Llegaron al departamento, David le abrió la puerta, se sentía como en la misma

luna, de donde no quería partir jamás, ese encuentro en el mirador lo conservaría

en lugar muy especial de su mente, pero, lo que más le había gustado fue la

propuesta implícita de Regina, esa que llegó sin que lo previera, ella también

quería dormir con él, por eso, el resto de la noche la haría sentir como una

damisela en un castillo, aunque ella era de todo menos una damisela esperando

ser rescatada por un príncipe, él quería vivir en esa ilusión al menos por una

noche.

"¿tomamos té?", propuso, disfrutaría su presencia al máximo.

"estoy un poco cansada", vio una expresión de completa decepción dibujada en

su apuesto rostro, "pero por ti haría una excepción", la respuesta correcta era,

¿qué no haría por él?, solo que esa parte seguiría con ella.

"de naranja como tanto te gusta", no era una pregunta, le anunciaba con

propiedad que no había otra persona en el mundo que la conociera mejor que

él.

"te espero en la sala", anunció y se alejó de él para ponerse cómoda encima de

un sillón acolchonado muy amplio donde acostumbraban sentarse uno del lado

del otro, se quitó los altos tacones, se sentó con los pies cruzados para esperarlo,

se sentía tan ligera por estar ahí, por todo el lugar se respiraba su tan

característico olor a la colonia, esa que secretamente había comprado para

recordarlo en las noches o cuando por cuestiones de negocio, viajaba y ella se

pasaba eternas horas extrañándolo demasiado, cerró los ojos solo para

imaginarse besándolo fervientemente, devorando sus labios sin miedos, sentía

que sus manos vagaban por su piel provocándole las más incomparables

sensaciones, él, experimentaba la fuerza que ella ejercía en sus espaldas con

sus manos aferradas allí como no queriendo soltarlo ni dejarlo ir.

"David", en medio de su sueño despierta, mencionó su nombre con adoración,

pronunciando cada sonido con seducción.

"¿Regina?", se sobresaltó al escucharlo llamarla, curioso por su expresión,

estaba segura de que la había escuchado perfectamente, abrió los ojos para

encontrarlo frente a ella con las tazas de té en sus manos, sintió ese beso tan

real que tuvo que evadirle la mirada, tocándose los labios para poder enfrentarse

a la realidad de no tenerlo entre sus brazos, sin saber si algún día podría cumplir

con la ilusión de amarlo libremente.

"gracias", tomó la taza de té y le hizo una seña para que se sentara a su lado en

el sillón, sus ojos se ajustaron a la cruel verdad y pudo evitar las lágrimas.

"¿has pensado en lo que presentaremos en la feria de joyas?", era su sueño,

llevaban años intentando mostrar sus creaciones en el gran evento internacional.

"he estado trabajando en algo, mañana te lo mostraré", debían ponerse a trabajar

cuanto antes, las piezas de la nueva colección eran hermosas, pero quería

enriquecerla todavía más.

"tenemos mucho trabajo por hacer", advirtió, ella asintió, en cada aspecto,

coincidía con él sin objeciones, aunque, Regina Mills era una cabeza dura,

caprichosa que siempre terminaba haciendo su santa voluntad, él la amaba más

que a nada en el mundo.

"basta de trabajo, hablemos de otro tema", se miraron en silencio, el único tema

del que podrían hablar, estaba guardado en una gaveta y cerrado bajo siete

combinaciones, entonces, el silencio fue su mejor compañero.

"podríamos hablar de tu belleza", se aprovechó del brillo de sus ojos, esos que

lo embriagaban.

"tengo una pequeña curiosidad", cambió la conversación, de repente recordó un

detalle que había dejado olvidado, como ni se inmutó a protestar por el rotundo

cambio, continuó, "¿por qué insististe en el cambio de ropa?", la sangre se le

heló y las menos le temblaron.

"de camino a la mansión vi el vestido y quise que lo lucieras, tuve razón, fuiste la

sensación de tu fiesta, hasta Graham se animó a besarte", pensó agregarle

humor al comentario, el rostro de Regina cambió de expresión dramáticamente.

"debí dejarlo besarme", seria le contestó, los celos aceleraron su respiración.

"el sheriff no es tan mal parecido", su esfuerzo sobrehumano por no lanzársele

a los labios y demostrarle lo que era el beso de un hombre de verdad, contuvo

su evidente molestia, pero él se lo había buscado, la provocó, ahí tenía las

consecuencias de sus propios actos.

"un día te contaré si vale la pena besarlo", dio un largo sorbo a su té, sus miradas

ya no se encontraban.

"es mejor que vayamos a dormir", más que molesto se levantó del mueble, a ella

no le quedó otro remedio que dejar la taza en la mesita pequeña y seguirlo hasta

el cuarto, "puedes usar este pulóver", buscaba las sábanas que usarían esa

noche, encontró la prenda y la colocó en la esquina de la cama sin mirarla

siquiera, entonces intentó salir de la habitación.

"¿no me ayudarás con el vestido?", su tono fue tan suplicante que su molestia

desapareció.

La vio inerte esperando por su respuesta, ni modo hacerle un desaire, ni dejarla

esperando, tomó su cabello, lo apartó del camino para buscar el cierre del vestido

que estaba en la unión de los tirantes en sus espaldas, lentamente los zafó para

desajustarlos, tomó uno y lo descendió por su brazo derecho hasta sacarlo, luego

tomó el que faltaba, dejando su piel descubierta ante sus ojos tan atrevidos los

que comenzaron a curiosear, haciéndolo suspirar involuntariamente, inclinó su

cabeza hacia abajo para aspirar su aroma mientras quitaba el vestido y dejarla

semidesnuda frente a él, pestañó varias veces, disimuló queriendo quitarle la

cadenita, pero al tocar su piel, Regina lo detuvo.

"no", suspiró la pequeña palabra, la cadenita que él mismo le regaló se quedaría

en su cuello para siempre, "eso jamás se irá de ahí", levantó las manos para

tomar las suyas y guiarlas a su cintura, dejándole el camino libre.

Se detuvo para pensar en su próximo movimiento, debía recobrar la compostura,

tenía bajo la palma de su mano, esa piel que soñaba tocar, besar y darle las más

tiernas caricias, tragó pesado varias veces, entonces, comenzó a subir

lentamente, sus manos temblorosas se debatían entre continuar avanzando o

no, pero se detuvieron cuando sus pulgares rozaron ligeramente sus pechos, los

que sintió tan suaves, justo como tantas veces los había soñado, cerró los ojos

ante la sensación, pero casi al instante, las frías manos de Regina se posaron

encima, para no detener el recorrido, el que continuó a su demanda, las pasó

por delante de su vientre, luego por entre sus pechos sin rozarlos siquiera hasta

llegar a sus labios los que le depositaron un beso largo en la palma de cada una

de sus manos y las liberó, de inmediato, le alcanzó el pulóver que previamente

le había ofrecido, la dejó sola, debía tomar aire.

Llegó a la cocina volando el camino, puso sus manos en el fregadero, tomó un

largo y profundo respiro, abrió la llave del agua con la que empapó su rostro, el

cambio de temperatura le vendría bien para despertar de la alucinación que

acababa de vivir, cuando se sintió lo suficientemente calmado, regresó a la

habitación, para encontrarse a Regina profundamente dormida en su lado de la

cama, entró al baño, se cambió de ropa y se acostó sigilosamente, su corazón

voló otra vez, cuando ella se acomodó junto a él, puso la cabeza encima de su

pecho cosquilleando suavemente su piel por su densa respiración, pasó una

mano por encima de la suya sin dejarlo moverse, entrelazó sus piernas a las

suyas, entonces no esperó para sostenerla protectoramente y cerrar los ojos,

tenía la sensación de que esa sería una noche inolvidable, como las tantas que

ya habían pasado despertando en la misma cama.

Abrió los ojos muy en contra de sí misma, pero tantos años levantándose

temprano para ir a la empresa le impedían darse el lujo de dormir unos minutos

más, a pesar de sentir la más bella sensación por tener el cuerpo de David

pegado al suyo y sosteniéndola para que no se le escapara, ni se movió, solo se

permitió pensar en cómo serían sus amaneceres con él si se permitía vivir esos

sentimientos que a veces la ahogaban de tan fuertes que los sentía retumbar en

su alma, además, fue inevitable no recordar cómo se sintió teniendo sus manos

recorrer su piel, un suspiro provocó que los hermosos e intensos ojos azules de

David se abrieran de par en par.

"buenos días", saludó con la voz ronca por el sueño, "¡qué lindo se siente…!",

habló sin darse cuenta.

"¿qué?", tarde para rectificar, tenía que terminar, de lo contrario le haría un

interrogatorio y hasta le sacaría información que no quería decir.

"despertar contigo", se quedó sin moverse, lo sorprendió la reacción de ella.

"desayunemos en la mansión", se apartó de él, se acostó boca abajo, con la

cabeza recostada a sus manos, sin romper el contacto visual, el que fue tan

intenso como la profundidad del océano.

"no lo pensemos más", se levantó, ella lo siguió, no era la primera vez que lo

hacían, dormían juntos y se iban a la mansión por el desayuno, "me visto

enseguida", se metió al baño rápido cuando la vio con intenciones de quitarse el

pulóver, al suceso de la noche anterior no se expondría nuevamente.

"te espero en la sala", se vistió, tendió la cama y salió de la habitación.

David apareció vestido con su atuendo de oficina, tan correcto, apuesto y

elegante, listo para enfrentarse al nuevo día, lo reparó con disimulo.

"¿lista?", le sonrió porque sabía la respuesta a esa pregunta, tomó el llavero,

cerraron el departamento, esperaron el ascensor, llegaron al estacionamiento,

se montaron en el auto y salieron del edificio con destino a la mansión Mills.

"aparecieron los que faltaban", Zelina los recibió en la puerta, la familia estaba

desayunando.

"iré a cambiarme de ropa", Regina comenzó a subir las escaleras y miró hacia

atrás para hacerle una seña a su hermana, la que entendió perfectamente.

"¡tenemos un invitado especial!", exclamó para llamar la atención del resto de la

familia Mills, lo tomó por el brazo y se lo llevó a la cocina.

"bienvenido, hijo, toma asiento", Cora dio su recibimiento, y le indicó su lugar en

la mesa, al parecer los esperaban.

"dedujimos que vendrían a desayunar", comentó Henry, cuando su hija pequeña

se perdía de la mansión, podían despreocuparse, David la cuidaba como la niña

de sus ojos.

"anoche se nos fue el tiempo en el mirador del pueblo", cubriéndola como era

costumbre, ni muerto diría que fue Regina quien sugirió dormir en su

departamento.

"claro", habló Zelina, le dedicó una mirada de súplica para que mantuviera la

boca cerrada.

"el menú de esta mañana es sencillo", comenzó Cora, se había quedado

dormida, cayó tan muerta por el cansancio del día anterior que ni la alarma

escuchó, "jugo de frutas y tostadas con mantequilla", David iba a contestar, pero

en ese mismo momento, Regina llegaba y se sentó justo a su lado en la mesa.

"comencemos, muero de hambre", de reojo la miró, se había puesto una

pantaloneta de tiro alto y una blusa de tirantes muy delgados, con una cola de

caballo en su cabello, los otros detalles los sabría durante el día, en ocasiones

iba a su oficina con cualquier pretexto solo para admirar su belleza y

memorizarla.

"le comentaba a papá y a mamá sobre el curso", Zelina tocando un tema del que

ni ella misma estaba segura de poder hablar.

"cuéntanos hija, me dio mucha curiosidad", su padre tan interesado en sus

asuntos la animó a que les diera detalles.

"es un curso donde me inscribí sin pensar que ganaría una beca", en medio de

su intervención, pudo darse cuenta de la incomodidad de David, no quería

divulgar la noticia hasta decirle, siempre él sabía sus cosas incluso primero que

ella, pero este curso le serviría para alejarse, sus sentimientos por él crecían

aceleradamente y con ellos aumentaban las inseguridades, las dudas, los

miedos de perderlo como amigo, "el curso es sobre diseño gráfico, me pidieron

unos diseños los que serían evaluados por una comisión y al parecer quedé entre

los seleccionados", explicó a grandes rasgos.

"¿dónde es el curso, hija?", cuestionó su mamá.

"en Francia", respondió sin dudar, David tomaba un trago de su jugo y casi se

atraganta al escucharla.

"¿estás bien?", Zelina disfrutaba ese momento, sus ojos brillaban por la inmensa

satisfacción de ponerlos en esa situación, aunque nadie entendiera sus

verdaderas intenciones.

"Regina, te espero en el auto", dijo con seriedad, "gracias por el delicioso

desayuno, padrinos", se limpió la boca y las manos, salió a la velocidad de la luz.

"no tardo", disimuló las inmensas ganas de matar a la pelirroja de su hermana.

"parece que se molestó", comentó Cora con ingenuidad.

"Regina lo resuelve", Henry la miró sugestivo, "quien único tiene ese poder sobre

él, es ella", explicó.

"y quien único tiene el poder de calmar los demonios de la cabeza de mi

hermanita, es él", añadió Zelina, aumentando sus instintos homicidas.

"me voy, de lo contrario llegaremos tarde", puso la servilleta encima de la mesa

con molestia y se fue, pero antes, se inclinó a susurrarle al oído a su queridísima

hermana, "me las pagarás", se despidió y todos supieron sobre su partida porque

dio tal portazo que se retumbó en cada rincón de la mansión.

El camino hasta la empresa resultó ser una completa tortura, David centró su

concentración en la carretera mientras ella esperaba por un milagro que lo

hiciera, al menos, dirigirle la mirada, porque no soportaba estar así con él.

"juro que te lo iba a contar", conocía el motivo de su molestia, para qué andarse

con rodeos.

"¿cuándo, Regina, cuando fuera la hora de montarte en el avión?", preguntó sin

mirarla, ella, se quedó perpleja por su actitud, "no sabía tu nueva política de

guardarme secretos", cada palabra que salía de sus labios seguía

sorprendiéndola.

"es absolutamente inaudita tu actitud", sincera, directa y molesta, replicó.

"no puedes viajar para ese curso", ¿escuchó bien?, David atreviéndose a

prohibirle algo, ahora sí que la situación se le había ido de las manos.

"detén el auto, David", la miró de inmediato, si eso era lo que él quería para

mirarla, pues ahí lo tenía, una típica reacción de ella, "¡que detengas el auto!",

ordenó, y el frenazo del auto los estremeció a los dos, "durante el resto del día,

tú y yo no hablaremos, hasta que recuperes la cordura", se quedó mirándolo,

como dándole una oportunidad para que rectificara en su actitud, se equivocó

grandemente, "¡chao!", exclamó su última palabra con evidente molestia, se bajó

del auto, tiró la puerta fuertemente, caminó hasta la empresa, y durante el día,

trató por todos los medios de evitar encontrarse con él, ¿quién se había creído

para prohibirle algo?, se había vuelto completamente loco, y sin darle al menos

una justificación a su reacción, ella sabía sobre el tema de la feria de joyas, pero

no era tan irresponsable como para abandonar sus obligaciones poniendo en

peligro su prestigio profesional, en la tarde, cuando faltaban unas cuantas horas

para irse a la mansión, se detuvo a pensar en lo mucho que lo había extrañado,

su enojo terminó al darse cuenta de cuánto lo necesitaba, por lo menos las veces

que iba a su oficina con algún cuento, podía verlo, hablar con él, alegrar su

jornada de trabajo, pero ni eso tuvo hoy y la verdad era que le dolía no verlo,

estar distanciada, molesta, enojada, con un profundo dolor en su corazón,

recogió algunos documentos dentro de su portafolios de oficina y se fue para la

mansión, donde fue recibida por su hermana, la única persona responsable de

su terrible mal día.

"¿y?", cuestionó con sus dientes afuera luciendo una amplia sonrisa, ni

arrepentimiento mostró, a veces quería mandarla al matadero, porque la amaba

tanto que ni podía levantar un dedo para hacerle daño.

"¿acaso habrá algo mejor en lo que puedas entretener tu vida que no sea arruinar

la mía?", reviró la pregunta con otra bastante seria y con mucho significado

implícito.

"Gina yo solo quer…", la dejó con la palabra en la boca, subió las escaleras de

la mansión y se encerró a su habitación, la persiguió, en sus ojos café, vio

reflejada la tristeza, su intención era contraria a esa, quería que David se pusiera

las pilas, abriera la boca y evitara que se fuera con una confesión de amor,

resultó, todo un fiasco, ahora debía rectificar su error, "Regina, por favor,

perdóname, no quise provocar un desagravio entre tu amorcito y tú", ni

arrepentida dejaba de molestarla, pero a ella le hacía falta un hombro donde

llorar, por eso decidió ceder, abrió la puerta con los ojos llenos de lágrimas, trató

de evitarlo durante todo el día, al estar en la intimidad de su habitación, todas las

horas que estuvo sin hablar con David, extrañándolo con el alma, no se pudo

contener más, "ven aquí reina", la llamó como lo hacía cuando era pequeña y

comenzaba a decir palabras algo enredadas, entonces su nombre nunca pudo

decirlo con claridad, cuando estaban en un momento de mucha miel entre

hermanas, la dejaba llamarla así, se aprovechó.

"estar distanciada con él me duele en el alma, Zelina", se acomodaron encima

de la cama, la pelirroja cruzó los pies, Regina puso la cabeza encima de su

regazo.

"¿hasta cuándo te harás sufrir?, díselo de una vez", enredaba sus dedos en su

larga cabellera.

"él no siente lo mismo por mí", tenía sus propias confirmaciones, la prueba más

reciente había sido la noche anterior cuando lo dejó desnudarla y pasar sus

manos por su piel descubierta.

"a veces de lo tan inteligente que eres, pecas de ingenua", se quedó callada

escuchado atentamente, "todo eso se resolvería con decir solo tres simples

palabritas, pero insistes en continuar ese juego de silencio que mira cómo te

pone", la regañó, debía decirle palabras duras para hacerla reaccionar.

"si yo hablo y recibo una respuesta negativa, pondré en peligro nuestra perfecta

amistad, es lo que menos quiero", tenía razón, llevaba calculando todas las

posibilidades, ninguna le parecía efectiva.

"eso jamás ocurrirá entre ustedes, hermanita", continuó acariciando su cabello,

ahora con extrema suavidad, estaba ahí para apoyar a su hermana, quien la

necesitaba más que nunca.

"precisamente acepté entrar a ese curso para tomar distancia de él, Zel", explicó,

"siento que muero cada día sin tenerlo de la forma que realmente quisiera", a su

hermana era imposible no confesarle la verdad, aunque a veces utilizaba esa

información en su contra, pero no lo hacía con mala intención.

"eso no es nuevo, lo veo en tus ojos", se inclinó para besar su frente, "¿se te

olvida que fui yo quien descubrió tus sentimientos por el guapo de tu amigo?", la

hizo sonreír, también había descubierto los sentimientos de David, pero hasta

ahí no podía interferir.

"gracias por siempre estar conmigo", respiró profundo, las caricias de Zelina en

su cabello le dieron sueño.

"duerme pequeña reinita", sonrió por la extrema ternura de su tono de voz y se

dejó llevar por el cansancio, se quedó dormida.

Suavemente, Zelina se levantó de la cama, apagó la luz, cerró la puerta y se fue

a tomar una merienda, sus padres habían salido a tomar el té a la casa de sus

padrinos, Leopoldo y Eva, aún no regresaban.

"así te quería atrapar", entró a la mansión escondido, sorprendiendo a su amiga

pelirroja, en la cocina muy ensimismada preparando algo para comer.

"casi me sacas el corazón del susto", era costumbre que apareciera cuando

menos se lo esperaba, desde niños se hacían esa broma, ni creciendo perdía

ese espíritu, "¿cuántas veces te he dicho que existe la puerta y es para usarse?",

su presencia allí, tenía un solo significado, necesitaba su ayuda para hablar con

Regina.

"para la próxima vez, ahora estoy en una misión de vida o muerte", siempre

encontraba un pretexto para justificar que aún se comportaba como un niño.

"conozco esa misión", la sonrisa de David, fue hermosa, no por gusto su hermana

había caído a sus pies rendida de amor, "quieres hablar con Regina", asintió

como un perrito sato esperando comerse un huesito, "pero esta vez no te

ayudaré, arréglatelas como puedas", sustituyó su alegría por una profunda

tristeza, "¿cómo te atreviste a prohibirle algo a mi hermana?", traicionó su

confianza otra vez, pero era para defenderla.

"merezco todos tus regaños", ante sus reclamos, se sentía indefenso.

"reconocer los errores habla de lo caballeroso que eres, por eso no entiendo tu

actitud de hombre de las cavernas", continuaba con los reproches.

"fue una mala interpretación, eso no fue lo que quise insinuar, jamás le prohibiría

algo a tu hermana", habló con sinceridad en sus palabras.

"te dejaré hablar con ella por la sinceridad de tus ojos, esa que me dice a gritos

lo mucho que la amas", le agradeció su comprensión, "está durmiendo en su

habitación", le dio la luz verde para que fuera a buscarla.

Voló los escalones, esos que lo separaban de la persona más importante de su

vida, llegó hasta frente de la puerta, tocó suavemente, al no recibir respuesta,

entró, para encontrarla acurrucada en la cama, abrazaba sus rodillas con sus

manos, mientras su pecho subía y bajaba con tanta paz, que parecía una bebé

chiquitita durmiendo, pero la más hermosa de todos los bebés del mundo, se

arrodilló ante ella como quien se inclina ante Dios a pedir perdón, comenzó a

pasar sus manos por su cabello, admirando su sueño, respirando su mismo aire,

con la punta de sus dedos acarició su bello rostro, por último, apoyó su cabeza

a su codo para enternecerse observándola dormir, los segundos, los minutos y

las horas transcurrieron, hasta que la vio abrir los ojos.

"¿qué haces aquí?", preguntó sin preámbulo.

"vengo envuelto en una bandera blanca", sus palabras eran significado de

rendición.

"para que yo te perdone por la actitud tan absurda de esta mañana, ya sabes lo

que tienes que hacer", se levantó de su posición en la cama para hablarle con

seriedad.

"haría hasta lo imposible", se había pasado tantas horas planeando la forma para

presentarse ante ella y pedirle perdón, que no supo a qué se refería.

"con responderme una pregunta resuelves la situación", quería su perdón,

tendría que luchar para obtenerlo, no se lo pondría tan fácil.

"estoy listo", le dejó el camino libre para que, si era posible, hasta lo bombardeara

a preguntas.

"¿por qué, según tú, no puedo ir a ese curso?", se quedó callado, "puedes irte

por donde viniste", intentó abrirle la puerta para que se fuera, pero no se lo

permitió, con un brusco e inesperado movimiento, la atrapó entre la pared y su

cuerpo para mirarla con intensidad, le parecía que caería al suelo como un pollito

muerto al sentirse intimidada por la profundidad de sus ojos.

"no soporto estar distanciado contigo", sentía su respiración tan cerca, que si no

salía de esa situación cuanto antes, podría dejarse llevar y cometer un error

irremediable.

"una razón, David, dame una razón para que yo no me vaya para ese curso", lo

presionó para que hablara.

"porque…", detuvo su impulso, a tiempo le puso freno a su corazón que estaba

dispuesto a decirle la verdad, se aclaró la garganta antes de continuar, "porque

tienes que participar en la feria de joyería", su mente encontró una justificación

nada acorde con la verdad, pero, se quedó en blanco con su pregunta.

"¿y todavía presumes conocerme mejor que nadie?", a cada segundo que

pasaba cerca de él, podía percibir su calor varonil, pero decidió relajarse, no veía

intenciones de que la liberara, "hemos soñado con ese evento durante años, es

mi prioridad", aclaró, "mis funciones en la empresa las conozco perfectamente",

su última explicación fue tan parca y sin sentimiento, debía ubicarlo en su sitio,

a veces lo olvidaba.

"de ti sería incapaz de dudar", intentó defenderse.

"no lo parece", continuaba con su actitud fría.

"¿debo arrodillarme para que me perdones?", bajó la guardia y se arrodilló ante

ella, "me dejé llevar por mis sentimientos, perdón", unió las manos delante de su

rostro como si ella fuera una virgen que debía venerar.

Verlo así ante ella, le remordió la conciencia, se puso en su misma posición y lo

abrazó, hasta a ella la sorprendió la necesidad que sentía su cuerpo por tenerlo

tan cerca, se aferró a sus brazos, sin reparos, sin prohibiciones, quería dejarlo

todo en ese intercambio, pero él, no parecía estar en una situación desigual a la

de ella, la apretó con tal fuerza que sus huesos protestaron, "con la maravillosa

noche que pasamos juntos, arruinaste lo que podía ser un día perfecto con tu

actitud de niño malcriado, debería castigarte unos días", le habló a su oído,

haciéndolo entrar en razón.

"si haces eso me muero", habló sin pensar.

"entonces no vuelvas a intentar manejar mis decisiones, eres mi mejor amigo,

pero todo en la vida tiene un límite", advertencia que conocía de memoria, pero

la sola idea de tenerla tan lejos lo hizo perder los estribos, además, el verdadero

motivo que justificaba su actitud, no podía revelarlo.

"prometido, palabra de caballero", le dio un beso en la frente y la animó a

levantarse del frío suelo, "me voy más tranquilo, acabo de recuperar el alma", los

dos rieron juntos, por momentos como esos entre los dos, daba la vida entera.

"hoy estuve trabajando en algo para la feria, mañana lo discutimos", le dijo antes

de verlo partir.

"hasta mañana entonces", se escurrió por la puerta sin abrirla demasiado, le

dedicó una sonrisa, le guiñó un ojo, puso su mano encima de sus labios para

tirarle un beso, el que atrapó y lo puso en su corazón, una vez se había

marchado.

Bajó las escaleras como flotando en el mar, saber que ya no estaban enojados,

le había devuelto la paz, estaba seguro de que sus ojos y su sonrisa reflejaban

su estado de ánimo, porque los demás miembros de la familia se quedaron

mirándolo sin mostrar asombro en su rostro, al parecer, era habitual para ellos

verlo así cada vez que hablaba con Regina.

"¿te quedarás para la cena?", preguntó Zelina.

"sería buena idea", comentó Cora.

"hoy no puedo", acababa de reconciliarse con su amiga, imponerle su presencia

sin que ella lo supiera, no le traería nada positivo, así que decidió inventarse un

pretexto, "esta noch…", todavía no iba ni por la mitad de las escaleras, cuando

las manos de Regina escurriéndose por su cintura y el pequeño beso que sus

labios dejaron en su hombro derecho lo desconcentraron completamente.

"nada, esta noche lo único que tienes que hacer es cenar con tu familia", puso

su barbilla donde mismo había depositado el beso, de seguro debía estar unos

escalones más arriba, la diferencia de estatura era notable, en respuesta a su

mandato, él puso sus manos encima de las de ella y las llevó a sus labios

correspondiéndole con un tierno beso, la sintió relajarse completamente ante su

caricia.

Los presentes admiraron el intercambio entre ellos sin decir palabra, si así se

comportaban siendo solo amigos, no querían saber lo que ocurriría cuando

alguno de los dos se animara a confesar que llevaban amándose años y todos

lo sabían menos ellos mismos.

"no se hable más, esta noche habrá un menú diferente", Cora rompió el silencio

y se perdió en la cocina, era su lugar favorito de la casa, si por equivocación,

alguna de sus hijas entraba a la cocina con el pretexto de ayudarla, se negaba

rotundamente.

"mientras tanto, nosotros tendremos una conversación", Henry se lo llevó para el

estudio, dejando a las dos hermanas hablando solas en la sala, la escena que

acababan de presenciar lo había animado a tener una reunión íntima con su

ahijado.

"padrino, este silencio suyo, me inquieta", comenzó David al ver que el señor

mayor servía un wiski con hielo para los dos.

"toma asiento", lo invitó a sentarse frente a él en su buró del estudio, "un trago te

ayudará a relajarte, porque quiero que hablemos de hombre a hombre", decirle

eso fue como acelerarle los nervios, "piensa que somos amigos, que no soy tu

padrino", el tema de conversación llevaba ese tipo de introducción, "¿me hice

entender?", su pregunta parecía el inicio de un juicio.

"siempre le he hablado con la verdad", aclaró, eso estorbaba, pero hasta el más

valiente de los hombres temblaba ante su seriedad.

"no se trata del respeto hacia mí por el que abogo, si no, por el que tú mismo te

tienes", cada vez, entendía menos a lo que se refería, "¿amas a mi hija Regina?",

al escuchar esa pregunta, tomó el vaso con el trago y lo bebió de un solo sorbo

sin pensarlo.

"padrino, esa pregu…", la voz de Henry, evitó que se enredara en sus propias

justificaciones.

"me decidí a conversar contigo sobre este tema por tu reacción de la mañana",

fue tan evidente su molestia que había quedado completamente descubierto,

"actuaste como un hombre que no quiere que la mujer que ama, se aparte de

él", David ni se atrevía a interrumpirlo, "no creas que fue hoy que me di cuenta,

llevo tiempo tratando de ponerle un nombre a tu relación con Regina porque

obviamente, amistad no es", tanto él como su esposa coincidían al respecto.

"he amado a su hija casi desde que tengo uso de razón", decidió abrir su corazón,

se sentía descubierto, no valía la pena continuarlo callando, "he dedicado gran

parte de mi vida a estar a su lado, a cuidarla, a protegerla y ahora que juntos

dirigimos la empresa de mi padre, nuestro acercamiento ha sido mayor, siento

que sin ella mi vida no tendría el mismo sentido", el peso de ese secreto ya no

era tan grande.

La mirada de su padrino explorándolo como un escáner provocó que sus pies se

movieran incontrolablemente, que sus manos se posaran encima de sus muslos

moviéndose al mismo ritmo y gotas de sudor se asomaran en su frente.

"no hay otro hombre más merecedor del amor de mi hija que tú", alivió su

aterrada alma, esperaba una respuesta desaprobatoria, lo sorprendió, "apoyaré

su relación, te doy mi bendición", abrió los ojos, porque eso sí que no lo veía

venir, "también mi esposa está de tu lado y por lo que ocurrió esta mañana, mi

hija Zelina, es tu mayor apoyo", David sonrió.

"si lo sabré yo", vivía en carne propia los reclamos de la pelirroja.

"ahora", se levantó de la silla, abrió los brazos, un abrazo sellaría con broche de

oro esa tan importante conversación, "dale un abrazo a tu padrino y futuro padre",

debía aflojar el matiz de la conversación, de tanta tensión podía darle un infarto

masivo al muchacho frente a él.

"saber que me apoya significa el mundo entero para mí", respiraba aliviado, tenía

tanto temor de no contar con su aprobación.

"vamos a cenar, de seguro mi esposa terminó de preparar las pizzas", por eso

decía que el menú de ese día era diferente.

"¿pizzas hechas por la madrina?, ¡qué delicia!", el ánimo se le había levantado.

Henry le pasó la mano por encima del hombro, salieron del estudio con una

sonrisa distinta en sus rostros, las mujeres lo miraron, Cora movió la cabeza de

arriba hasta abajo con extrema cautela, Henry entendió y correspondió el gesto.

"al fin salieron, nos tenían pasando hambre aquí, comamos, por favor", Zelina

hizo el comentario, llevaban diez minutos esperándolos, el estómago le bailaba

de tanta hambre que tenía, por la presencia del rubio en la casa, sus planes de

preparar una merienda, quedaron olvidados.

"la mesa está servida", se fueron al comedor, a las pizzas le puso su ingrediente

secreto, por eso, devoraron hasta la última migaja.

La interacción entre ellos era única, siempre tenían algún tema que debatir, esa

vez no era la excepción, en un asentimiento secreto y silencioso, David y Regina

decidieron confesarles lo del evento en Italia, toda la noche no bastaría para

agregar ideas a esa tan importante noticia, por eso, al terminar de comerse las

pizzas, continuaron la reunión en la terraza, incluso, se animaron a tomar vino

tinto, la noche estaba un poco fría y la bebida los calentaría.

"este vinito es de mi reserva personal, la ocasión lo amerita", Henry buscó uno

de sus vinos más finos para brindar en familia.

"pareciera que Regina se ganó el primer lugar en esa feria", Zelina habló con

sarcasmo, para que su padre accediera a sacar uno de los vinos de su tan

atesorada colección, la euforia debía ser inmensa.

"tu hermana tiene suficiente potencial para ganar no solo el primer lugar, si no

también, el mejor gran premio y mucho más", salió en su defensa, la pelirroja lo

miró como queriendo matarlo.

Los bancos del jardín estaban un poco distanciados, Zelina, se sentó del lado de

Regina, dejando a David imposibilitado de ocupar ese lugar, por eso se tuvo que

conformar con mirarla de reojo para no levantar más sospechas de las que ya

había.

"no exageres, David, además, yo no soy la única diseñadora de la empresa, tú

también pones tu granito de arena en las colecciones", quitándose mérito,

cuando ella se merecía el universo entero.

"haber sacado la empresa de ese mal momento, es una hazaña relevante de la

que solo ustedes dos, son los responsables", Henry le dio el toque final al

argumento, se callaron de inmediato.

"amor, pongamos musiquita", propuso Cora, era lo único que faltaba para para

sentirse completamente feliz, amaba la música y el baile.

"yo me ofrezco", se propuso Zelina, había una canción en específico, con la que

pretendía sorprender a David, era una de sus preferidas.

Entró a la mansión para buscar una pequeña bocinita que se conectaba a su

celular y reproducir la música para todos.

"estamos demasiado curiosos", habló Cora al ver que su hija mayor regresaba

preparada para deleitarlos con la música, su hermana no desaprovechó un

segundo para sentarse del lado de David, aprovechándose de su ausencia y sin

que nadie se diera cuenta, estaban tomados de las manos, sonrió por eso.

"complaceré a mi querido amigo con su canción favorita, pero tiene que bailar",

advirtió, entonces la bocina comenzó a reproducir la canción One and Only

interpretada por Adele, a David las mejillas se le pusieron rojas, esa canción

pretendía dedicársela a Regina, ella le había arruinado la sorpresa.

"vamos hija, no nos dejen solos en la pista de baile", habló Cora, animándolos a

que se sumaran a la diversión, ella y Henry no dudaron en dar los primeros

pasillos.

"¿bailamos?", David le habló al oído, Zelina se extremó con el volumen, casi ni

sus propias voces escuchaban.

Mentía si daba una respuesta negativa, tener a David cerca, escuchar una

canción romántica y querer bailarla envuelta en sus brazos era como una acción

inmediata, por eso, aceptó.

David la guió en todo momento, la sujetó por la cintura, unió sus cuerpos a una

distancia prudente, ella no esperó para envolver sus brazos en su cuello y

comenzar a moverse al ritmo de la lenta melodía.

"has estado en mi mente, mi interés crece diariamente, con solo pensarte me

olvido de que existo" David comenzó a cantarle en el oído, "solo Dios sabe, por

qué me ha tomado tanto tiempo dejar que mis dudas desaparezcan, porque eres

la única que quiero", Regina no sabía cómo interpretar lo que hacía, si era una

confesión de amor, o que se había emocionado demasiado y el calor del

momento, lo animó a cantarle, lo único que ella sabía, era que amaba estar así

con él y verlo tan romántico, le gustaba más todavía, por eso, cerró los ojos,

quería seguirlo escuchando, "te reto a que me permitas ser el único hombre en

tu vida", la letra de la canción estaba hermosa, a partir de ese día sería también

su preferida, "dame una oportunidad de demostrarte que soy quien caminará

contigo hasta que se agoten las estrellas", amenazaba con llorar, pero decidió

embriagarse de su dulce voz cantándole bajito, solo para que ella escuchara, "si

he estado en tu mente, recordarás cada palabra que he dicho y olvidarás que

existes con solo escuchar mi nombre", no había nada más cierto que eso, de

solo pensarlo, temblaba de la emoción por él, solo por él, "¿sabré alguna vez lo

que se siente tenerte en mis brazos y que me sigas a cada paso que doy?",

cuánto daba por estrecharlo en su pecho, la canción no podía estar más acorde

con su realidad, "nunca lo sabrás si no lo intentas, olvida todo y simplemente

permíteme hacerte mía", el coro se repitió nuevamente, pero ella se quedó

concentrada en lo que acababa de proponerle implícitamente en la canción, se

presionó aún más a su cuerpo, se alzó en puntillitas, movió la cabeza para pegar

sus frentes, respirar profundo, ganar fuerza y unir sus labios en un roce

imperceptible, el que no duró, en ese mismo instante, hubo una falla eléctrica en

la casa, las luces se apagaron completamente, apartándolos con sobresalto.

"¡muy oportunas las luces!", exclamó Zelina, quien no se había perdido ni un solo

detalle del baile de su hermana y David.

"enseguida arreglo el problema", Henry se auxilió de la linterna de su celular para

entrar a la casa.

"lo ayudo, padrino", David con mucho arrepentimiento por no haberse

aprovechado de ese tan efímero instante en que Regina se le ocurrió acercar

sus labios para estrellarla en el beso más amoroso y demostrarle lo mucho que

la quería, apartó sus brazos de su cuello con ternura para ofrecer su ayuda,

sentía que era lo menos que podía hacer.

"debe ser una falla eléctrica", avizoró Henry una vez estuvieron frente a la matriz

del sistema eléctrico de la mansión.

"mire padrino, creo que el problema es aquí", era quien sostenía la linterna.

"tienes razón, hijo", con unas pinzas, presionó uno de los cables y de inmediato

todo quedó iluminado otra vez.

"resuelto", festejaron uniendo sus manos en un saludo de alegría.

"es verdad lo que dicen los sabios", comenzó Cora, la noche se enfriaba y

decidieron entrar sorprendiendo a los dos hombres en medio de la sala, "donde

hay hombres no hay fantasmas", fue como si les hicieran cosquillas, sus

carcajadas inundaron cada rincón de la mansión.

Se pasaron alrededor de diez minutos disfrutando del chiste de Cora, pero, se

hacía tarde, David tenía que irse, "llegó la hora de mi partida", comenzó a repartir

besos, cuando fue el turno de Regina, ella no se conformó con eso, quería más.

"te acompaño hasta la salida", se le prendió del brazo, recostó su hombro y

comenzaron a caminar hasta donde David tenía su auto estacionado en la salida

de la mansión.

"fue una noche hermosa", besó su cabeza aprovechándose de su cercanía.

"lo mejor fue nuestro baile", de repente las manos de David comenzaron a sudar.

"ojalá se repita", era un deseo el que dijo en alta voz sin siquiera saberlo, "quise

decir…", la mirada de Regina lo detuvo, se quería quedar para siempre en esos

ojos café, allí donde se sentía como en casa, porque su alma lo reconocía sin

necesidad de mencionar palabra y pedía a gritos que le alcanzara la existencia

para un día confesarle esos sentimientos que lo estaban consumiendo, ¡Dios,

cuánto la amaba!

"dulces sueños, David", la situación la estaba superando, sus piernas temblaban,

todo su cuerpo comenzaba a sentir ansiedad, por tenerlo tan cerca, estar solos,

alejados de todos y no encontrar las palabras adecuadas para sostener una

conversación, por eso, decidió despedirse.

"contaré hasta el último segundo para verte mañana", dejó un besito en su mano

y se fue, ella, con sus ojos cristalizados, lo vio alejarse como si le estuvieran

arrancando un pedazo de su alma.

Regresó a la mansión donde las luces estaban completamente apagadas, se

habían ido a dormir, fue a la cocina por un vaso de agua, luego, entró a su

habitación, se preparó para dormir y se acostó sin dejar de pensar en David,

desde que descubrió sus sentimientos por él, era la primera imagen que venía a

su mente en las mañanas y en lo último que pensaba en las noches antes de

quedarse profundamente dormida.

De camino a la oficina, le contó a David sobre el curso en Francia, la noticia la

tomó totalmente diferente a como esperaba que reaccionara, incluso insistía en

que no podía ir a ese viaje, a ella nadie le decía lo que tenía que hacer.

"detén el auto, por favor", ordenó con evidente molestia, no podía creer su actitud

tan retrógrada.

"te estás escapando, pero no hemos terminado esta conversación", detuvo el

auto, lo miró antes de salir, le parecía que le cambiaron al David que ella tanto

amaba y pusieron a otro en su lugar.

"no tengo más nada que agregar", se bajó y salió apresurada, pero, sus fuertes

manos, impidieron su avance.

"yo sí, y si depende de mí ese curso lo puedes dar por perdido", por un momento

le dio miedo verlo así como poseído, la apresó entre sus fuertes brazos y el auto,

imposibilitándole el paso.

"dame un motivo que me convenza", levantó la frente y habló como una Mills lo

haría en esa situación, "vamos, responde, ¿dónde está tu valentía?", lo desafió.

"porque te amo", confesó con los ojos cerrados, los que tuvo que abrir al sentir

que los labios de Regina se estrellaron contra los suyos, correspondió sin

pensarlo, había esperado ese arrebato toda su vida prácticamente.

"también te amo", dejó sus labios para besar su rostro, era tan varonil su piel,

que fácilmente podría acostumbrarse a su contacto amoroso.

De pronto, abrió los ojos sobresaltada, se vio en su cama, sola, su corazón

palpitaba a mil kilómetros por segundo, su alma a punto de abandonar su cuerpo,

sus manos temblorosas, y sus ojos empapados en lágrimas, era un sueño, un

maldito sueño que parecía la realidad, pero no lo era, cubrió su rostro con sus

manos, debía calmarse e intentar dormir para poderse enfrentar al siguiente día

sin tener en sus brazos, al hombre que tanto amaba.