La voz de la mujer del otro lado del teléfono parecía un relleno en su cabeza, no lograba concentrarse en lo que decía, solo tenía el recuerdo de ese beso y sus nervios tensándose a cada segundo. Respiró profundo, pero si cerraba los ojos seguía viendo a ese americano con cara de tonto. Se disculpó con Sally por obviamente no saber de qué le hablaba aguantando la risa de aquella mujer, quien supo que algo le sucedía y entre bromas lo animaba. Se dejó caer sobre la cama sintiéndose ridículo, actuar de esa forma, lanzándose al vacío sin analizar nada, porque los débiles se esconden. Cubrió su rostro con el brazo riéndose de sí mismo. Ahora que todo eso había pasado, podía sentirse tranquilo, expuso lo que sentía y esperaba, dejo claro que no seguiría siendo solo un compañero para ese trenzado idiota. Sabía perfectamente cual era la respuesta, sabía que no le diría lo que quería oír, pero ya estaba todo sobre la mesa.

Comenzó a ordenar su maleta, debía regresar a la base a pedido de Sally, quien dejo claro que no era necesario, pero Wufei encontró en eso la excusa perfecta para retirarse de una buena vez. No huía, simplemente era su momento. Todo lo hizo de forma lenta, sin apuro, dilataba el tener que buscar a su anfitrión, hasta que llegó la hora.

Golpeo la puerta suavemente, aguardo un largo momento hasta que Quatre le abrió, esos pobres ojos claros parecían tan tristes que le reforzó la idea de salir de esa mansión. Detrás de ese rubio sentado en una silla como un niño castigado, estaba Duo, con los ojos llorosos. Tragó saliva antes de hablar y enfocarse en Quatre, abandonando las ganas de ir a su lado, tenía una idea sobre la razón de sus lágrimas, eso le dolió, el rubio apenas volteó a ver al americano, sutilmente empujó a Wufei fuera y cerró la puerta. —Debo irme —. le costó sacar la voz, su valentía había destrozado a Duo, el rubio abrió la boca, quizás para preguntar la razón, para que explicara, alguna cosa iba a decir, pero se retractó. —Supongo que es mejor, no te puedo culpar de nada, está confundido, como todos, se le pasará —. señaló la puerta detrás de él con su mano. —Te agradezco el que vinieras y que nos ayudaras con esa estúpida idea —. acabo abrazándolo, despidiéndose de su amigo como correspondía, prometiendo cuidar del llorón del americano. Ambos sospechaban que les tomaría más tiempo volver a verse.

Respiró con fuerza mientras buscaba un vuelo hasta su colonia, pensó que todo estaba bien ahora que dejó claro lo que sentía, pero verlo de esa forma. Le había prometido a Quatre que pasara lo que pasara entre ellos, siempre estaría para charlar o para lo que quisiera, al final eran amigos. Se fue en todo el trayecto mirando la nada. Sería un viaje largo y muy lento, que mejor lugar que un espacio reducido para pensar en la situación de su vida.