CAPÍTULO 5
El empleado había sentido pena por el muchacho, en verdad se lo veía desesperado por trabajar de lo que fuera, y lucía muy joven. De mal en peor había escuchado que tenía antecedentes.
—Hay un restaurante, se llama Baratie —le explicó el hombre canoso deteniendo su partida—. Ahí trabaja mi hermano, que tiene antecedentes. Es un lugar que solo toma de empleados a ex convictos, pero pagan relativamente bien y después del tiempo de prueba te ponen en blanco.
—¡¿De verdad?! —A Luffy se le iluminó la cara y volvió sobre sus pasos para hablar— ¡¿Dónde queda?!
El hombre buscó una lapicera y le garabateó en un brazo la dirección. Quedaba lejos del lugar donde vivía con Zoro, pero era una luz de esperanza. Luffy siempre tenía buena suerte, eso dijo Zoro cuando le contó, pero incluso con el optimismo de su compañero el mismo Luffy advirtió que nadie consigue un trabajo que valga la pena conservar tan rápido.
—Hay que ver si me lo dan —aclaró Luffy mientras cenaban.
—Mañana me escapo y te traigo el certificado de mala conducta, en tu caso —lo señaló con el cuchillo—. Si solo aceptan ex convictos, seguro te lo van a pedir.
—Y necesito dinero para cargar la tarjeta. Queda un poco lejos de aquí.
—Son treinta cuadras, puedes caminar —dijo, pero sin tardar más de cinco segundos en buscar su billetera para darle el dinero.
—Gracias.
—¿Hoy duermes desnudo de nuevo? —le preguntó, pero a Luffy le pareció más una orden, una que lo dejaba sin lugar a negarse siendo que otra vez estaba sin trabajo.
A veces disfrutaba del sexo con Zoro, o al menos la mayoría de las ocasiones. Pero aun cuando la pasaba bien se sentía sin libertad para frenar sus avances; le estaba en deuda, lo menos que podía hacer era eso, ¿no? A veces se encontraba cavilando al respecto, sobre lo que en verdad quería, incluso en el tipo de lazo que tenía con Zoro.
Quizás lo que el otro pretendía era solo sexo, las escasas palabras amorosas no atenuaban el hecho de que Zoro era una máquina. Menos mal que le había aclarado que antes de conocerlo no había tenido demasiado interés en el sexo; en el presente parecía que solo pensaba en eso. Quizás era su culpa, por ser tan atractivo para el otro; se auto consolaba con eso ya que en esa situación sentía que no había nada que pudiera hacer al respecto. Lo bueno es que había comprado bastantes pañuelos para no andar ensuciando sábanas, y un lubricante a base de silicona, tamaño familiar, que podían usar en la ducha, ya que el policía no desperdiciaba ninguna oportunidad para hacerle sentir su recién descubierto interés en el sexo.
(…)
El lugar a donde Luffy debía ir estaba en la costanera de la ciudad. En cuanto llegó no necesitó información para ubicar al Baratie. Más allá de su cartel, era un enorme barco con forma de pez.
Subió por unas escaleras de madera, rodeando el enorme restaurante, yendo por uno de los pasillos laterales para llegar a la entrada principal. Pudo ver a diversas personas ocupando las barandillas, tomando tragos y riendo.
Todos lucían como personas importantes, y de golpe él se sintió un sucio delincuente. La gente, no en su mayoría, iba vestida de gala y él llevaba sus sandalias, sus jeans cortos y su camiseta azul. Puros harapos. Sus prendas estaba desgastadas; lo avergonzaba el color desvanecido de la camiseta, y las piernas del short desflecadas, pero no por moda sino por el uso intenso que Luffy le daba a las mismas.
Se dio cuenta que era un restaurante de calidad por ese motivo, aparte estaba ubicado en la zona céntrica y cara de la ciudad. Todos los restaurantes y bares de la zona, hasta la plaza pública, tenían un aire de alta sociedad y lujo. Temía que no quisieran contratarlo por ir vestido así, pero decidió arriesgar. Total el «no» ya lo tenía.
Abrió la amplia puerta de dos hojas y se encontró con el barullo de los comensales. Sonidos de cubiertos chocando entre sí, risas, charlas banales. No había música, y por lo visto tampoco había nadie a quién pedirle empleo. El salón parecía estar vacío más allá de la gente que estaba sentada a la mesa comiendo y bebiendo.
Luffy se quedó en el sitio, oteando el lugar. De golpe, por una escalera puesta en el medio del salón apareció un muchacho rubio. Iba vestido de traje y llevaba una bandeja, así que se acercó a él. Por urbanidad esperó a que el supuesto mozo atendiera la mesa y recién ahí se le acercó por la espalda. La ansiedad de Luffy era palpable, estaba un poco nervioso, pero le habló con seguridad.
—Hola, estoy buscando empleo. Mi nombre es Luffy —se presentó y le sonrió.
—¿Eres cocinero o qué? No necesitamos cocineros —dijo el muchacho un poco áspero. Exhaló el humo del cigarrillo y lo miró de arriba abajo, el muchacho parecía salido de un contenedor de basura.
—En realidad busco trabajo de lo que sea. Como tengo antecedentes, me cuesta conseguir uno, y me dijeron que aquí aceptan ex convictos. —La sonrisa se le había ido. Notó que el muchacho tenía unas cejas rarísimas y que uno de sus ojos estaba tapado por un mechón de pelo rubio.
—Bueno, a decir verdad… ayer renunciaron todos los meseros por una pelea, así que…
—¡Puedo ser mesero, como tú! —exclamó Luffy viendo una nueva luz de esperanza.
—Yo no soy mesero, soy cocinero. —Nunca perdía oportunidad de aclararlo—. Tienes que hablar con el viejo, no conmigo. Ven.
El muchacho de pelo rubio hizo que lo siguiera por las escaleras que minutos atrás había bajado. Cuando Luffy llegó arriba y atravesó una puerta doble con ojos de buey se encontró con lo que era la cocina. El aroma de diversos platos se entremezclaban, estar allí era la gloria para él. El estómago le gruñó, pero por suerte nadie se dio cuenta.
—¡Sanji! —gritó un viejo de barba larga y rubia; portaba un gran sombrero— ¡¿Cuántas veces te dije que no atiendas a los comensales fumando?!
—Deja de joder, viejo —respondió el aludido con cierto tono cansino—. Este de aquí. ¿Luffy dijiste que te llamabas? Busca empleo.
—¿Tienes experiencia con la bandeja? —cuestionó el hombre yendo al punto.
—No, pero puedo aprender —contestó Luffy.
—No tenemos tiempo para andar enseñándote —continuó el jefe con tono grosero—, este es un restaurante de lujo, no podemos permitir tampoco una mala atención.
—Jefe Zeff —dijo uno de los cocineros, uno que tenía tatuajes y parecía un tipo rudo—, cualquiera atiende mejor que Sanji.
—¡¿Qué insinúas, pedazo de mierda?! —se quejó el rubio— ¡Como insultes una vez más mi trabajo te haré puré!
—¡Solo atiendes bien a las mujeres! —intervino otro cocinero que usaba gafas de sol— ¡Paty tiene razón, ayer moliste a golpes a un policía! ¡A un policía!
—Él se lo buscó —fue la defensa de Sanji—. No hubiera insultado nuestra comida y tendría todos sus dientes.
—¡Basta los tres, Carne, Paty, sigan con el plato! ¡Tú, Sanji, ve a atender las mesas, es tu castigo por lo de ayer! ¡Por tu culpa nos quedamos sin meseros! —Luego se dirigió al muchacho que seguía parado allí viendo toda esa discusión como si se tratara de un espectáculo— ¡Será mejor que te vayas si no tienes experiencia atendiendo gente!
—Pero… —Luffy trató de convencerlo— Tengo antecedentes, nadie quiere darme trabajo. Esta es mi única opción. ¡Me niego a irme!
—¡¿Te niegas?!
—¡Me niego! ¡Voy a trabajar aquí! —Luffy se cruzó de brazos, desafiante.
—A ver ese papel —dijo Zeff secándose la mano con un trapo para agarrar y ver el certificado de buena conducta.
—Puedo limpiar, soy medianamente bueno en eso —dijo Luffy con sinceridad mientras le entregaba el papel.
—¡¿Medianamente?! No nos sirve que seas «medianamente» bueno en algo. —El hombre lanzó un sonoro suspiro de hartazgo y entornó los ojos—. La verdad es que necesitamos personal. —Le devolvió el certificado después de echarle una veloz mirada.
—Entonces —la cara del muchacho se iluminó— ¿me acepta?
—¡Pero empezarás lavando platos! —Lo apuntó con el dedo, para luego señalar la enorme bacha con trastos casi hasta el techo.
—¡Perfecto! —Luffy estaba feliz. Recibió el delantal de goma y se lo colocó con prisa.
—Luego le diré a Sanji que te enseñe a manejar la bandeja —concluyó el viejo dándole la espalda para empezar a preparar un nuevo plato.
Luffy era muy lento, pero le tuvieron paciencia. Lo malo es que también era muy distraído. Le parecía un lugar muy animado. Los cocineros se peleaban entre sí y se insultaban de manera que le resultaba hasta graciosa. Eso hacía que dejara de prestar atención a su trabajo y se concentrara en las disputas, que de alguna manera siempre involucraban al muchacho rubio llamado Sanji.
—¡El novato es un desastre! —se quejó Paty al verlo— ¡Ya rompió tres platos!
—¡Concéntrate o mañana no sigues! —le gritó Zeff.
—Mentira —intervino Sanji dedicándole una mirada al nuevo; parecía una dura, pero solo lo estaba estudiando—. Se me rompieron a mí. Mal la mía. —Notaba, sin mucho esfuerzo, que el muchacho parecía medio perdido, y con la imperiosa necesidad de trabajar.
De hecho pudo corroborarlo cuando a Luffy le tocó un descanso de algunos minutos. Salió al exterior, a una de las cubiertas del barco y se encontró con Sanji quien fumaba un cigarrillo mirando el mar.
La brisa de la noche era fría, pero a Luffy le apetecía estar cerca del muchacho unos segundos para al menos darle las gracias por hacerse cargo de sus descuidos. Parecía una buena persona, aunque algo tosca.
—Gracias —musitó a su espalda.
—¿Eh? —Sanji volteó, sin entender a qué iba ese agradecimiento.
—Por lo de los platos. Rompí un vaso también.
—Tienes que ser más cuidadoso. —Sanji recargó la espalda contra la pared lateral del barco y volvió a estudiar al otro. No le parecía la clase de tipo que había estado preso, pero recordaba que le había dado a Zeff su certificado de «mala» conducta—. ¿Por qué estuviste en prisión?
—Detenido —aclaró acercándose a la barandilla—. Vendía drogas. ¿Y tú?
—Yo nunca estuve preso.
—Pensé que este lugar solo contrataba ex convictos. Al menos eso me dijeron.
—Mi caso es diferente. El viejo solo acepta personas que no pueden conseguir empleo, porque él sí estuvo preso por robo antes de fundar el Baratie —explicó Sanji con calma, pero sin dar más detalles. No obstante Luffy era muy curioso, de eso se dio cuenta de inmediato.
—¿Por qué tu caso es diferente?
—Bueno —suspiró, no tenía ganas de contarle a un desconocido sobre su vida, pero el chico se le había quedado mirando con ganas de saber más—. Conozco al viejo desde que soy un niño.
—Ah, pensé que era tu padre.
—Algo así —se rascó la cabeza, con ganas de dejar la charla ahí. Hacía frío y le apetecía entrar de nuevo al calor de la cocina.
—Yo viví en un orfanato —dijo de la nada, charlatán como siempre—, cuando salí empecé a vender drogas. Me atraparon. Pero ahora mi vida cambió.
—Entonces cuida este trabajo y no seas tan atolondrado —suspiró, un poco cansado.
—No me contaste cómo conociste al viejo —reclamó cuando el otro dio dos pasos para irse.
—No tengo por qué hacerlo —abrió grande el ojo visible, ¿qué le pasaba a ese muchacho? Era demasiado curioso para su gusto.
—Yo te conté de mí.
—Ok. Lo resumiré —dijo saturado, viendo que el otro no lo dejaría en paz—. Mi familia era una mierda y cuando era niño me escapé. Viví en la callé hasta que Zeff me encontró. Listo. ¿Conforme?
—Conforme —Luffy le regaló una amplia sonrisa y trató de sentarse en la barandilla—. Me gusta conocer a las personas, porque… —No terminó la frase.
—¡Cuidado, esa barandilla está…! —Él tampoco pudo. Vio como el novato caía de espaldas al mar— ¡Rota! —concluyó. Y era su responsabilidad que estuviera rota. Le había dado una paliza a uno contra ella y la había astillado tiempo atrás.
Sanji se acercó al trozo de madera quebrado y miró hacia la inmensidad del mar. Pudo notar sin mucho esfuerzo que el muchacho se estaba ahogando. Seguramente no sabía nadar, porque daba brazadas desesperadas.
No lo dudó ni un instante, él era un excelente nadador. Se tiró al mar y lo tomó de la camiseta para mantenerlo a flote. El agua estaba helada y les cortaba la respiración. Sanji sentía punzadas en el cuerpo, pero se las ingenió con su fuerza para guiarlo y subirlo por la escalerilla.
—¡Creí que moriría! ¡No sé nadar! —dijo Luffy boca arriba, ya sobre la cubierta, buscando aire como un pez fuera del agua.
—¡Eres imbécil, casi nos ahogas a los dos! —reclamó, sentado en el piso.
—¡Hace frío!
—¡¿Qué pasa ahí afuera?! —Zeff salió por la puerta con los brazos en jarra para encontrarse a los dos muchachos empapados de pies a cabeza y la barandilla ya rota, inexistente—. ¡Vayan a cambiarse! ¡Sanji, préstale ropa! ¡Y vuelvan a trabajar de inmediato, terminó el descanso! ¡Santo cielo, con ustedes dos voy a irme a la quiebra, son un desastre!
—Ya volvemos, deja de quejarte —dijo Sanji tomando al novato por el brazo para hacerlo subir por unas escaleras. A Luffy todavía no se le pasaba el susto.
—¡Espera, Sanji! —Lo frenó en seco— ¡Tú sigue camino! —le dijo al nuevo y este entendió sin más que debía dejarlos solos.
—¿Ahora qué quieres, viejo? Me estoy muriendo de frío.
—Que sea la primera y la última vez que tapas las cagadas que se manda este chico. Si no sirve, se va. —Zeff se lo susurró al oído, para que Luffy no escuchara, pero fue firme.
—No sé a qué te refieres —se sacudió, para librarse de su agarre.
—Me refiero a los trastos. Sé que a ti jamás se te rompería un plato. —Él mejor que nadie conocía las habilidades de Sanji—. Vuelves a mentirme y te echaré también a ti a patadas.
Sanji le dedicó una mirada de bronca que helaría a cualquiera, pero no amedrentaba a Zeff ni en lo más mínimo, y fue tras el chico. Lo guio por las escaleras hasta llegar a una zona que no era para los comensales. Ahí Luffy se dio cuenta de que estaba entrando en una zona más privada. Ese barco en verdad era enorme.
Cuando el rubio abrió una puerta se encontró con un pasillo, al final de este, otra puerta y tras ella había un cuarto modesto. No había mucho por curiosear: un estante con libros sobre cocina; un buró con una foto de un Sanji pequeño y sonriente junto al jefe; tabaco para armar, papelillos y un cuadro de una mujer desnuda pintado al óleo.
—Quítate la ropa —sugirió Sanji.
De golpe Luffy sintió como si esa fuera una de las órdenes que le daba Zoro antes de tener sexo. Tal vez por esa razón se sintió algo cohibido, pero el otro no se percató de ese detalle en su momento.
Perdón por la demora, hay varias razones por las que este fic tardará en ser actualizado. Concluido va a estar algún día, eso es promesa porque ya me comprometí con Rosa, pero entre los cursos que estoy haciendo y algunos proyectos, me atraso. Son tres las razones, a decir verdad:
1) Trabajos prácticos (que voy a tener durante todo el año), exámenes y tareas. Hago dos cursos a la vez y hay momentos en que siento que no llego con las fechas límites que ponen los profesores. Es mi prioridad; soy nerd de alma y el estudio siempre está primero.
2) Estoy como moderadora en un grupo nuevo que se llama Club de lectura de Fanfiction, en donde la idea es retroalimentarnos, aprender a escribir y a dejar comentarios, enriqueciendo el fandom en español. Por supuesto que están invitados a participar. Va a haber cadenas de lectura y muchas otras actividades más. Lo único, aviso importante, es que si se meten al grupo por el celular no les salen las preguntas que son necesarias responder para poder ser aceptado. Aconsejo usar la computadora para que les salga. Se ve que es un error de la app. Igual cualquier cosita me mandan un mensaje, pero sería lindo ver gente de One Piece (ya somos un batallón, pero cuanto más seamos, mejor). La cuestión es que la tarea de moderadora me lleva a perder tiempo con el grupo, al cual estoy amando aunque abrió hace un par de días. Es impresionante ver tanta gente interesada en el proyecto (y da trabajo, ¡je!). Si quieren más info pueden ir a mi página de Facebook para enterarse mejor de qué va o preguntarme directamente mediante un comentario que yo me explayaré más explicando de qué trata.
3) No por ser el tercero es menos importante, al contrario. Mi idea no es quejarme ni ponerme en drama queen en plan "si no recibo mil comentarios no sigo", pero la verdad no veo que este fic le esté gustando a las personas. En el capítulo anterior solo comentó Fer, review que agradezco con todo mi corazón porque sin ese comentario hubiera recibido la apabullante cantidad de cero review, pero… al punto: eso influye. Como no veo mucho interés por esta historia tampoco me siento motivada a actualizar rápido. Onda "da igual si lo subo hoy o en tres semana, lo lee solo Fer y ella sabe esperar". De hecho este capítulo lo tengo listo hace como dos semanas, pero como estuve con el tema de los trabajos prácticos y el grupo, lo dejé de lado al pobre capítulo.
Sin embargo, no te preocupes Rosa de mi corazón, este fic va a tener final y lo voy a escribir con todas mis ganas. Ya tenemos un arreglo y voy a cumplir. Solo tenme paciencia. Más de la que ya me tienes. Te adoro por eso.
¡Les mando un beso!
