35 Destrucción de la Copa de Hufflepuff

Resumen: El E.D.H. participa en sus dos primeras batallas, encubiertos. Por quienes luchamos. La destrucción de un Horcrux. Consecuencias. Sirius se entera de lo que le faltaba por saber.

El día 31 de diciembre, en horas del mediodía, llegaron muy risueños a Deercourage los integrantes del G.A.H. por medio de la red flú. Se asombraron al escuchar risas juveniles en el comedor, dirigiéndose allí para observar asombrados a los doce chicos del E.D.H., Timothy, Jefferson, Gabrielle, Alice, Frank y la señora Augusta Longbottom, jugando con unas cartas a algo que ninguno de ellos creía conocer. Al acercarse vieron que los dibujos no se movían por lo que dedujeron que las cartas eran muggles.

—¡Mamá Nymph! ¡Papá! —exclamó Jessica feliz. Se levantó rápidamente y, tomando a Jefferson de la mano, dio vuelta a la mesa en carrera para abrazarlos. El chico se dejó arrastrar por ella, un poco tímido y nervioso. Al ser envuelto por los brazos de Nymph y Remus, al igual que la chica una sonrisa iluminó su rostro.

—¡Mamá Meg! ¡Papá! —la imitó Angela dichosa, corriendo de la mano con Timothy, luego de dejar caer sus cartas sin darse cuenta sobre George.

Los gemelos pelirrojos se reían felices al verlas así. Sonrieron con cariño al ver las expresiones de los niños, envueltos en el abrazo familiar con sus padres y hermanos adoptivos.

—¡Fleug! ¡Bill! —exclamó feliz Gabrielle, corriendo a abrazarlos.

La pequeña francesa no había podido pasar esa navidad con sus padres, pues éstos habían preferido que se quedase con su hermana en Inglaterra ante los múltiples ataques de mortífagos a miembros del Ministerio Francés de Magia y sus familiares. Su hermana y su cuñado habían estado en una "segunda luna de miel". Aunque ella había disfrutado mucho con los otros chicos, igual la hacía feliz tenerlos a su lado de nuevo.

—¡Mami! ¡Papi! —corrieron Christine hacia Aline y Wymond, mientras Christopher iba hacia Eloise y Humphrey, luego de exclamar a coro su dicha por verlos de nuevo.

Los cuatro Cundáwans, que no se esperaban aquél recibimiento de los pequeños gemelos, los recibieron felices. Ellos los alzaron mientras ellas les acariciaban los cabellos castaños.

Los otros chicos, los tres Longbottom y las otras cuatro parejas sonrieron al verlos.

Harry abrió mucho los ojos al ver que Aline y Sirius se abalanzaban hacia él, casi simultáneamente. Se sintió un segundo más tarde rumbo al piso, al tropezar los dos entre ellos y caer sobre la silla en que estaba él. Los tres cayeron estrepitosamente.

—¡Aline! —exclamó preocupadísimo Wymond.

—¡Sirius! —casi gritó Meg.

—¡Harry! —chilló muy asustada Ginny.

—¿Están bien? —se preguntaron entre ellos Aline, Sirius y Harry a coro—. Yo estoy bien. —contestaron también simultáneamente, estallando en risas en seguida.

Humphrey y Wymond, habiendo bajado ya a los niños, se apresuraron a ayudar a Remus a levantar a los tres. Nymph, Sue, Pacey, Abby, Charlie, Fleur, Bill, Hestia, Jarod, Clarisse, Kingsley, Alice, Frank y los otros chicos hacían esfuerzos para no unirse a las risas de los caídos, especialmente al notar la expresión de la señora Longbottom. Meg y Eloise suspiraron y denegaron.

—Sirius Black, es preocupante el ver que sigues siendo tan impulsivo como lo eras cuando estudiabas en el colegio —lo empezó a regañar Augusta apenas los vio a los tres de pie y bien de salud—. Tienes una hija adolescente y has adoptado un niño pequeño, empieza a comportarte de acuerdo a tu edad —Al verlo bajar la cabeza con expresión avergonzada giró su rostro hacia la mujer de ojos verdes y pelo rojo, entrecerrando levemente los ojos al verla retroceder levemente—. En cuanto a usted, señora Aline, jamás me hubiese esperado ese comportamiento tan infantil de usted.

—Lo siento. —se disculparon los dos en voz muy baja, rojos como tomates.

—Señora Augusta, le expliqué que si tenía cuatro cartas iguales con la letra A ganaba. ¿Por qué no dijo antes que las tenía? —le preguntó Christopher con muy bien fingido interés, viendo las cartas ahora boca arriba de la severa abuela de su amigo.

—¿Yo? —preguntó extrañada mirando sus cartas, olvidando el incidente ante el planteamiento del gemelito—. No me había dado cuenta. Este juego muggle es muy extraño.

—¿Juego muggle de cartas? —preguntó intrigado Remus, tomando las de su hija.

—Sí. Mami Angela…

—… nos lo regaló hace…

—… años y nos enseñó…

—… las reglas. Pero aún…

—… nos enredamos…

—… un poco al jugarlo.

—¿Con quién aprendiste un juego muggle? —le preguntó Sirius a su hija curioso.

Angela le esquivó la mirada mientras Jefferson, los otros chicos y los otros integrantes del G.A.H. se tensaban. Los tres Longbottom adultos los miraron intrigados al notarlo.

—Dani nos enseñó a Jessica y a mí. Sólo que ella jugaba más con Jefferson al ajedrez y yo aprendí mejor las reglas de este juego de cartas. Amy, Chris & Chris eran muy pequeños para aprenderlo. —le respondió la chica de pelo negro sin mirarlo, mientras recogía las cartas, levantando sus ojos verdes hacia él al terminar de hablar. Se le llenaron de lágrimas al verlo pálido y con su mirada gris clavada en ella. Era obvio que había concatenado los nombres con las tumbas en Bristol.

Jessica había apoyado sus manos en los hombros de Jefferson, de pie tras él. Chris & Chris se movieron a tomar sus manos, parado cada uno a un lado suyo. Gabrielle y Timothy, que habían retenido la respiración al oírla, se desplazaron hacia Chris & Chris para tomar sus manos libres.

—¿Ya almorzaron o nos acompañan? —rompió Harry el tenso silencio.

—Los acompañamos. —le respondió Meg mientras le apretaba con cariño el brazo a su esposo para que reaccionase.

—Organicen aquí mientras nosotros…

—… lo hacemos en la cocina. —plantearon George y Fred sacando a sus novias rápidamente del comedor.

—Jefferson, Gabrielle, Timothy y yo veremos en el jardín la ubicación para los equipos muggles de juegos y ejercicios que pondremos pronto allí. —afirmó Nymph, abrazando a Jefferson por los hombros y sacándolo hacia la cocina, para de allí pasar por la otra puerta hacia el jardín, con los dos pequeños rubios siguiéndolos rápidamente. Si no sacó a los gemelitos fue porque se habían movido hacia Sirius. Sabía que ellos le harían comprender sin hacer muchas preguntas.

—Nosotgos igemos con ustedes. —afirmó Fleur, saliendo con Bill tras ellos.

—Señores Longbottom, si nos acompañan a Neville y a mí a la biblioteca les podremos mostrar el libro que les comentamos hace un rato para la investigación sobre la Flor de Lazo. —les dijo Luna mientras se levantaba.

—Sí. Vamos. —le siguió rápidamente la idea su prometido.

Frank, comprendiendo que querían explicarles algo sobre la situación que se había suscitado, se levantó apretando la mano de su esposa levemente y dirigiéndole una mirada a su mamá. Augusta asintió en señal de haber comprendido, siguiéndolos ella también.

—¿Remus? —preguntó en voz baja Sirius, angustiado, en cuanto ellos salieron de allí. No se había dado cuenta que los gemelitos estaban aún con ellos.

—Amy, Jefferson y Dani…

—… compartieron con…

—… Jessica, Angela y…

—… nosotros dos los…

—… tres años de los que…

—… no sabes casi nada…

—… Porque es difícil…

—… para ellas dos y…

—… para Jeff el hablar…

—… de esa época…

—… Pues ellos tres sí…

—… recuerdan lo que…

—… vivimos en ese tiempo…

—… con claridad mientras…

—… que nosotros éramos…

—… muy pequeños…

—… Pero Amy y Dani murieron…

—… un par de meses después…

—… que Jefferson fuese adoptado…

—… y él se ha enterado…

—… la madrugada luego…

—… del ataque a Bristol. —le respondieron los gemelitos muy serios, mientras lo llevaban a una silla y lo sentaban.

Sirius les escuchó atentamente, tragando saliva ante sus últimas palabras. El recuerdo de lo ocurrido el día del funeral de los tíos de su esposa estaba muy claro en su mente, las lápidas de los niños frescas en su memoria. Sacó rápidamente las edades de los niños y relacionó la fecha de sus muertes con la que él había estimado era la del ingreso de su hija con su sobrina y los gemelitos a La Casa Flotante, encerrándose allí con ellos.

Empezó a respirar agitado al relacionar las palabras de su hija: "Nosotras vivimos un tiempo entre los muggles desde la muerte de los tíos Brown hasta que nos encerramos por voluntad propia con los niños, huyendo y queriendo protegerlos", con varias de sus reacciones y con las muertes de los hermanitos del pequeño asmático.

—Tranquilo tío Sirius…

—… Nosotros dos no…

—… recordamos casi nada…

—… Y no preguntamos…

—… para no presionarlas…

—… Pero ahora estamos…

—… más grandes y no…

—… dejaremos que nadie…

—… las asuste ni las dañe…

—… Como tampoco Harry…

—… Fred, George, Neville o Ron…

—… Ginny, Luna o Hermione. —le dijeron con mucha seguridad, abrazándolo cada uno por un lado.

—Los cuatro están ahora con nosotros y bien, al igual que Jefferson. —los apoyó Harry, apretándole con su mano el hombro.

Sirius asintió y abrazó a los niños con cariño.

Cuando las primas regresaron al comedor con los gemelos pelirrojos estaban los gemelitos castaños y los dos niños rubios mirando con curiosidad creciente a los del G.A.H. Jefferson estaba mirándolos a todos con sus cejas arqueadas, esperando la explicación que su papá Merritt le había dicho que le daría cuando tuviese quince años.

—¿Por qué se ponen nerviosos? —preguntó con genuina inocencia Christine.

—¿Qué pasa aquí? —interrogó Jessica.

—Sólo preguntamos qué…

—… relación tiene…

—… el Ave del Paraíso…

—… que trae los bebés…

—… con la Luna de Miel. —respondieron los gemelitos castaños.

—¡Ah! —exclamaron a coro las primas, mirándose de reojo de inmediato.

—Es muy sencillo chicos…

—… Cuando los esposos están…

—… de Luna de Miel pasan…

—… mucho tiempo solos…

—… Así que generalmente…

—… escriben sus primeras cartas…

—… al Ave del Paraíso…

—… Porque a la emplumada…

—… le gusta recibir…

—… muchas antes de…

—… responder a los futuros padres. —les respondieron con bien fingida naturalidad los gemelos pelirrojos, que se habían preparado para ayudar a sus prometidas con los revoltosos cuando surgiese ese tema. Avanzaron mientras tanto a la mesa con ellas sirviendo lo que habían traído de la cocina.

—¿A dónde van sin pedir permiso? —los regañó Jessica al verlos levantarse rápido y empezar a correr.

—A buscar plumas y pergaminos…

—… para nuestras mamás y papás —le respondieron antes de emprender de nuevo la carrera.

—Mamá Meg y papá Sirius también necesitarán. —los siguió Timothy.

—Y Fleug y Bill. —corrió tras ellos Gabrielle.

—Los ayudo a buscar para los otros recién casados. —los siguió Jefferson, con picardía en la mirada, pues había notado las miradas entre inquietas y avergonzadas de la mayoría de los adultos. Le había divertido ver las risas apenas contenidas en los rostros de Nymph y Remus.

—Ginny, Harry, creo que tendrán que ingeniar algo para las cartas que los gemelos querrán enviar con Zeus y Gaya. —comentó Angela mirando la puerta por la que habían desaparecido los niños.

—¿No se conformarán con darles plumas y pergaminos? —preguntó Remus.

—No. —respondieron a coro los diez chicos mayores del E.D.H. y los cuatro del G.E.M.A., mientras Alice y Frank miraban a las parejas con risas contenidas y la señora Longbottom con asombro a los gemelos pelirrojos por su agilidad para manejar la situación con los inquietos y revoltosos gemelitos castaños.

—Dotty. —agregó enseguida Ginny mirando a su prometido.

—Tienes razón. —sonrió Harry, llamando en seguida a su fénix y a la elfina. Les explicó seguidamente la situación con los niños y le pidió ayuda a su querida ave para que se comunicase con los otros fénix del grupo y a la pequeña criatura para que recibiese las cartas y las guardase donde ellos no las consiguiesen.

Unos minutos más tarde, no estando ya ni la pequeña fénix ni la elfina, entraron los niños con un cargamento de pergaminos y plumas que repartieron ceremoniosamente entre los cuatro White, los Black, los cuatro Weasley, los Shacklebolt, los Hyland y los Jordan, ante las sonrisas entre tiernas y divertidas de los otros chicos, los Lupin y los tres Longbottom, sentándose luego a la mesa.

Angela y Jessica empezaron a hablar de los preparativos para esa noche, secundándolas rápidamente George, Fred, Harry y Ginny, siguiéndoles los demás. Mientras los niños se distraían los del G.A.H. movilizaban con sus varitas los pergaminos y plumas al último cajón del armario cerrado que había allí, lo más disimuladamente posible.

Una vez que terminaron el almuerzo los chicos salieron hacia el jardín para jugar un rato con la nieve, mientras los Longbottom conversaban con las nueve parejas en la biblioteca.

Esa noche se reunieron todos los miembros de la O.D.F. con sus hijos y familiares cercanos en Hogwarts. Allí recibieron, junto a los profesores, el Nuevo Año en el sitio que representaba para todos ellos el corazón de su lucha contra la amenaza que eran Voldemort y sus mortífagos.

El sábado 3 de enero de 1998, a las diez de la mañana, bullía la expectación en las cuarenta y ocho personas reunidas en Deercourage. Los doce chicos del E.D.H. esperaban, con aparente calma, la aparición de Fawkes con las noticias de último minuto de la directora.

El Ministerio de Magia estaba reunido con el Consejo Escolar, tratando el viaje de reingreso de los alumnos al colegio. De los treinta adultos, veintiuno los miraban con tensión evidente. Augusta Longbottom ya les había contado a su nuera y su hijo lo ocurrido el 1 de septiembre, por lo que estaban allí.

El grupo de los búlgaros estaba allí para llevar a Atanas junto a los otros niños, como le había ofrecido Harry.

Cuando apareció una nota con una pluma del fénix todos retuvieron el aliento, mientras Remus la abría y leía rápidamente.

—Los padres deberán trasladarse con sus hijos hasta King's Cross para viajar al colegio a las once en punto de la mañana, como estaba previsto —leyó el hombre castaño lentamente, de nuevo, analizando una vez más la situación mientras informaba a los otros—. El Ministerio de Magia ha implementado un plan de emergencia mediante el Departamento de Cumplimiento de la Ley Mágica y el Departamento de Transportes Mágicos, ubicando estratégicamente aurores en la estación y en Hogsmeade, los cuales vigilarán el viaje de retorno del estudiantado al colegio mediante trasladadores.

—Será necesario verificar esos trasladadores sin que los del Ministerio se den cuenta. —comentó Harry pensativo, mirando fijamente a Remus.

—Sí. Y ustedes viajaran directamente al colegio en cuanto todos sus compañeros estén allí, con trasladadores nuestros. —le respondió él serio, entrecerrando los ojos al verlo asentir.

—Esperaremos en la estac… —intentó el joven de ojos verdes.

—Nada de eso —lo interrumpió Sirius—. Nos esperan aquí.

—No, querido —le refutó Meg mirándolo muy seria—. Tú te quedas con ellos a vigilarlos con los Longbottom, mientras nosotros verificamos que todo vaya bien en King's Cross y en Hogsmeade. Luego venimos por ustedes.

—Perdón, pero allí dice que todos los alumnos se presentarán con sus padres en la estación —intervino la chica de pelo negro y ojos grises, antes que Sirius protestase de nuevo—. Se supone que eso debemos hacer todos para no despertar sospechas —levantó una mano al ver varias protestas asomarse a los rostros de los adultos—. Sugiero que cambiemos de lugares mediante poción multijugos y se presenten ustedes en nuestro lugar y nosotros en el de ustedes, organiz…

—No. —se opuso rotundamente la matrona Weasley sin dejarla terminar.

—Espera Molly. La idea no es totalmente mala.

—¿Cómo que no es mala? —se revolvió enfurecida hacia Remus.

—No totalmente. Serán catorce miembros de La Orden del Fénix quienes viajen con la apariencia de los chicos a Hogsmeade. Ellos esperaran aquí, con Fred, George, Sirius, Alice, Frank y la señora Longbottom a que todo esté en orden, antes de ser trasladados los catorce que van al colegio.

—Pero nuestros compañeros no… —intentó Neville.

—Estoy seguro que los otros padres tomarán precauciones similares a la propuesta por Angela. —lo interrumpió Frank.

—¿Qué pasará con los hijos de muggles? —protestó Hermione.

—Los aurores y La Orden del Fénix los protegeremos. —aseveró Aline.

—Chicos, lo prometieron. —presionó Sirius al ver que su ahijado tenía intención de protestar de nuevo, sonriendo al verlo asentir enfadado.

Atanas los miraba a todos intrigado. Se mantuvo callado y atento, intentando entender lo que pasaba. Christine, al notarlo, le explicó en susurros al oído. Christopher, Gabrielle, Timothy y Jefferson los encubrían hablando en voz baja alrededor. Los búlgaros los miraron con el ceño fruncido, pero se contuvieron de decir nada por una señal disimulada de Viktor. Había notado que los otros miembros de la O.D.F. estaban muy pendientes de Harry y sus amigos más cercanos, por lo que no habían notado el barullo de los niños. Confiaba en que Harry no permitiría que los pequeños estuviesen en problemas, lo cual incluía a Atanas.

Eloise desapareció y regresó rápidamente con catorce vasos con poción multijugos para ellos. Había llevado veintiocho al #7 Calle Faith, en Bristol, cuartel de la Orden del Fénix donde los otros miembros esperaban instrucciones con sus hijos. Les transmitió rápidamente lo dicho por la directora y lo decidido por Remus. Terry Rohm, Aramis y Athos Giscard de inmediato empezaron a organizarlos a todos, mientras ella regresaba al #12 Deercourage Place. Sólo faltaban cuarenta minutos para las once de la mañana.

—Ustedes se quedan aquí con ellos y… —empezó de nuevo Remus dirigiéndose a sus amigos.

—No —lo interrumpió Sirius—. Se supone que ya estoy totalmente restablecido y no es lógico que no esté llevando a mis hijos al tren.

—Frank y yo también estamos suficientemente recuperados para llevar a nuestro hijo. —lo apoyó Alice de inmediato.

—Yo siempre he llevado a mi nieto. —intervino con firmeza Augusta.

—Y por eso esta vez nos permitirás a mi esposa y a mí el llevarlo —le dijo Frank—. Al menos ante los ojos de los demás. Tú cuidarás que ninguno de ellos nos desobedezca, esperando aquí con ellos hasta que sea el momento de llevarlos realmente al colegio.

Al ver a la matrona Longbottom asentir los chicos miraron de reojo a Neville, tragando saliva ante su expresión.

Molly y Arthur Weasley llevarían a Alexandra Krum bajo la apariencia de Ginny, Kingsley Shacklebolt bajo la de Ron y Clarisse Shacklebolt bajo la de Hermione. Fleur y Bill Weasley irían con Edna Podmore (esposa de Sturgis) con la apariencia de Gabrielle. Nymph y Remus acompañarían a Abby y Charlie Weasley como Jessica y Jefferson.

Meg y Sirius serían acompañados por Viktor Krum, Sally Canetti y Sturgis Podmore bajo las apariencias de Harry, Angela y Timothy. Alice y Frank viajarían con Hestia y Jarod Hyland como Luna y Neville. Eloise y Humphrey irían con Boris Mladenov como Christopher, Aline y Wymond con Julia Mladenov como Christine, mientras Elias Canetti tomaría el lugar de Atanas con Bogdana y Simeon Kaloyan.

—Con Sterling, Estrella, Eileen, Walter, Daphne, Isolda, Topacio, Stephany, Gavin, Kathlyn, Phil, Saffron, Yannis, Laurence, Robin, Virginia, Penny, Olivia, Malcolm, Keegan, Luke, Keely, Randy, Micah, Gayla, Sue, Carole y Antonin ya se ha tomado la misma precaución. —les aseguró Clarisse, en una perfecta imitación de voz y gestos de Hermione, al notar la preocupación en el rostro de los chicos. Sonrió al ver sus expresiones de sorpresa.

—Arthur, por favor avisa a los demás que nos vemos en Grimmauld en diez minutos, para ir desde allí en grupo a King's Cross —le indicó Remus mirando intrigado a Harry. Intentaba adivinar lo que tramaba.

Los chicos estaban con su Oclumancia y barreras arriba desde que los vieron por primera vez en la mañana, lo cual reforzó las sospechas del G.A.H. sobre ellos. Aunque Sirius se había destensado un poco al ver asentir a su ahijado, cuando les recordó la promesa que le habían hecho.

—Ustedes cuatro permanecerán cerca de nosotros seis —les ordenó con firmeza Remus a su esposa y sus tres amigos, señalándose a si mismo, la rubia, sus padrinos de boda y los del animago—. A la menor señal de mortífagos se regresan aquí.

—Por favor. —pidieron en tono de súplica quince de los chicos a coro, al verles intención de protestar. Sonrieron al verlos asentir en aceptación.

Una vez que los catorce que tenían la poción en la mano se transformaron en los chicos que irían al colegio, todos los miembros de La Orden del Fénix viajaron por la red flú hacia el cuartel. La matrona Longbottom les ordenó a los chicos que fuesen con ella hacia el comedor, para alejarlos de las chimeneas de la sala y la biblioteca. Aceptaron todos de inmediato, los del E.D.H. con expresión de fingida resignación y los otros con nerviosa anticipación disimulada como preocupación.

Christine, Gabrielle, Timothy y Christopher le pidieron permiso para buscar té y galletas en la cocina, a lo que ella accedió. Les indicó a los otros que se sentasen a su alrededor en el comedor. Le obedecieron todos luego de cruzar entre ellos miradas.

Un rato más tarde la señora estaba un poco más tranquila, conversando con su nieto y los amigos de éste. Lanzaba miradas eventuales al reloj de pared, cuyas manecillas pronto señalarían las once de la mañana. Esto la tenía tensa, aunque el hecho que su nieto y los dos chicos de pelo negro no se despegasen de su lado la tranquilizaba. Sabía que el de ojos verdes y la de ojos grises eran los más impulsivos, por lo que no le preocupaba demasiado que los otros fuesen hacia la cocina eventualmente. Sentía un tibio sopor que la adormilaba, manteniéndola despierta la preocupación por su hijo y su nuera, así como por quienes los acompañaban.

A las once y diez minutos de la mañana asintió perezosamente a la petición de su nieto de ir al baño, mientras los dos chicos de pelo negro le contaban algo que casi no oía tomándole de las manos. Atanas y Jefferson la miraron nerviosos antes de salir por la cocina hacia el jardín de atrás. Allí el chico de trece años le empezó a enseñar al de once años hechizos básicos de protección, para ayudarlo a tranquilizarse. Gabrielle se les unió, mientras Timothy se unió a Christine y Christopher luego de tomar su vaso en la cocina.

—¿Están seguros que le han dado la dosis correcta? —les preguntó Neville a sus amigos, nervioso.

—Totalmente. —le aseguró Harry recuperando su apariencia normal.

—Christine, Christopher y Timothy tomarán sus dosis de poción multijugos a tiempo —aseveró Angela ante la pregunta muda de Hermione—. Desde hoy, para la señora Longbottom, a ti, a Harry y a mí nos gusta demasiado la cerveza de mantequilla.

—Fawkes nos ha dicho que hay mortífagos en Hogsmeade pero que parece ser sólo un ataque pequeño. —les dijo Ginny a los otros, señalando a su novio y a si misma.

—En este momento se quedan aquí Harry, Ginny, Hermione, Ron, Luna, Neville, Angela, George, Jessica y Fred, mientras van a batalla Marte, Venus, Gea, Urano, Leto, Neptuno, Diana, Júpiter, Electra y Mercurio. —les dijo con voz firme el líder del E.D.H. con sus ojos brillando al verlos a todos asentir.

Desaparecieron en seguida hacia la biblioteca de La Casa Flotante en que sólo ellos podían entrar, incluyendo ahora a Chris & Chris aunque esto no lo sabían los adultos. Se pusieron su equipo para las batallas: capas blancas, con un fénix rojo y dorado en la espalda muy parecido a Fawkes, la capucha tapándoles el rostro hasta la altura de la nariz, los guantes y las botas negros. Verificaron rápidamente una vez más que pudiesen ver perfectamente a través de la capucha en cualquier dirección, así como el buen funcionamiento del hechizo de inmovilidad para que permaneciesen tapándoles los rostros, pudiendo actuar con libertad.

—La misión de "Guerreros del Fénix" hoy es que los alumnos de Hogwarts ingresen ilesos al colegio y los padres puedan abandonar el pueblo mágico, sanos y salvos en la medida de nuestras posibilidades. El E.D.H. debe estar de regreso en Deercourage en cuanto reaparezca allí alguien de La Orden del Fénix, de lo que nos avisarán Chris & Chris por medio de las esclavas. Si alguno está herido deberán los demás cubrir a una de las medimagas y al lastimado mientras les es posible presentarse.

Ante el gesto de asentimiento de todos Harry levantó su varita y todos desaparecieron de allí para reaparecer en Hogsmeade, frente a La Casa de Los Gritos. Se desplazaron rápidamente hacia la estación donde, como suponían, estaban los mortífagos rodeando a los llegados desde King's Cross por trasladadores. Voldemort había enviado un grupo más grande de sus hombres a atacar cuando ya estaban casi todos los alumnos y sus representantes allí, bloqueando el acceso con un escudo reforzado con la esfera negra.

Formados en línea los diez chicos levantaron sus varitas al unísono.

—Magos sumisos a quien no respeta la vida, aléjense de los jóvenes y sus familias. —llamó con voz madura y templada Harry a los mortífagos.

Avery, que comandaba el ataque, se giró extrañado por la forma en que alguien se había referido a ellos. Sonrió con maldad tras su máscara antes de ver al extraño grupo, frunciendo el ceño ante sus trajes.

—Mortífagos es nuestro nombre. ¿Cuál es el de ustedes? —les preguntó avanzando hacia ellos con otros tres.

—Guerreros del Fénix. Aléjense de los indefensos. —le respondió Harry en el mismo tono templado.

—Únanse a Voldemort o morirán. —les increpó Avery con aparente furia, nervioso al oír el nombre del grupo. «Uniendo eso con sus extraños trajes tienen que ser… Pero… ¿por qué reaparecen ahora?».

—La muerte es sólo una puerta a otra realidad. —le respondió con fría calma Angela.

—Entonces los ayudaremos a abrirla. —replicó con sorna Jugson antes de lanzarle una maldición asesina, la cual fue esquivada con habilidad.

Aquello fue el gatillo que disparó el combate entre los enmascarados y los encapuchados. Los aurores y la mayoría de los miembros de La Orden del Fénix vieron con asombro y extrañeza a los encapuchados, que habían acudido en su ayuda. Notaron que combatían de su lado pero sin responder sus preguntas, ni mostrar sus rostros como les pidieron los del Ministerio.

Ante las expresiones de susto de Sirius y Remus, los otros miembros del G.A.H. comprendieron quienes eran sus nuevos aliados. Wymond y Humphrey evitaron que los hiriesen, al quedarse petrificados los Merodeadores escuchando y viendo el cruce de palabras del líder del nuevo grupo con el de los mortífagos.

—Vuelve con Alice y Frank a la casa en cuanto podamos quitar el escudo antiaparición. —le ordenó Wymond a Sirius, ayudándolo a incorporarse.

—No. Yo… —intentó protestar el Merodeador.

—Necesitamos saber si son ellos. —le cortó el Cundáwan mirando al hábil grupo que les habían quitado a un gran grupo de mortífagos de encima, pues los más combativos se habían volcado hacia ellos por órdenes de Avery.

—Tienes razón. —afirmó tenso Sirius. Asintió y corrió en seguida hacia sus dos amigos, para entrar con ellos a Las Tres Escobas. Había decidido que averiguaría si eran ellos primero, poniendo además a sus dos amigos a salvo, y luego regresaría a ayudar.

—Eloise, saca a Nymph con ellos tres de aquí ahora mismo —le ordenó Wymond a su hermana. Se giró hacia Remus al verlas asentir y salir corriendo hacia el local de Madam Rosmerta—. El que sus voces sean casi idénticas no nos da la certeza, pero sean o no ellos debemos ayudarlos.

Cuando Harry vio que los miembros de La Orden del Fénix se desplazaban a ayudarlos frunció el ceño.

—Urano, Gea, Diana y Júpiter, abrid camino hacia el colegio. Electra, Leto, Mercurio y Neptuno, escoltad a los menores y dirigid a los mayores. Venus y yo nos ocuparemos de los padres. —ordenó con firmeza sobre los gritos del combate.

—Sí. —respondieron los otros al unísono.

Remus gruñó al oírlo y ver como se desplazaban a pesar de los mortífagos para cumplir con sus órdenes. Reorganizó de inmediato a los supuestos chicos del E.D.H., para que ayudasen a quienes acompañaban a los estudiantes, mientras otros miembros de La Orden del Fénix y aurores ayudaban a abrir camino hacia el colegio.

—CUIDADO HARRY. —le gritó al líder del grupo para advertirle sobre Jugson, que lo tenía en su blanco en ese momento. Arqueó las cejas con asombro al ver lo ocurrido. No fue el que la capa blanca desviase la maldición "tarantallegra", lo cual sabía ocurriría, sino el que no hubiese reacción alguna del aludido lo que le desubicó. Wymond evitó que una maldición lo alcanzase a él.

—Concéntrate o regresa a Deercourage. —le increpó el Cundáwan, cubriéndolo aún con su cuerpo.

—No reaccionó. —musitó asustado.

—Lo sé, pero eso no prueba nada. Angela puede haberles entrenado ya en el plano emotivo de forma avanzada —le respondió Wymond mirando rápidamente al grupo y luego a su amigo—. Usa lo que te he enseñado yo a ti. Te necesito centrado, amigo.

—Tienes razón. Lo siento. —se disculpó rápidamente Remus. Tomó una respiración profunda y asintió. Frunció el ceño al notar que la persona a quien había intentado advertir minutos antes ahora los cubría a los dos, evitando que los lastimasen tres mortífagos.

La directora avanzaba con Raymond y los otros profesores por el camino hacia los estudiantes, combatiendo fieramente Hagrid para cubrir a los más pequeños, al igual que Kandace y Alphonso, mientras Sprout y Trelawney los guiaban rápidamente hacia el colegio y los otros profesores ayudaban al semi-gigante.

Habían caído ya atados y desarmados o inconscientes varios mortífagos cuando el escudo antiaparición desapareció, gracias a Eloise y Raymond actuando en conjunto. Unos minutos más tarde desaparecieron la mayoría de los mortífagos. Los diez encapuchados se reunieron frente a Las Tres Escobas, con las esclavas invisibles ardiendo en sus brazos izquierdos. Saludaron respetuosamente con sus varitas frente a sus capuchas a los aurores y miembros de La Orden del Fénix que se les aproximaban y, sin decir una palabra, desaparecieron.

—¿Sabes quiénes son? —le preguntó Gawain a Remus en voz baja.

—No, pero ahora mismo empiezo a investigarlo. —le respondió éste pensativo.

—Son demasiado buenos en combate, aunque me dio la impresión que son jóvenes —comentó pensativo el auror mirando hacia los miembros de la Orden del Fénix que hasta hace poco habían perdido sus disfraces de chicos del E.D.H.— ¿Dónde están Harry y sus amigos?

—Encerrados en casa bajo la vigilancia de Augusta Longbottom para evitar que ocurriese lo del ataque al tren, en que casi pierden la vida Harry y Angela. —le respondió Remus comprendiendo que sospechaba también de los chicos.

—Verifica que no sean ellos —le respondió el auror que un mes atrás se había unido a la Orden del Fénix, en el mismo tono bajo, preocupado por sus sospechas. Aunque eso no encajaba con sus recuerdos de la Primera Guerra, cuando comenzaba como auror. No entendía que los desconocidos aparentasen tener la misma edad de entonces, pero menos aún el fuerte presentimiento que tenía que eran Harry Potter y sus amigos. Levantó la voz para dirigirse a sus hombres—. Vamos al colegio para verificar que todo esté en orden. Rogers, informa todo lo ocurrido aquí al Ministro.

—Sí señor. —le respondieron sus hombres a coro.

—Hazme saber si son ellos. Me preocupan. —le susurró el jefe de los aurores al líder de La Orden del Fénix, alejándose luego.

—Yo estoy más preocupado que tú —murmuró Remus antes de girarse hacia sus compañeros—. Molly, Arthur, acompañen a los padres al colegio para que vean a sus hijos, les atiendan las heridas y coordinen con los aurores el retorno a Londres —le pidió en voz alta—. Nosotros seis iremos por los que faltan.

El hombre alto y casi calvo asintió, conteniendo con una mirada severa la protesta que veía formarse en el rostro de su esposa. Le señaló con la mirada a las madres y padres que les rodeaban en ese momento, asintiendo al ver que ella comprendía.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—¡Mamá! ¿Dónde están Neville y los otros chicos? —la interrogó preocupadísimo Frank que había entrado corriendo al comedor.

A Augusta la despabiló la exclamación y el cuestionamiento de su hijo. Parpadeó rápidamente, notando por primera vez que sólo estaban con ella los dos de pelo negro.

—En el baño y la cocina. ¿Qué pasó? —le respondió ella levantándose.

—Mortífagos. —le respondió escuetamente el ex auror castaño, señalándole a su esposa y la metamórfaga la cocina y a su amigo la puerta hacia el pasillo.

Los tres salieron de inmediato con expresiones preocupadas.

—No hay nadie en la cocina. —regresó angustiada Alice.

—¿Estás bien, papá? —entró preguntando Neville con expresión preocupada, con Sirius tras él.

—Sí hijo, estoy bien —respiró con alivio Frank. Miró interrogante a su amigo, que denegó, frunciendo el ceño de nuevo—. Habían dicho que no se separarían de mamá y la han dejado aquí sola. —les reclamó a los chicos.

—Angela y Harry no se han separado de mi lado ni un instante —replicó Augusta ofendida. Las palabras de su hijo implicaban que ella no los había cuidado—. Neville ha ido al baño hace sólo unos minutos y los otros chicos a la cocina. ¿Acaso crees que no sé cuidar de ellos?

—Conseguimos escarabajos saltarines en el jardín, señora… —entró diciendo muy alegre una pequeña de once años de pelo castaño, deteniéndose en seco al ver las miradas severas de Alice, Frank y Sirius.

—¿Dónde están los otros chicos? —la interrogó el último.

—En el jardín. Chris y yo queríamos distraerlos. —le respondió parpadeando la niña.

Alice y Frank se dirigieron rápidamente al jardín.

—Papá, ¿qué pasó? —retuvo la chica de ojos grises y pelo negro a Sirius con expresión preocupada.

—¿Han herido a alguien? —lo interrogó el chico de ojos verdes y pelo negro.

—Sólo rasguños, nada serio. —les respondió Sirius con tono tranquilizador, mientras los miraba analíticamente. Parecían su hija y su ahijado, pero…

—¿Estás bien, tío Sirius? —entró preguntando muy agitada Jessica, varita en mano.

—Sí pequeña, tranquila. —le sonrió él, aunque su respiración levemente agitada no le ayudaba con su pequeña mentira. Se dejó sentar por los gemelos pelirrojos al verla denegar y señalar la silla.

—Ustedes no debieron ir. —dijo muy serio Neville, ayudando a sentarse a su papá mientras Luna lo hacía con su suegra. Ginny los examinó con su varita, mientras Nymph miraba preocupada a su primo.

Atenta Augusta a ellos no se dio cuenta que los niños y los dos pelinegros, que habían estado junto a ella todo el tiempo, se deslizaban hacia la cocina. Llevaban entre los cuatro su taza y las jarras de las que los tres habían estado bebiendo, ella té y ellos dos cervezas de mantequilla.

—¿Dónde están Harry, Angela, Chris & Chris? —preguntó Remus al entrar y no verlos.

—Aquí tío —le respondió Harry, saliendo con los otros tres de la cocina con una jarra con agua fría, compresas y un servicio de té—. Nos dijo tío Frank que se presentaron mortífagos y padrino que habían lastimado a algunos. ¿Qué pasó?

—Angela y Harry estuvieron todo el tiempo con la señora Augusta. Neville se ausentó algunos minutos al baño. Los otros chicos estuvieron en el jardín jugando con los niños, que querían destensarlos. —respondió Nymph la pregunta muda de su esposo.

Eloise evaluó con sus dones rápidamente a la señora Longbottom, sin que ésta se diese cuenta. Les transmitió mentalmente sus conclusiones a los otros miembros del G.A.H., pues los otros acababan de llegar. Les confirmó la evaluación somera que Aline, Wymond, Humphrey, Meg y Remus ya le habían hecho. Parecía estar despertando de un estado de somnolencia.

—Podría por favor uno de ustedes responder mi pregunta. —les pidió Harry exasperado, pues si no hubiese estado bajo su personalidad alterna en la batalla a esas alturas ya estaría desesperado por información.

—Voldemort envió a Avery con un grupo de mortífagos a Hogsmeade, apareciendo unos minutos después que la mayoría de los alumnos habían llegado allí con sus padres por medio de trasladadores. Un escudo antiaparición evitó que los pudiésemos sacar de allí. —le empezó a responder Remus, notando que a cada palabra suya el chico se enojaba.

—A los pocos minutos apareció un grupo de encapuchados con capas blancas. —siguió Nymph mirando fijamente al chico, frunciendo el ceño al ver que ni siquiera pestañeaba.

—¿Es que ahora a los mortífagos no les basta con las máscaras? —preguntó Neville con enojo en la voz.

—No eran mortífagos —le respondió Aline mirándolo inquisitiva. «¿Son acaso tan buenos para mentir los chicos?»—. De hecho nos ayudaron enfrentándose a esos asesinos.

—¿Encapuchados? —preguntó Jessica con tono desconfiado.

—Sí. Ocultaban sus rostros. —le respondió Humphrey analizándola con la mirada.

—Supongo que se quitaron las capuchas luego de finalizado el combate. ¿Quiénes eran? —interrogó Ginny.

—No lo sabemos porque nunca se quitaron las capuchas —le respondió Meg—. Desaparecieron después de hacerlo los mortífagos.

—¿Cómo llegaron esos encapuchados si había un escudo antiaparición? —preguntó Angela.

—Eso no lo sabemos —le respondió Wymond mirándola fijamente—. ¿Alguna idea?

—En realidad dos teorías. —opinó Ron con pose pensativa.

—¿Cuáles? —le preguntó Remus.

—La primera es que sean en realidad mortífagos, enviados por Voldemort para intentar un acercamiento más tarde luego de fingir hoy enfrentarse a sus compañeros —le respondió el pelirrojo menor mirándolo con tranquilidad—. La segunda es que sean magos venidos de otro lado, como Viktor Krum y su grupo, pero que no se hayan acercado por no conocer a nadie o esperar que los rechacen.

Remus entrecerró los ojos. Si esos extraños encapuchados no hubiesen intervenido en su pasado de forma similar él habría creído posible alguna de esas teorías. «Pero… Si a eso le sumo el estado de Augusta Longbottom… Estoy casi seguro que eran los chicos. Pero la matrona ha dicho que los dos pelinegros no se han separado de ella ni un momento y que su nieto sólo se levantó un momento para ir al baño… ¡Pero claro! Angela dio la idea de usar poción multijugos y… Se presentaron diez encapuchados… Los chicos siempre protegen a Chris & Chris. Si estoy en lo cierto, Timothy o Jefferson pueden haber tomado el lugar de Neville».

—No podremos saber si una de esas teorías es correcta o son algún grupo improvisado de revoltosos, hasta que no les veamos de nuevo e intentemos hablar con ellos. —comentó con tono despreocupado Eloise. Se mordió el labio inferior al ver que los chicos ni siquiera pestañeaban ante la forma en que había hablado de los encapuchados, mirándola en cambio con aparente curiosidad.

—Busquen sus cosas y vamos al colegio. —se dio por vencido momentáneamente Remus, al darse cuenta que Sirius lucía pálido y preocupado mirando a los chicos inquisitivo.

Era el día de la luna llena, 12 de enero del año 1998. Dos chicos de pelo negro estaban mirando nuevamente a través de los ventanales de las habitaciones de Deercourage en que dormían, tensos y preocupados.

La noche antes habían coordinado el plan para ir ese lunes por la copa de Hufflepuff con los del G.A.H., justo media hora después de su participación por segunda vez en batalla como "Guerreros del Fénix" contra los asesinos de Voldemort. Durante el combate habían estado muy cerca de ser descubiertos por los sagaces miembros del G.A.H.

Tenían que moverse con mucho cuidado para evitar que ellos se diesen cuenta de sus heridas, lo cual era un poco complicado para Fred. Sin embargo el pelirrojo no sólo no había proferido una sola queja cuando se había tropezado con Sirius en las escaleras, cuando bajaron a cenar, sino que bromeó en la comida con su gemelo y los gemelitos castaños. Habían estrenado la nueva broma de Sortilegios Weasley en los adultos.

Harry sonrió al recordar a Hermione riñendo a los cuatro mientras Abby, Charlie, Sue, Pacey, Fleur, Bill, Nymph, Aline, Sirius, Humphrey y Wymond se reían a carcajadas. Jessica se había unido a la castaña y Angela, Luna, Ginny, Neville, Ron y él a las risas. Su mejor amiga perdió la batalla al unirse Clarisse, Kingsley, Hestia, Jarod, Meg, Eloise y Remus al ambiente festivo.

No lograba conciliar el sueño desde la madrugada, cuando George finalmente se había quedado dormido. Había visto al sol luchar contra la negrura de la noche primero y luego contra las nubes, para ofrecerles un día luminoso a mitad de invierno. Cuando llegó a la cocina empezó a preparar chocolate, té y tostadas.

—¿Te ayudo? —le preguntó con suavidad Angela, sonriéndole con dulzura para esquivar el regaño que suponía le daría. «Pero… No es mi culpa que una vez que Ginny se quedó dormida yo no lograse conciliar el sueño».

—¿A quién intentaste despertar para que te ayudase a dormir? —le preguntó el pelinegro mientras le hacía señas hacia la fruta, que había ubicado en el lavaplatos.

—A Luna y a Hermione, pero las dos murmuraron algo en sueños sin moverse. ¿Y tú con quiénes lo intentaste?

—Gracioso, Neville y Ron tampoco respondieron. —sonrió Harry.

—Si no supiese que están agotados pensaría mal. —comentó con picardía Angela. Se sonrojó al ver a su hermano mirándola con las cejas enarcadas, riéndose al verlo carcajearse libremente.

Ginny y George se les unieron un par de minutos más tarde, con semblantes adormilados y aún en pijamas. Los mimaron y retaron en susurros por no despertarlos a ellos. Luego se sentaron a la mesa a tomar café, para terminar de quitarse la somnolencia y ayudarlos.

Cuando los del G.A.H. bajaron se consiguieron a los otros miembros del E.D.H. bajando las escaleras frente a ellos, con evidentes signos de estar más dormidos que despiertos, dirigiéndose a la cocina. Esto los hizo sentirse un poco incómodos por haber estado con los del E.D.H. hasta tarde la noche anterior, hablando sobre el plan para ese día. Iban a indicarles que regresasen a dormir al menos una hora más, mientras hacían un desayuno apetitoso, cuando escucharon risas en la cocina de cuatro voces conocidas.

—Por lo visto esos cuatro no saben lo rico que es disfrutar de la cama hasta tarde. —comentó Ron con voz adormilada.

—Merlín quiera que Angela no me haya intentado pedir ayuda anoche, porque soñé con mis padres y cuando es así no me entero de nada. —dijo con preocupación Hermione.

—A mí me podía gruñir al lado un Snorkack de Cuernos Arrugados y no haber parpadeado. Las investigaciones que nos han puesto de tarea esta semana me han tenido muy estresada, pues no me han dado casi tiempo de ir al invernadero.

—Estas dos semanas son cruciales para la investigación que llevo con la profesora Sprout y tampoco he dormido mucho. Espero que Harry haya recurrido a otro para que lo ayudase a dormir.

—Entonces esos dos no durmieron anoche. —concluyó Christine.

—Porque era el turno de despertar a uno de ustedes cuatro. —la apoyó Christopher.

Ron, Hermione, Luna y Neville se detuvieron con expresiones avergonzadas al oír a los niños. Al grupo le faltaba sólo unos pasos para llegar a las puertas del comedor.

—Debieron despertar a uno de nosotros. —comentó con preocupación Sirius, sonriendo con mirada traviesa al ver que los ocho se sobresaltaban.

—Tranquilos chicos —los intentó calmar Remus, luego de darle un codazo a su amigo—. Buenos días. Veamos cómo están y si los notamos desencajados los hacemos dormir un poco luego del desayuno —Sonrió al verlos asentir. Frunció el ceño al detenerse su recorrido visual en el rostro de su yerno—. ¿Te ocurre algo, Fred?

—No dormí bien. Eso de las pesadillas empieza a ser contagioso. —intentó bromear con pocos ánimos. Aunque no había estado casi despierto en la noche, tampoco se podía decir que durmió profundo y descansó. La herida en el costado le molestó todo el tiempo.

—Sin importar si ellos están bien o mal, tú te acostarás a dormir con poción luego de comer. —le ordenó muy seria Eloise.

—De acuerdo. —aceptó abrazado a su prometida. No quería contradecirla para que no intentase evaluarlo con su varita. Bostezó un segundo después, sin poder contenerse.

Cuando entraron a la cocina fue evidente para todos que los dos chicos de pelo negro habían dormido escasamente, también que sus pelirrojos novios habían descansado sólo un poco más que ellos.

—Buenos días chicos. —los saludó Aline con tono de regaño maternal.

—Buenos días. —le respondieron los cuatro a coro luego de sobresaltarse. Pusieron cara de niños regañados al ver las expresiones de la mayoría.

—Vayan ustedes doce al comedor. Nosotros terminaremos aquí. —les dijo Meg con tono de no admitir réplica.

Nymph se les unió a los pocos minutos. Escuchó a Angela y Harry disculparse y explicar que habían intentado despertar a Luna, Hermione, Neville y Ron, desistiendo de intentar con alguien más porque los habían visto a todos muy agotados la noche anterior. La metamórfaga se unió a los regaños de los gemelitos castaños, que les recordaban que el descanso era importante para su salud.

Remus les indicó a los chicos del E.D.H. que luego de comer deberían dormir un rato, para que estuviesen más descansados para la tarea que habían planeado luego del almuerzo. Sirius les especificó a su hija y su ahijado que a ellos dos los dormiría él con el hechizo, para que durmiesen toda la mañana. Eloise en seguida le dijo a Fred que ella haría lo mismo con él. Tuvo que aceptar, aunque algo molesta, que fuese Jessica quien lo durmiese. Había accedido, más que por la petición de su sobrina, por el apoyo de su esposo a la chica de ojos miel.

Casi no hubo charla durante la comida, luego que los intentos de los chicos para no dormir todos fuesen acallados por Remus al recordarles que debían estar bien física y anímicamente esa tarde. Los del G.A.H. subieron con los chicos a las habitaciones del primer piso, dejando recostados en cama durmiendo a diez de ellos. Meg y Sirius llevaron a su cuarto a los dos de pelo negro para que descansasen allí, como habían hecho la mañana del cumpleaños del hombre de ojos grises.

A Remus no le gustó nada la sensación de "ya vivido" que le provocó el acompañar a los chicos a esos cuartos a que durmiesen. Esperó al lado de su hija a que ésta durmiese a su yerno y la acompañó hasta que se quedó dormida, acariciándole con cariño la cabeza. Se incorporó y varita en mano durmió a todas las chicas con el hechizo.

Aline asintió en su dirección para indicarle que lo había hecho bien, felicitándolo por lograrlo en su segundo intento. En cuanto los dos entraron al cuarto de los chicos denegaron, al ver el vendaje en el torso del pelirrojo que Eloise miraba con expresión enojada.

—Examínalo y ve en que puedes ayudarlo —le acarició con cariño la cabeza Humphrey—. Considero que debemos esperar a regresar hoy de la destrucción del horcrux para hacerles preguntas —agregó mirando a Remus—. Si se saben descubiertos estarían muy tensos. Eso podría perjudicar a Harry, Hermione y Ron.

—Tienes razón —aceptó el de ojos color miel con pocas ganas—. Iré a hablarlo con Sirius. —agregó unos minutos después, luego de denegar al ver la herida a la que su madrina de bodas le cambiaba el ungüento y las vendas en su yerno. Suspiró ante la difícil tarea de decirle aquello al animago y al mismo tiempo frenarlo para que no presionase a los chicos cuando despertasen, pero su padrino de bodas tenía razón.

—¿No te enoja que te hayan engañado con la promesa que te hicieron? —le preguntó Meg a Sirius con incredulidad. No entendía la actitud de su esposo, después que Remus les dijese de la herida de Fred y les pidiese que se reuniesen los dieciocho en la biblioteca.

Sirius les había dado cariñosos besos paternales en la frente a la hija y el ahijado, antes de salir del cuarto de la mano con ella sonriéndole suavemente.

—Ellos no me han engañado porque no son Harry, Angela, Jessica, Ginny, George, Fred, Hermione, Ron, Luna y Neville quienes van a las batallas. Quienes van son unos extraños encapuchados que son muy hábiles para el combate y que no tienen lazos afectivos con alguien determinado que los limiten al actuar. —le respondió él con una sonrisa.

—No te entiendo, Sirius. —lo presionó Eloise, que estaba tan desconcertada como Meg.

—Los diez chicos que hemos visto en batalla son muy buenos con la varita, tienen entrenamiento físico y obedecen ciegamente a su líder. Pero no son nuestros chicos del E.D.H. sino un grupo organizado que se presenta en batalla, detiene a mortífagos y se van. —le respondió él.

—¿Podrías ser más claro, primo? —le pidió Nymph con el ceño fruncido.

—Allí no está Harry, el elegido, el niño‑que‑vivió, el huérfano que me quiere como a un padre. Ni tampoco Hermione, la prefecta que acata las normas. Ni Ron, el hijo menor de una familia de muchos hermanos. Ni Ginny, la menuda pelirroja que intentan proteger ellos tres luego de lo ocurrido con el diario. Ni Fred y George, los eternos bromistas. Ni Luna, la soñadora de verdades sin medidas. Ni mete‑la‑pata Neville. Ni la débil Jessica. Ni la aislada Angela.

»Los Guerreros del Fénix son diez jóvenes que se han entrenado para pelear contra mortífagos, ocultándose tras sus capuchas para que tanto aquellos a quienes enfrentan como a los que ayudan vean sólo a los combatientes. —le respondió con seguridad Sirius, aunque su voz había temblado levemente al hablar de su ahijado y de su hija.

—La promesa te la hicieron los doce chicos del E.D.H., que te quieren mucho y han estado preocupados por tu salud. Pero los que se han estado preparando para combatir a Voldemort, los que hicieron la promesa de hacer todo lo que estuviese en sus manos para detenerlo, no podían quedarse sin hacer nada —afirmó Wymond que había comprendido, siguiendo al ver asentir a Sirius—. Han creado unas personalidades alternas para poder cumplir con todas sus promesas.

—Mi hija jamás deja de cumplir una promesa. Ustedes se cansaron de advertírmelo. —les recordó el pelinegro de ojos grises.

—Si los reñimos por querer engañarnos e intentamos alejarlos de las batallas los pondríamos en peligro. Además de ir contra su decisión de ayudar, presionándolos a hacer vaya a saber Merlín qué para seguir, advertiríamos a Voldemort y sus secuaces que es Harry quien los dirige. —intervino Aline rápidamente para frenar las intenciones de su cuñada y su ahijada por matrimonio.

Las dos rubias se revolvieron en sus sillas al oírla, sabiendo que tenía razón pero no queriendo que los chicos siguiesen participando en las batallas.

—Sugiero que luego de ir hoy por el horcrux hablemos francamente con ellos y les brindemos nuestro apoyo. —opinó Humphrey, suspirando al ver el mohín de disgusto de su esposa.

—Es tiempo que aceptemos que los diez mayores del E.D.H. se presentarán en las batallas bajo sus personalidades encapuchadas y que empecemos a coordinar con ellos las estrategias que usaremos. —lo apoyó Kingsley con expresión seria.

—Pero… No pueden estar hablando en serio. —protestó Eloise.

—Estamos hablando muy en serio —la contradijo Sirius con tono grave, sus ojos grises clavados en ella—. Ellos se presentarán con o sin nuestro apoyo en las batallas. La diferencia es que, con nuestro apoyo, podemos brindarles nuestra experiencia para evitar que salgan seriamente lastimados. Ron es un buen estratega, pero nosotros peleamos en la Primera Guerra y sabemos que el enemigo con contadas excepciones respeta las reglas del buen combate.

—¿Y qué hay del viaje al pasado de los chicos? Porque ahora estamos seguros que son ellos a quienes ustedes conocieron. —presionó Meg.

—Hay un detalle de nuestros escasos y dispersos recuerdos que Jarod y yo hemos estado analizando —habló por primera vez Remus, su vista fija en el animago—. Los chicos no hicieron esfuerzos por involucrarse con nosotros. Todo lo contrario, los hacían por mantenerse en una posición fría y distante bajo sus personalidades encapuchadas. —Al ver su expresión de haber entendido algo le sonrió y asintió. Se giró entonces a mirar a los demás. Notó que Sue, Hestia, Fleur, Clarisse, Eloise y Pacey lo miraban confundidos, suspirando antes de explicarse más.

»Si Harry viajase por voluntad propia al pasado lo lógico sería que buscase acercarse a Lily y James, el cual sería uno de sus objetivos. Les habría dicho algo para que lo admitiesen cerca, aunque hubiese aceptado el no modificar el hecho de sus muertes con el fin de no alterar la línea de los acontecimientos. Pero tanto Minerva como Sirius y yo estamos seguros que no fue así.

—La única explicación lógica es que el viaje de los chicos al pasado sea entonces involuntario. Sólo así se comprendería lo que Remus, Sirius y Minerva recuerdan. —lo apoyó Wymond que había asimilado la idea, aunque no le gustase.

—Y el que aún estén presentes en ustedes esos recuerdos implica que todavía ocurrirá ese viaje involuntario —comentó Aline, que había comprendido—. Debemos investigar cuanto antes qué puede ocasionar algo así.

—Yo no puedo aceptar aún que ellos vayan a las batallas. —protestó enfurruñada Eloise, con lágrimas asomándose a sus ojos azules.

—Nosotros tampoco, madrina. Pero si nos oponemos se aferrarán más a su idea, mientras que si los apoyamos será más fácil ayudarlos y evitar que salgan lastimados —le dijo con tono suave Nymph, girándose en seguida hacia los otros del G.A.H. con expresión determinada—. Yo también seguiré participando en las batallas mientras pueda. Sé que quieren protegerme, al igual que todos queremos protegerlos a ellos, pero es el futuro de ellos y nuestros hijos por lo que estamos peleando.

—Sólo usando un traje especial diseñado con el mismo material de las capas de ellos —le dijo muy serio Remus. Sabía que luego de aceptar la participación de los chicos le era imposible detenerla—. Angela es tan buena con la costura como Jessica con la cocina, ella lo hará para ti. —se explicó rápidamente antes que su esposa preguntase de dónde lo sacarían.

—De acuerdo. —aceptó la metamórfaga.

—Y no irás después del sexto mes de embarazo hasta que pase el período de amamantar a los bebes, si aún no hemos detenido a ese psicópata. —añadió Remus.

—Por favor ahijada. —la presionó Eloise para que accediese.

—Muy bien. No iré luego de entrar al sexto mes, a menos que me encuentre en medio de una batalla involuntariamente. —aceptó a medias, recordando la promesa de los chicos.

Remus iba a protestar por aquello, pero se contuvo al oír a Wymond.

—Ninguno de nosotros puede anticipar cuando puede verse en medio de una batalla, eso es lógico. Pero lo que sí pueden hacer Nymph, Abby, Fleur, Clarisse, Meg, Aline y Eloise es ponerse a salvo para resguardar sus vidas y las de las criaturas en camino —les dijo con firmeza y expresión muy seria—. De nada servirá el que luchemos por un futuro si no viven nuestros hijos para disfrutarlo.

—¿QUÉ? —gritaron a coro Eloise, Meg y Clarisse.

—¿Estás seguro? —le preguntó Aline emocionada.

—Totalmente seguro. —le sonrió con cariño su esposo. La abrazó y besó en la boca, inicialmente con dulzura para terminar con sus labios unidos por pasión y fuego.

—Felicitaciones "canuto" —se burló Remus de su amigo abrazando a su esposa, que sonreía dichosa. Su sonrisa se amplió al ver que sus ojos grises chispeaban con emoción y se giraba rápidamente a abrazar y llenar de besos a su esposa—. Felicitaciones padrino. —le guiñó un ojo a Humphrey minutos después, quien se había levantado con Eloise en brazos y girado dos vueltas, terminando en un apasionado beso—. Felicitaciones Kingsley. —le sonrió al moreno, apenas vio que se separaba levemente de la rubia esposa.

—¿Puedo hacerles una pregunta indiscreta? —soltó Sirius luego de un par de minutos.

—Claro ahijado. —le respondió Wymond sonriente, sospechando lo que quería saber.

—¿Por qué ustedes cuatro no habían tenido hijos hasta ahora?

—¡Sirius! —exclamaron a coro Meg y Remus en tono de regaño.

—Tranquilos. Suponía que al enterarse de esto varios preguntarían, empezando por mi curioso ahijado —los tranquilizó con su sonrisa afable el hombre de ojos aguamarina—. Nosotros cuatro nos casamos de dieciocho años, recién nos graduamos en Hogwarts.

»Aileen, la mamá de Aline, y Rhoda, la mamá de Humphrey, habían contraído una enfermedad viral sanguínea durante su trabajo como Guías de la Salud. Raymond nos lo dijo a Eloise y a mí luego de la boda. Nos pidió que no les dijésemos a ellos para no preocuparlos como le pidieron nuestras suegras, pero que evitásemos el tener bebes por algún tiempo mientras se averiguaba más sobre aquella enfermedad.

—Tenían miedo que Aline y yo pudiésemos ser portadoras sin sufrirla, naciendo enfermos nuestros hijos —continuó Eloise desde los brazos protectores de su esposo mientras le acariciaba el rostro—. Tres meses de Ainsley, después de ellas morir, se descubrió que no existía esa posibilidad, que ellas dos habían enfermado porque estaban débiles al descansar poco y trabajar en exceso con quienes cuidaban.

—Pero al morir mamá empezó Albert a ausentarse cada vez con mayor frecuencia de nuestro mundo, alejándose de nosotros quien siempre se había comportado como hermano mayor de los cuatro —siguió Aline—. Ese distanciamiento y nuestra fuerte dedicación al Entrenamiento Cundáwan, luego del tiempo que pasamos más entre los magos y muggles que con los de nuestra raza, me llevó a pedirle a mi esposo que difiriésemos algún tiempo el buscar un bebe. Quería esperar mientras nos estabilizábamos un poco y decidíamos qué haríamos con nuestras vidas.

—Yo no tenía más hermanos y me había quedado huérfano, por lo que me había apegado mucho a ellos tres y a las gemelas. Especialmente a la pequeña Jennifer —continuó Humphrey—. Cuando la señora Isolde discutió con el señor Albus sobre dejarlas ir al colegio o no, los cuatro intercedimos para que se los permitiese y funcionó. Pero eso distanció un poco a mi esposa de su mamá. Esto la entristeció y nosotros también decidimos esperar hasta que las cosas se calmasen un poco, dedicándonos de lleno a lo que habíamos escogido como especializaciones mientras las gemelas estudiaban en Hogwarts.

—El problema fue que al ellas graduarse decidieron regresar aquí por sus parejas y amigos, además de estar muy decididas a luchar contra Voldemort —continuó Aline abrazando con más fuerza a su esposo por la cintura—. Nuevamente las apoyamos y eso nos distanció más de la señora Isolde.

»Lo que ocurrió entonces ustedes lo saben. Raymond nos preguntó antes que retomásemos el entrenamiento, luego de ellas fallecer, si buscaríamos familia. Si decidíamos hacerlo ellos avanzarían en el entrenamiento, mientras nosotras nos quedábamos a cuidar de los bebés. Las dos nos opusimos.

—Habíamos prometido el día de nuestra boda, y luego en varias oportunidades, que los cuatro estaríamos siempre unidos —afirmó Eloise—. Mi hermano avanzaba más rápido que nosotros tres, pero igual permanecía con nosotros y nos impulsaba con sus avances a seguir con más ahínco.

—Con todo lo ocurrido desde que fuimos convocados por Raymond para venir en ayuda de Harry, descartamos casi totalmente la idea de buscar familia hasta tanto Voldemort fuese detenido. Pero… —Wymond se detuvo y miró a su esposa, su hermana y su cuñado. Les pidió permiso con su mirada para seguir, sonriendo al verlos asentir— Harry, Ginny, Angela y Jessica nos escribieron unas cartas muy emotivas después del rescate de Sirius, luego de una charla que tuvimos con ellos sobre los motivos que teníamos para no haberle escrito al Ave del Paraíso. Nos escribieron otra luego de la reunión en que decidimos adoptar a los pequeños pícaros, esta vez con aportes de Hermione, Ron, Fred, George, Neville y Luna.

—Nos hicieron comprender que el tiempo correcto para que viniesen bebes al mundo no tenía que ver con el entorno, sino con nuestra compenetración, afecto y ganas de luchar por un futuro —siguió Aline—. Por eso Eloise y yo habíamos preparado algo especial en las casas para la Nochebuena.

—Y veo que les funcionó perfectamente —se burló Nymph—. Al igual que a mis amigas rubias la luna de miel. —añadió, riéndose a carcajadas al ver ruborizarse a las cuatro.

—Sugiero que les contemos a los chicos cuando regresemos con ellos —dijo Wymond sonriente, luego de besar a su esposa en la punta de la nariz—. Eso los alegrará y destensará, haciendo más fácil el que hablemos con ellos sobre sus personalidades alternas y las batallas.

—Buena idea. —lo apoyó Humphrey.

—Y el saber que ustedes siete se cuidarán, por las razones que ha dado Wymond, nos ayudará a convencerlos de actuar con precaución. —recalcó de inmediato Sirius mirando a su esposa con expresión anhelante. Sonrió al verla hacer un puchero pero asentir.

—Les guardaremos el secreto con los demás miembros de La Orden del Fénix y del G.E.M.A. para evitar que las presionen, especialmente a Molly. Será el secreto compartido del G.A.H. con el E.D.H. Confío en Gawain pero no en los otros del Ministerio, así que cuando les digamos a todos los de la O.D.F. que hemos descubierto quiénes son los encapuchados le pediré que guarde el secreto con su jefe, compañeros y familiares que no sepan sobre los grupos, al igual que a los demás. —propuso muy serio Remus.

Todos asintieron en aceptación. Aún Eloise que no estaba muy conforme, pero comprendía sería lo mejor inicialmente.

—Me gustaría hablar con ustedes algunas cosas que me tienen inquieto sobre Angela, Harry, Jessica, Neville, sus novios y los niños. —se decidió Sirius a plantearles lo que lo carcomía desde semanas atrás y que sentía ahora le era indispensable saber.

—¿Qué quieres saber, "canuto"? —preguntó preocupado Remus.

—Sobre la Profecía Cundáwan, la muerte de los Brown que dejó huérfanos a Chris & Chris, dónde y con quién estuvieron los cuatro chicos desde que ellos fallecieron hasta que entraron en contacto con Albus y ustedes, la muerte de los hermanitos de Jeff, los problemas de salud de mi hija y de la tuya, "lunático", cuándo y cómo adquirió mi hija su problema pulmonar, así como cualquier otra cosa referente a los chicos que aún no me hayan contado completa. —les enumeró muy serio.

—Sirius, tú aún… —intentó convencerlo el de ojos miel de diferir esa conversación.

—Estoy totalmente recuperado, Remus —lo interrumpió Sirius con expresión y tono decididos—. Tengo el derecho y la necesidad de saber todo lo concerniente a los chicos.

—Te quisiera pedir que nos permitieses a Eloise, a Aline y a mí el evaluarte antes de empezar a responderte lo que has preguntado —le dijo Wymond, con su preocupación por él reflejándose en su rostro. Al ver formarse una protesta en los ojos grises agregó rápidamente—: Si tienes una recaída Angela se angustiaría mucho y podría presentar una crisis severa de su problema pulmonar.

—Esa es una de las cosas que quiero que me expliquen. —les planteó tenso.

—Sirius, por favor, haz lo que dice mi esposo. Permítenos a los tres evaluarte. Si estás totalmente recuperado, como así lo espero, te responderemos todo lo que quieres saber mañana.

—¿Por qué mañana? ¿Por qué no hoy?

—Porque en unas horas iremos con los chicos a buscar y destruir un horcrux —le respondió Bill muy serio.

—Ya te hemos explicado lo que Albus le reveló a Harry sobre Voldemort y sus horcruxes. —le recordó Remus.

—Podemos posponer un día…

—Por favor Sirius —lo interrumpió Aline—. Tú has escuchado varias veces cuál es la pesadilla recurrente que no deja dormir a Harry. Él está muy preocupado porque piensa que se está tardando en buscarlos y destruirlos. Cada vez que Voldemort participa en un ataque los chicos se angustian mucho.

—Tenemos que destruir lo antes posible los horcruxes, mi amor. —afirmó Meg.

—Por lo menos los que ya tenemos ubicados, mientras averiguamos cuál es el otro y dónde está. —continuó Nymph muy seria.

—Además no sabemos cuánto tardará Voldemort en enterarse que estamos buscándolos y destruyéndolos —agregó Clarisse.

—Sabemos que estaba tras Mundungus y ese Octavius Pepper. —le recordó Hestia.

—Si los busca para recuperarlos, será casi imposible detenerlo. —afirmó Jarod.

—Y si no lo logramos, destruirá nuestro futuro con esta guerra. —finalizó Kingsley con aire solemne.

—Muy bien. Me evalúan hoy, para que confirmen mi salud, y me cuentan todo mañana. No quiero angustiar a los chicos y soy el primero en querer detener a Voldemort con sus mortífagos, pero no pasará de mañana que me digan lo que les he preguntado. Puedo esperar a que mi hija se sincere conmigo para que hablemos ella y yo, pero lo ocurrido quiero y necesito saberlo ya. —afirmó Sirius muy serio.

Los otros diecisiete suspiraron y asintieron. La determinación con que les había hablado no dejaba lugar a dudas. La conocían en la hija. Había llegado el momento de revelar a Sirius todo lo que le estuvieron ocultando, preocupados por su salud y la de Angela.

—Vamos a preparar con los chicos la excursión que haremos al bosque de Bristol —les recordó Remus—. Tenemos que organizar la búsqueda de la caverna de las panteras y la semana de investigaciones en Egipto.

—Creo que podríamos primero evaluar a Sirius. —planteó Wymond. Sonrió al ver la expresión de alegría de su ahijado y la de aprobación de los demás.

Los diez chicos despertaron muy descansados en horas del mediodía. Se pusieron en seguida nerviosos al darse cuenta la hora que era, especialmente al ver entrar a los cuartos a Aline, Eloise, Nymph, Sue, Pacey, Remus, Wymond y Humphrey. Se tranquilizaron un poco por las bromas que les hacían sobre fingir no haber dormido bien "por estudios", cuando seguramente habían estado diseñando algo para Sortilegios Weasley o dedicados a "otras actividades", lo que les hizo denegar ruborizados.

Sue, Nymph, Aline y Eloise se burlaron con bastante libertad de las chicas, pues la pícara niña empezó a ayudarlas. Pacey, Remus, Humphrey y Wymond tuvieron que contenerse un poco en sus bromas porque el niño empezó a lanzarles miradas de enojo a los chicos, que insistían haber tenido que estudiar mucho esa semana y trabajo en la tienda los gemelos pelirrojos.

Hestia, Jarod, Clarisse, Kingsley y Fleur estaban en el quinto piso, aprendiendo de Bill algunos encantamientos de detección y protección que usaban en su profesión.

Meg y Sirius esperaban abrazados en su cuarto el despertar de los dos chicos de pelo negro, pensativos por lo que habían estado hablando mientras los chicos dormían.

—¿Te imaginas sus expresiones cuando sepan la noticia? —le susurró la rubia al oído.

—Sí, pero aún así disfrutaré muchísimo al verlas. —le respondió con una sonrisa el de ojos grises, acariciándole con cariño el vientre mientras miraba a los chicos.

—Quieto cachorrito —lo riñó Meg en forma cariñosa. Sonrió al verlo hacer un puchero, recordándole en voz baja—: Dijimos que esperaríamos al regreso para decirles y si sigues así se darán cuenta.

—Ya deben sospechar. —intentó convencerla.

—Al regresar les daremos la seguridad —insistió ella, dándole un besito en la punta de la nariz al verlo suspirar—. Son sólo unas horas —le recordó cariñosa antes de besarlo en la boca—. Te prometo que serás tú quien les dé nuestra noticia.

—Esa es una de las razones por las que te amo tanto. —sonrió él dichoso, atrapándola en un beso apasionado.

Angela se sonrojó mucho al despertar y verlos así. Se giró a mirar a Harry con una muda petición de ayuda en su expresión. Harry se sintió incómodo al verlos, como si estuviese interrumpiendo algo. Tragó saliva al girarse y ver a su hermanita, suspirando. Carraspeó levemente, mordiéndose el labio inferior al ver que no había resultado. Suspiró de nuevo antes de carraspear más fuerte.

—Chicos… mmm… ¿Durmieron bien? —preguntó incómoda Meg, al separarse de su esposo, intentando sonreír. Se sonrojó muy fuerte al verlos a los dos enarcar las cejas. Su pregunta había sido muy tonta y lo sabía. La risa como ladridos de su esposo no ayudó. Escondió su rostro, que sentía arder, en el pecho de él, que la acunó en sus brazos.

—Arriba, bellos durmientes. Tenemos una excursión pendiente luego del almuerzo. —les dijo muy sonriente Sirius, apenas se calmó un poco.

—Pero tú no… —empezaron los dos chicos a coro, preocupados.

—Estoy bien —los interrumpió él—. Aline, Eloise y Wymond me han evaluado mientras ustedes dormían y lo han verificado.

—Ya antes me habías dicho… —empezó a protestar su ahijado, con sus ojos esmeraldas regañándolo por haberle mentido.

—Esta vez es verdad, Harry. —lo cortó Sirius, comprendiendo la desconfianza del chico. Recordaba bien que el día de su cumpleaños lo había engañado, para que les permitiese acompañarlos en un entrenamiento, y la recaída había sido seria.

—¿Angela? —preguntó Harry desconfiado.

Sirius se giró extrañado hacia su hija. Consiguió unos ojos grises que lo miraban fijamente, profundamente. Se sintió por segunda vez en ese día analizado física, mental y emocionalmente de una manera tan exhaustiva que no pudo contener un estremecimiento. La chica tenía el ceño fruncido y estaba muy quieta, totalmente concentrada en lo que estaba haciendo.

—¿Angela? —preguntó el Merodeador preocupado por ella—. ¿Estás bien pequeña? —preguntó alarmado al no obtener respuesta, pensando en salir corriendo en busca de los tíos de la chica.

Había sido entrenado estrictamente en lo básico de los ocho dones que tenía de nacimiento para lograr que su hija cerrase "aquél extraño proceso". No sabía qué le ocurría y eso lo asustaba. Aline y Wymond no estaban tan… ausentes cuando lo habían evaluado, después que Eloise lo examinase como… medimaga Cundáwan.

Meg los miraba sonriente, comprendiendo lo que estaba haciendo… su hija.

—Papá está perfectamente, Harry —afirmó la chica con una sonrisa, justo en el momento en que su papá empezaba a asustarse por ella—. Esta vez está diciendo la verdad. La razón por la que estaba más concentrada que mis tíos es porque mi examen fue más exhaustivo. —le aclaró a su padre.

Sirius enarcó las cejas y abrió mucho los ojos, sorprendido por lo que su hija había dicho. Era evidente que le había leído los pensamientos.

—Angela es… muy especial, padrino —le dijo Harry con una sonrisa—. Los que Angelica involucró en "el extraño proceso" también lo somos, aunque en diferentes grados y formas —Al ver los ojos grises de su padrino mirarlo interrogantes soltó una carcajada—. Mañana te lo contaremos, te lo prometo, pero hoy vamos a buscar la copa de Hufflepuff y destruirla.

—De acuerdo, pero mañana sin falta me explicarán muchas cosas. —les ordenó Sirius serio y preocupado, abrazándolos a los dos.

Angela llevó inconscientemente su mano izquierda al camafeo, asustada. Sabía que su papá tenía derecho a conocer todo lo ocurrido en su vida, también que no debía cometer de nuevo el error de guardar silencio sobre… tantas cosas. Pero no podía evitar sentirse un poco tensa.

—Tranquila pequeña —le pidió Sirius mientras la abrazaba más fuerte y le daba un cariñoso beso en la frente—. Estoy seguro que unidos podremos enfrentar cualquier verdad y buscarle solución a cualquier problema.

—Calma, hermanita. Sirius es muy especial. Sabrá comprenderlo todo y ayudarte.

—Todo estará bien, mi niña. —le aseguró Meg cariñosa, abrazándola con cariño cuando la chica buscó refugio en ella.

Angela los miró con cariño, asintió, los abrazó a los tres y le dio un sonoro beso a cada uno en la mejilla.

—Los estamos esperando para almorzar —entró diciendo Christopher a la habitación muy alborotado, emocionado como estaba por la excursión a la que les habían permitido ir a su hermana y a él. Se paró en seco al verlos así—. ¿Pasa algo?

—Nada Chris, sólo hablábamos sobre la recuperación de padrino. —respondió Harry sonriente.

—¿Te sientes mal, tío Sirius? ¿Busco a mamá Eloise? —preguntó preocupado.

—Estoy bien, Christopher. —le respondió sonriéndole con cariño.

—¿Angela? —le preguntó el gemelito.

—¿Nadie va a creerme a mí cuando digo que estoy bien? —preguntó Sirius frunciendo el ceño.

—No. Ya una vez nos mentiste a todos. —contestaron a coro Angela, Harry y Christopher.

—Pero ahora estoy diciendo la verdad. —protestó dolido.

—Voy por mamá. —dijo el niño decidido.

—Espera Chris —lo detuvo Angela—. Está diciendo la verdad en esta oportunidad. Papá está totalmente recuperado.

—SÍII. —gritó el gemelito feliz. Se abalanzó sobre los cuatro para abrazarlos, haciéndoles retroceder un paso para recuperar el equilibrio.

—Ahora, que oficialmente me han declarado curado mis muy estrictos vigilantes, podré acompañarlos hoy al "paseo de aventura". —afirmó Sirius, feliz por la reacción del niño.

Su alegría se transformó en seguida en alarma al sentir a su hija y el gemelito estremecerse. El niño salió corriendo de la habitación, con Angela tras él muy pálida seguida de su esposa. Iba a salir corriendo tras ellos cuando sintió como su ahijado lo retenía por un brazo, parándose frente a él para obstaculizarlo.

—Espera padrino. Deja que vaya yo.

—Pero… —Al ver la expresión de su ahijado entró en pánico y lo retuvo—. ¿Qué pasó con ellos, Harry? Dímelo. ¿Por qué reaccionaron así cuando dije "paseo de aventura"? —Al verlo dudando decidió presionar—. El que Albus te ocultara cosas para protegerte te hizo sufrir mucho. Por favor Harry, dime qué pasa. Yo siempre te he sido sincero en la medida de mis posibilidades.

El joven suspiró y asintió. Le señaló la cama con la mano izquierda, mientras con la derecha cerraba con magia sin varita la puerta. Selló e insonorizó la habitación para que no escuchasen desde afuera lo que ocurría adentro y nadie se pudiese aparecer allí, pero ellos si oír lo que ocurriese afuera.

—Sólo te daré una explicación superficial y concisa de… —Suspiró de nuevo al verlo fruncir el ceño—. Son muchas cosas las que tenemos que decirte y si nos tardamos alarmaremos a los otros, especialmente a Angela. No quiero que se altere, padrino. Te voy a dar la versión más rápida de todo lo que te hemos ocultado y que está relacionado con lo que ha pasado hace un momento. Mañana, después que yo hable con ella, te responderemos todas tus preguntas. ¿Estás de acuerdo?

Sirius asintió con una mezcla de molestia y preocupación.

—Ya sabes que tía Jennifer murió cuando nació Jessica y tía Angelica meses después —Al verlo asentir continuó—. Angela y su prima quedaron al cuidado de los Brown, en espera que tú salieras libre o tío Remus regresase para que uno de ustedes o los dos las tomasen a su cuidado, pero eso no ocurrió. Cuatro años después nacieron los gemelos y… dos más tarde murieron los papás de los niños en un accidente de tránsito.

—¿En un accid…? —intentó preguntarle, alarmado.

—Por favor no me interrumpas. No tengo tiempo para entrar en detalles. —lo contuvo Harry firmemente. No sabía de cuanto tiempo disponían y quería decirle tanto como fuese posible para que comprendiese.

—Pero mañana lo harás. —le insistió Sirius.

—Sí, te lo prometo —Tomó aire y ordenó lo más rápido posible sus ideas—. Los cuatro fueron llevados por policías muggles a un orfanato regentado por una pareja de squibs. Allí se hicieron amigos de otros tres niños magos y… —Se detuvo un par de minutos dudando como seguir, pero no tenía tiempo para organizar mejor sus ideas—. Los squibs les hicieron la vida imposible a los siete durante los tres años que estuvieron allí.

»Dani y Angela absorbieron casi todos los castigos. Jessica y Jefferson recibieron unos pocos y estuvieron al tanto de varias situaciones. Amy, Chris & Chris no se enteraron de casi nada porque los otros cuatro lo evitaban —Se detuvo nuevamente a tomar aire y templar sus nervios—. Los castigos… incluyeron maltrato físico muy severo, de los que Angela tiene cicatrices en su espalda.

—¿QUÉ? —gritó Sirius poniéndose de pie bruscamente. Llevaba dos meses peleando con su lógica, negándose su corazón a esa posibilidad. Se había sentido incapaz de asimilarla, especialmente luego de lo hablado con su hija en La Madriguera.

—Por favor, cálmate y escúchame —le pidió Harry. Lo empujó levemente por los hombros para sentarlo, pensando que lo mejor había sido que hablasen sin estar presente la chica. Por lo menos lo preparaba para enterarse de aquello luego con más detalle—. Esos tres años fueron muy duros para Dani y Angela. Cuando ellos dos descubrieron que iban a cerrar el orfanato y que intentaban matarlos con un brebaje en las comidas, después que sólo Jefferson fue adoptado de los otros cinco, decidieron huir del lugar.

—¿Matarlos con un breb…? —intentó preguntarle a su ahijado, horrorizado.

—Por favor padrino —le suplicó Harry, a quien se le estaba haciendo muy difícil decirle aquello—. Dani, Angela y Jessica les dijeron a los tres pequeños que los llevaban a "un paseo de aventura" para sacarlos sin que sospechasen. Pero en pleno escape llegaron los squibs y… Amy y Dani fueron asesinados y Angela severamente lastimada por esos… antes de matarse entre ellos.

Sirius denegaba frenéticamente, llorando sin poder contenerse, pasándose las manos por su cabello desesperado. Había sospechado de las reacciones y evasivas de todos que la infancia de su hija había sido difícil, pero aquello… era demasiado. Se sentía terriblemente culpable, pues si no hubiese ido tras la rata traidora no habrían vivido su hija, su sobrina y su ahijado las infancias terribles que vivieron.

Harry se sentó junto a él y lo abrazó con cariño. Hubiese dado cualquier cosa por no provocarle ese dolor, pero sabía que era inevitable que se enterase.

—Aline le borró todos los recuerdos traumáticos a los niños y Angela a Jessica. Pero Angela no ha permitido hasta ahora que le borren los de ella, por razones también complejas y dolorosas. Jessica se enteró poco antes de ir a buscarte de algunas cosas. Los niños sólo saben que Dani y ella limpiaban aquél lugar como castigo, aunque creo que sospechan que hay más pero no preguntan para no alterar a Angela, como ya te han dicho.

—Harry, ¿qué más…? —intentó preguntarle, pero tenía un nudo en la garganta.

—Lo demás… Tampoco es fácil. Ahora quiero que me prometas tú a mí que harás un esfuerzo por controlarte mañana cuando te contemos todo lo que te hemos ocultado hasta ahora.

—¿Cómo quieres que me controle cuando…? —intentó plantearle Sirius, con su voz evidenciando su angustia y dolor.

—Porque la vida de Angela está en juego. —lo interrumpió su ahijado con cariño pero firmeza.

—¿Qué tiene mi hija, Harry? —preguntó el hombre desesperado.

El joven se removió incómodo en la cama. Sabía que era ineludible la situación, pero le preocupaba mucho la reacción de su padrino. Suspiró y decidido le respondió.

—El día que cumplí diecisiete años Voldemort envió a Bellatrix con un grupo grande de mortífagos a atacar la casa de mis tíos muggles en Privet Drive. Angela estaba allí y se interpuso en el camino de una maldición asesina que iba dirigida a tío Remus —Al ver la pregunta que se asomaba al rostro de su padrino le apretó con cariño la mano—. Mañana te explicamos con detalle porqué no murió, pero la maldición se vio deformada y le ocasionó un daño severo en los pulmones.

—Sus crisis respiratorias. —musitó el Merodeador.

—El don del Manejo de la Energía quedó fuertemente ligado a eso. Mañana te explicamos lo que hemos averiguado de eso con detalle —agregó al notar que quería preguntar. El tiempo se les acababa—. Cuando está alegre o al menos tranquila se recupera. Pero si se deprime, angustia o altera de alguna manera recae, pudiendo llegar a morir si la crisis respiratoria es muy severa. Por eso es indispensable que te mantengas lo más sereno posible mañana, mientras hablamos. Existe una posibilidad para curarla, pero aún no tenemos la información completa.

Sirius sentía que se ahogaba. Un recuerdo con la chica que se había hecho llamar "Diana" en su pasado le golpeó en su mente. Sabía que su ahijado tenía razón, debía contenerse frente a su hija de reaccionar. «Pero… ¿Cómo hacerlo cuando lo que me ha dicho Harry es tan duro y sospecho que hay más?».

—Harry, papá, los estamos esperando para ir a comer —escucharon la voz de Angela en la puerta, evidentemente preocupada—. ¿Pasa algo? ¿Por qué está sellada la habitación?

Sirius miró la puerta alarmado.

—Ve al baño y límpiate la cara, pero presta atención a lo que le voy a decir. —le indicó rápidamente Harry, poniéndose en pie y dirigiéndose decidido a la puerta.

Sirius vio en sus ojos la misma expresión que asomaba a los avellanas de James cuando planeaba una salida viable para ocultarle algo a Dumbledore. Se incorporó y fue hacia el baño con rapidez, dejando una pequeña rendija en la puerta para oírles.

—Perdona Angela, nos entretuvimos mucho y nos olvidamos del resto del mundo. —le dijo Harry con pretendida alegría.

—¿Y se puede saber con qué estabas tan entretenido con mi papá? —preguntó celosa, poniéndole especial énfasis al tono de voz en sus dos últimas palabras.

—Le estaba enseñando cómo sellar e insonorizar la habitación sin varita, además de otras cosas. —le respondió con suficiencia, tranquilo al ver que había caído en su trampa por celos fraternos.

—¿Qué? Pero tú no puedes… —Se cortó al verlo sonreír tan seguro—. Te dije que yo quería enseñarle todo sobre… —empezó dolida.

—Sí —la cortó Harry—. Pero tú saliste corriendo tras Christopher, él no tenía su varita consigo y no pudo detenerlos para preguntarles qué pasaba. Yo cerré la puerta sin tener mi varita a mano. Él se sorprendió de mi habilidad y terminamos hablando de la magia sin varita y… Yo puedo enseñarle sin pedirte permiso, ¿sabes? Además soy mayor que tú.

—¿Me enseñarás ahora cómo quitarme esto, guasón? —salió Sirius gruñendo del baño. Tenía todo su rostro lleno de espuma, incluidos sus ojos entreabiertos, y la varita en la mano. Fingió sorpresa al ver a Angela.

—¿Pero qué le hiciste? —le preguntó la chica a Harry alarmada, moviendo sus manos rápidamente para limpiarle el rostro con magia sin varita—. Le has provocado una irritación en los ojos. —le recriminó.

—Era sólo un poquito de espuma —sonrió el pelinegro divertido. Asintió en dirección a su padrino en cuanto la chica le dio la espalda para aproximarse a examinar los enrojecidos ojos grises—. Le advertí que no intentase quitársela con agua o con su varita, después que la consiguió en la mesita, pero no me escuchó.

—Pero si serás bruto. Yo nunca…

—Claro que sí —la cortó el pelinegro entrecerrando los ojos—. Nos bañaste a Ron y a mí en el líquido verde oscuro que expulsa la Mimbulus Mimbletonia de Neville un día que nos estabas enseñando un escudo.

—Es cierto —aceptó sonriendo pícara—. Sólo Hermione pudo lograrlo ese día.

Sirius sonrió al verla así, mirando agradecido a su ahijado.

—Te iba a pedir que me enseñases tú también sobre Magia Antigua, pero ahora no estoy tan seguro —dijo fingiendo preocupación—. Ustedes dos discuten mucho. Además parecen disfrutar haciendo sufrir a sus aprendices. Creo que mejor le pido que me enseñe a…

—No papá —le suplicó Angela rápidamente—. Harry y yo te enseñaremos bien. Sin reñir entre nosotros y sin bromas. ¿Verdad hermanito? —se giró rápidamente hacia Harry en busca de apoyo.

—Totalmente de acuerdo.

—Mmm. Está bien. Confío en ustedes —aceptó Sirius, luego de fingir dudar por un momento—. Bajemos a comer.

—¡Sí! —exclamó Angela feliz.

—¿Christopher está bien? —le preguntó Sirius, tanto porque estaba preocupado por el pequeño como para evitar que la chica sospechase de su falta de interés en el niño.

—Sí. Sólo… corría a avisarle a Christine que irías con nosotros porque ya estabas bien. —le respondió sonriendo para calmarlo.

Aquello era parcialmente cierto, porque el niño sí había ido en busca de su hermana. Pero no sólo para decirle que el Merodeador iría con ellos y que estaba recuperado, sino para desahogarse con ella contándole la extraña sensación que le había provocado la frase usada por "el tío Sirius": unas ganas intensas de llorar sin control.

Los niños eran muy pequeños cuando huyeron del orfanato, por lo que no recordaban qué había ocurrido ese día con exactitud. No tenían un recuerdo especialmente desagradable, sólo vagas sensaciones además de la certeza que ese día habían muerto sus dos amiguitos pero no el cómo. Cuando los examinó Aline no consiguió recuerdos que borrar de ese día, aparte del momento en que Angela les había dicho que debían huir y que los otros dos niños no vendrían porque estaban muertos. Cuando le había preguntado a la chica de pelo negro por aquello no la presionó, pues entre sollozos le dijo que ella no recordaba lo ocurrido ese día.

Angela les aclaró a Chris & Chris que la sensación del niño estaba relacionado con aquél día, un poco nerviosa. Su explicación fue detenida de inmediato por los niños, que la abrazaron y la arrastraron de sus manos hacia el baño de la habitación para que se cambiase la ropa. El niño salió de inmediato pidiéndole a Meg que la ayudase, mientras él iba a la de los chicos a buscar unos chocolatines.

—Me alegra que Harry haya tenido razón y el niño esté bien. Vamos a comer con los otros —le sonrió Sirius con cariño—. Pero primero debes cambiarte, ahijado. No creo que te sientas cómodo en el comedor en pijama a la hora del almuerzo.

—Si quieres te visto "adecuadamente", hermanito. —le planteó Angela pícara.

—No gracias, "hermanita". —le respondió Harry entrecerrando los ojos.

—¿Adecuadamente cómo? —preguntó Sirius, observándolos con las cejas enarcadas y picardía en la mirada.

—No padr… —intentó Harry oponerse.

—Así. —lo cortó Angela. Lo disfrazó rápidamente con un movimiento de su varita con las alas en la espalda, el corazón de pétalos en el pecho y la corona de flores en la cabeza. En seguida salió corriendo del cuarto, mientras se reía abiertamente.

—No te atrevas a burlarte, padrino. —lo amenazó el joven mirándolo enojado.

—Yo no… —se empezó a reír Sirius sin poder contenerse—. Lo siento Harry. —No lograba contener las carcajadas, provocándole más risa aún la cara de disgusto del joven.

—Ya deja de reírte. —gruñó molesto Harry, mientras se dirigía al baño para buscar su varita y quitarse el disfraz. Luego se vistió.

Cuando salió del baño se consiguió a Sirius sentado en la cama matrimonial, mirando pensativo una foto en que aparecían Angelica, Jennifer y Alice con diecisiete años, apuntándoles con sus varitas a Remus, James y él, que tenían sus uniformes llenos de manchas de colores, riéndose los seis alegremente mientras Lily los regañaba.

—Se veían muy bien los siete en esa foto. —le comentó el chico.

—Esto fue dos semanas antes de la graduación. La tomó Frank. No había visto fotos en que aparecieran Angelica y Jennifer desde que salí de Azkaban.

—Angela y Jessica hicieron un sello en la casa de las gemelas cuando llegaron ahí. Sólo tenían nueve años y les quedó mal. Eliminaron sin intención cualquier evidencia de la existencia de sus mamás en los dos mundos. Sólo quedaron en las fotos que estaban en la Casa Flotante. Esa que tienes en tus manos es una de ellas. La saqué del álbum de fotos que me regalaron las chicas por mi cumpleaños y se la di a Meg, que quería arreglar un regalo para ti. ¿Dónde la conseguiste?

El Merodeador se sonrojó.

—Ya veo. —le sonrió el joven con picardía. Se rió al verlo guardarla rápidamente entre una cajita de madera con una rosa encima, en la mesita de noche.

—Harry no le vayas a decir…

—Ni una palabra, no te preocupes.

—Gracias ahijado. Bajemos.

Cuando llegaron al comedor se encontraron a todos esperándolos con la mesa servida. Los niños sonreían pícaros, mientras Angela y Jessica denegaban con expresión de haber sido pilladas en una travesura.

—Tío Sirius apresúrate…

—… para poder empezar a…

—… contarte la excursión…

—… que hicimos por la…

—… ruta del expreso.

—No por favor. —susurró Angela sonrojada.

—Excelente idea, chicos. —dijo Harry feliz. Podría desquitarse.

Durante el almuerzo los pequeños Brown contaron las bromas y travesuras de los cuatro en aquél viaje, con el apoyo de Harry que les preguntaba detalles referidos a las hechas por su hermanita. Jessica y Angela no levantaban la vista de sus platos, sonrojadas, con Fred y George mimándolas pero sin poder reprimir la risa en varias oportunidades.

Nymph, Aline, Abby, Sue, Fleur, Clarisse, Sirius, Charlie, Bill, Jarod, Pacey, Humphrey y Wymond se rieron mucho, especialmente de las expresiones de las chicas. Eloise, Meg, Kingsley y Remus se debatían entre las ganas de darles una reprimenda atrasada a los cuatro chicos y reírse, decantándose por lo segundo luego de la tercera anécdota. Luna, Ginny, Hermione, Neville y Ron, que ya habían oído aquello, se reían divertidos mirando de reojo a los adultos, especialmente a los padres de las chicas, felices de ver sus rostros alegres y orgullosos.

—Definitivamente Jessica, Angela y Harry son dignos herederos de los Merodeadores. —comentó Aline sonriente cuando estaban terminando de comer. Se rió abiertamente al ver a los tres aludidos mirarla sonrojados pero con un brillo de orgullo en la mirada, mientras sus dos amigos tenían tal dicha en sus rostros que difícilmente podría alguno de los presentes olvidar sus expresiones.

—Suban ya por sus morrales. Clarisse, Meg y yo limpiaremos aquí. —les dijo Eloise sonriendo.

Todos asintieron y salieron de la cocina rápidamente hacia los cuartos, los dos niños emocionados, los diez chicos mayores serios, los otros quince adultos preocupados.

—En tu mochila van tu equipo de batalla, tu estrella Cundáwan, tu escoba, tu maletín de pociones, tu capa de invisibilidad y la manta de piel de unicornio. Además de mis notas de los recuerdos del profesor Dumbledore y mudas de ropa para dos semanas separada en dos grupos. —le informó Hermione a Harry.

Los diez chicos habían organizado rápidamente todo luego que los despertasen, mientras los dos chicos de pelo negro hablaban con Meg y Sirius, según lo que ya había planeado la castaña. Los dos niños habían distraído a los otros adultos mientras los otros ocho arreglaban aquello.

—En la mía va mi equipo de batalla, mi estrella Cundáwan, la colección de libros de Defensa que te regalaron Sirius y Remus para el E.D., la de Defensa Avanzada que te dieron Nymph y Remus por tu mayoría de edad, los datos que nos dieron Daphne e Isolda sobre el egipcio y los de Gabrielle, Timothy y Jefferson sobre el francés, de los que nos habló el señor Aberforth cuando le preguntamos basándonos en los recuerdos del pensadero del profesor Dumbledore —continuó diciendo la castaña—. Además de los mapas de los lugares a los que vamos y mi ropa para dos semanas separada en dos grupos.

—En la tuya va tu equipo de batalla, tu estrella Cundáwan, tu escoba, el libro de transformaciones avanzadas que le dio la profesora McGonagall a Harry y lo que necesites para dos semanas de estadía —le enumeró la de ojos miel a su prima—, además de catorce vasos de pociones para tus pulmones, siete de plateada, siete de dorada y siete de cristalina.

Los siete con los doce dones activos se estremecieron ante su mención por Jessica.

—Sé que no les agrada, pero no sabemos con qué nos conseguiremos y podrían necesitarla —les aclaró luego de suspirar—. Por eso llevo otros siete en mi mochila, además de siete para los pulmones, siete de la plateada y siete de la dorada, mi maletín de pociones, mi equipo de medimagia, mi equipo de batalla y mi estrella Cundáwan. También mi ropa para esta semana, como indicó papá. —Llevaba otro juego de ropa para otra semana adicional, pero no lo dijo en voz alta.

—En la mía yo llevo mi equipo de batalla, mi estrella Cundáwan, mi escoba, siete vasos de pociones para los pulmones, siete de plateada, siete de dorada y siete de cristalina —enumeró la menuda pelirroja, finalizando en voz baja mientras se estremecía al ver uno de aquellos vasos. Respiró profundo y continuó—. También el equipo de medimagia y el maletín de pociones que me regalaron Eloise y Humphrey en navidad, ingredientes y pociones, aparte de la ropa para dos semanas. —les explicó Ginny a Angela y Harry.

—En la mía van mi equipo de batalla, mi estrella Cundáwan, mi escoba, los libros sobre las tumbas egipcias que nos facilitó Bill, todos los libros que hemos conseguido para identificar si un objeto es un horcrux y las mudas de ropa para las dos semanas. —les contó Ron, revisando una vez más su mochila.

—En la mía van mi equipo de batalla, mi estrella Cundáwan, siete vasos de pociones para los pulmones, siete de plateada, siete de dorada y siete de cristalina —enumeró la ligera rubia, frunciendo el ceño al mirar uno de los últimos vasos—, los libros de runas antiguas bases para traducciones complejas, chocolates y mis cosas. —les dijo Luna.

—En la mía va el equipo de batalla mío, mi estrella Cundáwan, mi escoba, el caldero portátil de Sortilegios Weasley y mi ropa. —enumeró Fred.

—En la mía va el equipo para batalla mío, mi estrella Cundáwan, mi escoba, siete vasos de pociones para los pulmones, siete de plateada, siete de dorada y siete de cristalina, además de mi ropa. —revisó George su mochila de nuevo. Cuando nombró la última poción su novia, sus dos hermanos menores, la rubia, los dos castaños y el pelinegro se estremecieron, a lo que él los miró con comprensión.

—En la mía van mi equipo de batalla, mi estrella Cundáwan, libros de herbología avanzada con información sobre plantas egipcias y francesas, envases y redomas vacíos irrompibles, paños pequeños, mi cuchillo en su funda y mi ropa. —enumeró Neville.

—En las nuestras van nuestros equipos de batalla, nuestras estrellas Cundáwans, chocolates, los ingredientes para la poción de los pulmones de Angela y las mudas de ropa de la semana. —finalizó Christopher mirando fijamente a Harry, emocionado y preocupado.

—En dos semanas estaremos de vuelta con sólo un horcrux pendiente por destruir, bien sea Nagini u otra cosa según lo que averigüemos cuando regresemos. O tal vez incluso con todos destruidos —les dijo seguro Harry.

Sacó, por medio de la bolsa mágica, una cantidad importante de dinero de su cámara. Una vez en Egipto cambiarían por moneda local si llegaban a necesitar usarlo, o en Francia. Todos llevarían dinero para gastos personales, pero él los había convencido que de los gastos de expedición se ocuparía él.

Angela, Hermione y Ron (que ahora compartía una cámara con sus hermanos gemelos y su hermana) también sacaron dinero de las suyas con sus bolsas. Los tres sacaron más de lo previsto por Harry, sin decirle y sin ponerse de acuerdo. Ginny suspiró mirándolos, pues a ella no le habían permitido sus padres el solicitar aquello y siendo menor de edad no podía hacerlo sin su consentimiento.

Luna, Neville y George procedieron igual, previendo la situación que se presentaría si seguían con su plan. A la rubia su padre le había dado permiso de empezar a manejar el dinero de su cámara.

Jessica y Fred sacaron de las suyas más de lo previsto también, pues aunque se suponía que no lo requerirían prefirieron tomar precauciones. A la chica de ojos miel la había autorizado Remus, luego que Sirius lo convenciese de hacerlo "para que pudiesen comprarse Angela y ella lo que quisiesen en sus salidas a Hogsmeade". Sin embargo a los gemelitos no les autorizaron aquello, pues los adultos estuvieron de acuerdo en que era mejor esperar a que tuviesen al menos quince años.

—Si vemos que es necesario prolongar nuestra estadía en Egipto les avisaremos al resto de los miembros de La Orden del Fénix —continuó Harry—. Por favor entrégale esta carta a tu papá y ésta a mi padrino cuando nos separemos de ustedes, Jessica —Al ver a la chica removerse inquieta mientras le recibía las cartas le sonrió e intentó calmarla—. No tienes que preocuparte, prima, todo saldrá bien.

—¿Podrían explicarme una vez más porqué no les estamos diciendo a los del G.A.H. de ese posible cambio de horcrux? —preguntó Jessica que tenía un mal presentimiento.

—Porque Daphne nos pidió que no se enterasen de la ayuda que nos dan los del G.E.J.M.A., especialmente Meg y Eloise. —le respondió Harry pacientemente, mientras Hermione y Ron rodaban los ojos y Angela la miraba exasperada.

—Y confiamos en su información porque… —empezó Fred.

—Christine, Christopher, Luna y yo la hemos verificado casi toda. —repitió una vez más Neville, nervioso.

—Nosotros no desconfiamos de Gabi, Tim, Jeff, Sold o Daph —aclaró George rápidamente al ver la mirada que le dirigía su novia a su gemelo, nervioso. No sabía como decirles a los que viajarían lo que les preocupaba—. Pero… ¿No podrían postergar el viaje a Francia, chicos? ¿O decirle a los del G.A.H. a excepción de Meg y Eloise?

—Sí, Harry. No tienen porque irse desde Egipto. —apoyó Christopher, suplicándole con la expresión de su rostro.

—Postergarlo para otra ocasión me parece prudente. —opinó Christine mirándolo ansiosa.

—¿Postergarlo? —preguntó Harry extrañado. Los miró de uno en uno y se dio cuenta del nerviosismo de los siete que no irían—. ¿Qué les pasa?

—Tengo un mal presentimiento. —respondieron a coro Luna, Jessica, Fred, George, Neville, Chris & Chris.

Ginny, Angela, Hermione, Ron y Harry los miraron asombrados, enarcando las cejas. No sólo habían coincidido, evidentemente sin ponerse de acuerdo, sino que era de asustarse que Luna y los gemelos Weasley coincidieran.

—Tranquilos chicos, todo irá bien. Estaremos en contacto con ustedes permanentemente. Volveremos tan pronto sepamos si esa antigüedad es un horcrux y lo destruyamos si está allí, o averigüemos su ubicación definitiva, o consigamos algún dato sobre qué buscaba Voldemort en Francia. —les dijo Harry seguro, con su liderazgo natural transmitiéndoles confianza en su decisión.

Los once lo miraron y asintieron. Seguirían adelante cada uno de ellos con el plan que tenían trazado, aunque el de siete de ellos no coincidía exactamente con el de Harry.

De hecho difería bastante, ya que tres de ellos los seguirían como sombras desde que entrasen en la caverna hasta que regresasen. Jessica y Fred se quedarían a cuidar de los niños y sobrellevar a los del G.A.H. mientras Luna, Neville y George irían tras ellos.

—¿Están listos, chicos? —les preguntó Aline cinco minutos después.

—Sí. —respondieron todos a coro con mucha seguridad.

—Bajemos a la sala. Hablaremos algunas cosas, verificaremos que no se les queda nada y usaremos los trasladadores para llegar al bosque de Bristol. —les indicó la pelirroja de ojos esmeraldas.

Todos sonrieron apenas darles la espalda la Cundáwan. Tal como esperaban les revisarían las mochilas, sólo que las de los doce chicos eran especiales. Luna había investigado con Hermione y Angela los hechizos que usaban los fabricantes de las mochilas como las de Harry. Se los habían aplicado a todas las del E.D.H. para que su interior fuese casi siete veces el que mostraban en su exterior y su peso, siempre que contuviese algo, fuese el equivalente al de cargar una capa y tres libros medianos.

También habían adicionado runas cundáwans para que quien no supiese sobre esa raza no pudiesen ver ni pociones, ni escritos, ni objetos relacionados a sus conocimientos. Habían impregnado además cada una con una poción en que mezclaron sangre de los doce y hecho un pequeño ritual, diseñado por la rubia y la castaña y aplicado por la de pelo negro, que les permitiría ocultar parte de lo que llevasen adentro de quien las revisase y que sólo los miembros del E.D.H. pudiesen ver, poner y retirar todo lo que estuviese adentro. De ese modo podían llevar sus equipos de batalla sin que los del G.A.H. lo supieran.

—Hemos decidido cómo se conformarán los grupos de manera definitiva —comenzó a explicarles Remus cuando estaban reunidos en la sala—. Harry y Ginny irán con Meg y Sirius por el lado noreste, desde el borde en dirección a la Escuela Henbury. Christine, Angela y George acompañarán a Aline y Wymond por el lado noroeste, desde el borde en dirección al pantano Lawrence Weston. Sue, Pacey, Fleur y Bill se acercarán desde el oeste, en dirección a la Academia Oasis.

»Hermione y Ron se moverán con Clarisse y Kingsley desde cerca del Centro de Cabalgata Avon. Luna y Neville irán con Hestia y Jarod por el sur, desde donde se ven las ruinas del Castillo Blaise. Christopher irá con Eloise, Humphrey, Abby y Charlie desde el sureste, en dirección al Museo Castillo Blaise. Jessica y Fred se acercarán conmigo desde el este.

»El grupo que se encuentre con una caverna con panteras cerca le avisará de inmediato a los otros seis y los esperará. Actuaremos todos en conjunto. ¿Está claro?

—Sí. —respondieron los doce a coro.

—Quisiéramos que nos mostraran lo que llevan en sus mochilas, para verificar que no se les haya olvidado nada. —continuó el hombre de ojos dorados, preparándose para responder sus protestas. Los miró suspicaz al no oírlas y verlos tenderles las mochilas para que las revisasen directamente.

Sirius miró a los chicos con los ojos entrecerrados. «No es normal como han reaccionado a la orden de 'lunático'. ¿Qué se traerán entre manos? Tendré que estar muy atento a los dos que van con mi esposa y conmigo. Estoy seguro que mi hija, mi ahijado y su pelirroja serán los cabecillas de lo que estén tramando».

—¿Y esto? —preguntó Meg extrañada al revisar la bolsa de Luna, sacando un pequeño frasco transparente lleno de algo color naranja fosforescente.

—Polvo de cuerno de Snorkack de Cuernos Arrugados. —aclaró rápidamente la joven rubia con sus grandes ojos plateados muy abiertos y la voz un poco nerviosa.

—¿Polvo de qué? —preguntó la mujer rubia mirándola con sospecha.

—Polvo de cuerno de Snorkack de Cuernos Arrugados —respondió Neville con mucha seguridad, que aún estaba un poco pálido por el susto pasado unos momentos antes cuando creyó que el hechizo de la mochila de su novia había fallado—. Le pedí que llevara un poco del que consiguió con su papá en el viaje a Suecia. Pensé que de alguna manera podría sernos de utilidad.

Diecisiete de los adultos miraban a los dos chicos dudando de su salud mental, mientras Jarod lucía asombrado, Hermione exasperada y otros ocho chicos hacían esfuerzos por no reírse.

—Excelente idea, Neville —aprobó Angela sonriente—. Si la copa está en lo profundo de la caverna y hay algún encantamiento especial de oscuridad nos será muy útil.

—¿Qué? —preguntó Sirius mirándola asustado, temiendo por la salud mental de su hija.

—¿Conoces sus propiedades y cómo usarlos? —le preguntó Luna ilusionada.

Veintiseis rostros los miraban con incredulidad, mientras Jarod asentía inconscientemente. Hestia se dio cuenta y arqueó una ceja en su dirección.

—Sí. Neville y yo verificamos la muestra que le diste por petición mía e investigamos sus propiedades.

—Definitivamente fue una suerte que tu papá lograra comprar quinientos gramos. Es muy difícil de conseguir. —le dijo el castaño sonriente. Jarod asintió nuevamente.

—Lo cual es lógico cuando solamente quedan unos cuantos ocultos cerca de Kiruna, al norte de Suecia, desde la época de la fundación de Hogwarts. —siguió Angela sonriente. El hombre trigueño la miró con expresión de haber comprendido algo.

—Fue allí donde lo compramos, pero no pudimos obtener información —comentó Luna mirando a su novio interrogante—. ¿Por qué no me dijiste que habían estado investigando con los dos gramos que te di?

—Perdóname mi amor. Con todo lo que ha estado pasando lo olvidé. —se disculpó el castaño avergonzado.

—Los magos de Tarfala son sus protectores, pues casi los llevaron a la extinción. Cuando crearon un refugio para ellos sólo quedaban dos parejas. Por eso no obtuvieron tu papá y tú información. Los Snorkack de Cuernos Arrugados permanecen ocultos en el Kebnekaise, cerca de la cumbre.

»Cuando mueren sus cuernos son tomados y convertidos en polvo. También preparan unas pociones con sus escamas y su sangre. Luego llevan el polvo y las pociones a Kiruna, donde los venden en la tienda especializada. Allí es el único lugar del mundo mágico en que se pueden conseguir. —finalizó Angela de contarle a su rubia amiga lo que habían investigado.

Hermione los miraba a los tres paralizada, sin parpadear, intentando asimilar lo que estaba escuchando.

Sirius pensaba que el hecho de ser su hija pariente de Aberforth podía ser peligroso, pues parecía tener tendencia a investigar cosas que los demás consideraban absolutamente inverosímiles. Ya Remus le había contado tanto la entrevista con el hermano de quien fue su suegro, como el incidente con la revista del papá de Luna. «Si a eso le sumo su amistad con la joven rubia… Tengo que hablar con ella».

Los pensamientos de varios de los presentes se acercaban bastante. Era obvio que el castaño había investigado aquello llevado por el amor a su novia y la curiosidad de la chica de pelo negro.

—Disculpen que se los diga, pero si no terminan de revisar las mochilas nos iremos muy tarde al bosque de Bristol. —dijo Ginny en voz suave, después de diez minutos de pesado silencio.

Meg, que aún tenía en sus manos la mochila de la joven rubia, reaccionó. Mirando con temor su interior le preguntó:

—¿Llevas alguna otra cosa además de lo que les indicaron Remus y Wymond?

—Unos chocolates de Honeydukes. —respondió la chica de ojos plateados sonriente, sacándolos y enseñándoselos.

Sirius, al ver el rostro pálido de su esposa mirando inquieta a la chica, contuvo la risa. Se acercó a ella y terminó la revisión de la mochila.

—Chicos, quisiéramos que se sincerasen con nosotros. Los hemos visto muy nerviosos. Tenemos miedo que intenten aprovechar esta salida para escabullirse a investigar sobre la ubicación del cuartel de Voldemort, para ir por Nagini. —le pidió Remus a Harry preocupado. Había terminado aceptando que fuesen a batallas, pero le daba verdadero pánico que los chicos intentasen ir solos por la serpiente mascota de tan cruel asesino.

—No te voy a negar que estamos tensos y… —miró de reojo a los otros chicos—. Te confieso que llegué a pensarlo, tío, pero me hicieron desistir.

Siete chicos tragaron saliva, lamentando que lo último no fuese totalmente cierto.

—Me alegro que los escucharas —sonrió el hombre de ojos dorados—. Pónganse sus capas y vaya cada quien con su jefe de grupo. Los trasladadores que preparó Wymond los activará en cuanto estemos listos. Nos comunicaremos por medio de Fawkes para reunirnos cuando encontremos la caverna.

Cinco minutos más tarde cada grupo aparecía en el lugar de llegada fijado por el Cundáwan en los extremos del bosque Moorgrove en Bristol, previamente protegidos los siete sitios por hechizos repelentes de muggles y magos. La búsqueda había iniciado. Se desplazaron lenta y silenciosamente con sus varitas en mano, semiocultos por las capas.

Dos horas más tarde todos se reunían en el punto indicado por Sirius por medio de Fawkes. Al ver lo que observaban atentamente los cuatro que aguardaban allí tragaron saliva. Estaban en una parte muy tupida del bosque que rodeaba la entrada a un macizo rocoso, donde se podían apreciar tres cavernas de tamaño suficiente para entrar una persona de pie y cuatro en que habría que entrar gateando, rodeadas las siete por al menos treinta y cinco leopardos, con algunas panteras negras entre ellos.

—Esto no es normal —comentó en voz baja Meg—. Estos felinos generalmente son solitarios a menos que sea época de reproducción, lo cual no creo sea el caso estando en invierno. Además generalmente dormitan de día, en madrigueras de otros animales o en árboles, no en un claro o en cavernas. Y estas…

Fue silenciada por una mano de su esposo en su boca, mientras la sujetaba por la cintura y la movilizaba contra el árbol más cercano para en seguida cubrirla con su cuerpo. Miró de reojo y notó que los demás se ocultaban tras los árboles cercanos por señas de Remus y Wymond.

Mientras tanto Jessica y Angela dejaban sus mochilas en el piso y se transformaban en lobezna y pantera negra joven. Retuvieron todos los demás el aliento al notar que se dirigían hacia la manada, donde los machos avanzaban hacia ellos en actitud amenazante mientras las hembras retrocedían con los cachorros.

Remus dejó su mochila junto a Nymph y se transformó rápidamente en lobo.

—Quédate a cuidar a los otros chicos. —le susurró Sirius a su esposa al oído. Luego le hizo señas que permaneciese en silencio y quieta. Se separó de ella para soltar su mochila a su lado y transformarse en el pastor alemán negro, grande y peludo.

Meg se tapó la boca para ahogar un grito, al ver a las chicas transformadas acercarse a los leopardos.

Wymond se transformó en un león blanco de melena negra, Kingsley en un lince, Charlie en un tigre y Bill en un león beige claro de melena roja, dejando sus mochilas junto a sus esposas. Les habían pedido que no asumiesen sus formas animagas debido a sus embarazos. Eloise y Humphrey les hacían señas a los demás de permanecer en sus lugares en silencio.

El macho negro, líder de la manada, rugió de tal manera que a todos se les erizó la piel. Los dos lobos, el perro, el lince, el tigre y los dos leones se detuvieron, pero la pantera negra avanzó hacia su posición lentamente dando pequeños gruñidos juguetones y ronroneando.

El líder de la manada dio un segundo rugido, distinto al primero. Se abalanzó sobre la hembra negra joven que se le acercaba, tumbándola al piso, mientras los dos leones, el tigre y el lince se interponían rápidamente en el camino del lobo y el perro, evitando que se acercaran. La lobezna estaba sentada sobre los cuartos traseros en pose tranquila y atenta.

Nymph, Meg, Sue, Pacey, Hestia, Jarod, Luna y Neville veían aquello asustados, sin entender lo que hacían Bill, Charlie, Kingsley y Wymond. Aline, Fleur, Clarisse, Abby, Eloise y Humphrey miraban atentamente, pues entendían parcialmente lo que estaba ocurriendo. Christine y Christopher habían intercambiado una comunicación silenciosa, luego de detallar a Angela y Jessica, antes de relajarse y permanecer quietos y atentos. Ginny, Harry, Ron, Fred y George intercambiaron miradas nerviosas entre ellos y con Hermione, que denegó.

Los otros animales de la manada estaban quietos, en una actitud que había cambiado de amenazante a expectante, alrededor de las dos panteras negras que se revolcaban en el piso lanzándose pequeños mordiscos y lametones. Los dos leones, el tigre y el lince tenían problemas para contener al lobo adulto y al perro sin lastimarlos.

Cerca de diez minutos transcurrieron antes que las dos panteras se separaran y rugieran al unísono. El resto de la manada se acercó a ellos, lanzando pequeños gruñidos y lametones a la hembra joven. Era evidente para los observadores que le daban la bienvenida a la manada. Después de un rugido del líder de los leopardos la lobezna se incorporó en sus cuatro patas y avanzó hacia la manada, dejándole paso el tigre, el lince y los leones, que sin embargo mantuvieron a raya al lobo adulto y al perro.

La lobezna fue recibida por la manada como lo había sido antes la pantera joven, hasta que llegó al líder que llevó hasta ella a uno de sus cachorros recién nacidos. Se lo colocó sobre el lomo con cuidado, ronroneando al ver al cachorro avanzar hacia el cuello de la lobezna y a esta girarse a lamer al pequeño. Pronto se vio rodeada la lobezna por cinco cachorros más, de los cuales sólo uno era negro.

Después de diez largos minutos, en que la lobezna jugó con los cachorros del líder y la hembra joven recién llegada con estos y los otros cachorros de la manada, se incorporaron y se dirigieron al punto en que el tigre, el lince y los dos leones esperaban junto a un lobo y un perro negro. Remus y Sirius les gruñeron enojados al llegar junto a ellos, cesando al oír rugir al líder y otros leopardos de la manada, además de los rugidos del tigre, el lince y los dos leones que los habían retenido.

Regresaron los dos lobos, el perro, la pantera, el tigre, el lince y los dos leones hasta el punto en que los esperaban veintidós expectantes compañeros. Recuperaron los ocho su forma humana una vez allí, fuera de la vista de la manada que se quedó esperando tranquila.

—Más te vale que tengas una buena explicación, jovencita. —casi le gruñó Sirius a Angela.

—Hace seis años Jessica y yo pasamos una transformación de ella aquí, en este bosque, hacia aquella zona —les señaló hacia la derecha—. El líder de los leopardos nos consiguió con la manada, nos rodeó y… en lugar de atacarnos se comunicó conmigo. Esa noche cuidaron de Chris & Chris y nosotras dos.

Todos los que sabían lo ocurrido la semana luego de la huida del orfanato la miraban con los ojos muy abiertos. Entendían que se refería a la luna llena en que había acompañado a su prima estando herida, después del escape del orfanato. Angela, Jessica, Christine y Christopher habían pasado la noche del 19 de agosto de 1991 en el bosquecillo al norte de Londres, cerca del orfanato.

La mañana siguiente, apenas amanecer, Angela llamó desde un teléfono público al señor Shatner y le dijo lo ocurrido. Cuando él quiso que le dijese dónde estaba, para buscarlos a los cuatro y llevarlos a un hospital, ella se negó rotundamente. Le dijo que lo volvería a llamar en cuanto ellos estuviesen en un lugar seguro.

Empezaron el lento viaje, en partes caminando y en partes por medio de transporte público, a la casa de los Brown en Bristol. Se desplazaban en horas de poco movimiento para no llamar la atención y se esforzaban en mantenerse ocultos de la policía. Angela había conseguido dinero en el sobretodo que usó para tapar sus heridas, el cual usaron para comer y pagar los pasajes. El domingo 25 de agosto pasaron la noche de luna llena en el bosque de Moorgrove, llegando a su destino la mañana siguiente.

En casa de los Brown se consiguieron a Dotty y Wykers, curando el elfo a Angela mientras la elfina cuidaba a los otros tres niños. Luego la chica llamó al señor Shatner. El abogado la ayudó con el papeleo para que trasladasen a Dani y Amy al lado de Catherine y Charlton Brown, haciéndoles además un funeral.

—Por eso se me hacía levemente conocido el lugar cuando llegamos —siguió Jessica—. Pero como fue hace tanto tiempo no estaba segura. Cuando oí al líder de la manada lanzar un rugido similar al que le oí esa noche lo recordé.

—Bill, Charlie, Kingsley y yo entendimos que reconocían a Angela como un leopardo extraviado de la manada, pero también que no nos admitían a nosotros cuatro ni mucho menos a ustedes —explicó Wymond, disculpándose con la mirada con Remus que tenía un rasguño en un brazo y los miraba enojado—. Por eso los contuvimos. Nos extrañó que llamasen a Jessica para que se acercase, pero la dejamos pasar hacia ellos para evitar una confrontación con la manada.

Los treinta oyeron un rugido, pero no prestaron atención y no se dieron cuenta que provenía de un lugar cercano.

—¿Cómo es que les entendieron ustedes mientras tío Remus y tío Sirius no? —preguntó Christopher confuso.

—Porque los tigres, linces y leones también son félidos, al igual que los leopardos, guepardos, servales, carascales, gatos, panteras nebulosas, pumas, jaguares y algunos gatos salvajes. —le respondió Hermione.

—¿Por qué si te reconocieron el líder te atacó? —le preguntó George a su novia, confuso y preocupado.

—Manchita no me atacó, mi amor. Me invitó a jugar y eso hicimos.

—¿Manchita? —preguntaron a coro veintinueve voces, paralizándose al escuchar rugir al líder de la manada muy cerca de ellos. Al girarse lentamente lo vieron a sólo un par de metros, palideciendo.

Angela sonrió y avanzó lentamente hacia el animal en su forma humana. Se agachó junto a la pantera negra, que ronroneó y le dio cariñosos lametones en el rostro.

—¿Ven su patita derecha? Tiene una manchita de pelo más clara que el pelaje negro de todo su cuerpo.

Los veintinueve la miraban como si hubiese dicho una barbaridad. ¿Cómo pretendía la chica que se hubiesen fijado en eso?

—¿Cómo es que te reconoce en tu forma humana? —preguntó Jessica, sin entender.

—No lo sé. Tampoco porqué me dijo que yo le puse el nombre Manchita por su pata. No lo recuerdo —Se encogió de hombros, acarició de nuevo a la pantera y se puso en pie al oírlo rugir inquieto—. Dice que se aproximan extraños a la entrada este del bosque. Nos indica que debemos entrar a las cavernas.

»Sólo podemos entrar a la caverna prohibida algunos de nosotros, a los demás les dejarán paso para que se oculten en las otras cavernas. La manada evitará que se acerquen aquí humanos o animales de cualquier especie, como les fue encomendado —Al ver fruncir el ceño a los demás denegó sonriente—. No por Voldemort, sino por un grupo de humanos jóvenes cuando era sólo un cachorro. En ese entonces la caverna ya era prohibida, pues lastima.

—¿Un grupo de humanos jóvenes? —preguntó intrigado Remus. Tenía un mal presentimiento. Sus instintos le advertían que aquello era importante.

—Eso le entendí. —confirmó Angela.

—¿La caverna lastima? ¿A qué se refiere? —preguntó intrigado Harry.

—Algo así como quemaduras, pero no le entendí muy bien. —le respondió la chica de pelo negro con sinceridad. En seguida se encogió de hombros, al ver sus expresiones interrogantes.

Un rugido autoritario de Manchita, seguido de otros que se acercaban rápidamente, detuvo la conversación.

—No hay tiempo para esto. —urgió Angela.

—Tiene razón. Vamos a las cavernas. —aprobó Remus. Al igual que su hija y la manada de leopardos, olfateó el acercamiento de un grupo humano considerable. Sus instintos lobunos, acentuados por la proximidad de la luna llena, le avisaban del peligro.

Los treinta se acercaron a las cavernas, cada uno con su mochila a las espaldas. Angela caminaba con naturalidad y agilidad junto al líder de la manada. Jessica, Chris & Chris eran guiados amistosamente, entre lametones y juegos de unos leopardos jóvenes. Se movían tranquilos los otros catorce que tenían como forma animaga un félido y con cautela los otros doce que tenían como forma animaga un cánido, un ecuestre o un ave.

Cuando llegaron frente a las cavernas las hembras empezaron a moverse entre ellos con rugidos que sonaban poco amistosos, separándolos en tres grupos: uno al centro con Angela, Ginny, Luna, Hermione, Jessica, Ron, Neville, Fred, George y Harry, otro a la izquierda con Abby, Sue, Fleur, Hestia, Clarisse, Charlie, Pacey, Bill, Jarod y Kingsley, y otro a la derecha con Christine, Christopher, Nymph, Eloise, Aline, Meg, Humphrey, Remus, Sirius y Wymond. Kingsley, Harry y Wymond iban en la parte posterior de su grupo, rápidamente borrando las huellas de los treinta con su varita.

Al darse cuenta que diez de los chicos quedaban sin ningún adulto con ellos, los dieciocho del G.A.H. intentaron acercarse. Se detuvieron por los fuertes y amenazadores rugidos de la manada, que se interpusieron.

—Angela. —la llamó Sirius desesperado, en un tono de voz levemente alto.

—Tranquilo papá. Estaremos bien. Cuando se hayan alejado los intrusos nos dejarán reunirnos.

—¿Cuál es la "caverna prohibida"? —preguntó Remus alarmado, al notar que los alejaban y empujaban en dirección a las entradas de las distintas cavernas medianamente altas.

—Tranquilo tío. No deben percibir a ninguno nervioso o su instinto prevalecerá. Estaremos todos bien. —fue lo último que dijo Angela antes de ser empujada dentro de la caverna.

—Angela tiene razón. Tranquilos todos. —les pidió Wymond en el tono de voz más tranquilo que logró mantener. Estaba angustiado también por los diez chicos.

—Debemos permanecer tranquilos y atentos. —corroboró con su voz profunda Kingsley. Estaba extrañado de la orden dada por el líder de la manada.

Una vez dentro de la caverna del centro los diez chicos percibieron el inconfundible rastro de magia negra a unos catorce metros, hacia lo profundo de la caverna. Vieron a tres hembras leopardos ubicarse frente a la entrada, con sus cabezas hacia fuera, rugiendo de una manera tan amenazante que se les erizó la piel a nueve de ellos.

Lumos. —convocó Harry en un murmullo con su varita, luego de avanzar tres metros hacia el fondo de la caverna con cautela.

Lumos. —encendió de inmediato su varita George, con el ceño fruncido.

Lumos. —le imitó Fred, mirando rápido alrededor antes de intercambiar una mirada preocupada con su gemelo.

Lumos. Es evidente que esta caverna es la respuesta a la pregunta de Remus. —afirmó Hermione, convocando luz con su varita en voz baja y moviéndose lentamente tras su amigo.

Lumos. También que no dejarán que nadie se acerque aquí por como se oyen sus rugidos. —aseveró Ginny que caminaba junto a su novio.

Lumos. Espero que los intrusos se alejen pronto y los otros puedan venir aquí. —expresó Neville preocupado.

Lumos. Es muy extraño que nos separaran de la manera que lo hicieron. —comentó Luna con voz ausente, pensativa.

Lumos. Me extraña que nos dejaran entrar a nosotros diez —les confesó Angela, suspirando al ver a todos girarse para mirarla—. Sólo lo permitieron por las órdenes de Manchita y el apoyo de cuatro de la manada, además de su pareja. Los otros no querían aceptar que ninguno de nosotros entrase aquí.

Lumos. ¿Hasta ahora lo dices? —gruñó Jessica.

—No quería provocar más tensión entre la manada y nuestros acompañantes, además… Confío en Manchita, creo que de alguna manera sabía que éramos nosotros quienes debíamos destruir el horcrux.

Lumos. ¿Por qué estás tan segura que aquí está…? —empezó a preguntar Ron, pero se detuvo al ver el reflejo de la luz de sus diez varitas en una copa dorada, pequeña, con dos agarraderas forjadas finamente con una medalla grabada.

—La copa está aislada de nosotros por dos esferas. —comentó Luna después de cinco minutos de silencio absoluto.

Los diez empezaron a moverse cautelosamente alrededor de la que estaba cerca de ellos, de color azul claro.

Ginny sacó de su mochila dos piedras blancas pequeñas y esponjosas. Rozó la superficie de la esfera con la primera y frunció el ceño al verla ennegrecerse violentamente. Se alejó y lanzó la segunda hacia la extraña protección. Los diez se agacharon al verla incendiarse y salir repelida hacia la entrada de la caverna, apagándose antes de tres metros.

—¡¿Qué haces?! —le reclamó Ron exasperado.

—Comprobar que esa esfera azul es de agua hirviendo a altas temperaturas. Lo que la toque o intente atravesarla se quemará.

—¿Cómo lo supiste? —preguntó Neville abismado.

—Lo que dijo Manchita sobre quemaduras. —le respondió la menuda pelirroja.

—Entonces tendrán que combinar sus peculiaridades Luna, Hermione y tú para eliminar esta barrera —decidió Harry—. Angela y yo protegeremos a los demás con un escudo allí. —le indicó una zona dos metros más atrás, protegida por unos salientes naturales de roca.

Los otros nueve chicos asintieron y obedecieron. La pelirroja, la castaña y la rubia guardaron las varitas en los cinturones de cuero de dragón y extendieron las manos hacia la esfera azul, la una al lado de la otra, concentradas. Harry, Neville y Ron habían tomado las mochilas de los tres, ubicándose tras el saliente del lado derecho, mientras Angela, Jessica, Fred y George se ubicaban tras el izquierdo. Entre Harry y Angela generaron un fuerte escudo que los protegiese a los siete, atentos a ellas tres para ayudarlas si era necesario.

Ginny generó una pared delgada de fuego que las envolviese a las tres, la cual se mezclaba con el agua convocada por Hermione creando vapor de agua a alta temperatura. Luna la hizo girar rápidamente alrededor de ellas.

Avanzaron hasta que su pared hizo contacto con la esfera y sintieron un estremecimiento en la energía mágica del lugar. Tuvieron que hacer un esfuerzo para mantener la pared y seguir avanzando muy lentamente, hasta lograr controlar Luna el agua hirviendo que conformaba la esfera. La hizo girar rápidamente mientras la abría por la parte inferior y la superior, transformándola en un cilindro.

Lo redujo gradualmente de altura y lo movió hacia arriba, levantándolo sobre ellas y la otra esfera que rodeaba la copa. Lo movió hacia la pared de piedra posterior y lo hizo girar cada vez más lentamente, mientras lo concentraba en un espacio más pequeño. Hermione la ayudó a transformarlo lentamente en agua a temperatura ambiente, liberándola de su control.

Ginny había cesado su fuego en cuanto el cilindro levantó sobre las tres, de modo que Luna pudiese empezar a enfriarlo. Atenta a lo que la rubia y la castaña hacían, para protegerlas con fuego si perdían el control del agua que se esforzaban en enfriar. Sonrió al sentir el agua, mezcla de la que tenía la esfera y la convocada por Hermione, fluir a temperatura apenas superior a la de la caverna por sus pies.

Cuatro de los otros siete chicos se acercaron chapoteando alegres hacia las tres, sonriendo y felicitándolas efusivamente. Los otros tres se giraron hacia la entrada. Jessica había escuchado algo distinto en los leopardos y se tensó, caminando hacia allí. Fred se regresó con ella y tras ellos George, preocupados los gemelos por la expresión de la chica de ojos miel.

En ese instante sintieron los siete cerca de la esfera morada, que protegía la copa, el efecto de una ola de magia negra cerrándose tras ellos. Una pesada oscuridad los envolvió, dejando sin efecto la luz de las varitas. Retuvieron rápidamente la respiración, al sospechar de un posible gas rodeándolos.

Luna de inmediato sacó el frasquito con los polvos de cuerno de Snorkack de Cuernos Arrugados y se lo entregó a Neville, que la había abrazado para mantener el contacto mientras ella lo ubicaba en su mochila. El castaño se concentró y realizó el complicado hechizo con su varita en la mano derecha, en silencio, mientras con la izquierda dejaba descubierto el envase con los polvos. Un par de minutos más tarde los polvos empezaron a flotar emitiendo una fuerte luz anaranjada que iluminó el lugar.

Harry tenía a Ginny abrazada por la cintura a su lado, Ron a Hermione en la misma posición, con Angela flanqueada por los dos chicos, dándose la espalda los cinco cerrando un círculo alrededor de ellos dos, con sus varitas apuntando hacia fuera, mirando hacia todos lados con creciente inquietud.

Neville abrió un pequeño agujero en el techo de la caverna. Ron se concentró y movió la masa de aire y gas que los rodeaba a través del hueco hecho por su amigo castaño, mientras creaba una corriente descendiente paralela con aire fresco. Limpió la atmósfera del lugar, haciéndoles una seña para avisarles que ya podían respirar con tranquilidad.

—Estamos encerrados con el horcrux —aseveró Neville después de analizar la pared de piedra que se había ubicado tras ellos, separándolos de Jessica, Fred y George—. No se puede modificar ni esta ni las otras paredes de la caverna sin que el techo se nos venga encima. Por eso sólo abrí lo suficiente en el techo para que Ron nos ayudase con el aire. Los polvos nos dan luz. Pero su efecto sólo durará quince a veinte minutos.

Los siete miraron la pared tras ellos que les había bloqueado tanto el camino para ellos salir como la entrada a sus otros acompañantes. Luego se miraron entre ellos.

—Podríamos intentar salir por desaparición. —planteó dudosa Luna.

—No lo creo. —denegó Neville con el ceño fruncido.

—Podríamos trasladarnos al modo Cundáwan. —opinó Ron.

—No —le contradijo Angela muy seria, con los ojos cerrados, evaluando la magia y la energía del lugar así como su comportamiento—. Cualquier movimiento de magia o energía para salir de aquí mientras la copa esté entera activará otra protección. No sólo no podríamos salir, sino que las paredes laterales se llenarían de cuchillos, mientras esa esfera morada cambiaría y se expandiría. Sólo la destrucción de la copa desactivaría el sello de la entrada, permitiéndonos salir al poder actuar contra la pared que se ha creado.

—Una trampa cerrada hacia adentro —comentó pensativa Hermione—. Entonces tenemos que analizar la esfera morada, eliminarla y destruir la copa para poder salir de aquí. —aseveró la castaña, analizando preocupada las protecciones que con dificultad habían logrado sortear.

—Me temo que eso es… complicado. —les informó Angela mirando preocupada la esfera morada, concentrada.

—¿De qué hablas? —preguntó un poco temerosa la rubia.

Angela se agachó, tomó del piso una piedra del tamaño de su mano y la arrojó hacia la esfera morada. Todos la vieron desaparecer un minuto después de atravesarla, generando unas ondulaciones en la energía que todos lograron percibir.

—Un trasladador de espacio y tiempo. —afirmó Ginny sombríamente.

—Me parece que todos sabemos ante quien nos llevaría. —completó Ron con un tono de voz similar.

—Tengo la sospecha que no es buena idea tampoco el intentar convocar la copa fuera de la esfera. —apuntó Neville muy tenso.

—Entraré con Harry, Hermione y Ron para aislarlos del efecto de la esfera y que destruyan esa copa —decidió Angela, entregándole su mochila a la rubia—. Luego nos tendrán que ayudar tú, Ginny y Neville a recuperarnos para poder salir.

—Pero yo…

—No, Ginny —la interrumpió Harry—. Angela no podrá aislarnos a todos allí adentro. Además ya han visto como nos agota el destruir un horcrux y ella también estará débil. Necesitaremos que Neville y tú nos den una transferencia de magia y energía para recuperar fuerzas. Luego Luna tendrá que darnos a los seis de las pociones plateada y dorada. Es indispensable que ustedes estén en buenas condiciones, para que abran el sello con ayuda de los que están afuera y poder salir.

Ginny, Luna y Neville los miraron muy preocupados, pero asintieron en aceptación a lo dicho por el pelinegro. Se alejaron hacia la pared que ahora les aislaba de sus acompañantes con las mochilas de los cuatro.

Harry se ubicó frente a la esfera morada, Hermione a su lado derecho, Ron al izquierdo y Angela tras ellos. La chica de pelo negro cerró los ojos, se concentró y generó alrededor de los cuatro un escudo esférico transparente con visos plateados y dorados, reabriendo sus párpados. En cuanto el pelinegro lo vio ya conformado avanzó con decisión, flanqueado por sus mejores amigos y seguido de su hermanita, decidido a terminar pronto con aquello y salir de allí.

Se plantó frente a la roca de forma cilíndrica, sobre la que estaba ubicada la copa. Hermione y Ron rodearon la roca hasta que conformaron un círculo cerrado de manos alrededor de la copa. Angela se desplazó hasta quedar ligeramente a la derecha de Harry y a la izquierda de la castaña, un paso atrás de ellos, manteniendo el aislamiento que había creado rodeándolos a los cuatro y la piedra con la copa.

Hermione empezó a convocar la energía del conocimiento y la lógica, Ron la de la fuerza y la estrategia, Harry la del valor y la entrega por los demás, los tres concentrados simultáneamente en su lazo de amistad irrompible. Se conformó el lazo azul que los conectaba, transformándose en seguida en una pared cilíndrica brillante del mismo color, con ellos tres formando parte de ella. Salieron desde cada uno de ellos hacia la copa rayos dorados, pronunciando Harry en parsel el hechizo para convocar el fragmento del alma de Voldemort fuera de la copa, Hermione en francés el de mantenerlo atado al destino de la misma y Ron en inglés el de destruir el objeto con el que estaba hecho el horcrux.

Ginny, Luna y Neville vieron surgir de la copa la figura fantasmal del Tom Riddle que había visitado a la anciana Hepzibah Smith, flotando sobre el objeto, dirigiéndose a Harry en parsel con lo que suponían amenazas por sus gestos. Luego observaron como se giraba a mirar al pelirrojo y le ordenaba que se detuviese sin usar de nuevo el parsel, luego de ver que el pelirrojo no le entendía los siseos, amenazándolo con matar a su familia. Ante esto el chico perdió la concentración en el hechizo, moviéndose levemente la copa en su dirección.

—¡RON! ¡REINICIA CON TU PARTE, PRONTO! —le gritó Ginny, asustándose al ver que de la piedra sobre la que se encontraba la copa empezaba a surgir una luz verdosa.

El pelirrojo cerró los ojos y reinició con el hechizo que le correspondía, mientras Harry le gritaba algo a Voldemort en parsel haciéndolo girarse furioso a mirarlo. La castaña se movía levemente adelante y atrás, esforzándose en mantenerse concentrada.

Angela palideció rápidamente y empezó a respirar agitada al notar, al igual que sus tres compañeros fuera de la esfera morada, que la luz verdosa cambiaba a un color rojo fuego. Extendió sus manos hacia la piedra para intentar contener la onda expansiva de esa energía, manteniendo simultáneamente el escudo.

Tres minutos más tarde la copa estallaba. Seguidamente el fragmento de alma de Voldemort, que no había podido atravesar la pared cilíndrica de la energía de la amistad, ardía en llamas sobre los fragmentos de la copa y la esfera morada se expandía.

Angela logró integrar a Ginny, Luna y Neville al escudo aislante justo antes que la esfera morada envolviese a los tres que estaban fuera de ella. Mientras tanto la onda expansiva de color rojo fuego avanzaba inexorablemente hacia los cuatro chicos alrededor del muro de piedra. Harry, Hermione y Ron retrocedían con su amiga, mirando asustados la ola de energía roja. Angela no lograba ya contenerla, por estar extremadamente débil.

Al ver que no lograría detener las dos cosas un minuto más, en una decisión desesperada, lanzó un hechizo sobre los lentes de Harry, para quitarlos de su cara, y otro para alejar simultáneamente los cuerpos de ellos cuatro en dirección de la posición de sus tres compañeros. Dejó entonces fluir las dos esferas de manera amortiguada, pensando en la oficina del director en Hogwarts.

Angela, Hermione, Ron y Harry, el último sin sus lentes que cayeron junto a la roca en que estaban los trozos de la copa, salieron expelidos con violencia hacia atrás. Cayeron sobre Ginny, Luna y Neville mientras el escudo de la chica de pelo negro, que envolvía a los siete, cambiaba a un color blanco leche. Éste fue atravesado parcialmente por la onda expansiva proveniente de la roca, generándose un cambio abrupto al entrar en contacto con los siete chicos.

Un minuto después dentro de la caverna, desaparecido el sello en la pared de roca que bloqueaba el acceso desde afuera hacia la piedra por la destrucción del horcrux, ya no se encontraban los siete chicos. Quedaba solamente la piedra elevada con los fragmentos de la copa sobre ella, los lentes del pelinegro extrañamente pandeados y retorcidos por calor en el piso, una energía roja y otra morada moviéndose en el lugar de forma irregular, polvo flotando en el aire y un espeso silencio.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

Jessica, Fred y George se movieron hacia la entrada de la caverna. La chica de ojos dorados estaba asustada al oler sangre y escuchar a las hembras rugiendo con fiereza, amenazantes y furiosas. Tenía la impresión que aquello era por un cachorro gravemente herido. Al mismo tiempo se oían otros rugidos entre varios miembros de la manada. Si estaba en lo cierto, Manchita estaba imponiendo su liderazgo para evitar que atacasen a los humanos que estaban en las cavernas.

Al percibir la ola de magia negra, moviéndose a sus espaldas, se giraron para devolverse y unirse a sus amigos. Chocaron contra la pared que se conformó y les bloqueó el paso.

—¡NO! —gritó George desesperado.

—Debemos ir por ayuda. No creo que sea buena idea actuar contra la pared sin evaluar el riesgo para ellos. —les explicó Jessica rápidamente el no dejarlos actuar, mientras sujetaba a su novio y su cuñado por las manos con que sostenían sus varitas.

—Tienes razón —afirmó Fred, bajando su varita—. Quédate aquí e intenta comunicarte con ellos. Jessica y yo iremos por los otros. —le indicó a su gemelo, apretándole brevemente el hombro en apoyo. Salió corriendo hacia la entrada de la caverna con Jessica de la mano, tensos los dos.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

—Sue, Abby y Charlie, quédense en la entrada vigilando el comportamiento de los leopardos. Clarisse, Hestia y Pacey, ustedes irán medio metro tras Fleur, Jarod, Bill y yo para que sirvan de comunicación y apoyo a los dos grupos. Nosotros vamos a explorar si en esta caverna está el horcrux y, en caso de ser así, desactivar las protecciones que tenga. —ordenó Kingsley serio.

Los otros nueve asintieron y se ubicaron cómo él les indicó, con sus varitas listas para actuar según fuese necesario.

Unos minutos más tarde Fleur, Jarod, Bill y Kingsley se miraron y denegaron, pues habían examinado de forma exhaustiva la cueva hasta el fondo y no consiguieron nada.

—Hay otras seis cuevas, pero estoy casi seguro que los leopardos guiaron a Harry y su grupo a la que contiene el horcrux —opinó Bill.

—Es lo más pgobable. —confirmó Fleur.

—No conocemos las cuevas ni sabemos que protecciones puede tener el horcrux, por lo que no podemos aparecernos allí. —planteó Jarod serio.

—Regresemos hacia la entrada. No me gusta como suenan nuestros anfitriones. —sugirió Kingsley luego de asentir.

—Debemos estar preparados para defendernos de los leopardos sin lastimarlos. —dijo Abby en cuanto los diez estaban de nuevo cerca de la entrada, luego de ver denegar a los cuatro exploradores. No le gustaba nada cómo se oían los leopardos de afuera ni las posturas de las tres hembras custodiando la entrada.

—También para detener a los humanos que los han alterado, según el nivel de agresividad que muestren. —opinó Hestia con el ceño fruncido.

—Nos movilizaremos hacia la cueva de los chicos apenas nos sea posible. —afirmó Kingsley luego de asentir.

*** Harry Potter y la Magia Antigua - Drumy Adhara Black White ***

Meg retuvo a Christine cerca de la entrada de la caverna a la que habían sido introducidos por los leopardos, mientras Christopher era retenido por Nymph. Eloise, Aline, Sirius, Humphrey, Wymond y Remus se movieron hacia el fondo de la caverna, encendiendo sus varitas en susurros. La exploraron exhaustivamente con su luz, pero no lograron ver ni percibir nada anormal. Sólo había roca y humedad. Se miraron preocupados. Era evidente que aquella no era la "caverna prohibida".

—Es evidente que el horcrux no está aquí. —afirmó Eloise tensa.

—No podemos aparecernos en la otra caverna sin conocerla. —aseveró Remus nervioso.

—Tampoco trasladarnos al modo Cundáwan porque podríamos activar alguna protección del horcrux sin saberlo. —completó Humphrey.

—Quedan seis posibilidades pero… —se detuvo Sirius dudoso.

—Sabiendo que Harry parece un imán para los problemas… Estoy casi segura que está en la caverna a la que los llevaron a ellos diez. —completó Aline.

—Tenemos que ir con los chicos rápido. Tengo un mal presentimiento. —replicó Sirius muy preocupado.

—No podemos intentar aparecernos allí o trasladarnos al modo Cundáwan —repitió Wymond evidentemente tenso. Aquello confirmaba su sospecha sobre la orden de "Manchita"—. No hemos visto las otras cavernas por dentro, sería peligroso para nosotros. O peor aún, podríamos activar sin saberlo alguna protección del horcrux, como dijo Humphrey, y ponerlos en peligro a ellos.

—Volvamos con Christine, Christopher, Nymph y Meg. En cuanto las panteras nos den paso iremos a esa caverna. —aseveró Aline inquieta.

Cuando se reunieron con ellos los estaban esperando con ansiedad evidente en sus rostros. Éstos se ensombrecieron al ver los de ellos.

—Esta no es la "caverna prohibida". —aseveró Meg.

La niña se soltó de su mano y se giró a mirar hacia la entrada con el ceño fruncido. Su hermano se le unió rápidamente. Se tomaron de las manos y se miraron fijamente a los ojos, diciéndoles Christine con una seguridad que los hizo mirarse inquietos:

—El horcrux está en la caverna en que están ellos. Están en problemas. El grupo se ha visto separado.

—¿Por qué estás tan segura que está allí y que tienen problemas? —preguntó Sirius extrañado.

—Fred y George están muy preocupados. —le respondió el niño en voz baja.

El animago interrogó en silencio a sus otros acompañantes, que se encogieron de hombros. Ellos tampoco lo entendían.

Wymond se acercó a los niños y los giró con suavidad, descubriendo lágrimas retenidas en sus ojos. Los abrazó con cariño intentando transmitirles una seguridad que no sentía. Se le formó un nudo en la garganta al oír sollozar a la niña quedamente.

—Por la manera en que rugían los leopardos cuando empezamos a adentrarnos en esta cueva, no creo que los intrusos se acerquen aquí —intentó Humphrey calmar el nerviosismo de los dos niños—. Seguramente los alejarán pronto y nos reuniremos los treinta para destruir el horcrux.

Remus olfateó sangre humana y miró hacia la entrada de la cueva alarmado. Era leve la sensación, lo que implicaba que estaba lejos, pero… Aparentemente los leopardos tendrían de cena carne fresca. No le gustaba además como oía a las hembras rugir. Miró a Wymond y lo notó angustiado, aunque intentaba disimular, preocupándose más.

Transcurrieron veinte largos y tensos minutos antes que los leopardos que estaban allí se retirasen de las entradas de las cavernas. Los dejaron salir y se acercaron al resto de la manada que venía del bosque. Toda la manada rugía de manera amenazante.

Los veintitrés salieron cautelosamente, con las varitas en sus manos. Los adultos y los niños se tensaron al notar que siete de los chicos no habían salido de la caverna central. Se dirigieron hacia allí, en un acuerdo mudo, lo más rápido posible sin alterar más los leopardos. Ahora los veinte que estuvieron en las otras dos cuevas estaban seguros de sus anteriores suposiciones. Se detuvieron bruscamente todos a tan sólo unos pasos de los chicos y dos metros de la entrada de la "cueva prohibida".

Jessica, Fred y George se habían acercado a ellos muy nerviosos. Los veintitrés vieron como toda la manada los rodeaba, algunos protegiéndolos mientras los otros parecían querer atacarlos. Pero estaban separados todos de la cueva en que se suponía estaban los otros siete chicos.

—Necesitamos ayuda, pronto. —les dijo Fred nervioso.

—Una protección del horcrux nos separó a Fred, a George y a mí de los otros. —les explicó Jessica, mirando a los leopardos intranquila.

—Yo me había quedado junto a la pared que los aisló intentando comunicarme con ellos, mientras Jessica y Fred venían por ustedes. —les contó George.

—Pero no pudimos venir con ustedes hasta ahora por los leopardos. —se explicó Fred.

—Y yo me les uní porque me ha sido imposible comunicarme de cualquier manera con ellos. —finalizó George con la preocupación trasluciendo en su voz.

—Chris & Chris deben regresar a…

—No, tío Remus. Los leopardos nos aceptan bien a Jessica, a mi hermana y a mí. —lo interrumpió Christopher.

—Ya viste como se comportaron con nosotros tres mientras nos guiaban a las cavernas. —lo apoyó Christine.

—Los niños tienen razón, papá —intervino Jessica—. Es mejor que nos acompañen.

—Estoy de acuerdo con ellos, Remus —los apoyó Aline—. Los leopardos distinguirán el olor de Angela en Jessica y los dos niños como si fuesen sus cachorros, pues han estado con ella siempre.

—De acuerdo —se rindió el hombre de ojos miel, intentando organizar las ideas en su mente—. Vamos a alejarnos un poco de la cueva en dirección al bosque, hacia el lugar en que están "Manchita" y su pareja.

—Pero…

—Papá tiene razón, George —le cortó Jessica la protesta—. Cuando estábamos en las cavernas pudimos oler sangre humana. No es conveniente que retemos a la manada y no están dispuestos a dejarnos acercar a la caverna.

Chris & Chris abrieron mucho los ojos y no pudieron contener unos pequeños estremecimientos. Fred miró a su novia con una mezcla de amor y tristeza. Sabía cuanto detestaba la chica su sensibilidad lobuna en su forma humana cuando detectaba algo como lo que había dicho.

Con George llevando de la mano a Christine y Christopher, Aline tomando la otra mano del niño y Wymond la otra de la niña, Jessica y Fred tomados de la mano tras ellos, empezaron a caminar en dirección a la pareja de leopardos. Clarisse, Fleur, Abby, Kingsley, Bill y Charlie completaron un círculo alrededor de Eloise, Nymph, Meg, Hestia, Sue, Humphrey, Remus, Sirius, Jarod y Pacey, para que los otros leopardos oliesen sus formas alternas felinas sobre las de los otros.

Notaron que los leopardos les permitían desplazarse lejos de la caverna, pero no acercarse hacia el lugar en que estaba "Manchita". Los estaban alejando hacia el punto por el que habían llegado.

—Creo que nos están dando a entender que debemos irnos. —comentó Humphrey, mirando interrogante a su cuñado. Denegó con frustración al verlo asentir.

Aline miró a George con cariño. Le pidió en voz baja que se mantuviese lo más sereno posible y estuviese al pendiente de los niños. El pelirrojo asintió con una media sonrisa. Siempre lo hacía cuando Angela no estaba presente y él sí. Se desplazaron hasta el límite de los árboles, donde se habían ocultado de la manada mientras Angela y Jessica avanzaban hacia los leopardos.

Aline y Wymond se transformaron en leones y se acercaron bajo esa forma a la manada, dejando de nuevo sus mochilas con ellos, intentando acceder al líder, su pareja y sus cachorros. La cundáwan había hecho ver a Kingsley y su esposo que la manada los percibiría como una pareja de felinos con cachorros en camino y les permitiría acercarse sin atacarlos. Los dos habían asentido, lo cual hizo que Remus y los otros aceptasen con el ceño fruncido. Kingsley quedó al frente del grupo, con los animagos felinos rodeando a los que no lo eran, los gemelitos y los otros tres chicos.

—Es una lástima que ninguno de nosotros sea leopardo. Sería más fácil si lográsemos comunicarnos con Manchita. —comentó preocupado Sirius, mirando hacia la manada.

Los cinco chicos se miraron y George asintió decidido. Le dejó su mochila a su gemelo, avanzó hacia su suegro, le puso una mano en el hombro y se atrevió a hablar.

—Has tenido una excelente idea, Sirius. Por favor no vayan a reñir a Angela cuando regrese.

Cuando el animago se giró a mirarlo con sus ojos grises buscando una explicación, el pelirrojo se separó de él y se transformó en un leopardo, haciendo sobresaltarse a los dieciséis del G.A.H. presentes y morderse los labios a cuatro chicos. El joven leopardo avanzó cautelosamente hacia la manada, mientras Jessica y Fred se miraban inquietos. A ellos les tocaría dar las explicaciones cuando los adultos reaccionasen.

—¿Quiénes del E.D.H. son animagos, Jessica? —le preguntó Remus cuando logró aceptar que lo que había visto era real.

—Todos a excepción de Chris & Chris. —le respondió su hija, suplicándole con el tono de voz y la expresión de su rostro que no se enojase.

—¿Qué has dicho? —repreguntó el padre en voz baja, con los ojos entrecerrados y su furia evidente en el tono—. Les dije que era peligroso. Le ordené a Angela que no los enseñase. Le dije claramente que el hecho que ella supiese hacerlo no significaba que pudiese enseñarles a ustedes.

—Cálmate, "lunático". —le pidió Sirius, llamándolo intencionalmente por su apodo de la juventud.

—Tú sabes lo peligroso que es, "canuto". Sabes bien que nunca estuve de acuerdo en que ustedes tres lo hicieran por mí. Pudo salir mal y no me lo habría perdonado nunca. —le respondió enojado.

—En esa oportunidad salió bien y fuimos felices de acompañarte —le replicó con la sonrisa que siempre usaba para tranquilizarlo cuando James y él salían de los castigos, para luego convencerlo de planear otra travesura—. Y en esta oportunidad estoy feliz de saber que mi hija no te ha obedecido en eso.

—¡¿Estás loco?!

—George está junto a Manchita en este momento —le señaló en dirección a la manada con un movimiento de su cabeza. Había estado espiando los movimientos del joven leopardo con el rabillo del ojo, mientras estaba al pendiente de la conversación de Remus con Jessica—. Ni Aline ni Wymond se le habían podido acercar. Si Angela no le hubiese enseñado a ser animago, no hubiésemos tenido ese acercamiento con ellos para averiguar qué ha pasado para que estén tan alterados y poder ir a ayudar a los chicos.

Remus miró en la dirección en que le había señalado su amigo y dejó escapar un gruñido. Sirius tenía razón en lo que había dicho. Los dieciocho del G.A.H. sabían que en algún momento los chicos llegarían a ser animagos, pero él había tenido la esperanza que serían ellos quienes les enseñarían con las precauciones debidas.

Diez minutos más tarde regresaron George, Aline y Wymond junto a ellos, recuperando su forma humana tras los árboles.

—¿Desde cuándo eres animago, George? —le preguntó asombrada Aline.

—Desde el 21 de diciembre en la noche. Luego de celebrarle el cumpleaños a Sirius me transformé por primera vez. Angela me enseñó. —le respondió serio.

—De hecho le enseñó a los nueve mayores del E.D.H. —completó Remus, que estaba aún enojado por eso pero no les había dicho más nada a los otros cuatro chicos.

—¡Que Angela les enseñó cómo ser animagos! —exclamó Wymond, asustado por la misma razón que Remus—. ¡Pero Hermione lo negó cada vez que les preguntabas!

—Nuestra castaña Premio Anual ha aprendido a mentir muy bien. —replicó Meg con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

—Para poder reñirlos, como veo que quieren hacer, tendremos primero que sacarlos con bien de esa trampa en la cueva —les dijo exasperado George, que estaba malhumorado—. Manchita accede a que los humanos que acompañaron antes a Angela entren a esa caverna con la condición que yo los acompañe, en mi forma de leopardo obviamente, y que ninguno use sus palitos de madera contra los de su manada. En caso de intentarlo destrozarán a todos a excepción de los tres cachorros de Angela.

—Eso sólo puede significar que los intrusos eran magos y que lastimaron a alguno de sus cachorros. —dijo Christine con el ceño fruncido, comprendiendo que lo último se refería a Jessica, a su hermano y a ella.

—Así es, Chris. Uno de los hijos de Manchita está lastimado. Los otros de la manada querían sacrificarlo pero su padre se opuso. Me pidió que trajese a Angela para que ayudase a su cachorro como había hecho con su pata.

—¿De qué hablas, George? —preguntó intrigado Sirius. Su cerebro se negaba a conectar aquello con aquél don del que le habían enseñado la teoría Raymond y Wymond.

—¡Eso es imposible! —exclamó extrañada Jessica—. Cuando estuvimos aquí Angela sólo tenía nueve años. No sabía cómo hacerlo y sólo hemos vuelto a venir hoy.

—Yo tampoco lo entiendo, pero eso fue lo que dijo —le respondió George encogiéndose de hombros—. Le dije que teníamos que revisar la caverna para traerla y ha accedido.

—Cuando estemos junto a la manada dile a Manchita que yo puedo ayudar a su cachorro, que me permita hacerlo. —le indicó Wymond decidido. Hizo caso omiso de los movimientos de cabeza negativos de su hermana y su cuñado. Sonrió al ver el asentimiento de su esposa.

—Vamos entonces. —decidió Remus, denegando levemente al ver los gestos de sus cuatro amigos. «A veces Aline y Wymond se parecen demasiado en lo impulsivos en este tipo de cosas a Harry y Angela… o al revés».

Christine, Christopher, Jessica, Fred, Meg, Nymph, Charlie, Jarod y Kingsley lo miraron serios, sabiendo exactamente qué podía pasar por su entrenamiento en el don de Sanar Absorbiendo la Enfermedad. Los otros del grupo, especialmente Remus, tenían apenas un entrenamiento apenas teórico pero sabían que Raymond no aprobaría aquello.

George asintió y se transformó en leopardo, poniéndose al frente del grupo. Jessica miró interrogante a Fred, que se encogió de hombros. Los dos habían notado que estaba enojado. Al girarse a mirar a los niños los encontró con una sonrisa de picardía. Les preguntó con la mirada, ante lo cual la niña sonrió y dijo en voz normal:

—George está celoso de Manchita.

Los presentes la miraron incrédulos, pero al oír un rugido bajo y molesto del leopardo que los esperaba un metro frente a ellos contuvieron la risa y empezaron a caminar. Fred llevaba su mochila y la de su gemelo, mientras Sirius llevaba la suya y la de Wymond, y Humphrey llevaba la de Aline y la de él.

La manada lanzaba gruñidos de advertencia hacia el grupo de humanos que avanzaban entre ellos hacia su líder. George se detuvo junto a Manchita y le comunicó las intenciones de Wymond. Varios leopardos se levantaron y empezaron a rugir con enojo cuando vieron a dos de los humanos avanzar hacia el punto en que se encontraba el cachorro herido, tras el líder de la manada. Se detuvieron al oír el potente y amenazante rugido lanzado por Manchita, seguido de los rugidos de la pareja del líder, otros cuatro leopardos adultos y siete jóvenes.

—Al parecer Manchita y los mayores de su clan les han tenido que imponer su decisión a los otros. —comentó Christine con tono desenfadado, intentando calmarse y tranquilizar a sus acompañantes. Recordaba la última recomendación de Angela a Remus antes que entrasen a las cavernas.

—Ningún animal admite que los de otras especies se acerquen a los heridos de su manada —explicó Remus en voz baja—. Como dijo Meg antes, el comportamiento de estos leopardos no es normal.

Aline y Wymond se agacharon con cautela junto al cachorro herido, viendo con dolor la fea herida que le habían ocasionado a la pequeña pantera negra hembra.

—Wymond, tal vez… —empezó Aline preocupada.

—Tranquila, podré soportarlo. Tú no debes ayudarme, lo sabes.

George lanzó un pequeño gruñido, en señal de inconformidad con lo que se proponía hacer el Cundáwan, al ver la herida en la cachorrita.

—Me recuperaré pronto, George. No te preocupes. Por favor no hagan ningún comentario ninguno de ustedes dos con los otros.

George y Aline emitieron pequeños ruidos de inconformidad pero asintieron. Sabían que no lo convencerían de desistir.

Wymond acercó con cuidado sus manos a la cachorrita hasta ponerle una sobre la cabeza y otra en su costado derecho. Cerró los ojos y se concentró, envolviendo al hombre y la pequeña pantera una luz blanca intensa. Los leopardos se quedaron quietos y en absoluto silencio observando aquello, al igual que los veinte humanos que tenían rodeados.

Una vez que cesó la luz Wymond abrió los ojos y vio sonriente a la cachorrita moverse bajo sus manos inquieta, totalmente restablecida. Separó levemente sus manos de ella y de inmediato la pequeña pantera se movilizó a oler y lamer con cariño sus dedos. Luego salió corriendo a montarse en el lomo de la madre, saltando luego hacia el padre que ronroneaba feliz.

Wymond apretó los ojos conteniendo un gesto de dolor. Aline le tomó del brazo y le preguntó preocupada.

—¿Qué tan serio es?

Manchita se acercó a él olisqueándolo, gruñendo preocupado.

—Me temo que Jessica y Remus ya deben haberse dado cuenta. —le respondió con la voz entrecortada.

Un serie de gruñidos de Manchita en dirección de George los preocupó. Vieron asombrados como el pelirrojo recobraba su forma humana, mirando desconcertado a la pantera negra, antes de girarse y hablar con ellos.

—No me pregunten cómo, pero no sólo sabía que era tanto humano como animal sino que me ha reñido por no advertirle que te afectaría tanto como a la pequeña. Dice que puedes sacar tu varita para curarte, como vio a Angela hacer. Que desde hoy eres parte de su manada al igual que tu pareja, aún como leones.

Aline y Wymond no salían de su asombro. Pero un dolor intenso en el costado lo hizo quejarse levemente a él, que con dificultad se había estado conteniendo. Sacó con cuidado su varita y se aplicó un hechizo para detener el sangrado, otro para cerrar la herida e intentaba concentrarse para hacer un vendaje cuando vio a su esposa sacar su varita y aplicárselo ella.

George jugueteaba con la pequeña pantera, atento a lo que hacían los dos Cundáwans y los leopardos que les rodeaban. Colocó a la cachorrita junto a Manchita y ayudó a Aline a incorporar a Wymond.

—Me parece que Eloise me va a reñir por esto durante semanas. —intentó bromear el herido, para destensar a su dos acompañantes.

—No va a ser la única que lo haga, cariño. De eso puedes estar seguro. —aseveró Aline mirando a su esposo ceñuda. Denegó levemente y sonrió al verlo mirarla con cara de cachorro de león mimoso.

Manchita se acercó a ellos con la pequeña pantera sujeta con su boca por el lomo, sin lastimarla, entregándosela a Wymond en las manos. Al él detallarla vio que tenía una serie de manchitas más claras en el pelaje de su costado, en donde antes había estado su herida, conformando un dibujo que se le hizo familiar.

—Te llamaré Pléyades. —le dijo cariñoso.

La pequeña pantera ronroneó y Manchita rugió.

—Me parece que ya todos los de la manada han sido informados por un muy orgulloso padre. —comentó Aline enternecida.

—Vamos a la caverna —les planteó George sonriendo—. Yo llevaré a Wymond. —le indicó a Aline, que asintió y tomó a la cachorrita entre sus manos.

Jessica y Remus los miraban enojados y los demás preocupados.

Los leopardos les abrieron paso hacia las cavernas, escoltándolos en silencio. Aline le colocó la pequeña pantera sobre el lomo a la pareja de Manchita, cuando estaban frente a la caverna. Entró junto a su esposo, que caminaba apoyado en George.

En cuanto avanzaron un metro dentro de la caverna Remus no pudo contenerse más y Jessica tampoco.

—¡¿Cómo se te ocurre?! —lo regañaron a coro.

—Shhh. Los pueden oír y ahora Aline y él son considerados de la manada —les replicó George—. Vamos a investigar qué pasó con los chicos que es lo prioritario. Pueden discutir con él luego.

—Ten la seguridad que los reñiré a los tres en cuanto saquemos a los chicos —afirmó Eloise enojada. Había comprendido de la palidez en el rostro de su hermano, el apoyo de George para que pudiese caminar y las miradas preocupadas de su cuñada, su sobrina y su amigo de ojos dorados, que la cachorrita debía haber estado muy mal. Wymond, al haber usado su recién aprendido don para Sanar Absorbiendo la Enfermedad con ella, estaba bastante lastimado—. A Wymond por hacerlo y a ustedes dos por no detenerlo.

—Como si fuese posible evitar que haga algo cuando se le mete en la cabeza. —protestó en voz baja Aline.

Christine, Christopher, Fred y George tuvieron serias dificultades para contener la risa pero lo consiguieron. No querían que sus acompañantes se enojasen aún más con ellos. El haberse descubierto su animagia y lo hecho por Wymond los tenía muy tensos.

Entraron con cautela, Jessica y Fred con los niños entre ellos en actitud protectora. Al frente iban Remus, Sirius, Bill, Kingsley y Humphrey, tras ellos y frente a los chicos iba George con Wymond, a los costados Aline y Nymph, tras los chicos caminaban Hestia y Jarod con Eloise y Meg a los lados, los seguían Sue y Pacey, cerrando el círculo Clarisse, Fleur, Abby y Charlie. Al llegar a la pared la evaluaron entre todos.

—El sello de magia negra que tenía ha desaparecido. —afirmó Jessica preocupada.

—Atrás todos. Voy a quitar la pared. —ordenó firme Humphrey.

Todos retrocedieron preocupados, unos con sus varitas apuntando a la pared y otros al techo y los laterales a los que estaba unida. Observaron como la quitaba con su don más intenso, el de Manejar los Elementos de la Naturaleza. La cueva estaba llena de un polvillo que casi no les permitía ver. Aline movilizó el polvillo hacia atrás con una corriente de aire, para despejar la cueva, y lo aplacó antes de la entrada de la cueva para no alterar a los leopardos.

Los veintitrés tragaron saliva al ver que los chicos no estaban allí. George dejó recostado a Wymond en el lateral derecho de la cueva con Chris & Chris. Los niños se ubicaron junto a él, uno a cada lado sujetándolo de los brazos, pidiéndole la niña en voz baja que se quedase allí junto a ellos.

Los otros veinte examinaron la caverna. Al ver los fragmentos de la copa sobre la roca contuvieron el aliento por un minuto, moviéndose rápidamente Aline, Meg, Sirius, Remus, Charlie y Bill alrededor de la roca para buscar en las profundidades de la caverna a los chicos, aunque sospechaban que no los encontrarían.

—¿Se habrán ido de viaje? —planteó Jessica con voz insegura. «Ese no era el plan, pero… Prefiero mil veces pensar que eso es lo ocurrido».

—¿De viaje? ¿De qué hablas? —le preguntó Eloise.

—¿Dónde están Harry, Angela, Hermione, Ron, Ginny, Luna y Neville? —les preguntó con voz severa Remus a los otros cinco chicos, reuniéndose con ellos junto a Wymond al oír lo dicho por su hija.

—Podrían haber ido a Francia —le respondió George—. Habían planeado viajar allí Harry, Angela, Hermione, Ron y Ginny, luego de destruir el horcrux y hacer las investigaciones en Egipto.

—Para investigar el rastro de otro que hemos creído localizar y… destruirlo si está allí. —explicó Fred, tendiéndole en ese momento Jessica a su padre y su tío Sirius las cartas que le había encomendado Harry.

—¡¿Qué?! —exclamó Remus furioso—. Se suponía que nos confiarían sus investigaciones y permitirían que los ayudásemos.

—Tienen que decirnos dónde fueron exactamente, chicos. Podrían estar en peligro. —les pidió Humphrey con firmeza.

Los cinco denegaron inquietos.

—Podrían llegar a estar en una situación en que no pudiesen pedirnos ayuda, similar a la que acabamos de vivir. —les recordó Sirius extremadamente preocupado.

—Luna y Neville fueron tras ellos. —aclaró la niña.

—Si Harry y los otros están en problemas nos avisarán y los ayudarán mientras llegamos. —finalizó el niño.

—No creo que ellos hayan viajado por voluntad propia —opinó Wymond preocupado mirando hacia el lugar en que estaba la copa destruida. «Pero faltan siete de los chicos, no los doce. A menos que esté equivocado en… Espero de corazón equivocarme»—. No es lógico que Harry se fuese sin dejar organizado lo del horcrux falso. Ni que Angela se fuese sabiendo que la situación con la manada no era normal. Ella sabe que a George, Fred, Clarisse, Kingsley, Fleur, Bill, Abby, Charlie, Aline y a mí no nos atacarán si están en condiciones normales, pero no creo que sea así y tampoco que podamos proteger al resto del grupo si llegan a atacarnos por sorpresa.

—Coincido contigo, Wymond. Es lo que más me inquieta del supuesto viaje de los chicos. —le respondió Remus mirando fijamente a los ojos a su hija.

—Ellos tenían planificado ese viaje, papá. Pero… Vamos a intentar contactarlos con los fénix. Prefiero que se hayan ido a buscar el otro horcrux pensando en las protecciones de éste y no que les haya pasado algo. Moony —llamó Jessica a su fénix—. Amiguito, por favor dile a Angela que nos confirmen su llegada al punto uno de inmediato. —el ave soltó una leve nota y desapareció.

—¿Dónde es el punto uno? —preguntó Sirius de inmediato.

—¿Por qué no nos dijeron de este viaje? —preguntó Eloise molesta.

Un instante después reaparecía Moony. Se posó sobre el brazo de Jessica y se quedó mirándola al rostro, soltando una nota triste al verla denegar con miedo.

—No están allá. —les informó con voz trémula.

—¡¿Qué?! —exclamaron veintiún voces mientras la postura de Wymond decaía.

Moony no consiguió a Angela. —les respondió con sus ojos color miel llenos de lágrimas. Se abrazó asustada a su novio. Fred la acogió entre sus brazos, pero era incapaz de articular palabra para tranquilizarla mientras miraba muy pálido a su gemelo.

Chris & Chris se abrazaron a Wymond y empezaron a sollozar en silencio.

Rea —llamó George—. Por favor amiga, ubica a Angela y dile que vuelva de inmediato. —le pidió el pelirrojo con voz temblorosa.

El ave desapareció en un estallido de fuego. Reapareció minutos después con Fawkes y los otros once fénix. Se ubicó sobre el brazo de George, denegó y se posó luego sobre su hombro. Hera se posó sobre el de Fred, Moony en el de Jessica, Zeus sobre el de Christine y Gaya en el de Christopher. Lily se posó sobre el hombro de Aline, Ares en el de Bill, Maya sobre el de Charlie, Galileo en el de Eloise, Orión se posó sobre el de Sirius, Atenea en el de Pacey, Febo sobre el de Jarod y Fawkes en el de Remus.

Las trece aves fénix les cantaron durante casi quince minutos unas notas tristes, que sin embargo los reconfortaban. Estaban todos cabizbajos, hipnotizados por su cántico, intentando asimilar la desaparición de los chicos.

—Examinemos la caverna con detenimiento. Tenemos que averiguar qué pasó aquí y dónde están los chicos para ir por ellos. —planteó Sirius apenas cesar el canto.

Los fénix volaban inquietos sobre ellos. Estaban manteniendo con el batir de sus alas aquellas energías roja y morada dispersas, mientras ellos se movilizaban.

Wymond estaba recostado a una pared cercana a la piedra elevada, hasta donde lo ayudó a llegar George, vigilado por Chris & Chris para que no se moviese y no se le reabriese la herida en el costado. Sin embargo desde allí estaba usando todas sus habilidades y dones para analizar su contorno.

Los otros veinte llegaron hasta el fondo de la cueva, a la luz de sus varitas. Se organizaron en cuatro grupos y bajo instrucciones de Bill, Aline, Eloise y Humphrey empezaron a hacer un examen detallado de las paredes, el piso y la roca alta sobre la que estaba la copa falsa. Buscaban cualquier detalle físico, rastro de magia o de energía que les indicase qué había ocurrido allí y, por lo tanto, dónde estaban los chicos.

Aline consiguió lo que quedaba de los lentes de Harry al mismo tiempo que ella, Eloise, Humphrey y Jessica detectaban la magia residual de las esferas y lo hecho por los chicos para llegar hasta la copa y destruirla.

Wymond detectó el rastro de la energía de la esfera morada y otro que parecía haber fluido desde la piedra elevada, palideciendo. No sólo lo preocupaba el percibir qué tipo de energías eran, sino el detectar aún las dos aún allí moviéndose de tal manera que le era muy difícil precisar donde estaban para contenerlas. Cerró los ojos y se concentró con fuerza. Quería estar seguro antes de decirles a los otros, pero hacerlo rápido. «Los fénix las mantienen por ahora alejadas de nosotros, pero… Si son lo que pienso tengo que sacar a los otros de aquí rápido, mientras Aline y yo controlamos la situación».

Cuando abrió los ojos vio a su esposa frente a él, mirándolo con preocupación y unas tímidas lágrimas asomándose a sus esmeraldas. Le intentó sonreír creyendo que se debía a él. Pero al ver que le mostraba lo que quedaba de los lentes de Harry, que traía cuidadosamente en sus manos, bajó la cabeza con el ánimo abatido. Eso lo confirmaba.

—No los vamos a localizar con facilidad, mi amor. —le dijo en voz baja.

—Pero… No puede ser… Ese viaje no justifica esto… —le respondió Aline con la voz quebrada, empezando a deslizarse las lágrimas por sus mejillas.

—La otra energía que se percibe desde la base en que está la copa destruida sí. —afirmó Wymond con voz trémula. La miró con cariño y tristeza, acariciándole con ternura el rostro.

—Angela intentó contenerlas, pero… —Aline no pudo terminar de hablar.

—Shhh. No saquemos conclusiones aún. Tenemos que serenarnos para intentar localizarlos. —la intentó tranquilizar un poco su esposo. Le señaló rápidamente con la mirada a los niños, de pie cada uno a un lado de él, mirándolos nerviosos.

Se miraron a los ojos y se comunicaron mentalmente, haciendo esfuerzos por superar su propia angustia.

Sirius y Remus tienen recuerdos de ellos con vendajes. —le planteó Aline angustiada.

Sí, pero también de ellos bien y combatiendo. —le replicó Wymond.

Pero también que Christine, Christopher, Jessica, Fred y George estaban con ellos. ¿Otro viaje temporal o…? —

No saltemos a conclusiones. Debemos permanecer tú y yo enfocados, tanto para ayudar los chicos a volver sanos y salvos como para evitar que los otros intenten usar sus dones para viajar en el tiempo y...

—¿Papá Wymond?

—¿Mamá Aline?

Preguntaron los niños al cabo de un par de minutos de silencio de los dos adultos. Habían presenciado su conversación y no entendían a qué se referían, pero por sus expresiones suponían que era algo grave.

Eloise y Humphrey se acercaron a ellos pálidos y desencajados, preguntándoles con la mirada. Humphrey abrazó a su esposa al ver el gesto afirmativo de su cuñado. Wymond le señaló con sus ojos aguamarinas la roca de dónde había fluido una de las dos energías, el perímetro inicial de la otra y el área barrida por la misma antes de dispersarse.

Al hacerlo se dieron cuenta los cuatro que Jessica, Fred y George estaban sosteniendo una conversación urgente, en tonos bajos, cerca de la roca elevada.

Aline respiró profundo, miró a su esposo con sus esmeraldas llenas de decisión, le dio un beso en la mejilla, se separó levemente de él y desapareció.

—Remus —llamó Wymond decidido, al verlo buscando cerca de él. Hizo acopio de las fuerzas necesarias para enfrentar aquello mientras su esposa investigaba—. Reúne a todos, por favor. Tenemos que comunicarles lo que hemos encontrado y actuar rápido.

El hombre de ojos dorados se giró a mirarlo cuando escuchó que lo llamaba. Al ver los rostros de Wymond, Eloise y Humphrey tan pálidos y desencajados sintió que su corazón se llenaba de angustia.

—Sirius, Meg, Bill, Fleur, Charlie, Abby, George, Jessica, Fred, Nymph, Hestia, Jarod, Sue, Pacey, Clarisse, Kingsley, vengan aquí. —los llamó, ubicándose junto a los tres Cundáwans y los dos niños.

—Aline, Eloise, Humphrey y yo hemos percibido los rastros de la magia usada por Voldemort para proteger el horcrux —comenzó Wymond con tono de voz tenso, con los ojos cerrados, intentando conseguir las palabras adecuadas para explicarles aquello—. Una esfera externa conformada de vapor de agua a altísima temperatura, hirviendo lo que la tocase o intentase atravesarla.

Dieciséis de ellos recordaron lo transmitido por el líder de los leopardos sobre quemaduras, mientras los otros tres asentían pues habían visto esa esfera azul.

—Un maleficio de oscuridad impenetrable, otro de gases venenosos —siguió Wymond— y una pared deslizante de roca que bloqueaba la entrada o salida de este lugar, seguramente activado este hechizo al desactivar uno de los otros —Se detuvo un momento. Suspiró, abrió los ojos, los miró de uno en uno, acarició las cabezas de los niños con cariño y los atrajo con sus brazos por sus hombros hacia sus costados. Fijó la vista en Sirius y siguió—. Hemos detectado además una zona alrededor de la piedra con magia residual de un trasladador de tiempo y espacio.

Aquello hizo contener el aliento a dieciséis de los que estaban escuchando y abrir mucho los ojos, asustados, mientras los rostros de los tres jóvenes decaían con expresión derrotada. Jessica había deseado mucho estar equivocada en lo que había detectado, por su nivel de Entrenamiento Cundáwan. Fred y George habían querido, por primera vez, que la chica de ojos miel no supiese de lo que hablaba en cuanto a detectar magia y energía.

—También percibimos un hechizo muy fuerte que generaría una oleada de quemaduras progresivas, proveniente de la piedra en forma de pedestal en que estaba el horcrux —continuó Wymond. Al ver el terror en aquellos ojos grises decidió que debía completar la información y hacer la aclaratoria—. Aline consiguió los lentes de Harry en el suelo, a los pies de esa roca, deformados por calor…

—No, por favor, ellos no… —empezó a negar Christine, sollozando.

—Pero de una manera que nos hace pensar que Angela logró contener el efecto de estas dos últimas protecciones en gran parte —siguió Wymond rápidamente—. El rastro del hechizo trasladador se desplazó desde sus límites originales hasta tres metros más atrás, lo que significa que consiguió resistencia y se vio modificado.

»Supongo que Angela, al ver que no podía contenerlos simultáneamente de manera total, decidió alejarse con los chicos lo más posible para poner barreras que atenuasen los efectos gradualmente hasta casi detenerlos, quitándole los lentes a Harry para evitar el riesgo que la explosión de los cristales le dañasen los ojos.

—Entonces ellos están… —empezó George, pero no pudo terminar.

—Vivos, pero probablemente con quemaduras. Trasladados a otro tiempo y lugar distinto al planeado por Voldemort, pero… No tenemos idea exacta de cuándo ni dónde. —finalizó con la voz apagada.

—¿Dónde fue Aline? —le preguntó Humphrey.

—Ella se llevó lo que quedaba de los lentes de Harry para intentar localizarlos con su don mezclado y la conexión que tiene con los siete chicos, pero… Aunque es lógico pensar que el trasladador de Voldemort intentaría llevar a quien se acercase hasta la copa para destruirla a su presencia, en la época en que hizo el horcrux, no sabemos cómo afectó la intervención de Angela al hechizo. La distorsión temporal podría bloquearnos durante algún tiempo para encontrarlos.

Aline regresó cinco minutos después, con el rostro bañado en lágrimas y aquellos lentes retorcidos en sus manos, denegando.

Sirius se sentía desesperado por la angustia, pero hacía esfuerzos para dominarse. Tenía que mantener su mente clara para pensar. Vio a los niños sollozando abrazados a un muy pálido, desencajado y preocupado Wymond. Notó que su amigo "lunático" tenía la mirada perdida, seguramente estrujándose el cerebro para conseguir una solución.

Aquello le recordó algo vivido en el colegio. Se giró a mirar a Jessica y vio colgando de su cuello el camafeo. Se giró a mirar el rostro de desesperación de George Weasley. Aquello le recordó las muestras de amor sincero que había visto entre su hija y él, además del Pacto de Amor Cundáwan y la mezcla de magias que los unía. Tomó una decisión rápidamente.

—George —lo llamó serio. Se mordió los labios al verlo sobresaltarse. No tenía tiempo para calmarlo dándole explicaciones—. Toma entre tus manos el camafeo de Jessica. Concéntrate totalmente en Angela con todas las fuerzas de tu ser. Enfoca tus sentidos y sentimientos en el latir de tu corazón y en lo que sientes por ella. Déjate llevar por lo que veas, escuches o sientas sin analizarlo en el momento. Ya lo harás dentro de unos minutos. Jessica, Fred, enfoquen todo su ser en ayudarlo. El lazo como gemelos entre ustedes dos y el que Angela tiene con Jessica podría ayudar.

Remus abrió los ojos asombrado y sonrió. Su amigo había recordado algo muy valioso en el momento adecuado. Los demás miraban a Sirius sin comprender.

Jessica le tomó las manos a su cuñado para que tomase su camafeo con ellas, cubriendo con sus manos las de él. Fred puso sus manos sobre las de su novia. Los tres estaban ubicados cerca del punto en que estaba la roca alta con la copa destruida.

George al mirar el camafeo recordó el de su novia. Cerró sus ojos azules, de los que se le escapó un par de lágrimas, y empezó a hacer lo que le había indicado su suegro. Unos minutos más tarde una luz azul clara rodeó a los tres, en la que pudieron ver y oír los otros veinte en la cueva algo que los dejó paralizados.

Albus Dumbledore le decía a un Harry con sus ojos cerrados, el rostro lleno de ungüento naranja al igual que manos y brazos, que esperaría a que se recuperasen para hablar sobre su llegada a su despacho, en la dirección de Hogwarts. Luego Madam Pomfrey le decía que Angela, Hermione, Ron y él tenían quemaduras un poco más serias, mientras Ginny, Luna y Neville sólo estaban lastimados superficialmente y sus ojos no habían sufrido. Lo cual coincidía con lo que lograban ver de los siete chicos y las vendas que envolvían a Angela.

Luego vieron asustados como una nube con visos rojos y morados se abalanzaba sobre los veintitrés, arropando a los fénix. Las aves volaban cada vez más cerca de ellos, con un movimiento más rápido de sus alas. Moony, Hera y Rea volaban sobre Jessica, Fred y George.

Christine, Christopher, Eloise, Humphrey, Fleur, Bill, Abby, Charlie, Sue, Pacey, Hestia, Jarod, Clarisse, Kingsley, Nymph, Meg, Sirius y Remus observaron, asustados, como aquella energía roja se intentaba mezclar con la azul que estaba desapareciendo del contorno de los tres chicos. También lo hacía la morada, que los intentaba rodear a los veintitrés.

Wymond y Aline reaccionaron rápido, intentando bloquearla tomados de las manos. Pero al percibir el tipo de energía que rodeaba a los tres chicos Aline y Wymond se miraron y asintieron. Cerraron los ojos y dejaron fluir una gran ola de energía, concentrada y controlada, que destruyó totalmente las energías roja y morada residuales en la cueva. Wymond quedó inconsciente y Aline cayó frente a él de rodillas, pálida y desencajada.

Los dieciocho observadores vieron una energía plateada penetrar y disolver la roja y la morada, cuando los tres fénix que habían estado sobrevolando los jóvenes se posaron en sus hombros. Los escucharon quejarse levemente, justo antes de desaparecer frente a sus ojos.

—¡Papá! —exclamó asustada Christine, mientras ella y su hermanito evitaban que cayese al piso, sosteniéndolo con dificultad—. ¡Mamá!

Rápidamente Humphrey se precipitó a ayudar a Aline mientras Sirius y Remus tomaban entre sus brazos a Wymond.

—¿Aline? —preguntó asustada Meg.

—Las energías que había contenido Angela se habían mezclado y dispersado por la cueva —respondió con las pocas fuerzas que tenía, mirando preocupada a su esposo—. Cuando establecieron los chicos el contacto generaron suficiente energía para que se condensasen de nuevo y nos atacase.

»Wymond y yo generamos una fuerte energía transformadora, tanto para atenuar su efecto sobre Jessica y los gemelos como para poder destruirla. No podíamos evitar que los afectase a ellos tres por el enlace que tenían con Angela en ese momento, el cual los ha llevado a ellos tres con ella… Creo que se estaba cerrando un bloqueo fuerte alrededor de los diez.

Sirius y Remus suspiraron, evidentemente aliviados. Habían logrado aquello justo antes que se terminase de producir lo dicho por Wymond. Al menos sabían que estaban vivos y con dos personas en las que confiaban plenamente. Se miraron y tragaron saliva. Según lo que habían escuchado y visto de la enfermería de Hogwarts, estaban quemados, cuatro de ellos de manera relevante y aparentemente con problemas en sus ojos. Sospechaban que los otros tres chicos también resultarían quemados, según la explicación de Aline y los quejidos que escucharon antes que desapareciesen.

—¿Sirius? ¿Remus? —preguntó Eloise intrigada, mientras con su varita actuaba sobre la herida en el costado de su hermano que se había reabierto.

—Hace años Angelica me contó que los dos camafeos estaban conectados por el lazo tan fuerte que la unía con Jennifer. Algo especial por ser gemelas Cundáwans. —explicó Sirius, mirando con preocupación hacia el sitio en que habían desaparecido su sobrina y los gemelos pelirrojos. Se sentía culpable de lo que les había ocurrido.

—Algo similar a lo que ocurre entre Chris & Chris y entre Fred & George, aunque en ellas tenía mucha mayor intensidad. —siguió Remus.

—En una oportunidad en que tuvimos una emergencia mientras estudiábamos nuestro séptimo año en Hogwarts, en que no lográbamos ubicar a Angelica y Lily, Jennifer me indicó que usase el camafeo pues a los dos nos unía un amor muy intenso y eso podría ayudar al propio poder que tenía el lazo entre ellas dos, reflejado en sus relicarios tallados. No estaba seguro que funcionase por lo dicho por Wymond, pero fue lo único que se me ocurrió.

Meg lo miró primero con tristeza pero luego sonrió. Eso significaba dos cosas: la más importante era que Sirius había reconocido la pureza y sinceridad del amor de George por Angela; la otra, que la hacía sentir feliz y preocupada a un tiempo, era el parecido tan grande entre los dos pelinegros de ojos grises. Muy listos, rápidos e intuitivos para resolver crisis, pero también muy impetuosos y obstinados en lo que hacían.

Chris & Chris al oír aquello se miraron rápidamente. Se consultaron sobre el recuerdo de aquél sueño sobre Amy y Dani despidiéndose, con sólo mirarse a los ojos como siempre hacían. Asintieron, se tomaron de las manos con sus medallas labradas con el Sello Cundáwan entre sus palmas unidas y se concentraron fuertemente en los gemelos pelirrojos y sus queridas "guardianas".

—¿Niños? ¿Qué hacen? —preguntó intranquila Nymph. Contuvo el aliento al ver que los rodeaba la misma luz azul que había rodeado a Jessica, Fred y George, sólo que su color era más intenso.

—No, por favor. —musitó Remus muy asustado.

—Tranquilos. Ya no hay magia negra en la cueva que se conecte con ese tipo de lazo. —dijo Aline en voz baja, mirándolos asombrada.

Cinco minutos después la luz cesó y los niños se miraban sonrientes, aunque habían palidecido mucho. Rápidamente Nymph y Meg los abrazaron preocupadas.

—Jessica, Fred y George están siendo atendidos por Madam Pomfrey y el profesor Dumbledore. —les empezó a decir Christine, con voz baja que denotaba su debilidad pero una sonrisa de tranquilidad en su rostro.

—Tienen quemaduras leves en su piel y estaban mareados, pero no es serio según le dijo la enfermera al director. —completó Christopher, en condiciones similares.

—Regresemos a Deercourage con ayuda de los fénix —pidió Remus, preocupado por el estado de los tres que veía tan demacrados y el de Wymond. A duras penas habían logrado que reaccionase con la transferencia de magia y energía que le habían hecho Kingsley, Jarod, Bill y él—. Eloise y Humphrey, por favor levanten unas barreras falsas que puedan simular las que había puesto Voldemort, pero que no hagan daño, y coloquen la copa falsa en su lugar.

Todos asintieron y siguieron las instrucciones de Remus. Al llegar a Deercourage recostaron a descansar a Aline y Wymond, después que Eloise los examinase y les diese las pociones dorada y cristalina. Kingsley, Jarod, Bill y Remus tuvieron que tomar poción plateada. Nymph y Meg durmieron a los niños con la promesa de decirles cualquier novedad apenas despertasen.

Cuando Eloise, Nymph y Meg regresaron a la sala se consiguieron a Humphrey, Remus y Sirius sentados en la sala junto a los otros, mirando las llamas que danzaban en la chimenea sin decir una palabra. Se sentaron junto a sus parejas en silencio, tan tensas como ellos.

Sirius recordaba lo ocurrido justo antes del almuerzo. «Cuando mi ahijado me contó aquello… ¿Por qué han tenido que sufrir tanto mi hija, la de Remus y el hijo de James? ¿Qué más me han ocultado de lo ocurrido a mi niña? ¿Por qué todos parecen tan preocupados por Harry? ¿Qué dice la Profecía Cundáwan?».

—Harry me contó que Angela, Jessica y los niños estuvieron en un orfanato esos tres años de los que no sabía nada y… —empezó a plantear.

—Te lo suplico, Sirius, espera a mañana —lo cortó Remus totalmente deprimido—. Entiendo que estés desesperado por saber, pero… —Al ver la expresión de profunda tristeza en los ojos de su amigo bajó la cabeza—. No sé que te contó Harry, pero… —Suspiró—. ¿Me permites contarte lo que sé sin interrumpirme con preguntas?

—Haré lo que pueda para contenerme, "lunático".

Eloise, Fleur y Hestia fueron hacia la cocina a preparar té y chocolate caliente. Lo necesitarían. Aquella sería una noche muy larga. Los llevaron a la sala y se consiguieron al de ojos miel contando con voz pausada lo ocurrido en el ataque a las gemelas. Eloise se detuvo un momento con la varita temblando, haciendo peligrar las bandejas que llevaba.

Humphrey se acercó a ella rápidamente y la abrazó. Sue y Pacey se acercaron rápido, ayudando a las tres con sus varitas a llevar todo a la mesa. El cundáwan se sentó con ella abrazada con cariño junto a Nymph. Los otros cuatro sirvieron lo preparado a sus acompañantes. Humphrey ayudó a contarle todo lo que sabían a Sirius, cuando a Remus le flaqueaba la voz.

Le contaron como Catherine y Charlton Brown habían acompañado a Albus Dumbledore a llevar a las muy malheridas Jennifer y Angelica junto a Isolde, a la casa de las gemelas; lo ocurrido allí, por lo que Wymond les había contado a todos de lo escrito por su hermana en el código de los dos; la muerte de Jennifer al nacer Jessica; la salida de Angelica con las niñas y los Brown buscando ayudarlo a salir de Azkaban para dejarle las niñas; su frustración al negarse Albus a ayudar a quien creía había traicionado a sus hijas y los Potter; su desesperación al no conseguir a Remus; la recaída que llevó a los Brown a llevarla de regreso con Isolde y su salida definitiva de allí, al ver que no se recuperaba, con las razones que la llevaron a no querer dejar las niñas con su mamá.

Entonces Sirius les contó lo ocurrido las noches de aquellos primeros meses en prisión, que hasta el día en que lo rescataron del lugar tras El Velo de la Muerte había creído eran sueños. Angelica lo había visitado allí de manera incorpórea. Le había pedido por Harry y la hija de ambos que no se dejase vencer, que usase la animagia para evitar el efecto tan dañino de los dementores.

Los que lo escuchaban y no lo sabían no pudieron evitar sollozar. Ahora comprendían algo que les intrigaba desde que Angela estaba en contacto con Sirius: una extraña melancolía como si hubiese compartido algo directamente con él, lo cual hasta ese momento no comprendían.

Luego Remus y Humphrey le pasaron a contar a Sirius lo que sabían de la infancia de las niñas con los Brown, después que murió Angelica; el descubrimiento de la pareja sobre las consecuencias del ataque sufrido por sus amigas en la salud de las niñas; el accidente de tránsito en que murieron los Brown; el interrogatorio de los policías a Angela; lo ocurrido en el orfanato al que llevaron a los cuatro niños; la muerte de Dani y Amy; los seis años pasados por los cuatro en la casa de las gemelas, aislados parcialmente por el sello del mundo de los magos y en cierta forma también de los Cundáwans; los entrenamientos a las chicas; la ayuda dada por Raymond y sus pociones a Jessica; y el Pacto Cundáwan.

Clarisse y Kingsley los ayudaron a contarle el asesinato de Albus por Severus; el ataque a Privet Drive y luego al tren.

Sirius había hecho enormes esfuerzos por contenerse, pero en determinados puntos les preguntó algunas cosas que los otros intentaban relatar superficialmente, para no hacerlo sufrir. Él les agradecía sus buenas intenciones pero… Ahora comprendía lo que le había dicho Albus cuando le pidió a Harry que contase lo ocurrido en el cementerio, cuando fue trasladado allí por Voldemort. Una vez comenzado a relatar u oír algo difícil era preferible terminar de hacerlo hasta el último detalle.

Meg le dio en varias oportunidades poción tranquilizante, inicialmente en el té sin decirle, luego abiertamente. Los diez fénix que habían quedado con ellos los acompañaron, turnándose con dulces cánticos para ayudarlos a tranquilizarse.

Christine y Christopher tomaron el relevo cuando bajaron y los vieron demasiado agotados y deprimidos, cerca del amanecer, pidiéndoles que fuesen a la cocina todos. Contaron lo referente a la conformación del E.D.H., los entrenamientos de las chicas con ellos, las situaciones agradables en La Casa Flotante, con Aline y Wymond escuchándolos junto a los otros mientras Fleur, Hestia, Eloise y Meg preparaban el desayuno.

Luego siguieron Aline y Wymond contándole a Sirius lo referente a los doce dones y los dos mezclados. Le explicaron con detalle el don del Manejo de la Energía; lo ocurrido cuando cayó el bloqueo en Angela; la recuperación de los siete chicos en el colegio; el rescate de Snape, Draco y Narcissa por la promesa hecha por Angela a su abuelo, con los detalles que antes no le habían contado; la despedida de Angelica; la transferencia de dones y energía hechas por ella y los antiguos; cómo habían sido los procesos de cada uno de los nueve; la confesión de Angela sobre la carta que le había dejado Angelica y, por último, la Profecía Cundáwan.

Aline logró convencerlo, con ayuda de los otros, para que le permitiese ayudarlo con su don mezclado en tres oportunidades.

Hablaron abiertamente con los niños de los recuerdos de Sirius y Remus sobre el "grupo de extraños viajeros" que conocieron en su juventud. Ahora sabían que eran los chicos del E.D.H., aunque les extrañaba y preocupaba el recuerdo de los dos niños que los acompañaban.

Chris & Chris se dieron por vencidos ante la evidencia y les confesaron la organización del grupo de jóvenes para las batallas. También les aseguraron que los chicos no hubiesen viajado voluntariamente al pasado para intervenir. Aunque sí habían pensado hacerlo para despedirse desde la distancia de los Potter y las gemelas antes del enfrentamiento con Voldemort, luego de destruir los horcruxes.

Finalmente, agotados los dieciséis que habían pasado la noche sin dormir, preocupados los veinte al ver que los niños no lograban restablecer el contacto por medio de las medallas, almorzaron casi a final de tarde y todos se acostaron a dormir bajo el hechizo a excepción de Humphrey, que tomó poción para dormir sin soñar. Necesitaban recuperar fuerzas y tranquilizarse un poco para resolver la situación difícil que tenían entre manos.