[Umbrella Returned]

Summary: Con una nueva responsabilidad en sus manos, Marinette toma la decisión de ejercer finalmente su deber cómo guardiana de los miraculous, al mismo tiempo, Adrien parece no estar seguro de haber tomado la decisión correcta al salir con Kagami.

Sin embargo, ya es tarde para cambiar de rumbo, ahora ambos tendrán que vivir con las consecuencias de las decisiones que han tomado.

Pero, ¿Podrán vivir con ello? ¿Aceptarán su destino sin más? O ¿Harán algo para cambiarlo?

...

Ubicado después del capítulo de Miracle Queen.

Los personajes que aparecen en este Fic son de la serie Miraculous Ladybug y son pertenecientes a Thomas Astruc y Jeremy Zag. La trama por el contrario es totalmente mía.


Place des Vosges

Adrien posó sus manos detrás de su cuello de manera relajada mientras su cuerpo se lanzaba un poco para atrás dándole una apariencia un tanto despreocupada. Mientras tanto, el fotógrafo delante de él no paraba de tomar fotos a diestra y siniestra comentando en voz alta con un marcado acento italiano las siguientes poses que debía realizar. Agradeció al cielo que no tuviera que posar con Lila en esta ocasión, su ánimo no era el mejor y no creía poder aguantarla un solo momento sin llegar a ser brusco o desagradable, eso lo dejaría con muchos problemas con su padre.

—¡No, no, no, señor Agreste! No esta ofreciendo la expresión adecuada — regañó el hombre acercándose a él — las poses son perfectas, espectaculares, magnifiques — alabó sin cesar — pero su rostro... — tomó el rostro de Adrien y lo aplasto con sus manos como masilla — no es el adecuado, no muestra ninguna emoción y es tan aburrido — se lamentó soltándolo de golpe — muestre cualquier cosa, enojo, pasión, nostalgia. ¡Pero transmita algo a la cámara, per l'amor di Dio! ¡Se lo pido!

—L-Lo siento, señor. No volverá a ocurrir. — dijo Adrien mirando hacia abajo en una expresión avergonzada.

El camarógrafo suspiró y dio una señal a sus ayudantes de que quitaran todo.

—Bien, por hoy creo que lo dejaremos aquí señor Agreste. Esta claro que no es usted mismo estos días. — se descolgó la cámara de su cuello y lo señaló — Le pediré a su padre que hagamos la sesión en otro momento, cuando pueda mostrarme alguna expresión válida que pueda capturar. Ciao - Ciao.

Y sin más, tanto el equipo de fotografía como el camarógrafo se retiro del parque, mientras que el guardaespaldas del chico ya lo esperaba cerca del auto.

Adrien subió al vehículo en completo silencio mientras que su chofer cerraba las puertas del auto y se dedicaban a conducir hacia la mansión Agreste. El chico iba con de temor de recibir algún regaño por parte de su padre ante lo ocurrido. Aunque no podía decir que no se lo esperaba. Su padre siempre tenía algo que decir acerca de lo irresponsable que era.

Nathalie ya estaba parada en la puerta de su casa aguardando por el vehículo y dándole a Adrien una mirada seria. A pesar de que su cabello estuviera mal recogido y sus lentes no ocultasen las enormes ojeras y el rostro pálido de la asistente de su padre.

—Debido a que llegaste antes de lo preevisto, pediré que tu hora de almuerzo cambie de las 4:30 p.m. a las 2:30 p.m. — dijo haciendo un par de clics en su Tablet ajustando sus gafas — ¿Podrás esperar en el comedor hasta entonces? O ¿Prefieres ir a tu cuarto?

—Prefiero esperar en el comedor. Gracias, Nathalie. — mencionó el joven modelo subiendo escaleras arriba y deteniendo su impulso de decirle a la secretaria de su padre que fuera a descansar en lugar de seguir su trabajo como si nada. Pero sabía que Nathalie haría de oídos sordos.

Una vez se sentó en el comedor, miró con tristeza la amplia mesa donde él y su madre a veces comían haciendo bromas o charlando de cualquier cosa. Siempre había risas con su madre a pesar de lo exageradamente grande que era esa casa.

El sonido de una puerta abrirse le hizo dar un respingo, haciéndolo voltear la cabeza de un tirón. Y cuando vio a su padre parado cerrando las puertas detrás de él, supo que debía explicaciones, sin que su padre dijera nada aún.

—Tu fotógrafo me informó que cancelaron la sesión de hoy — habló Gabriel mirando con aquella faceta carente de emoción. Adrien suspiró antes de contestar.

—Perdóname, padre. Fue mi culpa. No quería que esto pasara, tienes todo el derecho a estar molesto — respondió con la mirada gacha.

—Quiero saber la razón de tu actitud. No es favorable que tus emociones o los problemas que tengas, afecten tus responsabilidades laborables.

Adrien se encogió en su asiento tratando de evitar hacer notar la tristeza que lo embargó al saber que su padre estaba más preocupado por dejar que sus sentimientos afectases su trabajo, que a él mismo.

—Tienes razón. Lo siento, es sólo qué... una compañera de clases hace poco se cambió de escuela y... eso me ha tenido un poco turbado. — confesó haciendo que su padre lo mirara entre confuso e intrigado.

—Una compañera de clases. ¿Es acaso una amiga tuya?

—Una muy querida. — expresó con una sonrisa nostálgica — era una chica muy dulce y talentosa, además de que era una gran admiradora de tu trabajo.

—¿Ah, sí? — esto captó su atención.

La emoción con la que hablaba Adrien por esa joven era algo intrigante. Si no supiera que su hijo estaba en una relación con la hija de madame Tsurugi, hubiera jurado que esa chica tenía por completo cautivado a su hijo, bastaba con ver las expresiones alegres y la manera en que hablaba de ella.

—Sí, se trata de Marinette Dupain-Cheng. La chica que confeccionó el bombín que usé en el último desfile de modas, la recuerdas, ¿verdad?

Gabriel Agreste se quedó en silencio.

Llevó una mano a su barbilla de manera pensativa entrecerrando los ojos, Adrien interpretó el silencio de su padre como algo extraño, puesto que si él en efecto, no era de muchas palabras, jamás se quedaba tan absorto cómo en este momento.

—¿Padre? ¿Estas bien?

En ese instante, el diseñador reaccionó.

—Lo estoy, hijo. Solo pensaba. Esa jovencita... Marinette — pronunció su nombre con retardo — suena a que es muy importante para ti, tomando en cuenta que gracias a su partida has tenido estos declives.

Adrien se entristeció un poco, pero no dejo que su ánimo decayera por completo.

—Pues sí, era una buena amiga — carraspeó tratando de no sonar tan brusco con su respuesta — todos en la escuela la apreciaban mucho. Es una chica que siempre encontraba una solución a cualquier problema, y ayudaba a los demás sin esperar nada a cambio, ella era... nuestra Ladybug de todos los días.

Eso prolongó otro silencio de parte del hombre mayor, que miraba a su hijo con extraño interés en la historia de su compañera.

—Ya veo.

—Fue una sorpresa para todos que decidiera cambiarse de escuela.

—Ciertamente, es una lástima. Me habría gustado tenerla de aprendiz en cuanto se hubiera graduado del Lycée — mencionó con un tono que sonaba verdaderamente decepcionante, pero su rostro permanecía serio. — tenía futuro en el mundo moda. Un talento así no debería haberse desperdiciado.

—Entiendo a que te refieres, pero no creo que tengas de que preocuparte. Marinette jamás rechazaría la oportunidad de trabajar contigo en un futuro lejano. Eres su más grande inspiración — sonrió Adrien a su padre.

—Me honra tener a alguien tan talentosa como su ejemplo a seguir.

—Estoy seguro de que a ella le agradaría escuchar eso de tu parte, Père.

Gabriel sonrió mediamente palmeando el hombro de su hijo. Adrien sonrió también contento de que por primera vez su padre y él estuvieran de acuerdo en algo, y es que Marinette era increíble, aún sin estar presente, tenía la habilidad de hacer que la gente que la mencionara alabara sus cualidades y talentos.


Tíbet

Templo de los Miraculous

La mañana hizo acto de presencia. El sol asomaba por las montañas de los extensos campos del Tíbet y el aire frío azotó las ramas de los árboles haciendo una refrescante brisa mañanera que dio comienzo a un nuevo día para cierta pelinegra, que dormía agazapada al edredón que le pusieron en el suelo para dormir, a modo de futón.

Sus ojos hicieron el intento de abrirse, pero se volvieron a cerrar en cuanto un rayo de luz azotó de lleno en sus ojos provocando que hiciera una mueca.

—Ugh... —se quejó dándose la vuelta mientras se sobaba uno de sus ojos y se levantaba lentamente del lío que había hecho las sábanas.

—¿Tikki? — preguntó bostezando suavemente mientras sus ojos se acostumbraban a la poca luz que iluminaba la habitación. — ¿Tikki? — insistió cuando no vio a la Kwami por ningún lado.

—Aquí estoy, Marinette.

La mirada de Marinette se levantó y sonrió cuando vio a su Kwami frente a ella. Juntó las manos y dejó que la criatura rojiza se posara en ella mientras le deseaba los buenos días.

—Buenos días a ti también, Tikki.

—¿Estas lista para tu entrenamiento de hoy, Marinette?

La joven se estiró mirando el cuarto donde estaba con curiosidad.

—No lo sé, Tikki. Me siento algo extraña en este lugar, no sé si estoy hecha para esto... — miró a sus alrededores — me parece tan irreal.

—Te acostumbrarás — la animó. — ¿Por qué no te das un baño antes de ir a ver al maestro? — sugirió revoloteando alrededor de ella. — un baño es la mejor forma de iniciar un nuevo día. Un nuevo día, una nueva tú.

Marinette asintió de acuerdo y caminó hacia un biombo donde estaba una gran tina de madera llena de agua junto a varios objetos de ases incluyendo los tónicos que debían utilizar para limpiar su cabello. No le sorprendió mucho que la bañera constara nada más de ciertos y reducidos instrumentos para el aseo, no debía olvidar que ese templo quedó congelado hace muchos años y resurgió de la nada en otro siglo completamente diferente y adelantado. Muchas cosas estaban tal y como el maestro Fú le había comentado alguna vez.

Con cuidado acercó su mano y comprobó la agradable temperatura del agua. Estaba perfectamente tibia, así que acomodó de manera segura el biombo y procedió a quitarse sus ropas con cuidado, dejándolas dobladas en una esquina para finalmente meterse a la tina.

Escuchó la puerta abrirse ligeramente y miró a Tikki con pánico, la Kwami entendiendo su intranquilidad, atravesó el biombo de manera rápida y se tranquilizó al ver a un chico pelinegro entrar sin parecer un poco perturbado y arreglar el edredón donde había dormido Marinette.

—¡Zarif! ¡Buenos días! — saludó la Kwami al recién llegado.

El joven sonrió mediamente a la criatura y asentó las últimas mantas que quedaban por doblar para enderezarse y mirarla con más atención.

—Un gusto en verte, Tikki. Ha pasado tiempo. — su voz sonaba como la de una persona de veinte o veintidós años de edad. Llevaba una vestimenta color azul marino y su cabello estaba recogido en una corta coleta en un peinado hacia atrás. La presencia de la Kwami, como era de esperarse, no le sorprendió en lo absoluto. Había estado viviendo sus más tiernos años en ese lugar y no era ningún secreto que la magia era algo que los caracterizaba de sobremanera.

—¡Mucho tiempo! Recuerdo que la última vez que te vi eras un pequeño de diez años. Has crecido muchísimo — mencionó revoloteando alrededor de él.

—Te lo agradezco mucho — comento entrando aún más a la habitación llegando hacia el centro. — ¿Tu portadora no esta contigo? — preguntó al ver la habitación, supuestamente vacía.

El pánico en ella se incrementó y su rostro se calentó tratando de hundirse lo más posible en la tina.

—Esta tomando una ducha. — dijo Tikki sin tapujos haciendo que Marinette chillara escandalizada desde donde estaba.

—¡Tikki! — gritó Marinette sumamente apenada de que su Kwami la hubiera puesto en evidencia.

El joven de rasgos asiáticos alzó las cejas con sorpresa y no hizo más preguntas. Ni siquiera lucía incómodo tras eso, tan solo asintió hacia la criatura y dejó la ropa que usaría la chica a un lado de las sábanas dobladas.

—Pues en cuanto termine, dile que se vista y que vaya al salón central. El maestro Shen, la está esperando para comenzar con el entrenamiento.

—Se lo diré, Zarif. ¡Muchas gracias!

El joven choco su puño con su palma dando una corta reverencia antes de retirarse. Solo cuando Marinette sintió la puerta corrediza cerrarse de nuevo, pudo respirar en paz.

—Eso estuvo cerca — dijo con voz ahogada la chica sintiendo su rostro calentarse — ¡Fue tan vergonzoso! — chilló hundiendo su cara hasta la mitad del agua.

—Tranquilízate, Marinette. Zarif es educado y amable. Parece frío a simple vista, pero te aseguro que es un chico digno de confianza. — dijo la pequeña Kwami aún ante la vergüenza de su portadora — ha servido al templo desde que tenía cuatro años. Es hijo de uno de los antiguos guardianes que ha entrenado en el templo. Podrían ser incluso buenos amigos.

Marinette bufó con fuerza sin poder creerle, pues desde que puso un pie en el templo, pudo notar que todos aquí parecían ser severamente estrictos. No creía poder entablar amistades como en parís, aquí en China las cosas eran distintas. Y no había dejado su hermosa ciudad para relacionarse con nadie, había venido a entrenar y aprender sobre los miraculous, ese era su objetivo.

Suspiró y continuó con su baño en calma. Tomaría tiempo en acostumbrarse a esto, pero sin duda lograría adaptarse para encajar y probarle de una vez a ese monje gruñón que el maestro Fú no se había equivocado con su elección.

Una vez que terminó de asearse, fue hasta donde había sido su cama para observar como esta era ahora una montaña de edredones y mantas, y junto a ella estaban unas prendas que asumía, era el uniforme del templo, perfectamente dobladas a un lado de lo que fue su lecho.

Desdobló con cuidado las prendas y comenzó a vestirse con dificultad. La ropa le quedaba algo grande, pero era cómoda y ligera, aunque si tuviera aquí su equipo de costura, lo hubiera arreglado un poco para que fuera de su talla.

Miró su reflejo en un espejo mediano redondeado que estaba colgado en una de las paredes. Observó su cabello suelto y procedió a recogerlo en un chongo para que este no le estorbara mientras realizaba los entrenamientos. Estar aquí era sinónimo de trabajo duro. Estaba nerviosa, pero haría las cosas a su manera, y siempre dando lo mejor de sí, había peleado con Akumas y Sentimounstruos por más de un año y se hizo cargo de la caja de los miraculous sola, ella podía con esto.

Finalmente, salió de la habitación y comenzó a admirar el lugar desde afuera. Cuando llegó, no había tenido la oportunidad de mirar el templo en su totalidad. Era verdaderamente precioso. Y las montañas nevadas alrededor solo aumentaban su esplendor.

El templo incluía techos azules oscuros y paredes exteriores verdes oscuras. Uno de los edificios centrales del templo tenía recortes de color rojo, púas en forma de llamas de color amarillo verdoso en las esquinas del techo, una espiga recta de color amarillo verdoso en la parte superior del techo y dos dragones que rodeaban la punta central en el techo.

Su Kwami la guió hasta donde era el salón central.

Dos guardias estaban a cada lado de la puerta, con dos lanzas antiguas en una mano y abriéndole la puerta con cierta indiferencia.

Marinette tragó saliva mientras ingresaba al lugar, estaba nerviosa por presentarse ante el guardián nuevamente. No habían tenido el mejor comienzo que digamos, y si quería llegar a aspirar la confianza del maestro Shen, debía mantener la calma y obedecer a sus órdenes.

El maestro estaba parado frente a una gran estatua de piedra con la forma de un dragón. Tenía adornos de jade y un material brillante rodeándolo junto con algunas velas encendidas. Parecía que estaba haciendo una especie de oración.

—Em... yo... disculpe... — el maestro la interrumpió murmurando.

—Se enferman de calma, quienes conocen la tormenta.

Marinette parpadeó sorprendida y extrañada. Ese tipo de frases solo eran usadas por el maestro Fú. Un golpe de nostalgia la golpeó, pero al mismo tiempo, seguía sin poder descifrar aquellas palabras.

—¿Eh? ¿eso que quiere decir?

—Paciencia y silencio, por favor.

Marinette cerró la boca y se puso rígida esperando a que el anciano terminase lo que estaba haciendo. Aprovechó para mirar la habitación y distraerse del silencio. No todos los días tenías la oportunidad de conocer templos antiguos y sus estructuras. Debía admitir qué era como dar un salto en el tiempo.

Cuando se escuchó un carraspeo, Marinette dejo de admirar el lugar y se mantuvo firme ante el hombre.

—De acuerdo, señorita. Creo que ayer dejamos inconclusa una conversación... — comenzó diciendo una vez se dio la vuelta para mirarla — quiero pensar que desde ahora usted se empeñará en obedecer mis órdenes y las de sus futuros maestros.

—Yo... yo... haré lo que pueda, señor.

El maestro levantó un dedo en su dirección de manera brusca.

—Primera orden. Los alumnos se dirigirán a sus tutores como 'maestros'.

—¡S-Sí, señ-... digo, maestro!

—Muy bien. Lo segundo que debes aprender, son las reglas de los guardianes. — le entregó en sus manos una pequeña libreta café que Marinette tomó con curiosidad — es esencial que memorices todas y cada una de las reglas a cerca de los miraculous. Será tu primera prueba y no debes cometer ningún error. Ya has roto un par de reglas, pero las dejaré pasar por tu desconocimiento sobre las reglas en primer lugar.

—Entiendo.

El maestro de la nada caminó alrededor de ella y la miró con seriedad antes de suspirar.

—Y por último. Quizás no tengas conocimiento sobre esta información, pero a lo largo de los años, ningún guardián ha tenido en sus manos la posesión de un miraculous. Es una violación a las reglas que han estado presentes durante siglos — dijo muy seriamente — Así que me veré en la obligación de pedirte que entregues el prodigio de la Catarina en tu estancia aquí.

—¡¿Qué?! — su voz salió con un tinte de pánico. Y protegió sus oídos con las manos al escuchar las palabras del maestro Shen.

—No quiero que armes ningún alboroto, ni te niegues a entregar el prodigio. Un guardián de miraculous, no puede ser poseedor de uno. Así que entrégalo — terminó diciendo dando un paso hacia el frente mientras estiraba su mano.

A medida que se acercaba, Marinette retrocedía más, así que hizo un gesto con su mano y dos guardias salieron de entre las sombras y la sujetaron fuertemente de sus brazos inmovilizándola.

—¡No! ¡Espere! ¡Tikki! — se removió inquieta tratando desesperadamente de soltarse de los guardias. El maestro Shen se acercó a ella y la despojó de sus pendientes, haciendo que Tikki desapareciera mientras que el anciano caminaba hacia una de las repisas de madera y colocaba los pendientes en un compartimento especial.

—¡Espere! ¡Por favor!

—Podrás recuperarlos al final de tu entrenamiento — comentó al ver a la chica arrodillarse mientras comenzaba a sollozar — cuando puedas probar que eres digna de cuidar la caja de los prodigios de manos equivocadas. — esto lo dijo con un pequeño siseo al final — se me ha sido informado que Fú, perdió dos miraculous en nuestra ausencia. El de la mariposa y el pavo real.

Marinette se mordió su labio inferior mientras reprimía un sollozo.

El hombre mayor le dio una mirada dura antes de respirar hondamente.

—Esta de más decir que necesitamos recuperar esos miraculous con urgencia. Por lo que pude escuchar, en París, algún irresponsable los está usando para propósitos malvados, y los miraculous no son para hacer el mal.

Su bastón golpeó el suelo haciéndola encogerse en su sitio.

—Dicho esto. Si quieres recuperar el miraculous de la catarina, necesitas entrenar duro y tener la voluntad y fuerza mental para proteger la más valiosa de las cajas. Cometí un error hace años al confiar en Fú — dijo de manera deprimente cerrando sus ojos — no me hagas arrepentirme de haber confiado en ti.

Marinette lo miró con muchas emociones mezcladas, entre ellas, la tristeza de haber perdido a Tikki. Sabía que ella estaría bien y que el maestro Shen, mantendría su miraculous a salvo, pero ahora estaba sola. Solo podía confiar en ella misma.

Los guardias la soltaron e hicieron una reverencia hacia el maestro Shen para volver a sus posiciones. Dejando a Marinette arrodillada sin fuerzas o ánimos de levantarse.

Se retiró con sus manos las lágrimas que escaparon de sus ojos tratando de calmarse. Hasta que vio una mano extendida frente a ella.

El maestro Shen era muchas cosas. Sabio, estricto, serio y algunas veces un poco cascarrabias, pero no era una mala persona. Ver a una niña llorar, no era algo con lo que a menudo tenía que lidiar en todos sus años viviendo en el Templo, pero sin duda era una sensación nada agradable. Además, la chica había tenido que dejar su hogar y a su familia para venir a un mundo totalmente desconocido, era mucha presión para una chica tan joven, y según los informes de sus sirvientes, la joven había sido una Ladybug completamente eficaz y valiente. Nunca lo admitiría en voz alta pero, esta chica a pesar de su corta edad, era alguien sorprendente.

Una vez la ayudó a levantarse, carraspeó algo incómodo y se volvió para mirar la gigantesca estatua.

—Como Tikki mencionó la vez anterior, tus hazañas como Ladybug fueron bastante impresionantes. Quizás Fú te ha entrenado bien después de todo, aunque hayan roto muchas reglas — espetó duramente. — pero... si me lo preguntas. Con algo más de entrenamiento e información, calculo que no te tomará mucho tiempo recuperar tu miraculous. — dijo sin voltearse a mirarla.

La chica lo miró con una tenue sonrisa estando un poco más aliviada.

—Muchas gracias, maestro Shen.

—Que mis palabras no aplaquen la ambición y el deseo de querer superarte, nunca hay que ser conformistas, y menos con una responsabilidad tan grande, ten siempre presente eso, jovencita.

—Sí, maestro.

—Bien... ya que terminamos esta conversación, creo que deberíamos...

Una especie de pitido hizo eco por toda la habitación, alertando al maestro y a Marinette.

—¿Que es ese extraño ruido? — preguntó el anciano mirando para todos lados alerta ante ese curioso sonido.

—Oh... es mi celular, maestro. — respondió sacándolo de entre sus ropajes y extendiéndolo hacia él.

—¿Te refieres a esa cosa rectangular brillante que tienes en tu mano? — señaló entrecerrando los ojos mirándolo con recelo.

—Sí. Es para comunicarme con otras personas a distancia. — explicó.

—¿No necesitas palomas mensajeras para eso? — preguntó sorprendido mirando con algo de extrañeza al artilugio.

Marinette rió nerviosamente antes de contestar, mirando de reojo hacia el guardián. Sin duda sería muy problemático que en estos momentos le explicara al anciano lo que era un celular.

—Sólo espéreme un momento, por favor.

—Permiso concedido. Adelante. — dijo colocando sus manos apoyadas en su bastón hacia adelante, esperando que la chica hiciera lo que tenía que hacer.

¿Ni hao? ¿Marinette, estas bien?

—¿¡T-Tío Cheng!? S-Sí, estoy muy bien, yo... me alegra que llamaras, estuve a punto de hacerlo, pero...

Me tenías preocupado, Fei y yo buscarte en la estación ayer, pero no encontrarte por ningún lado — Marinette se sintió muy mal por haber tenido que preocupar a su tío nuevamente como aquella vez, pero tuvo tantas cosas que digerir, que había olvidado por completo que debía presentarse en su casa, no supo que hacer.

—Lo lamento mucho tío, yo... — miró al maestro Shen que no había realizado ninguna expresión facial hasta el momento — te lo explicaré al llegar allá. Hay algo que debes saber y siento que es muy importante como para explicártelo por teléfono — dijo seriamente — llegaré tan pronto como pueda. Sólo espérenme.

Entendido, Marinette. Te esperaremos.

Cuando terminó de colgar la llamada. Miró a su maestro y lo miró con algo de duda y súplica.

—Maestro. Necesito pedirle un último favor.


—¡Jiě-jiě! — Fei saltó de su lugar para abrazar a Marinette una vez se encontró en la casa de Wang Cheng, sana y salva. Había estado tan contenta de saber que su jíějiě se vendría a vivir con ella y Wang Cheng, pero se preocupó mucho al no localizarla por ningún lado en la estación. Incluso llegó a pensar que le habían robado sus cosas como ella lo hizo una vez y que por eso no había podido comunicarse. Sin embargo, se alivio cuando su Dàshū recibió una llamada informando que estaría allí en unas pocas horas.

—¡Me preocupó mucho que no te encontráramos en la estación! ¿Estás bien? ¿Te robaron algo? — preguntó separándola de su abrazo para mirarla de arriba abajo haciendo que Marinette la tranquilizara tomándola de los hombros.

—Estoy bien, Fei. En serio.

La chica sonrió más calmada y su ceño se frunció al ver que detrás de su jiějiě estaba un extraño hombre vestido de monje y que traía un bastón de escorpión.

—¿Quién es él? — preguntó agresivamente plantándose frente a él con desconfianza en caso de que se atreviera a dañar a Marinette o a su tío Wang.

—Tranquila, Fei — se apresuró a decir Marinette — él es...

—Liú Shen. Miembro de la orden del Templo de los guardianes del Tíbet.

—¿Tíbet? ¿Guardianes? — preguntó Fei confusa mirando hacia Marinette.

—Preferí hablar con ustedes con él presente, para una mejor explicación.

Su tío Wang los recibió y los hizo sentarse en la mesa mientras que el maestro Shen comenzaba a hablar. Se revelaron muchas cosas, y pese a la sorpresa de su tío y Fei, ambos la miraron con comprensión, sobre todo Fei.

Acordaron guardar el secreto y permitir que Marinette se instalara en el Templo en lugar de la casa de su tío, con la condición de poder visitarlos cada cierto tiempo en caso de que sus padres llamaran. Fue muy duro tener que separarse de su tío y Fei también, porque ellos eran su única familia ahí en China, sin embargo se quedaba con el consuelo de que podría verlos aunque fuera por poco tiempo, más que nada a Fei, porque según su tío, la beca que le habían ofrecido, era de la misma escuela en la que había inscrito a Fei.

Estudiaría con ella y pasarían el mayor tiempo posible juntas, ya que su entrenamiento comenzaría a acaparar todo su tiempo libre. Sin olvidar que necesitaría tomar clases de Chino con el maestro Shen para poder comunicarse con facilidad con otros guardianes.

Tenía tanto por hacer.


Boulangerie Dupain-Cheng

La campanilla del umbral sonó indicando la llegada de un nuevo cliente. El matrimonio sonrió y levantó la vista para darle la bienvenida al nuevo cliente, cuando se toparon con todo el salón de clases de su hija aguardando en la puerta, incluido Adrien Agreste. Todos con expresiones tristes y desesperadas, Alya se arrojó hacia el mostrador y con la voz ronca casi suplicó.

—¡Sr. Y Sra. Dupain! Queremos una razón sobre Marinette — ante la mención de su hija, la expresión del matrimonio decayó. Sabine se acercó hacia Alya y la miró esperando que comprendiera.

—Alya, querida. Sabemos que estas triste por la partida de Marinette, pero...

—¡Todos lo estamos! Merecemos saber porque decidió irse de nuestra escuela — intervino Nino rodeando los hombros de su novia — ¿Hicimos algo mal? ¿Se cambió por nuestra culpa?

Tom tocó la nuca con pesar soltando un suspiro.

—No, hijo. Ustedes no fueron los que la orillaron a tomar esa decisión.

—Entonces ¿por qué...?

—Aunque quisiéramos, no podríamos decírselos.

—¡Por favor! E-Ella es mi mejor amiga. ¡Necesito contactarla! ¡Quiero al menos entender por qué tomó esa decisión tan precipitada, por favor!

La situación era hasta cierto punto lamentable. Todos sabían que de entre todos los que estaban ahí, Alya era la más allegada a Marinette, así que era lógico que sufriera más por su partida.

—Tom — llamó Sabine entregándole al panadero un sobre para que se los de a los chicos. El hombre de alta estatura lo tomó y la miró con agradecimiento antes de voltear a ver a los adolescentes con una leve sonrisa.

—Marinette sabía muy bien que esto pasaría. Y aunque nos rogó que mantuviéramos el secreto de su ubicación actual, supongo que por dentro, ella también esperaba que ustedes la buscarían. Dejó esto para ustedes. — dijo entregándole la carta a Nino, que era quién más cerca estaba de ellos. — ella los apreciaba mucho, y esas palabras lo confirman. Sé que deben estar algo enojados por la decisión que tomó nuestra hija, pero no nos atrevimos a contradecirla o evitar que pudiera cumplir sus metas. Es todo lo que podemos compartir con ustedes.

Se despidieron del matrimonio y salieron de la panadería con el corazón encogido en un puño. Ya tenían una pista, no muy clara, pero al menos era algo. Así que decidieron ir al parque cercano a la panadería para comenzar a leer la carta de su antigua compañera.

"Hola a todos, realmente no sé cómo comenzar...

Sé que todos deben estar muy confundidos y quizás hasta molestos. Y lo entiendo, después de todo no tuve la oportunidad de despedirme de ninguno de ustedes, pero creí que al hacerlo, la partida sólo sería más dolorosa, lo sé... fui una cobarde. Entenderé si después de esta carta no quieren volver a saber nada de mi, pero si alguno de ustedes esta dispuesto a perdonarme, les daré un consejo que alguien me dio hace poco y que compartiré con ustedes.

'Experimentar la pérdida es parte de la vida. Algunos pierden la armonía en sus relaciones, otros la esperanza, algunos la paciencia, y otros no tienen nada que perder'

Sigan adelante sin mí... por ahora.

Cumplan sus metas y sueños y no dejen que nadie se interponga entre ellos, son más fuertes de lo que piensan y no necesitan una capa o un antifaz para demostrarlo.

Esto no es un adiós, es un hasta luego".

Cuando terminaron de leerla, ninguno fue capaz de pronunciar palabra.

Todos estaban con la misma expresión. Fue Alya la primera que habló, todos se sorprendieron al verla llorar bajo sus gafas, sus lágrimas recorrían sus redondas mejillas hasta su barbilla, y sollozaba un poco.

—Alya... — dijo Nino tratando de calmarla con un abrazo, pero ella fue más rápida y lo paró mirándola con un brillo extraño en los ojos.

—Marinette se fue por alguna razón válida. La conozco, ella nunca hace este tipo de cosas porque sí. — estuvo en silencio unos instantes, como si estuviera pensativa y luego continuó hablando — Y sé que si ella nos dejó esta carta, fue para hacernos saber que no nos había olvidado. — comentó Alya muy segura — Marinette siempre fue muy fácil de leer, pero a veces era difícil comprender con exactitud lo que pasaba por su cabeza — sonrió levemente. —Ella volverá — aseguró mirándolos a todos contener el aliento. Como si no creyeran lo que estaba diciendo — Lo hará. Y cuando lo haga, habremos hecho todo lo que dice la carta — dobló la hoja de papel y la apegó a su pecho — no sé porque razón decidió irse a otra escuela y dejarnos atrás, solo sé que para Marinette, esto debió ser igual de difícil, y no sé que harán ustedes, pero yo continuaré estudiando, me convertiré en una asombrosa reportera y la esperaré con los brazos cruzados y mi mano lista para darle una cachetada por haberse ido por medio de una carta — esta vez los demás no se molestaron en ocultar su sonrisa de diversión mientras la miraban esconder la carta bajo su abrigo.

—Tengo fe en que ella sabrá lo que hace, cambió mucho desde la última vez que nos conocimos y a madurado — habló recordando a la tímida y temerosa chica que se volvió su amiga el primer día de clases. — después de todo... ella es nuestra Ladybug de todos los días — sonrió mirando hacia Adrien, quién solo le devolvió una sutil sonrisa de complicidad.

El rubio solo asintió con complicidad y miro a todos los chicos animarse un poco más ante las palabras de la futura reportera.

—Tienes razón, nena — dijo Nino abrazando a su chica por los hombros — a Marinette no le hubiese gustado que lloremos por su partida. Ella fue la que nos motivo a todos para ser mejores personas de las que somos ahora, ella nunca nos abandonó y esa carta lo prueba. Debemos hacerle saber que todos la esperaremos con los brazos abiertos.

—Marinette nos dio tantas alegrías y buenos recuerdos — suspiró Rose — esté, donde esté, sé que le irá muy bien. Es una chica increíble y de lo más dulce.

—¡Cuando la vuelva a ver la derrotaré finalmente en los videojuegos — prometió Max haciendo sonreír a todos.

—¡Yo me convertiré en la próxima alcaldesa de París! — dijo Mylén junto a Iván abrazándolo. — Marinette siempre me dio ánimos, y si no hubiera sido por ella, jamás hubiera intentado decir mi sueño en voz alta. Ahora estoy decidida a llevarlo a cabo.

—¡Seré una compositora de canciones de rock! — dijo Rose alzando sus brazos tan animada como los demás.

—... — murmuró Juleka haciendo que todos tuvieran dificultades para entenderle. Pero no cabía la menor duda de que la chica aspiraba a ser modelo algún día, y todos la apoyaban.

—¡Todos cumpliremos nuestros sueños, chicos! Marinette no sabrá lo que la golpeó al vernos a todos convertirnos en lo que alguna vez soñamos! — animó Alya estirando su puño hacia el centro. Nino hizo lo mismo y pronto todos se aglomeraron para colocar sus manos y hacer un pacto de amigos en el cual prometían esperar a su amiga. Incluyendo Adrien, quién sonreía más tranquilo de ver que todos sus superaron la partida de Marinette juntos, y eso fue suficiente para levantar su ánimo.

Después de eso, todos partieron a sus casas más tranquilos. Sin notar a otra presencia que desapareció tan pronto como ellos lo hicieron.


Mansión Agreste

Ya en su casa, Adrien se preparó para irse a la cama. Después de que Nathalie le dictara su horario y le diera las buenas noches en un ataque muy fuerte de tos, que se fue tan pronto como apareció, preocupando un poco al chico.

Pensó en el pacto con sus amigos de hoy y se emocionó a la idea de que Marinette regresara junto a ellos, con sus amigos.

Amigos.

Por alguna razón, seguía con ese sentimiento amargo ante aquella palabra, y no podía sentirse más extraño por eso. Se suponía que debía estar más que feliz por ser alguien tan importante en la vida de Marinette como sus demás compañeros, el título de amigo era más de lo que podía pedir, pues aunque ahora sabía cuales habían sido los sentimientos de su compañera, lo cual lo sorprendió, al mismo tiempo que se sintió profundamente halagado y algo emocionado de que le gustara a una chica como Marinette, pues si lo pensaba bien, no habían tenido la mejor relación al inicio.

Solo lamentaba no haber podido despedirse de ella correctamente y hablar sobre lo que sentía. Extrañaría a la dulce y talentosa chica de coletas que siempre estaba detrás de él en las clases.

Miró el paraguas que estaba recargado en una de las paredes a un lado de su cama u lo tomó para verlo con más detenimiento. Y algo de repente hizo clic en su cabeza, fue como si un rayo le hubiera dado en el cráneo y le hicieran ver la cruda realidad.

El día de ayer… después de los acontecimientos de Miracle Queen, Marinette le había regresado su paraguas. Ese mismo que le había dado al inicio de clases para que se protegiera de la lluvia. Todo comenzó a formar sentido y pronto sus piernas se vieron debilitadas para pasar a sentarse de golpe en su cama mirando con horror el negro paraguas.

Ahora lo entendía.

Tragó saliva dificultosamente mientras sentía un vacío propagarse por dentro. Marinette no solo le había de vuelto su paraguas, sin saberlo, también se había rendido con respecto a sus sentimientos por él. Inconscientemente su mano viajó a tocar el puente de su nariz consternado. Quizás si hubiera prestado más atención, y no hubiera dejado que su amor ciego por Ladybug le impidieran ver lo maravillosa que era Marinette, solo tal vez, hubiera podido evitar esa horrible sensación en él. Una que le costo asimilar y que ya era tarde para cambiar.

Ahora le tocaba asumir el peso de sus malas acciones y sus decisiones apresuradas. Como su relación con Kagami, la cual en su desesperación por olvidarse de Ladybug, lo había obligado a darse así mismo una oportunidad de avanzar y cruzar esa línea imposible entre su compañera de batallas y él.

Su vida era demasiado complicada y parecía que se enredó más en cuanto se dio cuenta que lo que sentía por su compañera de clases era algo especial y único, algo mucho más grande que lo que sentía por Ladybug o Kagami.

Su cuerpo terminó por ceder y cayó hacia atrás mirando hacia el techo abrazando el paraguas entre sus brazos. Mientras más pensaba en su compañera, más deplorable se sentía. Tenía tantas ganas de desahogarse, y si tuviera su poder especial, ya habría intentado invocarlo para destruir algo. Esto era tan injusto.

Ni siquiera podía hablar con su padre al respecto, de como se sentía.


El aclamado y frío diseñador de modas observaba desde su estudio varias fotografías de él y su esposa, donde algunas aparecía su hijo Adrien y en otras algunas fotos que su hijo le pasaba de sus amigos y de sus compañeros de esgrima. Estaba muy concentrado buscando una imagen en específico, de las tantas que tenía.

Su concentración fue interrumpida por su asistente, quien entró sin permiso como era de costumbre y llegó hacia él con intenciones de mostrarle algo desde su tableta electrónica.

—Señor, ha llegado un mensaje de Lila Rossi — mencionó su asistente con una mirada seria sosteniendo la tablet frente a su jefe que mostraba los mensajes que le habían mandado la italiana.

—¿Ha descubierto lo que le pedí?

—Su informe menciona que madmoiselle Marinette Dupain-Cheng se encuentra en Shanghái, bajo el cuidado de su tutor temporal, su tío Wang Cheng. La señorita Rossi consiguió obtener las cartas que su familia le enviaba a la señorita Cheng, todas contienen la misma estampilla.

El diseñador no despegó la vista de la pantalla frente a él.

—China, ¿eh? Interesante — pasó su mano por su barbilla pensativo mientras pasaba su mano por la pantalla, había encontrado la imagen que buscaba, miró distraídamente las fotos de la niña de coletas, una foto tomada en la escuela Françoise Dupont con todos los compañeros de la clase de Adrien. Sus dedos se deslizaron una vez más por la pantalla, y apareció la foto de la heroína moteada, su ojo crítico le hizo agrandar la imagen de esta, solo para notar con sorpresa lo parecidos que eran los aretes de la chica y los de la heroína.

De pronto, fue como si un bloque de concreto lo hubiera golpeado, y con algo de prisa juntó las imágenes de la chica y la heroína y todo se reveló ante él.

—Por supuesto. — murmuró casi perdiendo el aliento — ¿Cómo no me di cuenta antes? — reflexionó en tono neutral ante las fotografías — Es lista, creativa, audaz y jamás a sido Akumatizada ni una sola vez. — enumeró — Quién lo diría, Marinette Dupain Cheng — sonrió con ironía — tú eres la persona que me ha dado tantos dolores de cabeza al querer alcanzar mi objetivo.

—¿Qué piensa hacer, señor?

El diseñador no respondió y en cambio miró la fotografía a la vez que sus dedos se deslizaron por los aretes en la pantalla.

—Por ahora lo mejor será que te tomes un descanso, Nathalie. El doctor dijo que debes guardar reposo, y ya no requiero de tu ayuda por el momento, así que te recomendaría que te fueras a dormir ya. Nos veremos en la mañana.

—Sí, señor. Con permiso — dijo y se retiró a paso lento, mirando por el hombro a su jefe que estaba de lo más distraído pensando en sus propios propósitos.

—Has escapado de mis garras esta vez. Pero ahora que sé cuál es tu propósito, juro que te esperaré con el más puro deseo de destruirte, porque no importa cuantas veces me hayas derrotado en el pasado, el futuro es un misterio, y nunca sabes lo que pueda esperarte al volver.

No era un pensamiento, era una promesa. Ahora que conocía la identidad de su enemiga, jugaría sus cartas con cuidado con ayuda de su asistente y de esa joven que odiaba a Ladybug. Incluso tenía a la resentida Chloe Bourgeois de su parte, puede que hubiera fallado en la ultima misión, pero era tan egocéntrica y egoísta, que no dudaría en darle aliados poderosos con el pasar del tiempo.

—Esperaré tu regreso gustoso, Ladybug.

Sería mucho más divertido quitarle los miraculous, a una niña que tiene la fantasía de creer derrotarlo.


No, no me he olvidado de esta historia.

De ninguna en realidad. Solo he andado algo ocupada, espero lo entiendan ;)

Una vez más, los problemas se avecinan, ya que nuestro querido villano, conoce la identidad de nuestra heroína, sin embargo, ella esta fuera de su alcance, ¿buena o mala noticia?

¿Veremos a Marinette teniendo problemas con su entrenamiento? ¿Conoceremos más personajes? ¿Veremos a nuestro querido salón akuma tener problemas con la partida de Marinette?

Sólo leyendo esta historia, lo podrán averiguar.