No era alguien que le gustara el contacto físico, le incomodaba. Le disgustaba enormemente que lo tocaran.

Sin embargo, en ocasiones debía tener ese contacto, al menos a la hora de dar la mano, molestar o bailar. Y era también en ocasiones, que él tenía roces con Charlotte Magne.

Cuando la saludó, cuando bailó con ella, cuando estaba ayudándola en el papeleo, y cosas así. Más que nada, sus dedos rozaban con los suyos, resultando algo extraño para él.

Okay, ya le había tomado la mano, sí. Pero por alguna razón, motivo o circunstancia, aquello parecía como si lo hiciera a propósito, intencionado; Charlie no era como él, malintencionado e interesado, era todo lo contrario. Pero ese no era el punto.

Pues, no era la primera vez que pasaba, ni la segunda ni la tercera, sino que ya habían sido bastantes veces como para ser sólo un "simple roce".

Es por eso que estando ellos dos a solas, con el papeleo del hotel, miró por un momento la mano de ella. Definitivamente, eran muy opuestos y no lo decía sólo porque eran hombre y mujer.

Fue ahí que, cuando ella iba a "por accidente", rozar su mano con la de él, entrelazó levemente sus dedos con los de ella. Charlie se quedó pasmada, mirándolo con un tenue rubor.

Ups.

- ¿A-Alastor?

– Dime, querida.

Ansiaba con todo su ser preguntar a qué se debía que él entrelazase, levemente, sus dedos con los de ella. No era que le molestara, pero, sí que la sorprendía.

Pues sabía bastante bien que él detestaba el contacto físico.

- Ummm…

- ¿No era esto lo que querías? – preguntó juguetón, refiriéndose a sus manos unidas, levemente claro. Charlie no pudo pronunciar palabra alguna, pero sus mejillas sonrojadas eran un delator –. Después de todo, parecías muy insistente en querer tomar mi mano.

Su rubor aumentó más, había sido demasiado obvia.

– Bueno, yo… Ummm, ¿No te molesta? Ya sabes, esto.

Él sabía a qué se refería, pero como era él, le gustaba molestarla.

- Se más específica, dulzura.

- El tomarnos de las manos, ¿No te molesta?

Él simplemente sonrió.

- Si me molestara no lo estaría haciendo, ¿No lo crees? – los ojos de ella brillaron de la ilusión, feliz. Él simplemente cerró los ojos, con una sonrisa calmada, al mismo tiempo que Charlie entrelazaba más sus dedos con los de él.

No era tan molesto como pensó, al contrario, era agradable. Claro, sólo con ella y nadie más.

Pues Charlie era especial. Su excepción.

Y mientras ella fuese feliz, todo estaría bien.