Duo prefirió volver a su cuarto, ya estaba agotado, sin ganas de seguir hablando, tratando de explicar sus emociones, seguía sintiéndose traicionado por Wufei, abandonado por Quatre y, sobre todo, olvidado por Heero. Le prometió al rubio que durante la mañana todo volvería a estar bien, que ambos ahogarían sus penas en alcohol y drogas. La suave risa del rubio le animo un poco. Habían recibido una mala noticia y estaban luchando por dar el punto final.
En su móvil estaba el número de Wufei dando vueltas, quería llamarlo, maldecirlo por dejarlo de esa forma, por besarlo sin su permiso, por decirle que lo entendía, por obligarlo a reconocer que el soldado de hielo jamás se interesó en él, por simplemente estar ahí y desestabilizar su mundo por completo. Sus manos dejaron el móvil a un lado de la cama, se giró mirando la ventana, recordaba la silueta de ese oriental y del rubio la noche previa, lo que sintió en ese instante, esa punzada en el pecho, ese dolor, ese mismo que no lograba explicar, ese que le incomodaba, se repetía en una eterna secuencia. Volvió al móvil y busco las fotografías tomadas previo a todo ese desastre, los videos en donde Wufei maldice por enfocarlo, por molestarlo, incluso en las fotografías parece estar enojado. Se quedó dormido tras unos minutos.
La mañana llegó de la nada, tras unos pestañeos el día comenzaba de nuevo. Quatre estaba a su lado mirando el cielo del cuarto. Le costó despejar la neblina de su mente para empujar la mejilla del rubio con su dedo. —Buenos días —. Esos claros ojos le sonrieron de vuelta. —Ayer fue un día muy extraño, sigo lamentando el haberte levantado la voz, Duo, eres mi amigo, no es tu culpa ser tan adorable y tener ese encanto que derrite a los demás —. Tras unos segundos ambos rieron, era muy relajante estar cerca de Quatre, su voz y su personalidad parecía volver a la normalidad. Siguieron hablando en esa cama toda la mañana, riendo de sus reacciones. Quatre le habló sinceramente, habían cometido el mismo error, encariñarse al punto de entregar su corazón, el trenzado lanzó una risa que lleno el cuarto. —Sabes, extraño a Heero y eso no cambiara, pero creo que fue bueno saber la realidad. A pesar de todo, Wufei sí nos ayudó —. alguien debía sacarlos de la burbuja en la que ellos mismos se metieron.
Durante el desayuno-almuerzo, el árabe le informó que el oriental se había marchado asumiendo asuntos de trabajo. Para el americano no fue sorpresa, ese chino siempre desaparecía por cosas así, no era muy diferente de los otros dos pilotos ausentes.
— ¿Qué harás con Wufei?
Esa pregunta, no quería pensar en eso, realmente su corazón era de Heero, a pesar de saber que no era correspondido. Pero la aparición de Wufei y su exótica forma de ser, le provocaba algo, algo que arrastraba desde hace un tiempo, y que no había tomado en cuenta, hasta esos días.
