Heero le había dejado muy claro que entre ellos jamás existió algo, que solo eran compañeros tal como lo eran los demás, y aunque Duo le hablaba de las muchas veces en que tuvieron una conexión el soldado perfecto no veía lo mismo. Concordaban en que ambos tenían una química en las misiones, pero solo era eso. Heero le repitió que su camino era otro, con otra persona. Mientras lavaba sus manos manchadas con lo que pensó era sangre del oriental, lo recordaba, como imágenes superpuestas con las palabras del soldado perfecto. Siempre lo supo, como todo el mundo, no llegaba a nada con Heero, solo era su mente la que imaginaba todo.

Quatre lo encontró en la sala de espera, desanimado, que al verlos sonrió falsamente y bromeó sobre el estado de Wufei. Se alegró sí, saber sobre el estado del chino intentó seguir como siempre, aunque su amigo sospechaba que algo ocurría. Aprovecho un descuido del rubio para abandonar la sala de espera, el centro de comando de los Preventer era un enorme edificio, casi en su totalidad con oficinas. Llego a la del oriental forzando la puerta. Todo era tan típico de ese chico, ordenado, categorizado, se acomodó en el asiento detrás del escritorio sintiendo el aroma del perfume de Wufei, ese maldito vivía en su oficina.

Registro todos los cajones, encontrándose solo con documentos de trabajo, algo aburrido para el americano, hasta uno que estaba con llave, la sonrisa de satisfacción adornó ese rostro melancólico, ya que ahora tendría con qué entretenerse. Forzó la cerradura y tuvo acceso completo a ese cajón, solo encontró un álbum de fotografías, una risa salió de sus labios al ver que era Wufei cuando niño, un recorrido de imágenes de la familia y de ese joven oriental en crecimiento, tenía algunas de cuando estuvo en la tierra con su Gundam, se veía tranquilo, orgulloso. Tenía algunas en las que salían los pilotos reunidos, era una nostalgia recordar todo eso, tenían motivo y se apoyaban en todo, sonrió en las que salían ellos solos, era un cumpleaños, recordaba que era el de Quatre, no estaban todos, faltaba Heero, como siempre.

Extendió todas las fotografías del grupo sobre la superficie del escritorio, no podía simplemente cambiar lo que sentía, su error era claro y ya no podía seguir lamentándose de eso, estaba todo aclarado y eso se cerraba un ciclo eterno de tonta esperanza. El piloto oriental le demandaba una respuesta sobre algo que no podía simplemente decir, su corazón no tenía un interruptor para cambiar en cuanto él quisiera, si fuese de esa forma estaría muy feliz. Volvió a ordenar todo en donde lo encontró, salvo una fotografía que escondió en su bolsillo. Necesitaba hablar, poder sacar esas ideas de su cabeza, y sabía quién tendría que oírlo. Se escapó del edificio para sentir la fría noche, esa colonia imitaba bien el clima de la tierra, y corrió, solo corrió porque su corazón lo demandaba.