Tras el impulso de correr a su lado, Quatre pudo calmarse, su mente pudo alinearse con el corazón y aunque le dolía enormemente, se percató de sus propios sentimientos. Había permitido que ese enamoramiento juvenil tomara poder, sobre todo, se bloqueó soñando despierto, era el único que continuaba pegado en esa etapa de la vida que simplemente ya había pasado. El piloto del 03 lo comprendió antes, sus vidas comenzaban de nuevo, era el momento perfecto para iniciar todo desde un punto cero.
Ya en su hogar, el rubio trato de acabar con el tiempo que tenía junto a sus hermanas, eran agradables, pero requería y necesitaba estar solo. Cuando pudo estarlo, simplemente se mantuvo en silencio en su cama, el suave murmullo de la noche llenaba los rincones, en su mente la imagen del payaso con esa máscara seguía repitiéndose, una sonrisa, las miradas de complicidad que mantenía con la bailarina, la hermosa lanzadora de cuchillos. Esas propuestas silenciosas que en alguna instancia él mismo las compartió con ese muchacho alto, los silencios agradables, la música que solo ellos lograban crear, un par que todos creían que acabarían juntos, pero solo era la mera imaginación de esos que también estaban equivocados.
Un odio de pronto comenzó a crecer en su alma, el haber estado tan ciego le chocaba, creer una mentira que le consumió la vida. Sus lágrimas caían silenciosas, una noche más en la que no dormía, en la que continuaba desperdiciando sus lágrimas en un hombre que no estaba, que no pensaba estar. Los gritos ahogados contra la almohada anestesiaban un poco ese dolor, las maldiciones contra sí mismo, restaban un poco la autocompasión. No tuvo ánimos para llamar a Duo, no sabía que decir, relatar todo de nuevo era una idea que no compartía, sus ojos quedaron vacíos mirando la nada, odiar todo tampoco era una forma de superar aquello, simplemente debía darse cuenta que ya no existían futuros.
Los siguientes días continuaron en una rutina agotadora, en descansos revisaba el itinerario de ese circo, buscaba ver otra vez a Trowa, reconocer esas miradas, martirizarse con la imagen de esa bella pareja, ser la victima por las noches de sus pensamientos. No, ya no podía seguir de esa forma. Ya no existía fuerza para esa patética instancia, si no se levantaba esa misma noche, si no abandonada el mal hábito de continuar odiándose, significaba que jamás avanzaría y acabaría siendo solo una sombra de algo que fue. Lloró por última vez, gritó y maldijo esa noche siendo la última, a la mañana siguiente todo sería diferente, salvo que esta vez lo cumpliría.
Sabía que costaría, que podría tener recaídas, que la soledad sería una competencia difícil, que las pesadillas rondarían por bastante tiempo. —He decidido dejar de recordarlo —. La risa del otro lado del comunicador parecía una burla, pero el oriental siempre sonaba de esa forma. —Pero necesito ayuda —. Lo confesaba y le pedía ayuda a un sorprendido oriental.
—Cuenta con ella, amigo
