El sonido de la alarma se escuchó en la pequeña habitación del departamento de David, con sus ojos llenos de lágrimas apagó el molesto sonido, había tenido una pesadilla demasiado triste, la cual sintió tan real que su corazón dolía de solo pensar que alguno de esos detalles llegaran a ser ciertos, por eso, respiró profundo, hizo una llamada para encargarse de cumplir con el compromiso con su amiga Mary Margaret, tomó un baño refrescante, así borraría la tristeza y el miedo que sentía en ese momento, se vistió con otra ropa que no era la que había planeado usar en ese día tan especial, abrió su cofre personal, del que sacó una pequeña cajita negra, esa que aguardaba por un momento especial para llegar a su verdadero destino y como esa mañana estaba dispuesto a cambiar con muchos aspectos de su vida, la guardó en un bolsillo de su camisa y salió del departamento.

"buenos días, señor Nolan", lo saludaron con educación en la tienda que había llegado.

"buenos días", correspondió, "¿me pregunto si todavía conservas aquel vestido que me llamó tanto la atención el otro día?", días anteriores un vestido negro que exponían en la vidriera, echó su imaginación a volar, imaginándose lo bien que luciría en el perfecto cuerpo de su amiga.

"nos imaginamos que vendrías a buscarlo tarde o temprano", comentó con satisfacción por haber comprobado sus teorías.

"Ruby, no juegues conmigo", en el pueblo todos se conocían.

"te puedo recomendar un par de zapatos", salió su abuela Eugenia de la nada para apoyar a su nieta.

"¿tú también, Granny?", sabía que le molestaba con ese apodo, pero a él era a quien único le permitía decirlo.

"ahí no termina todo", las miró sin asombro de ningún tipo, las conocía, no era extraña su actitud.

"soy todo oídos", era inútil ponerse en su contra.

"págame, he ganado la apuesta", dijo Eugenia muy alegre por su victoria, apostó con su nieta que David buscaría el vestido para el cumpleaños de Regina.

"¿les he dicho que están completamente locas?", preguntó, hablaban como si él no estuviera presente, debía hacerlas enfocarse en lo que realmente importaba.

"cordura, por favor", Ruby intentó parecer seria, "pero dime, ¿le propondrás matrimonio?, enséñame el anillo", pronunció esas palabras perdiendo el aliento en el proceso.

"Ruby", la regañó la abuela, "aunque celebraríamos si eso ocurriera", David negó con la cabeza.

"no sé de lo que están hablando", dijo muy serio, debía terminar de una vez con el desatino de las mujeres frente a él, además, sus sentimientos hacia Regina, no eran motivo de una divulgación masiva.

"acompáñanos", entendieron el mensaje y se dispusieron a cumplir con su trabajo, David compró el vestido negro, se llevó también un par de tacones dorados, y ambas lo convencieron de que su atuendo no era el adecuado, por eso, lo hicieron cambiarse a un pantalón negro y una camisa blanca mangas largas de vestir muy ajustada a su atlético cuerpo, con un par de zapatos que hacían la combinación perfecta.

"satisfecho como siempre", se despidió y con sus manos llenas por las bolsas de la compra que acababa de hacer, abrió la puerta del copiloto para colocarlas allí, luego se subió al auto y condujo hasta la mansión Mills, su corazón se aceleraba a medida que se acercaba, hasta ahora, su pesadilla era solo una mala broma de su mente.

"como siempre, el primero en llegar", Zelina vio su auto estacionarse afuera y sin que tocara la puerta, la abrió para recibirlo con su sonrisa tan característica.

"esta fiesta no sería nada sin mi presencia", alardeó con arrogancia.

"engreído", golpeó su hombro derecho, no había pasado desapercibido el hecho de que David cargaba unas bolsas, muy inusual en él, siempre le daba adelantado el regalo de cumpleaños a su hermana.

"¿son para ella?, ¿qué es?", cuestionó con curiosidad.

"¿David?", por suerte su padrino interrumpió la conversación, sus mejillas ya estaban enrojecidas porque Zelina siempre lo hacía perder el juicio.

"¡padrino!", exclamó aliviado, lo acababa de salvar del juicio inquisidor de su amiga.

"te veo radiante", el hombre mayor elogió su atuendo, si tan solo supieran por lo que tuvo que pasar antes de llegar, dejarían de sonreír, esa no era su intención, ese día tenía que ser espléndido.

"la ocasión lo amerita, es el cumpleaños de mi mejor amiga", aclaró.

"tienes toda la razón, hijo", Cora salió de la cocina, donde terminaba de asegurarse de que cada detalle de la fiesta estuviera impecable.

"gracias, madrina, por lo menos alguien me apoya en esta casa", comentó dirigiendo su mirada a Zelina quien rodó los ojos como burlándose de él.

"en esta casa todas las mujeres se mueren por ti", añadió Henry poniendo punto final a la conversación, cuando él daba su veredicto, el silencio reinaba donde quiera que estuviera, "ve hijo, estoy seguro que su día cambiará con tu presencia", dio su aprobación, en los ojos de su ahijado leyó sus verdaderas intenciones.

David sin mencionar otra palabra, subió las escaleras de la mansión y se dirigió a la habitación de Regina, la puerta estaba entreabierta, solo asomó la cabeza para observar el espectáculo más hermoso del día, vestida con ese tan hermoso vestido blanco que se enmarcaba a sus preciosas curvas, arreglaba su larga cabellera negra delante del gran espejo, le dieron muchos deseos de cambiar sus planes, pero ese era el mismo vestido de su pesadilla, por encima de su cadáver permitiría que nada de eso se repitiera.

"con permiso", al escuchar su voz, la atención de Regina se desvió completamente, "¿puedo?", le contestó moviendo la cabeza de arriba hacia abajo.

La mente tenía un poder sin límites, se había pasado toda la mañana pensando en él y aparecía de la nada, vestido con una elegancia y una masculinidad imposibles de no admirar por sus ojos, justo antes de que su fiesta comenzara para ser el primero en llegar como para no perder la costumbre de estar en su vida hasta en sus sueños, "tan correcto como un príncipe encantador", disfrazó sus nervios tras su tan conocida máscara de sarcasmo, "¿desde cuándo tú pides permiso para entrar a la habitación de tu amiga?", su formalidad le parecía rara, si hasta acostumbraban dormir juntos.

"estás…", intentó elogiarla, ahí quedó.

"llamando a David desde la tierra", seguía aprovechándose de que su amigo le permitía todas sus bromas, para disimular los inmensos deseos que tenía de lanzársele al cuello y unir sus labios en un beso apasionado.

"ojalá no estuviera en la tierra en estos momentos", se la llevaría para el cielo donde la haría la mujer más feliz.

"ah sí y ¿dónde quieras estar en este momento?", cuestionó.

"tengo varias ideas muy buenas, por cierto", si echaba su imaginación a volar, el mundo se paralizaba para que solo ellos existieran.

"me quedó claro, no te preocupes, prefieres estar en otro lugar que festejando mi cumpleaños", si tan solo esas estúpidas dudas se desvanecieran.

Esas palabras le dieron el impulso que necesitaba, acortó la distancia entre los dos, se paró detrás de ella, "ningún lugar en el mundo sería mejor que a tu lado este día", habló cerca de su oído, solo su aliento hizo contacto con su suave piel, la que había tocado en disímiles ocasiones, pero la deseaba acariciar de otra forma muy distinta.

Cerró los ojos para no perder la compostura, ese tipo de reacciones de él, la tenían al borde del precipicio, "entonces deja que termine de arreglarme para que comience la fiesta", su respuesta políticamente correcta, previno que su mente la lanzara a un viaje sin regreso.

"a eso mismo venía", colocó las bolsas encima de la cama, "ese vestido es hermoso, pero quiero que uses este", sacó el vestido negro que deslumbró los ojos de Regina.

"es precioso", sin temor a equivocarse, podía afirmar que David la conocía más que a sí mismo.

"con estos tacones", enseñó los zapatos, pero no terminaba.

"no puedo usar esa ropa, David", por primera vez en toda su vida despreciaba un regalo de él y escuchó a su corazón sangrar por eso, "lo digo porque este que llevo puesto hace lucir el regalo que me hiciste por mi cumpleaños", buscó la cajita con el collar aguamarina que él diseñó para ella.

"tengo la solución para eso", le aseguró, si ese era el motivo por el cual se negaba a usar el nuevo vestido, él había pensado en cada detalle, "ahora, por favor, cámbiate de ropa", argumentar con él estaba fuera de su mente, por eso, entró al baño y se cambió.

"¿complacido?", cuestionó no sin antes darse cuenta de que la circulación de aire se dificultó, la tensión se podía cortar con tijeras, los ojos de David pronunciaban un discurso que no se atrevía a salir de sus labios, pero, lo más complicado de la situación era que ella agradecía encarecidamente ese silencio, es más, sus ojos no estaban en una situación diferente a los de él, "¿escuchaste?", rompió el momento.

"te ves hermosa Regina", era un vestido de satín, corte asimétrico, cuello de V, con la espalda descubierta, como se lo había imaginado, lucía perfecto en ella.

"gracias", agradeció sentándose en la esquina de cama para ponerse los tacones.

"quiero que deseches todo lo que habías planeado usar hoy", terminando de ajustar las correas de los zapatos, Regina alzó sus ojos, necesitaba una explicación.

"¿tú estás bien?", debía saber, "¿dormiste bien?", David puso una mano detrás de su cuello y le evadió la mirada, entendió la señal, "olvídalo", dejó de presionarlo.

"sé lo mucho que amaste el collar aguamarina", decidió hablar por fin, "si quieres podemos utilizarlo en la nueva colección", desvió el tema, si alguien lucía las hermosas joyas que no fuera ella, sería un gran alivio para él "porque hoy esta pieza te acompañará", sacó la pequeña cajita de su bolsillo, la abrió para descubrir una cadenita con un colgante de lágrima de rubí con diamantes en oro blanco, "quiero que este rubí ilumine tu camino", comenzó a zafar el broche de la cadenita, "será el símbolo de nuestra eterna amistad", hablarle a Regina de lo que cada piedra preciosa significaba, era en vanos, ella los conocía a la perfección, pero ese collar la protegería de la mala salud y la mala suerte, debía, por lo menos, asegurarse de prevenir que algo malo le ocurriera.

"deslumbrante", apartó su cabello para que se la pusiera.

"no más que tú", era imposible que una piedra preciosa le hiciera competencia, ella era lo más precioso del universo.

"vamos", le extendió la mano, evitó responder a ese comentario, David abrió la puerta de la habitación y aceptó su invitación, tomando su mano para sentirse en la misma gloria.

Los aplausos de los invitados se escucharon al verla bajar las escaleras, la recibieron con emoción, ella les dedicó una sonrisa, aunque no era necesario, el brillo de sus ojos y la emoción que sentía por estar con David la delataba.

"feliz cumpleaños mi niña", Henry la esperaba en el último escalón.

"gracias papá", le dio un beso y un abrazo.

"tu padre tiene que ser el primero que baile contigo", la música los invitaba.

"seré la más envidiada", se dejó guiar por su Henry hasta el medio de la sala de la mansión.

"mi hermanita está preciosa", Zelina se acercó a David quien se quedó embobecido mirando a Regina alejarse de su lado, entendía que no la podía tener para él solo, debía dedicarles tiempo a los demás miembros de la familia.

"es lo que yo digo", David intervino.

"a ti ni te pido opinión", recibió una mirada inmediata, "vamos Dav, babeas por mi hermanita", comentó con obviedad, "el día que un hombre me mire solo con la cuarta parte de la adoración que tú miras a Regina, me consideraré la más afortunada", comentario sincero y directo que le llegó muy profundo.

"¿cómo según tú, yo miro a Regina?", con inocencia e indiferencia formuló la pregunta.

"¿de verdad quieres saber?", advertencia de que algo no le gustaría, eso fue lo que interpretó, "lo sabía", la falta de respuesta le permitió tomar las riendas de la conversación.

"¿qué sabías?", seguía con su teatro.

"que no quieres saber", lo retó a ver si se animaba.

"te equivocas, sí quiero escucharlo", decidido replicó.

"con amor, David, porque la amas, aunque te empeñes en ocultarlo", jugó con fuego y terminó quemándose.

"Zel…", mudo, así lo dejó.

"¿hasta cuándo?", la misma pregunta que le hizo en su pesadilla, debía buscar un pretexto para salir de ahí.

"¿bailamos?", la tomó del brazo para traerla a la pista.

"cuando vengan y te ganen la pelea, no digas que no te lo advertí", lo regañó como a un niño chiquito, porque en ese mismo momento, el sheriff del pueblo, se llevaba a Regina para el jardín después de haber bailado con ella, lo sintió tensarse al ver la escena, solo que comenzaron a bailar como si nada estuviese ocurriendo.

"David, ¿bailas conmigo?", la voz de Mary Margaret se escuchó cuando la música se detuvo y se disponían a bailar otra pieza, lo distraería, de lo contrario iría a romperle la cara al sheriff, por querer a la misma mujer que él, ¿sería que el universo estaba en su contra?

"bailaré con mi papá, no te preocupes", aseguró Zelina.

"tengo que decirte que hoy te ves hermoso con ese atuendo", lo elogió con un tono fuera de lugar.

"también estás muy bonita", correspondió con calma.

"pensé que algo te había ocurrido cuando enviaste a uno de los empleados de tu empresa a que me trajera hasta aquí", se había esmerado en su arreglo para llamar su atención, se desilusionó al no verlo.

"tuve una urgencia que resolver", era más importante estar con Regina, esa pesadilla fue una advertencia, por lo tanto, aprovecharía cada segundo a su lado.

"tendremos tiempo para que me invites a salir", sonó como una declaración, la que no aceptaría.

"me encantó bailar contigo", la música se terminó para cooperar con él.

"también lo disfruté", por cortesía, besó su mano, para ir detrás de Regina, tenía un mal presentimiento, el que no falló, al llegar al jardín, Graham, intentaba besar a Regina.

Cuando bailó con su papá, le concedió una pieza al sheriff, amablemente se acercó a ella para invitarla, aceptó, la falta de cortesía no estaba contemplada en su educación.

"salgamos al jardín, quisiera hablar contigo", asintió apenada, lo menos que quería era estar alejada de David, "la fiesta ha quedado fantástica", caminaban por entre los invitados.

"idea de mi hermana y mis padres", en el pueblo, respetaban mucho a su familia.

"hace tiempo que me he dado cuen…", conocía el resto del discurso.

"lo siento mucho, pero debo terminar esta conversación", intentó marcharse, la fuerza del sheriff la superó.

"piénsalo, te quiero desde hace mucho tiempo", se acercó a sus labios con claras intenciones de besarla.

"Graham, ya te dije que lo siento mucho, pero…", la atrajo a él ejerciendo su condición de sexo superior, ella se sintió indefensa y cerró los ojos.

"deberías aprender que cuando una dama te da una respuesta negativa es porque no quiere nada contigo", la voz de David desapareció su debilidad, Graham ni siquiera rozó sus labios, él había llegado a tiempo para impedirlo.

"¿tú no eres nadie?", el hombre cometió un error.

"es mi amigo", intervino Regina muy autoritaria, "y es mi cumpleaños", un mal entendido como ese podría arruinarle su día.

"no fue mi intención molestarte", se disculpó.

"si quieres conservar mi amistad, procura que esta escenita no se repita", advirtió, "¿me hice entender?", mantenía su tono.

"prometo no hablarte más del tema", con esa voz, esa mirada, esa forma tan peculiar de pararse, las piernas le temblaron.

"gracias", palabra que llevaba implícito un por favor, retírate, el que entendió de inmediato.

"¿estás bien?", los brazos protectores de su amigo la rodearon, temblaban hasta sus dientes.

"no", a él era imposible ocultarle algo.

"ven", tenía que alejarla del jardín, le parecía que su paranoia lo estaba superando.

"¿a dónde me llevas?", hizo una pregunta algo complicada de responder, porque si fuera por él, la llevaría al mismísimo paraíso.

"hay unos amigos nuestros del mundo de la joyería que andaban preguntando por ti", lo siguió, y el resto de la fiesta, no se desprendió de él, el incidente se volvió insignificante, a su lado el mundo parecía ser tan pequeño, que nada ni nadie más que él importaba.

"espero que mi niña haya disfrutado su fiesta al máximo", comentó su madre, al caer la noche, los invitados comenzaron a retirarse, ella los despedía en la salida, agradeciéndole por su presencia.

"les agradezco, esta fiesta ha sido magnífica", además de haber bailado casi todas las canciones, del brazo de David, de haber conversado con algunos inversionistas de la empresa, de haber visto a su padre tan contento por esa fecha, a su hermana con una sonrisa de polo a polo y a ella procurando que nada saliera mal para hacerla sentir muy especial, debía agradecer por su felicidad.

"que no te mientan hermanita, la idea de esta fiesta es mía", Zelina tan espontánea.

"lo sabemos, Zel", para que no se pusiera celosa, le dio un beso y un abrazo, eran muy unidas.

"debemos anunciar nuestra partida", Leopoldo Blanchard, su esposa Eva y su hija, se acercaban a la escena, eran los últimos de los invitados.

"hermano, como siempre, gracias por acompañarnos en esta fecha tan especial", se adelantó Henry, mientras Eva y Mary Margaret, se despedían con un beso a su esposa e hijas.

"somos una gran familia", ambos se abrazaron fraternalmente.

"un placer haberlos tenido aquí", era su turno para agradecer.

"el tiempo ha pasado volando, el otro día los llevábamos al colegio, mira ahora, son ya hombres y mujeres", comentó Eva, Cora coincidió.

"mamá, no te pongas melancólica, por favor", le dijo Mary Margaret.

"mejor sonriamos porque nos han hecho sentir mucho orgullo", Henry con sus palabras sabias, borró la tristeza de sus ojos.

"los acompañamos hasta la puerta", dijo Regina y Zelina la siguió hasta que los mejores amigos de la familia se habían retirado.

"por cierto, ¿dónde está tu amor?", se ganó una mirada asesina, "¿qué?, no estoy diciendo ninguna mentira", replicó Zelina, entraban de nuevo a la casa, donde encontraron a sus padres bailando con mucho entusiasmo en medio de la sala, quienes no dudaron en extenderles las manos para invitarlas.

"te salvas porque papá y mamá quieren que bailemos con ellos", claramente la amenazó, poco le importaba.

"me debes una respuesta", la vio alejarse, pero ella se quedó, fue en busca de una copa de champán, le apetecía beber, no bailar.

"Zel", la sobresaltó con su sorpresiva aparición.

"pensé que te habías ido", servía la bebida en la copa.

"tengo algo que hacer antes", casi susurraba, aunque la música se escuchaba a un volumen bastante considerable.

"déjeme adivinar", fingió que pensaba, "quieres decirle la verdad a mi hermana", era incorregible, pero la quería por ser su amiga.

"¿me ayudarás o no?", lo mantuvo en incógnita, a la pelirroja pareció interesarle lo que diría.

"tú y mi hermana son igualitos", protestó, "a ver, ¿qué quieres que haga?", le sonrió y procedió a explicarle sus planes, sin muchos detalles.

"eres igual a tu padre", a pesar del volumen de la música, se escuchó la voz del hombre mayor.

"¿perdón?", cuestionó Cora, fingiendo sentirse ofendida.

"todo lo que mi niña sabe en el baile me lo debe a mí", los tres rieron a carcajadas.

"claro, porque no fuiste tú quien tuvo que tomar clases de baile cuando nos casamos", lo dejó descubierto, esa historia, la conocían de memoria.

"por eso", se sintió derrotado delante de su mujer y de su hija quienes se reían de él justo frente de su cara, "mira", tomó la mano de Regina y le dio una vuelta, "tengo una habilidad nata para el baile", Cora lo abrazó, aún después de tantos años de matrimonio, seguían queriéndose como el primer día, Regina los miraba enternecida.

"si vieras lo hermosa que está la luna, querrías ir a verla", su hermana le habló al oído.

"¿como cuando éramos pequeñas?", les encantaba subirse al techo de la casa para admirar a la madre luna.

"efectivamente", seguían mirando a sus padres.

"vamos", David le pidió que buscara un pretexto para que saliera, ese fue el perfecto y con esa respuesta de su hermana, lo comprobaba.

"adelántate", como habían crecido, ya no podían ver la luna desde el techo, ahora debían salir de la mansión.

"no tardes, quiero terminar este día haciendo algo muy especial", compartir ese momento con una de las personas más importantes de su vida, sería la culminación ideal de su cumpleaños.

"espérame afuera", ambas asintieron, Regina salió de la casa, mientras que ella, debía cumplir con el resto del plan, entretener a sus padres.

Su hermana estaba en lo cierto, la luna, como si hubiera sabido que era su cumpleaños, salió a deleitarla con su belleza, la admiraba ensimismada, cuando sintió que tapaban sus ojos y reconoció el inconfundible aroma de David, "este día no podía terminar sin que dedicaras unos minuticos solo para mí", adoraba hablarle al oído.

"estoy esperando a mi hermana", advirtió.

"lo sé", quitó sus manos de sus bellos ojos para tenerla enfrente.

"así que te aliaste con ella en mi contra", David levantó las manos en señal de rendición

"me declaro culpable", tenía una sorpresa que darle, "mientras aceptes ir conmigo hasta el fin del mundo, soy capaz hasta de venderle mi alma al diablo", confesó.

"tu alma está mejor en tu posesión", las cosas que decía, la sacaban de su sano juicio, "iré contigo adonde me pidas", explicó sus palabras iniciales.

"entonces, vamos", la guió hasta su auto, le abrió la puerta del copiloto, se montó y condujo hasta el mirador del pueblo, allí donde la vista era impresionante.

"¿quieres recordar viejos tiempos?", cuestionó, quería obtener información.

"no lo necesito", cuando eran niños, se escapaban para ese lugar y pasaban momentos inolvidables, "quería que tu cumpleaños culminara con un toque diferente", se sentaron en uno de los bancos del lugar.

"sucede que le has dado un toque especial a todo mi cumpleaños", recordó todo lo que había sucedido ese día y él, estaba presente en cada segundo.

"esto te hará cambiar de opinión", sacó de su bolsillo un sobre blanco y se lo ofreció.

Sin perder el tiempo, abrió el sobre, para recibir una de las dos mejores noticias de su vida, porque la otra sería saber a ciencia cierta que su amigo la amaba, tanto como ella a él, pero ese tema estaba fuera de discusión por el momento, "David, esto es magnífico", los habían invitado a la feria de joyería de Italia.

"pero lee más abajo", la verdadera sorpresa estaba escrita en letras más pequeñas.

Comenzó a leer en alta voz, como le había solicitado, "Regina Mills tenemos el honor de informarle que su colección ha ganado un lugar en la feria de joyería de la ciudad de Vicenza, Italia, porque ha sido seleccionada entre las mejores diseñadoras del año", el resto era palabrería, por eso se detuvo, "¡David, qué alegría!", lo abrazó con efusividad, tenía que darle la razón, el toque especial del final de su cumpleaños resultó ser mejor de lo que esperaba.

"te dije que amarías mi sorpresa", esa noticia le dio la posibilidad de tocarla, de sentir su perfume, debía considerarse un hombre afortunado.

"tenías razón", todavía lo abrazaba, se aprovechó para quedarse en sus brazos lo próximos minutos, solo la luna sería su cómplice esa noche, porque no pensaba dejarlo ir tan rápido.

"creo que esta noche la luz de la luna es toda tuya", brillaba tanto o más que la luna.

"gracias", puso su cabeza en su hombro, él, la sostuvo por la cintura, "si no llegas a intervenir, Graham me arruina la fiesta", imaginarse con los labios de otro hombre que no fueran los de él, besándola le parecía una total aberración.

"le demostraste de lo que estás hecha", solo impidió que la besara, el resto lo había hecho ella.

"es una pena que no pueda corresponderle", respiraba aliviado, escucharla decir esas palabras lo afianzaba aún más en su camino por no apartarse de ella nunca.

"te entiendo, me ocurre igual con Mary Margaret, hoy me propuso que la invitara a salir", con ella no era posible tener secretos.

"siempre te lo digo y tú no quieres hacerme caso", levantó la cabeza de su hombro, debía mirarlo.

"¿que está interesada en mí?", preguntó.

"interesada es poco, David", recordaba sus celos cada vez que Mary Margaret estaba presente, "se muere por ti", culminó, un escalofrío recorrió su cuerpo.

"pues lo siento", se mantuvo firme como cada vez que hablaban del tema.

Lo próximo que escucharon fue el canto de los grillos, prefirieron terminar el tema y volver a su posición anterior, con un pequeño cambio, ahora, David cosquilleaba sus espaldas descubiertas, provocándole una exquisita sensación de paz y serenidad.

"debemos irnos", le dolió tener que romper el momento.

"es verdad, ya es tarde", tomó la delantera y besó su cabeza, aprovechando que aún no se separaba de él, qué impotencia sentía, allí no era donde quería besarla, moría por probar sus labios, por hacer eterno ese beso, por respirar por ella cuando perdiera el aliento, por despertar a su lado en las mañanas, pero la prefería de amiga, no podía arriesgar una amistad tan bonita por esas ideas locas de amarla hasta desfallecer.

En silencio se montaron en el auto, el que se inundó de un silencio aterrador todo el camino de regreso a la mansión.

"de vuelta a casa", detuvo el auto y habló primero.

"hasta mañana, David", con gusto le pediría que la llevara a su departamento, verlo partir, la haría morir lenta y tortuosamente.

"¿quieres que…?", se detuvo, no era fácil lo que quería preguntar.

"sí", leyendo sus pensamientos como siempre, "por favor, arranca el auto y hasta tu departamento no te detengas", dormir a su lado ese día sería como el mejor regalo que pudo recibir en su cumpleaños.

Presionó el acelerador del auto, cumpliendo con sus deseos, mencionar otra palabra, arruinaría la magia de ese día, el que comenzó con una pesadilla de muy mal gusto y terminaría con el hermoso sueño de tenerla a su lado toda la noche, esos sí que eran cambios radicales.