—Entonces nada que hacer.
Su corazón latía tan fuerte en ese momento, tenía ganas de gritarle a Wufei que eso era normal en Heero, que si quisiera aparecer ya estaría a su lado, que seguramente estaba ocupado con alguna misión que le acaparaba toda su atención. Que estaba perdido en algún rincón haciendo cosas de soldado, olvidándose del mundo y esa era una de las razones por las que no se contactaba. Porque si él lo llamaba, seguramente aparecería. Porque ellos eran muy unidos.
Apretó los ojos empujando la puerta, tenía rabia, tenía dolor, una enorme mezcla de sensaciones que lo comprimían y lo mantenían en movimiento, esas emociones que no podía nombrar, ni enumerar, todas acumulándose desde sus pies hasta los cabellos, todo a punto de erupcionar. Ese oriental estaba equivocado, tenía una mala imagen de Heero, siempre le tuvo envidia, eso era todo. Porque era mejor soldado, porque era mejor en todo, además, era su amigo.
Sus dedos arañaron su cuero cabelludo, no era difícil comprender que ese soldado perfecto debía estar ocupado, que no contestaba porque simplemente existían muchas razones para ello. ¿Quién dijo que no quería hablarle? Claro, Wufei, ese hombre se arrepentiría de todo cuando Heero se presentara para verlo, cuando explicara porque dejó de hablarle, cuando diera razones de porqué ya no es importante en su vida. Duo se derrumbó sobre el costado de la cama, lanzando todo en diversas direcciones, debía aparecer, tenía que explicarles que eran unidos y que sus ojos cobaltos siempre respondieron a sus sentimientos. Porque su mirada lo decía todo. Wufei estaba equivocado, jamás lo entendería, jamás podría comprender lo que era tener a una persona a su lado, que lo completara tanto como Heero lo hacía. Él no entendería.
Se escondió bajo la cama en un arrebato de locura, al sentir los pasos de Wufei por el pasillo, aguardó el golpe en la puerta, no pensaba responder, no quería hablar con alguien que negara lo que tenían con Heero, aunque tratara nunca estaría al nivel de ese soldado. Pero la puerta no sonó y los pasos se alejaron, Duo esperó en silencio llegando a la rápida conclusión que no iba detrás de él. Se golpeó la frente contra el frío suelo. —Eres un idiota. —Se repetía mientras sonaba su frente con cada golpe, sintió ahogo cuando notó que había esperado discutir con el oriental, que estaba esperando que traspasara la puerta en un arrebato y que todo fuera más caos. A gatas abrió las cortinas del ventanal para respirar mejor, odiaba sentirse así, ni siquiera recordaba la última vez que se sintió de esa forma. Entre arrebatos marcó el número que alguna vez contestara Heero, rogando por algo, aguardó maldiciendo el tono de marcado, luego la voz indicando que el número no estaba disponible. Sabía que era la respuesta común en sus llamados, pero seguía repitiendo esa maniática acción.
Su atención captó la silueta de los dos pilotos, vio como ambos estaban juntos, notó que Quatre se apoyaba en el oriental. Duo se quedó sin aire, un matiz de ideas vino a su mente, sin comprender qué era lo que estaba sucediendo, sin entender la razón por la que Wufei había ido con el rubio en vez de estar a su lado, de estar consolándolo.
—Maldito, también juegas conmigo, acaso no decías que me entenderías, eres un mentiroso Wufei Chang.
