La idea principal de la llamada no era presionar y terminar con una fecha límite, no, aquello no era para eso, lo que realmente quería era simplemente saber por cómo se encontraba, y sacar alguna información sobre la unión que tenía con Quatre, pero a pesar de tener todo pautado en una hoja, acabo nervioso y enredando todo. Cubrió su rostro con sus manos, su corazón palpitaba desenfrenado, le había costado marcar el dichoso número, para arruinar todo el plan.

¿Le gustaba Wufei? Claro que sí, siempre lo encontró alguien interesante, un sujeto valiente y enojón, era fácil hablar con él, seguir sus enojos, hacerle bromas, todo era divertido a su lado, por eso le gustaba coincidir con él cuando eran pilotos. Ahora todo era diferente, se ponía nervioso la sola idea de estar a su lado, su mirada le estremecía, parecía que leía lo que tenía en la mente, como si leyera todo lo que ocultaba, así no existía forma de hablar con ese tonto chino.

Si comparaba lo que sentía por Heero, todo era diferente, esa angustia de no saber de él, la emoción de verlo y pasar tiempo a su lado, ser parte de un algo. Ahora reconocía que el trato que mantenía con Heero era muy diferente, a pesar de tener una cierta conexión no era lo mismo, no se sentía igual ahora, no lograba entender la forma en la que siempre iba detrás de él, reconocía que en ese tiempo no lo veía mal, adoraba a ese soldado, por lo que no debía ser un inconveniente estar detrás de él, esperando. Todo es diferente cuando la realidad estalla en tu cara, desde que esas palabras de Wufei le dejaron claro que jamás cumpliría sus ridículos sueños con el soldado, era que sopesaba las situaciones. Su burbuja fue estrellada de golpe contra la realidad, tal como le sucedió a Quatre.

¿Qué sentía por ese chino odioso? Ni siquiera podía explicarlo, solo seguía repitiendo que era agradable estar a su lado, entonces apareció un beso en la ecuación y arrojo la palabra agradable lejos de todo. Con ese beso no lograba explicar lo que sentía, siempre lo vio como un amigo, ahora debía dar una respuesta que le apretaba las entrañas, nadie le explicaba lo que podría suceder si se equivocaba, si se confundía y seguía un camino que no era. Arriesgarse tampoco era muy justo.

¿Realmente le gustaba Wufei? ¿Podría entonces decir que sí y aceptar lo que viniera?

Esas dudas y la fecha límite le quitaron el apetito, estaba aburrido de todo eso, quería que fuera más simple, sin respuestas, sin preguntas y seguir como siempre. Sabía que ya nada era como antes, odiaba sus ideas, odiaba haber sido él a quien se le ocurrió llamarlo. Porque debía ser todo tan complicado, dormía poco por esa tontería. Llamaba a Quatre para que funcionara como un guía, pero el árabe le había dejado claro que él no estaría en el medio, que debía llegar a su respuesta solito./p