacía de cerveza

– ¿A qué se dedica, niña? – Preguntó curioso mientras los disparos seguían

– Soy actriz – Contestó sintiendo algo de pánico

– Wow – Habló con total sorpresa – Sí luce como alguien que puede dedicarse a eso

– ¿A qué se refiere? – Cuestionó intrigada bajando el arma perdiendo su turno de disparo

– Su apellido señorita – Intentó explicarse – Sé que es uno de las mejores familias de aquí, cómo viste y habla, se nota que no es de campo como nosotros, mi Seilah tampoco lo es – Sonrió recordando lo propia que era su hija – Ella siempre fue mucho para este lugar

– Ella adora este lugar – Lo vio a los ojos – Y a ustedes, ama Magnolia, ella sería muy feliz si la aceptaran de vuelta

– Ay, señorita Ultear – Negó levemente – Yo solo quiero que mi hija sea feliz, no me importa realmente si es con usted o con quien sea, porque a pesar de que no me entra en la cabeza que dos mujeres puedan casarse o estar juntas, sí quisiera volver a ver a Seilah, que esté aquí, que nos llame, que nos explique cosas, que nos cuente lo que hace en Crocus, ella es una niña muy lista y muy divertida, siempre quiere saber más, a veces nos mandaba libros, yo la extraño y quiero que quede mi palabra de que haré todo lo posible para que mi mujer lo acepte, no prometo que podamos cenar o estar los cuatro en la misma habitación, pero al menos a mi hija sí la quiero cerca

Ultear sonrió plenamente – Mi madre puede venir a hablar con la señora Saiko si gusta, también puedo hacer que nuestro viaje aquí se expanda más de lo planeado para que cuando hable con su esposa puedan hablar con Seilah, yo solo quiero que vuelvan a su vida, ella también los extraña mucho

– Muchas gracias por cuidar a mi hija, señorita Ultear – Asintió agradecido

– Dígame solo Ultear – Se encogió de hombros dejando el arma en la mesilla

– Está bien, Ultear – Vio con curiosidad su mano izquierda frunciendo un poco el ceño – ¿Puedo? – Preguntó queriendo acercar el anillo que portaba a su vista

– Sí, claro – Hizo el ademán de quitárselo

– Así está bien – Negó acercando su anular a sus ojos – Es el anillo de mi madre – Habló con sorpresa dejando libre su mano – Ella fue la única que siempre entendió a Seilah, desde siempre, pocos meses antes de que muera le dio ese anillo, yo le decía que era una tontería, que debía dármelo a mí para cuando me pidan la mano de mi hija, mi madre negó con una risa diciéndome que Seilah se lo daría a ese alguien, literalmente usó esas palabras – Rio levemente con las manos hacia atrás – Ella siempre lo supo, creo que antes que mi propia hija – Se hizo un reflexivo silencio – En fin ¿Qué tal unas últimas rondas antes de que te vayas? – Sujetó con ambas manos la carabina que había bajado

– Seguro – Sonrió Ultear viendo hacia el frente, sintiendo que tal vez no había conseguido mucho, pero tampoco había arruinado más la situación como pensó que lo haría

Entró contento a la habitación, vio a su novia de espaldas a él y con cuidado guardó la caja en la que estaba el collar que le había dado su madre en la mesa de noche, se recostó en la cama detrás de ella rodeándola por la cintura y dejándole unos besos en el cuello.

– Te amo ¿Lo sabías? – Preguntó acariciando su cabello poniéndolo detrás de su oreja

– Sí… – Alargó la vocal entrecerrando un poco los ojos y dándose la vuelta en sus brazos – Yo igual – Contestó con seguridad – Pero ¿Por qué me lo dices ahora? – Torció un poco la boca – ¿Tus padres ya decidieron que no soy buena para ti y debemos irnos? – Decía jugando con el cuello de su camiseta

Él rio negando – Por supuesto que no, todo lo contrario – Sonrió acercando su rostro al de ella – Mis padres te adoran – Le dejó un rápido beso – No te conocen ni un día y ya te sienten parte de la familia

– Solo decir que me aceptan basta – Rio acariciando sus mejillas – No tienes porque inventar más

– No invento – Se defendió tomándola de la barbilla con cariño – Erza – Emitió con algo de seriedad – Eres una persona fácil de querer, te ganas el corazón de las personas sin siquiera intentarlo, así que deja de decir esa clase de cosas, porque no son ciertas

– En tal caso… me pone feliz que tus padres me acepten para ti – Sonrió juntando su frente con la de él

– Solo falta que tu madre nos dé el alcance aquí para que se conozcan entre ellos – Decía acariciando su mejilla

– Van a ser unos días muy formales – Arrugó la nariz sintiendo algo de incomodidad desde ahora

– Ni que lo digas – Suspiró con la misma actitud que ella – Y más… – Se sentó de repente dejando a la peli escarlata sorprendida – Porque tendrás que usar esto – Se inclinó al cajón de la mesita de noche al lado suyo

– ¿Qué cosa? – Preguntó con curiosidad sentándose en la cama

– Cierra los ojos – Sonrió él pensando en hacer lo que tenía pensado ahora, porque no sentía que debía esperar un momento específico o uno en especial, porque habían decidido que cada minuto juntos ya lo era, sin importar qué

– Okay – Cerró los ojos no sabiendo que esperar realmente

Jellal abrió la caja con cuidado, sacó el collar y se puso detrás de ella, aprovechó la cola alta que llevaba en el cabello para poder colocárselo alrededor del cuello con facilidad.

– Obviamente ya sentiste qué es, pero abre los ojos – Rodeó sus brazos en la cintura de ella y posó su mentón en su hombro viendo al espejo de enfrente en el que estaban ambos reflejados

Tomó un poco de aire rápidamente con la boca en señal de sorpresa – Está precioso – Llevó una mano a su cuello viendo el espejo también – No debiste – Volteó hacia él

– Es un regalo que más allá de la gargantilla, es lo que significa – Aclaró tomándola de ambas manos

– ¿Qué significa? – Preguntó con curiosidad perdiéndose en esos ojos verdes

– Que te amo – Respondió con simpleza creyendo que no era necesario extenderse, pues esas simples palabras significaban tanto para ellos, eran de una importancia y un respeto inigualables, porque se amaban desde hace mucho y se expresaban en relucir ese amor con acciones más que palabras, no había necesidad de hablar más

– También te amo, Jellal – Sonrió ella empezando a besarlo con tanto amor, con un amor que jamás creyó volvería a ella, un sentimiento que hacía latir su corazón desbocadamente, al decir unas simples palabras que significaban un mundo en su historia

Al fin y al cabo, el amor se presenta con hechos más que palabras.

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Recuerda dejar tu bello review!

Hola! Cómo están?! Yo algo triste por dos motivos diferentes, el primero es que Mashima no hizo ningún dibujo para el Jerza day, cuatro el año pasado eran suficientes y uno más este años ya es avaricia (?). No lo sé :c, el segundo motivo es que le queda poquiiito a este fic, ya hice la planeación, cuadré los capítulos restantes y exactamente faltan dos. Sí señoras y señores, solo dos capítulos más y esta historia se habrá acabado, se siente extraño, uno pensaría que cuantos más escritos hayas terminado, se hace más fácil con el tiempo darle un fin, pero no.

Se viene la premier de la película, aunque no para el próximo capítulo. Xd

Lo que piensa Erza de los cementerios es lo que realmente siento yo acerca de esos lugares, me parece un consuelo muy básico, porque solo ves una fuckin piedra… pero bueno.

Recuerdo que les dije que imaginaba a la madre de Laxus muy alegre y distraída, y al fin se me dio poder meterla en un capítulo, no hay ninguna razón especial de su nombre, solo se me ocurrió, pero siento que adoro su personaje o más bien el que le inventé, pues como saben en el canon jamás aparece.

Y algo que quiero decir con respecto a la familia de Seilah es que siempre que pueda y tenga una plataforma por más micro que sea voy a promover lo que es correcto con las historias, que al final demuestren algo, porque creo que este mundo puede ser cada vez mejor y si puedo dar mi granito de arena en mi minúsculo espacio del mundo, lo voy a hacer. :3

Bye...

Psdt: Estoy escribiendo un short-fic llamado La Boda, espero que lo vayan a leer y le dejen un comentario si les gusta. 7u7

Aclaraciones:

El nombre del padre de Seilah es Gahiji, de origen africano y significa literalmente, cazador.

El nombre de la madre de Seilah es Saiko, de origen japonés y significa mujer serena.

Igual no me crean porque los saqué de internet xd.

Datos curiosos:

Una de mis ideas principales era que por motivos de la película y de publicidad Ultear y Jellal estén obligados por contrato a mostrarse como una pareja ante el público y las cámaras, pero nunca encontré una manera de introducir el tema y le quise dar más prioridad a sus propias relaciones, a parte que sería demasiado drama y aunque ame el drama simplemente no se dio xd.

Cuando los personajes tienen algo en la mano intento tener el mismo objeto o algo similar para ver cómo interactúo con este, pues soy pésima describiendo, y según lo que hago escribo en el fic. Y sí, en el capítulo pasado no tenía una navaja, pero sí una lima de uñas :v

Agradecimientos:

Pilikali