CAPÍTULO 9
Más adelante Luffy recordaría ese momento con amargura: el violado consolando al violador. Pero, en esos instantes, solo pensó que esa violencia y esa furia eran algo pasajero. Un momento extraño y único, porque Zoro se volvió cariñoso como al inicio de la relación. En el sentido de que, sin deshacer el abrazo, le dejaba repetidos besos en la cara, dándole las gracias por estar con él, explicándole que lo de recién había sido un arrebato, pidiéndole perdón. Asegurándole, una y otra vez, que nunca volvería a pasar.
—Lo siento… de verdad —dijo Zoro recomponiéndose de las lágrimas, ya más calmo.
—Tienes que prometerme que no volverás a hacer una cosa así, Zoro —reclamó el muchacho, aceptando con agrado las vanas excusas que le daba su novio. Ambos secándose mutuamente los ojos rojos de lágrimas.
—Te lo prometo. —Se distanció de él para terminar de acomodarse la ropa y con una inusitada calma vistió a su chico—. No estoy pasando por un buen momento. Lo siento mucho, de verdad.
—Vale, dejemos el tema de lado. —Se acomodó en la cama, buscando pararse, pero el dolor le impedía hacer un simple y rutinario movimiento como ese—. Vayamos a la cocina a comer algo, ¿sí?
—Yo no tengo hambre, come tú. —Se secó de nuevo la cara refregándose los ojos. De solo pensar en lo que había hecho sentía quebrarse por dentro.
—No estás comiendo bien, Zoro. Solo te la pasas tomando. Eso no es bueno.
Al final Luffy convenció a su pareja de comer algo. La vianda que había preparado Sanji para ellos ya no existía, así que se arreglaron con lo que tenían. Un paquete de fideos y un poco de manteca. Ahora que los gastos corrían por cuenta de Luffy debían ser precavidos con sus finanzas.
Él no era bueno para economizar, y su novio no solía estar sobrio para ayudarlo en la tarea. Al final se les hacía muy cuesta arriba y, con el correr del tiempo, empezaron a comer mal. A comer mal en el sentido de que a fin de mes solo tenían paquetes de arroz y lentejas.
En ocasiones debían tomar decisiones difíciles, como el simple hecho de elegir entre comprar un paquete de papel higiénico o comida más nutritiva. Zoro no escatimaba en alcohol, y Luffy no era bueno parándole el carro.
Tal vez porque en el fondo le temía a sus reacciones, pero alcohol nunca faltaba en la casa. En una ocasión Luffy trató de hablar del tema con él, de pedirle que dejara de gastar el dinero en botellas de licores, pero no fue una buena charla.
Ocurrió una noche, una en la que no había sido su mejor jornada laboral porque lo habían retado por cobrar mal las mesas. Había llegado a casa muy cansado y un poco mal humorado porque imaginaba encontrarse a Zoro echado en el sillón bebiendo como siempre. En efecto, así fue. Luffy miró alrededor el desorden y no pudo evitar reclamarlo.
—Zoro, ya que no trabajas al menos mantén el orden de la casa —sugirió, revoleando las llaves sobre la mesa de la cocina, dejando en claro su malestar con ese gesto.
—¡Gracias por recordarme que no tengo trabajo y que soy un inútil! —Zoro se enfureció, como solía suceder.
Por eso mismo evitaba enfrentar a Zoro, porque cada vez que lo intentaba parecía despertar su lado más oscuro. Era como querer apagar un incendio con gasolina. No obstante, Luffy ya comenzaba a cansarse de ese estilo de vida.
—¡Al menos guarda la mayonesa y la leche en la heladera! ¡No es tan difícil!—explotó, dejando la vianda de comida que le había preparado Sanji para tomar dichos elementos y guardarlos en su lugar.
—¡No me hables en ese tono! ¡¿Qué te piensas?! —No lo dudó un instante, se levantó del sillón, lo encaró con fuego en los ojos y con el revés de la mano le dio tal cachetazo en la boca a Luffy que el labio le comenzó a sangrar un poco—. L-Lo siento… no quise hacer eso.
—¡Me dolió! ¡¿Por qué lo hiciste?! —reclamó enfurecido. Tiritaba de furia, con una mezcla de miedo y bronca acumulada. Siempre se sentía impotente ante esas situaciones. Aún sorprendido por el arrebato, se encontró queriendo devolverle el golpe, pero en el fondo sabía que si se lo devolvía, Zoro sería imposible de parar. No había nada en el mundo que le asustara más, porque no sabía hasta qué punto eran capaces de llegar si comenzaba una pelea a puños— ¡Últimamente vives nervioso! ¡Contrólate!
—Yo no estoy nervioso, tú me pones nervioso. —Zoro fue a la nevera en busca de un poco de hielo. Lo envolvió en un trapo y trató de ponérselo en la boca.
—¡No me toques! —Luffy se apartó, pero tomando el trapo para atenderse a sí mismo.
—¡Estoy nervioso porque hoy llegaste más tarde y no atendiste mis llamados! ¡¿Qué explicación me vas a dar al respecto?!
—Hago horas extras porque tú tomas mucho. Este mes no llegamos a pagar la renta, ¡nos van a echar! —Ahora era él quien tenía fuego en los ojos—. ¡Y a ti no parece importarte mucho que digamos!
—¿Realmente crees que no me importa? —Estaba arrepentido de su rabia, ni él mismo podía explicarse por qué había explotado así lastimando a Luffy—. Déjame que te cure. Ven. —Su voz se dulcificaba por momentos, pero Luffy ya sabía que eso no duraba mucho.
Además no quería que Zoro lo aplacara, tenía derecho a estar enojado, tenía razones válidas para estarlo, contrario a los celos de su pareja, que no tenían base alguna más que su propia imaginación enferma y su necesidad de controlarlo todo.
—¡Tendré que buscar un trabajo mejor para poder mantenernos a los dos! —Se alejó más de él, porque después de ese cachetazo tampoco lo quería cerca.
—¡Vete a la mierda! ¡¿Qué trabajo te van a dar a ti si no tienes dos dedos de frente?! —concluyó Zoro yéndose de la cocina para ir hasta la mesilla que estaba en la entrada, lugar donde Luffy dejaba la billetera.
Sin pensarlo dos veces, como siempre hacía, tomó suficiente dinero para ir a un bar y así salir un poco de la casa. No le gustaba discutir con Luffy, cada vez que eso ocurría sentía que se distanciaban y dicha distancia lo desesperaba.
Para sumarle más dramas a su cabeza, hacia semanas que Luffy no le permitía ponerle una mano encima, y la culpa de haberlo forzado aquella noche le impedía a Zoro intentar convencerlo como otras veces hubiera hecho.
Luffy había tardado mucho en recuperarse de la violación y cuando habían intentado tener sexo de nuevo, no pudieron. Ver a su pareja al borde del llanto, obligándose a soportar el dolor y la incomodidad, solo para buscar complacerlo, pero claramente sin desearlo, lo había hecho desistir del todo. De solo recordarlo quería ahogarse en el mar, pero se conformaba con intentarlo con las botellas de alcohol barato que lograba comprar.
—¡¿A dónde vas?! —reclamó Luffy siguiéndolo por detrás, sin soltar el trapo con cubos de hielo— ¡Estamos hablando!
—Adivina —ironizó Zoro mostrándole los billetes con descaro—: ¿tinto o blanco?
Luffy siempre se quedaba preocupado cuando Zoro optaba por ir a algún bar. Entendía que a veces su novio buscaba salir de la casa y de su propia realidad, pero cuando lo hacía, Luffy solía quedarse despierto para esperarlo. A veces, del cansancio, se quedaba dormido con las luces prendidas, o sentado en el sillón en alguna posición incómoda que después le generaba dolores en el cuello o en la espalda.
La mayoría de las veces se quedaba despierto por horas. Le daba miedo que le pasara algún accidente estando borracho, así que terminaba no durmiendo o haciéndolo mal, con sobresaltos o pesadillas, donde a Zoro le pasaban cosas horribles.
Era algo contraproducente para él, porque al otro día a las diez de la mañana tenía que estar en el Baratie y a veces Zoro se aparecía por la mañana, lo que no le daba mucho margen para descansar bien; peor si encima debía asistirlo cuando regresaba a casa en muy mal estado, sin poder sostenerse o caminar, con la ropa vomitada o con la cara adornada por moretones o los nudillos cortados por haberse puesto a buscar pleitos.
(…)
Luffy había decidido hacer horas extras, con lo que eso conllevaba: peleas con Zoro por pasar tantas horas fuera de casa. El muchacho trataba de hacerle ver de mil formas que su trabajo era lo único que les permitía tener un techo sobre sus cabezas y comida en sus barrigas, aunque en el caso del ex policía era alcohol.
A Sanji no le costó percibir que la escalada de violencia iba en aumento. A veces Luffy se aparecía con algún que otro moretón en la cara o marcas de dedos en los brazos y en el cuello. Por no meterse en asuntos de pareja, no le preguntaba, además de que ya era bastante obvio todo. Sin embargo, esa tarde, había llegado tan golpeado que la cabeza todavía le sangraba un poco, a tal punto que Zeff le ordenó de malos modos que se pusiera más presentable para atender a los comensales. Por lo menos había llegado un poco antes de empezar el turno y había tiempo para hacerle una curación.
Fue Sanji quien buscó asistirlo. Lo tomó de un brazo con cuidado y lo arrastró hasta el baño que estaba al lado de su habitación. Sin decir nada aún, porque no sabía cómo encarar el tema, buscó una gasa y una cinta del botiquín.
—¿Qué te pasó? —Lo preguntó sin mirarlo, más atento a limpiarle la sangre del cuero cabelludo.
En ese instante Luffy pensó en mentir, en decir algo así como que se había caído o golpeado con algo, pero su sinceridad siempre le jugaba en contra, no era bueno mintiendo y eso hasta él lo sabía. Además no soportaba más la carga que estaba significando no hablar con absolutamente nadie sobre el tema. Se sentía desesperado, solo y aislado. Y no estaba solo, sabía que podía contar con Sanji.
—Peleé con Zoro —soltó finalmente, sintiendo un peso levantarse de su espalda.
—No deberías dejar que ese cabeza de marimo te deje así. —Lo miró a los ojos, con seriedad, buscando sondear en el otro el impacto de sus palabras, pero Luffy, si bien estaba un poco feliz de ser escuchado, no podía sostenerle la mirada por mucho tiempo—. Me dijiste que sabes pelear, pero cada vez te apareces con más y más heridas.
—Es que… no me gusta pelear con él. —Hizo un gesto de dolor cuando sintió el alcohol en el corte—. La única vez que le respondí con puños casi terminamos matándonos de no ser porque los vecinos llamaron a la policía.
—Entonces no peleas con él, solo te dejas usar de bolsa de boxeo. —Había sido un poco duro, pero era lo que pensaba, y en verdad comenzaba a preocuparse. Quizás la próxima vez un golpe más fuerte de lo habitual ya no le permitiese contar el cuento. Sintió un escalofrío al pensar en esa posibilidad.
—No… no sé qué hacer. —Luffy bajó la vista, la clara preocupación en los ojos de Sanji le aliviaba y le redoblaba la culpa y la angustia, sus ganas de huir de la situación y de ayudar a Zoro. Comenzó a llorar en silencio, impotente, embrollado en sus propias emociones contradictorias. Cansado hasta mas no poder por todo, sintiéndose acorralado, pero reticente a dejar a Zoro por la suyas.
—Tienes que alejarte de él —dijo, cual obviedad.
—No puedo. —No quería reconocerle a Sanji que sí había pensado en esa posibilidad.
—¿Por qué?
Terminó de colocarle la cinta en la cabeza, adhiriendo bien la gasa y colocó las manos sobre las piernas de Luffy, quien estaba sentado en la mesada, como una forma fatua de consuelo. En ese momento quería abrazarlo, pero de nuevo se encontraba sin coraje para hacerlo. Sería un simple gesto entre amigos pero el cocinero temía lo que ese contacto pudiera desencadenar en sí mismo. Ganas de tener para con Luffy otros gestos de cariño, aquellos que los amigos no hacen.
—Él no tiene a nadie —comenzó a explicar lo que ni él mismo podía explicarse—, aparte pese a todo sé que me quiere. —Trató de controlar el llanto y lo logró. A Sanji le daba entre bronca y ternura verlo así, como un nene chiquito, hipando y secándose los mocos con el revés de la camiseta.
—Si te quiere no te lastimaría.
—Él es bueno, solo que a veces se pone así porque yo…
—No lo justifiques, no tiene ningún derecho a pegarte. —Lo retó un poco y eso solo consiguió que Luffy volviera a soltar lágrimas.
En ese momento Sanji mandó al diablo su hombría, dejó de lado los pudores y aprovechó que estaban solos en el baño para abrazarlo con fuerza por el cuello, acurrucándolo contra su pecho. En verdad quería ayudarlo, pero no sabía cómo. Apoyó su mentón contra la coronilla del otro y se sintió un poco mal de disfrutar de esa cercanía porque se producía a consecuencia de lo mal que su amigo la estaba pasando.
Luffy aceptó de buena gana ese consuelo. Se aferró a los brazos del cocinero, como un desesperado, apretándolo con fuerza contra su cuerpo, llorando, en ese punto, ya sin control. Sanji le repetía «tranquilo, todo estará bien», una y mil veces, sin dejar de acariciarle el pelo.
Me vi todos los capítulos de Mujeres asesinas de nuevo para hacer este fic xD Es una serie que me gusta mucho, aunque la versión argentina (las demás parecen capítulos de La rosa de guadalupe). Así que puede haber algunas referencias. Mi Zoro personal no era como este, su maltrato era más bien psicológico que físico. Me llevó cinco años salir de esa relación.
Bueno, estas notas en realidad era para darle las gracias a Igenay por su comentario; me alegra que te esté gustando pese a lo duro que es. Prometo tratar de actualizar más seguido, es que se me atravesaron otros pedidos y desafíos y bué... no pude ponerme con este capítulo, ¡pero ya tengo el siguiente! Es cuestión de que se lo pase a Yage para que me lo betee. Nos estamos acercando al final de esta historia, ¡están avisados!
¡Besos!
