Los personajes de CCS no me pertenecen. Esto es una adaptación, créditos a la autora original.
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" Es tan difícil decir lo siento, yo solo quiero que te quedes; después de todo lo que hemos pasado, te lo recompensaré, lo prometo; y después de todo lo que se ha dicho y hecho, tu eres una parte de mi que no quiero dejar ir.
No podría soportar estar separado, solo por un día, de tu cuerpo; no quisiera ser arrastrado lejos de la persona que amo, nunca podría dejarte ir. "
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Quindici.
Habían pasado tres días, y aunque me negara a aceptarlo y llevara puesta una armadura de fortaleza, mi corazón preguntaba por Shaoran. Tres días y ¿nada? Yue me había contado que, por supuesto, él le había preguntado a dónde había ido y cuando sus hombros se encogieron ante la interrogativa, Shaoran salió disparado por la puerta, sin señal alguna de Meiling.
Pero ya no iba a pensar en ello, o al menos intentaría no hacerlo y no darle más concesión al asunto. Miré a través de la ventana del departamento y visualicé las grandes formas arquitectónicas de los edificios de Tokio. Tenía pensado jamás volver, quedarme en algún lugar seguro hasta que el corazón sintiera de nuevo. Me preguntaba, ¿hasta cuándo sería libre ?, ¿hasta qué punto resistiría él? Mi corazón palpitaba deseoso por sentir, por vivir, por amar; tenía miedo de no encontrar todo eso en alguien más. Andaría lejos, esperando no volver a atrás, no mirar profundamente su fotografía, negándome a todo aquello que aun sintió por él.
Si él apareciera, seguro mi corazón cantaría; pero mientras no lo haga y el tiempo pase; yo me haría más fuerte y evitaría derrumbarme en sentimientos vanos. Lo dejaría libre, para poder ser libre yo. Los golpes en la puerta interrumpieron mi divagación.
—¿Estás lista? —La voz de Yue me reconfortaba ante todo mi dolor.
Desvié la vista de la vitrina para mirarle y sonriéndole, asentí.
—Vamos.
Tomé mi abrigo y bajé junto con Yue hasta la recepción del hotel, para dirigirnos a la Avenida Tsukimine, en donde volvía a darle vida a "Manuale del Proibito" . Había sido un éxito en Tomoeda, y ahora, Miura lo había trasladado a Tokio, en donde pidieron que la presentara. Estaba feliz, por supuesto, era el mundo reconociendo mi trabajo.
Cuando llegamos, Miura ya estaba allí y nos regaló una extensa sonrisa al vernos.
—Suban, suban, es en el cuarto piso —nos dijo, dándonos la mano.
Sin duda era un edificio algo grande, tenía cinco o seis piso, no estaba muy segura; pero en Tokio todos los edificios eran así.
—Vamos, faltan menos de treinta minutos —me instó Yue, empujándome por la espalda.
Al entrar al edificio el aire acondicionado me golpeó el rostro. Afuera ya era frío, ¿por qué no mantenerse cálido adentro? Últimamente así eran mis pensamientos, triviales y sin importancia. Yue y yo subimos por el ascensor hasta el piso cuatro.
—Ey, ¿cómo estás? —Me preguntó, poco antes de que las puertas se abrieran.
—Perfectamente —contesté.
No es que fuera mentira, pero tampoco era completa realidad. Por supuesto, físicamente estaba de maravilla, emocionalmente… bueno, era preferible no hablar de ello. Me sentía estúpida, tonta, como si fuera la niña nerd de la que todos en el colegio se burlan.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, lo primero que vi, más allá de la gente, fue la vista a través de las grandes ventanas; los edificios y rascacielos se expandían gloriosos hacía el cielo por todo Tokio.
—¡Vaya! —Exclamé y escuché la tenue sonrisita de Yue.
Luego otra cosa captó mi atención, era un espacio un poco más pequeño que el de la primera exposición, por lo tanto, las fotografías estaban más juntas, observándome. Quise borrar con una sacudida de cabeza el recuerdo que me vino a la mente al verlas, a fin de cuentas, volver a ver a Shaoran no había resultado tan bueno.
Los minutos trascurrieron rápidos y mientras veía gente ir y venir observando mis fotografías se hizo tedioso. No es que no me gustara la expresión de fascinación de la gente al verlas, pero quería exponer otra cosa, otras fotografías, algunas más recientes, algunas que no me dolieran y no hablaran en mi imaginación. Comencé a contar los segundos, no encontrando otra cosa qué hacer, y cuando le sonreía a la gente, empezaba otra vez desde cero. Así se me fue un buen rato.
De pronto, entre el murmullo de la gente, escuché algo ¿Música? Mi mente preguntó y giré completamente desorientada, ¿de dónde provenía? ¿Por qué se me hacía conocida? No era la única que lo oía, todos giraban sus cabezas y comenzaron a amontonarse en las ventanas.
El corazón se me paró al escuchar la voz.
Yue, que estaba también en el tumulto de gente me miró de prisa.
—Ven a ver —lo oí apenas decir y obligué a mis pies, de pronto, agarrotados músculos a moverse.
Como pude, me abrí paso torpemente entre la gente, porque a pesar de que mi razón iba siempre en desacuerdo con la cosa latente bajo mi pecho, esta vez sabía que era algo real, algo de lo que mi corazón no saldría lastimado después, y entonces obedecía perpleja. Cuando por fin logré llegar hasta la gran ventana, media atontada aun, apoyé las palmas de mis manos contra el cristal, haciendo que se humedeciera por el repentino sudor que desprendieron; posé mi vista en la azotea del edificio contiguo y entonces lo vi.
En ese instante fue como si el corazón hubiera revivido o despertado de un letargo doloroso, haciéndome sentir más viva que nunca. Porque más allá de sus estruendosos latidos con nombre propio, sabía muy en el fondo que esta vez, como ya lo había aceptado mi razón, esta vez no iba a ver decepción alguna.
¿Pero qué estaba haciendo Shaoran? ¿Cantaba? Me cantaba ¿a mí? Al menos me miraba, mientras seguía dándole libertad a la bella voz que poseía y se llevaba una mano al pecho.
Unas ganas de llorar me invadieron sin explicación, era como si me estaba trayendo serenata a mitad del día. La gente que se apretujaba a mi alrededor comenzó a desaparecer, y me vi perdida en las capas de terciopelo de su voz; pegué la frente al vidrio, ¿es que su voz podría llegar a ser más hermosa? Si ya era inspiradora cuando salía de su garganta como palabras, ahora no tenía comparación. Simulé una sonrisa. Fue entonces que me percate de que una lágrima había escapado de mis ojos y había llegado hasta mis labios. Estaba llorando.
Allí estaba y no era un sueño, una ilusión o una cruel jugarreta de mi mente. Entonces capté que colgando del edificio, había un enorme cartel que decía " Nessuna fuga di nuovo " con grandes letras azules. No sabia qué significaba, nunca aprendí italiano, pero cual fuera el mensaje, me impedía moverme, quería permanecer allí, observándolo.
Hice una comparación, y mi exposición salió perdiendo. Shaoran era hermoso, en todo sentido que pudiera verle; su voz, su rostro, su cuerpo incluso, así usara el atuendo más ridículo del planeta.
De pronto, un pensamiento me cruzo la mente, ¿existía la posibilidad de que él me quisiera a mí? ¿Tan solo a mí? Tenia que haber una razón por la que en este momento estaba allí, cantándome esas hermosas palabras que me llenaban el alma, ese "por siempre" que agrego a su melodía, pero, ¿todo era verdad? Y si lo era, ¿acaso no seguiría siendo malo? El recuerdo desgarrador que aún no me abandonaba, era aquel en el que veía los ojos hinchados y rojos de Tomoyo, la tristeza en su rostro y la radiografía de su alma hecha pedazos. ¿Es que yo podía ser tan cínica como para terminar de arrebatarle lo que mas ama?
Mire de nuevo a Shaoran y otra lagrima corrió por mi mejilla. Ni siquiera yo misma me entendía; si él me quería y yo lo amaba más que a mi vida misma. ¿Cómo podíamos estar juntos? ¿El dolor de Tomoyo era el precio a pagar? Me lastimaba querer hacerlo para estar con Shaoran podía ser tan egoísta, ¿o si?
Era verdad que había pasado el tiempo, pero aunque para mi fuera eterno, en realidad no había sido bastante. En dos meses nadie sana una herida, y mucho menos si es tan profunda como la que yo había hecho. ¿Es que nunca podría llegar a estar con Shaoran? ¿Ser feliz con él? ¿Tenia que conocerlo? Pero tampoco podía ignorar todo este amor que me quemaba por dentro, me hacia hervir la sangre y que ya hasta dudaba me cupiera en el corazón o en el cuerpo entero.
Sentí a Yue a mi lado.
- Dile que no es demasiado tarde —me susurro y la gente volvió a mí alrededor, volví a la realidad que me asfixiaba.
Di una rápida mirada a Yue y luego volví a Shaoran; el murmullo de la gente me hizo perder las voces en mi cabeza, mientras que la de Shaoran continuaba metiéndose por mis oídos y llegaba a mi corazón. El suspiro angustiado que solté se hizo visible al empañar el cristal de la ventana. ¿Por qué tenia que pensar demasiado las cosas? ¿Volver a escapar seria muy cobarde?
La música paró y junto a ella mi corazón estrepitosamente colapso en nuevos latidos. Shaoran miro hacia mí y aún a tal distancia, pude sentirme abrigada en el calor de su mirada.
—¿Qué esperas? —Me instó Yue, pero ni siquiera yo lo sabia.
Shaoran no se movía, pero el par de músicos detrás de él comenzó a retirarse, haciendo que la escena pareciera viva. Era hora de aclarar las cosas con Shaoran y conmigo misma también.
Comencé a mover los pies hacia atrás y se echo a correr. No supe qué más hizo, porque caminé hasta las escaleras y baje a grandes zancadas medio desequilibradas hasta la planta baja. ¿Qué iba a decirle? Mi cabeza era un completo caos e iba viéndome los pies al caminar, tratando de encontrar la respuesta correcta a este dilema.
Justo cuando iba a salir por la puerta, donde la luz taciturna del sol escaso ya comenzaba a alumbrar, un brazo me cerró el paso. El pecho agitado de Shaoran se movía arriba abajo por debajo de su sudadera negra y su respiración irregular me movía los cabellos de tanta cercanía. Tenerlo así después de tanto tiempo hizo que me debilitara por completo, pero me obligue a sacar fuerzas de donde no tenía las tenía para mantenerme de pie, aun cuando mi corazón estallara contra mi pecho.
—No escapes de nuevo —musitó, entrecortadamente y su aliento me estremeció el alma.
-¿What? —Logre decir.
—Es lo que dice el cartel —hizo ademan para señalar la enorme lona que caía del edificio continuo, mientras medio esbozaba una tenue sonrisa— no vuelvas a escapar, Sakura. Si lo haces, no voy a parar de perseguirte.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Pregunté, aun incrédula de que estaba allí, hablándome.
—Ya te lo dije, no voy a descansar si sigues escapando de esa manera, ¿es que no ves? —Me tomó de las muñecas y la piel ardió con su tacto, como antes No eres fácil de olvidar, te he buscado como un loco por cielo, mar y tierra.
—Dos meses, Shaoran —musité, con apenas un hilo de voz —dos meses han pasado. Si has estado buscándome, ¿Por qué tardaste tanto?
—Tampoco eres fácil de encontrar, —su mirada se angustió— corrí por mis maletas en cuanto te fuiste de Venecia, Sakura. Esa misma noche tomé un vuelo a un país cercano, pensando que estarías allí.
—¿A que país?
—Egipto.
-¿What?
—¿Recuerdas cuando me dijiste que a ese lugar escaparías? Dijiste que era lo suficientemente lejos para huir de tus problemas, —su voz comenzó a agitarse— estuve buscándote por mas de un mes en cada rincón de Egipto, Sakura.
—Pero sabias muy bien que volvería a Tomoeda. Tú lo oíste de mis propios labios. No sabia si sus palabras eran sólo un pretexto para excusar el tiempo, no sabia si era verdad tampoco. Pero es que me costaba trabajo aceptar que estaba allí y me quería, después de lo que había oído decirle a Meiling.
—¿Y quién me aseguraba que fuera verdad? —Cuestionó, sin soltarme las manos— a lo mejor sabrías que yo te buscaría a donde quiera que fueras y decidiste mentir para que no pudiera encontrarte.
—¿Mentir? —La voz me tembló y las lagrimas comenzó a salir, finas y cálidas recorrieron mis mejillas- Shaoran, mentir era lo que menos llegaría a hacer en un momento como ese.
—¿Ah no? —Me miro, incrédulo y sarcástico— ¿Y esa vez que me dijiste que no me amabas? —Enterró su mirada miel en mi y el corazón se me colapso— ¿Fue mentira o fue verdad?
—Eso fue distinto —dije con voz ahogada.
—¿Por qué distinto?
—¡Por Tomoyo! —Su nombre hizo doler mis labios.
—Ella siempre fue tu elección —musitó— ¿pero qué hay de ti? ¡¿Qué hay de mí ?! Sakura, te juro que quise evitar todo esto —me apretó las muñecas — Pensaba en Tomoyo y en el daño que le provocaría si confesaba que estaba enamorado de ti, muchas veces quise terminar con ella, pero no me atrevía y para ser sincero, tampoco Cuando veía como coqueteabas con Takashi, estaba furioso de verte junto con él y yo no podía quedarme solo en ese momento. No era que utilizara a Tomoyo, también me dolería dejarla, por supuesto que la quería mucho y no me cabía en la cabeza cómo es que se podía estar enamorado de dos mujeres al mismo tiempo. Hasta que comprendí que no se puede, la quería a ella, pero de una manera distinta en la que sentía que te quería a ti. Cuando estaba contigo era como… no escuchar las voces de los demás, como si estuviera donde quisiera estar y no donde todo el mundo quiere que este. Esa era la diferencia. Contigo era yo, con Tomoyo era la orden de las personas a mi alrededor, por supuesto que me sentí un idiota por fijarme en la persona menos indicada, trate de evitarlo, pararlo, ignorarlo, ¡de todo! Pero cada día era más imposible. Hasta que me di cuenta que no podía luchar más con esto. Pero estaba confundido, no sabía si tú me querías a mí o yo era el único. Hasta ese día en que te embriagaste y te lleve a casa, no podía dejarrte sola en el departamento por eso te lleve a mi hogar; cuando tomaste mi rosto entre tus manos delicadas y me besaste te juro que removiste todo dentro de mi, algo que jamás me había pasado. No me creas si no quieres pero es la verdad. Sakura, entiéndeme, me sentí como un idiota tanto tiempo, sé que tú viviste con la misma agonía que yo; nos merecemos una oportunidad, un final feliz —rogó.
—¿Feliz? ¿Podría de verdad suceder? —Dije— tú dime Shaoran, ¿y Meiling?
Al oír su nombre Shaoran se echo hacia atrás, como sorprendido de que la mencionara. Intentaba controlar mis lágrimas, pero no podía pararlas.
—¿Meiling?
—Te vi hablando con ella la ultima vez, dijiste que… —la voz volvió a quebrárseme— fue la novia que mas quisiste, ¿y me dices a mi mentirosa? —Quise deshacerme de su agarre pero fue imposible.
—Por eso escapaste— relacionó— Sakura, ¿Por qué no terminaste de oír la frase?
Le mire ceñuda y aun con lagrimas en los ojos.
—Le dije eso, le dije que ella había sido la novia que mas había querido, hasta que me fui a Venecia y conocí a Tomoyo, y que gracias a ella había conocido después a la persona que mas he amado en toda la vida. Le dije que lo sentí conmigo, pero que no fuera hipócrita. Por favor Sakura no me juzgues, lo que siento por ti es verdad, me hiciste escribir canción tras canción, hiciste que mi sueño se cumpliera cuando un famoso cantante le puso voz a mi letra. Lo que acabo de cantarte, ¿no te dice nada? Disponible, casi desesperado— no digas que es demasiado tarde para hacer lo correcto.
Me miro por un largo instante y yo, con la voz atascada en el nudo de mi garganta le sostuve la mirada, sin poder hablar. Su entrecejo se arrugó levemente en señal de desesperación a mi silencio y de pronto y sin aviso, soltó mis manos para colocarlas en mis mejillas y aferrar mi rostro con temor de abandono y lo condujo con fuego, un fuego descomunal que quemaba placenteramente. No podía creer que los estaban tocando de nuevo, que ambas bocas estuvieran bailando con la misma pasión con la que danzaron al unisón la primera vez. Sentí que todo mi cuerpo se deshizo en el suyo y mi corazón golpeteaba contra su duro pecho.
Pero aún no estaba segura de nada y el pensamiento que me había cruzado la mente hace unos minutos volvió como una ráfaga y me hizo separarme abruptamente de él. Lo aventé del pecho con una escasa fuerza de voluntad y me miro, confundido; mientras sentía mis labios arder y pedir enérgicos ser de nuevos unidos a los de él.
—No es que sea tarde, —dije—, pero tampoco que esto sea de verdad lo correcto —no pude resistir mas e intente alejarme de el.
—Te lo ruego, no escapes de nuevo —soltó, como si fuere un sollozo, viéndome caminar.
Gire sobre mis talones para mirarle, la vista volvió a empañar.
—No estoy escapando, Shaoran. Solo dame tiempo para… para pensarlo.
—¿Tiempo para pensarlo? —Repitió, incrédulo— Sakura, pasaron dos meses sin tenerte. No puedo creer que sigas pensando en algo que no seas tú.
No dije nada, sólo tragué saliva intentando deshacer el nudo que me asfixiaba la garganta y me di la media vuelta, dejándolo allí, mirando como me alejaba. Si él de verdad me quería no iba a dejarme ir, pero yo Necesito tiempo para pensar qué hacer.
Me decía que él y yo éramos lo correcto, pero ¿cómo estar segura de ello? ¿Lo correcto era pisotear el ya destrozado corazón de Tomoyo? ¿Vivir con la culpa comiéndome por dentro? ¿O qué era lo correcto?
Sentí que la cabeza me explotaba. Tomé un taxi para ir al hotel, pero en realidad le pedí que me llevara al parque del Rey Pingüino. No tenia ganas de encerrarme en cuarto sofocándome a mi misma. Tenia que despejar mi cabeza, ordenar mis ideas, es que no había acabado cuando me fui de Venecia, el corazón roto de Tomoyo me seguía persiguiendo incluso más que Shaoran. Pero, ¿no era lo que quería? ¿Tener a Shaoran para y que él me quisiera?
Pero, ¿qué tanto me quería?
Baje del taxi y caminé buscando una banca vacía, esto no era como los parques de Venecia pero sí muy parecido. Ubiqué una no muy lejos y al llegar allá me senté, el frio metal me hizo estremecer la piel al contacto.
Podía ver a Shaoran en mi futuro, pero Tomoyo era parte de toda mi vida; allí estaba ese maldito dilema de nuevo, ¿Es que nunca iba a terminar? ¿Había una solución acaso? Solloce en silencio, ¿Qué era lo que yo quería? Quería ser feliz al lado de Shaoran y daría mi vida por compartirla con él. Pero el fantasma de Tomoyo seguía ahí y eso no me dejaba avanzar nada. Aunque Tomoyo ya estaba muy lejos, ¿no? ¿Qué podía perder ahora? Pero, ¿de verdad valía la pena? Quería saber que tanto me quería Shaoran, si me amaba como yo lo amaba a él y si esto valía el riesgo.
Se hizo tarde, entre cavilaciones y dilemas, el silencio pintó su ocaso; supe que era mejor irme ya. Y aunque había pasado el tiempo, no quería pensar que Shaoran, quizás esta vez hubiera dejado de perseguirme, ¿y si lo hizo? Ya no podía con tantas dudas, mañana regresaba a Tomoeda y si Shaoran no apareciese de nuevo, entonces no le importaba tanto como decía.
Tomé otro taxi que me llevara al hotel, siendo ya las ocho treinta de la noche. Rogaba al cielo por una señal, lo que fuera, algo que me indicara que correr el riesgo valía la pena. Algo que me dijera que Tomoyo estaría bien fuera cual fuera mi decisión. En ese momento pensé en algo que no me había pasado por la cabeza: Eriol. Pero al instante de cavilar su nombre en mi mente, un puñado de preguntas aparecieron como reacción secundaria. ¿Shaoran estaría enterad ya de que su hermano esta enamorado de Tomoyo? ¿Eriol seguía enamorado de Tomoyo? ¿Qué hizo después de que fue tras ella la vez que…? ¿Qué habrá pasado con ellos ahora? Lo ultimo que supe fue lo que Chiharu me había contado, pero eso no respondía mucho. Nada en realidad.
—Aquí es —le señale al taxista al ver el hotel. Pagué y luego me baje del auto.
Había dejado transcurrir varias horas. No sabía que había sucedido con mi exposición, con Shaoran, no sabia nada. Me reí de pensar en el final. Pobre Yue, tenía que compensarlo de alguna forma. Subí hasta mi habitación, con el plan de llamarlo. Él era mi único informante de todo.
Pase la tarjeta para abrir la puerta y la calidez de mi habitación me invadió al instante. Sobre la elegante alfombra verde olivo que tapizaba el suelo, había un sobre ancho y rectangular con mi nombre en la cara superior. Cerré la puerta y me agache para levantarlo, curiosa. Era delgado y liviano, lo que sea que trajera dentro era solo cartón o algún papel duro. Lo abrí, más curiosa que antes y cuando saqué su contenido, pude ver qué era. Había un par de fotográficas, solo dos.
El corazón me palpito con esos latidos tan conocidos y enamorados. En la primera fotografía había una palabra que fue retratada en algún negocio, como los carteles o letreros que se pegan en las vitrinas o cuelgan de la parte superior de la entrada. La segunda fue tomada en algo de algún adorno romántico para San Valentín y ahí estaba mi señal. Juntas decían "Te amo". Estaba casi segura de quien las había enviado, porque conocía la letra que dibujaba mi nombre en la portada. Dí la vuelta a una fotografía y en la esquina inferior derecha decía Shaoran.
Las lágrimas desbordaron mis ojos. Shaoran no iba a parar nunca, ¿verdad? ¿Qué más podía pedirle al cielo? No necesito otra señal, me estaba demostrando que me amaba tanto como yo lo amaba a él. Quería mi final feliz, ¡lo anhelaba! ¿Pero dónde estaba Shaoran? Gire por costumbre mi cabeza en todas direcciones, pero era un cuarto de hotel, allí no había nadie excepto yo. Mañana me iba, ¿Dónde diablos estaba Shaoran ahora?
Corrí rápidamente hacia el teléfono y marqué a Yue. Las lágrimas desesperadas me inundaron más los ojos porque no me contestaba.
—No, Yue no. No me hagas esto ahora —susurré al dejar pasar cuatro timbrazos sin que me contestara. Otros dos mas y me mandó a buzón.
—Maldición —colgué el teléfono y me deje caer sobre mis brazos, llorando.
¿Por qué había sido tan estúpida? Ya hasta dudaba que ese nivel de idiotez que yo había alcanzado fuera común. ¿Tiempo para pensarlo? ¡Pero que estúpida, si eso era lo que yo deseaba desde el principio! Derrame mi pesar en las pesadas lágrimas que caían de mis ojos. Mañana me iba, ¿Dónde iba a encontrarlo?
Mientras seguía llorando como tonta, lamentándome, unos golpes tenues llamaron a mi puerta; ¿Quién molestaba ahora? No tenia ganas de hablar con nadie, a menos que fuera… ¡Yue! Pasé los puños de mis manos por mi cara para tratar de limpiarme las lágrimas y corrí a trompicones hasta la puerta. Al abrirla me llevé una mano al corazón porque al reconocer a la persona parada tras el umbral, pensé que se me iba a salir del pecho.
—¡Shaoran! —Abrí los ojos y parpadeé repetidas veces, tratando de que el rastro de agua se evaporara.
—No renuncies a mí oferta, fuerte y claro, y con rostro duro— por favor.
Lo mire incapaz de hablar, aún bajo la tenue luz del pasillo del hotel, era hermoso. Su cabello corto pero despeinado lo hacia lucir como una de mis fotografías, pero mas bello.
—Sé que me pediste tiempo, —dio un paso y luego otro, hasta que estuvo dentro de la habitación.
Estaba tan cerca que podía oler ese exquisito perfume que lo caracterizaba— pero yo ya no puedo esperar más. Sakura, yo sé que me amas— su aliento me movió los cabellos al hablar. Estaba perdiendo mi equilibrio— pero dime qué mas puedo hacer para demostrártelo yo… - su voz se quebró y los ojos se le pusieron vidriosos— Sakura, háblame. Dime algo. Lo que sea.
Le contemple deliciosamente y luego le sonreí entre lágrimas. Acuné su rostro entre mis manos y el vello facial me picoteo la piel de las palmas.
—Ya no voy a escapar, Shaoran— susurre— sé lo que quiero.
—¿Y qué es? - en su pregunta, el temor fue visible.
—A ti —musite y me acerque hasta sus labios.
Los unimos de nuevo, primero suavemente, pero luego el beso fue tomando profundidad. Enredé mis manos en su cuello y él en mi cintura, mientras me aferraba a su cuerpo. Se abrió paso con la lengua y jugueteo con la mía para luego volver a un beso tranquilo pero igual de apasionado y lleno de amor. En mi estomago las mariposas se desataron enloqueciendo y la piel se me erizó bajo las manos de Shaoran que la acariciaban. Lleve mis manos a su rostro y lo separe del mío; los labios me punzaban y aún en contra de su propia voluntad se despegaron de los de Shaoran, aunque el quiso buscarlos de nuevo.
—Shaoran, espera —jadeé.
—Lo bueno del tiempo es que cura las heridas, lo malo de los besos es que crean adicción —musitó e intento acariciarlos otra vez con los suyos.
—Shaoran— pero yo me hice para atrás unos pocos centímetros, ya que él me tenía entre sus brazos.
-¿Qué?
-¿Me amas? —Pregunté, como niña tonta.
Él rió y el soplo de su risa fue embriagador.
—¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Tu crees que si no te amara, habría cruzado el mediterráneo para ir a buscarte a Egipto, luego Tomoeda, para al último perseguirte hasta aquí y ponerme a cantar en medio de todo Tokio para que me escucharas y luego estar dispuesto a ir contigo hasta el fin del mundo si eso es lo que quieres? Sakura, —retiró sus manos de mi cintura y las llevo hasta mis mejillas, ambos quedamos en la misma posición. Me miro a los ojos y habló lo más claro posible —juro que te amo como un loco, como un demente desquiciado que no soporta vivir sin ti. Juro que como te amo jamás he amado a nadie y que quiero pasar el resto de mi vida contigo y ser el padre de tus hijos. ¿Eso contesta tu pregunta?
Una lágrima corrió por mi mejilla, pero no termino su camino ya que Shaoran le interceptó con un beso.
—Ti amo, il mio bella musa fotografa —susurró a mi oído, besó mis labios y luego me deje envolver en su amor.
Había tomado una decisión de la que no me iba a arrepentir, ahora podía estar segura, entre sus brazos y con mis labios unidos a los suyos. Pude ver la escena de nosotros dos besándonos como en las películas, cuando en el centro de la pantalla permanece la pareja y como se va alejando desde arriba. Era increíble que en mi cabeza no existiera otra cosa que Shaoran en ese momento, increíble que a pesar de tantos errores y desengaños, estuviéramos allí y él conmigo. Pero más increíble fue que, mi fruto prohibido al final de cuentas fue el indicado.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado ...
Hemos llegado al final de esta historia, nuestros castaños han vencido las distancias y han disfrutado de lo prohibido, volviéndolo real e inquebrantable.
Muchas gracias a todos los que pasaron a leer esta historia, gracias por todos sus preciosos reviews, gracias por todo.
Gracias eternas a mi preciosa y honorable sensei, Rozhyo; hay tantas cosas por las que agradecerle que unas simples lineas no son suficientes. Gracias por animarme y acompañarme en este nuevo viaje, un viaje que aún comienza y espero seguir caminando contigo.
Nos seguiremos leyendo, eso es seguro; mientras tanto, espero hayan disfrutado esta historia tanto como yo disfrute escribiendo, fue un camino con muchas risas y ganas de dar zapes.
Nos vemos pronto, mas pronto de lo que imaginan.
