Se despidió de Duo en la plataforma de despegue, el momento había llegado y debían volver a sus responsabilidades, lamentablemente no podían ser vagos toda la vida, aunque Duo apoyaba la idea. Solo en su oficina Quatre no dejaba de pensar en Trowa, lamentablemente no había cerrado aquel círculo. Intento concentrarse en su trabajo, todos los días pasaba entre entrevistas, reuniones y visitas a las minas, sumido en papeleo, llegaba exhausto a su casa a solo dormir, si tenía suerte.

Las llamadas de Duo le despejaban la mente, reía y planeaban escapes a sitios que el trenzado veía en revistas. Charlaban siempre por horas, como si jamás se vieran o hablaran, le aliviaba el alma al rubio, eran respiros de olvido. Pero no podía seguir de esa forma, convertirse en trabajólico no ayudaba, intentar olvidar el mundo tampoco. Estaba cansado, agotado tanto física como mentalmente. Ya no podía seguir así.

Jamás olvidaría lo que siente por ese muchacho, ni podría olvidar los bellos momentos que pasaron, no era la idea, pero ya era tiempo de dar un paso a un lado y comenzar otra vez, darse una oportunidad para enmendar su vida. Todas las noches repetía lo mismo, "Este es el momento" pero luego caía en los recuerdos y no los dejaba ir. Su melancolía recaía en la misma tonada de violín, un dueto que terminaba en solo, un latido en su corazón que ya no acompañaba su ritmo. Un total desastre, obviamente volvía a repetir que ya no más. Acabó regalando su violón.

—¡¿Qué hiciste?!

—Era el momento, no puedo dejar de pensar en él, en todo y no avanzo —. Alegó el pobre rubio, en su defensa, había sido un acto de valentía, que requería una fuerza de valor enorme. Además, se compraría otro en unos días. Uno que ya no tuviera una historia ligada a él. Pensaba que de esa forma podría ir lentamente llegando a su objetivo, el olvidar el dolor que sentía al recordar a Trowa.

Una tarde mientras recorría las minas de las pequeñas colonias cercanas junto a algunas de sus hermanas, se encontró de frente con lo que no esperaba. El circo se extendía en una explanada, las personas recorrían los extremos riendo y asombrándose, mientras en la carpa principal, se anunciaban los actos. Su corazón se detuvo, sentía que el aire desaparecía de sus pulmones, tuvo la intención de moverse, pero el cuerpo no lo hacía, una de sus hermanas notó el cambio y con disimulo logró arrastrarlo a un costado, en donde lo obligó a caminar en silencio. Se aprovecho de ese momento para llegar a la carpa, tomaron asiento entre la multitud y el espectáculo comenzó, luces, colores, música, artistas danzando, saltando, coreografías hermosas y de pronto un payaso con la mitad de una máscara se presentaba en el centro, a su lado una hermosa bailarina jugaba con unos brillantes cuchillos. La química entre ellos era notoria. Incluso desde donde estaba Quatre pudo notarlo, aquel era Trowa y estaba sonriendo como jamás lo había visto.