Quatre se encontró con un Duo sonrojado y balbuceando preguntas, le pareció muy extraño todo, pero estaba cansado. El americano lo siguió en todo momento hablando y hablando, el árabe solo quería ducharse y dormir, entonces cuando salió de la ducha dispuesto a descansar escuchó aquello que lo despertó.
—¿Te besó?
Duo intentó explicar aquello nuevamente, retomando la idea, detalló otra vez lo sucedido dejando su cara tan roja que parecía que se quemaba. Quatre se sentó en la cama mirándolo, no podía asombrarse demasiado de los sentimientos de Wufei, lo había intuido hace mucho, pero que se atreviera a actuar de esa forma lo sorprendía. Sin mencionar que la acción y la forma en la que ese trenzado estaba actuando inició una cascada de emociones que no lograba detener en su interior, una mezcla que provocaba una quemadura en el pecho.
—Quatre, no sé qué pensar ahora. Todo está muy enredado y en serio yo, no sé qué espera Wufei.
—Yo creo que lo sabes —sentenció de pronto molesto el rubio, vistiéndose para mantener sus manos y su cabeza ocupada, pero seguía dando vueltas con esas palabras—. No tienes idea lo afortunado que eres, no sabes lo cruel que es darse cuenta que la persona que amabas jamás sintió lo mismo, has estado lamentándote estos días sobre Heero, sobre lo buenos compañeros que eran y todo eso. Fíjate que Trowa también era mi compañero, que también era mi persona especial, pero ninguno de ellos nos respondió a lo que sentíamos. Ahora viene Wufei y de la nada te ofrece sus sentimientos, una oportunidad, aguantando tus berrinches y esos comentarios sobre Heero y estás aquí lloriqueando por eso ¡No lo entiendo! No entiendo cómo puedes no ver lo que pasa.
La voz de Quatre había ido aumentando mientras marcaba cada palabra que decía, Duo trató de refutar, aunque no tenía forma. Entre el asombro y la incomodidad solo pudo bajar la mirada ante las reñidas palabras de su amigo. Pero ver cómo no respondía y más encima ponía esa cara, realmente le pareció un idiota, tenía una enorme oportunidad de ser feliz en sus manos y lo estaba dejando ir por un sujeto que jamás le prometió algo, por primera vez tuvo ganas de golpear a Duo, tenía envidia de que el oriental le confesara sus sentimientos, envidia de que tendría una oportunidad y envidia porque estaba por cerrar un ciclo y él seguía atascado en sus recuerdos con Trowa. Sintió rabia, tanta rabia que terminó gritando y pataleando, arrojándole cosas al americano. —Yo quisiera tener esa oportunidad, que alguien apareciera de la nada y tratara de ayudarme con mi dolor, tengo envidia de ti y tu suerte.
Un pesado silencio se quedó atascado entre ellos, Quatre respiraba agitado mirando esos enormes ojos violetas. —Lo siento, no quise levantar la voz, es solo que… de verdad lo siento. —Duo no dijo nada, apenas negó con la cabeza sentándose en una silla que acompañaba al escritorio totalmente desganado.
