CAPÍTULO 4
Luffy se dejó hacer, sintiendo aquello como si fueran caricias. Nunca lo habían tocado así, de esa forma, tan personal. Se sentía bien, era lo más cercano a un mimo que pudo experimentar en su vida, pero cuando llegó a la zona de los genitales, Zoro le tomó con una mano el miembro dormido y buscó estimularlo sin éxito, al menos al principio.
—¿Qué haces? —cuestionó Luffy medio perdido, pero de inmediato Zoro lo soltó para volver a tomarle la mano y guiarla hasta su propio miembro que estaba durísimo.
—No sé por qué, pero me pones muy caliente —explicó Zoro con la voz ronca, haciendo que lo masturbara con fuerza.
Sentía la reticencia del chico en la postura tensa y notó el gesto en su cara, como si no quisiera estar ahí. Le buscó la boca de nuevo, recordando que el beso que habían compartido en la celda le había resultado agradable a Luffy, o al menos después no lo había mirado como si quisiera estar en cualquier lugar menos allí con él.
Le acarició la espalda y las nalgas a sabiendas de que las caricias de antes no le habían molestado. Quizás estaba nervioso; porque el policía sabía que Luffy se había peleado con otros presos, así que si acaso no quería algo seguramente se lo haría saber a los golpes. Luffy intentó relajarse un poco. No le interesaba el sexo, pero la parte afectuosa del asunto tenía su costado agradable, por ejemplo, los besos y las caricias le habían gustado.
El calor en el baño se hacía por momentos insoportable, y por contraste pensó en el desamparo de tantas personas viviendo en la calle en una noche de lluvia y fría como aquella. No era tan terrible lo que Zoro le pedía, y si a cambio obtenía techo y comida haría lo que estuviera a su alcance para complacerle.
Se sintió un poco triste al pensar que lisa y llanamente se estaba volviendo la prostituta de un solo hombre. Tal vez podía sacar algo positivo de todo el asunto. Al menos así no se arriesgaba a caer preso.
Su cuerpo lentamente iba reaccionando para sorpresa y desagrado suyo. Sin embargo su compañero notó el detalle con alegría y comenzó a masturbarlo a su vez. Zoro dejó de besarlo para pasar a morderle el cuello y los hombros, quería marcarlo por todas partes, para que fuera suyo en el sentido más cabal y profundo de la palabra.
Con la otra mano enjabonó dos dedos y comenzó a pasarlos por entre la línea que dividía las nalgas de Luffy, ejerciendo una ligera presión contra el ano, sintiendo cómo el chico se tensaba y detenía el movimiento de su mano, pero que a la vez no lo paraba.
Un primer dedo entró y esta vez fue Luffy el que inició un beso, pero para poder tapar sus propios quejidos. Otra falange se unió a la primera, los movimientos eran bruscos, buscando apresurar el proceso, pero el jabón se iba con el agua y encima Luffy sentía un ardor inenarrable y molesto en su ano que no le permitía estar a tono con la situación.
Ya sin paciencia, volteó a Luffy y lo puso contra los azulejos. El muchacho sentía el frío de los mismos en la mejilla y la parte superior de su pecho, a diferencia del agua caliente que corría por el resto de su cuerpo.
Notó que Zoro le acariciaba de nuevo la espalda y las nalgas, y que un quejido ronco de deseo escapaba de sus labios. El policía acercó su cuerpo, pegándolo al de Luffy, buscando besarlo en esa posición, mientras acomodaba el pene entre los glúteos.
—Espera, duele —dijo cuando sintió que el glande buscaba meterse en su ano. Aquello era raro y hasta un poco desagradable para él, más desagradable de lo que ya habían sido los dedos.
—Espera aquí —casi ordenó Zoro, cual policía que era, y se fue de la ducha, para volver al cabo de unos segundos. Luffy no lo sabía, pero se había untado el pene con suficiente aceite de cocina.
Volvió a la carga, le mordió el hombro, le buscó el cuello para besarlo ahí, mientras iba metiendo el pene dentro de Luffy. Este se contrajo, tratando de evitar la penetración, pero Zoro llevó una mano al vientre del muchacho y lo empujó contra su cuerpo, hasta que los testículos chocaron contra las nalgas de Luffy.
—N-No… no creo que se pueda —musitó el muchacho al sentir que su propio cuerpo rechazaba ese pene que buscaba abrirse camino.
—Tienes que respirar profundo y relajarte. —Zoro seguía hablándole como si estuviera dándole órdenes mientras Luffy se estremecía de rechazo.
Toda la excitación previa se la había ido y ahora solo quería sacárselo de encima, llorar, gritar, reírse de pura bronca. Detestaba a los policías. Odiaba que le dieran órdenes. ¿Qué mierda hacia allí en esa bendita ducha soportando todo ese manoseo? Pero de golpe recapituló todo lo que había sucedió en esos días. Respiró profundo tratando de calmarse. Afuera la lluvia seguía cayendo torrencial. Apretó el nudo en su garganta y la sensación de vulnerabilidad que le daba sentirse y saberse invadido en el sentido más literal de la palabra. Zoro seguía besándole la espalada y los hombros con fervor mientras se movía. Al menos parecía que el otro hombre le quería. O algo por el estilo.
En algún punto, entre tanto ir y venir, a Luffy dejó de dolerle tanto. Trató de concentrarse en lo que sentía su cuerpo, cosa que momentos atrás le había dado un respiro de todas esas sensaciones negativas que le generaba el contacto físico. Si bien él se consideraba asexual, su anatomía claramente pensaba distinto. Había algo adentro suyo, sí, un pene, pero aparte de eso, podía sentir con cada arremetida como algo se activaba en él. ¿Qué sería eso? Cada vez que Zoro le rozaba allí con el glande, él exhalaba un gemido. ¿Sería quizás la próstata? Tal vez todo eso no estaba tan mal como pensaba al principio. Y cuando quiso darse cuenta, tenía una nueva erección que Zoro no tardó en atender fervorosamente.
Sin embargo no pudo ayudarlo a Luffy a llegar, él acabó primero. Exhaló un quejido en el oído de su amante y lentamente fue soltando el apretón. Luffy se percibía marcado por todas partes, sentía los dedos de Zoro aún sobre su piel, las mordidas aún sobre sus omóplatos y cuello, hasta los labios le había mordido. No le agradaba saberse marcado como si fuera una cosa.
Cuando Zoro salió de su interior, fue tanto el dolor, que a Luffy se le bajó de un plumazo. Otra vez. Terminaron de bañarse, se secaron y desnudos fueron a la cama. El policía había dicho que no necesitaban ropa para dormir, él dormía desnudo de hecho. Aparte había calefacción.
En la cama, Zoro no perdió oportunidad. Se recostó sobre Luffy y empezó a besarlo despacio. Toda la cara, los labios, metiendo la lengua, y fue bajando. Zoro tampoco era tonto, había visto cuando era chico, lo que algunos muchachos ya mayores hacían, así que tenía una idea clara de lo que debía hacer para convencerlo a su muchacho que se dejara una vez más.
Fue bajando por el cuello, notando que ese era el punto débil de Luffy porque suspiraba cuando lo besaba o mordisqueaba allí. Llegó a las tetillas y apresó una entre los dientes. Siguió bajando, hasta llegar al vientre, un poco más abajo y se encontró con el vello púbico. Sin miramientos se metió el pene dormido dentro de la boca, buscando despertarlo.
—Eso es raro —dijo Luffy entre risas, pero dejó de reír cuando empezó a sentir una descarga eléctrica en todo el cuerpo. Su pene comenzaba a reaccionar, hasta que finalmente se puso duro.
—Me pones tan a tono —dijo Zoro con una erección bestial, abriéndole las piernas para poder ubicarse y penetrarlo de nuevo.
—Espera, Zoro… me duele —se quejó, pero no fue oído. Su amante estaba como en trance, y solo pensaba en penetrarlo.
Si Luffy en verdad no quería sin dudas lo empujaría o haría algo para evitar lo que estaba sucediendo, después de todo ambos eran hombres, ¿no? Y Luffy sabia pelear. El pensar que el muchacho se dejaba porque le gustaba someterse a él lograba encenderlo todavía más.
Zoro lo tomó de la cintura para elevarlo un poco e irrumpió. A Luffy se le escapó una lagrimilla, pero eso a su compañero no le pareció relevante, seguía diciéndose a sí mismo que si Luffy no quería algo se lo haría saber. Excusas. Empezó a meter y sacar de nuevo, mientras masturbaba el falo del muchacho, tratando de ponerlo a tono de nuevo.
No necesitó de mucho, Zoro tenía un miembro corto, pero lo suficientemente grueso como para que Luffy se sintiera lleno y la próstata fuera masajeada en su máximo esplendor. Cuando quiso darse cuenta, volvió a sentir una descarga eléctrica, pero esta fue tan fuerte que lo hizo temblar. La sensación fue sublime cuando eyaculó sobre su vientre, pero Zoro seguía en lo suyo, metiendo y sacando, sin compasión ni miramientos.
Luffy por suerte no tuvo que aguantar mucho más las inclementes arremetidas. Pronto Zoro alcanzó la cima y cuando lo hizo se desplomó sobre el cuerpo de Luffy, cubriéndolo de besos lentos y somnolientos. Estaba agotado, pero satisfecho, muy satisfecho.
—Será mejor dormir —propuso el policía dejándole un último beso en los labios y acostándose a su lado.
—Estoy todo sucio.
—Ve al baño a lavarte. Si ensucias las sábanas, mañana las limpias.
—Mañana tengo que buscar trabajo.
—Limpiar unas sábanas no te lleva todo el puto día —dijo ya con los ojos cerrados, dándose vuelta en la cama para darle la espalda.
Luffy se levantó haciendo malabares para que su propio semen no llegara a las sábanas, se lavó el vientre y sus partes íntimas. Se sentía sucio, de una manera extraña. Ya no sabía si se sentía cómodo o incómodo con todo lo que había pasado. Le dolía mucho, eso sí. Pero era momento de dormir. No tenía sentido volver una y otra vez sobre lo que había pasado. La leche ya estaba derramada (en más de un sentido, pensó un poco jocoso), y llorar sobre la misma no arreglaría nada.
Antes de acostarse revisó su bolso en busca de su sombrero. Había visto un clavo en una de las paredes de la habitación. Lo colgó. Sentía que de esa manera protegería mejor su tesoro si no lo usaba, además, de cierta forma, le recordaba a la época en la que Ace estaba vivo. Era una sensación extraña. Le iba a resultar raro no usarlo, pero prefería conservarlo de esa manera. Luego de eso se acostó desnudo a un lado de Zoro, quien ya roncaba.
Al otro día no fue un buen despertar para Luffy, al menos no al principio. Podía sentir el desgarro en su ano y a quien se suponía era su pareja -porque lo era dadas las circunstancias, o al menos eso sentía él- aferrado a su espalda, besándolo, mordiéndolo e intentando penetrarlo de nuevo.
—Espera, Zoro.
—Solo una vez y te dejo tranquilo —le dijo en un gemido ronco, que casi era un ruego, apretándole los brazos—. Me pones muy caliente y no sé por qué. No deberías dormir desnudo o voy a cogerte todos los días. —Sin esperar respuesta y ya lubricado comenzó a empujar hasta estar adentro del todo.
Aunque al principio Luffy no quería, al final no solo cedió sino que también se dejó llevar y terminó eyaculando. Y sí, ensuciando las putas sábanas. Ahora le tocaba lavarlas. Cuando Zoro lo dejó tranquilo, le preguntó por el lavadero recibiendo a cambio un par de monedas.
—¿En el subsuelo?
—Sí, ahí está el lavadero. No tengo muchos juegos de sábanas así que espero que estén limpias para cuando regrese.
—Ok, lavaré las sábanas e iré a buscar empleo —dijo bostezando. Zoro se levantaba muy temprano en la mañana y él era más bien dormilón.
—Prepárame el desayuno mientras me alisto.
—Pero… te dije que soy muy malo cocinando.
—Es solo café y un par de tostadas. Hasta un mono puede hacerlo.
Luffy no protestó más y preparó todo. El café le salió soso, según Zoro, y las tostadas quemadas, pero era mejor que nada. Ya aprendería. De momento desayunaría en la oficina. Mientras, Luffy fue a poner la lavadora y a prepararse para ir a buscar empleo.
Al menos se cambió la sudadera roja que ya era harapos y se puso su mejor camiseta, una de mangas cortas de color azul. No se sentía presentable, pero tampoco le preocupaba mucho. Con conseguir cualquier empleo era feliz.
Lo malo, se dio cuenta apenas salió a la calle y vio el primer cartel de «se busca empleado», es que para poder entrar en un buen trabajo, bien pago y en blanco, se necesitaba más que voluntad.
Zoro le insistía con eso de conseguirse un empleo serio para que pudiera tener cobertura médica, pero Luffy a veces pensaba que solo se lo decía para complicarle más la vida. Lo peor de todo es que en la mayoría, hasta en esos empleos que ni el más desamparado quería realizar, pedían certificado de buena conducta. Cuando preguntó qué era eso a una dependienta de una panadería, le dijo que era un papel oficial que daba la policía para verificar antecedentes. Y él los tenía. De mal en peor era menor de edad. Nadie quería darle trabajo a un delincuente juvenil.
Sin embargo, trabajos malos, en negro y sin ningún tipo de respaldo, los había de sobra y pasó por esa clase de empleos por algún tiempo. Fue paseador de perros, pero lo echaron porque dejaba que los animales se pelearan y se olvidaba de levantar la caca; y una vez uno se le había escapado. Se corrió media ciudad para alcanzarlo.
También atendió el turno nocturno de un drugstore, en donde o lo robaban o no daba bien el vuelto y siempre le faltaba dinero en la caja. Duró tres meses apenas y ni una vez cobró el sueldo completo.
Otro de sus empleos fue de servicio de limpieza en una oficina mugrosa, pero casi se agarra a las piñas con uno de sus jefes, que siempre estaba basureando a todos. Al menos hasta que una tarde Luffy, ya cansado de su prepotencia, lo enfrentó y lo mandó a cagar. Esa vez tuvo suerte de que no llamaran a la policía porque había que admitir que se había puesto un poco violento cuando empezó a revolear cosas.
Sin olvidar el puto lavadero de autos, en donde lo echaron injustamente cuando faltó dinero de la caja. No tardaron un segundo en culparlo a él. Hasta llegó a ser repartidor de volantes, de diarios, repositor de mercadería para un chino. En fin, lo intentaba.
Cuando ya iba perdiendo las esperanzas de conseguir un trabajo decente, donde lo trataran un poco más como una persona y no como un desecho, y donde no lo hicieran trabajar a destajo, se encontró frente a una fábrica donde prácticamente le rogó al dueño que lo tomara aunque sea para limpiar tripas de pescado. Ante la negativa del jefe, porque este le pidió el certificado de buena conducta y la sinceridad de Luffy lo llevó a confesar que tenía antecedentes, un empleado amable que había escuchado toda la conversación se le acercó para hablarle.
