Días Felices en Tiempo de Guerra

Resumen: Desayuno divertido. Cumpleaños al estilo Merodeador. Decisiones, preocupaciones, precauciones y preparativos. Bodas mágicas.

Amaneció un día domingo soleado. Dos chicos de pelo negro estaban mirando a través de los ventanales de las habitaciones de Deercourage en que dormían, tensos y preocupados.

Aún tenían pendiente el destruir la copa pero los del G.A.H. les habían pedido que esperasen para ir por ella a tener más datos, los cuales ellos investigaban. Harry accedió para no tensar a su padrino.

Además Hermione le había recordado que aún les faltaba identificar uno. Ellos podían investigar en la biblioteca del colegio mientras ayudaban con los arreglos para las bodas, sin levantar sospechas de los otros miembros de La Orden del Fénix. Ya tenían la pista sobre dos posibilidades para el horcrux faltante, aunque la información sobre estos dos objetos era muy escurridiza.

Los cinco chicos del G.E.J.M.A. tenían información parcial sobre los horcruxes, como inicialmente la tuvieron los del E.D.H. que no participarían en su destrucción, ayudándolos a investigar a los chicos sobre "Objetos relacionados con los fundadores de Hogwarts que pudiesen haber sido convertidos por Voldemort en objetos malditos que imposibilitarían el que él fuese asesinado".

Sospecharon Gabrielle y Daphne cuando les contaron del arcón con las varitas de los fundadores, despertando el recelo de Hermione y el temor en los gemelitos castaños, pero Harry no estaba convencido pues no había percibido cuando estuvo en contacto con el extraordinario objeto energías negativas, como si le ocurrió con el medallón real.

Pero la castaña le hizo dudar al recordarle que, debido a la tensión del momento, podía no haberlo detectado. Harry, Hermione y Ron le hicieron la prueba al arcón, mientras Ginny, Luna, Neville, Angela y la directora McGonagall observaban atentos desde el otro extremo de la oficina de la última, descartando así la antigüedad como posible horcrux.

Los dos chicos de pelo negro estaban también angustiados por las palabras de Sirius el día que les arrancó la promesa a todos y cada uno de los miembros del E.D.H. Los gemelitos también le habían tenido que prometer lo mismo para que él se quedase dormido con poción con sabor a chocolate.

Lo que había dicho sobre caer de nuevo tras El Velo de la Muerte, o algo peor, con tal de ponerlos a salvo los tenía muy tensos. ¿Qué pasaría si descubría que iban a batallas bajo sus personalidades alternas, como había decidido el líder del E.D.H.?

Harry se sentía culpable de la mirada de agradecimiento de su padrino desde ese día. Peor aún con las de inquisitivo regaño de Wymond, Remus, Aline, Humphrey, Eloise, Nymph y Meg. Sabía que sospechaban de él y la promesa que hiciese, imitándole al pie de la letra los otros chicos, pero también que les sería imposible el adivinar su truco hasta que se presentasen en un par de batallas. Estaba seguro que en ese momento los interrogarían a él y sus amigos, que tendrían que buscar métodos de evasión.

Miró a sus compañeros de cuarto durmiendo tan tranquilos. Aún Neville estaba allí. La noche antes había regresado de La Fortaleza, la mansión Longbottom, luego de hablar con sus padres y abuela sobre la reunión que tendría ese día el E.D.H. con el G.A.H. Suspiró resignado y salió en silencio de la habitación. No lograba conciliar el sueño desde la madrugada. Había visto al sol luchar contra la negrura de la noche primero y luego contra las nubes, para ofrecerles un día luminoso de aquél temprano y frío invierno.

Cuando llegó a la cocina denegó suavemente. Allí estaba su compañera de insomnio empezando a preparar chocolate, té y tostadas, con ojeras y el ceño fruncido. Era por eso que tenían desde el miércoles durmiendo todos en el primer piso, pues los otros chicos se habían dado cuenta del poco descanso de ambos.

—¿Qué haces despierta tan temprano? —le preguntó con suavidad para no asustarla, aunque con pose de regaño.

Angela se sobresaltó, se giró y, al verlo mirarla dispuesto a regañarla, bajó la mirada de nuevo hacia lo que estaba cocinando. Le contestó en voz baja:

—Tenía varias horas despierta. Me desperté con pesadillas nuevamente.

Harry suspiró y se le acercó, acariciándole la cabeza con cariño. Tomó la paleta y siguió él con las tostadas, mientras ella bajaba el chocolate del fuego y empezaba a poner la mesa.

—Le has dado una forma muy curiosa a las tostadas hoy. —comentó sonriente al ver las caras que había dibujado la chica con la masa.

—A los gemelitos les divierte que el desayuno tenga figuras. —explicó ella sonrojada.

—Es una excelente idea. Deja eso y luego terminamos de poner la mesa los dos. Ven y me ayudas a generar formas divertidas con lo demás. —le pidió con el rostro de un niño listo para hacer una picardía.

Al verlo así Angela sonrió traviesa. Se le acercó con los huevos y el tocino. Pusieron manos a la obra mientras ella le contaba en qué consistía el "desayuno divertido".

Hermione y Meg fueron las primeras en bajar. Las dos tenían las varitas en sus manos al llegar a planta baja, intrigadas por el ruido y las risas provenientes de la cocina. Al entrar se consiguieron a los dos chicos de pelo negro llenando el comedor con confeti, serpentinas y harina, que se arrojaban con las varitas. Reían abiertamente. Con la mesa dispuesta ya, la comida estaba recibiendo parte de sus mutuas bromas. Se miraron enarcando las cejas. ¿Qué les pasaba a los dos?

—Buenos días chicos —saludó Meg en voz alta. Las risas cesaron de inmediato, con los dos mirándola asustados con expresión de chiquillos pillados en una travesura—. Se han levantado muy temprano hoy. ¿Ése es el desayuno? —les preguntó señalando la mesa.

Al mirar la comida los dos pelinegros y verla rociada con sus bromas se sonrojaron mucho. Regresando las miradas a las dos recién llegadas.

—Buenos días —respondió tímidamente Angela, mordiéndose los labios nerviosa. Miró la comida de reojo, intentado pensar cómo podía resolver el desastre que habían creado—. Sí, es el desayuno.

—Buenos días. ¿Estaban preparando algún tipo de decoración especial? —se burló la castaña.

—Buenos días —respondió Harry—. Nosotros… emmm… Estábamos preparando algo… divertido para los niños y… —miró de reojo la mesa y a su compañera de travesuras, sonriendo sin poder evitarlo.

—Y por lo que veo empezaron a divertirse ustedes dos. —completó Meg sonriente.

Los dos bajaron la cabeza avergonzados.

—No se preocupen chicos, Hermione y yo los ayudaremos a limpiar esto antes que bajen los demás.

—Gracias. —murmuraron los dos a coro.

Media hora más tarde cuando los demás bajaron estaba todo limpio y ordenado, con los platos servidos con las figuras que habían hecho los dos chicos con la comida, riendo los cuatro divertidos. La mujer rubia les contaba sus travesuras de niña, cuando con sus hermanos jugaban con el desayuno haciendo rabiar a su mamá y reír a carcajadas a su papá.

Cuando le habían preguntado quién era el otro niño en sus historias les había contado que Jett fue su otro hermano, quién falleció cuando estudiaba su tercer año pocos meses antes de la desaparición de Voldemort. Los tres chicos se habían disculpado por recordarle aquello, pero ella había denegado y les explicó que lo recordaba con mucho cariño y fue su inspiración para convertirse en auror. Luego les siguió contando anécdotas que destensó el ambiente hasta que los cuatro se estaban riendo nuevamente.

—Buenos días mi amor —la saludó muy sonriente Sirius—. No puedo creer lo que he estado escuchando en los últimos minutos. La muy seria Meg Heigh hacía bromas de niña.

—Y por lo que llegó a mis oídos muy buenas —completó Remus sonriente—. Buenos días.

En la cara de la rubia se hubiese podido cocinar. Angela, Hermione y Harry se taparon la boca para contener la risa al verla así, hasta que lograron dominarse para responder el saludo.

—Buenos días.

—¡Desayuno divertido! —exclamaron Chris & Chris a coro viendo los platos, con los rostros rebosantes de felicidad.

—¡Oh no! —exclamó Jessica con expresión de susto.

Angela y Harry soltaron carcajadas al oírla, pues ya la primera le había contado al segundo en qué consistía la segunda parte del ritual, después de hacer que la comida tuviese formas. Los otros siete chicos del E.D.H., los cinco del G.E.J.M.A. y los treinta adultos los miraron interrogantes.

—Entréguenme los diecisiete las varitas. —ordenó Remus, previendo por la cara de su hija que el comer les llevaría el doble del tiempo que normalmente requeriría.

—Pero tío Remus…

—… así no será divertido.

Se quejaron Chris & Chris mientras Jessica soltaba el aire retenido, aliviada.

—Lo supuse. —respondió tendiendo la mano derecha hacia ellos y la izquierda a sus sobrinos, que lo miraban tristes. Notó por primera vez sus ojeras y los detalló, preocupado.

—Papá, no podrías… —intentó Angela mirándolo suplicante.

—Lo siento linda, pero no voy a contradecir una orden directa de tu tío. —la interrumpió Sirius, con sus ojos grises tristes mirando preocupados a su hija y su ahijado.

Ya había discutido con Remus varias veces por ayudarlos. Desde que se había enterado que era su hija, la muerte temprana de los Brown y todo lo que implicaba el Entrenamiento Cundáwan al que se veía sometida por su don especial, la mimaba y protegía mucho. Pero su amigo, su prima, su novia y los tíos de la chica le habían hecho comprender que la chica necesitaba aprender que podían disciplinarla con cariño. Especialmente después de la conversación que tuvieron los dos en el jardín de La Madriguera.

Los dos pelinegros suspiraron resignados y entregaron las varitas, siendo seguidos por Chris & Chris, haciendo pucheros la chica, refunfuñando en voz baja los dos niños algo en lo que todos pudieron oír el nombre de Jessica, denegando el chico. La castaña y la mujer rubia se miraron un poco tristes. Hermione entregó su varita sin mirar a Remus, poniéndose de pie para desplazarse hasta el otro extremo de la mesa seguida de los cuatro regañados. Se sentaron los cinco allí cabizbajos. Meg tomó de la mano a Sirius y lo arrastró hasta sentarse los dos junto a ellos.

Remus miró triste las varitas en su mano, arrepintiéndose de haberles privado de la diversión. Miró a su hija con una pregunta silenciosa en el rostro, apagándose aún más su ánimo al ver que ella también se había entristecido. Miró a su prometida y sus amigos pidiéndoles ayuda en silencio, mientras su hija y los demás chicos le entregaban las varitas.

Ginny y George fueron los primeros, evidentemente molestos, dirigiéndose rápidamente a las sillas que sus parejas les habían apartado junto a ellos. Una vez allí los mimaron en silencio, cruzando rápidamente miradas preocupadas por el aspecto de sus novios.

Aline sonrió con picardía y le guiñó un ojo al ex licántropo. Simulando rápidamente seriedad se sentó a la mesa. Wymond enarcó las cejas al notar el gesto de su esposa. Miró rápidamente a su cuñado y notó el brillo de una travesura en sus ojos. Señalándole con disimulo a su hermana le sonrió, recuperando rápidamente la seriedad. Sue, Pacey, Hestia, Jarod, Nymph, Remus y Sirius, que habían estado atentos al cruce de gestos y miradas, se alegraron. El Merodeador de ojos dorados miró a los otros dos con un brillo especial en la mirada, comprendiendo ellos que él también tenía una idea.

Meg, que les había visto de reojo, contuvo con dificultad una sonrisa. Ese desayuno iba a durar casi toda la mañana. Le rozó la mano a su prometido y le guiñó un ojo rápidamente, simulando en seguida que seguía enfadada con él por no ayudar a los chicos cuando su hija se lo había pedido.

Una vez que todos se sentaron en silencio un pequeño gritito de alegría de la niña los interrumpió.

—Buenos días, jovencita —le decía con voz de caricatura la tostada a Christine, después de guiñarle "el ojo" que le había dibujado Angela—. ¿Le gustaría participar en una obra de teatro?

—Sí. —le respondió la niña ilusionada.

—Buenos días, jovencito —dijo seguidamente con voz de caricatura el huevo frito a Christopher, después de guiñarle "el ojo" que le había dibujado Harry con trocitos de bacón—. Creo que su hermana necesitará ayuda.

—¡Síii! —exclamó feliz Christopher.

Angela y Harry levantaron las miradas interrogantes hacia los adultos en la mesa al ver a su comida guiñarles "un ojo". Sonrieron felices al verlos varita en mano dirigir aquello.

Durante dos horas todos rieron y disfrutaron de la "obra de teatro y coreografía" de la comida, los cubiertos, los vasos y las jarras de té y chocolate, que les hablaban con voz de caricatura, se movían y bailaban, dándoles de comer a los divertidos comensales mientras les relataban historias sobre hadas, duendes, gigantes y elfos.

Ginny y George les agradecieron en silencio con sonrisas y asentimientos, al ver a sus parejas disfrutando tanto como los cinco niños, pues Gabrielle, Timothy y Jefferson reían tan dichosos como Chris & Chris, Angela y Harry. Jessica miraba a los siete felices y reía abiertamente con las ocurrencias de su papá, sus tíos y los otros miembros del G.A.H. Había sido víctima de varias bromas pero las aceptó de buen grado, feliz al ver a su prima batir palmas como una niña pequeña.

Cuando terminaron de comer la coreografía siguió con los útiles de limpieza, los platos, cubiertos, vasos, jarras y ollas, hasta que todo estuvo recogido, limpio y ordenado.

—Muy divertido papá —se le abrazó Angela por la cintura—. Muchísimas gracias.

—Dáselas a tu tía Aline y a tu tío Remus, cariño, los demás sólo los hemos ayudado con sus ideas. —le respondió abrazándola y señalándole con la cabeza al hombre de ojos dorados, que los miraba a Harry y a ella con un halo de tristeza y preocupación en la mirada. Le dio un beso en la frente antes de dejarla ir.

Angela le asintió sonriente y se acercó a su tío cautelosa. Al verlo sonreírle lo abrazó con mucho cariño y le dio un beso en la mejilla, recostándose luego en su pecho.

—Gracias, tío Remus, por hacer del desayuno un momento tan especial para los niños, para Harry y para mí.

—Perdóname por no permitir que Harry y tú…

—Ha sido lo mejor, tío —lo interrumpió la chica—. Las ideas de ustedes fueron más divertidas que lo que teníamos planeado.

—Angela tiene razón, tío Remus —la apoyó Harry, abrazándolo también al desplazarse la chica para darle espacio—. Sigues teniendo las mejores ideas para las bromas Merodeadoras.

—Me voy a poner celosa. —les dijo Aline con fingida molestia. Sonrió feliz al ser abrazada simultáneamente por sus dos sobrinos, que habían soltado al hombre después de guiñarle un ojo.

—Gracias tía Aline. Eres excelente bromista. —la halagaron los dos chicos a coro.

Los otros miembros del G.A.H., del E.D.H. y los cinco del G.E.J.M.A. sonreían felices, mientras Chris & Chris les entregaban a cada una de las ayudantes de Aline un ramo de flores silvestres. Nymph, Eloise, Meg, Sue, Abby, Fleur, Hestia y Clarisse los recibieron sonrientes. Wymond, Humphrey, Sirius, Pacey, Charlie, Bill, Jarod y Kingsley se vieron sorprendidos por unas bolsas de caramelos que los niños pusieron en sus manos, en agradecimiento por el "desayuno divertido".

Separaron un poco a los dos chicos de pelo negro de Aline y le entregaron un ramo de flores más grande, con una rosa azul al centro. La Cundáwan la miró emocionada, abrazándolos enseguida. Era su flor favorita. No sabía que los chicos estaban al tanto y el detalle la emocionó hasta las lágrimas.

Remus los miró interrogante, y un poco suspicaz, al notar la picardía combinada con emoción en los rostros de los pilluelos. Los gemelitos se aproximaban a él con una caja de aproximadamente cuarenta centímetros de largo, treinta de ancho y veinte de alto. La llevaban entre los dos con mucho cuidado, luego de haberle pedido a Harry que la convocase para ellos desde la habitación en la que dormía el niño. El pelinegro tenía días preguntándole al gemelito qué era aquello pero se había negado a responderle, aunque le había asegurado fervientemente que era inofensivo y no los metería en problemas.

—Teníamos algún tiempo…

—… preparando algo especial…

—… para ti, tío Remus…

—… Buscando el momento…

—… adecuado para entregártelo…

—… cuando lo tuvimos listo y…

—… ese momento ha llegado…

—… Esperamos que lo disfrutes mucho. —Terminaron los dos a coro, poniendo en sus manos la caja.

Remus se acercó a la mesa colocando sobre ella la caja, la cual pesaba un poco. La movió lentamente, con cuidado, sospechando alguna treta de los niños, pero con mucha curiosidad por el peso de la caja y la expresión expectante de los dos. Al tocarla con la varita se desvaneció la tapa y los laterales cayeron a los lados, revelando su contenido. Se quedó mirando aquello boquiabierto, sorprendido. Los treinta y dos espectadores del ritual de entrega de los gemelitos, también veían sorprendidos el contenido de la caja.

Los niños habían hecho con el chocolate de varias barras treinta y nueve figuras. Usaron los envoltorios para adornar la base de cartón grueso, en que las habían ubicado para darles un adecuado soporte. Se podían ver veintidós lobos adultos y diecisiete lobeznos, cinco de ellos más pequeños que los otros doce.

El lobo jefe de la manada tenía un porte fuerte y orgulloso, sentado sobre sus cuartos traseros sobre una piedra grande plana, mirando sobre el círculo en que se encontraban otros treinta. Dos lobos y una de las lobas estaban ubicados en un triángulo alrededor de los demás, incluyendo el líder, mirando hacia fuera en poses protectoras.

Una de las lobas estaba echada al centro, con una lechuza en un hombro y una gata también echada a su lado. Alrededor de ella se sentaban dos de las lobas jóvenes y tres de los lobeznos más pequeños.

Cuatro parejas de lobos adultos estaban en el perímetro del círculo, pendientes de los más jóvenes en actitud protectora, mientras cuatro parejas de lobos jugaban con cinco parejas de lobeznos y una loba adulta con los otros dos lobeznos pequeños. Uno de los lobeznos tenía dibujada una mancha en forma de rayo en la frente, con un chocolate más claro.

Al ver los ojos dorados brillar con lágrimas los gemelitos se preocuparon.

—¿No te gusta, papá Remus? —preguntó la niña con tono triste.

El hombre los vio de pie frente a él y no pudo articular palabra. Los atrajo hacia él en un fuerte abrazo mientras las lágrimas bañaban su rostro. Los niños se le abrazaron emocionados y empezaron a sollozar también, al igual que Jefferson y Jessica abrazados a Nymph. Daphne le acarició con cariño la cabeza a un muy emocionado Timothy mientras Isolda lo hacía con Gabrielle, a quien se le habían escapado lágrimas silenciosas.

—Con lo que les gusta el chocolate será mejor que no te confíes para comerlas, tío Remus —dijo Angela con la voz entrecortada por la emoción, fingiendo desconfianza—. Seguro son de arcilla recubierta.

—Claro que no. —protestó ofendido Christopher.

—Están totalmente hechas de chocolate. —aseguró Christine con la voz quebrada por el llanto.

—Hemos reunido todo el que nos daban a comer. —siguió el niño mirando a la "guardiana regañona" con gesto desafiante.

—Y las hicimos con los hechizos que investigamos para las estatuas de la Fuente de la Hermandad Mágica. —terminó la niña mirándola ceñuda.

Angela sonrió triunfal, pues había logrado su objetivo. Chris & Chris abrieron la boca sorprendidos al ver su gesto, comprendiendo que los había empujado a delatar cómo las habían hecho. Se miraron rápidamente a los ojos, girando sus rostros ansiosos hacia los dorados ojos que los miraban con una sonrisa. Al ver la expresión de Remus soltaron la tensión que se había generado en ellos, creyendo que los regañarían. Los otros adultos sonrieron al notarlo. Sue, Pacey, Abby y Nymph le guiñaron un ojo a Angela.

—Han hecho algo muy especial para mí. No sé cómo agradecérselos.

—Disfruta mucho comiéndolas. —respondieron los dos niños a coro, sonrientes.

—Tal vez podrías perdonarnos…

—… también la próxima travesura. —añadieron rápidamente, dispuestos a aprovechar el buen ánimo de quien había sido su tutor y se seguía comportando como un padre con ellos.

Aquello los hizo estallar a todos en carcajadas.

—De acuerdo. Dejaré que sus padres adoptivos y sus otros tíos se encarguen de ustedes la próxima vez. —aceptó con una sonrisa pícara el hombre castaño.

Los dos niños miraron a los otros adultos con expresiones preocupadas. Se miraron entre ellos, se encogieron de hombros y se unieron a las risas de quienes los rodeaban.

—Les han quedado demasiado bien —comentó Remus mirando de nuevo las figuras—. No me las comeré.

—Increíble, "lunático" rechazando chocolate —intervino Sirius mirándolo con fingido asombro—. Será mejor que lo lleves a San Mungo para que lo examinen, primita, debe estar muy enfermo.

—Muy gracioso, "canuto". ¿O es envidia?

Al verlo entrecerrar los ojos se rió de nuevo. Había acertado.

—Pero nosotros queríamos que disfrutarás el chocolate cuando las hicimos, tío. —afirmó preocupado Christopher.

—Angela, ¿podrías copiar las figuras en arcilla para que tío se pueda comer las de chocolate? — le pidió Christine.

—Claro que sí —sonrió ella, haciéndolo gustosa. Luego convocó una bolsa grande color dorado con un lazo rojo de su cuarto, se aproximó a su papá llevando a "su hermanito" de la mano y se la entregaron entre los dos, sonriendo ampliamente al ver sus ojos grises brillar con ilusión—. Harry y yo teníamos esto preparado desde que te trajimos de regreso, papá.

—Esperamos que te guste, padrino. —agregó el pelinegro sonriente, con sus esmeraldas chispeando con picardía.

—Feliz Cumpleaños Sirius. —gritaron a coro los diecisiete chicos.

El cumpleañero abrió alborozado la bolsa. Abrió mucho los ojos al ver su contenido, sacándolo con cuidado para verlo mejor. Inicialmente no podía creerlo. Los ojos se le llenaron de lágrimas al aceptar su mente lo que sus ojos veían. Remus y Wymond miraron boquiabiertos aquello, con los ojos muy abiertos.

—Lo conseguimos en la casa del Valle de Godric —le respondió Harry a la pregunta muda de su padrino—. Lo arreglamos y le buscamos la compañera. —finalizó sacando de la bolsa el otro y poniéndoselo en la otra mano.

Eran dos peluches de perros. El primero que había sacado el Merodeador, grande, lanudo y negro, era el que él le había regalado a su ahijado cuando era un bebé. El segundo era una perra blanca, también lanuda pero un poco más pequeña que el otro peluche. Los dos ladraban y batían la cola cariñosos.

Al ver la plaquita dorada de la perrita, con el nombre Meg escrito con letras rojas en ella, la rubia se sonrojó y los ojos se le llenaron de lágrimas con la emoción.

Sirius los apretó tan fuerte en un abrazo que Harry sintió que se quedaba sin aire, pero estaba tan feliz de ver el rostro de su padrino justo antes de abrazarlos que no se quejó. Las lágrimas acudieron a sus ojos cuando lo sintió y escuchó llorando. Pasaron casi diez minutos en esa posición, con Remus mirándolos mientras lloraba también, antes que Sirius lograse recuperar la calma.

—Me han hecho un hombre muy feliz, chicos. —les aseguró con la voz entrecortada por la emoción.

Angela le limpió rápidamente el rostro con su pañuelo y le dio un beso en la mejilla. Luego se giró hacia Meg, le guiñó un ojo mientras le señalaba la perrita blanca con un leve movimiento de su cabeza y se giró hacia los demás.

Vio feliz a Jefferson y Jessica abrazados a Nymph y Remus, sollozando los cuatro quedamente con expresiones de felicidad en los rostros. Timothy se les acercó dudoso cuando Daphne le empujó levemente hacia ellos, uniéndolo Sirius al abrazo en que rodeó a Meg, Angela y Harry, con una gran sonrisa.

Una vez que el hombre pelinegro de ojos grises soltó el apretado abrazo en que los tenía Harry se limpió rápidamente las lágrimas del rostro, sonriendo al sentir a Sirius alborotar aún más su indomable pelo negro. Tomó aire y luego de guiñarle un ojo a Meg se giró para mirar a los demás.

—Vamos a finiquitar los detalles de la fiesta de cumpleaños.

Sus dieciséis compañeros asintieron y se dirigieron a la salida de la cocina.

—Angela, Harry, ¿podríamos hablar con ustedes un momento? —los detuvo Wymond antes que saliesen.

Ginny y George lo miraron preocupados, quedándose parados al lado de ellos en actitud de defenderlos. Hermione y Ron retrocedieron y los apoyaron de inmediato.

—No los vamos a regañar, chicos —les aclaró Aline, sonriendo por la actitud protectora de los tres pelirrojos y la castaña—. Sólo estamos preocupados por sus ojeras y palidez de hoy. ¿Durmieron mal anoche?

—Sí. —le respondió Harry después de suspirar y mirar a su… hermanita.

—¿Por qué? —preguntó preocupado Sirius.

—Pesadillas. —respondieron a coro los dos en voz baja.

—Les pedimos que nos despertaran si volvía a ocurrir. ¿Por qué no lo hicieron? —los riñó Remus, preocupado.

—No quería preoc…

—Ya les he dicho que quiero que me preocupen, hija —la interrumpió Sirius, tomándola por los hombros y levantándole el rostro por el mentón—. ¿Qué soñabas?

Angela estalló en llanto y se abrazó a su padre.

—Estábamos en aquél horrible lugar y no lográbamos sacarte.

—Pequeña, cálmate, todo va a estar bien. Sólo fue un mal sueño —intentó tranquilizarla, abrazándola con cariño—. Yo estoy bien y aquí a tu lado.

La chica asintió, haciendo un esfuerzo para calmarse y respirar mejor.

—¿Harry? —preguntó Aline sujetándole por la barbilla para que la mirase, con sus esmeraldas observándolo muy preocupadas.

—Estaba luchando contra Voldemort y… Después de verlo caer se ponía de nuevo en pie, riéndose porque no había destruido un horcrux. En seguida mataba a… —No pudo terminar, se le apagó la voz.

La Cundáwan lo abrazó contra su pecho rápidamente, ocultando el chico su rostro en el cuello de ella entre su pelo rojo oscuro para que no viesen las lágrimas que se le habían escapado.

—Ginny está bien, cariño, al igual que Hermione, Ron, los otros chicos y nosotros —le aseguró con mucho cariño, con el tono de una madre calmando a su pequeño después de una mala noche—. Lo que viste fue sólo una pesadilla. Nada de eso va a pasar porque vamos a encontrar y destruir todos los horcruxes, para luego detener a ese loco asesino entre todos.

Harry se sintió tan bien en esa situación tan nueva para él, con ese abrazo maternal y aquellas palabras de consuelo después de una noche sin dormir, que lamentó no haber conocido aquello cuando era un niño. Se permitió el disfrutar esa sensación unos minutos antes de separarse de ella, asintiendo. Sonrió agradecido porque ella le secaba rápidamente las lágrimas para que los demás no las viesen.

—No es saludable que sigan tan tensos y durmiendo poco, chicos —les indicó Humphrey preocupado—. Todos vamos a salir con bien de esta guerra, pero ustedes deben permitir que los ayudemos.

—Queremos que nos prometan que nos despertarán cuando vuelvan a tener problemas para dormir. —les pidió Eloise preocupada.

—Y eso nos incluye a Hermione, a Ron, a George y a mí. —sentenció Ginny.

—Pero… —intentó oponerse Angela.

—Sabes que tenemos razón, pequeña. —la interrumpió Meg.

—Si siguen durmiendo poco terminará fallando la Oclumancia de Harry y se agravará tu problema pulmonar, Angela. —aseveró Wymond muy serio.

—Ellos tienen razón. —les insistió George mirándolos preocupado.

—Queremos oír a los dos prometernos que nos despertarán y nos pedirán ayuda cuando tengan problemas para dormir. —les ordenó severa Ginny.

—Pero mi amor…

—Ahora mismo. —cortó la menuda pelirroja el intento de evadirse de su prometido.

—Prometido. —murmuraron los dos chicos de pelo negro cabizbajos.

—Nada de eso, jovencitos —los regañó Remus—. Sin trampas. Promesa completa y mostrándome las manos los dos.

Los dos abrieron las bocas para protestar, pero al ver la mirada determinada en los ojos dorados y descubrir la misma expresión en todos los que les rodeaban se miraron intranquilos. Ellos tenían problemas para dormir casi todas las noches, por lo que habían cruzado los dedos en los bolsillos.

—No los dejaríamos dormir. —musitó Angela.

—Somos doce… —comenzó George, contando sólo a Sirius, Meg, Remus, Nymph, Wymond, Aline, Humphrey y Eloise de los adultos, además de Ginny, Hermione, Ron y él mismo. Los otros no siempre se quedaban en Deercourage.

—Veintidós… —le corrigió Fred desde la puerta ahora abierta, abrazado a Jessica, sin contar a Neville porque no se quedaba siempre con ellos pero sí a Gabrielle, Timothy, Jefferson, Isolda, Daphne, Luna, Chris & Chris. Todos ellos se habían regresado y estaban de pie tras ellos.

—A los que pueden despertar por turnos, para que los ayudemos a dormir cuando tengan problemas. —completó la chica de ojos color miel la idea de su cuñado.

—A mí también pueden llamarme cuando esté aquí. —aseveró con expresión firme Neville.

—Al igual que a mí. —afirmaron a coro, sin haberse puesto de acuerdo, Sue, Pacey, Hestia, Jarod, Abby, Charlie, Fleur, Bill, Clarisse y Kingsley.

Los dos pelinegros suspiraron resignados y sonrieron agradecidos. Sabían que los querían mucho y no los dejarían escapar. Harry le tomó la mano a Angela y asintió.

—Prometemos que despertaremos a alguno de los treinta y tres cuando tengamos problemas para dormir para que nos ayuden. —dijo el pelinegro lentamente, palabra por palabra, haciéndole eco Angela.

Ginny y George los abrazaron y besaron apenas terminaron de decir la promesa.

—Vamos arriba a que ustedes dos duerman un rato —ordenó Remus, agregando rápidamente antes que pudiesen protestar—. Hermione y Ron se coordinarán con los chicos para lo que haga falta.

Los dos suspiraron resignados y se dejaron llevar por los Merodeadores al cuarto de Sirius, el cual tenía unas cortinas gruesas que facilitaba el que estuviese oscuro aún de día. Al verlo ordenado miraron de reojo a Meg, que se sonrojó de inmediato. Angela y Harry sonrieron con picardía. Sirius soltó una carcajada, muy similar a un ladrido, al verla avergonzada.

—A dormir, par de pillos. —les dijo sonriente.

—Yo no tengo…

—Los vamos a dormir con el hechizo para que descansen profundamente —cortó Remus a Angela—. Aprovecharé para enseñárselo a Sirius.

—Así que nos usarán de ranas de pruebas. —comentó Harry fingiendo molestia.

—Sólo por eso a ti te dormiré yo, ahijadito. —le respondió Sirius con los ojos entrecerrados, mientras pensaba que sólo lo haría con ellos dos cuando aprendiese a hacerlo.

—Susto. No lo dejes, tío Remus. Es capaz de dejarme en tal estado que no logren despertarme. —replicó el pelinegro fingiendo miedo, pero sin lograr contener una sonrisa.

—Eso es lo que yo llamo confianza. —comentó Nymph divertida.

—Muy graciosa, primita —respondió Sirius—. Tú aquí, ingrato. —le indicó a Harry señalándole la cama individual de la derecha, luego de convertir su cama matrimonial en dos pequeñas con su varita.

—Estoy segura que es la primera vez que separas tu cama en dos, papá —afirmó Angela mirando las camas. Se sonrojó al girarse y ver la expresión de sorpresa y desconcierto vergonzoso con que la miraba—. Lo decía porque no le pusiste sabanas y almohada a la que va a usar Harry, mientras dejaste las que usan ustedes en… —Se cortó aún más roja al darse cuenta que había insinuado que no dormía solo.

—Creo que es mejor que no te sigas explicando, pequeña. —afirmó Remus divertido al ver las expresiones de Meg y Sirius.

La rubia rápidamente cambió las sábanas de la cama del lado izquierdo con su varita y le puso unas a la del lado derecho, roja como un tomate. Harry miraba divertido a su padrino, que avergonzado los llevaba hasta el baño para que se pusiesen pijama.

Sirius los detuvo en seco frente a la puerta y entró primero, cerrando la puerta tras él. La abrió minutos después sonrojado y esquivándole la mirada a su hija.

—Entra a cambiarte y déjalo limpio para que luego se cambie Angela. —le indicó con la voz seria a su ahijado.

—Papá, perdóname. Yo no… —se le acercó la chica, tímida y sonrojada, después que Harry entrase al baño—. Perdóname. —le pidió sin saber cómo explicarse sin enredarse más.

Sirius la vio tan avergonzada que se tranquilizó y sonrió, abrazándola con cariño y dándole un beso en la cabeza.

—Todo está bien, mi pequeña. No te preocupes.

—¿Me duermes tú a mí? —le pidió con un tono de voz muy dulce.

—Pero yo aún no sé hacerlo. Remus sólo bromeaba. Los dormirán Nymph y él. A Harry y a ti los dormiré yo sólo cuando sea seguro. —le respondió con cariño, asustado por su petición.

—Yo confío en que aprenderás rápido y me haría ilusión que yo fuese la primera a quien durmieses. —le insistió con su voz más zalamera, abrazada a él.

—¿Sería seguro que lo hiciese, "lunático"? —le preguntó ansioso, conmovido por la petición de su hija pero preocupado por lo insinuado por su ahijado.

—Sí, "canuto". Harry sólo bromeaba —le respondió el ex licántropo sonriente—. Yo lo dormiré a él y luego tú lo harás con ella —Al verlo dudar, mirando a su hija nervioso, agregó—: Si quieres le pido a Wymond que esté presente para que tú estés más tranquilo.

—Sí —respondió Sirius rápidamente—. Estará Angela más tranquila con su tío aquí. —agregó intentando demostrar una seguridad que no sentía.

Meg rodó los ojos al igual que Remus. Era muy orgulloso para admitir que estaba asustado. Angela se contuvo de sonreír y rápidamente asintió fingiendo conformidad con lo dicho por su padre.

—Voy por él —informó Nymph divertida, saliendo rápidamente en busca del Cundáwan.

Harry, que había escuchado todo tras la puerta, sonrió. Le agradaba mucho la forma en que su padrino los protegía a Angela y a él, pues lo trataba con el mismo grado de amor filial que a su hija, al igual que Remus hacía con él y Jessica. Una vez más reafirmó que sus padres habían acertado totalmente al pedirles a los dos Merodeadores que velasen por él en caso de faltar ellos.

—Ya estoy listo —dijo saliendo del baño—. ¿En verdad me dormirás tú, padrino? —le preguntó mirándolo con curiosidad para que no se percatase que los había oído.

—No. Me dormirá a mí. —replicó Angela con orgullo.

—Pero dijiste que me dormirías a mí. —fingió Harry estar resentido.

—Tú lo asustaste, en cambio yo confío plenamente en él. —replicó la chica mientras pasaba al lado de Harry y le sacaba la lengua, como una pequeña que le ha ganado a su hermano.

—Yo también confío en ti, padrino —aclaró rápidamente—. Sólo bromeaba. Por favor, hazme dormir con el hechizo tú.

—Pero a mí primero, papá.

—Eso no es justo, me lo planteó a mí primero.

—Pero sólo cuando hubiese aprendido, lo que hará conmigo.

—Lo hará primero conmigo porque soy el mayor.

—Esto es el colmo —los riñó Meg—. Parecen dos niños pequeños peleándose un caramelo. Empiecen a comportarse de acuerdo a su edad.

Justo en ese momento entraban al cuarto Aline, Nymph y Wymond, quedándose los tres paralizados en la puerta mirándolos a todos con curiosidad.

—¿Qué pasa, Remus? —preguntó Wymond intrigado.

—Nuestros sobrinos se están peleando por ser el primero que duerma Sirius con el hechizo.

Los dos bajaron la cabeza avergonzados.

—En ese caso le enseñaré a Sirius como dormir a los dos simultáneamente. —replicó el Cundáwan, sonriendo al ver a los dos levantar la cabeza rápidamente mirándolo con un brillo de ilusión en la mirada.

Sirius abrió mucho los ojos, un poco asustado por el planteamiento, pero recobró rápidamente su pose segura y sonrió.

—Te lo agradezco mucho, Wymond. —le dijo en tono formal.

Aún no podía evitar el sentirse celoso de la similitud y complicidad que había detectado entre tío y sobrina. Aunque en las últimas semanas empezaba a formarse en su mente una nueva forma de entender la relación fraterna entre ellos.

—Lo hago con mucho gusto, amigo. —le respondió Wymond afable, pues entendía lo que le ocurría.

—Ve a cambiarte, hija. —le indicó rápidamente Sirius a Angela en tono cariñoso. Quería evitar a los chicos otra reprimenda por su comportamiento anterior de parte del Cundáwan, que ya los había regañado antes por disputas similares.

Angela entró rápidamente al baño mientras Harry se dirigía a la cama que le había indicado su padrino antes. Desde allí se quedó mirando a sus tíos reunidos alrededor de Wymond, que les explicaba con calma cómo hacerlo. Él era el único de los cuatro Cundáwans que sabía dormir a varias personas simultáneamente. Aline y él tranquilizaron a Sirius, negando la posibilidad de lastimar a los chicos si no le salía bien el hechizo mientras lo aprendía a hacer.

Harry sonrió al pensar que su… hermanita les había estado enseñando a los del E.D.H. a hacerlo, lo cual ya habían logrado la castaña, su novia, su… prima y él. Se le hacía tan extraño llamarlas hermana y prima como ellas le habían pedido.

Desde que conoció a los Weasley les agradeció que le tratasen como parte de la familia. Luego fue Sirius, después Remus y los chicos. El enterarse que Aline era tía de su mamá y ver como se desbordaba en atenciones y amor hacia él, aún más que antes, lo había hecho feliz pues por primera vez recibía muestras de afecto de alguien de su sangre.

Después que habían vuelto de El Velo de la Muerte, Jessica le había pedido que la llamase prima. Luego Angela le pidió que le dijese hermana. La chica de ojos miel se había quejado porque eso no era igualdad, defendiéndose la pelinegro diciendo que el trato que existía entre su papá y él se asemejaba mucho al de un padre con su hijo. Aquello era cierto, él quería y respetaba mucho a Remus, pero su trato con él era el que existía entre tío y sobrino. Con Sirius existía mayor compenetración y complicidad, sintiéndose como padre e hijo.

Jessica estaba clara en aquello y se encogió de hombros, reafirmándose en que Harry era primo suyo y Angela su hermana. Tanto Jessica como él habían notado la confianza y cariño que sentía Angela por Remus. El afecto respetuoso de la chica por él era superado sólo por el que sentía por Wymond, que era muy similar a la que él sentía por Sirius.

Su padrino se notaba celoso del cariño que ella les profesaba a Wymond y a Remus, además de mostrarse enojado con la cercanía de George a "su niña" hasta que supo de su noviazgo. Aquello había empeorado la situación hasta que se resignó y lo aceptó como yerno suyo.

Harry también había notado que, inconscientemente, Angela y él se empezaron a comportar como hermanos. Generalmente eran muy unidos, pero reñían a veces por el cariño de Sirius. Denegó levemente ante ese pensamiento. Era una chiquillada, lo sabía, pero… al mismo tiempo, de una manera extraña, le hacía sentirse normal con una familia propia. Un poco extraña y compleja, pero su familia.

Al ver a la chica salir del baño con su pijama aguamarina de pantalón y camisa manga larga de algodón, una sonrisa radiante en el rostro y expresión de aventura, no pudo evitar sonreír con ternura. Parecía que fuese a salir de excursión y no que la fuesen a dormir en unos minutos. Se levantó, fue hacia ella, la abrazó y le dio un tierno y protector beso en la frente, llevándola de la mano hasta la cama. Sonrió al escuchar que Angela le susurraba que estaba muy emocionada.

Los seis adultos en la habitación los miraban disimuladamente, mientras fingían terminar de hablar sobre el hechizo. Estaban felices de verlos tan unidos, enternecidos por el trato que se profesaban últimamente, preocupados por lo decididos, impulsivos y desobedientes que eran los dos, conociendo aquellas dos profecías cinco de los presentes allí… Además los tenía preocupados lo que habían tramado el lunes, cuando le hicieron aquella promesa al hombre de ojos grises.

—Chicos, yo preferiría que Wymond… —empezó Sirius.

—Por favor papá, hazlo tú. —lo interrumpió Angela suplicante.

—Además de Gryffindor eres un Merodeador, padrino. Estamos seguros que lo harás bien —afirmó con seguridad Harry—. Los dos confiamos en ti.

Remus sonrió al ver la expresión emocionada de su amigo. Esos dos chicos harían de Sirius Black lo que quisiesen.

Sirius, ante las palabras de su hija y su ahijado, sintió que el corazón le latía muy rápido. Pletórico de dicha por el afecto que le profesaban los dos chicos, se llenó todo su ser de seguridad. Avanzó hacia ellos con firmeza, levantó su mano derecha hacia ellos y ejecutó el complicado hechizo que le había enseñado el que fue su cuñado. Sonrió dichoso al ver a los dos chicos quedarse profundamente dormidos, con aquella expresión de paz en sus rostros.

—¡Asombroso! —exclamó Aline sin poder contenerse.

Aquello sorprendió a Sirius, que se giró a mirarla con expresión interrogante

—Angelica tenía razón en que eres un mago extraordinario. —afirmó Wymond sonriente.

—Gracias por el cumplido, pero… No entiendo. —replicó Sirius desconcertado.

—Hasta donde sabemos por Raymond, sólo Angela ha podido dominar este hechizo para dormir a varias personas al mismo tiempo en su primer intento —le respondió el Cundáwan. Le brilló la mirada con alegría al ver el orgullo por la hija en los ojos grises del hombre que tenía frente a él, aunque notaba también su desconcierto—. Yo lo logré en mi segundo intento y la mayoría requiere varias prácticas para conseguirlo.

Sirius quedó mudo de la impresión, pues sabía por Angelica que Wymond era un Cundáwan de gran fuerza mágica y muy aventajado entre los suyos.

—Estoy convencida que la seguridad que los chicos te transmitieron lograron que fluyera con mucha facilidad tu magia. —le dijo Aline sonriente.

—Felicitaciones "canuto".

—Gracias "lunático". —le respondió de manera automática, mirando fijamente a Wymond y Aline. Aún estaba intentando digerir lo dicho por ellos. Sintió a Meg abrazándolo por la cintura y dándole un beso en la mejilla. Reaccionó y sonrió.

—Vamos a las propiedades que Bill adquirió en tu nombre y las que ya eran de los Black, para ponerles las protecciones adecuadas y que hables personalmente con cada pareja que las ocupará. —le planteó sonriente Remus.

Ya habían decidido que inicialmente usarían sólo el encantamiento Fidelius en esas propiedades, que desaparecerían de esa forma para los mundos muggle y mágico. La mansión en Nottingham sería protegida con escudo y pupilo, en lugar de ocultamiento, por petición de Sirius. No habían conseguido que cambiase de opinión.

Estaba decidido a ser esta vez él quien apareciese como blanco visible y no permitir que otro protegiese a los suyos, con el sabor amargo de lo ocurrido con Peter aún torturándolo. Si había aceptado la protección ofrecida por su padrino de boda fue por la seguridad de su prometida y sus tres hijos.

Pues para él eran tan hijos suyos Harry y Timothy como lo era Angela, y lo serían en un futuro próximo los que tendría con Meg. Sabía que Harry era mayor de edad y que viviría primordialmente en Deercourage, pero le había arrancado la promesa de quedarse en su casa al menos una noche cada semana para compartir como padre e hijo.

Las casitas que finalmente habían aceptado los tíos de su hija también serían visibles, protegidas con escudo y pupilo. Esto había hecho sonreír a Sirius y denegar levemente a Remus. Luego había sonreído el de ojos miel y fruncido el ceño el que los tenía grises, cuando Wymond y Humphrey se empeñaron en pagárselas en sólo dos plazos. Sólo había cedido para no generar problemas con ellos.

Seis horas más tarde subió Sirius a su cuarto para estar al pendiente del despertar de Angela y Harry, un poco cansado luego de pasar aquél tiempo convenciendo a los miembros más nuevos de la O.D.F. (que casi no lo conocían) de aceptar su ofrecimiento.

Hacían el papeleo de inmediato gracias a lo diligente de Bill, para no darles oportunidad de arrepentirse. Mientras tanto Eloise, Aline, Humphrey o Wymond procedían a hacer una variante del encantamiento de ocultamiento con la pareja que sería los nuevos dueños, de modo que los dos se convirtiesen en guardianes. Wymond y Aline habían averiguado cómo hacerlo mientras investigaban sus roles como tutor y guía, siendo posible hacerlo con parejas unidas por un amor sincero.

Sirius había tenido que acceder a que todos le pagasen poco a poco las propiedades, aunque logró convencerlos de no pagarle intereses. Acordaron estudiar un bono especial cuando estuviesen a punto de finalizar con el último pago, según la variación de los precios de las propiedades en ese tiempo.

Notando su cansancio Meg le había pedido que volviese a Deercourage. Lo convenció con que estuviese presente para el despertar de los chicos, mientras los tíos de su hija iban con Bill y ella a Nottingham para poner el escudo y los pupilos.

—Buenas tardes bellos durmientes. —los saludó, sonriendo enternecido al verlos frotarse los ojos como niños pequeños.

—¡Lo hiciste al primer intento, padrino! —exclamó feliz Harry.

—¡Sabía que lo harías muy bien! —saltó la chica de pelo negro a abrazar a su padre feliz. Lo tomó desprevenido, cayendo el Merodeador al piso con su hija encima.

—¡Padrino!

—¡Papá!

Exclamaron Harry y Angela simultáneamente, con la preocupación por él evidenciándose en sus voces.

—¿Estás bien? —preguntó Harry mientras se apresuraba hacia ellos para ayudarlos a incorporarse.

—¿Te lastimé? —le preguntó angustiada Angela separándose de él—. No puedo creer que sea tan torpe. Voy por tía E…

La cortó la risa como ladrido del Merodeador. Los dos se paralizaron, agachados junto a él, mirándolo sorprendidos.

—Calma chicos, estoy perfectamente —les aseguró cuando recuperó la compostura—. No eres torpe, hija. Sólo me tomaste por sorpresa, lo cual ha sido muy divertido.

Se incorporó con tal agilidad que sus dos acompañantes cayeron sentados al piso, sorprendidos por su acción, lo que le hizo soltar otra carcajada a Sirius. Divertido por sus expresiones les tendió sus manos para ayudarlos a incorporarse.

—¿Están ustedes bien?

Los dos asintieron en silencio.

—Ya ha pasado más de un mes desde que me ayudaron a regresar —les dijo con cariño, abrazándolos. Comprendía su preocupación por él y la agradecía, pero quería tranquilizarlos—. Me han curado, cuidado y protegido para que me restableciese. Estoy bien. Luego de ustedes almorzar los acompañaré a su entrenamiento de hoy.

Los chicos asintieron sonrientes y se abrazaron a él. Deseaban tanto que fuese cierto, que ya estuviese totalmente restablecido como les aseguraba. No estaban tan seguros en cuanto al entrenamiento, pero se habían negado ya varias veces notando su expresión triste en cada oportunidad.

Hermione los regañó a los dos mientras comían por acceder a esa petición de Sirius, diciéndoles "irresponsables". Guardó silencio cuando el Merodeador la escuchó y la regañó recordándole: "Soy el cumpleañero y hoy se me conceden mis deseos", aunque el mohín de disgusto de la castaña le dejó en claro a los tres pelinegros que no estaba de acuerdo.

Horas más tarde regresaban a la casa Angela y Harry muy arrepentidos de haberse dejado convencer. Wymond llevaba a un casi inconsciente Sirius flotando en una camilla con su varita, mientras Aline caminaba abrazándolos y diciéndoles que se recuperaría pronto, intentando tranquilizarlos. Con ayuda de Ginny, Hermione, Ron y Raymond lo habían estabilizado en el Campo Cundáwan, pero aún así necesitaba reposo absoluto por algunas horas antes de recuperarse.

Ron convenció a Hermione para que hablase con ellos y les quitase el sentimiento de culpa, pero no logró mucho tampoco. Los otros chicos lograron convencerlos de ayudarles a finiquitar los arreglos para la fiesta de cumpleaños pero no animarlos. A punto estuvieron los dos de suspender la fiesta, diciéndoles que por su culpa el cumpleañero estaba en cama y seguramente no podría bajar a disfrutarla. Esto había sido evitado por la insistencia de Eloise y Aline en que Sirius se les uniría en un rato y se deprimiría si veía que no le tenían su celebración lista, siendo esto confirmado por Remus.

Meg se enteró de todo por Nymph, que subió dos horas más tarde y sacó a relucir su lado Black mientras regañaba a su primo por el exceso cometido. También por el estado en que se encontraban Angela y Harry, al sentirse culpables de su recaída. La mujer rubia se unió a los regaños. Las dos fueron detenidas por Wymond, que había subido a ver cómo seguía el animago y darle las pociones que le indicase su hermana.

Sirius no se atrevió a contradecirlas ni a preguntar nada, aunque lo visto en el entrenamiento de ese día le había revivido la preocupación por lo vivido por su hija y su sobrina en su infancia. El que las dos se hubiesen visto sometidas tan pequeñas a aquellas prácticas de forma acelerada, por la presión de su hija al anciano, le angustiaba.

No había podido contenerse de intervenir durante el entrenamiento de su hija, su ahijado, Ginny, Hermione, Ron, Aline y Wymond con Raymond. Los chicos habían evitado que lo lastimasen seriamente, pero había sufrido una recaída seria al alcanzarlo una esfera de alteración de energía que iba dirigida a Harry.

Wymond lo evaluó por medio de sus dones con Meg y Nymph, después de varios minutos de haberse tomado las pociones. Los tres se tranquilizaron al saber que estaba débil y agotado, pero estable en cuerpo, magia y energía. El Cundáwan las convenció a las dos de dejarlo bajar ya, para que tanto él como los chicos estuviesen más tranquilos.

Cuando bajaron los cuatro a la Sala de Reuniones, con Sirius caminando lentamente pero sin requerir ayuda, suspiraron con alivio Angela y Harry. Los dos se aproximaron rápidamente a él con Ginny, Jessica y Eloise, las tres últimas con sus varitas afuera procediendo a evaluarlo de inmediato. Los demás sonrieron al ver que Sirius rodaba los ojos y ponía expresión de fastidio pero las dejaba hacer sin decir nada, especialmente por las caras de preocupación de su hija y su ahijado.

La menuda pelirroja y la chica de ojos miel le hicieron reproches cariñosos por engañarlos a todos para ir a presenciar la práctica. Aún más por involucrarse luego sin hacer caso cuando le pidieron se alejase, saliendo lastimado y teniendo aquella recaída tan seria. Eloise fue más seria y firme en sus regaños, prohibiéndole terminantemente el tomar nada que contuviese alcohol durante tres días empezando de inmediato, confirmándole que ni siquiera tenía permitido beber cerveza de mantequilla ante su pregunta al respecto.

—Hará exactamente como dices, tía. —aseveró en seguida Angela.

—Nos ocuparemos de que no se porte mal y siga al pie de la letra tus instrucciones. —la apoyó con firmeza Harry.

—Pero… —intentó protestar el Merodeador.

—No te atrevas. —lo interrumpieron a coro los dieciséis chicos, pues los otros catorce también habían estado muy tensos por su recaída.

Neville, Alice, Frank y Augusta Longbottom, que llegaban en ese momento, se quedaron mirándolos a todos interrogantes. Fueron puestos al día rápidamente por Luna, luego de besarse con su prometido, siendo regañado luego Sirius por sus dos amigos y la matrona durante casi quince minutos. Se unió a los regaños Molly en ese momento, al llegar allí con el resto del clan Weasley, pues Christopher ya les había dado acceso a todos los miembros de la O.D.F. y algunos de sus familiares más directos por órdenes directas de Harry, luego que éste, Angela y sus tíos los evaluasen.

El líder del E.D.H. había tomado esa decisión para no despertar suspicacias en el grupo, especialmente en Molly Weasley. Justificaron el que no les diesen acceso antes como "Eso fue un inexcusable error cometido por el afán de llevar a Sirius a un lugar en que se recuperase. Luego lo olvidamos por nuestra preocupación por él y todo lo vivido últimamente". Molly no les creyó mucho pero lo dejó así por la paz.

Dos horas más tarde, cuando se les habían unido todos los miembros de la O.D.F. con sus hijos y los tres señores Cundáwans, Sirius no se atrevía a mirar a ningún lado pues prácticamente todos lo habían regañado por lo que había hecho. Le dieron a tomar jugo de calabaza. Su prometida lo ayudó a picar la torta, bromeando que así practicaban para el pastel del martes, para que nadie lo regañase por su debilidad.

Los chicos se hicieron entre ellos muchas bromas, incluyendo a Sterling y Estrella (hijos menores de Esther y Steve Hewitt), Eileen, Walter y Grace (hijos de Dorothy y Joseph Hart), Topacio y Jonathan (hijos de Ambar y Will Hart), Saffron y Yannis Jordan (primos menores de Joanne, Pacey y Lee, habiéndose unido Yasmine y Sampson Jordan también a la O.D.F.), Katie Bell y Lee Jordan, Penny, Olivia y Malcolm (hijos de Peggy y Maddox Bentham), Keegan y Luke (hijos menores de Leslie y Kenneth Simmons), Keely, Randy y Kristy (hijos de Rory y Keaton Simmons), Stephany Murray (cuyos padres se habían unido a la O.D.F. luego del ataque al tren en que su hermano mayor falleció pero ella sobrevivió gracias a ellos) y Atanas (hermano menor de Simeon Kaloyan, del grupo de Durmstrang que se unió con Viktor Krum a la O.D.F.).

El blanco principal eran Fred y George. Los gemelos pelirrojos se quejaron por esto con sus novias, que se limitaron a reírse y quitarles las varitas dejándolos casi indefensos. Tuvieron que apelar a lo que sabían de Magia Antigua para defenderse.

Sirius, Remus, Nymph, Aline, Humphrey, Sue, Pacey, Abby, Charlie, Fleur, Bill, Dorothy, Joseph, Ambar, Will, Yasmine, Sampson, Chloe, Dylan, Joanne, Alex, Felicity, Daniel, Amelia, Mike, Maggie, Dawson, Mandy, Sally, Elias, Alexandra, Viktor, Julia, Boris, Angelina, Manny, Faith, Andre y Wymond se unieron a las bromas. El último controlaba que el primero no fuese alcanzado por ninguna, protegiéndolo disimuladamente para que pudiese disfrutar con los chicos.

Eloise se contuvo de reprenderlos al ver a los dos chicos de pelo negro más distendidos. A Molly la contuvo Arthur. Raymond observaba divertido de reojo, conversando con Minerva, Kandace y Alphonso. Lyla, Daryll, Annie, Andrew, Edna, Sturgis, Alice, Frank, Clarisse, Kingsley, Peggy, Maddox, Hestia, Jarod, Larry, Sandy, Bogdana, Simeon, Rory y Keaton observaban con sonrisas pero sin intervenir, acompañando los dos últimos a Penelope, Percy, Alicia y Oliver.

Los regalos para el cumpleañero habían sido muy diversos, muy especiales para Sirius los de Timothy, Harry, Angela y Meg.

El del niño era una bolsa mágica blanca para monedas, que tenía dibujados a una mujer rubia de ojos azules con un hombre de pelo negro y ojos grises al centro, una joven de pelo negro y ojos grises al lado de la mujer y un joven de pelo negro y ojos verdes al lado del hombre, un niño rubio de ojos azules parado al frente y en medio de la pareja, que tenían en brazos cada uno un bebe. La tarjeta adjunta decía:

Feliz Cumpleaños papá Sirius. Gracias por hacerme sentir de nuevo parte de una familia.

P.D.: Por favor cuídate más, no me dejes nuevamente huérfano.

Con un nudo en la garganta Sirius abrazó al niño y le besó en la frente diciéndole luego:

—Gracias hijo. Es muy especial.

El regalo de Harry fue una escoba Nimbus 1000 idéntica a la que él tenía cuando jugaba en el colegio, en la nota adjunta decía:

Espero que la disfrutes tanto como la que tenías cuando jugabas con papá. Descubrirás cuando la uses algunas cositas que le he agregado.

P.D.: Tienes terminantemente prohibido montarla hasta que estés recuperado, certificado esto por Eloise, Aline, Jessica y Ginny.

Fue evidente para Sirius que lo último lo había agregado su ahijado en el último minuto. Suspiró y lo miró con pose de niño regañado, asintiendo. Correspondió al abrazo de su ahijado con cariño y le alborotó un poco más el cabello con su mano.

Angela le regaló un álbum con fotos de ella, Jessica, Chris & Chris desde que eran bebes, cada una con una explicación escrita por alguno de los cuatro chicos. El animago notó un vacío de casi tres años en las fotos, coincidiendo con el período entre las muertes de los Brown y su llegada a La Casa Flotante. Era evidente que habían entremezclado las fotos para intentar que no se diese cuenta pero… Leyó la tarjeta anexa y sintió que las lágrimas le cegaban los ojos:

Papá, siempre has estado y estarás conmigo, pues te llevo en mi corazón. Aún así hemos querido mis hermanitos de crianza y yo darte pequeños destellos de esa vida en que no estuviste presente físicamente.

P.D.: Cuídate más papito, no quiero que te alejes de mí nuevamente.

Con un nudo en la garganta forzó una sonrisa y abrazó a su hija con cariño, agradeciéndole el regalo con un beso en la frente.

Meg lo sorprendió con una varita de saúco con núcleo de cola de Thestral de treinta y tres centímetros. Venía en una caja alargada de madera de fresno recubierta en su interior con un paño con los colores y el escudo de Gryffindor. Adjuntas venían dos notas y un equipo de mantenimiento de varitas. La primera nota tenía la descripción exacta de la varita escrita por Humphrey, la segunda decía:

La varita de madera de hiedra con pelo de Veela no era la más adecuada para ti. Tía Jill nos había dado a Merritt y a mí las varitas de mamá y papá cuando ellos fallecieron. Le pedí a Remus te diese la que mejor te funcionase de las dos, mientras el encargado actualmente de la Tienda de Ollivander conseguía una adecuada para ti. Dale la de papá, que estabas usando, a Humphrey para que él le consiga a su verdadero propietario.

El Pacto de Amor Cundáwan no reconoció la varita de papá porque no te correspondía realmente. Toma ésta y, si Humphrey tiene razón, no sólo tu magia sino también la mía y el Pacto la reconocerán.

Te amo. Te suplico no vuelvas a hacer nada que te ponga en peligro.

Con mano temblorosa tomó el palito de madera de color marrón grisáceo. Abrió de par en par sus ojos grises al sentir un cosquilleo en todo su cuerpo, mientras una extraña luz negra con destellos plateados lo envolvía para cambiar a un color rojizo y luego a un blanco puro. Un segundo después todo volvía a la normalidad.

—Sí. Definitivamente es tu varita —afirmó con expresión de sorpresa Humphrey, sonriendo ampliamente un segundo después—. ¿Por qué no la pruebas con alguna broma especial? —le dijo señalándole con una cabezadita a George y guiñándole un ojo.

El pelirrojo intentó correr al ver la expresión pícara de su suegro, pero no fue suficientemente rápido. Escuchó con demasiada claridad las carcajadas, con sus orejas diez veces más grandes de lo normal, mientras Remus se burlaba diciendo:

—Creo que ya no necesitarás las extensibles. ¿Quieres unas a juego, Fred?

Tres horas más tarde Meg regañó a Sirius nuevamente, pues quería que subiese ya a su cuarto y él no quería dejar de disfrutar su fiesta. Cedió sin quejarse más cuando se unieron a los regaños Angela, Harry, Remus y Timothy, gruñendo en voz baja pero haciéndoles caso. Wymond y su hermana subieron con los seis. El primero le sirvió de apoyo en las escaleras, mientras Eloise gruñía en voz baja tras ellos. La Cundáwan le dio la poción con sabor a chocolate apenas lo vio en la cama. Remus le cambió la ropa por pijama con su varita cuando él ya estaba prácticamente dormido.

Molly escuchó, el día antes de las catorce bodas, a Harry, Remus, Sirius, Meg, Eloise, Humphrey, Aline y Wymond hablando sobre lo que harían con los tres ex mortífagos. Planeaban dejar a Draco Malfoy, Narcissa Malfoy y Severus Snape encerrados en el que fue el consultorio de los papás de Hermione, con suficiente comida en la alacena (que instalarían allí) para una semana y las varitas. Pondrían un bloqueo especial para que siguiese pareciendo abandonado a los vecinos y que les alertase si llegaba a ocurrir algo irregular allí, de modo que tanto Angela como los de La Orden del Fénix estuviesen tranquilos en cuanto a ellos por ese día.

Tres días después Draco sería trasladado a Banbridge, pues se quedaría a vivir con Lyla y Daryll Prewett mientras se producía su audiencia y el retorno a clases. Ese día trasladarían también a Narcissa a la casita en Arbroath en que vivirían Sally y Elias, que se habían ofrecido a vigilar a la ex mortífaga.

Con Snape aún estaban indecisos. Sirius y Wymond querían dejarlo aislado en el que fue el consultorio de los papás de Hermione. Pero Remus y Harry opinaban que podía ser peligroso, sugiriendo que aceptasen la propuesta de Alexandra y Viktor Krum de llevarlo con ellos a Aberdeen. Aline se oponía a que le llevasen a un sitio tan frío por su salud, recordándoles que Bogdana y Simeon propusieron también llevarlo con ellos a Belfast. El debate se había centrado en estas dos parejas considerando que nunca fueron alumnos de él porque venían de Durmstrang. A Remus no le gustaba la idea de Aline porque Atanas, el niño de once años hermanito de Simeon, vivía con ellos.

A Eloise y Wymond les molestaba que Aline tuviese tantas consideraciones con Snape, aunque sabían que era por la tranquilidad de Angela. Justo en ese momento la matrona Weasley se decidió a interrumpirlos y se acercó a ellos, con la bandeja en que les llevaba té y chocolate, diciéndoles mientras les servía las tazas:

—A ese traidor me lo llevan a Grimmauld. Así Angela estará tranquila y yo podré ocuparme que no le haga daño a nadie —agregando al ver asomarse protestas en los rostros de todos—: Penelope y los elfos me ayudarán a evitar que dañe a Percy cuando no esté en casa Arthur. La casa es grande y lo podemos acomodar de modo que sea fácil vigilarlo.

—No me gusta la idea que esté cerca de un joven ciego que no se sabe desenvolver bien aún. —la contrarió Sirius serio.

—A mí tampoco. Mucho menos si siguen pensando dejarle la varita para que haga bases de pociones. —lo apoyó Eloise de inmediato.

—Pues llévenlo a casa sin varita —se encogió de hombros la matrona—. Yo no estoy de acuerdo en que Narcissa Malfoy o Severus Snape tengan sus varitas consigo.

—Las chicas tienen razón en que el hacer algo útil los tendrá distraídos y evitará que tengan tiempo de tramar cosas. —les recordó Remus.

—Tampoco estoy de acuerdo con que le echen a perder la luna de miel a los jóvenes Sally y Elias, llevando con ellos a Narcissa Malfoy. —intervino de nuevo Molly.

—Hasta donde hemos averiguado Narcissa Malfoy era conocedora de los planes de los mortífagos, por su posición como esposa de uno de los más cercanos a Voldemort. Sin embargo sólo aplicó maldiciones cuando le era ordenado directamente y estaba rodeada de mortífagos. —opinó pensativo Humphrey, interviniendo por primera vez.

—¿A dónde quieres llegar? —le preguntó Remus.

—Narcissa Malfoy podría ir a Grimmauld para quedar bajo la vigilancia de Molly, que sabe hacer vendajes y compresas por lo que detectaría de inmediato cualquier irregularidad en lo que ha dicho hará para colaborar —les expuso con tranquilidad el hombre de ojos y pelo castaños claros—. Severus Snape iría a la casita de Dublín con Eloise y conmigo. Ella es experta en pociones y el equivalente a una medimaga. Así nos aseguramos que él siga vivo y Angela tranquila.

—No. Iría a la casita de Edimburgo con Aline y conmigo —planteó en tono firme Wymond—. Eloise y yo sentimos el mismo rechazo por él debido a la muerte de las gemelas, pero Aline le ha atendido en cuanto a su salud desde que los rescatamos por cariño a Angela. Mi esposa también es buena en pociones y sabrá si intenta algo con las bases para pociones.

Aline sonrió contenta porque su esposo finalmente había aceptado lo que ella le había propuesto antes de esa reunión. Sabía que él se contenía mejor que Eloise en cuanto a Snape.

—¿Está de acuerdo con que sea Narcissa Malfoy quien vaya a su casa, señora Weasley? —le preguntó con seriedad Harry, sonriendo al ella asentir y agitarle su negra cabellera con un gesto cariñoso.

Sirius frunció el ceño ante el ofrecimiento del que sería su padrino de bodas al día siguiente. No comprendía cómo iba a ser capaz de tener bajo su mismo techo a uno de los causantes de la muerte de Angelica. Notó que le sonreía con cariño a la esposa pero que sus ojos brillaban con un color azul eléctrico, levantándose de la mesa luego de susurrarle algo al oído a Aline. Decidido lo siguió luego de pedirle a Meg en un susurro que no fuese con él.

—¿Qué quieres, Sirius? —le preguntó tenso Wymond al notar que lo seguía, deteniéndose junto a los árboles cercanos al cuartel en Bristol.

—Saber porqué has propuesto poner a ese asesino bajo tu protección.

—Por la misma razón que tu hija hizo esa promesa —le respondió sin mirarlo—. Respeto a la última voluntad de Albus Dumbledore, aunque no estemos de acuerdo con su pensar.

—No puedo comprender que lo protejan cuando es uno de los principales culpables de la muerte de Angelica y Jennifer. —le replicó molesto Sirius.

—Pero no el principal culpable. —murmuró entre dientes Wymond, con los puños tan apretados que sus nudillos estaban blancos.

Sirius alcanzó a oírle por el silencio que los rodeaba, notando el aspecto tan tenso del hombre de espaldas a él. A su mente acudieron las palabras de las gemelas tras El Velo de la Muerte y creyó comprender qué lo atormentaba.

—Si ustedes cuatro se hubiesen quedado es muy probable que igual hubiesen muerto las gemelas. Remus, Lily, James, Alice, Frank y yo no pudimos evitar que les tendiesen esa trampa —le dijo en tono suave, notando que alrededor de los puños de él se formaban esferas de energía azul oscura, como el color del mar en la noche, casi negro.

»Puede ser que Angelica falleciese antes de nacer Angela, al discutir con Isolde para que no las separase de ti —El estallido de la primera esfera contra una roca cercana hizo que se asomasen varios a la puerta posterior de la casa—. Jennifer y Angelica están tranquilas al saber que tú eres el tío, tutor y protector de sus hijas —La segunda esfera de energía se estrelló contra otra roca—. Y yo estoy agradecido a la vida porque mi hija los consiguiese cuando más desesperada estaba. ¿Sabes que cuando se acercó a ustedes estaba tentada a hacer lo mismo que Angelica?

—¿Qué? —le preguntó casi sin aliento Wymond, girándose a mirarlo a los ojos. El anciano les había dicho que se había visto tentada de hacerlo por primera vez la noche luego de la batalla en el Ministerio de Magia, por segunda vez después del ataque a La Madriguera y luego en el ataque al tren. No eso, no que lo había pensado cuando sólo era una niña de diez años. Sintió que el corazón se le oprimía.

—Ella me lo dijo en Deercourage, el día que hablamos y ella reveló que las cinco parejas del E.D.H. habían hecho el Pacto de Amor Cundáwan —le respondió Sirius, suspirando al verlo denegar con expresión desesperada. Sabía que los que estaban en el pasillo sólo habían oído el final de su conversación, en que por los nervios su hija había hablado en voz muy alta—. El anciano propuso entrenarla por eso, para sacarle esa idea de la cabeza —Al verlo cerrar los ojos con expresión derrotada se reafirmó en lo que había pensado minutos antes.

»De lo que he compartido con ustedes desde que me rescataron de ese terrible lugar puedo decir algo con seguridad: fue tu presencia cerca de ella lo que impidió realmente que lo hiciese —Al notar que abría los ojos y lo miraba asombrado le sonrió con suavidad—. Aunque no supiese que eras su tío estoy seguro que se sentía afín contigo, por tu parecido con la mamá.

Wymond recordó algunas miradas de la entonces niña Angela aquellos primeros meses de contacto. Los dos intuitivamente se habían sentido cercanos, teniendo la sensación de estar con alguien conocido. Sólo que ninguno de los dos se atrevió a relacionar aquello con Angelica, pues el recuerdo les dolía a ambos.

—Te he envidiado muchas veces desde que noté la gran afinidad que siente mi hija contigo, la seguridad que expresa cada vez que la apoyas y cuidas, el respeto con el que acepta tus regaños, el cariño tan grande que te profesa. Pero he comprendido al fin que nunca me quitarás mi lugar de padre porque tienes el tuyo propio: el guardián cariñoso de mi pequeña —le dijo con tono sereno Sirius.

»Tú, tu esposa, tu hermana y tu cuñado son tan inocentes de la muerte de las gemelas como lo somos Remus y yo. No vuelvas a culparte nunca de la forma en que el destino nos torció la vida, por favor. Las chicas y los gemelitos se sobrepusieron a su soledad y consiguieron un rayito de luz en ustedes cuatro. Los siguen necesitando tanto o más que en esa oportunidad, especialmente Angela a ti —Tomó aire profundamente antes de decir lo siguiente—. Perdóname el egoísmo pero necesito que estés sereno y seguro por la tranquilidad de mi hija. Sólo tú puedes ayudarla en formas que ni siquiera el señor Raymond podrá jamás hacerlo, como siempre lo hiciste con Angelica.

Wymond tragó saliva, tomó una respiración profunda y se acercó decidido a él, sus ojos aguamarinas clavados en los grises hasta que estuvo a un paso de él, tendiéndole la mano con gratitud. Correspondió al abrazo, en que se vio estrechado, con una pequeña sonrisa. Ésta se amplió al percibir que Sirius intentaba calmarle con lo que manejaba del don de las emociones. Se lo permitió con una mezcla de agradecimiento, cariño amistoso y afecto fraternal.

Aline, Eloise, Meg y Molly se limpiaban las lágrimas del rostro mientras Remus y Humphrey sonreían con alivio. Los dos se habían preparado para contener y separar a los dos hombres cuando se asomaron a la puerta, deteniéndose al oír a Sirius hablar.

Wymond, al llegar a Deercourage, le pidió a Sirius que le permitiese hablar a solas con Angela y Humphrey. Lo tranquilizó rápidamente, al ver que su rostro se llenaba de extrañeza y preocupación, diciéndole que sólo quería que los ayudase a los dos a preparar algo especial para Aline y Eloise el día de las bodas. Agregó que no le decían a Jessica porque estaba en entrenamiento con Ginny y ellas dos sobre medimagia, bajo la tutela del señor Raymond.

El hombre de ojos grises accedió no muy convencido sobre los motivos de su amigo. Había notado que, al igual que su hija y la que fue su esposa, le cambiaba el color de los ojos según su estado de ánimo. No tenía mucho tiempo conociéndolo, pero sí el suficiente para saber que algo lo angustiaba y no le decía para no provocarle una recaída.

«¿Será acaso sobre lo que le conté que me dijo mi hija?». No estaba seguro, pero creía que aquello sólo había incrementado su preocupación por algo más. Algo que también angustiaba a su hija. «¿Pero qué es lo que los tiene tan tensos a veces, cuando creen que nadie los ve? Espero que Humphrey, el cual hasta donde he visto es tan sereno y certero como Remus, los ayude a los dos con lo que sea que los esté preocupando».

—Angela, pequeña. —la llamó con cariño Sirius, preocupado por el cansancio que delataba su rostro y que estuviese durmiendo a mitad de tarde.

—¿Papá? —preguntó entreabriendo los ojos, adormilada.

—Sí mi niña. Disculpa que te despierte pero tus tíos Wymond y Humphrey quieren hablar a solas contigo —le dijo con dulzura, apartándole con cuidado un mechón de pelo que le ubicó tras la oreja—. Te ves muy cansada. ¿Dormiste mal de nuevo anoche?

—Un poco, pero Luna y Ron nos ayudaron a Harry y a mí a dormir con leche tibia —le respondió con sinceridad mientras se incorporaba. Suspiró al verlo fruncir el ceño—. No te preocupes, papá, sólo estamos un poco acelerados por lo de mañana. Cuando nos veamos de nuevo, al regreso de tu luna de miel, nos verás frescos porque habremos dormido todos los días corrido hasta tarde. —aseveró con una sonrisa, levantándose rápidamente para ir con sus tíos.

Wymond y Humphrey se miraron de reojo preocupados pero no comentaron nada, desapareciéndose un minuto después con la chica hacia La Casa Flotante. Cuando Angela terminó de leerles las cartas que le había dejado su mamá procedió Wymond a leer la que le había dejado a él. Humphrey los escuchó en silencio, su temple de carácter puesto duramente a prueba por lo que estaba escuchando.

Un pesado silencio los envolvió a los tres durante siete largos y tensos minutos antes que el hombre de ojos y pelo castaño claro les hiciese una sugerencia que asombró a sus dos acompañantes, pero que luego de pensarlo un poco les pareció era lo mejor. Una vez que hicieron lo dicho por Humphrey reaparecieron los tres, cada uno de los tíos tomando una mano de la chica, los tres con expresiones muy serias.

—Les prometo que yo me ocupo de ellos dos si esto es inevitable, siempre y cuando ustedes dos me prometan que hacen todo lo posible para que no se presente esa situación extrema. —les pidió Humphrey abrazando a Angela y mirando fijamente a Wymond.

—Te prometo que haré todo lo posible para que no nos veamos en esa situación. Gracias por cuidar de George si es inevitable, tío. —le dijo la chica entre sollozos, aferrándose a él mientras lograba calmarse un poco.

—Yo te prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para que ninguno de los dos se vea forzado a tomar esa decisión, o al menos que mi pequeña no tenga que hacerlo. Gracias por comprometerte a velar por Aline si es ineludible para mí el hacerlo —le palmeó en el hombro Wymond mientras le acariciaba la cabellera a la chica, sin poder evitar que algunas lágrimas surcasen su rostro—. Si Adalbert y Angelica quieren estudiar en Hogwarts, quiero que ayudes a Aline para que así sea si yo no… —Se le quebró la voz sin poder terminar lo que quería decirle.

—Tengamos esperanza en que los veremos subir al Tren de Hogwarts, recordando esto como un mal momento y nada más. —les indicó con voz suave Humphrey.

Lo que habían visto ya era algo diferente a lo descrito por Angelica, pero la amenaza sobre sus dos acompañantes seguía presente. Aparentemente aquello era ineludible, aunque él creyó entender algo antes que desapareciesen. No habían logrado ir más adelante por el mismo extraño fenómeno descrito por quién fue su cuñada, una extraña barrera temporal. Ésta les había regresado a su época actual. Pero justo antes creyó ver… Preferiría que no se presentase esa situación, aunque hubiese ese ínfimo rayito de luz tras ella.

Cuando volvieron a Deercourage los dos hombres lucían apenados, mientras Angela se reía con picardía. La chica se burlaba de ellos pues, según lo que Sirius entendía, las esposas de éstos se les habían adelantado preparando algo especial en sus respectivas casas creyendo que nadie iría ya allí a excepción de ellas con sus esposos. Por ésto sus dos amigos estaban apenados al haber llevado allí a su sobrina, pero ésta se limitaba a burlarse de sus expresiones y hacer preguntas "curiosas" con "inocencia".

Sirius los salvó de responderle al pedirle a la chica que fuese a ayudar a Meg con la túnica de boda, pues la oía quejarse mucho pero no lo dejaba entrar a su habitación. Angela subió los primeros escalones lentamente, canturreando que le preguntaría sus dudas a la mujer rubia. Empezó a correr escaleras arriba, riéndose, al oírlos a los tres exclamar a coro:

—¡No!

Sirius miró a sus dos acompañantes interrogante sobre las preguntas que le escuchó hacer a su hija. Los vio suspirar y hacerle señas que los acompañase al jardín posterior. Allí le explicaron lo que preparaban normalmente los Cundáwans para las lunas de miel, que por lo visto sus esposas tenían planeado revivir la Nochebuena. Ellos habían pensado tener una celebración especial con ellas, pero no se les había ocurrido el tener una segunda luna de miel. Sirius se burló de ellos unos minutos, riéndose de sus expresiones ante las preguntas de su hija. Se preocupó al recordarle Humphrey que la chica había dicho que le preguntaría a Meg.

—¿Crees que Meg le responderá a sus preguntas? —lo interrogó preocupado Wymond, al ver el cambio en su expresión. Salió corriendo con Humphrey tras él, al verlo asentir y devolverse rápidamente a la casa.

Cuando llegaron al cuarto una muy divertida Meg se burlaba de una jovencita de ojos grises y pelo negro, roja como un tomate, que le pedía que hablasen de la túnica y olvidase sus preguntas. Los tres hombres se devolvieron al pasillo a tomar aire, se miraron entre ellos y sonrieron.

Wymond y Humphrey llevaron a Sirius a su cuarto, al frente del de su prometida, para que descansase un poco de la agitación de ese día. Le recordaron que al día siguiente debía "estar en forma" mientras sonreían con picardía. Hablaron con él hasta que lo vieron quedarse dormido.

Suspiraron al encontrarse sus miradas. La averiguación ya estaba hecha y las decisiones pertinentes al momento que estaban viviendo tomadas. Los tres habían decidido sepultar aquello en lo profundo de sus mentes y corazones hasta que llegase el momento de enfrentar esa situación. Humphrey los convenció a los dos de decirles medias verdades a George y Aline, para que no los presionasen más con preguntas y al mismo tiempo facilitarle a él su tarea si se hacía ineludible.

Desde primeras horas de la mañana del miércoles 24 de diciembre de 1997 el #12 Deercourage Place, el #12 de Grimmauld Place, La Madriguera, El Nuevo Amanecer y el #7 Calle Faith en Bristol eran un hervidero con catorce novias demasiado nerviosas, catorce novios que fingían estar tranquilos pero no atinaban a ponerse los calcetines, treinta chicos y veintiocho adultos que intentaban tranquilizarlos, arreglarse y poner todo a punto tanto en las casas como en Hogwarts.

Eran ayudados en el colegio por un anciano que sonreía feliz, una Cundáwan pura de sonrisa serena y un Cundáwan puro con una ceja levantándose cada diez minutos. Los tres colaboraban con la directora y los otros profesores con los detalles de último minuto. También ayudaban Madam Maxime, Carissa, Athos, Carol, Aramis, Ginette y Amaury Giscard, Alexia y Mike Preston, Cerise Giscard, Susan Bones y Cody Bones (habiendo retomado el apellido de su fallecido padre un par de días después de regresar a Inglaterra). Athos y Aramis estaban muy interesados en conocer a los pilluelos que los habían engañado con el traslado de la reliquia.

En el Gran Comedor los chicos habían sustituido las cuatro largas mesas por catorce mesas redondas con ocho sillas ubicadas alrededor de cada una. Habían ubicado además una en forma de herradura alargada cubriendo la pared del fondo y parte de los laterales, con cerca de ciento veinte sillas alrededor.

En donde generalmente estaba ubicada la mesa de los profesores habían ubicado catorce parejas de macetas con flores muy vistosas sobre las cuales flotaban mágicamente velas que cambiaban entre colores pasteles. Estaban flanqueadas por el lado izquierdo por un gran árbol de navidad, que además de las tradicionales esferas de colores brillantes lucían las figuritas de catorce parejas de novios bailando, con las hadas volando de la una a la otra por curiosidad, dándole un brillo móvil especial al enorme pino que Hagrid había llevado para la ocasión.

En la punta del árbol brillaba una extraña flor con forma de estrella, sus cinco pétalos iridiscentes reflejaban de forma extraña pero hermosa las luces que incidían sobre ellos. La había llevado Luna y hecho flotar hasta la punta del árbol el profesor Flitwick, luego que él y la profesora Sprout la admirasen. Nunca habían sabido de esa variante tan exótica de Flor Voladora.

La joven rubia le regaló una maceta con el pequeño arbusto del que habían sacado la flor a la jefe de Hufflepuff. Le repitió las recomendaciones que les había dado el extraño ermitaño, a su novio y ella, cuando les regaló dos arbustos. Les había asegurado que era inofensiva y florecía una anualmente, pero que una vez se marchitase debían ser tratados con mucho cuidado sus pétalos. Éstos servían de base para pociones sólo si eran cortados adecuadamente en los primeros minutos luego del amanecer del tercer día de su florecimiento, pues luego se volvían venenosos.

Raymond los había escuchado con mucho interés. Llevó luego aparte a los dos chicos, para interrogarlos sobre la persona que les había dado tan extraño obsequio. Sonrió al comprender que Daniyyel, el hermano menor desaparecido de Lambert, se había conseguido a la biznieta de su sobrino Lanzo luego de salir del Sello Cundáwan antes que fuese blindado. Deducía que había llevado con él tres plantas de los Mundos Perdidos y, por lo que le dijeron, les había regalado a la pareja de chicos dos muestras de cada una.

«Eso sólo puede significar que mi viejo amigo sabía que iba a morir y quería transmitir sus conocimientos a alguien abierto de mente. ¿Cómo ha dado con la chica rubia?». Se había perdido en sus pensamientos cuando escuchó que el castaño mencionó la revista del papá de su novia y aquello le respondió su pregunta, sonriéndoles suavemente.

Suspiró al saber que los chicos se habían arriesgado a salir del colegio sin pedir permiso para visitar a Derek Lovegood, que se encontraba en su casa en cama luego de su última excursión. Cuidaba de él la señorita Lana Drew, que conversó animadamente con Neville mientras la rubia lo hacía con su padre. Se habían reunido luego los cuatro con "el extraño ermitaño" que les dio distintos y llamativos obsequios a cada uno antes de quedarse dormido. La mujer de pelo largo y castaño rojizo no consiguió rastros de él al día siguiente, según les escribió a los chicos.

Había una explicación lógica para aquello visto desde el punto de vista de un Cundáwan puro. Una vez cumplido su objetivo de transmitir sus conocimientos se retiraba a descansar para siempre lejos de otros humanos, a quienes no quería generar sentimientos de aflicción. En el sitio, previamente escogido, dejaba su materia a la naturaleza para que continuase con el ciclo de la vida, mientras su espíritu volaba lejos a la siguiente aventura.

Raymond se despidió de los chicos y se aproximó a uno de los ventanales para desde allí despedirse en silencio de Daniyyel, quien fue un además de un excelente pupilo un buen amigo de sus cuatro hijos.

Las risas de los niños pasando corriendo a su lado le retornaron al lugar en el que se encontraba. Sonrió al ver a la castaña regañándolos, mientras la chica de ojos miel volvía a acomodar las guirnaldas que los chicos habían arrastrado con ellos en la carrera. Detuvo con un gesto de su mano a Hermione para que no les quitase puntos, guiñándole con picardía un ojo mientras le señalaba los jardines exteriores.

Hermione comprendió el gesto y le encomendó a Ron que vigilase que Olivia, Walter, Randy, Gabrielle, Christopher, Timothy, Christine, Stephany, Atanas, Grace, Malcolm y Virginia ayudasen a Fred, George, Hagrid, Madam Maxime, Athos, Aramis, Amaury, Carole y Antonin Giscard con las decoraciones que pondrían en los terrenos del colegio, en el espacio que habían aislado del frío aire invernal mediante paredes hechas de hielo las profesoras Maxime, Kandace y Minerva. Allí sería útil su ingenio y exceso de energía.

Jefferson bajó triste la mirada, al comprender que no lo había enviado allí por su problema de salud. La levantó en seguida cuando la castaña le asignó ayudar a Estrella, Gayla, Yannis, Topacio, Robin, Keely, Penny, Luke y Saffron con los adornos de las guirnaldas que se afanaban en ubicar Micah, Gavin, Kathlyn, Keegan, Phil, Eileen y Sterling bajo las indicaciones de Jessica, Isolda, Daphne y Neville, mientras Harry, Angela y Luna arreglaban los adornos que iban en cada mesa con su ayuda.

Kandace le susurró al anciano, en confianza, que la castaña era todo un general a la hora de organizar a sus compañeros. Él asintió y sonrió. Mientras tanto Alphonso los miraba con el ceño fruncido, desde el punto en que ayudaba a Madam Pince a ubicar libros que entonaban villancicos en puntos estratégicos del Gran Comedor, escogidos también por Hermione.

Los chicos habían ya decorado con motivos navideños las casas en que vivirían los que se casarían ese día, así como aquellas de los que eran padrinos de bodas y ya estaban casados, la antigua mansión Black y la mansión Potter.

Habían ayudado a convencer a Molly de que les permitiese a Penelope y Percy pasar esa noche en La Madriguera. Se habían enterado una semana antes que el muy correcto chico de lentes había encargado familia antes de casarse. En la matrona se habían peleado las ganas de reñirlo y de estrujarlo en un fuerte abrazo, ganando la segunda opción.

Arthur logró convencer entonces a Molly que le legasen su casa a esta pareja, asentándose ellos definitivamente en Grimmauld, como les había pedido Sirius con apoyo de Angela y Harry. Molly aceptó, pues sabía que su hijo se sentiría más cómodo y seguro en La Madriguera que en ningún otro lugar con su limitación visual.

Ambar, Dorothy y Eloise ya habían logrado convencer a Percy de ser su asesor legal en la tienda de víveres que llevaban entre las tres en el Callejón Diagon, Alex que asesorase a su prima Glory con la heladería de Fortescue) y estaban a punto de convencerlo Clarisse, Remus y Humphrey los ayudase de manera similar con la tienda de Ollivander.

Raymond con mucha dificultad contuvo la risa al ver a la castaña riñendo a Angela y Harry, que se arrojaban con sus varitas confeti. Vio a los dos chicos asentir apenados y limpiar el desorden que habían provocado. Aquello contrastaba notoriamente con lo que vio unos días atrás, a primera hora de la mañana en Deercourage, cuando fue a visitarlos.

El chico de pelo negro les ordenaba a Hermione y Ron el ir con Estrella y Jefferson a adornar las casas Snowflake en Wick para Julia y Boris Mladenov, Highfree en Greenock de Esther y Steve Hewitt, Viewsea en Fallmouth para Alicia y Oliver Wood (a quienes él se las había dado como regalo de bodas), y Alas Plateadas en Westminster Terrace (Isla de Man) de Rory y Keaton Simmons.

Angela y George debían adornar con ayuda de Keely y Phil las casas Baysweet en Swansea para Katie y Lee Jordan, #11 Long Street en Bethseda de Faith y Andre Levett, La Madriguera en Devon para Penelope y Percy Weasley, y Atardecer en Plymouth, que le habían comprado Kathleen y Gawain Robards a los hermanos Jordan tres semanas antes.

Christine y Timothy les fue encomendado ayudar a Micah y Daphne a adornar las casas El Nuevo Amanecer en Lancaster para Sue y Pacey Jordan, Flowfree en Limerick de Joanne y Alex Dunst, Newport en Arbroath para Sally y Elias Canetti, y el Vivero Graham de Maggie y Dawson.

Luna y Neville adornarían con ayuda de Kathlyn y Keegan las casas Freebroom en Middlesbrough para Angelina y Manny Preston, #3 Northend en Essex de Felicity y Daniel Simmons, Relief en Norwich para Hestia y Jarod Hyland, y la mansión Longbottom.

Gabrielle y Christopher aceptaron gustosos ayudar a Isolda y Laurence a adornar las casas Dragoncave en Salisbury para Abby y Charlie Weasley, Coulognewolf en Dover para Fleur y Bill Weasley, Renacer en Glasgow para Chloe y Dylan Prewett, y Maia Mayer Place de Nataly y Mintaka Henley (quienes formaban parte de la O.D.F. desde septiembre pero sólo sabían de esto Remus, como líder del grupo, Aline y Wymond, que los habían evaluado para permitir el ingreso al grupo, y Minerva pues siendo ambos inefables debían mantener sus contactos y movimientos en secreto en la medida de lo posible. Chloe se los había presentado a los chicos del E.D.H. y el G.E.J.M.A el día antes).

Jessica y Fred, con la ayuda de Eileen y Gavin, debían adornar las casas Yingyang en Carlisle para Clarisse y Kingsley Shacklebolt, #2 Calle Hope en Darlington de Dorothy y Joseph Hart, La Pradera en Hernhill para Nymph y Remus Lupin, y Bluesnap en Dublín para Eloise y Humphrey White.

Stephany y Atanas ayudarían a Ginny y Harry a adornar las casas Highfly en Aberdeen para Alexandra y Viktor Krum, Bellepeace en Belfast para Bogdana y Simeon Kaloyan, Nieve Primaveral en Nottingham para Meg y Sirius Black, y Greenprairie en Edimburgo para Aline y Wymond White.

Todos unirían sus esfuerzos en el #12 Grimmauld Place, de Molly y Arthur Weasley, para finalmente cerrar la tercera noche en Deercourage en Nottingham.

Por lo que sabía esta última habían terminado decorándola los adultos, pues uno a uno los chicos habían caído dormidos en la sala mientras con movimientos perezosos de sus varitas intentaban decorar. Los veintiocho habían estado agotados por el ritmo de trabajo de esos tres días, para tener las casas listas para las bodas.

Con mucho cuidado los habían llevado a las habitaciones grandes de la casa a descansar. Remus les avisó a sus respectivas familias que esa noche se quedarían con ellos, para que no se preocupasen. Al día siguiente los chicos habían pedido disculpas por el trastorno ocasionado y comenzaron con los arreglos en el colegio, paralelo a los arreglos en Deercourage para el cumpleaños.

«Y… Han sido bastante hábiles para disimular sus movimientos, pero gracias a mi amplia experiencia con el don del Manejo de la Energía, en el que incluso Angela es aún inexperta, he podido darme cuenta que se nos escapan en pequeños grupos a la biblioteca al menos dos del E.D.H. y uno del G.E.J.M.A. No los he podido seguir para investigar lo que traman por todo el alboroto que existe en el colegio, además que los chicos parecen tener una especial habilidad para tenernos a todos los profesores muy ocupados en diversas actividades». Suspiró al pensar en ello.

«Harry es un líder joven, intuitivo y osado al que los otros siguen y apoyan sin dudar. ¿En qué nuevo lío estarán metidos los diecisiete chicos? Menos mal que habíamos decidido mantener el E.D.H. con sólo doce miembros y creado un nuevo grupo para los otros chicos. Así al menos lo que estos aprenden está bajo control de Jessica con instrucciones de Wymond y no de Angela directamente». Suspiró de nuevo sintiéndose por momentos muy viejo para todas las situaciones que tenía que enfrentar cada día.

Observó a Kandace ayudando a los más pequeños con los últimos retoques a la decoración. Una suave y triste sonrisa se posó en su rostro. La había conocido desde que era niña, la había entrenado y aprendido a apreciar. Una joven de carácter fuerte y firme que jamás se había enamorado pero que había añorado mucho en su madurez el no haber llegado a ser madre.

La había visto contenerse durante el entrenamiento de sus pupilos para no volcar en ellos aquellos sentimientos. Se comportaba según le enseñaron siempre debía hacerlo una Cundáwan. Sólo se había permitido poco a poco el dejar fluir aquello con los niños luego que llegasen allí a Hogwarts. Estaba contento porque había podido vivir esa experiencia, pero lamentaba que sólo pudiese disfrutarla unos meses antes de la partida definitiva.

Se giró a mirar a su otro compañero de destino, Alphonso, que se encontraba hablando con la directora y los franceses. A él también lo conocía desde pequeño. Lo vio tomar muy joven la responsabilidad de su casa cuando su padre falleció, quedándose solo cuando murió también la mamá y su hermanita. Sabía que en una época estuvo muy enamorado de Kandace pero ella no le correspondió con algo más allá de una amistad y él se resignó, permaneciendo a su lado como su mejor amigo.

Se habían formado los dos como pupilos suyos, los mejores junto a Albus hasta que aparecieron Wymond, Aline, Humphrey y Eloise. Estaba seguro que los cuatro últimos habrían sido complementados por las gemelas si ellas no hubiesen muerto.

Observó al gemelito castaño llevarles jugo de calabaza al grupo y preguntarle algo al objetivo de su observación. Suspiró al notar que con el niño dejaba a un lado su gesto adusto y le hablaba con la expresión serena que tenía años sin verle, desde que era muy joven. Le alegraba que el pequeño hubiese podido llegar al corazón acorazado de su pupilo. Así al menos vería un rayito de luz que le permitiría partir tranquilo a la siguiente aventura.

Salió con paso lento hacia los terrenos y se dirigió al lugar que habían acondicionado como pista de baile. Aprobó con una cabezadita el trabajo hecho por los chicos, que colocaron en todas las paredes internas un ramaje con una planta enredadera mágica que aislaría la vibración de la música de las paredes de hielo, permitiendo que el lugar fuese seguro. El techo de vidrio totalmente transparente les permitiría a los invitados que estuviesen allí el ver directamente el cielo.

Si por una extraña casualidad se llegaba a cumplir el vaticinio de Trelawney tendrían "cielo despejado, plagado de estrellas llenas de augurios, con una noche especialmente fría". Sonrió al pensar que ahora la profesora siempre veía en sus cartas y la esfera noches con estrellas llenas de mensajes secretos, intentando seguramente con esto fastidiar a Firenze que se limitaba a ignorarla.

La decoración del lugar era muy alegre, llena tanto de guirnaldas con motivos navideños como de centros de mesa con lirios blancos y campanitas doradas rodeando las bases de candelabros con velas curvadas formando corazones. Los manteles de las mesas y las servilletas tenían bordados varitas cruzadas y anillos engarzados alternándose con ramilletes de novia. Globos de colores blanco, azul, rosado, rojo sangre y verde grama estaban atados cada cierto tramo en el contorno del salón.

Era casi idéntica a la decoración del Gran Comedor. Los chicos habían cumplido su promesa de cuidar todos los detalles para que las novias se pudiesen dedicar con tranquilidad a sus túnicas y los novios a sus trajes, mientras los padrinos se encargaban de los detalles para las lunas de miel luego que los chicos terminaron de adornar las casas.

Lamentaba muchísimo que las parejas disfrutarían de un tiempo de privacidad tan corto, pues en sólo siete días deberían reintegrarse a los entrenamientos. Lo había dispuesto así porque no sabía de cuánto tiempo disponía para transmitirles el mayor cúmulo de conocimientos y habilidades posibles antes de su partida. No le tenía miedo a la muerte, pues sabía que era sólo un paso para su siguiente aventura. Lo que le preocupaba era no tener tiempo suficiente para entrenar totalmente al menos a los nueve con los doce dones ya activos.

Frunció el ceño al pensar cuántas veces se había visto tentado a viajar un par de meses en el futuro para despejar esa duda. Se había detenido al saber que podía llegar a verse tentado de modificar algo de manera grave. «¿Cuántas veces se habrán contenido mis pupilos en ese don de hacerlo con todo lo que han vivido? Tal vez por eso ha llegado a los chicos involucrados directamente en la Profecía Cundáwan el conocimiento de lo ocurrido previamente a que se viese consolidada, para evitar que se vean tentados de usar su don con la finalidad de modificar su pasado. Pero aquellas estrofas sobre los viajeros…». La entrada de Christine al lugar corriendo lo distrajo de sus pensamientos.

—Profesor, necesitamos su ayuda en… ¿Se encuentra bien? —le preguntó preocupada al ver su semblante grave.

—Sí pequeña, no te preocupes —le sonrió con suavidad, diciéndole una media verdad al ver su expresión de incredulidad—. Estaba pensando que tal vez los antiguos se equivocaron al aislarnos afectivamente. Nosotros nunca hubiésemos podido hacer algo tan hermoso como esto que ustedes han hecho por quienes quieren.

—Perdone usted, profesor, pero eso no es en lo único que se equivocaron esos señores —le replicó la niña con tono un poco enfadado, suspirando y sonriéndole con dulzura en seguida—. Me alegra mucho que le guste lo que hemos preparado para la celebración de hoy. Por favor venga conmigo, Madam Pomfrey dice que necesita de su ayuda con la poción que les daremos a los que se quedarán aquí, para combatir el frío y que puedan disfrutar la velada tanto como los que estarán adentro.

El anciano asintió sonriente y salió de la mano de la niña rumbo a la enfermería del colegio. Aquél tónico suave y sin contra‑indicación alguna era un detalle importante ese día.

Cuando salió de nuevo de la enfermería arqueó las cejas en sorpresa. Allí estaban todos los jóvenes del E.D.H., G.E.J.M.A. y algunos hijos de miembros de la O.D.F. con túnicas de gala de color blanco, aunque daban destellos iridiscentes que le hicieron comprender estaban forrados con una tela más sutil, casi transparente, que tenía aquella cualidad.

Las niñas tenían el pelo recogido en dos colas con diferentes tipos de flores rosadas mientras las jóvenes lo llevaban en una cola con un arreglo de pequeñas flores blancas y rojas. Los niños llevaban en la solapa izquierda un pequeño ramito rosa, notando el anciano que el de cada uno de ellos hacía juego con el de una o dos de las niñas. Los jóvenes lucían unos rojos y blancos cuyas flores también se correspondían con el de sus parejas o amigos.

Notó que la pequeña francesa y las gemelas Major detallaban a todos y cada uno antes de sonreír orgullosas. Eso lo hizo comprender que ellas eran las artífices de aquello. Sonrió. Por lo visto todos los chicos habían aportado ideas, cubriendo todos y cada uno de los detalles de aquél día tan especial.

Se dirigió a la mesa que le indicaba la pequeña Brown. Allí estaban ubicados la mayoría de los otros profesores, en el lateral derecho de la mesa en forma de herradura, en el punto más cercano a las ventanas y alejado de las puertas del Gran Comedor. En el otro brazo de la gran U, frente a él, se encontraban los franceses, el auror Bram Rogers con una joven elegante que seguramente era su esposa, el anciano Kent con su distintivo traje como representante del Ministerio de Magia, doce magos y brujas que sabía eran los miembros del Consejo Escolar y algunos duendes de Gringotts.

Notó sus miradas furtivas hacia una esquina posterior del salón, dirigiendo hacia allí su mirada con curiosidad. Se contuvo de reírse gracias a su entrenamiento, al ver allí al pequeño gigante hermano de Hagrid: Grawp.

Observó que a los duendes también parecía extrañarles un poco la presencia junto a Firenze, el centauro de pelo rubio claro y ojos azules, de Arce. Ella era una centauro que había abandonado la manada para unirse a él, de ojos azules, cabello rojo y pelaje castaño rojizo. Actualmente colaboraba con Grawp en el cuidado de los terrenos del colegio, por el difícil acceso para el pequeño gigante a algunos lugares sin ocasionar daños.

Sonrió sin poder evitarlo al recordar su conversación con Magorian, Bane y Ronan al poco tiempo de llegar allí, así como la subsiguiente con Firenze presente. Hagrid los había acompañado, así como el resto de la manada. No fue fácil pero logró el perdón de la manada para su colega y que lo readmitiesen. También que le permitiesen el seguir enseñando algunos conocimientos a "los ignorantes humanos", de manera controlada, con la finalidad de "sembrar en los potrillos humanos el respeto hacia su raza".

El bullicio por la entrada al Gran Comedor de una cantidad considerable de brujas y magos vestidos de gala, sonriendo y saludándose entre ellos, lo distrajo de sus cavilaciones. Estaban llegando los familiares y amigos más cercanos de las catorce parejas, los cuales eran guiados amablemente por los niños y los más jóvenes a sus lugares. Comprendió que los mayores debían estar guiando a los compañeros de trabajo y parientes no tan cercanos al sitio que habían acondicionado en los terrenos.

Kandace, Alphonso, Aline, Angela, Wymond y él habían generado mágicamente una especie de pantalla tridimensional sonora para que los que estaban fuera pudiesen ver y oír la ceremonia mediante la cual las catorce parejas se casarían. Estaba planeado que luego los recién casados se turnasen para compartir con sus invitados allí y los que les acompañaban en el Gran Comedor. La música estaba a cargo de Las Brujas de Macbeth y Los Magos de Moray, mientras de la comida se ocupaban los elfos de Hogwarts que, según le había dicho en tono confidencial Dobby, habían preparado algo muy especial para esa noche.

Giró levemente el rostro hacia arriba y vio unos pequeños copos de nieve cayendo. Suspiró. Trelawney había fallado en su pronóstico, una vez más. Aunque no totalmente, pues podían verse las estrellas. Notó que la directora, sentada a su lado, también veía el fenómeno atmosférico con preocupación. Creyó oír que alguien conocido le susurraba al oído con voz traviesa:

—Nosotros podemos hacer que sea una muy tenue nevada, para que disfruten los pequeños copos pero sin que nos arruine la diversión.

Cerró los ojos con una suave sonrisa en su rostro por el recuerdo. Angelica, en ese entonces una niña traviesa y zalamera, le había pedido aquello para poder jugar con sus hermanos y cuñados. Su risa feliz había llenado su jardín al verlo asentir en aceptación.

Vio en ese momento entrar a las madrinas y padrinos de boda, que Hermione, Ginny, Luna, Angela, Jessica, Daphne, Isolda, Harry, Ron, Neville, George, Fred, Micah y Laurence guiaban hacia los puntos estratégicos cercanos a las parejas de macetas con flores vistosas. Notó que los siete chicos y los dos adultos, con los doce dones activos, lucían preocupados. Les transmitió mentalmente lo que pensaba hacer. Aceptó su ayuda con una sonrisa traviesa, al verlos destensarse y brillar sus ojos.

Le sorprendió un poco dos parejas de padrinos. Comprendió minutos después a quiénes debían acompañar, así como también que probablemente eso les ocasionaría problemas a los padrinos. Gawain Robards, con una sobria sonrisa, inclinó su cabeza en forma de saludo a la directora, los que la acompañaban y luego a los que al otro lado del Gran Comedor lo miraban con mal disimulado asombro. Mintaka Henley saludó con un gesto similar a la directora, al anciano Kent, a dos de los miembros del Consejo Escolar, a tres de los duendes de Gringotts, a Remus y a él.

Las madrinas vestían de rosado claro y los padrinos de azul celeste claro, resaltando al igual que la comitiva blanca que los ubicaba al frente del Gran Comedor. Cada uno de ellos llevaba con mucho cuidado una pequeña bandeja ovalada, viéndose en las que portaban ellas algunos pétalos blancos y algo brillante que desde lejos no se distinguía, mientras en las que llevaban ellos se veía una cinta blanca doblada formando un lazo de muchos rizos.

Una vez que ellos estuvieron ubicados Hermione asintió levemente en dirección a la orquesta. Tanto el Gran Comedor como la habitación de vidrio en los terrenos fueron inundados por una música suave y alegre. En seguida salieron Ginny, Luna, Angela, Jessica, Daphne, Isolda, Harry, Ron, Neville, George, Fred, Micah, Laurence y ella de allí.

Una vez que la música comenzó los invitados suspendieron sus charlas y se acomodaron bien en sus lugares. Cuando el silencio era absoluto entraron Kristy Simmons (niña de ocho años, hija menor de Rory y Keaton) y Jonathan Hart (niño de nueve años, hijo menor de Dorothy y Joseph) con portes muy serios. Cada uno portaba una bandeja mediana ovalada con polvo de hadas. Avanzaron hasta ubicarse al centro del salón, frente a los padrinos, y se quedaron allí muy quietos.

Cuando la mayoría empezaba a mirar a los niños interrogantes entró Gabrielle Delacour llevando a un Charlie Weasley muy elegante, en una túnica color vino, junto a Fleur y Bill Weasley, sus padrinos.

Tras ellos Jessica Lupin condujo a un elegante Remus Lupin, con túnica color canela, al lado de Eloise y Humphrey White, que lo recibieron con una gran sonrisa.

Angela Black guió a un bastante nervioso pero muy guapo Percy Weasley, en túnica color púrpura, junto a Kathleen y Gawain Robards, sus padrinos. El jefe de los aurores se hizo amigo de Percy mientras trabajó en el Ministerio, e hizo lo posible por no perder nunca contacto con él. Sabía que su presencia allí podía acarrearle problemas con Scrimgeour, debido a Dolores Umbridge, pero le importaba más la felicidad de su esposa.

Kathleen había sido la mejor amiga de Peony Overton cuando estudiaron en Hogwarts, su madrina de bodas, la madrina de Penelope cuando nació y quien ayudó a criarla desde que su amiga quedó viuda y muy malherida en uno de los últimos ataques de los mortífagos antes de desaparecer Voldemort. Cuando los esposos Robards pidieron ser los padrinos de bodas Percy no pudo negarse, a pesar de los problemas que le podía ocasionar a su amigo, porque quería mucho a Penelope y sabía que ella quería que lo fuesen.

Ginny Weasley llevó muy sonriente a Sirius Black, que en su túnica color plata lucía tan guapo y joven que parecía nunca haber pasado por penurias, dejándolo al lado de unos sonrientes Aline y Wymond White.

Eileen Hart los seguía con Kingsley Shacklebolt, el cual vestía una túnica color arena que lo hacía lucir joven. La chica le sonrió al ubicarlo junto a Dorothy y Joseph Hart, sus padres, que eran los padrinos de su tía y el moreno ex auror.

Una nerviosa Stephany Murray iba hablando en voz baja con Viktor Krum, que lucía una túnica color violeta. Él le aseguró que ella lo estaba haciendo bien, que el comportamiento de sus fanáticas y fanáticos sólo demostraba la inmadurez de ellos y que lo mejor en reuniones y celebraciones personales era ignorarlos. La niña asintió y le sonrió al dejarlo junto a Bogdana y Simeon Kaloyan.

Christine Brown la seguía charlando en voz baja con un bastante nervioso Elias Canetti, que lucía una túnica terracota. Bromeó diciéndoles a Maggie y Dawson Graham que no le permitiesen escapar, cuando lo ubicó a su lado.

Estrella Hewitt conducía nerviosa a Boris Mladenov, que en su túnica color chocolate le hacía bromas a la chica en voz baja para calmarla, olvidándose de sus propios nervios. El joven búlgaro le dio a la adolescente un beso en la frente de despedida cuando estuvo al lado de Esther y Steve Hewitt.

Isolda Major guiaba a Dylan Prewett, quien la sostuvo cuando ella fingió tropezarse con el borde de su túnica color sepia, para distraerlo de sus nervios. Le agradeció en voz baja lo que había hecho, sintiéndose más distendido. Nataly y Mintaka Henley le sonrieron a la chica cuando lo dejó a su lado.

Kathlyn Robards llevó a Manny Preston, que vestía una túnica color verde oliva, junto a Felicity y Daniel Simmons, que se unieron por unos segundos a las bromas del novio a la joven.

Keely Simmons guió a un muy bromista Lee Jordan, vestido con túnica color crema y que intentaba ocultar su nerviosismo haciendo sonrojar a la adolescente, hasta el punto en que se encontraban Faith y Andre Levett, que se rieron al ver que la joven de pelo castaño rojizo huía del novio con poco disimulo.

Daphne Major condujo a Pacey Jordan, que en una túnica color miel iba hablando alegre con la rubia, hasta que lo dejó junto a su hermana y su cuñado que eran sus padrinos, Joanne y Alex Dunst.

Luna iba charlando en voz baja con Jarod, que en su túnica color verde pino se notaba totalmente concentrado en lo que la rubia le decía. Alice y Frank rodaron los ojos y carraspearon levemente cuando los dos se detuvieron a su lado, pero seguían tan abstraídos en su conversación sobre runas que se les había olvidado el porqué estaban allí. El novio se sonrojó levemente y asintió en su dirección, mientras la rubia les sonrió y se alejó tarareando en voz baja una melodía.

Cerraba la comitiva Hermione, que llevaba a un muy guapo Oliver vestido con túnica color fucsia junto a Rory y Keaton Simmons. El joven hombre caminaba lentamente. Aún no se había acostumbrado a la prótesis de madera y aluminio que completaba su pierna izquierda desde la rodilla. Keaton había creado con magia una versión mejorada del mejor diseño existente en el mundo muggle. Rory lo había ayudado con el trauma mental. Oliver les había pedido que fuesen sus padrinos de boda, luego de consultarlo con Alicia, a lo cual habían accedido gustosos.

La castaña iba hablando con él, preguntándole sobre algunas jugadas especiales de Quidditch. Le había dicho que aunque sus mejores amigos pertenecían al equipo seguía sin entenderlas. El ex capitán le respondía con mucha paciencia, agradeciéndole que lo intentase distraer. No había estado en público desde su secuestro y tortura, por lo que hubiese estado demasiado nervioso de no ser por Hermione.

Una vez que salieron las doce acompañantes la tensión en el ambiente pareció incrementarse un poco, hasta que una pequeña exclamación se escapó de casi todos los invitados al ver entrar a Gabrielle, Angela, Jessica y Ginny arrojando pétalos de múltiples colores frente a la comitiva de las primeras novias con sus acompañantes, creando una alfombra por la que éstas avanzaban. Luego se desplazaron las dos primeras hacia el costado izquierdo y las otras dos hacia el costado derecho.

Tras ellas apareció Christopher Brown acompañando a Abby McKinnon, que vestía una hermosa túnica color rosa pálido. El niño sonrió al poner las manos de ella en las de Charlie y se alejó, luego de inclinar levemente la cabeza, hacia el costado izquierdo justo atrás de Gabrielle.

Fred Weasley llevaba muy sonriente a Nymphadora Tonks, evitando que se tropezase con el extremo de su túnica color fucsia, acompañando a Andromeda y Ted Tonks que escoltaron a su hija hasta el punto en el que se encontraba Remus. La mamá le guiñó un ojo al novio mientras el padre le ponía con movimientos ceremoniosos las manos de su hija entre las suyas, alejándose luego hacia los puestos de la mesa de esa pareja. Fred les sonrió a los dos y se alejó hacia el costado derecho, parándose tras Jessica.

George Weasley acompañó bromeando a Penelope Clearwater, que vestía una túnica de tela suave color lila. Tras ellos caminaba sonriente Peony Clearwater, quien junto a George colocaron las manos de Penelope en las de Percy con mucho cuidado. George palmeó levemente en el hombro a su hermano, antes de desplazarse hacia la izquierda y ubicarse detrás de Angela.

Harry Potter intentaba tranquilizar a Meg Heigh, que vestía una preciosa túnica color azul cobalto, mientras la conducía junto a Sirius. Posó las manos de ella en las de él con una gran sonrisa y luego se dirigió a la derecha hasta pararse tras Ginny.

Eileen, Christine, Stephany y Estrella avanzaron tras ellos arrojando nuevamente pétalos de múltiples colores, sobre los que avanzaron las siguientes cuatro novias y sus acompañantes. Luego las dos primeras se ubicaron junto a los jóvenes a la izquierda y las otras dos junto a los de la derecha.

Gavin Robards avanzó con paso casi marcial junto a Clarisse Spears, que lucía hermosa en su túnica color fresa. Colocó con mucha ceremonia las manos de la rubia en las de Kingsley. Los dos aurores le susurraron "los aurores no marchamos", a lo cual el joven se sonrojó y asintió antes de alejarse rápidamente hacia la izquierda y ubicarse detrás de Eileen.

Tras ellos Atanas Kaloyan guiaba a Alexandra Kristeva, que lucía una túnica color amarillo, comentando en voz baja sobre los vociferadores que había recibido la joven desde que Rita Skeeter anunciase su próxima boda con Viktor. Le aseguró al niño que Alice Longbottom le había prometido, unos minutos antes de empezar la ceremonia, enseñarles un hechizo para desviarlos hacia otra persona. De forma respetuosa ubicó las manos de ella en las de Viktor, por quien sentía a partes iguales admiración y cariño.

Sonrió al escuchar tanto a Esther como a Steve susurrar que durante la fiesta los ayudaría a establecerlo, para que todos le llegasen a Skeeter. Su sonrisa se amplió al escuchar que Sirius decía que él le agregaría un toque especial a la barrera, con una expresión pícara. Meg, Aline y Wymond aseguraron que los ayudarían. Alexandra, Viktor, Bogdana, Simeon y Boris les agradecieron de inmediato en voz baja. El niño búlgaro se dirigió a ubicarse tras Stephany pensando con satisfacción «esa odiosa reportera va a recibir su merecido».

Les seguía Timothy Heigh con Sally Mulder, que vestía una túnica color cian. Elias sonrió al ver al niño parpadear varias veces cuando llegó junto a él. Clarisse y Kingsley le recordaron, con disimulados movimientos, que debía llevar las manos de la novia a las del novio, lo cual hizo sonrojado antes de empezar a caminar rápidamente a ubicarse tras Christine.

Jefferson McMillan conducía a Julia Asen, vestida con una túnica color crema, respondiendo con una mezcla de francés e inglés a lo que ella le decía por lo nervioso que estaba. Atinó a poner las manos de la joven en las de Boris, antes de girar hacia la izquierda y detenerse en seco al no ver a Estrella. Sirius le susurró que debía ir hacia la derecha, a lo que el chico le sonrió agradecido antes de girarse e ir tras la chica.

Avanzaron arrojando pétalos Isolda, Keely, Kathlyn y Daphne, abriendo paso al siguiente grupo de novias y acompañantes.

Laurence Henley guiaba con porte muy formal a Chloe Foster, que sonreía dichosa en su túnica color lapislázuli. La novia tenía sus ojos clavados en Dylan desde que entró allí, sonriéndole agradecida al chico cuando le colocó las manos en las del que en unos minutos sería su esposo. Al escuchar carraspear a su papá y que su tía se sonrojaba apenas si pudo contener la risa, antes de ir hacia la izquierda para detenerse tras Isolda.

Keegan Simmons hablaba en voz baja con Angelina Johnson, que vestía una túnica color mostaza, sobre diferentes maniobras de Quidditch. Al colocar las manos de la joven en las de su tío le guiñó un ojo mientras le decía en voz baja:

—No vayas a dejar caer la cazadora por atrapar la quaffle, que ella vale miles de veces más.

—¡Keegan! —exclamó exasperada Felicity, mientras Angelina se ruborizaba y Daniel se reía. El último palmeó en el hombro a Manny, que inconscientemente había asentido y abrazado posesivamente por la cintura a Angelina. Keegan sonrió con picardía y caminó rápido hasta ubicarse tras Kathlyn.

Phil Jordan mientras la guiaba bromeaba con Katie Bell, que lucía preciosa en su túnica color anaranjada. La joven no podía dejar de reírse de las travesuras que, su pronto a ser esposo y quien la acompañaba y pronto sería su cuñado, habían hecho cuando niños. Katie le susurró algo al oído a Lee, cuando Phil le colocó sus manos entre las de él, haciéndolo tartamudear ruborizado. Esto hizo reír tanto a Phil como a Faith y Andre. Fred y George enarcaron las cejas mirando a su amigo intrigados, antes de mirar al chico tras Keely y luego entre ellos.

Micah Atkinson y Sue Harris, en su túnica color rojo, estaban tan entretenidos hablando sobre criaturas mágicas que no se dieron cuenta que ya estaban junto a Pacey, hasta que Joanne y Alex no carraspearon. Los tres se rieron al ver que el chico se volteaba para alejarse, antes de devolverse por las señas exasperadas de Daphne para que pusiese las manos de Sue entre las de Pacey. El chico se giró de nuevo, hizo lo indicado por la rubia mientras se disculpaba en voz baja y caminó rápido hasta pararse tras Daphne.

Luna y Hermione avanzaron tras ellos arrojando nuevamente pétalos de múltiples colores, sobre los que avanzaron las últimas dos novias y sus acompañantes.

Neville Longbottom le hablaba a Hestia, que lucía hermosa en su túnica color burdeos, sobre las runas que tenían los invernaderos en La Fortaleza. Al llegar junto a Jarod puso las manos de ella en las de él, con una sonrisa en su rostro. Ésta se amplió al asentir a sus padres antes de dirigirse con paso seguro a ubicarse tras Luna.

Cerraba la comitiva Ron Weasley llevando a Alicia Spinnet, que se veía hermosa en su túnica color turquesa. Se le pusieron las orejas muy rojas cuando le puso las manos en las de Oliver y éste le dijo en broma:

—Tu novia es muy guapa, pero necesita lecciones particulares de jugadas especiales… de Quidditch.

El ex capitán de Gryffindor había acentuado la pausa para que él captase la indirecta. En el rostro del pelirrojo menor se hubiese podido cocinar ante esto.

Una vez que Ron se ubicó detrás de Hermione, Kristy y Jonathan se giraron hacia la izquierda. Caminaron los dos primero hacia Hestia, Jarod, Alice y Frank, tomando la niña entre sus manos polvo de hadas y arrojándolos hacia los cuatro. La madrina estornudó y se sonrojó, pues de inmediato las miradas preocupadas de todas las novias, los otros padrinos, los chicos y doce de los novios estaban sobre ella, mientras Frank la abrazaba sonriente y explicaba para que todos se tranquilizasen:

—Siempre le ocurre con los polvos de hadas.

Remus y Sirius asintieron con una gran sonrisa, soltando la tensión tanto los niños como los demás al frente del Gran Comedor y la señora Augusta en la mesa.

Los siguientes en recibir el polvo de hadas, esta vez de manos del niño, fueron Katy, Lee, Faith y Andre que les sonrieron agradecidos a los niños. La leve inclinación de cabeza de los dos niños fue correspondida por los asombrados novios y padrinos, pues ninguno de los veintiocho sabían la forma en que los chicos habían organizado todo.

Avanzaron entonces a Chloe, Dylan, Nataly y Mintaka, que les sonrieron a los pequeños cuando recibieron el polvo de Kristy, mirando los dos últimos luego pensativos a los chicos que, según sabían por sus hijos, habían organizado todo.

Aparte de los inefables muy pocos sabían que el polvo de hadas aplicado sobre una pareja, justo antes de participar en un ritual de unión afectiva, fortalecía la unión mágica de ambos. El que los estuviesen aplicando tanto sobre los novios como sobre los padrinos era aún más sorprendente, pues esto fortalecería los lazos de afecto en las dos parejas y los de amistad entre ellas.

Los niños siguieron con Sally, Elias, Maggie y Dawson, que recibieron el polvo de hadas que les lanzó Jonathan con sonrisas. Clarisse, Kingsley, Dorothy y Joseph recibieron el que les arrojó la niña con leves cabezaditas de agradecimiento.

Los niños avanzaron entonces a Penelope, Percy, Kathleen y Gawain. El auror le había esta susurrando al pelirrojo todo lo que ocurría a su alrededor con detalles, agradeciéndole el novio en voz baja a los niños luego de sentir en su rostro el polvo arrojado por Jonathan. Abby, Charlie, Fleur y Bill les sonrieron a los pequeños luego de alcanzarlos el polvo que les lanzó Kristy.

Nymph, Remus, Eloise y Humphrey recibieron con emoción el polvo que les lanzó Jonathan, pues sabían de su efecto gracias a Raymond.

Cuando la niña arrojó los polvos sobre Meg, Sirius, Aline y Wymond estornudó la novia, asustándose de nuevo la niña. Se calmó cuando el Cundáwan le susurró:

—Tranquila, es un augurio de matrimonio largo y feliz.

Esto hizo sonrojarse fuertemente a Meg (que tenía un incipiente resfriado pero no había dicho nada) mientras los ojos grises del novio chispearon con una mezcla de alegría y melancolía. Había recordado cuando Wymond los acompañó a Angelica y él en su "boda no formal", bromeando con él para calmar a su hermanita.

El par de niños entonces siguió hacia Alexandra, Viktor, Bogdana y Simeon, que les sonrieron luego de recibir el polvo arrojado por Jonathan. Luego se los arrojó Kristy a Julia, Boris, Esther y Steve, que les agradecieron en voz baja luego de recibirlos. Fueron especialmente efusivos los dos últimos, que también sabían de su efecto.

Kristy y Jonathan avanzaron entonces hacia Angelina, Manny, Felicity y Daniel. Los niños sonrieron por el sobresalto de los cuatro cuando Peeves arrojó hacia ellos una hada, queriendo unirse a la fiesta. El pequeño burlón se acercó seguidamente a George, que lo llamó por señas, saliendo rápidamente con una sonrisa malévola en el rostro luego que el gemelo pelirrojo le susurrase algo. La directora entrecerró los ojos preocupada, pero no dijo nada.

La pequeña criatura alada vio con un poco de miedo que el niño acercaba su manita a ella, muy atontada por el golpe para alejarse. Sonrió al ver que la tomaba con cuidado de la bandeja y la ubicaba sobre su hombro antes de arrojar polvo sobre los novios y los padrinos. La niña miró de reojo a la criatura alada, que hizo un extraño ruidito como un zumbido.

Kristy y Jonathan avanzaron entonces hacia Sue, Pacey, Joanne y Alex, frunciendo el ceño la niña cuando la hada repitió su comportamiento mientras el niño sonrió. Cuando Kristy notó que, luego de arrojar los polvos sobre los novios y los padrinos quedaban muy pocos sobre las bandejas se puso muy nerviosa. Arqueó las cejas asombrada cuando escuchó a Jonathan susurrar algo similar a un zumbido y ver a la pequeña criatura hacerle eco antes de salir volando.

Kristy avanzó junto a Jonathan hacia Alicia, Oliver, Rory y Keaton mordiéndose los labios. Se sobresaltó cuando, al llegar frente a ellos, un zumbido de batir de alas se aproximó al lugar en que se encontraban. Abrieron los ojos con asombro tanto ella como los que estaban cerca al ver a no menos de veinticuatro hadas sobrevolar la bandeja que sostenía un muy sonriente Jonathan, dejar sobre esta una buena cantidad de polvo de hadas y luego alejarse las criaturas hacia el árbol de navidad nuevamente.

Cuando varias miradas se posaron interrogantes sobre el niño de nueve años, éste se limitó a guiñarles un ojo y arrojar sobre los novios y padrinos la misma cantidad de polvo de hadas que venían usando.

Kristy se desplazó hacia la derecha hasta llegar frente a Jessica y Fred, parándose frente a ellos mirando hacia el otro grupo de chicos. Hacia allí caminó Jonathan hasta detenerse frente a Gabrielle y Christopher. En cuanto él se giró empezaron a avanzar siete parejas de cada lado, tras los niños, hasta ubicarse cada pareja de acompañantes junto a los novios que habían guiado.

Cada pareja de chicos tomó de las manos de los padrinos las bandejas que éstos sostenían, mientras los niños avanzaban ceremoniosamente hasta el punto en que el representante del Ministerio de Magia estaba. Lo escoltaron respetuosamente hasta el punto central vacío, en medio de las catorce parejas, y permanecieron de pie allí con él.

Las madrinas tomaron, de las bandejas que les ofrecían los chicos, los anillos de la novia y se lo entregaron a los novios. Ellos lo pusieron delicadamente en la mano derecha de sus parejas. Los catorce novios seguidamente pronunciaron el voto matrimonial a coro:

—Por medio de este anillo te entregó mi magia y mi amor. Prometo cuidarte, amarte y respetarte en la salud y en la enfermedad. Mi mano sostendrá fuerte mi varita para protegerte a ti, nuestra familia y nuestro hogar en tiempos de oscuridad y de luz por igual.

Luego los padrinos tomaron, de las bandejas que les ofrecían los chicos, los anillos de los novios y se lo entregaron a las novias. Ellas lo pusieron en la mano derecha de sus parejas con una gran sonrisa en su rostro. Todos escucharon a continuación que las catorce decían simultáneamente el voto matrimonial:

—Por medio de este anillo te entregó mi magia y mi amor. Prometo cuidarte, amarte y respetarte en la salud y en la enfermedad. Mi mano sostendrá fuerte mi varita para protegerte a ti, nuestra familia y nuestro hogar en tiempos de oscuridad y de luz por igual.

Los padrinos de cada pareja tomaron la cinta blanca que sostenían las chicas en la otra bandeja, cada uno por un extremo. Le dieron una vuelta alrededor de los novios por medio de sus varitas, atando luego la cinta al frente de sus manos con un lazo flojo. Apuntó cada pareja de padrinos con sus varitas al lazo. La cinta brilló y se transformó en muchas luces brillantes, que rodearon a los novios y luego se concentraron en medio de sus cuerpos en sus manos unidas para luego desaparecer.

Luego de esto Sirius, Remus, Kingsley, Dylan, Jarod, Pacey, Charlie, Pacey, Oliver, Elias, Manny, Viktor, Boris y Lee besaron en la boca a Meg, Nymph, Clarisse, Chloe, Hestia, Sue, Abby, Penelope, Alicia, Sally, Angelina, Alexandra, Julia y Katie. Estallaron en aplausos los padrinos y acompañantes, siguiéndoles todos los invitados tanto en el Gran Comedor como en el "cuarto de vidrio" en los terrenos.

El anciano Kent se acercó a cada pareja para felicitarlos y que firmasen el pergamino en que quedaba formalizado el acto ante el Ministerio de Magia. Lo ayudaron sus pequeños acompañantes con esto, pues Jonathan llevaba los que aún no estaban firmados y Kristy les sostenía la bandeja boca abajo a los novios, como soporte bajo el pergamino, para que firmasen los ahora esposos y sus padrinos. El anciano firmaba luego y le pasaba el pergamino ya con las cinco rubricas al niño, que lo ubicaba bajo los otros para llevar el orden.

Luego que los padrinos y los acompañantes de honor abrazasen y felicitasen a los novios, éstos avanzaron hacia sus mesas agarrados de la mano para recibir los abrazos y las felicitaciones de sus familiares y amigos más cercanos. Luego se desplazaron en orden, como les guiaban sus acompañantes, para saludar a todos en la gran mesa en forma de U. Después salieron hacia los terrenos para saludar a los invitados allí.

Las Brujas de Macbeth y Los Magos de Moray comenzaron a tocar una melodía suave y siete de las flamantes parejas de esposos abrieron el baile en el Gran Comedor, mientras las otras siete lo hacían en "el cuarto de vidrio", dando inicio a la fiesta.

Luego del primer baile el pequeño Jonathan se vio rodeado de quince inquisitivos chicos. Fue sacado del aprieto por Will, que les indicó a todos que los siguiesen al pie del gran árbol. Jonathan y Will hicieron extraños zumbidos al acercarse allí. Ambar y Dorothy acompañaban a los chicos asombradas, mientras Joseph bromeaba con su primo y el niño por "lucirse" cuando las hadas del árbol sobrevolaron al grupo y dejaron caer sobre ellos una pequeña cantidad de polvo. Luego las pequeñas criaturas regresaron a jugar con las figuritas de las parejas, que desplazaban por el árbol.

Un pequeño zumbido tras el grupo sobresaltó a todos, viendo a un muy sonriente Raymond señalarles hacia arriba. Se soltaron a reír, sin poder contenerse, al ver que Peeves flotaba sobre el Gran Comedor simulando bailar con la Señora Norris. La gata maullaba aterrada, mientras bajo ellos Argus Filch (más amargado que nunca desde que Umbridge saliese del colegio) le gritaba que dejase a su mascota en paz.

Las hadas les empezaron a arrojar confeti a la simulada pareja. Esto hizo que el poltergeist riese estruendosamente, la gata maullase más y Filch gritase fuerte Filch. Aquello se acabó casi quince minutos más tarde, cuando el Barón Sanguinario (cansado de la insistencia del Fraile Gordo) le indicó a Peeves que dejase a la gata y le recordó que no debía acercarse siquiera a "el cuarto de vidrio".

La directora le agradeció a los fantasmas su colaboración y les indicó a George y Raymond que quería hablar con los dos, con expresión muy seria. Contuvo con serias dificultades la risa al ver sus expresiones de niñitos regañados.

Angela vio con preocupación alejarse a los tres, sopesando si debía o no usar sus dones para evaluar el estado anímico de la directora o incluso sus intenciones. Bajó la mirada al recordar una advertencia de su mamá sobre ese tipo de situaciones. La levantó al sentir el abrazo de Harry que le susurraba todo estaría bien. Él estaba relativamente seguro, pues había creído ver algo en la mirada de la que fue jefe de la casa Gryffindor.

Unos minutos más tarde Fred era convocado por medio de la Dama Gris, la fantasma de Ravenclaw, al despacho de la directora, al igual que Gabrielle, Timothy, Chris & Chris. Los cinco traviesos chicos se miraron interrogantes, se encogieron de hombros y fueron tras la fantasma. Media hora más tarde cuando los otros chicos creían ya no poder más con sus nervios, especialmente Jessica y Angela, escucharon la voz de la directora sonar claramente en el Gran Comedor invitando a todos a salir hacia los terrenos del colegio.

Con mucha curiosidad tanto ellos como los novios, padrinos e invitados que estaban allí en ese momento salieron ordenadamente, ubicándose bajo los suaves copos de nieve que caían. Miraron hacia todos lados con evidente curiosidad, notando que los demás también salían del "cuarto de vidrio" y se les unían. Pasaron casi cinco minutos antes que el pequeño Jonathan gritase:

—MIRAD ARRIBA.

Todos giraron sus cabezas de inmediato hacia el cielo. Se dejaron oír exclamaciones de asombro al ver a las dos parejas de gemelos volando sobre ellos, con maestría, arrojando algo hacia arriba y el centro de su concentración. Se sobresaltaron todos al explotar aquello por un rayo anaranjado proveniente de la Torre de Astronomía. La callada multitud estalló en seguida en vítores ante el escudo de Hogwarts, conformado por fuegos artificiales, que ahora lucía el cielo nocturno. Al apagarse éste apareció un fénix rojo y el rostro del tan añorado Albus Dumbledore, escapándose las lágrimas a varios de los presentes.

La fiesta de fuegos artificiales conformando varias figuras duró al menos media hora más. Luego se reanudaron los bailes mientras los chicos corrían hacia la Torre de Astronomía, al igual que los miembros de La Orden del Fénix que habían estado allí la noche que muriese el antiguo director y otros que no, así como los profesores.

Consiguieron a Gabrielle y Timothy ayudando a arreglar a Raymond algunos fuegos que no habían usado en un rincón. Estaban, de lo que pudieron oír, preparándolos para que explotasen coordinadamente a media noche. Minerva les estrechaba la mano, a medida que descendían, a Christine, Fred, Christopher y George.

—La profesora Sinistra me comentó que tenían problemas, tanto ella como los alumnos, en venir aquí a realizar sus prácticas —les explicó la directora a todos los recién llegados, que la interrogaban en silencio con las miradas—. El retrato de Albus y yo sostuvimos interesantes conversaciones al respecto. Comprendí que debía hacer algo para sustituir el terrible recuerdo de esa noche por uno de respetuoso homenaje hacia él. La última travesura de mis cuatro pequeños ayudantes me dio la idea, recordándome lo hecho por los dos traviesos jovencitos aquí presentes antes de irse. El profesor Raymond estuvo de acuerdo cuando se lo planteé y prestó su valiosa colaboración a los chicos para conseguir lo que han visto.

Harry Potter, Angela Black, Jessica Lupin, Ginny Weasley, Hermione Granger, Ron Weasley, Luna Lovegood y Neville Longbottom prorrumpieron en aplausos. Los secundaron en seguida Nymph y Remus Lupin, Bill Weasley, Rubeus Hagrid, Filius Flitwick y Poppy Pomfrey, que habían vivido con ellos aquella terrible noche. Las nietas del fallecido director también lo había hecho, desde el mundo paralelo en que estaban atrapadas.

Fleur Weasley, Molly y Arthur Weasley se les unieron unos segundos más tarde, al igual que Meg y Sirius Black, Clarisse y Kingsley Shacklebolt, Hestia y Jarod Hyland, Sue y Pacey Jordan, Abby y Charlie Weasley, Kandace, Alphonso, Aline y Wymond, Eloise y Humphrey, Pomona Sprout, Rolanda Hooch, Aurora Sinistra, Septima Vector, Sybill Trelawney, Wilhemina Grubbly‑Plank, Batsheba Babbling y Charity Burbage.

El canto alegre de Fawkes, que los estaba sobrevolando, les hizo sentir un suave y reconfortante calor en el pecho. Los allí presentes tuvieron la impresión de ver por un instante unos ojos azules brillar en el cielo, en el centro del vuelo del fénix. Aunque ninguno comentó nada todos sonrieron, sintiendo que su pecho se llenaba nuevamente con esperanza.

Ya Raymond le había dicho a la actual directora, cuando él reforzaba las barreras del colegio con los otros miembros del G.E.M.A., que sentía parte de la esencia y magia de Albus Dumbledore integrada a Hogwarts. Aquello era muy posible que hubiese ocurrido, pues había muerto defendiendo la vida de dos estudiantes: Draco y Harry. También era evidente su deseo de proteger a todos los otros estudiantes, al permitir que los mortífagos cumpliesen su cometido para que se marchasen sin hacer más daño.

Sin decir ni una palabra bajaron todos de la Torre de Astronomía y se reintegraron a la fiesta. Respondieron brevemente las preguntas que les hicieron sobre lo ocurrido allá arriba, mientras disfrutaban de la variedad de platillos que los elfos habían preparado para la ocasión.

Los jóvenes mayores del E.D.H. bebían sólo cerveza de mantequilla en apoyo a Sirius, que no podía beber algo más fuerte.

Una hora más tarde las catorce parejas de novios picaron los catorce pasteles de boda de dos pisos, que estaban ubicados en catorce mesitas en "el cuarto de vidrio", con Colin Creevey como fotógrafo oficial de la celebración tomando muchísimas fotos.

A media noche el cielo se vio inundado de nuevo por fuegos artificiales y las bolsas que se encontraban bajo el árbol de navidad empezaron a flotar hacia cada uno de los sorprendidos presentes. Todos consiguieron galletas caseras y chocolates cuando las abrieron. Casi todos miraron a los chicos vestidos de blanco interrogantes, creyendo que ellos también habían planeado aquello. Se sorprendieron al verlos denegar y encogerse de hombros.

La risa de Hagrid y un leve cabeceo suyo en dirección a Kandace y Alphonso los hizo comprender quiénes eran los autores. Casi todos inclinaron levemente la cabeza hacia ellos en señal de respetuoso agradecimiento, a excepción de Chris & Chris. La niña corrió a abrazarse a la sonriente profesora y el niño al muy serio profesor, que tragó saliva y le acarició con cariño la cabeza sin mirar a nadie, para evitar que la emoción que embargaba sus ojos fuese notada.

Comprendiendo su sentir el anciano hizo llover confeti sobre todos los observadores para distraerlos. En seguida arrojó hacia Angela una pequeña pelotita de nieve que formó rápidamente con su varita, la cual le dio en el brazo a George que instintivamente se había desplazado para protegerla. La chica de pelo negro sonrió con picardía arrojándole una a Harry. Así comenzó una pequeña guerra con bolas de nieve, que terminó media hora más tarde cuando Madam Pomfrey se dio cuenta y se acercó a regañarlos. La enfermera les aseguró que no les daría poción pimentónica si se resfriaban por su "comportamiento infantil".

Los recién casados aprovecharon la distracción para desaparecer hacia la dirección, desde donde viajaron por medio de polvos flú hacia sus casas para disfrutar de su luna de miel.

Media hora más tarde los invitados comenzaron a despedirse. Cerca de las cuatro de la madrugada la profesora McGonagall despedía a Daphne e Isolda, que a partir de ese momento vivirían con Topacio, Jonathan, Ambar y Will Hart.

Neville viajó seguidamente con sus padres y abuela a la mansión Longbottom, después de despedirse de Christine, Timothy, Gabrielle, Christopher, Jefferson, Harry, Ginny, Hermione, Ron, Luna, Angela, George, Jessica y Fred, que estarían en El Remanso.

Los chicos se despidieron de la directora y viajaron por polvos flú a la casa donde pasarían esa semana, solos, compartiendo unos días de descanso y diversión antes de retomar los entrenamientos y sus deberes viviendo en Deercourage. En ese momento se les uniría el castaño durante el día, pero pernoctaría en las noches con su familia.