—Duo ve a tu izquierda, hay rodear el almacén, Trowa cúbrenos —. La voz de mando parecía disfrutar de dar las indicaciones, ahora que sabían en donde tenían a Wufei.

—Hecho, te veo del otro lado —. Canturreo el americano, emocionado por todo.

—No tarden —. el cuerpo de Trowa se parapetó en una esquina detrás, fortaleciendo las espaldas de esos chicos.

Duo corría buscando la entrada que le indicaran, sentía que tenía que llegar antes que Heero, quería ver a Wufei, decirle que era un idiota, que, porque tenía que hacerlo pasar por esta situación, pero, sobre todo, no quería que viese a Heero antes. No existía un motivo para eso, simplemente la urgencia de llegar antes, de verlo primero que los demás, saber si estaba bien. Tenían la información de que estaba herido, no existía una razón que explicara por qué no había escapado. Retraso su andar al ver a unos rebeldes custodiando la entrada, molesto por esa interrupción, atacó a los rebeldes quitándolos del paso, empujando con fuerza la puerta hasta dar con el corredor, su mente fija en la meta.

Abrió la puerta buscando con desesperación, hasta dar con el oriental, estaba muy herido, estuvo congelado unos segundos que parecieron que detenían el tiempo, la llegada de Heero y sus órdenes lo devolvieron a la realidad, aviso a Trowa que iban de salida, quien estaba despejando el camino. Heero cargó al oriental, dejando que Duo abriera el paso y los protegiera, durante el trayecto no pensó en nada, siguiendo las indicaciones, hasta llegar al transporte que los esperaba. Ya dentro atendió a Wufei como alguna vez atendió a los ex pilotos, no dejaba de verlo, de recorrer esas magulladuras y la sangre que seca manchaba gran parte de su ropa.

En cuanto bajaron Quatre tenía listo un equipo médico que llego al oriental, luego de ver que los otros tres estaban en perfectas condiciones, salvo algunos rasguños, optó por acompañar a Wufei, Sally que estaba en el pasillo, les explicó que debían esperar, ya que estaba en cirugía y eso tomaría tiempo. El chico trenzado se quedó mirando a los demás, con las ganas de preguntar por el chino, Heero habló primero, tratando de sacar a Quatre de ahí para explicarle que ya era hora de retirarse, antes hablaría con Sally, aunque entendía que no era el momento, Duo solo se quedó mirándolo, sin saber bien que hacer o que decirle.

—Te vas tan pronto, ni siquiera nos hemos podido sentar a charlar —. Heero negó, simplemente debía retirarse, ni siquiera debía sorprenderse, quiso acompañarlo a donde fuera mientras regularizaba todo lo que tenía pendiente con Sally, abandonando a Quatre en la sala de espera. Si se quedaba un segundo más, era capaz de entrar al pabellón para ver cómo iban. Sin noticias era una espera demasiado aterradora. Le habló a Heero de todo, parecía que volvía a retomar el humor de siempre, parecía que era el pasado y ambos eran los mismo de siempre, el soldado en silencio y el trenzado hablando por ambos.