Trató de mantener la calma todo el día, siguiendo la conversación de sus compañeros, respondiendo siempre que estaba bien, que todo estaba bien, cuando en el fondo no era así. Se cansaba más rápido de esas caminatas, sin quererlo se iba relegando, permaneciendo detrás de esos dos, esos que, aunque negaran todo parecía que tenían una complicidad entre manos, Duo continuaba llorando por Heero y Wufei continuaba esperando por Duo, pero a pesar de todo eso, ambos se daban la atención que querían. Veía sus espaldas y recordaba la espalda de alguien más.

Debió hacerle caso a su corazón cuando Duo llegó con esa idea de encontrarlos a todos, en el fondo de su razón, sabía perfectamente que tendría un final así, que en algún momento Trowa le diría que jamás esperó por él, que jamás lo vio como alguien con quien construir una vida. Si hubiese tenido sentimientos, le habría exigido una respuesta, le habría obligado a escoger. Quizás si fuera un poco como Wufei, le habría gritado, pero no.

Se detuvo luego de ya no poder seguir manteniendo la farsa, estaba cansado, le costaba respirar y solo deseaba volver a casa y estar solo. Sin decir nada, cruzó la calle y caminó, en su mente estaba la idea de tomar un taxi, pero sus piernas no dejaban de caminar, avanzaban y avanzaban, sus ojos veían los taxis ir y venir, perdiendo la oportunidad de llegar rápido a casa. Mientras se perdían los edificios detrás de su espalda, su cuerpo empezó a exigirse más, corría entre las plazas, los árboles acompañaban su carrera, ya no supo en qué momento alcanzó el punto alto de esa colonia. Se quedó mirando la nada, recordó una vez que le prometió a Trowa que le haría un recorrido por su hogar, una propuesta que no tenía tope de tiempo y que sintió que era correspondido.

¿Y si jamás fue correspondido?

Se pegó con la realidad de que jamás se habían detenido y hablado sobre lo que ambos sentían, desde que se conocieron era todo tan natural, que no fue realmente necesario dejarlo claro, además, de que no existía mucho tiempo que perder y se aprovechaba de la mejor manera. Se sentó en el frío suelo de ese parque, pensando en los recuerdos, asumió que era correspondido, tomó las acciones del otro como afirmaciones silenciosas de sus propias expresiones. Obvio que siempre sonreiría ante sus propuestas, sus promesas y comentarios, no era necesario decir más. Quatre era un soñador, todos lo creían así y así era. Construyó una hermosa y perfecta relación con el ser que más le había impresionado, en su subconsciente siguió soñando con mantener una vida, un sueño que ni siquiera se cumplió. —Siempre lo supe al final, era demasiado amable, todo se volvió muy perfecto y… no esperó a que respondiera —hundió su cabeza entre las rodillas, hablar solo se estaba volviendo algo cotidiano.

Tras horas perdido, era el momento indicado para volver a su realidad. A su soledad.