N/A: Agradezco de corazón a las personas que siguen leyendo la historia, se que no soy muy buena escritora pero trato de ir mejorando con cada capítulo. Espero que les guste este capítulo, trataré de actualizar con más rapidez. De nuevo, gracias 3


La luz de la mañana entrando directamente por la ventana le hizo gruñir del dolor. Nunca se había emborrachado de esa manera, principalmente porque no le agradaba mucho tomar en exceso. Menos licores fuertes. Aún con los ojos cerrados, se sentó en la cama para procesar su existencia hasta ahora. ¿Cómo había llegado hasta allí? No lo recordaba. Casi no tenía memorias de lo que pasó la noche anterior. Como un recuerdo fugaz, recordó a Tomoyo y a su "amigo" en la puerta de su casa y luego a él en el bar con Sakura. Con eso era suficiente para recobrar la memoria. Tuvo que esperar unos segundos para poder animarse a abrir los ojos, al hacerlo pudo divisar la melena rubia y la sonrisa socarrona de Kero. "Maldito" pensó para si mismo mientras fruncía sus cejas, sabiendo de sobra que se estaba regocijando internamente al verlo por primera vez así.

—Buenos días, principeso.— saludó mientras se sentaba en la cama, alcanzándole un pastilla y un vaso con agua que no dudo en aceptar.

—Buenas Kero. ¿Cómo llegué aquí?— preguntó luego de terminar de beber el líquido. Se sentía muy deshidratado.

—¿Cómo? ¿No recuerdas nuestra noche salvaje y apasionada? Rogabas por mi.— respondió, fingiendo dolor en su tono y ganándose un golpe con el almohadón por parte de Eriol.— Es broma, fiera. Te emborrachaste en un bar con Sakura y tuvimos que ir Meilin, Akiho y yo a ayudarte. Cuando llegamos, te hicimos entrar a la fuerza, pedías que te llevemos con Li para que arreglasen las cosas del frente, pero era obvio que en tu estado solo ibas a discutir con el suelo.— tras esto, Hiragizawa sintió sus mejillas arder de la vergüenza, haciendo disfrutar más al rubio la situación.— Luego quebraste en el baño a más no poder y solo aceptaste irte a dormir si te debamos una botella de whisky, obviamente te la dimos pero con agua y gracias a los dioses no te diste cuenta.

Al terminar su resumen de la noche anterior, el pelinegro se tapó su rostro con las manos, Kero no pudo hacer nada más que reír mientras le daba palmadas en la espalda.

—Tranquilo Eriol, lo tuyo no fue nada. Spinel cuando se emborracho rompió mi baño y casi todas las copas que tenía. Por poco y casi los vecinos llaman a la policía por el escándalo.— relató divertido Kero, pero muy a dentro suyo todavía resentía aquella ocasión, por más de dos meses no permitió que ese bastardo se acercara a su casa hasta que repusiera todos los daños, pero eso ya era otra historia. La mirada azulina de su amigo se volvió más suave, significando que su objetivo de animarlo funcionó.— ¿Sabes qué es lo que necesitas? Un buen café con una gran porción de cheesecake de chocolate. —prosiguió con felicidad recordando el dulce sabor de los postres de Meilin.— Pero primero toma una ducha. Y lo de limpiar no fue enserio, ya lo hice.- dijo mientras le guiñaba un ojo y se iba de la habitación.— Dentro del baño te dejé ropa. De nada.

El rubio comenzó a encaminarse hacia la puerta para preparar el desayuno y sin otra decir más se fue, dejando al inglés solo. Eriol conservó la pequeña sonrisa que Kero logró sacarle, se levantó y fue hasta el baño. En pocos minutos ya se encontraba bajo el agua caliente de la ducha, logrando sentir como cada célula de su cuerpo comenzaba a despertarse. Cerró los ojos y la única imagen que vio fueron los ojos llorosos de Tomoyo, logrando que su estómago se revolviera al darse cuenta que la mujer que tanto quiso prefería a su "amigo", el esposo de su prima-hermana. Odiaba sentir que ató a la pelinegra a estar con él cuando le propuso casarse y le disgustaba aceptar que desde el comienzo de su relación se volvió muy dependiente de su compañía y de su amor, como si necesitase tanto de ella que sin su presencia su vida no tendría finalidad. Lo peor es que aún sentía esa presión en su ser. "Deberías resolver tu relación contigo mismo antes de amar a otra persona, Eriol", esas fueron las palabras de su amiga Kaho la última vez que se vieron, ahora podía comprender mejor a lo que se refería. Ella lo trató de aconsejar de la mejor manera posible, y él la apartó de su lado. Debía llamarla para darle a conocer las nuevas noticias y disculparse por su alejamiento.

Su ducha no duró por mucho tiempo ya que media hora después se encontraba sentado en el comedor a la espera de Kero y el café. Unos segundo más tarde vio al joven con una bandeja con las tazas y los postres, con pasos inseguros tratando de llegar a salvo a la mesa.

—Gracias.— dijo el moreno cuando finalmente el rubio acomodó todo.

Ambos comenzaron a comer sin hablar. Eriol sentía cómo si no hubiera probado un bocado en un año, sin duda el hambre pudo con él ya que en menos de un minuto terminó su porción de torta, por primera vez acabando antes que Kerberos, solo le faltaba el café.

—¿Y las chicas?— preguntó mientras tomaba su primer sorbo.

—Akiho tenía que volver para terminar un informe que tiene que entregar la próxima semana, pero te manda saludos y que en cuanto pueda vendrá a verte. Meilin y Sakura se fueron a comprar al supermercado, nuestra heladera está vacía.— contestó, sin embargo su voz se escuchó algo preocupada cuando nombró lo último, lo cual le llamó la atención al de anteojos.

—¿Todo bien con Mei?

—Claro... la verdad no lo sé.— se sinceró el otro, su relación con la china venía complicada en este último tiempo y sentía que era su culpa. En los últimos días había estado siendo muy cortante y frío con la chica sin que pudiera evitarlo, era como si una parte suya le reprochara indirectamente las acciones de su primo a pesar de que sabía que era una gran idiotez lo que estaba haciendo. La joven le dolía tanto o más que él la situación por el gran cariño que le tenía a Sakura y a Syaoran. Kero sabía muy bien que su forma de actuar era irracional, pero al ver a los ojos a Meilin y el gran parecido que estos tenía con su familiar lograban que aflorara su malhumor. Lo más grave de todo era ver cómo su jovial y alegre actitud se fue apagando gracias a él, volviendo todo un ciclo viciosos de dolor. Quería hablar y confesar todo lo que estaba viviendo, en especial al sabio de Eriol para que lo aconsejase, sin embargo no quería causarle más problemas de los que ya debía afrontar.

Tenía que resolver su situación con su novia por él mismo, ya no era un mocoso inexperto después de todo.

—¿Quieres hablar?— la voz de Hiragizawa lo despertó de sus pensamientos, logrando que pueda negar con la cabeza como respuesta.

—Nah, no es nada.— trató de quitarle peso al asunto y fingir tranquilidad, ahora lo importante era Eriol.— Pero dime Eriol. ¿Cómo te sientes?

La expresión del moreno se volvió triste y sus ojos se fijaron en el café, tratando de buscar las palabras que necesitaba.

—Yo... no se que decir. Todo fue tan repentino pero a la vez no. Sabía que las cosas con Tomoyo no andaban perfectas desde hace tiempo, pero tampoco pensaba que estaban así de mal.— expresó, sintiendo un nudo en su garganta mientras que sentía que le faltaba un poco de aire. Sentía la mirada de preocupación del rubio sobre él, el cual se acercó y puso una mano sobre su hombro para hacerle sentir más tranquilo de alguna forma.

—No te voy a negar que lo de Tomoyo me sorprendió y me dolió, nunca pensé que haría algo de ese estilo. —dijo Kero, tratando de ocultar la rabia y dolor que sentía hacia la mujer- Pero tienes que ser fuerte, debes estar bien por tus hijos.

En la mente de Eriol surgieron las imágenes de sus adorados hijos, una punzada en su pecho sintió al no saber que decirles la próxima vez que los viera

—Sé cuanto la amas, pero te lastimará más estar al lado de alguien que no te da el cien por ciento de uno mientras que das todo de ti. —la voz del rubio era severa, quería hacer entender a su amigo de una buena vez por todas que era lo mejor. Antes podía entender un poco más el porqué no aceptaba su opinión cuando hablaban, pero ahora era necesario que lo escuchase para evitar más sufrimiento en vano

—Aún la amo.— confesó el moreno, escondiendo su cara entre sus manos. A sus ojos, ella seguía siendo la mujer perfecta. Amable, bondadosa, elegante, inteligente, soñadora; toda una reina. Inclusive gracias a ella es padre de sus maravillosos hijos. Jazmine, Michael y Rio eran su orgullo, y lo más que deseaba en el mundo era darles una familia unida y amorosa, pero temía que aquello ahora no se pudiera cumplir.

—Lo sé. Nadie está preparado para un divorcio, cuando uno se casa se supone que fue por algo especial que compartía con el otro. Verás que con el tiempo todo será más sencillo.— trataba de encontrar las palabras correctas, no quería soltar alguna frase que se malinterpretara y no se entendiera que quería decir (como casi siempre pasaba).

El silencio inundó el comedor. Eriol comenzaba a controlar su respiración y lentamente la volvía a estabilizar. La mano del hombre a su lado todavía no se despegaba. Sin abrir los ojos, sabía que el otro debía estar despeinándose su melena una y otra vez nervioso, lo cual le daba algo de gracia. Kerberos tenía alma de adolescente y por eso mismo sabía lo complicado que debía ser para él tratar de contenerlo, temiendo de equivocarse. Su forma de ser le recordaba a su pequeño Michael, inquieto y glotón. Memorias de momentos con sus hijos pasaron por su mente, en esos momentos ellos eran sus pilares para no derrumbarse y seguir adelante. Su interior aún estaba herido, pasaría tiempo hasta que logre superar todo lo que siente, sentía que este quería seguir llorando como la noche pasada. Pero por más que intentaba, ningún líquido fluía de él. Era un avance ¿no?

—Quisiera llorar, pero ya no tengo más lágrimas.— susurró finalmente, sin levantar su rostro aún.

—¿Eso es bueno?.— preguntó confuso el otro, realmente le costaba ser él quien daba los consejos en vez de recibirlos. Su confusión logró que levantara su cabeza y sus ojos lo miraran mientras que en sus labios una sonrisa juguetona, aunque aún deprimida, se esbozara.

—Creo.— respondió, quitándole una gran preocupación al rubio y haciendo que sonriera también.

—¿Quieres más café?

—Por supuesto.

...

En la hora del almuerzo todo estaba más relajado en el ambiente. Meilin y Sakura compraron los ingredientes para preparar una lasaña la cual la china preparó con ayuda de su novio. La castaña se hubiera ofrecido a ayudar si no fuera que sabía que aquella oportunidad era perfecta para que arreglasen todo de una buena vez. Ver como los ojos rojo vivaces de su amiga se encontraban apagados a su vez que su leve rubor ya no se encontraba en sus mejillas le provocaba gran tristeza, más cuando en el camino al mercado por fin la pelinegra se desahogó a su vez que una pequeña lágrima escapaba por su mejilla. Desde ese momento juró que apenas llegaran al departamento le iba a dar una buena golpiza a Kerberos, pero grande fue la sorpresa de ambas al verlo más animado y cálido cuando regresaron de comprar. Todo fue tan rápido que cuando se dio cuenta la pareja ya estaba en la cocina, guardando los víveres y preparando todo para cocinar. Sakura se alegró de ver esto y no habló más, sabía que esos dos arreglarían sus problemas en un abrir y cerrar de ojos. Ahora lo importante era Eriol. Caminó hacia el balcón y allí lo vio, mirando el horizonte pensativo. Sin hacer ruido se acercó a él y cerró la puerta detrás de ellos.

—¿Algo interesante?— preguntó la mujer con suavidad, logrando que el hombre se percatara de su presencia.

—Para nada, solo estaba pensando.— respondió con tranquilidad.

—Se nota.— dijo feliz al ver cómo estaba más relajado que la noche anterior.

—Perdona si ayer te hice pasar vergüenza en el bar, además por el trabajo que te di al llegar acá.— su tono avergonzado hizo reír a la castaña mientras lo abrazaba.

—No es nada, ni que hubieras sido Kero borracho.— dijo juguetona. Para él, con ella todo ambiente se volvía más alegre, o por lo menos así era hasta que cambió.

—¿Cómo te sientes?— preguntó de repente el inglés, tomándola de sorpresa.

Sakura se separó y se recostó en el barandal. ¿Cómo se sentía? Hace meses había dejado de llorar por la soledad que sentía con su esposo y el odio que llegó a sentir por su prima había desaparecido hace poco, tal vez ella no era una mujer que podía odiar (o al menos no para siempre). Al principio, cuando se enteró de la asquerosa realidad, se sintió perdida y muy dolida. A pesar de no haber llegado a tener hijos con Li, ellos ya formaban una familia, un hogar; su hogar. Pasó tiempo hasta que finalmente pudo dar el paso para terminar todo ese teatro, charlas con su psiquiatra la hicieron comprender que no era su culpa y que ya no debía estar aguantando esa situación. Ni por su esposo, ni por su prima, ni por Eriol, ni por sus sobrinos, ni por nadie de su familia. Mientras siguiera al lado de alguien que ya no la amaba ni respetaba, seguiría desperdiciando su tiempo. Gracias a aquellas sesiones pudo darse cuenta de que debía recomenzar, después de todo se lo debía así misma. Era una mujer joven, con apoyo de sus seres queridos y muy inteligente, sería fácil volver a iniciar en otro lugar.

—Mejor que antes.— finalmente respondió con una sonrisa. No era como las de antes, pero tampoco como las que venía dando desde hace tiempo. Era sincera y eso era lo importante.— Naoko es mi abogada, me dijo que ella se encargaría de los papeles de divorcio y que no sería necesario que vuelva a ver a Li.

Eriol revolvió sus cabellos castaños con felicidad.

—Me alegro por ti, Sakura.— dijo con sinceridad, pero sus ojos se oscurecieron un poco luego de decirlo.- ¿Crees que los niños serán felices?

Esa pregunta tomó por sorpresa a la mujer, logrando que sus ojos se abrieran ampliamente. Antes de tomar la decisión de hablar, Sakura pensó mucho en ese tema. A pesar de estar decepcionada de su prima, los niños no tenía la culpa, ellos eran una pequeños ángeles que la animaron en sus peores momentos. Sabía que los divorcios no eran un tema sencillo, más cuando había pequeños de por medio, muchas veces los acuerdos eran algo injustos cuando por razones injustificadas uno de los padres quedaba con la mayor parte o totalidad de la tenencia de los hijos y deseaba con todo corazón que ese no sea el caso. Ella no creció con padres separados, pero si con la figura paterna únicamente por la muerte temprana de su madre. A pesar de que su padre hizo todo lo posible por ocupar ambos roles y estar presente en todo momento con ella y Touya, lo cual valoraba profundamente, aún así sintió la falta de su madre por mucho tiempo. La razón por la que no podía odiar a Tomoyo también era por su madre, Sonomi. Su tía fue una especie de figura materna al entrar a la adolescencia y gracias a su presencia pudo comprender muchas cosas que tal vez su padre o hermano no hubieran podido explicarle. Por ello, sabía que era preferible que un niño pueda disfrutar de su madre y padre. El caso de Eriol y Tomoyo no sería lo más fácil del mundo para los niños, pero sabía muy bien que mientras ellos estén dispuestos a tener una relación cordial y puedan brindarles todo el amor que tienen a sus hijos todo estaría bien.

—Por supuesto.— dijo con seguridad.— El hecho de que se separen no significa que uno de ustedes tenga que renunciar a ellos. Tal vez cueste el cambio, pero con el tiempo ellos se acostumbraran y entenderán.

Ante esto, Eriol se sintió más aliviado que antes, necesitaba escuchar esas palabras de su amiga.

—Gracias. -dijo el hombre con paz.— Necesitaba de tu positividad.

—Para eso estamos los amigos.— expresó para luego darle un pequeño puñetazo en el brazo.

...

Cuando ingresaron al departamento, vieron la mesa con los cubiertos y vasos acomodados mientras una feliz Meilin y un avergonzado Kero se encontraban en medio de una "acaramelada" reconciliación. Sakura sintió una cálida sensación al ver a su amiga con sus ojos brillantes de vuelta con sus mejillas levemente sonrosadas. Eriol por su parte solo se dedicaba a poner más rojo al rubio, quien a pesar de ser demasiado extravagante y extrovertido siempre sentía su cara arder cuando los demás veían cómo se comportaba con su novia, todo un niño todavía para algunas situaciones sin duda. En menos de media hora la lasaña ya estaba terminada y servida en el medio de la mesa, siendo cortada y servida por la castaña. Entre broma y broma todos sonreían, por primera vez en mucho tiempo todos sentían un peso liberado. No todo estaba bien ni mucho menos perfecto, tal vez jamás podría volver a estarlo completamente, pero aún así la alegría podía volver a recorrer por el cuerpo de todos sin culpas ni miedos. La que más sentía esto era Sakura. Hace tantos años que no se sentía de esta manera que al volver a hacerlo sintió nostalgia y miedo a la vez, dejándola pensativa por momentos en medio de las conversaciones que estaban teniendo entre todos. La frase "todo estará bien" tan característica de su persona volvía a cobrar significado. A su vez, otro pensamiento se encontraba en su mente desde hacía tiempo, el cual ya no podía seguir postergando en decirlo. Sin más, soltó la noticia de una, sorprendiéndola a ella misma en el proceso por lo espontáneo que fue.

-¿Te irás?- preguntaron los tres al mismo tiempo. Sus rostros de asombro pusieron más nerviosa a la mujer, haciendo que comience a jugar con su cabello mientras esbozaba una sonrisa nerviosa.

-Me iré la semana que viene. Hablé con Naoko y me dijo que ella se encargaría de mi divorcio, ya firmé los documentos así que no tengo nada más que hacer. Me informó también que al no haber niños de por medio todo iba a ser más rápido.- explicó esto último algo triste, aún era un tema sensible para ella por más que lo negó mil y unas veces. Le hubiera encantado haber podido tener hijos; tener un pequeño con sus rasgos y los de Syaoran a su lado todos los días todavía seguía siendo un deseo secreto que se llevaría hasta la tumba. Sin embargo, ahora se daba cuenta que fue lo mejor que no hubiera ocurrido, por más que le doliera admitirlo.

—¿Ya sabes dónde te vas?— preguntó Meilin algo preocupada al pensar que la castaña iba a estar en un lugar desconocido sin conocer a nadie.

—Tenía pensado en ir a Estados Unidos a probar suerte, pero no se si me quedaré por mucho tiempo.— confesó algo avergonzada.

—¿Touya lo sabe?— cuestionó con curiosidad el rubio, al ver la reacción de susto de la castaña supo la respuesta.

—La verdad es que todavía no se como decirle. No le agradará la idea, de por si ya se encuentra muy enojado y preocupado por lo de mi divorcio, pero supongo que lo aceptará.— dijo mientras jugaba con su cabello. Con sus amigos no necesitaba fingir seguridad ni seriedad, podía mostrarse como ella era realmente.

Meilin al ver su preocupación se acercó y la abrazó por detrás.

—Ya verás que todo saldrá perfecto. Tu hermano lo entenderá, después de todo tu padre sabe cómo hacer que entre en razón.— expresó con dulzura la china.— Estados Unidos tiene lindos lugares donde vivir y se que encontrarás trabajo en un abrir y cerrar de ojos. Si quieres, voy contigo para ayudarte con todo hasta que te estabilices.

La castaña sonrió con dulzura, sin duda Meilin era una de las mujeres más amables cuando la conocías a fondo. Extrañaría sus juntadas con ella y Akiho, y por más que le asustase, sabía que este cambio debía hacerlo sola.

—Muchas gracias, Mei. Pero no me gustaría que dejes tus planes por mi.—se excusó y antes de que pudiera responder, prosiguió.— Además, el abuelo tiene una propiedad allí y me dijo que me podía quedar el tiempo que guste.—explicó, dándole a entender a todos que ella necesitaba estar sola. Los brazos de la mujer se despegaron de la otra y volvió a tomar asiento.

—Solo prométenos que nos visitarás una vez al año mínimo.— dijo Kero algo triste, le costaba imaginarse separado de la castaña.

Sakura solo sonrió y asintió enérgicamente. Ya no quería preocupar a los demás, así que sin más cambio de tema de conversación, dando por hecho que ya había dicho todo lo que necesitaba.

...

Habían pasado tres días desde aquella vez. Eriol se quedaría con Meilin y Kero hasta que encontrase un departamento en donde alquilar, un lugar con suficiente espacio para que sus hijos vayan a visitarlo. En ese tiempo Sakura y Eriol hablaban todas las noches por teléfono para saber cómo se encontraban los niños. Al ser todavía muy jóvenes, el moreno les tuvo que mentir con la razón de la separación para que no tuvieran una mala imagen de su madre. Por otro lado, él le comentó que volvió a hablar con Kaho después de años de solo mandarse mensajes por sus cumpleaños y la decisión de tomar terapia para superar de la mejor manera todo, lo cual lograba poner más tranquila a la mujer. En ningún momento de sus conversaciones nombraron a Syaoran, siendo un tema tabú su persona, pero si de Tomoyo. El hombre le dijo que se reunió con Tomoyo en su antigua casa, luego de horas de conversación, sin gritos pero con algún que otro sollozo, llegaron a concluir su relación en buenos términos. Aún así, habían asperezas por los años de engaño qué tal vez con el tiempo mejoraran. Este último género un mal sabor de boca a Sakura, pero no dijo nada, era inevitable que el inglés hablase de su ex-futura-esposa y sabía que necesitaba descargarse con ella. A su vez, le alegraba que él pudiera liberarse con ella, ya que la hacía sentir más tranquila irse sabiendo que se encontraba estable y con el apoyo de sus amigos.

Actualmente, Sakura y Akiho se encontraban tomando un café en el departamento de Touya y Yukito, en donde se estaba quedando la castaña.

—Si quieres te acompaño, Sakura. No tengo ningún problema. Además, me vendría bien un viaje y ver cómo va el negocio allí.— expresó Akiho.

Siendo sincera con ella misma, la castaña en realidad necesitaba a alguien a su lado. Rechazar a Meilin fue estúpido e inteligente a la vez, no podía evitar sentirse triste al estar a su lado, después de todo era la prima de su ex-pareja y le gustase o no tenían similitudes que le eran difíciles de ignorar. En cambio, Akiho era una gran amiga con la cual compartía un lazo especial, a veces sentía que eran gemelas separadas al nacer. Tenerla a su lado sería un gran soporte, ya que últimamente se sentía más cansada y débil desde la salida al bar, si le llegase a pasar algo en ese transcurso de mudanza por lo menos tendría a alguien que velara por su salud hasta recuperarse. También pensaba que sería divertido tener a alguien con ir de compras y turismo.

—Esta bien. —aceptó feliz.— Será divertido pasar unas vacaciones entre los tres.

—¿Los tres?— preguntó la peli plateada confundida.

—No pensabas dejar a Akaito preocupado aquí en Japón. ¿Cierto?— dijo en tono de burla, logrando sonrojar completamente a la mujer. Esto hizo que una carcajada se le escapara. Esa pareja era la más linda que vio en su vida, la encantadora y torpe Akiho con el serio y sobreprotector Akaito. Ambos eran tan dulces juntos. ¿A caso así los veían los demás a ella y a...

—¡No te rías! —dijo en forma de berrinche mientras negaba con la cabeza fervientemente— ¡Lo-lo había olvidado! ¡No es gracioso!— todo esto así que riera con más ganas, salvándola de sus pensamientos negativos.

—Imagínate como se pondrá cuando vea las miradas que robaras en otro país.— siguió molestando a la chica, quien se ponía cada vez más colorada. No era porque se imaginase a las personas cayendo ante su belleza, sino por las escenas imaginarias en su mente en las cuales el hombre protagonizaba como su caballero salvador.

—¡No sigas! ¡Para, por favor!— imploró al no poder contener su imaginación. La castaña ya no reía, solo miraba con una sonrisa.

"Gracias, Akiho."

...

Eran las seis de la tarde cuando Sakura por fin llegó a la casa que compartía con Li. A partir de ese momento tendría dos horas para comenzar a vaciar la casa. No es como si Syaoran le hubiera dicho que tenía tiempo limitado para largarse, al contrario, le dijo por mensaje que él no se aparecería por toda la noche y mañana siguiente para no incomodarla. Aún así, sabía dentro suyo que no podría aguantar estar allí por más tiempo, por lo que sin entretenerse comenzó a sacar todas sus pertenencias y a guardarlas en las cajas de cartón que previamente había comprado y guardado para ese día. Vestimenta, zapatos, carteras, algunas que otra joya que tenía, objetos de valor sentimental; todos estos objetos (excepto la ropa) eran anteriores a su matrimonio. Solo conservó lo esencial y lo que no le fue obsequiado por el castaño, por más que le doliese en el fondo. Una que otra lágrima cayó mientras empacaba todo, pero nunca un sollozo o un llanto. Ahora era una mujer fuerte y decidida, ya no iba a dejar que sus emociones por él o Tomoyo manejaran su vida nuevamente.

El reloj de su celular marcó 7:43 p.m. cuando terminó con todo, una gran satisfacción inundó su ser al haberlo logrado antes de las dos horas acordadas. Sin embargo, tendría que esperar a que Yukito y Touya llegasen para poder llevarse las cajas. Lo único que restaba era sentarse y tomar un descanso. Últimamente se sentía más cansada de lo usual, las bajadas de presión con la falta de apetito le estaban jugando una mala pasada. Cerró sus ojos por unos instantes antes de escuchar el timbre de la casa. El primer aviso lo ignoró olímpicamente; el segundo fue un poco más molesto pero de igual forma no respondió; el tercero creyó sería el último; el cuarto y el quinto la hicieron maldecir; el sexto fue cuando por fin se levantó de su asiento y el séptimo mientras abría la puerta. Un escalofrío recorrió su cuerpo al ver aquella mirada violeta penetrante que tan bien conocía. Sintió como sus ojos se apagaron mientras una sombra invadía su aura de relativa tranquilidad. Tenía miedo y se sentía débil, pero eso nunca lo demostraría. En cambio, se mantuvo erguida y con una mirada fría, mientras que con una tranquilo y cuidadoso movimiento acomodaba su cabellera larga. Pudo notar cómo la piel de porcelana de la mujer se volvió más pálida de costumbre y el tinte marrón que había debajo de sus ojos. La vio contener el aire por unos instantes antes de animarse a hablar.

—Hola. ¿Podemos hablar?— preguntó la azabache con timidez y firmeza.

Sakura no respondió, solamente la observó por unos instantes antes de hacerse a un lado y dejarla pasar.

Tomoyo miraba a su alrededor, todo oscuro y sin vida. Las cajas selladas acumuladas en el salón le llamaron la atención, sabía que eran por la mudanza de su prima, Syaoran le había explicado todo. Sabía muy bien que estaría en problemas con el castaño por haberle prometido de no venir para no hacer sentir incómoda a Sakura. Pero al ver que la había bloqueado -y con razón. de todos lados la hizo tomar esa decisión apresurada. Necesitaba hablar con ella, que la mirase, que le gritase, incluso estaba dispuesta a tener un ojos morado si eso significaba encontrase con ella.

—Vamos a la cocina.— ordenó la castaña mientras se adentraba en el lugar, siendo seguida por la azabache.

Los minutos más incómodos para ambas fueron al esperar a que el agua hirviera para tomar algo mientras hablaban. Cuando por fin sucedió, rápidamente Sakura preparó el café para luego servirlo.

—Tienes al menos diez minutos para decirme todo, luego vendrá mi hermano y Yukito a ayudarme con las cajas.— expresó con seriedad.

—Yo... en verdad lo lamento. Juro que nunca hubiera querido que todo terminase así.— expresó la de ojos amatistas con la voz quebradiza, pero no logró que Sakura reaccionara.

—¿Eso era todo?— dijo fríamente la otra.— No hubiera desperdiciado el café si era solamente para esta estupidez. Si deberás sintieras un mínimo de culpa no lo hubieras hecho por... ¿cinco, seis, ocho años? Ya ni se cuánto tiempo estuvieron con esta farsa.

—Nueve.— susurró Tomoyo, mirando hacia abajo. Escuchó el gruñido de su prima.

—Perfecto, gracias por la aclaración. Sinceramente, si los niños no se pareciesen tanto a Eriol tendría mis sospechas si realmente son suyos. Aunque... Rio es una copia exacta de ti. ¿Es hija de Syaoran?

Los ojos de la peli negra se abrieron de inmediato grandemente. Nunca pensó ser cuestionada por su prima sobre la paternidad de su hija menor, y no porque fuera imposible ello, sino por el hecho de que nunca hubiera imagina a Sakura en un papel tan serio y frío, sin expresar dolor alguno ante esa pregunta. La miró a los ojos, estos ya no conservaban el brillo fuerte que los hacía únicos, se encontraban apagados. Y todo por su culpa. Evitó que una lágrima se escapara por su ojos derecho y se limitó a responder:

—Al poco tiempo de nacer le hizo una prueba con Eriol, si es su hija.— respondió con vergüenza.

—Me alegro por Eriol.

Un breve silencio apareció. La castaña no tenía mucho más que decir, ya todo estaba terminado y a diferencia de su prima ella si fue sincera cada vez que se reunían a conversar.

—Odio haberte lastimado, eres mi persona más especial en el mundo, lo juro.— expresó ahogadamente Daidouji.

—Si fuera verdad no me habrías traicionado tantas veces.— respondió la de ojos verdes desde lo más profundo de su ser.

—Intente de detener todo, pero... pero...

—Te enamoraste y no pudiste.

Otro silencio más, el cual afirmaba su dicho. Por abajo de la mesa, Kinomoto aferraba fuertemente sus manos en la tela de su pantalón negro para evitar su derrumbe. Por otro lado, Tomoyo comenzó a llorar. Pocas veces habían sido las que vio a su prima así, lo cual generaba un instinto en ella de abrazarla, pero no lo hizo para su sorpresa.

—Me odias.— dijo Tomoyo con dolor.

—No te odio, pero tampoco siento el mismo cariño que te tenia. Eras como mi hermana, mi mejor amiga. Toda nuestra unión se destruyó por tu culpa.— acusó en su voz monótona, apretando más su agarre.

—Créeme que lo se muy bien.

—Solo tengo una pregunta más: ¿Cómo fue qué pasó? ¿Cómo se enamoraron?

La repentina pero esperada pregunta logró revolver el interior de Tomoyo.

—Ni yo lo se muy bien. Solo pasó, desde una simple mirada hasta hoy en día. Hablábamos cada vez más, nos sentíamos más conectados cada momento que pasaba. Y cuando... nos acostamos ya no hubo marcha atrás.

Sakura se mordió el labio fuertemente para no dejar que la ira y el rencor hiciera que la vaya a golpear e insultar. Ella preguntó después de todo, y a pesar de todo el daño que le causó, no la odiaba, no podía. Porque cada vez que lo intentaba las imágenes de ellas de niñas y adolescentes afloraban en su interior; las risas, las conversaciones, los llantos, las travesuras, todo estaba con ella.

—Repito, no te odio ni te odiare, pero desde hoy en mas no te quiero cerca de mi.— expresó mientras se levantaba y caminaba más lejos de ella.

—¿Crees que algún día me puedas perdonar?— preguntó en un hilo de voz fino, sus mejillas seguían mojándose.

La mujer la miró y la respuesta vino sin darse cuenta.

—No. Y cómo ya hablamos todo lo que debíamos, te pido que te retires, ya no quiero seguir hablando contigo.

Tomoyo se levantó y trató de abrazarla por última vez, pero ante su acercamiento la otra retrocedió. Eso era de esperarse después de todo.

—Adiós, Sakura. Espero que puedas ser feliz, de todo corazón.— se despidió la mujer mientras se dirigía hacia la puerta.

—Adiós, Tomoyo. Deseo que seas feliz con Li y con tus hijos. Por favor, se buena con Eriol.— pidió desde el mismo lugar en el que estaba.

Daidouji asintió y sin más cerró la puerta. Al hacerlo, Sakura se desplomó en el suelo mientras lloraba en silencio. Dolía mucho esta realidad.

"Si esto es un sueño, por favor despiértenme."