Disclameir. Los personajes y trama central del universo de Harry Potter no me pertenecen en absoluto, la historia es un fanfic desarrollado a base de un rol que he llevado y que espero lo disfruten.

Advertencia. Este capítulo tiene contenido para adultos de +18, con escenas sexuales y que pueden considerarse transgresoras. También es necesario destacar que el fanfic es un Universo Alterno en donde Voldemort no prestó atención a la profecía, por lo que Lily sigue viva y el destino de algunos personajes cambió aunque en esencia la trama se mantiene en las centrales del libro.

Sin más que añadir, espero que les guste el primer capítulo.

CAPITULO I. Primer encuentro

A primera vista

1984 – Hogwarts

Era el primero de Septiembre de 1984, los nuevos integrantes de Hogwarts estaban a punto de llegar en el expreso, donde Hagrid, el guardabosque, los estaría esperando para traerlos al castillo, el cual estaba rozagante de alegría gracias a McGonagall, pues no paraba de presumir que su más joven sobrina, vendría a tomar clases por primera vez a Hogwarts, sintiéndose sumamente emocionada y orgullosa de ella.

A lo lejos de las charlas vivas y animadas del resto de sus compañeros profesores, un joven de cabello grasiento, negro, delgado, de nariz ganchuda y envuelto en capa y traje negro, les veía con un semblante serio y un tanto taciturno, ese joven respondía al nombre de Severus Snape, de veinticuatro años de edad, egresado de la escuela de Hogwarts hace apenas cuatro años atrás, con un excelente talento en Pociones (materia que impartía) y en las Artes Oscuras.

A pesar de llevar unos años trabajando, aun no se acostumbraba al ambiente laboral del castillo, y usualmente se mantenía al margen de las charlas de sus compañeros, sin embargo no pudo evitar escuchar a la profesora de transformaciones presumir con gran alegría a la pequeña Emily Ross, quien era hija de su primo Robert Jr. Ross, un pocionista respetado y adinerado por crear un remedio efectivo al Hipo y el resfriado instantáneamente.

Al parecer, McGonagall estaba muy apegada a esa pequeña, quien prometía tener un talento innato para las pociones como su padre y ser muy astuta; en diferentes ocasiones, no dudó en dejarle uno que otro comentario a Snape de lo mucho que amará tenerla como alumna, sin embargo el siniestro profesor de pociones no emitía ningún comentario, solo asentía levemente mientras daba por su lado a la profesora animaga.

— ¿Estás listo, Severus?

Preguntó una voz serena y amable detrás de él. El joven profesor se giró rápidamente para ver al director Dumbledore dedicándole una sonrisa, mientras indicaba con su mano que fuera a tomar asiento al comedor de los profesores para recibir a los pequeños nuevos alumnos, mientras los otros alumnos de grados superiores comenzaban a llegar lentamente a tomar asiento en sus respectivos comedores de acuerdo a la casa a la que pertenecen.

Snape se limitó a asentir mientras seguía a Dumbledore quien ya había comenzado a caminar para tomar su puesto, se sentía un poco avergonzado de su torpeza al no darse cuenta que sus demás compañeros profesores ya estaban sentados, excepto a McGonagall quien había pedido permiso especialmente para recibir a los alumnos nuevos en vez de Argus Filch, el conserje del colegio, pues tenía gran ilusión de ver a su sobrina llegar.

Snape se sentía atareado por sus propios pensamientos, pues hace apenas unos meses pudo volver a ver Lily, su gran amor desde la infancia, mientras estaban reunidos los miembros de la Orden del Fénix en el número 12 de Grimmauld Place. Llevaba a su pequeño hijo Harry Potter de solo cuatro años y presentó su renuncia a la orden, debido a que James Potter, padre de Harry, murió hace unos meses de una extraña enfermedad, posiblemente algo parecido a la viruela del dragón, más los síntomas no eran precisamente iguales, por lo que no se podía aseverar nada, y ella tenía que ver por su pequeño hijo y no podía jugar con su vida tratando de derrotar a Voldemort.

Él la comprendía, si él fuera el padre de Harry, también renunciaría a una lucha cruel e incierta contra un poderoso mago como Voldemort por mantener segura a su familia, sin embargo no soportaba la indiferencia y desdén con el que Lily lo seguía tratando, aún después de años de haber tenido esa pelea que destruyó su amistad. Se sentía profundamente herido ante su desprecio, mucho más que el hecho de que James Potter, su eterno rival, se quedara con el corazón de la única persona que Snape ha amado durante toda su vida.

Aun así, trató por todos los medios de crear una poción que curara su enfermedad, pero al no conseguirlo, las cosas empeoraron la relación con Lily, ella al menos antes tenía alguna palabra de cortesía con él, pero tras eso, Lily lo culpó de negligente y de causar la muerte de James, algo que le dolía en lo más profundo, pues él había cambiado por ella, nadie más que por ella, y sin embargo, aún seguía siendo objeto de su odio.

Se sentía de alguna manera aliviado que Voldemort no prestara atención a la profecía de Sybil Trelawney, pues de haberlo hecho seguramente se hubiera ido ya sea contra los Potter o contra los Longbottom, y al ser el responsable de que Voldemort supiera dicha profecía, no hubiera soportado la idea de cargar con esa responsabilidad, menos si se trataba del círculo social de Lily, quien seguramente, de no haber muerto, lo hubiera odiado más aun de lo que ya lo odiaba.

Aquel alivio le hizo darse cuenta del inmenso amor que aún sentía por Lily y el daño que podría ocasionarle si seguía ese rumbo, su arrepentimiento fue genuino y por ello Dumbledore lo aceptó en la orden del Fénix y como profesor de pociones en Hogwarts, sin embargo, el resto de la orden aun no confiaban en él, ya que se volvió doble espía para poder serle de utilidad a Dumbledore contra Voldemort, y por ello, es que Lily decidió alejarse de la orden definitivamente, sumados a los otros motivos familiares.

El saber que Lily nunca lo perdonaría y que no volvería a verla aunque sea en la orden, le dolía tanto que deseaba dejar todo de lado y marcharse a un país nuevo para comenzar de cero, olvidándose de los mortífagos y la orden, de todo.

—Emily Ross.

Estaba tan absorto en sus pensamientos, que no notó que los pequeños alumnos acababan de llegar al comedor y ya varios alumnos habían sido seleccionados previamente, no pudo notar cuantos nuevos habían para su casa de Slytherin, pero poco le importó en el momento que volvió en sí y logró mirar a la famosa sobrina de McGonagall subiendo al banquillo para ponerse el sombrero seleccionador. Se sintió culpablemente cautivado al ver esa hermosa cabellera rojiza, y ojos de brillantes esmeraldas que se cruzaron levemente con los suyos, reflejando la inocencia y alegría de iniciar esta nueva etapa de su vida.

—Lily —susurró Snape al mirar a la pequeña niña con el sombrero seleccionador, se sentía cautivado, extraño, acelerado, pues la niña tenía un parecido físico con ella, con el amor de su vida, aunque Emily tenia rasgos más alegres, hiperactivos y delicados, pero eso no evitaba que se sintiera alterado por la presencia de la niña —… ella es…

—La sobrina de Minerva —interrumpió Dumbledore a Snape, quien estaba sentado al lado suyo, mirándole fijamente, como si el director adivinara sus pensamientos mientras desaprobaba ese sentimiento culposo que comenzaba a crecer dentro de su pecho.

Snape se sintió avergonzado y desvió la mirada del director. Que estupidez la suya, el impresionarse con una pequeña de once años, solo porque tiene rasgos parecidos a Lily, sin dudas el amor que sentía por ella lo estaba volviendo un desquiciado.

—Necesito tomar aire —sentenció Snape mientras hizo ademán a levantarse y retirarse del comedor, sin importarle nada, pero en ese momento, su andar fue interrumpido por la voz del Sombrero seleccionador, gritando Gryffindor, y llenando el silencio de la estancia que seguido del Sombrero, se escucharon los efusivos gritos y aplausos del comedor de los leones dorados, y al igual que ellos, McGonagall no pudo evitar gritar de emoción como si estuviera en un partido de Quidditch.

El saber que en estos momentos una niña de once años, parecida a su amada Lily, que acaba de ser seleccionada en la misma casa donde el amor de su vida perteneció, le hizo sentir débil, acongojado y a la vez, trastornado, a tal punto que no pudo seguir agarrando fuerzas para levantarse, y se quedó en su sitio totalmente en shock, sin saber cómo podría tratar a esa pequeña.

Finalmente Dumbledore se levantó de su asiento y comenzó a hablarles a los estudiantes una vez que todos terminaron de ser seleccionados en sus nuevas casas, les explicó los pormenores y algunas reglas del colegio. Tras ello, presentó a los profesores con sus respectivas materias. Snape se sintió sumamente débil ante la mirada de la chiquilla cuando fue nombrado por Dumbledore, la pequeña le dedicó una mirada tierna, alegre y maravillada cuando el director le nombró junto a su materia, se sentía algo incómodo pero trató de no demostrarlo y simplemente, tras unos leves momentos en que ambas miradas se conectaron entre sí, Snape retiró sus ojos de la pequeña y comenzó a ignorarla por el resto de la noche.

Cuando la cena terminó, todos los alumnos se dirigían a su sala común, Snape estaba listo para tomar camino hacia las mazmorras, donde se encontraba su oficina y sus aposentos, para finalmente dormir, en eso, notó que la pequeña Emily fue la última en salir del comedor, esperando a su tía McGonagall para ser abrazada y finalmente despedirse de forma afectuosa de su tía.

Snape se sintió culpable de pensar que le hubiera gustado tener un momento a esa niña frente a él, estaba sintiéndose demasiado extraño y eso no le gustaba. Tan solo unos minutos más tarde, llegó a su habitación, la cual era sencilla y oscura, apenas iluminada por unas velas que flotaban alrededor de la habitación.

Se desvistió lo más rápido que pudo para meterse a la cama, quedando solo en boxers del mismo color que su ropa y se arropó tras ello. Ya no quería pensar más, solo deseaba descansar y olvidar lo que pasó esta noche, no quería sentirse un maldito pervertido pensando en una inocente jovencita de once años, finalmente trato de convencerse a sí mismo, que la única razón por que la chica estaba perturbándolo tanto, era por su parecido a Lily, nada más, sus deseos eran por Lily, solo era ella, nadie más. Y con ese pensamiento, Snape se rindió ante el sueño y se quedó profundamente dormido.

Reconciliación

Los días no eran fáciles para Snape, estaba desarrollando un sentimiento cálido y afectuoso por la pequeña Emily que estaba tratando de evitar, pero la niña se lo complicaba demasiado, no solo demostraba tener interés y fascinación por él, sino que constantemente se quedaba después de clases o venia en sus tiempos libres a pedirle lecciones privadas. Al principio la rechazaba tajantemente, pero la pequeña era demasiado tenaz y sin saber realmente como logró convencerlo, le concedió estar con él, todos los días tenía momentos a solas con Emily, mientras aprendía de Snape, a veces practicaba lo que aprendía en clases, pero otras veces solo estaba sentaba, observándolo mientras él hacia una poción, lo cual lo ponía demasiado tenso y nervioso.

Afortunadamente, McGonagall tenía razón, la pequeña mostraba un talento innato por las pociones, lo que le resultaba realmente confortable, pues ella no era exasperante como sus demás compañeros que no seguían las instrucciones con cuidado. Por el contrario, Emily muchas veces tenía las pociones más adelantadas que sus compañeros y jamás necesitó de un llamado de atención de su parte, era en pocas palabras, al menos en su materia, la alumna perfecta.

En muchas ocasiones la pequeña mostró tanta fascinación y admiración hacia él que no podía explicárselo, salvo que solo fuera porque él es el profesor de la materia que más le gustaba, sin embargo, la jovencita siempre tenía atenciones especiales hacia él, como llevarle jugo de calabaza cada vez que iba a su oficina para tener lecciones privadas en su compañía o regalarle dulces que ella misma preparaba junto a los elfos del castillo, ya que ella le fascinaba pasearse por Hogwarts e interactuar con todos, incluso los elfos que nadie veía más que ella.

Al principio pretendía rechazar todas sus atenciones y su presencia, pero no podía negar que esas atenciones le estaban gustando de sobremanera, a tal punto que la soledad a la que estaba acostumbrado, se reemplazó por su compañía, incluso llegaba a sentir molestia o tristeza cuando ella no se quedaba a tomar clases privadas con él, debido a que también asistía a lecciones especiales con su tía McGonagall.

Un día antes de las vacaciones decembrinas, Snape estaba teniendo como siempre una sesión privada con Emily, ella le miraba con fascinación y una amplia sonrisa mientras el preparaba una poción de curar forúnculos, ya que la necesitaba de muestra para las clases después de las vacaciones. Como ya se había acostumbrado a su presencia, se concentraba en la creación de la poción, aunque de vez en cuando, él le dedicaba una mirada furtiva a la pequeña que tenía a su lado.

—Profesor Snape, ¿puedo hacerle una pregunta?

La voz de la pequeña Emily rompió con un silencio largo que había entre los dos, un silencio que hasta cierto punto, no era incómodo, de no ser porque la pequeña habló, él no hubiera notado que tenían alrededor de treinta minutos sin decirse nada. Él no respondió, sin embargo emitió un leve sonido indicándole que prosiguiera con su pregunta.

—Quisiera saber… ¿usted es casado o tiene alguna novia?

La pregunta de la pequeña fue suficientemente extraña y atrevida como para ser ignorada. Snape entonces dejó sus utensilios en la mesa y le dedicó una mirada desconcertada a Emily que seguía radiantemente sonriente para él, como si la pregunta no fuera suficientemente extraña para ella.

—Ignoro cuál sea ese repentino interés en mi vida sentimental y privada, señorita Ross, pero para satisfacer su extraña y atrevida curiosidad digna de un Gryffindor, no, yo no tengo nada de eso y no pretendo tenerlo en un futuro cercano.

—Por favor no se moleste profesor —apresuró a decir la pequeña pelirroja mientras abandonaba su radiante sonrisa con una mueca de preocupación —, simplemente tenía curiosidad de saber, ya que usted es un hombre joven…

—Escuche, señorita Ross —interrumpió Snape, con un tono calmado pero hostil —, he permitido que usted venga todos los días a mi oficina a tomar lecciones privadas conmigo, pero eso no le da ningún beneficio, no es mi amiga y no pretenda serlo, su curiosidad sobre mi vida privada debe quedar fuera de aquí, si lo que usted quiere es convertirse en una pocionera exitosa como su padre, entonces practique más y deje de perder el tiempo en preguntas estúpidas, además ha demostrado genuino interés y talento para mi materia, a diferencia del montón de alcornoques al que estoy acostumbrado a tener como alumnos, y eso se suma a que su tía McGonagall ha influido en mi decisión de permitirle estar aquí, pero fuera de eso, usted no tiene nada extraordinario ni merecedor de mi confianza hasta ese punto, así que, ¿está satisfecha toda su curiosidad?

Hasta finalizar, Snape se dio cuenta que la pequeña tenía sus ojos cristalinos y escondió su mirada del profesor, ella asintió sin decir nada más y vociferó un leve "lo siento" para él. A Snape esta imagen le estaba doliendo de sobremanera y comenzó a arrepentirse de haber explotado de esa forma con una pequeña niña, sin embargo hizo acoplo de todas sus fuerzas y se mantuvo firme y serio.

—Es suficiente, vaya a llorar a otro lado, la lección terminó —finalizó Snape con el mismo tono agrio, hostil y calmado, dándose la media vuelta para no verla y evitar seguirse sintiendo mal consigo mismo.

No tardó en escuchar como la chica guardaba sus libros en su bolsa y se levantaba en silencio para salir del lugar. Cuando por fin escuchó la puerta cerrarse, Snape se volvió a girar para encontrar el lugar vacío con solo él dentro, sintiendo como su pecho comenzaba a dolerle y sus ojos comenzaban a inundarse.

— ¿Por qué eres así Severus? —se dijo a si mismo mientras las lágrimas comenzaban a brotar —, por eso todos se alejan de ti… ¿puedes ser más parecido que tu estúpido padre? Qué asco me doy.

Esa noche, Snape lloró hasta quedarse dormido.

Llegó la noche buena, los alumnos tontos que se quedarían en Hogwarts a pasar las vacaciones seguramente estarían en el ocio total porque no hay clases, y era una idea que le desagradaba en demasía a Snape, suficiente era tener que soportarlos todos los días en clase como para aguantarles en sus vacaciones sin tener nada que hacer.

Acababa de despertarse y por un breve momento pensó en Emily, y el daño que le ocasionó y como habían pasado los días sin verla, se sentía desanimado, más que de costumbre y sintió que debía hacer algo con esa pequeña mocosa que lo ha hecho sentir… ¿especial?

—Seguramente debió irse a casa —dijo para sí mismo mientras terminaba de ponerse el pantalón y la capa.

Se terminó de arreglar y salió al comedor con los demás profesores, que seguramente estarían desayunando y hablando sobre lo que harían más tarde para celebrar la noche buena, algo que realmente no le interesaba mucho, pero Dumbledore le había recomendado que tratara de integrarse más con sus compañeros profesores, así que seguramente tendrá que participar en dicho evento.

Se dirigió rápidamente a los comedores y al tomar su lugar, una voz dulce y conocida se dirigió a él.

—Ah, Severus, que gusto verte esta mañana —era McGonagall con una dulce sonrisa —, no he tenido tiempo de agradecerte todo lo que has hecho por Mily, ella no deja de hablar de lo buen maestro que eres y lo mucho que aprecia las clases contigo.

No pudo evitarlo, algo de esa noticia le hacía sentir feliz y orgulloso, pero a la vez le dolía al recordar como la había tratado la última vez.

—Para mí es un placer, además que es mi deber como profesor, no hay nada que agradecer profesora McGonagall, su sobrina tiene mucho talento.

Minerva no pudo ocultar la enorme sonrisa y dicha que le causaban las palabras de Snape, en cuatro años dando clases jamás había escuchado que Snape se refiriera de esa forma a un alumno suyo, casi siempre escuchaba quejas de los alumnos por lo sumamente estricto que era, pero su sobrina Emily estaba fascinada con el profesor y le dio mucho orgullo saber que, Snape correspondía ese reconocimiento hacia su sobrina.

El resto del día fue solitario, más que de lo que pensaba. Al notar que había pocos alumnos, Snape se decidió dar un paseo por el castillo, algo que raras veces hacía, normalmente solo iba al comedor, de ahí a las mazmorras a dar clases y justo ahí se encontraba su habitación, donde paraba tras cenar o cuando tenía tiempo libre.

No sentía ganas de seguir con sus pociones, por alguna razón su desanimo se había disparado de sobremanera, quería creer que era por Lily, pero en ocasiones la imagen de la pequeña Emily a punto de llorar ese día en su oficina, le explotaba los pensamientos y lo hacían sentir peor.

Inconscientemente Snape caminó hacia la torre donde estaba la sala común de Gryffindor, y se acercó al retrato de la dama gorda, quien custodiaba la entrada.

—Contraseña.

—No soy de Gryffindor y como verá, tampoco soy un alumno —le dijo Snape con aspereza.

—Ah sí, el profesor Severus Snape. Entonces ¿Qué buscas aquí? Deberías estar por ahí vigilando a los alumnos —dijo la dama gorda, seguido de eso se puso a cantar un agudo canto gregoriano.

—Sí, supongo es mejor a quedarme aquí a que me explote los tímpanos.

Snape estaba por emprender camino de regreso cuando notó que el retrato se movió, para dar lugar a la pequeña Emily saliendo de la sala común de Gryffindor.

—Profesor Snape ¿Qué hace por aquí? —preguntó incrédula la niña, tal pareciera que ella había olvidado las cosas ofensivas y hostiles que Snape le dijo hace unos días, pues su tono no era hostil, frio o desdeñante, más bien era normal, demasiado normal, incluso podría decirse que era cálido y amistoso.

—Señorita Ross —dijo Snape girándose hacia ella y mirándola con sorpresa pero sin perder su semblante oscuro —, creí que estaría en su casa.

La pequeña le dedicó una amplia sonrisa y negó con la cabeza animadamente.

—Mis padres se fueron a Francia, hace mucho tiempo que no estaban solos y querían pasarla juntos, yo no tuve problemas con quedarme aquí, hice muchos amigos y pensaba —la joven hizo una breve pausa como si estuviera dudando en continuar —… pensaba que quizás después de las fiestas podría ir de nuevo a su oficina a seguir practicando algunas pociones.

Snape se quedó mudo ante las palabras de Emily, no estaba acostumbrado para nada a ese trato, mucho menos al afecto que la pequeña le estaba demostrando. No pudo evitar pensar que Lily con un simple "sangre sucia" fue suficiente para nunca perdonarle, a pesar de que se disculpó demasiado por ello, y esta pequeña, sin si quiera necesitar de una disculpa de su parte, estaba ahí, sonriéndole como siempre, buscando su tiempo, buscándolo a él, sin tener las intenciones de apartarse.

—Claro que si le molesta, yo podría…

—Le espero mañana a las cinco, señorita Ross —la interrumpió de repente Snape—, ya está demasiado grande para pretender quedarse a jugar con sus regalos de Navidad mañana, así que le espero a esa hora para seguir practicando, tiene que mejorar sus mediciones de los ingredientes, o le volverá a salir la mezcla muy espesa.

Emily no pudo evitar esbozar una sonrisa radiante y amplia ante su profesor, sin poder refrenar la emoción que sentía, se abalanzó hacia él y le dio un abrazo con fuerza. Ella tenía baja estatura y solo llegaba a la mitad de su cintura, así que la posición era embarazosa, comprometedora y desafiante a todos sus principios, sin embargo, no pudo evitarlo, no podía rechazarla, le gustaba su contacto.

Ambos permanecieron así, en silencio, Snape con su cuerpo tenso, sin atreverse a moverse, no quería que ese contacto se perdiera, pero tampoco quería corresponderlo y comprometer más la situación.

—Señorita Ross —le dijo Snape tranquilamente, esperando que ella reaccionara.

Noche buena

La noche buena y Navidad fueron excelentes para Snape, quizás las mejores en muchos años, pues ni siquiera fue capaz de recordar otro momento de su infancia donde fuese feliz.

Después de ese momento con Emily, sin razón aparente comenzó a sentirse más contento, no estaba seguro de la razón exactamente, pero sabía que la pequeña Ross era en gran medida, causante de esa infinita alegría que sentía, y por más que intentó deslindar el recuerdo de Lily con la pequeña Ross, se sentía demasiado atraído con el sueño de que su amada tuviera ese tipo de atenciones como Emily las tenía con él.

Posiblemente si le contara a alguien sobre ese sentimiento lo tomaría a mal debido que ella tenía solo once años, además que, lejos de la edad y lo insano que eso implicaba, estaba proyectando su amor no correspondido con alguien más, alguien que seguramente no merecía ser comparada ni ser apreciada porque simplemente tenga rasgos físicos parecidos a otra; tenía que reconocer, que Emily era una persona valiosa por sí misma, pero el hecho de saber que por fin la vida le estaba regalando un cariño sincero de parte de alguien que no solo le recordaba físicamente al amor de su vida, si no que le hiciera sentir tan especial, era lo que a Snape le estaba confortando de sobremanera.

El día de Navidad, Emily se presentó justo la hora indicada, con unos dulces que sus padres le enviaron de Francia a través de una lechuza, ella le había pedido que le mandaran unos para Snape como regalo.

Por un momento pensó en rechazar el gesto de ella, pero no pudo evitar aceptarlos debido a que su rostro mostraba inmensa felicidad e ilusión de poderle dar algo a Snape, por ello él aceptó su obsequio, y a decir verdad, se sentía extrañamente feliz, pues nunca nadie se había preocupado por obsequiarle algo. Ese día ambos la pasaron tranquilamente en su oficina, conversando en gran parte de las clases de pociones, aunque a veces la pequeña soltaba alguna pregunta personal, sin embargo, esta vez Snape le respondía con toda tranquilidad, permitiendo que la pequeña conociera un poco más de él.

— ¿Sabe? Yo creo que el profesor Dumbledore no está reconociendo su talento por completo —comenzó a decir la pequeña Emily después de un rato —, Defensa contra las artes oscuras me parece una materia fascinante, pero el profesor que nos está dando la materia es un tonto que no sabe realmente mucho, apenas hemos aprendido un conjuro. Estoy segura que usted hubiera sido un perfecto maestro para esa materia y nosotros hubiéramos aprendido mucho más.

Snape arqueó una ceja al escuchar su comentario, se sentía halagado pero también un poco incómodo por el comentario de la chiquilla.

—No me agradan los aduladores, señorita Ross.

—Para nada —respondió con una amplia sonrisa y en tono afable —, realmente creo que es un profesor maravilloso, lo admiro demasiado.

Snape y Emily se miraron fijamente por un breve momento. El profesor comenzó a sentir bochorno y temió que sus mejillas delataran en un sonrojo, el agradable y tímido sentimiento que estaba naciendo gracias a ella, por lo que se giró para comer uno de los pastelillos que ella le había regalado, ocultando su reacción ante ella.

—Mis felicitaciones, son unos dulces excelentes —fue lo mejor que pudo decir para aparentar naturalidad y a su vez, cambiar de tema.

El resto del año en Hogwarts fue demasiado tranquilo y normal. Gryffindor ganó la copa de la casa, pero el torneo de Quidditch lo ganaron los Hufflepuff, todos estaban felices celebrando y compartiendo con las nuevas amistades que habían forjado, a pesar que fuera del castillo se estaba sembrando el terror con el ejército de Voldemort creciendo cada vez más y aterrorizando toda Escocia e Inglaterra. Tanto Dumbledore como Snape se sentía satisfechos que ese año terminara tranquilo para los jóvenes que se convertirían en la promesa de una nueva comunidad mágica.

Snape se había acostumbrado tanto a la presencia de Emily que sentía un enorme peso al tener que verla marcharse a su hogar pronto, pues se concluiría el año en un par de días y más para su pesar, ella no podría verlo estos últimos días en su oficina, debido a que estaba preparando su equipaje y despidiéndose de los nuevos amigos que hizo ese año.

No obstante, un pequeño ardor en su antebrazo comenzó a ser la razón por la cual abandonara lentamente ese sentimiento de tristeza, y agradeció que la pequeña Emily no se encontrara cerca de él, pues eso solo significaba una cosa, Voldemort lo estaba llamando.

Cerca de la noche, un día antes de las vacaciones, Snape se apareció afuera de una vieja mansión, un tanto descuidada y oscura a los alrededores, se trataba de la mansión Lestrange, lugar donde el señor tenebroso se encontraba alojado bajo la guardia de sus más fieles seguidores.

Al entrar, notó que la dueña de la mansión, Bellatrix, se encontraba en el regazo de Voldemort, quien estaba acostado en un sillón amplio y bastante elegante. Ambos tenían poca ropa encima, más específicamente, estaban cubiertos por una simple manta, señal que habían tenido relaciones sexuales delante del patético Rodolphus Lestrange, quien se encontraba en un rincón de la sala, un tanto lejos de ellos dos pero suficientemente cerca para ver, lo que seguramente, hubiera sido la imagen más humillante que un mago pudiera ver.

—¿Me llamó señor? —preguntó educadamente Snape, restándole importancia a la escena en la que ambos estaban expuestos, algo que no parecía incomodarles en lo absoluto al señor Oscuro.

—Así es Severus —volteó un momento hacia Bellatrix y con un fuerte tirón, logró quitársela de encima y empujándola lejos de él, quedando ella en el suelo con la cara atónita y completamente desnuda —, sirve para algo y tráenos algo de beber, Bellatrix.

La mujer se quedó mirándolo por un momento, estaba esperando que él le diera la manta o al menos tuviera la simple cortesía de extenderle sus ropas para evitar ser expuesta ante Snape.

Severus por su parte, le dedicó una furtiva mirada inexpresiva, pero lo suficientemente firme para darle a entender a Bellatrix que no la miraría si se levantaba. Ella finalmente lo hizo y salió de la habitación sin decir nada.

—Severus, este año has estado demasiado ausente y torpe, más que de costumbre —comenzó a hablar Voldemort con un tono calmado, pero peligrosamente amenazador —, me temo que te ves afectado por la renuncia a la orden de esa sangre sucia que no puedes olvidar.

—Mi señor…

—No Severus, no me interrumpas —el señor tenebroso se levantó, dejando caer la manta y mostrando su cuerpo desnudo, lo que provocó que Snape girara el rostro instintivamente para no mirarlo —, te he dado la paciencia suficiente, te he ofrecido mujeres mucho mejores y de sangre limpia para saciar tu inexplicable deseo por esa mujer, y tú sigues empeñado en poseerla, ¿acaso no te das cuenta que mientras mantengas esa obsesión enfermiza por la sangre sucia de Lily Potter, no podrás ser más eficiente? Vives soñando con ella, enfocando tus fuerzas en ella, y eso te ha llevado a la mediocridad.

—Le aseguro, mi señor, que no se debe a ella mi falta de habilidad —comenzó a excusarse Snape, aún sin atreverse a mirar a Voldemort.

—Sé que este año, Lily Potter ha dejado la orden para dedicarse a cuidar a su vástago, pero creo que es demasiado estúpida si cree que eso la protegerá aún más de nosotros —el tono de Voldemort estaba tomando matices que a Snape no le estaban gustando absolutamente nada —, espero que sea verdad lo que dices, porque prefiero correr el riesgo de asesinarla, con tal de recuperar a uno de mis mejores mortifagos.

Snape no hizo ningún ademán, tampoco dijo algo, temía que cualquier cosa que pudiera decir en defensa de Lily, fuese a darle los suficientes motivos a Voldemort para ir tras ella y asesinarla, por lo que solo se limitó a guardar silencio mientras notaba por el rabillo del ojo, que el señor tenebroso se estaba vistiendo por fin.

—Te informo que dentro de poco estaremos atacando algunas de las zonas mágicas con más sangre sucias habitándolas, así que espero estés listo para distraer a Dumbledore para que no interfiera con nuestros planes.

—Le aseguro que así será mi señor —dijo tranquilamente Snape, suspirando de alivio porque Voldemort finalmente dejó el tema de Lily aún lado.

En ese momento, Bellatrix regresó con una bandeja de tazas de té, ella venía cubierta con una bata de color negro que se ceñía a su cuerpo, y dejó la bandeja en la mesa del centro sin decir ni una sola palabra.

—Bellatrix, quiero que esta noche hagas con Severus lo mismo que has hecho conmigo —ordenó Voldemort mientras la miraba.

En ese momento todos los presentes dirigieron su mirada incrédula hacia el señor tenebroso, incluyendo a Rodolphus quien hasta ese momento había estado estático y silencioso en su lugar.

—Yo no me atrevería a tocar algo que le pertenece mi señor —dijo Snape tratando de rechazar la orden lo más sutilmente posiblemente.

—¿Me pertenece? —Preguntó Voldemort mientras reía en modo burlón —, por favor Severus, no me ofendas. Este remedo de mujer no es más que un objeto para procrear el heredero de mi poder, poco me importa lo que hagan con ella. Sin embargo, debo reconocer que sabe hacerte pasar un buen rato, creo que una noche con ella te hará olvidar por fin a esa sangre sucia.

—Pero mi señor —comenzó a hablar por fin Bellatrix, esperando que la orden fuese una broma.

—Es una orden para ti y para Severus, quiero que lo hagan, aquí, delante de mí —habló con fuerza Voldemort, mientras giraba hacia el esposo de Bellatrix —, y por favor Rodolphus, quita esa cara, da asco que pretendas a estas alturas, celar a tu promiscua mujer.

Rodolphus no dijo nada, y decidió dejar la habitación, no sin antes dedicarle una mirada asesina a Snape. Voldemort hizo caso omiso a la conmoción que estaba causando con su orden, y fue a tomar asiento en otros de los sillones que había en la habitación, para dejarles a ambos el mueble donde momentos antes, Bellatrix y él tuvieron relaciones, no sin antes servirse una taza té, como si estuviera tomando una merienda tranquilamente mientras se prepara para ver un espectáculo.

Después de unos minutos largos de silencio, Bellatrix se acercó a Snape y rodeó su cuello con sus brazos, acercándose para darle un beso en los labios de forma forzada e intrusiva, algo que le estaba causando sumo asco y repudio al profesor de pociones, pero tuvo que contenerse y fingir que disfrutaba ese contacto para que Voldemort, quien los miraba fijamente mientras bebía un sorbo de su té, no se molestara.

Después de un rato de besarlo, introduciendo su lengua en él y tocar su miembro con la mano libre, Bellatrix se desnudó nuevamente y guió a Snape para recostarlo en el sofá amplio. Ella de forma firme y agresiva, comenzó a desabotonar sus pantalones para acto seguido, deslizarlos sobre sus piernas hasta dejar su miembro viril libre, pero este no era capaz de excitarse.

Voldemort observaba a ambos con atención, y una leve pero incomoda sonrisa se dibujó en los labios del señor tenebroso. Esto no estaba agradándole para nada a Snape, al contrario, lo hacía sentir sucio, profanado, no quería hacer esto con Bellatrix, con ella no y menos con espectadores como el señor tenebroso.

Absorto en sus pensamientos tratando de alejar la imagen de Bellatrix teniendo relaciones con él, notó que su miembro estaba húmedo y caliente, la mujer Lestrange estaba devorando su pene de forma agresiva, fuerte, y dominante; lejos de sentirse excitante, se sentía doloroso, por lo que Snape no pudo evitar quejarse, sin embargo, eso poco le importó a ella, pues mientras más se quejaba, más excitante era para ella.

Después de un largo rato de hacerle sexo oral a Snape, logró conseguir que el miembro de él se pusiera erecto, lo que complació a la mortífaga.

—Ya era hora, y no estás nada mal —dijo Bellatrix de forma burlona pero a la vez provocativa mientras miraba el pene de Snape, el cual estaba sumamente dotado —, seguro a tu sangre sucia le hubiera fascinado esto.

—Por favor Bellatrix, no hables —dijo Snape en susurro mientras le dedicó una mirada entre asqueado y desesperado —, solamente me haces detestarte más.

Ella le dedicó una sonrisa burlona y gateó hasta colocar su vulva sobre el pene erecto de Snape, mientras lo frotaba violenta y agresivamente para excitarse más. Cuando por fin se sintió preparada, ella introdujo el pene de Snape en ella, de forma rápida, algo que le causo cierto dolor a Snape y a ella le despertó un gemido alto y fuerte.

Ella comenzó a moverse circularmente sobre él y luego en vaivenes agresivos hasta llegar al clímax, sin embargo, Snape fue incapaz de llegar al orgasmo, no le gustaba nada, ni siquiera sintió placer con las embestidas que provocaba Bellatrix, para él, era sumamente asqueroso y doloroso, lejos de ser placentero.

Por su parte, la mortífaga estaba extasiada y complacida, se dejó caer sobre Snape y le volvió a dar un beso en los labios que el instintivamente no correspondió.

—Muy patético, Severus —dijo Voldemort al ver que Bellatrix había culminado rápido y antes que él, y se levantó de su asiento para caminar hacia la salida de la sala —, pero al menos espero que esto te haya servido de lección, no quiero que sigas distrayéndote con tonterías sobre el amor y menos por una sangre sucia como Lily Potter, vámonos Bellatrix.

A la mujer le costaba recobrar fuerzas después de culminar de la forma en que lo hizo, pero tras unos pocos minutos de esfuerzo, recobró las fuerzas que pudo y se levantó, siguiendo a Voldemort sin mirar a Snape, quien seguía tendido en el sillón tratando de asimilar lo que había sucedido, instantáneamente su pene dejo de estar erecto, incluso sentía algo de dolor debido a la fuerza con que Bellatrix lo había tratado, y tras un momento a solas, volvió a vestirse y salir de la mansión sin decir nada más.

A los pocos minutos llegó a la entrada de Hogwarts gracias a la aparición y se apresuró a ir a su habitación, donde aguardaba su cama para tenderse a llorar desconsoladamente, ni siquiera sentía ganas de quitarse la ropa, solo se metió bajo las sabanas y comenzó a llorar recordando a Lily y la horrible primera vez que tuvo con Bellatrix Lestrange; pero mientras más pensaba en su amada, más le dolía pensar que jamás podría tener una experiencia más hermosa con ella, que su primera vez fue arrebatada por una mujer que solo podía causarle asco y lástima, en un momento que ni siquiera estaba diseñado para que él lo disfrutara, si no para humillarlo, para castigarlo por su profundo amor a una mujer, que según Voldemort, solo era una sangre sucia que no valía la pena.

Lloró durante horas, no supo realmente cuanto faltaba para amanecer, pero estaba seguro que no tardaría mucho para ello, así que se levantó de su cama para tomarse una poción que aliviaría su dolor de cabeza y el ardor de sus ojos, y al dejar el pequeño frasco vacío en la mesa, notó que aún conservaba una tarjeta de felicitación que le escribió la dulce Emily junto con unas ranas de chocolate que le había obsequiado en su cumpleaños.

El recordar a Emily le hizo sentir una sensación cálida y confortante, pero a la vez triste, pues pasaría unos tortuosos meses sin verla, ya que ella se iría en unas horas a pasar las vacaciones, y solo le quedaba la dulce esperanza de volverla a ver en el siguiente año; con ese pensamiento, Snape esbozo quizás, por primera vez en muchos años, una ligera sonrisa pensando en alguien más, pensando en Emily.

CONTINUARÁ….