CAPÍTULO 11
Al final Sanji dejó de lado los pudores y las dudas para sacarse los zapatos y acostarse, tal como estaba vestido, a un lado del muchacho. Por lo general tendía a bañarse antes de dormir, para no apestar la cama a pescado, pero estaba agotado ya que tuvo que hacer gran parte del trabajo de Luffy.
Zeff no dejó trabajar al muchacho en el estado en el que había llegado, pero Luffy igual se encargó de tareas muy simples, como pelar papas, llenar los saleros o los servilleteros y hacer la fajina de los cubiertos.
—¿Puedo abrazarte? —preguntó Luffy.
Solía dormir así con Zoro y era una costumbre. Necesitaba aferrar algo para quedarse dormido, así fuera la almohada que en ese momento era compartida, porque la cama era de una plaza.
Sanji no lo debatió demasiado consigo mismo, tras esas cuatro paredes no había nadie que lo juzgara más que él mismo, así que colocó a Luffy sobre su pecho para acomodarse mejor y no dormir sobre el borde.
—¿Estás mejor? —Su voz sonó fuera de lugar luego de un pronunciado silencio.
—No sé si voy a poder dormir, estoy preocupado por Zoro, Nunca lo había golpeado tan duro.
—No deberías preocuparte tanto, se lo merecía. —Sanji sí estaba agotado, así que dijo eso con un bostezo mediante—. Trata de dormir. Necesitas descansar la cabeza, mañana será un nuevo día.
Luffy no pudo hacerlo, al menos se contentó con mirar a Sanji en la penumbra, a estudiar sus cejas, a pensar en lo bonito que se sentía que lo trataran como él lo hacía. Aunque quizás Sanji no sentía lo mismo que él.
Apenas se hizo de día, trató de deshacer el abrazo en el que estaban envueltos para ponerse de pie.
—Lo siento, no quise despertarte —dijo Luffy cuando vio que el otro abrió los ojos.
—Es muy temprano, ¿qué pasa?
—Iré a casa, estoy preocupado por Zoro.
—Ya te dije que no deberías preocuparte por él —reclamó, estirando los brazos para desperezarse. Luego se sentó en la cama—. Y mucho menos volver.
—Como sea —continuó Luffy—, quiero ir a casa y asegurarme de que está bien. Y también necesito recuperar mis cosas.
—Bueno, si vamos a por tus cosas… —suspiró, un poco saturado de ese asunto, pero incapaz de no involucrarse emocionalmente— te acompaño.
Luffy no pudo con eso, se tiró sobre Sanji sorprendiéndolo, para después besarlo sin tomar en cuenta si el otro quería o no ese tipo de contacto. A diferencia de la ocasión anterior, el cocinero se sintió sobrepasado por esa clara demostración de amor y, como pudo, trato de corresponderla.
Primero lo abrazó y luego lo besó de vuelta, hundiendo la lengua en la boca de Luffy, saboreándolo como un desesperado. No se había dado cuenta de lo mucho que quería besarlo y tenerlo así, entre sus brazos. Tanto lo había anhelado que comenzaba a excitarse, sin embargo cuando vaticinó una ligera erección lo apartó de golpe y le pidió disculpas.
Con una vana, pero válida excusa, Sanji salió prácticamente corriendo para encerrarse en el baño. La erección era un hecho y esperaba que Luffy no se hubiera dado cuenta de lo que su beso había originado en él.
Sacó el pene del encierro e intentó deshacerse de la erección con una mecánica, fría y necesaria masturbación. Sin embargo eso no funcionó. Sin pretenderlo su mente divagó en los frescos recuerdos del beso, evocando la sensación de estos sobre sus labios. El calor del otro apretado contra sí.
Sin darse cuenta de cómo o cuándo, empezó a imaginar las manos de Luffy recorriéndolo con lentitud, metiéndose bajo sus prendas, frotándose contra él, también erecto. Lleno de deseo, mordiéndolo, besándolo y jadeando.
Cuando eyaculó contra el azulejo del baño rompió a llorar, presa de la culpa. Se había dejado llevar por el contacto con otro hombre, se había imaginado cómo sería estar juntos y eso lo hacía tan gay como lo era Luffy. O bisexual al menos.
No estaba con la cabeza puesta para analizarse en ese momento, lo único que tenía en claro era algo: le gustaba un chico. Quizás no fuera tan heterosexual como él creía y eso lo asustaba un poco.
¿Por qué demonios ese muchacho había aparecido en su vida para revolucionarlo tanto por dentro? ¿Para poner patas para arriba todo su mundo? ¿Para enamorarlo como lo estaba haciendo?
Sanji limpió la escena del crimen, se lavó la cara y salió, para cumplir con lo dicho de acompañar a Luffy hasta la casa. En el camino este le manifestó que también pretendía recuperar su valioso sombrero y le contó sobre el mismo, por qué era tan importante para él y por qué era su tesoro.
Le dijo que también pretendía recuperar las pocas fotos que tenía de Ace y algunos de los libros que le había llevado este cuando estuvo preso. Con tal de escapar de la furia de Zoro había salido de la casa sin billetera, sin su amado sombrero, sin abrigo, sin nada; solo había atinado a salir corriendo con lo puesto.
Cuando llegaron al edificio, a Luffy se le hizo un nudo en la garganta. Se sabía decidido y si bien ya no tenía miedo, estar allí de nuevo lo angustiaba. No estaba seguro de por qué, si quizás era la idea de verlo de nuevo a Zoro, o si era el hecho de ser acompañado por Sanji y que esto desencadenara una batalla entre ambos. No lo sabía con certeza. Quizás una mezcla de ambas.
Ante la puerta golpeó, pero no recibió respuesta alguna. Pensó con cierto tino que quizás Zoro se había emborrachado tanto que se había quedado profundamente inconsciente, más que dormido.
Con su juego de llaves abrió la puerta con duda, llamándolo con vacilación en el tono de voz. Caminó esos pasos por el pasillo como quien no quiere hacerlo, hasta que llegó a la puerta del baño y se encontró con una imagen horrible.
Vio a Zoro vestido dentro de la tina llena de agua, el color de la misma era de un rojo profundo, inquietante. Percibió que uno de los brazos caía flácido hacia un costado, mostrando una herida. Un corte profundo y largo.
—¡Zoro! —Luffy corrió esos metros para tomarlo de los brazos y sacarlo con desesperación.
El agua estaba helada, al igual que el cuerpo del ex policía. En ese momento Sanji entró, alarmado por ese grito desgarrador. Vio a Luffy arrodillado en el piso, tomándole las muñecas a su antigua pareja, como tratando de borrar esas marcas.
—¡Llamaré una ambulancia! —Sanji fue resolutivo, salió del cuarto del baño y golpeó en la puerta del vecino.
—¡¿Por qué, Zoro?! —se lamentaba Luffy llorando a mares— ¡¿Por qué hiciste esto?! —Lo abrazó fuerte, dándose cuenta en ese instante que lo quería. Que todavía seguía sintiendo por él cálidas emociones.
—¡Ya vienen en camino! —avisó Sanji volviendo al baño, para ver a un Luffy quebrado, abrazando el cuerpo de quien era su pareja.
Luffy no soltó a Zoro, recién lo hizo cuando la ambulancia llegó. Habían sido rápidos en arribar, pero el desenlace era el que nadie quería o esperaba. En su interior, Luffy esperaba escuchar que sería llevado al hospital, pero las palabras del médico que revisó a Zoro fueron escalofriantes.
—Lo siento mucho. —Con esas pocas palabras el doctor estaba dando la peor noticia.
—¡Sálvelo! ¡Llévenselo al hospital, no se queden ahí parados! —reclamó Luffy tomando al médico de la chaqueta.
—Luffy —le habló Sanji con cuidado, para tomarlo del brazo así dejaba de zarandear al doctor—, está muerto.
—No hay nada que podamos hacer. —El facultativo era impávido al hablar porque estaba demasiado acostumbrado a vivir situaciones así.
Cuando alguien se suicidaba, era común que los familiares o allegados tuvieran diversas reacciones, una de ellas era enojarse, otras era llorar, lamentarse y echarse la culpa.
—¡No, no, no! —Luffy pegó la frente al pecho de Zoro— ¡Esto no puede estar pasando!
—¿Tienen una sábana para cubrir el cuerpo? —preguntó el doctor—. Pronto llegará la policía. Solo por rutina. El cuerpo será trasladado a la morgue y luego tendrá que hacer el trámite para…
Luffy dejó de escuchar, de golpe nada le llegaba, ni el confort de Sanji, ni las indicaciones del médico. Nada. Se sentía inmerso en una oscuridad penetrante. No podía asimilar que Zoro estuviera muerto.
—Ven, Luffy. —Sanji lo tomó delicadamente del brazo para pararlo y arrastrarlo hasta el sillón. El muchacho se dejó arrastrar y consolar. Lloraba entre los brazos de Sanji, haciendo verbal su sentir.
—Es mi culpa. Es mi culpa.
—No es tu culpa —contradijo el cocinero—. Él no era una persona estable.
—M-Me dijo que si lo dejaba… se iba a suicidar. —Lo miró a los ojos, lleno de remordimiento—. Pensé que solo lo decía para que no lo dejara, pero al final…
—Maldita sea, Luffy. No es tu culpa —repitió secándole las lágrimas con las yemas de los dedos—. Sé que no es el mejor momento para decirlo, pero lo odio. Odio que se haya quitado la vida. Odio que te haga sentir así. No te mereces nada de esto.
—No puedo creer que esté muerto —dijo más calmo, pero de golpe volvió a quebrarse y pegó un grito tan desgarrador que Sanji lo abrazó con fuerza.
—¿Vamos a comprarle unas flores? Te hará bien salir de aquí.
Luffy no quería. No quería hacer el entierro, no quería ir a comprar flores para poner en su lápida, no quería admitir que Zoro estaba muerto. Se sentía tan culpable. Al final no lo había podido ayudar.
Una vez afuera, Sanji pensó con acierto que el muchacho no estaba en condiciones de hacer todo el papelerío pertinente. Debería hacerlo él. Además tenían que tener en cuenta los gastos del entierro. Morir era caro.
—Se mató por mi culpa.
—Ya deja de decir eso, no es verdad. Se mató porque quiso —le contradijo mientras se sentaban sobre unos bancos, en la plaza. Habían dejado el ramo de tulipanes blancos a un lado de ellos.
—No puedo evitar sentirme tan culpable.
—No llores —rogó al verlo quebrarse. Sin pudores y aunque estaban en la calle, lo tomó entre sus brazos para consolarlo— Bueno, en realidad, llora todo lo que quieras. No está mal que lo hagas y es comprensible. Sobre el entierro…
—No quiero hablar de eso.
—Lo sé, pero escúchame. Hay que hablar de esto —solicitó apartándolo un poco para mirarlo a la cara—. Me contaste que él no tiene familia ni amigos.
—Solo me tenía a mí.
—Sé que es caro enterrar a alguien, pero no te preocupes, yo tengo dinero ahorrado. Algún día me lo devolverás.
—Gracias, Sanji. Siempre eres tan bueno conmigo —dijo, dejándole un beso en la mejilla.
—Te amo. Y me parte al medio verte así. —Aquel sinceramiento nació sin pretenderlo. No era el mejor momento para soltar esa frase tan significativa, pero le había surgido de manera natural. Lo dijo casi sin pensar en lo importante que eran dichas palabras—. Volvamos a buscar tus cosas.
—¿Puedo pasar la noche en el Baratie?
—Claro, menso. No pensaba dejarte solo.
—No quiero estar solo —dijo hipando de la angustia.
Al llegar al departamento de nuevo, el cuerpo de Zoro ya no estaba. Eso supuso un alivio para Luffy quien con desgano tomó un bolso pequeño para meter sus pocas pertenencias.
Se acercó a la pared y miró el sombrero colgado, pensando en que Zoro ya era la tercera persona importante que perdía en su vida. Lo tomó, le sacudió el polvo y se lo colocó. Decirle adiós a esa casa y a su vida con el policía que una vez lo ayudó a salir de las drogas era difícil dadas las circunstancias, pero le consolaba saber que Sanji estaba a su lado.
—Yo hablaré con el viejo para que hoy no trabajes —dijo Sanji de camino al Baratie.
—Se va a enojar. Ya ayer no trabajé. Encima me estoy quedando a dormir —dijo Luffy preocupado, en una mano llevaba el bolso y en la otra el ramo de flores.
—No se va a enojar. Parece enojón, pero en el fondo es blando. —El cocinero conocía bien a su padre adoptivo.
Sí, Zeff se quejaría de tener que darle otro día libre a Luffy, pero entendería la situación. Que se quedara a dormir en el cuarto de Sanji no le molestaba, pero le hacía sospechar.
Fue el día más largo en su vida para Luffy. Se quedó en el cuarto de Sanji desde el mediodía hasta la noche. No quiso comer y eso era para preocuparse. El cocinero iba a verlo de vez en cuando, para encontrarlo siempre llorando, echado en la cama boca arriba y mirando el techo.
¿Cuánto tiempo más Luffy seguiría mortificándose con la decisión que había tomado Zoro? Le dolía verlo así, quería ayudarlo a pasar ese mal trago, pero Sanji sabía que era cuestión de tiempo. Que eran normales las emociones de Luffy. Algún día la muerte de Zoro dejaría de dolerle tanto, solo esperaba que la herida cicatrizara pronto.
Luffy era fuerte, muy fuerte emocionalmente. La vida lo había hecho así. La muerte de Ace había sido lo más duro que tuvo que afrontar en toda su existencia, dicha muerte le había ayudado y enseñado a lidiar con las emociones.
Perder a un ser querido era algo duro, muy duro. Y solo el tiempo permite que dicha pérdida deje de pesar tanto. Luffy jamás olvidaría a Zoro, incluso lo recordaría con cariño, rescatando las pocas cosas buenas que tenía su pareja fallecida.
Prefería guardar los recuerdos bonitos junto a Zoro que quedarse con las situaciones amargas que vivió a su lado. No lo justificaba, en lo absoluto, pero sabía que en el fondo Zoro no era malo. Solo necesitaba ayuda, una que Luffy no supo o no pudo darle.
Aparte de culpable se sentía impotente y dicha impotencia lo desbordaba, lo hacía llorar y gritar. No podía todavía aceptar que Zoro estaba muerto, le dolía demasiado porque no había sido una muerte natural.
—¿Ya cerraron? —preguntó Luffy cuando vio entrar a Sanji por enésima vez al cuarto.
—Sí. ¿Te sientes mejor? —cuestionó sentándose en la cama, a un lado de él.
—No. Cada vez me siento peor —confesó largándose a llorar para de inmediato aferrarse a la camisa de Sanji y hundir la cara en su pecho.
—Tranquilo —dijo, acariciándole el pelo—. Iré a bañarme, cuando vuelva charlamos. —Quizás esa noche Luffy no podría dormir y era entendible.
El cocinero solía quitarse la ropa en el cuarto, pero a pesar de la situación, desnudarse delante de Luffy le daba pudor, así que tomó las prendas que usaba de piyama y se fue al baño.
Al regresar Luffy seguía llorando, no dejaba de hacerlo, solo que en ocasiones estallaba. Su llanto desgarrador era como el de un niño y se le hacía contagioso. De golpe Sanji sentía un nudo en la garganta, pero dentro de él se decía que no debía llorar, que tenía que ser fuerte para así poder sostener a Luffy, quien se deshacía en pedazos.
Se acostó en la cama, junto a él y comenzó a llenarle la cara de besos. Lentos, espaciados, reconfortantes. Luffy no podía corresponderle, pero cuando sus labios rozaron los de Sanji supo reaccionar.
De golpe volvía a sentir culpa, por disfrutar de un tenue beso con otro hombre que no era Zoro, estando este muerto. Dicho contacto, Sanji lo hizo más osado. Hundió la lengua en la boca de Luffy, saboreándolo con desesperación.
Como en la vez pasada, volvió a ocurrirle lo mismo al cocinero. Una erección se hizo presente, una que contrario a la ocasión anterior, no buscó ocultar. Ni a Luffy ni a sí mismo.
—Lo siento —dijo Luffy mirando hacia abajo, podía ver el bulto en la tela del pantalón deportivo negro que llevaba su amigo—. No tengo mucho ánimo para tener sexo. ¿No te ofendes?
—Claro que no, tonto —dijo riéndose apenas, un poco nervioso y avergonzado. Hasta se sentía un aprovechado, porque Luffy estaba muy vulnerable, la estaba pasando mal y él ahí, teniendo una erección.
—A decir verdad —confesó Luffy ya sin llorar—, no me gusta mucho el sexo.
—Tranquilo. Yo nunca estuve con un tipo. Ni tampoco pretendo que pase algo hoy —dijo poniéndose boca arriba para acomodar a Luffy sobre su pecho—. Solo fue una reacción de mi cuerpo. Se ve que me gusta mucho besarte.
Luffy se quedó pensando en lo extraño que le resultaba que Sanji no le exigiera sexo. Usualmente Zoro era desconsiderado con sus emociones, no solía importarle mucho si quería o no tener relaciones. Tomaba lo que consideraba que era suyo.
Pero ahí estaba Sanji, quizás porque no quería admitir que le atraía un hombre, tal vez porque no tenía experiencia ni con mujeres, pero no le estaba reclamando que atendiera esa erección.
Cuando Luffy quiso darse cuenta, Sanji roncaba. Él no pudo dormir en toda la noche. Sobre el pecho de su amigo lloró y se lamentó hasta que le quedaron los ojos hinchados.
Al otro día Sanji se hizo cargo de todo el trámite pertinente. Arrastró a Luffy hacia el cementerio y entre los dos despidieron los restos de Zoro. El muchacho esperó a que pusieran el cajón dentro del hueco cavado para dejar el ramo de tulipanes sobre el mismo.
¡PERDÓN, ROSA! Me tardé una eternidad en traer el capítulo, es que se lo pasé a Yageni y ella me dijo que no le gustaba la idea de que Zoro se suicidara. Así que pensó en hacer una historia paralela (estén atentos a su perfil). De plus, mi mamá estuvo internada y tuve que cuidarla. Conseguí empleo, y eso me quita tiempo. Hoy actualizo porque se lo debo a Rosa y porque mañana tengo franco. Espero que la historia les siga gustando.
