CAPÍTULO 8
Luffy aceptó el paquete y se fue hacia la estación con prisa. No quería llegar más tarde lo que ya estaba llegando o tendría que dar explicaciones, y su sinceridad siempre le jugaba en contra durante las discusiones con Zoro.
Llamó a su novio a través del den den mushi portátil, pero este no lo atendió y ahí empezó a preocuparse. No era normal que Zoro no lo llamara o que no atendiera inmediatamente la llamada entrante. Tenía un mal presentimiento.
Hizo todo el viaje en tren con el peso de la preocupación en la boca del estómago, pero por momentos, recordaba el pastel que le había preparado Sanji y su mente vagaba a otros sitios más felices.
(…)
Cuando Luffy llegó a casa esta parecía haber sido presa de un huracán. Había objetos por el suelo, vidrios rotos y hasta una abolladura en la pared. El silencio era sepulcral e inquietante de no ser por el ruido de la televisión prendida.
El eco de sus propios pasos no hacía más que agregar nerviosismo a la escena de por si desconcertante. Caminó despacio, con cuidado de no cortarse. Llamó a su novio con vacilación, sin embargo este no respondió, pero las luces estaban prendidas y las llaves estaban sobre la mesilla de entrada. ¿Qué había pasado?
Lo encontró echado en el sillón, vivo al menos, pero con varias botellas de diversos licores alrededor. Zoro estaba frente a la televisión, sin mirarla y sin prestar atención siquiera al recién llegado.
—¿A esta hora llegas? —dijo medio borracho, helándolo con la mirada.
—Sanji me hizo un pastel y me quedé un rato —explicó con ingenuidad—. Ten, te guardamos una porción. Aunque sé que no te gusta lo dulce deberías probarlo porque Sanji cocina…
No pudo terminar de hablar, Zoro se puso de pie y le arrebató de la mano la vianda para estrellarla contra la pared. Luffy se quedó tieso en el sitio, tratando de comprender lo que estaba pasando.
—¿Yo tuve un día de mierda y tu andabas cogiendo con otro? —murmuró entre dientes, era la viva personificación de un diablo.
—¿Qué pasó con la casa, Zoro?
—No me cambies de tema. —Lo tomó de la quijada fuertemente, pero Luffy le agarró las manos y las separó para librarse. Estaba hartándose de los malos tratos de Zoro, pero antagonizarlo no iba a llevarlo a descubrir qué pasaba y todavía estaba preocupado por el policía.
—Solo estaba festejando mi cumpleaños.
—Cogiendo con otro.
—¡Basta! —Se molestó, mirando por un segundo el pastel estrellado contra la pared— Cuéntame qué pasó. La casa está hecha un desastre y estás borracho.
—No estoy borracho —refutó, arrastrando un poco las palabras. Volvió al sillón, desplomándose en él—. Ya no soy más policía. Hoy me sacaron la placa y el arma reglamentaria.
Así Zoro le relató, mientras daba sorbos a una botella ya casi vacía de vodka, que ese día tuvieron una redada que salió muy mal. Se habían equivocado de casa, no obstante, y por algún motivo que él desconocía, había resultado ser todo un caos. Su superior, el que siempre estaba encima de él, disparó a quemarropa a una familia que nada tenía que ver con asuntos de drogas, matando así a una persona inocente: al padre de familia, que solo buscaba proteger a sus hijos de la feroz entrada de la policía. Dicha persona murió en el acto.
—¿Y por qué te echaron la culpa a ti?
—Porque los peces gordos nunca quieren perder su puesto y yo soy un simple cadete —explicó dejando de malos modos la botella sobre la mesilla—. Luego del desastre ese gordo de mierda me dio dos opciones: puedes renunciar a tu cargo, y haremos como que no pasó nada, o te metemos a la cárcel.
—¡Maldito! —se enfureció Luffy sentándose a su lado. Por instinto buscó abrazarlo, pero Zoro lo apartó de malos modos, estaba muy mal humorado—. Vamos a la cama, Zoro. Debes descansar. Mañana será un nuevo día. Ya veremos qué hacer.
—No se puede hacer nada, me quedé sin trabajo.
Y Luffy sabía lo que implicaba eso. La renta y las expensas eran caras, y no se pagaban solas. Comprendía que ahora el único sustento de la casa era él, imaginaba lo mal que eso le ponía a Zoro. No obstante, pensó iluso por un momento, que si tal vez los roles se invertían las cosas entre ellos podrían ser diferentes. Quizás podía salir algo bueno de todo aquello todavía.
No fue una buena noche. Luffy tuvo que asistir a Zoro en el baño, quien devolvió todo lo que había bebido. Al otro día despertó más mal humorado que el día anterior porque, además del malestar que le generaba encontrarse sin trabajo, tenía un dolor de cabeza insoportable.
Nada de eso le impidió seguir bebiendo. Por lo visto, advirtió Luffy, se estaba gastando lo poco que le quedaba de sueldo en puras botellas de alcohol. Eso no pintaba bien. Pensó todo el día en cómo ayudarlo y solo se le ocurría pedir horas extras en el trabajo.
(…)
En cuanto Luffy llegó al Baratie esa noche, le planteó a Zeff la idea de trabajar también los mediodías. El jefe aceptó, porque no tenían bachero por la mañana y Sanji odiaba hacer labores que no implicaran cocinar.
Cuando su amigo se enteró se puso contento, la sonrisa en los labios hablaba por él, aunque no manifestara el placer que le daba el saber que Luffy también estaría las mañanas compartiendo tiempo.
—Mi novio se quedó sin trabajo —explicó Luffy a la hora del descanso. Miraba hacia el mar, con un gesto de preocupación que se le hizo muy palpable al otro.
—Ah, por eso le pediste al viejo trabajar al mediodía.
Sanji se acercó a la baranda y se apoyó en ella, con un cigarrillo que encendió en el acto. Sentía ganas de quitarle a Luffy esa expresión de la cara. Aunque no tenía ni idea de cómo lograr ese objetivo.
—Mi sueldo no es muy bueno. Rentamos y las expensas son caras.
—Tranquilo, siempre se puede rentar otra cosa. Algo más barato. Y puedes llevarte las sobras de aquí. —Trataba de consolarlo de alguna forma.
—Mi novio no quiere rentar otra cosa; pero no está pensando claramente, no puede. —Lo miró con una expresión extraña, mitad preocupación, mitad resignación.
—¿A qué te refieres con eso?
—Ayer y hoy estuvo borracho todo el día —explicó con calma—. Toma mucho. Así que no me puedo sentar a hablar con él. Es como hacerlo con una pared.
—Entiendo —suspiró, pensando en que su amigo la tenía difícil—. Será cuestión de agarrarlo cuando esté sobrio.
—Creo que nunca lo está.
El descanso llegó a su fin, y pese a que Sanji quería confortarlo de alguna forma, por otra parte sentía que no debía meterse en asuntos de pareja. No le parecía que ese tal Zoro fuera la persona idónea para estar con alguien como Luffy, quien brillaba más que las mismas estrellas.
Al menos así pensaba Sanji y medio que lo pudo comprobar a la hora de cierre. En ese momento estaba hablando con Luffy, antes de que este se fuera. Intentaba darle palabras de aliento, diciéndole que si mañana empezaba a trabajar doble turno tendría más dinero y podría afrontar los gastos. Que era cuestión de organizar las finanzas y recortar los gastos innecesarios.
Fue una charla corta, siempre lo eran porque Luffy terminaba muy cansado al final de día y además debía llegar a casa rápido para evitar que su novio le hiciera una escena de celos; pero en esa ocasión fue la presencia de Zoro lo que los interrumpió.
—¿Qué haces aquí, Zoro? —se sorprendió Luffy. No era lo usual, pero lo que dijo el ex policía a continuación le dio la pauta de que, de ahora en más, sería una costumbre.
—No tengo trabajo, así que pensé en que como tengo más tiempo libre puedo pasar a buscarte. ¿Tiene algo de malo eso? —Lo último dicho sonó duro, más lo que agregó a continuación—. Parece que interrumpo algo.
—No es eso. —Luffy le sonrió para aplacar las aguas—. Ey, Zoro… él es Sanji, el amigo del que te conté. Me preparó una vianda con las sobras así no tenemos que preocuparnos por la cena. —Lo señaló, pero el cocinero nada acotó, miraba con fuego en los ojos al sujeto, recibiendo a cambio una mirada similar.
Se estudiaron de arriba a abajo, pero fue Zoro quien lo observó midiéndolo, tanteando la posibilidad de una pelea. Le podía llegar a ir muy mal un encontronazo si pensaba que el aspecto de Sanji era algo de lo que fiarse para medir la fuerza de este. El cocinero ocultaba un entrenamiento diario bajo su traje elegante. Zeff le había enseñado a pelear y su estilo de lucha no tenía nada que envidiarle al del ex policía.
—Coger a mí me da hambre —dijo Zoro de la nada—. Así que entiendo. Solo te digo una cosa, cocinero…
—Basta, Zoro —interrumpió Luffy, vaticinando un desastre.
—Aléjate de mi novio —concluyó tomando a su pareja de un brazo para arrastrarlo consigo.
—No tengo ningún interés en los hombres, así que despreocúpate. —Sanji se quedó con el veneno atragantado y un mal sabor en la boca, al punto que consideró escupir el cigarrillo que acababa de prender.
Esa mínima provocación era suficiente para lograr encender su sed de lucha, pero no lo suficiente como para que él se levantara en puños. En el fondo solía ser bastante medido y no entraba en vanas provocaciones. Ahora, si ese marimo pensaba buscarlo, lo iba a encontrar. Le daba mala espina que a la primera vez de verse, el otro buscara roña así, sin más. Debía admitir que tuvo ganas de darle con el gusto y mentarle la madre al menos, de patearlo hasta el cansancio, pero por otro lado no quería meter en problemas a Luffy, y eso tuvo más peso.
Los vio irse, su amigo quejándose y el tipo ese increpándole. Como si ellos dos hubieran estado haciendo algo malo. El rubio no pudo evitar notar cómo Zoro lo llevaba a rastras, sujetándolo del codo, un agarre del que era difícil soltarse, típico de los tipos posesivos. Y se preguntó de nuevo qué podía hacer por su amigo, pero su mente estaba en blanco. Lo único que se le ocurría era darle un escarmiento al cabeza de césped. Y es que en el fondo lo sabía, esas relaciones nunca terminaban bien; él no había tenido experiencia en romances, no obstante siendo un espectador podía ver de afuera la dinámica de la pareja y tener un ojo más crítico y acertado. Sin embargo, también sabía que si Luffy no quería salir de esa situación, no habría mucho que él pudiera hacer.
(…)
En un momento de la discusión, Zoro estaba tan molesto, que le arrebató de la mano la vianda para arrojarla a un contenedor de basura. El camino a casa lo hicieron en absoluto silencio, porque Luffy no tenía ganas de pelear; además seguía molesto por las falsas acusaciones de Zoro y notaba que su novio estaba un poco ebrio.
No obstante, apenas ingresaron al departamento, Zoro lo tomó de un brazo con tanta fuerza que Luffy se quejó por el trato; pero eso solo sería el comienzo de algo peor. Fue arrastrado hasta el cuarto, en donde Zoro lo arrojó con violencia sobre la cama desarmada.
Luffy supo lo que vendría a continuación cuando vio a su novio bajándose los pantalones. Gateó por la cama, tratando de escapar, pero su novio fue más rápido y tomándolo de un mechón de pelo lo obligó a recostarse boca arriba.
—¡Espera, Zoro! ¡Me estás lastimando! —Buscó apartarlo de su cuerpo, pero no pudo evitar que le sacara el pantalón de malos modos.
—¿Te gusta más coger con ese Sanji? —le increpó, acostándose sobre él para tratar de penetrarlo. Le abrió las piernas con violencia y ocupó el lugar para comenzar.
—¡Yo no tengo nada con él! —Intentó reprimir el llanto, porque la penetración sin lubricación le estaba doliendo muchísimo, pero más le hería el trato que estaba recibiendo, la desconfianza y el hecho de que estuviera ignorando por completo sus ruegos para que parase, como si lo que Luffy quisiese no le importara para nada—. ¡No quiero hacerlo así!
—¡Te voy a sacar de la cabeza a tu amiguito! —le gritó en la cara, sujetándolo con todas sus fuerzas, aplastándolo con el peso de su cuerpo.
Zoro estaba totalmente fuera de sí, rojo de cólera como Luffy nunca lo había visto antes. Acojonaba, y mucho. Parecía dispuesto a cualquier cosa y eso asustaba un poco al muchacho, pensar en lo que era capaz de hacer su novio.
—¡Estás muy borracho, Zoro! ¡Detente! —Las uñas cortas de Luffy se le clavaban en los brazos, luego en los hombros, tratando de empujarlo para así apartarlo de su cuerpo, pero no había forma de detenerlo.
En un momento tuvo la oportunidad de patearlo, pero en verdad le preocupaba lastimar a Zoro o desencadenar una batalla. Luffy sabía que era fuerte, podía tolerar el dolor o responder las palizas. Sin embargo, Zoro, debajo de su fachada de hombre rudo, ¿podría soportar que Luffy le pegara de regreso o que lo rechazara de pleno? Peor aún, siempre cabía la posibilidad de que Zoro se pusiera más violento de lo que ya estaba.
Aunque el ex policía estuviera ebrio eso no le impidió conseguir una erección para violar a Luffy. Lo tenía fuertemente agarrado de las piernas y no lo dejaba huir. Cuando eyaculó recién ahí lo dejó ir y de la nada empezó a llorar.
Aquello era extraño a más no poder. Luffy se quedó tiritando de terror en el sitio, pero a la vez sorprendido por ese cambio abrupto de emociones en su pareja. Este se tapaba la cara, como buscando esconder las lágrimas.
Luffy sabía que a Zoro no le gustaba mostrar sus emociones, pero era evidente que las tenía y que en ese momento lo desbordaban. No supo qué decir ni cómo actuar. Todavía estaba en shock por lo que le había ocurrido. Al punto que él también comenzó a llorar, pero tardó en darse cuenta de que lo estaba haciendo.
Se secó la cara con la camiseta y trató de acomodar las ideas en su cabeza. Lo primero que hizo fue taparse con la sábana, en donde había pequeñas gotas de sangre por la violenta penetración. Lo peor ya había pasado, se dijo, intentando consolarse a sí mismo.
—Lo siento, Luffy —dijo Zoro recuperando la compostura. Sin mirarlo, porque no podía—. El tema de no tener trabajo me tiene mal. No sé cómo vamos a hacer. Encima harás doble turno. Pasarás más tiempo con Sanji que conmigo.
—Pero él es solo mi amigo —aclaró, sentándose en la cama como pudo, adolorido por la penetración forzada. Buscó abrazarlo, pero Zoro nuevamente lo apartó, solo que en esta ocasión con delicadeza. En ese momento no se sentía merecedor de ningún consuelo.
—No quiero… no puedo con la idea. —No se podía dar a entender con claridad, todavía era un mar de confusión—. Me preocupa que se vuelvan cercanos y que me dejes por él.
—Pero Sanji ya te aclaró que no le gustan los hombres.
—Sí, claro —dijo con ironía—. No puedo bajar la guardia, cualquiera puede arrebatarte. Y no puedo con la idea de que ustedes dos se lleven así de bien.
—¿Qué tiene de malo?
—¡Estás todo el puto día hablando de él! —exclamó, ahora sí mirándolo, con los ojos llenos de lágrimas y furia.
—Es que paso mucho tiempo con él y bueno… Lo siento si eso te molesta, trataré de no hablar de él contigo.
—Ese es el problema. El problema es que pasas mucho tiempo con él, y ahora que trabajarás doble turno…
—Te quiero a ti, Zoro.
Luffy no quería verlo preocupado o llorando, así que dejó de lado lo que había pasado escasos minutos atrás para abrazarlo. En esa ocasión Zoro aceptó el consuelo, apretándolo fuerte contra su cuerpo, como un desesperado, con ese terror insondable a perderlo.
¡Hola! Quería darle créditos a Chisheccid por ayudarme con una partecita del fic. Verán, yo tenía en claro que a Zoro lo iban a sacar de la fuerza (lo tengo pensado a todo el fic de principio a fin), el tema es que no estaba segura del cómo. Es decir, tenía dos ideas: 1) Que en una redada para atrapar pederastas Zoro se encontrara con la situación de ver a un tipo abusando de un menor y lo matara a tiros, o 2) Que Zoro encontrase en un callejón a un tipo violando a una mujer y, en efecto, lo matara a tiros. Quizás para darle un poco más de humanidad y no dejarlo como al malo de la película siempre. No obstante, Chise me dio esa idea que me pareció muchísimo mejor que las que yo ya tenía pensadas, así que todo el crédito a ella. ¡Gracias, hermosa!
¡Espero que les haya gustado el capítulo! ¡Muchas gracias por leer!
