Debería darme pena, pero bueno, aquí estoy después de muuucho tiempo. Mi convicción sigue en pie, en que las historias tendrán un final, y no podía dejar a "Éste es el apocalipsis" de lado, menos cuando uno de mis preferidos es uno de los protagonistas (Si, es Eric...jajaja pensaron que iba a ser mi Latis?, bueno, es por todos en realidad). Mis notas al final, pero como creo que es conveniente, haré una rápida sinopsis, porque sé que no se acuerdan de nada XD

"Secretos" termina con Latis y Lucy juntos, capaces de viajar a través de los portales entre Céfiro y la tierra. El terrible secreto que había hecho a Kendrah, la antigua guerrera de fuego, tratar de aniquilar a Guruclef y de paso a Céfiro, parece que ha quedado sepultado, pero Kabura, el antiguo mago, quien asesinó a las guerreras mágicas de su tiempo, quedó latente después de la batalla con Kendrah, hasta que finalmente resurgió para tomar el control del Guru.

El grupo de mafiosos que en su entonces atormentaron a Lucy, vuelven a cobrar venganza, y logran matar a la guerrera de fuego. Al mismo tiempo, Marina es raptada por uno de los secuaces de esa banda, y puesta a trabajar para beneficio de Siro, quien posee una casa hecha prisión, donde ha reclutado a varias mujeres, no sólo con el propóstio de que buceen en el mar para encontrar rocas fulgurantes que luego convertirá en droga, sino para aprovecharse de ellas.

Mientras avanzan los sucesos en la tierra, Kabura aprovecha para asesinar a la familia Colt (quienes habían regresado a Céfiro para reclamar su puesto como descendientes de guardianes) y crear con ellos un líquido verdoso, similar al que alguna vez utilizó el mago Amati (recordemos que Amati fué un alto sacerdote -mismo cargo de Zagato- quien se enamoró de Kendrah, la antigua guerrera de fuego, y al verla morir en sus brazos, hizo un pacto de magia oscura donde intercambió su alma y corazón por la vida de ella, quedando convertido en un ser abominable. Amati durante el encierro de Kendrah en el abismo se encargó de matar a todos los guardianes, incluído el padre de Eric, para hacerse con su poder, convirtiéndolos en el líquido verdoso, con el fin de buscar las piedras de los genios, con las cuales se aseguraría el poder de las guerreras mágicas)

En el momento del regreso de a Céfiro, con Lucy muerta, es Kabura quien los recibe, desterrando a Latis. El Guru realiza un ritual para volver al sistema del pilar, resucitando a Lucy en el proceso. Sin embargo, al tratar de borrar de la memoria de Lucy ciertos acontecimientos, termina despertando a Luz, quien toma control absoluto del cuerpo de la guerrera mágica.

Luz huye a la tierra, siendo pilar de Céfiro, para buscar a Eric, pues sabe que el guardían conoce la ubicación de las piedras de los genios, única forma de detener a las dos guerreras mágicas, quienes serían las únicas que podrían hacerle frente a un pilar.

Anaís, convencida de las palabras de Kabura, pues cree que es el maestro Clef, regresa a la tierra para apresar a Luz, quien ya se ha encontrado con Latis y con Eric (no mencionemos los continuos intentos de aseinato y tortura sobre el espadachín). En el camino hacia una de las ubicaciones de la piedra del océano, Anaís logra seguirles el paso y enfrentarse con Luz, en una batalla que logra vencer, gracias a que el poder mágico de Luz depende realmente de Lucy, quien no siguió dándole el aval para luchar contra Anaís.

Marina mientras tanto, gracias a que encuentra la piedra del océano, logra salvar su vida e integridad, pero Kabura rastrea la piedra e invita a Marina a cruzar hacia Céfiro con él. Eric advierte el olor particular de la magia de Kabura, pues es la misma que usó Amati para interferir en la tierra y matar a los guardianes.

En Céfiro, Marina sospecha de las actitudes del Guru, hasta que éste, sabiendo que no puede mentirle, le revela su verdadera identidad, y le amenaza para lograr su colaboración.

Mientras, Latis intenta una estrategia sugerida por Eric, para que Luz les cuente todo lo que sabe. El espadachín estaba logrando en gran medida su objetivo, cuando un disparo se escucha en el primer piso, donde han quedado Anaís y Eric. Orville les ha seguido, y está ansioso por cerrar los acontecimientros del año pasado.

Y así estamos, Latis acaba de salir de la habitación en que mantienen a Luz atada, dejandola confundida ante su especial forma de pedir ayuda.


MIEDO

Maldiciéndose, Luz se envolvió en la oscuridad del subconsciente. Su corazón aún palpitaba con fuerza inesperada, desconocida, después del encuentro con Latis. Retumbaba tan potente como en la lucha, casi igual a su indómita sed de venganza.

Al fondo, una luz escarlata brillaba rodeando a Lucy. La chica se oponía al mandato del mago, reponiendo sus fuerzas, cada vez más cerca de su objetivo…cada vez más segura de sí misma.

Y si eso ocurría…

Luz dejó de avanzar. No tenía nada que hacer allí. Debía regresar y ocuparse de sus propios asuntos. Más sabiendo que Lucy se reponía con éxito, lo cual, a pesar de ser su objetivo, le dejaba poco margen para reaccionar a los acontecimientos que seguían desenvolviéndose como un ovillo de lana tirado a través de una pendiente. Esa visita no estaba bien; era un símbolo de debilidad que de ninguna manera debía permitirse. El obstinado espadachín le había trastornado, había jugado con ella. El sólo pensarlo le revolvía las entrañas. Latis había sabido ganarle la partida.

Negó repetidas veces, alejando aquel desatino, aquel absurdo. .NO. ELLA ERA LA ÚNICA QUE PODÍA JUGAR CON ÉL, NO AL REVÉS. ¡Tenía que enmendar semejante locura!

Se dio la vuelta, debía aprovechar el tiempo. Todo eso era una estupidez.

- ¿Luz?

La voz de Lucy quebró la superficie del silencio, como una piedra lanzada a un río tranquilo, cuyas ondas le alcanzaron, dejándola paralizada en su intento.

¡Maldición! ¡Juro que lo mataré cuando vuelva!¡Es todo culpa de su…

Luz no pudo terminar la cadena de pensamientos. La palabra que seguía en esa descripción de Latis le conducía a un lugar tenebroso, un lugar imposible, un lugar donde no podía herir a ese hombre. Un lugar donde no podía disfrutar con su cara de sufrimiento y terror.

- Pasa algo, ¿no es así? Estás preocupada – dijo Lucy con inquietud-

Luz eludió la pregunta. No respondería a eso. Nunca. En cambio, podía aprovechar para saber algo que le intrigaba desde que había vuelto, ya que ese sentimiento contradecía los recuerdos que accedía de forma aleatoria de Lucy. Era su razón entera para odiar, era la llama que había utilizado para batirse en contra del espadachín, pero que no acertaba a hacer completa ignición, no alcanzaba a explotar, duda que le había detenido de convertir a Latis en un alfiletero. Por eso, sólo por eso, ahora estaba allí, confundida, y por qué no admitirlo, derrotada.

- ¿Por qué sientes temor de Latis? –preguntó hacia su creadora, con genuina curiosidad- Le tienes miedo.

- ¿Miedo? – Lucy se sobrecogió entera, arrugando la frente, negando con la cabeza- No siento temor de él. Estás equivocada.

- No me mientas – dijo con desdén- Sé todo lo que sientes, puedo verlo a través de tu memoria. ¡No te atrevas! –advirtió con un grito, mordiendo cada palabra-

Lucy se removió incómoda. El resplandor rojo titiló de forma tenue, y la atmósfera languideció en la incertidumbre.

- ¡No!…estás malinterpretándolo. ¿Es por eso que quieres hacerle sufrir? ¿Es por eso que quieres hacerle daño? Sé que puedes ver mis recuerdos. ¿Aún piensas que matarle es lo que quiero? ¿a pesar de todo lo que has visto? ¿a pesar del tiempo que he pasado a su lado?

- Responde la pregunta. – Luz torció su expresión, de forma irónica- o le diré a él que le temes. Eso no le gustaría, ¿verdad? Lo destrozaría. Lo único que le falta es que sepa que le tienes miedo. Pobre Latis, que tanto se ha esforzado…

- TENGO MIEDO POR ÉL, NO DE ÉL. – soltó sin quererse contener, interrumpiendo el razonamiento de Luz - Latis es todo lo que algún día soñé tener. Pero tengo miedo. Miedo a que termine, miedo a…perderlo.

No lo entendía. Miedo era miedo ¿no era así de simple? Ella no quería que Lucy sufriera por Latis, de ninguna forma. Lucy debía estar bien, no llena de lios y conflictos que ese mal llamado amor estaba ocasionándole.

- No puedo imaginar mi vida sin él. –siguió Lucy, hablando rápido, con las palabras juntándose en desorden una tras otra, mientras se empeñaba en transmitir sus sentimientos- Jamás pensé depender de alguien a tal punto. Quiero oír su voz en las mañanas, divertida y hastiada, diciéndome que de nuevo le quité las cobijas, -rememoró, con una sonrisa triste en los labios- quiero verlo levantar las cejas cuando le hago comer un postre muy dulce para su gusto, -Lucy hizo una pausa, suspirando- quiero caminar con él de la mano por Central Park, escuchando los pájaros y el sonido del viento golpeando las ramas de los árboles, quiero sentir el calor de sus brazos en las noches, incluso cuando me levanta en vilo de la cama, haciéndome sentir pequeñita, indefensa -Lucy se sonrojó, y su corazón se aceleró, impulso que no pasó desapercibido para Luz, que le miraba expectante, siguiendo su monólogo con atención- quiero ver su expresión de tortura cuando le digo que debe acompañarme a una reunión –dijo riendo, haciendo un gorgorito- Quiero mirar sus ojos brillantes, porque me veo reflejada en ellos.

Lucy calló. Una sensación cálida llenó el cuerpo de Luz. De nuevo los sentimientos de su creadora estaban infiltrándose, mezclándose con los suyos. Luz no quería sentir eso. No lo necesitaba. Pero sin embargo, le atraían, le hacían mantenerse clavada en su sitio.

- Todo eso, todo junto, -continuó Lucy- lo quiero para siempre. Lo amo con una fuerza que no puedo describir, como si mi alma entera estuviera unida a la de él. ¡Luz, lo amo! cada día más, más de lo que algún día pensé en amar. Entre más tiempo paso con él, más necesaria es su compañía, su contacto.

Lucy suspiró. Estaba poniendo en palabras lo que hace un buen rato llevaba sintiendo.

- Tengo miedo, -siguió- porque es demasiado perfecto. Algo pasó en el hospital, no estoy segura qué, pero desde ese momento algo importante cambió, algo importante se perdió. Y no quiero Luz, no quiero. Tengo miedo. No quiero que ese "algo" me aleje de él.

Luz vio las lágrimas de impotencia de su creadora, y sintió un vacío terrible en su corazón, un hoyo de incertidumbre, de negación infinita. Se sintió caer en un pozo oscuro de soledad, cuyas paredes de aspecto rugoso eran el tacto de la desesperanza. Miedo, duda, culpabilidad, estaban allí, rampantes, acariciando su corazón, pegados como parásitos a su alma. Ese era el sentimiento que le hizo emerger, la razón completa por la que ahora ella tenía ahora el control. Creía entenderlo ahora. Luz estaba allí gracias al miedo de Lucy a perder su felicidad

A diferencia de su creadora, ella sabía qué era lo que había cambiado, sabía lo que significaba. Y por supuesto sabía lo que debía hacerse, puesto que no podía permitirlo por nada del mundo, a cualquier precio.


EL INTRUSO

Eric alcanzó a ver una sombra furtiva por el rabillo del ojo y se lanzó al suelo, tumbando a una sorprendida Anaís, la cual se golpeó la cabeza con las losas de la cocina, produciendo un bong horrible. La bala se clavó en la línea del estante que estaba justo detrás de donde había estado el cuello del guardián. Eric se arrastró, gateando para quedar atrás del comedor auxiliar, donde la mesa y las sillas harían algo de barrera. Instó a Anaís a moverse junto a él, tomándola del brazo, mientras la chica se ubicaba.

- Santas balas perdidas Batman… – dijo Eric en una exhalación, con el tono de quien sabe que se ha salvado por poco, mientras contemplaba el hoyo que bien podría haber significado su muerte, humear por el impacto con la madera-

- AUUUCH –gimió Anaís, llevándose la mano derecha a la cabeza, masajeando la zona donde había recibido el golpe-

El segundo disparo les hizo guardar silencio, pues había impactado más cerca, sobre el lavabo. Ambos intercambiaron una mirada, un asentimiento, porque sabían que debían moverse rápido para salvar su vida.

- ¿Es Luz? ¿Acaso consiguió un arma?¿Dónde está? –susurró Anaís- ¿Dónde está?

Un nuevo disparo, que se fue a clavarse en la mesa, les paralizó en su sitio

- Vamos hacia la derecha, podemos rodear la cocina– propuso Eric-

Otra bala golpeó una silla, justo a la derecha.

- Por eso digo que hacia la izquierda, izquierda es mejor

- Espera un momento –dijo ella, cerrando los ojos-

- No es el mejor momento para una siesta Anaís

- Silencio, por favor

Eric hizo caso y cerró su boca. En situaciones de peligro, era mejor escuchar a quien podía crear barreras invisibles de viento. Hacer caso. Concepto crucial.

- No funciona – declaró Anaís, lívida- mi poder no funciona. Quizás la batalla con Luz…

- No sabía que eras recargable. –inquirió pensativo- ¿Necesitas una dosis de aire libre o algo así? No me extraña, hasta Supermán tiene batería solar.

Anaís se rio con nerviosismo. Eric sabía lo decepcionada que estaba, pero no podía dejar que se entristeciera. No después que ella les salvara de Jason Voorhees versión pelirroja

Un fuerte ruido les sobresaltó, seguido de varios juramentos de una voz masculina. Eric identificó aquel estruendo como la poca decoración que sus amigos habían podido reunir, estrellándose contra las paredes. El alivio de saber que Latis estaba vivito y furioso se mezcló con un discorde sentimiento de pérdida: podía ver evaporándose el escaso dinero de su billetera, reponiendo el jarrón chino que seguramente se había vuelto confeti puntiagudo.

- ¡No es Luz! ¡Es un hombre! – susurró Anaís- ¿Quién entonces nos está atacando?

- Es el mafioso, el del cabello blanco –concluyó Eric-

- ¿Orville?

- Tiene que ser

La voz del atacante se alzó al otro extremo de la cocina, justo en la entrada.

- Siempre arruinando todos mis malditos planes, desgraciado. ¿Por qué no te mueres de una vez por todas? ¿Cuánto tiempo crees que podrás escapar de mí?

Latis, escondido en alguna parte, guardaba silencio.

- Todo un condenado año. –recapituló el albino- ¡UN MALDITO AÑO! ¡PUDRIÉNDOME EN LA CARCEL! Mientras ustedes se gastaban mi dinero en Europa, en Sudamérica, ¡EN LAS MALDITAS FILIPINAS!

Un nuevo estallido, esta vez ocasionado con la fuerza de la frustración, se escuchó en la sala. Orville acababa de romper el vidrio de la mesa de centro.

- No es verdad –explicó Eric, en voz baja-

- Lo sé. Lucy me contó que donaron ese dinero.

- La mayor parte, si

- ¿La mayor parte? –Anaís miró inquisitivamente al guardián-

- Duré unos meses sin trabajo por andar yendo de aquí a Céfiro y de vuelta.-replicó- ¡No soy un ser aureo que se alimenta de magia!

Algo debió ocurrir en la sala, porque una ola estridente de disparos llenó la casa, como si estuvieran en medio de una trinchera

- ¡Vamos!

Anaís intentó moverse, pero un nuevo disparo que impactó en los muebles de la cocina, hizo que permaneciera en su sitio.

- ¡QUÉDATE QUIETA RUBIA! –gritó Orville- te mataré, no lo dudes.

- ¿Matarla?

Quedaron petrificados. La persona que había hecho esa pregunta era quién menos deseaban escuchar en ese momento. La situación había empeorado un 5000%


ARMY OF ME

Luz apareció de súbito en el balcón que daba sobre la sala, apoyada sobre la baranda con ambos brazos, reposando su cabeza sobre los mismos, en una postura relajada, como si los estuviera observando hace rato, unos ratoncitos en medio de su experimento personal. Latis apretó los dientes. ¿Qué partido tomaría Luz ahora?

Cómo había logrado soltarse quedaba en segundo plano. Luz observaba cada posición desde el segundo piso. Le veía a él, escondido detrás del sillón, veía a Orville, de pie entre la cocina y la sala, armado, irradiando furia, y quizás alcanzara a ver algo en la cocina, porque sus pupilas buscaban en lontananza.

- ¿Matarla? –repitió Luz, con aquel acento grave, perturbador, como si fuera capaz de ver a través de las almas de todos los presentes- ¿Igual que a la compañera de cuarto de Lucy?

En un gesto extraño e inquietante, Luz relegó la atención del hombre que había irrumpido en la casa, y volteó su mirada hacia él. Alzó las cejas, dándole un saludo acompañado por una traviesa sonrisa.

El estallido del arma fue la respuesta inmediata de Orville, quien apuntó hacia las piernas de Lucy, en vez de la cabeza, como había sido su comportamiento hasta el momento. Latis siguió la trayectoria del disparo, que parecía limpio, perfecto, listo para hacer todo el daño con el que fue concebido aquel pedazo de metal, que volaba sin detenerse hacia su objetivo. Rogó que Luz fuera lo suficientemente hábil para esquivar esa bala.

Contradiciendo su plegaria, Luz no se movió ni un poco. Siguió sonriendo, como si le hubieran lanzado una bola de algodón. Un golpe burbujeante, como el que hace un líquido que se encuentra con un sartén hirviendo, fue el resultado de la acción del intruso, que vio estupefacto cómo la bala desaparecía fundida en el aire, impregnando la estancia con un olor a plomo, a hierro enfriado a punto de agua.

Latis decidió moverse, se alzó desde donde estaba, y aprovechando la momentánea confusión de Orville, avanzó hacia el criminal, armado sólo con sus puños y su rapidez. Sin embargo, Orville alcanzó a verlo, y se giró para recibirle. Disparó de nuevo, pero la bala salió desviada, haciendo un enorme agujero en el sofá, levantando motas y felpudo en el aire. Intentó llevárselo por delante, pero quien había sobrevivido varios ataques en los baños de la cárcel, y en los traicioneros patios, estaba preparado para eludirlo. Orville se movió rápido y sacó una navaja de su tobillo con la mano izquierda, con la cual alcanzó a rasgar uno de los brazos del espadachín. En una maniobra digna de su entrenamiento, Latis se devolvió ante el asombro del albino, y tomó la navaja con su mano desnuda, arrancándosela para lanzarla lejos, no sin cortarse profundamente la mano.

Orville no se quedó quieto, se impulsó para lanzar el siguiente golpe, que venía cargado con la culata del arma, movimiento que Latis eludió saltando hacia atrás. Con el rabillo del ojo, y al tiempo que retrocedía, pudo ver a Luz esquivando la trifulca con aparente neutralidad y descender hacia la cocina.

- Así que aquí estás, guerrera del viento. – le escuchó decir- tenemos una cuenta pendiente tú y yo.

No pudo escuchar la réplica de Anaís, porque de nuevo Orville alzó su mano para disparar a quemarropa. Latis, con su brazo sano golpeó las costillas del hombre, empujándolo con fuerza, para desestabilizarlo. Las balas se clavaron en el techo, y esta vez, Latis logró tumbar a su oponente, que cayó al suelo. Se dispuso a quitarle el revólver, pero de nuevo, mostrando su experiencia, Orville le dio una patada en la espinilla estando en el piso, lo cual le compró tiempo suficiente para volverse a erguir. Esta vez Latis quedó de frente con el cañón. El mafioso sonreía. Sabía que era cuestión de segundos para que apretara el gatillo.

Iba a lanzarse hacia la izquierda, a costo de desproteger su espalda, cuando una figura se interpuso ente los dos.

- Que tierno eres Latis –le dijo llena de condescendencia, sin voltearlo a ver- Sé buen niño y quédate justo donde estás.

La espalda de la chica casi rozaba con su pecho. El cabello suelto de Luz danzaba en su camiseta, como chispas de una hoguera. ¿Qué se proponía? ¿Por qué se había interpuesto, como si quisiera protegerlo? Latis vio como Luz ondeaba con despreocupación el collar que estaría sirviéndole de catalizador en su mano izquierda, mientras que cerraba el puño en la derecha.

Orville le miraba reluctante, siguiendo sus movimientos sinuosos. Siguió empuñando el arma, y movió el pulgar con suavidad, sobre el gatillo, casi imperceptiblemente…

- No te desgastes Orville. Estás fuera de tu liga. Ya deberías saberlo. ¿Por qué insistes?

De nada sirvió la advertencia de Luz, pues el albino presionó el gatillo, dirigiendo el tiro hacia la cara de suficiencia de la que él creía era Lucy.

Latis sintió el calor orbitando alrededor, que le envolvió completo, sofocándole. Una ola de alta temperatura que giró como una serpiente de fuego, enroscándose entre los dos. Quizás fuera una ilusión, pero en medio de ese mar invisible de llamas, sintió que el peligro disminuía; era una sensación de tranquilidad que no experimentaba desde que había perdido a Lucy.

La bala una vez más se evaporó en el aire. La temperatura decreció lentamente. Latis tragó saliva. Luz tenía pleno control de los poderes a los que podía acceder a través del collar, algo había cambiado desde la última vez. Anaís no podría derrotarla aunque quisiera. Luz destilaba poder. Era imparable.

- Tengo muchas razones para destrozarte, albino. No añadamos una más. –Luz se llevó una mano a la cintura – Guardían, guerrera del viento, más les vale que se queden quietos- dijo hacia los recién llegados, que habían salido de la cocina y permanecían en el canto de la puerta- ¿Te hace falta dinero Orville? –siguió- ¿Todo esto es por un maletín con unos cuántos Yenes?

Orville miraba con atención hacia Luz, hirviendo de rabia, con el conocimiento que no podía hacer nada en su contra. El albino comenzó a girar sus ojos en otras direcciones. Latis se puso alerta. No había nada más peligroso que una fiera encerrada.

- ¿No era el dinero entonces?

Orville se giró noventa grados y apuntó hacia Anaís y Eric, colocando buena distancia entre él y Luz.

- Más vale dejar los trucos de magia.

- ¿O qué? ¿Vas a matarlos? Dispara si es así. ¡Verás cuánto me importa!- dijo con una carcajada- ¿Acaso no venías a eso? ¿A asesinarnos a todos porque te robamos, te engañamos? ¿O es algo más? – Luz avanzó un paso, mirando a Orville con un brillo sádico en los ojos- Recuerdo como mirabas a Lucy; tratabas de hacerte en medio de su camino, de estar justo en el sitio para verle agacharse a recoger lo que tirabas al suelo.

Sobre el intruso descendió una sombra de duda. La pistola dejó de sostenerse de forma segura, y el hombre se pasó la lengua por los labios. Latis notó el gesto, y empezó a cosechar un odio más profundo.

- Cuánto deleite fue raptarla, tenerla encerrada con la excusa de recuperar un maletín –siguió Luz, plantada entre Orville y Latis, sin dejar de jugar con el collar, que daba vueltas en su mano de un lado a otro- Dejaste que el tipo del cuchillo empezara, para ablandarla, para que te rogara por su vida. ¡pero no salió bien! De alguna manera logró escabullirse en aquella bodega, reptando por entre los carros, por poco tiempo, eso sí. Pero una vez Lucy terminó en tus manos todo pasó muy rápido, te precipitaste. Cómo olvidar esa expresión de triunfo cuando estabas ahogándola, con tus manos rodeando su delicado cuello, esa sensación casi… – Luz se interrumpió, borrando la sonrisa de su rostro-

La pistola seguía en su sitio, pero Orville había cambiado la ira por algo aún más primario, que a Latis le desagradó. Creía entender lo que Luz estaba diciendo. Ese no era un simple criminal. Sus motivaciones eran más complicadas que el poder o un maletín lleno de dinero. El asco inició en su estómago, y comenzó a reptar por su organismo, propagándose como la pólvora, dando vueltas por su garganta.

Luz se giró un poco, justo para colocar el puño cerrado con delicadeza sobre su pecho. El tacto fue suave, tibio, tal como Lucy hubiera hecho para trasmitirle calma. Una vez más, los interrogantes llenaron su mente ¿Qué estaba tratando de hacer?

- Ese deseo ya lo habías sentido. ¿Por eso reclutabas muchachas como Kim en tu red de extorsión? ¿Para tener una excusa? Siempre pasaba algo malo…¿no es así? Y tenías que corregirlas. Eso pasó el día que mataste a Kim. El día que le atravesaste una, dos, cinco veces con ese cuchillo. Y allí estaba Lucy, viendo toda esa sangre en tus manos, lista para recibir tu castigo. Pero se escapó. Le ayudaron, este hombre detrás de mí, le ayudó. Te hirieron más profundo que esa horrenda cicatriz. ¿alguien se había escapado antes? No… ¿verdad? Lucy es la única que escapó, la única que te ha desafiado. Por eso tenías que acabar con ese círculo, así no fuera por tu mano...había que hacerlo rápido, o quizás la próxima vez no lo disfrutaras de la misma forma. Tu ego descansó al creerla muerta…pero cuando supiste que había vuelto milagrosamente, no podías dejar las cosas así. Todo esto, todo este infierno es tu culpa.

Latis vio el collar refulgiendo, y el calor le hizo encogerse. La radiación les alcanzó a todos, que terminaron arrodillados en el suelo. Los gritos de Orville eran suficientes para tratar de intervenir, pero no podían moverse. La pistola que antes sostuviera, estaba en el suelo, despidiendo humo, rostizando la madera del suelo. El metal se veía brillante, bullendo destellos rojos.

- Es tu culpa. Pagarás por eso. –dijo Luz, la única que permanecía en pie, con los ojos calvados en el criminal, que se retorcía de dolor- Quémate.-sentenció con una satisfacción escalofriante-

- Detente –dijo Latis, luchando por hablar en medio de esa bruma invisible que le drenaba la energía-

- No lo mataré – aseguró ella, haciendo una mueca de desagrado- Solo quiero verlo arder un poco…

Los gritos cesaron. Orville cayó en una inconciencia dolorosa. Como las veces anteriores, ningún signo de quemaduras se veía en la piel. El poder de Luz amainó, y los tres pudieron levantarse. Lo hicieron con tiento, sin despegar la mirada de la pelirroja, quien continuaba en el centro del cataclismo.

- Hay que resolver esto. –dijo dándole un empujón al cuerpo de Orville con el pie- Seguirá volviendo

Alzó la cabeza. Con calculado silencio les estudió seria, lista para cualquier intervención, pero en vez de saltarles encima, se limitó a caminar sonriente hacia Anaís, que dio un paso atrás, involuntariamente.

- Gracias por el anillo –dijo con tono irónico, mostrando el aro dorado terminado en la delicada esmeralda bailando entre los dedos de su mano derecha- sirvió a su objetivo. Dos catalizadores son mejor que uno. Detener balas a quemarropa en este mundo toma mucha energía. Aún para un pilar.

- Agradecería que me lo devolvieras –pidió Anaís, con orgullo- Si es cierto que ya cumplió su objetivo.

Luz rio con ganas, con una carcajada que les heló la sangre, y sonriendo, dejando que Anaís la observara muy bien, se colocó el anillo en el dedo corazón. Acto seguido, se volteó y con pasos relajados se dirigió hacia él. Pasó encima del cuerpo de Orville, como si fuera un pedazo de roca en su camino. Ella sabía que cada uno de sus movimientos los ponía nerviosos a todos, y estaba disfrutando aquella atmósfera de temor reverencial. Sin ningún preludio, a tan solo unos centímetros del espadachín, alzó su voz, para que todos escucharan, pero dejando claro que a quien realmente le estaba hablando, estaba justo en frente.

- Guruclef ya no existe. Fue Kabura quien devolvió la vida a Lucy.

La fría comprensión sumió a Latis en un vacío nebuloso, en el que las palabras de Guruclef hacían eco en la oscuridad. El corazón latió rápido, mientras su cerebro se empeñaba en hurgar en cada recuerdo, en cada interacción, tratando de ver a través de los consejos recibidos, a través de cada actitud. ¿Hasta qué momento había confiado él en un mago antiguo, que había asesinado en su tiempo a las guerreras mágicas?

No es posible. Luz está mintiendo.

¿Pero qué provecho sacaba ella de eso? Ya le había confesado que se opondría con todas sus fuerzas a regresar a Céfiro, y ahora entendía una parte de sus razones para negarse. Luz no mentía. No en eso. Se la veía decidida, impaciente por sus reacciones y al tiempo, molesta, incómoda por tener que confesar un secreto que le hacía poderosa, que le hacía especial. No, Luz no mentía esta vez.

¿Hace cuánto tiempo? ¿¡Hace cuánto tiempo!? ¿En las sesiones del concejo de Céfiro, quién era el que realmente estaba hablando? Por todos los pilares de Céfiro, ¿Hace cuánto tiempo está sucediendo, por qué no lo noté?

La ansiedad comenzó a carcomerle por dentro, y la sensación de ser manipulado, de ser atado con largos hilos se hacía palpable, cercana.

En medio de semejantes noticias, sólo había alguien que podría romper el hielo que les había inmovilizado a todos…

- ¿Alguien me recuerda quién rayos es Kabura? –preguntó Eric-


SUMISIÓN

Marina, sentada en un banquillo, en medio de la sala que Eric utilizaba para entrenar a sus pupilos, sentía a Céfiro temblar bajo sus pies. Pero eso no era nada, comparado con el terremoto que había sufrido su ánimo, y el huracán de sentimientos que chocaban unos con otros, mientras ella contemplaba sus opciones, su futuro, con agria determinación.

Kabura estaba a unos pasos de ella, esperando.

Sin decir ni una palabra, Marina se levantó. No quiso encontrarse con la mirada que sentía sobre su nuca, así que durante el trayecto hasta el centro de la estancia se limitó a seguir a sus pies.

Un líquido verdoso, fulgurante, comenzó a supurar del suelo, formando un enorme charco a su alrededor. Sintió escalofríos. No sabía la composición de esa entidad que parecía viva, y pensó que era mejor así.

El líquido le rodeó, tragándosela entera. Lo último que escuchó, fue a Kabura, que sin dilación, le daba una orden

- Tráela


NOTAS DEL AUTOR

Muchas gracias, en serio. Sé que dejé abandonada la historia por mucho tiempo, y eso no es para nada justo. Gracias a las personas que leen a pesar de eso, y en especial doy gracias a aquellos que durante ese tiempo escribieron un review, o marcaron un follow o un favorito. Esos mails en mi bandeja de entrada, eran un constante recordatorio que debía dar una continuidad, hasta que pueda escribir la palabra FIN.

Gracias KNY ;) -saludos desde muy muy lejano también-

Lucy Kailu - tu sabes, las malas influencias jajajaja, ya veremos cuándo podemos retomar en lo que quedaron esos dos, porque hay que retomarlo buajaja-

Bermone -tu pobre mago está pasándola mal. Apuesto que no se sentirá bien sabiendo lo que Kabura está obligando a hacer a Marina. La gran pregunta es hasta qué punto llegará la guerrera del agua por él-

HikaruinChains91 - Ya se ha destapado la identidad del mago en todos lados! te envio un abrazo gigante desde Colombia-

Jeannie25 -claro que seguiré la historia, no me gusta dejar pendientes por ahi (bueeeno, digamos que no me gusta que cumplan el año de abandono jejejee, espero poder actualizar más, pero aquello de tener 4 historias no es buena idea) y hakuna matata, hakuna matata :D

Okamiaka ;) -Si, yo sé, pasó mucho tiempo, pero aquí estoy! el megacapítulo no tanto, pero algo es algo :P-

Guest - jajajaj vestida y alborotada, no tranquilo, no es todo, esta historia tendrá un final...bueno o malo no sé, pero lo tendrá jajaja-

Prescea Guerrera magica, AHOME HIGURASHY TAISHO, MIL GRACIAS por sus favoritos

MinSul6011, Galerena, espero que algún día logre convertir el follow en favorito :P Gracias por seguir la historia

A todos los lectores fantasmas también gracias, como siempre digo, háganme saber que piensan, no hay mejor droga que un review y un favorito!