Duo insistía en llamar al número de su amigo a pesar de que no respondía y que Wufei aguardaba a un lado impaciente, le había dicho que Quatre no respondería porque no se encontraba bien, pero el alarmista del trenzado lo imaginaba lanzándose de algún risco maldiciendo al amor. Así que cuando tuvieron la conexión, exageradamente pudo respirar, entre sus repetidas quejas, acordaron encontrarse de vuelta, Wufei terminó quitándole el móvil para dejar que su anfitrión tuviera más tiempo a solas.
—No lo entiendes, necesita estar solo, él es diferente a ti, tú solo buscas que te presten atención, Quatre necesita ordenar sus ideas en soledad, luego volverá con nosotros. Entiende que no eres el único que sufre con esa información
Ya estaba molesto, muy molesto para decir la verdad. En especial comenzaba a irritarle la forma en la que estaba pasando por alto lo que él sentía, quizás para no tener que enfrentar la escasa confesión que noches previas le hizo. Wufei estaba seguro de que el trenzado evitaba hablar con él sobre esa noche. Lo notaba nervioso, abrumado, una parte de él le fascinaba verlo de esa forma, un tanto neurótico, pero lo que quedaba de sí, lo odiaba. Era gracioso y a la vez odioso, que cada vez que quería hablarle Duo comenzaba un monólogo de cualquier cosa, de datos ridículos, mencionar a Quatre era una buena forma para que no volvieran a estar en silencio. Pero al final el silencio ganó entre ellos y en el trayecto de regreso iba cada uno sumido en sus propias ideas.
Cuando bajaron ante la entrada de esa mansión, Duo corrió por el sendero para llegar antes, el oriental obviamente debió pagar el viaje y seguirlo, ya parecía una broma de mal gusto, siempre siguiéndolo. En la mansión solo estaba la servidumbre, aún no llegaba Quatre, eso le preocupó, no quiso pensar en la idea descabellada de que se lanzara de un risco. Revisó sus mensajes, varios eran del trabajo, unos pocos de su colonia natal, nada importante, pero entre los de su trabajo, Sally le pedía que volviera en cuanto pudiese, nada urgente claro, quizás era su oportunidad para terminar todo eso, Duo jamás le correspondería, prefería huir y seguir pensando en Heero que enfrentarlo y decirle lo que sentía o pensaba. Lo vio bajar del segundo piso buscando algo, supuso que seguía pendiente del árabe hasta que se quedó frente a él.
—Quiero que sepas que entiendo perfectamente todo, no quiero la atención siempre, quizás un poco, a veces, pero ahora me preocupa Quatre, no quiero que esté solo, porque creo que no debe estarlo, creo que por algo somos amigos, aunque las cosas sean diferentes, yo creo que todos somos… amigos al final…
Wufei levantó una ceja, ¿le decía que quería que fueran amigos? Se levantó y sin darle una oportunidad, sujetó con fuerza al americano y le robó un beso, no un beso forzado, fue simple, suave y recíproco. Debió alejarse solo para decirle algo antes de irse. —No quiero ser tu amigo, entiéndelo.
