¿No te gustaría saber cómo podría terminar?
Capítulo 4: Desde cero
Hao Asakura se creía un ganador.
Sus planes estaban rindiendo frutos y creía que era un enorme mérito lograrlo en tiempo récord, pues ni siquiera se completaba una semana desde que Anna había llegado a su vida. Estaba avanzando, poco a poco y de una forma más que sutil si lo ponía en comparación con el resto de sus conquistas, sin embargo, algo le decía que tenía que ir con precaución. No podía acorralarla contra la pared, mirarla con intensidad y dedicarle su más seductora sonrisa; no, no aún. No podía tocar más de lo normal su brazo, o su cintura, o posar la palma de su mano sobre su rodilla; no, no aún. Y tampoco podía soltar alguna indirecta sobre reunirse en los desolados pasillos del último piso del edificio "D"; no, no aún.
Kyoyama no era como las demás y podía verlo en su mirada.
Lo supo desde el primer instante en que la observó y reflexionó que llevarla a la cama sería el más grande éxito de su vida preparatoriana. Seducir a Meene Montgomery fue pan comido, incluso si en aquel entonces ella iba en último grado y él era de nuevo ingreso. Tampoco tuvo problema con quedarse con la virginidad de Rutherfor, a pesar de que era sumamente tímida y no estuvo más allá de unas cuantas semanas en el curso. Y también sucedió con Marion Phauna, la chica que, hasta la llegada de Anna, representó el más excitante de los retos y cuyos encuentros íntimos eran tan satisfactorios que se repitieron en más de una ocasión. Pero Anna… Anna sería la más deliciosa victoria. Sería como meter gol en el último minuto del partido más tenso y emocionante de la historia. Si alcanzaba su meta, básicamente estaba entrenado para tener sexo con cualquier chica.
Planeaba invitarla a cenar a su habitación y charlar en el balcón. Hacerla sentir segura y confiada a su lado era prioritario, así como también demostrarle que era el mejor de los prospectos. Lo que no esperó es que al llegar a casa las luces estuvieran, y sin duda, Hao se sintió alterado cuando alzó la voz y nadie respondió. Ni siquiera Yoh.
Eso no le agradó, para nada.
Recorrió la planta baja con cautela, como una pantera tanteando territorio desconocido. No existía explicación lógica que pudiera darle respuesta, al menos no con ella. Entendía que su gemelo podría estar holgazaneando por ahí con sus amigos, pero la rubia era nueva en Tokio y no conocía a nadie. Solo a él. Y a Yoh.
Pensar lo último provocó un fruncir marcado y un mohín en sus labios. No quería hacerse ideas, sin embargo, al subir las escaleras hacia el primer piso, creyó que apenas abriera la puerta de la habitación los encontraría unidos en un acto que debía corresponder de manera exclusiva a él, ¡a Hao!... y a Anna. La frustración y ansiedad fueron evidentes conforme avanzaba. No podía suceder. Yoh no podía robarle la experiencia sexual con su invitada. No quería vivir semejante humillación. Su hermano menor no podía tener ventaja con ella; no había manera, no tenía sus dotes de seducción ni su elocuencia. ¡No podía estar ocurriendo!
Oh.
Y no ocurría, en realidad.
Cada una de las habitaciones estaba vacía. Ninguno de ellos estaba en la residencia y eso podía significar una cosa: estaban juntos, afuera, en quién sabe dónde.
Hao Asakura no supo si aliviarse o tensarse, y soltando un suspiro cargado de estrés, sacó su teléfono y marcó el número de su hermano. La fotografía de un sonriente Yoh apareció mientras el celular emitía el tono de llamada, no obstante, no importó cuanto dejara el aparato sonando ni cuántas veces oprimía el botón de llamar, jamás hubo respuesta.
—¿¡Dónde demonios estás, Yoh!? —Preguntó al aire, como si un fantasma fuese a responderle.
La idea de trepar la reja fue descartada al instante, no solo porque el hecho de cargarla lo incomodaba ante la falta de confianza, sino porque su falda era bastante corta y sujetarla significaba tocar piel prohibida. Además, ella podría lastimarse al caer del otro lado y él se quedaría sin un apoyo que le ayudase a trepar. Claro que Anna lo miró fulminante apenas se negó, pero pareció suavizar los gestos cuando le propuso buscar la llave de repuesto.
Porque debía existir alguna.
Caminaron por los pasillos que aún mantenían la luz de la tarde. Su objetivo era llegar a la oficina directiva o al armario del conserje, esperando que de casualidad pudiesen encontrar la copia de la llave del acceso principal. Sería imprudente que no existiera, sobretodo porque hablaría de la terrible seguridad de la escuela. O eso pensaba Anna, en un intento de conservar la esperanza y poder salir de ahí. No quería pasar la noche entera en las instalaciones escolares; tenía que estudiar, hacer tareas de recuperación y comenzar los proyectos de fin de curso. Y en un sentir más vanidoso, se negaba rotundamente a aparecer al día siguiente con la misma apariencia del día anterior. Necesitaba cepillar su cabello, sus dientes y llevar el uniforme prolijo.
Yoh, por el contrario, lucía bastante tranquilo ante la situación y eso estaba sacándola de quicio. ¿Cómo era capaz de sonreír estando en medio de un problema? No lo entendía. Ella podía estar maquinando mil planes para salir de ahí, sin embargo, su ex prometido se limitó a rascarse la nuca y a soltar una risita boba cuando descubrieron que el despacho directivo también estaba bloqueado.
—Aún podemos buscar el armario del conserje —Propuso, sin obtener respuesta.
Kyoyama hubo suspirado y dado media vuelta para ir hacia esa nueva ubicación, pero se detuvo a los pocos segundos porque cayó en cuenta de que no sabía dónde era. Hao le dio un recorrido durante el almuerzo y aunque recordaba cómo llegar a sitios básicos como la cafetería, la biblioteca, los sanitarios y los salones de sus asignaturas, dar con un closet cualquiera era otro asunto. Dependía de Yoh y detestaba ese sentimiento.
Tal vez, bajo otro panorama, no estaría tan molesta ni tan tensa. Tristemente aceptaba y se resignaba a la idea de que ahora eran simples desconocidos; sería cordial con él en la medida que su humor se lo permitiera, pero de la amabilidad política a permitirse guiar como si el lazo que solía unirlos aún existiese, jamás. Él había perdido su oportunidad y conocería la faceta más cruda de su personalidad.
—Muévete —Le ordenó, esperándole en el pasillo que ya comenzaba a oscurecer—. No quiero quedarme a dormir aquí.
—Yo tampoco —Coincidió el castaño con un gesto más serio, mismo que no duró por mucho tiempo porque enseguida llevó sus manos a sus brazos para frotarlos. En su rostro ahora se visualizaba una mueca afligida—. ¡Comienza a hacer frio!
—Entonces muévete —Insistió, dándole la espalda.
El silencio regresó durante su recorrido. Yoh no sabía cómo relacionarse con la rubia y Anna no tenía interés en hacerlo. Su orgullo jugaba un papel importante en ese momento y no veía motivos para bajar la guardia. Si ya no existía su compromiso, ¿para qué esforzarse con hacerlo funcionar? Era innecesario y estaba convencida de no agotar sus energías en algo que no tenía futuro.
Futuro que había esperado pacientemente.
El armario del conserje se encontró en la planta baja, unos metros antes de la salida hacia el área deportiva. Para la buena suerte de ambos, esa puerta no estaba cerrada con llave así que Yoh pudo abrirla. Él se adentró en el cuarto oscuro, chocando con un par de cubetas y tirando un par de escobas, cosa que no pasó desapercibida para Anna. Su frunce marcado acompañado de su mano cubriendo parcialmente su rostro eran claros indicativos de que la paciencia estaba alcanzando su límite.
—¿La encontraste?
—Estoy buscando aún.
—¡Eres muy lento!
Anna comenzó a zapatear con su pie derecho, ejerciendo mayor presión en el menor de los Asakura. Pese a ello, Yoh se limitó a soltar una nueva risa despreocupada y al cabo de unos minutos más, salió del armario con gesto preocupado. Anna le recibió cruzada de brazos, previendo las malas noticias con el simple análisis a sus gestos.
—No hallé nada… —Musitó cauteloso.
—¡Dijiste que había una llave de repuesto! —Exclamó Kyoyama, dando un paso hacia él.
— ¡Pensé que había una! —Yoh llevó sus manos extendidas hacia la altura de su pecho, como si se preparara para protegerse—. ¡Te lo juro, Anna! Pensé que realmente habría un repuesto que pudiéramos usar.
—¿¡Y ahora qué!? ¡No quiero pasar la noche aquí!
—¡Yo tampoco pero…!
—¿¡Pero!?
—¡Pero no hay otra alternativa!
En ese momento Yoh agradeció a sus rápidos reflejos, pues Anna había reducido el espacio para sujetar una cubeta y lanzársela en la cara. Alcanzó a bloquear el ataque, y aunque entendía que otra vez estaba siendo "mala" con él, no podía molestarse. Desconocía el por qué ella también se encontró tan tarde en el instituto, sin embargo, ella habría logrado salir sin contratiempos de no haberse tomado la molestia de despertarlo. De alguna manera estaba metida en ese problema por su culpa y sentía la obligación de buscar una solución, o cuando menos, enmendarlo.
—¡Tranquila, Anna! —Le pidió con una sonrisa nerviosa mientras asomaba la cabeza de la barrera que había formado con sus manos—. ¡Vamos a estar bien!
Lo observó inquieta, con los labios apretados y el frunce todavía adornando su frente. No quería creerle; no, quería reclamarle y hacerle pagar por todos los problemas que estaba causándole desde que puso un pie en ese lugar. No obstante, su debilidad ante él todavía estaba ahí por mucho que quisiera hacerse la fuerte. Era esa mirada calma y esa sonrisa pícara, pero no en un sentido lascivo, sino desde la más pura inocencia de un niño travieso. Anna quería confrontarlo y lanzarle algo que le borrara el gesto, pero suspiró y se calmó al tiempo en que pensaba cuánto detestaba a Yoh Asakura.
A excepción de que esa no era la verdad absoluta.
—Está haciendo frio —Espetó, volviendo a cruzar sus brazos y desviando la mirada hacia un punto ciego.
— ¿Quieres un chocolate caliente?
La rutina nocturna de Ren Tao siempre era la misma.
Apenas llegaba a casa, su sirviente le daba la bienvenida y recibía su maletín escolar. Luego encontraría a su madre en la cocina experimentando con algunos ingredientes locales y al pasar por el corredor escucharía a su padre atendiendo llamadas desde su despacho. Suspiraría comprendiendo la importancia de cerrar tratos y crear nuevos negocios en vísperas de su regreso a su tierra natal. Después se cambiaría el uniforme, se pondría ropa deportiva y pasaría una hora entrenando en el gimnasio privado de su propia residencia. Probablemente por su mente aparecería el recuerdo de su hermana y sentiría nostalgia de las veces donde compartían un silencio agradable en las máquinas cardiovasculares. No lo diría en voz alta: la extrañaba, pero ahora era la mujer de Lee Pyron y formaban su propia familia en China. Finalmente, Ren tomaría un baño y se encerraría en su habitación para ponerse ropa cómoda, hacer sus deberes escolares y perder el tiempo navegando por internet o jugando algún videojuego online junto con Horo Horo.
Pero su rutina había cambiado ese día.
Apenas se encerró en su recámara y miró su teléfono celular, encontró alrededor de diez mensajes nuevos de Jeanne Maiden. Muchos de ellos eran emojis y stickers adorables, y aun si el mismo Tao no fuese un romántico empedernido, se encontró esbozando una suave sonrisa mientras sus mejillas adquirían un ligero tono rosado.
[ ¡Gracias por acompañarme hoy! ]
¿Cómo un simple mensaje podía causarle cosquilleos en el estómago? Era una sensación nueva que lo agobiaba pero también disfrutaba y solo en la privacidad de su habitación, se permitiría sacar a relucir las emociones que en lo absoluto compartiría con sus mejores amigos. Tenía una reputación que mantener y por nada del mundo demostraría la vulnerabilidad a la que solo Jeanne tenía acceso.
Ren estuvo por responder al SMS cuando llegó un nuevo mensaje:
[ ¿Todo está bien, cierto? Pasamos un día muy bonito pero te noté… distante. ¿Soy yo? ]
No era ella, para nada.
Borrando la curva en sus labios, el chino llamó a su nueva novia y ella no tardó en atender la llamada.
—Soy yo, ¿verdad? —Jeanne sonaba bastante preocupada.
—No eres tú —Repuso de inmediato con su seriedad típica, misma que contrastaba al rostro suavizado de momentos atrás—. Son asuntos personales.
—¿Hay algo que pueda hacer? No sé, tal vez… ¿escucharte?
La atención de la francesa lo tensó. Quería mantenerse frio pero era una tarea complicada teniendo a esa dulce vocecita al otro lado de la línea; podía imaginarla jugando con su largo cabello de forma nerviosa y ello le provocaba unas terribles ganas de abrazarla, protegerla y decirle que no debía temer por nada.
—¿Ren?
—No es nada, Jeanne.
—… ¿es porque me pareció muy adorable que te sonrojaras cuando nos tomamos la mano?
—¿Eh? ¡No!
—¿Es porque pensé que en invierno podríamos usar suéteres iguales?
—¡N-no!
—¿Es porque pensé es bastante linda la combinación de nuestros apellidos?
—¡No, Jeanne! ¡Es por Yoh!
—¿Yoh? ¿Tu amigo de los audífonos? —Eso pareció tranquilizarla, sonó más entusiasta—. ¡Cuéntame! Tal vez sí pueda ayudar, tengo una amiga que lo conoce. ¡Y también quiero conocerlo yo! Tus amigos ahora son los míos.
—No creo que puedas hacerlo —Intentó mantenerse tranquilo, no le parecía buena idea presentar a una chica tan educada como Jeanne a sus amigos, especialmente cuando uno de ellos tenía problemas con mantener la boca cerrada—. Porque el problema se centra en la chica nueva.
—¿Anna Kyoyama?
Se sorprendió.
—¿La conoces?
—¡Yo no! Pero todos hablan de ella y tengo una amiga que la ha visto muy de cerca, ¡y es la misma que conoce a Yoh! De hecho, va con ustedes en clases, ¿en serio no sabes quién es? Es muy linda, seguro la han visto —Jeanne adivinó la respuesta de su novio ante su prologando silencio—. Uh, bueno, ¡el punto es que puedo investigar cosas! Si quieres.
¿Qué tan prudente seria? Tao necesitó pensarlo con detenimiento y al mismo tiempo con suma rapidez. Tanto él como el resto de los chicos coincidían que la llegada de Anna era extraña y sin lógica alguna. No sabían absolutamente nada de ella y la única información que podía abrazar como la realidad es que no existía ninguna conexión con los Asakura, que era una mandona de primera y que su atractiva apariencia influía en la capacidad de decisión del castaño.
—¿Ren?
—Está bien.
—¿En serio?
—Sí, pero debes ser discreta, Jeanne. No quiero que te metas en problemas, el contacto que tienes en nuestro salón será la mejor carta a jugar.
—Y… ¿qué quieres que descubra?
—Todo lo que puedas.
"¿Quién eres, Anna?", se preguntó el chino mientras finalizaba la llamada con su novia y giraba el rostro hacia la ventana. No estaba haciendo nada malo, al contrario, buscaba proteger a uno de sus más grandes amigos porque conforme pasaba el tiempo aparecían más red flags e Yoh era tan despistado que probablemente no podría notar ni una.
Él se encargaría de hacérselo saber apenas tuviera evidencia de ello.
La lata vacía reposaba entre sus manos. Ciertamente, ir por bebidas a la máquina expendedora había ayudado a sobrellevar el cambio inicial de temperatura pero ahora que estaban quietos era inevitable comenzar a tiritar. La escuela era bastante fría sin todo el movimiento estudiantil y aunque tenían la luz encendida, era evidente que no era suficiente fuente de calor. Yoh podía notarlo, no tanto en su propio cuerpo, sino en el de la rubia que estaba a una prudente distancia de tres metros.
Sobre una colchoneta deportiva que habían acoplado como futon, Anna intentaba cubrirse las piernas con todo lo que el largo de la falda pudiera permitirle. Tristemente, no era demasiado. Podía verla temblar y si se atreviera a juzgarla con el poco conocimiento que tenía de ella, diría que intentaba restarle importancia. Su ámbar mirada estaba perdida en la ventana, aun así, no podía decir que se encontrase admirando las estrellas. Más bien parecía estar perdida en un mar de pensamientos a los que no tenía invitación y que, sinceramente, dudaba poder conocer incluso si se animara a preguntar.
Anna Kyoyama continuaba siendo un misterio.
Aunque uno muy bonito.
Yoh abrió los ojos en señal de sorpresa, atrapándose así mismo en esa reflexión. Negó rápidamente con la cabeza, suspiró y lanzó la lata hacia el bote de basura ubicado en la esquina del salón. Su tiro fue certero y él esbozó una sonrisita triunfal, sin embargo, Anna no se inmutó. Ni siquiera giró el rostro para ver qué ocurría.
Eso provocó que Asakura volviera a mirarla con detenimiento. Si momentos atrás había aceptado que su perfil era lindo y su cabello parecía bastante suave, ahora mirándola bajo la luz del cielo nocturno, declaraba para sus adentros que Anna tenía una belleza sinigual. ¿En serio ella estaba ahí por él? ¡Es que hasta era risible! ¿Él? ¿Yoh Asakura? ¿Prometiendo matrimonio a una chica de su calibre y ella aceptándole sin más?
Sí pintaba como a un sueño, y uno enorme.
Pero si se atrevía a cuestionarlo aún más, la niña de sus sueños no era tan hermosa como Anna.
—Deja de mirarme, es incómodo.
Se sonrojó de golpe. Había sido atrapado.
—¡Lo siento! —Se disculpó con sinceridad— Es solo que… me preguntaba por qué estás tan callada.
La rubia ladeó ligeramente el torso para encarar el aún ruborizado rostro de Yoh. A diferencia de él, controlaba mucho mejor sus emociones y reacciones.
—No tengo nada que decir.
—Ahh… ya veo —Yoh sonrió con nerviosismo y rascó su nuca, inseguro sobre cómo continuar.
Anna levantaba una fuerte barrera y no estaba del todo convencido si sería bueno intentar derribarla. Era cuestión de análisis: no la conocía y todavía le parecía extraña cómo había llegado a su vida, sin embargo, él no gozaba siendo indiferente. Mucho menos si compartían el mismo salón de clases y ahora también el mismo techo. Además, ella ya había anunciado quedarse cuando menos seis meses. ¿Podría soportar medio año actuando como si no importara?
No, no podía. No era su estilo y por más que ella anunciaba dejarlo como una relación superficial, el mismo carácter del castaño impedía respetar ese trato.
Más allá de su nata amabilidad, Yoh sentía un impulso para hacerlo. No sabía de donde venía ni por qué no se iba, sin embargo, podía compararlo con la sensación de un imán. Estaba atraído hacia el magnetismo de Anna y toda la explicación podía hallar se enfocaba en su apariencia.
—¿Sabes…? Estaba pensand—
—¿Por qué duermes tanto?
Su pregunta interrumpió la propia. No supo si agradecerlo u ofenderse, especialmente porque le estaba costando hallar las palabras y más aún componerlas en una oración. Aun así, la interrogante le causó gracia. Para sus amigos era normal, pero Anna apenas se habituaba a su rutina y no parecía ser del tipo que amara dormir hasta tarde.
—Me gusta dormir —Dijo con calma, con una sonrisita que ella no fue capaz de ver. Se negaba a verlo todavía—. Y… bueno… no siempre logro descansar por la noche —No declararía que se debía a las visitas femeninas de su hermano.
—¿Pesadillas?
Diría que todo lo contrario.
—No tan así, creo que más bien son sueños con mucha información —Punto importante: estaba más relajado—. Cuando llego aquí no puedo evitarlo. Las clases son aburridas y la mayor parte de las veces los profesores no lo notan.
—Eso explica porque casi no tienes apuntes —Anna frunció, recordando el motivo de su molestia de esa mañana—. Es increíble que estés en último año teniendo ese tipo de hábitos. Te vendría bien estudiar. —En ese instante tuvo que callarse de forma obligada porque estuvo a punto de añadir: "no quiero casarme con un estúpido".
—Hao dice lo mismo —Rio despreocupado mientras dirigía la vista hacia la ventana. Esta vez fue Yoh quien admiró las estrellas—. Pero siendo sincero no me preocupa sacar altas calificaciones, todo lo que quiero es llevar una vida pacífica escuchando mi música favorita.
Ese fue el momento donde Anna ladeó el rostro para mirarlo. Él sonreía mirando hacia el manto del cielo nocturno, su rostro era apenas iluminado por la luna y lucía tan tranquilo que quiso aventarle la lata vacía de su bebida. Le frustraba su calma, pero sobre todo, detestaba que él no hubiese cambiado. Nada en lo absoluto. Continuaba siendo el mismo Yoh de hace ocho años y… era duro.
"Deberás darme una vida tranquila, no esperaré menos al convertirme en tu esposa"
La comisura de sus labios se elevó formando así una media sonrisa forzada y nostálgica. Sus propias palabras retumbaban en su mente haciéndole un cruel recordatorio de cómo eran las cosas en el presente. Debía asumirlo, no obstante, la expectativa, las ilusiones y los sentimientos que aún tenía por él no desaparecerían ante los hechos. Y no lo harían solo por haber adoptado una postura al respecto.
Debió haberse quedado en Estados Unidos.
Asakura se percató del silencio de su compañera y acudió al encuentro entre sus miradas. No podría jurarlo, pero algo había en sus ojos que denotaba tristeza. Eso provocó que se sintiera incómodo, y no por no querer lidiar con una chica desanimada, sino porque podía intuir que era por él. Odiaba hacer sentir mal a los demás y saberse el culpable de sentimientos amargos en otras personas, incluso si en ese exacto momento supiera que no tenía la culpa de nada. Al menos, no de forma directa y bajo su propia perspectiva.
—¿Sabes? —Rescató su idea inicial, la que quiso decir antes de ser interrumpido—. Estaba pensando que probablemente te he causado algunos problemas. Me sienta mal que hayas venido de tan lejos y no sea como tú esperabas… —Anna lo miró intrigada e Yoh intentaba reflejar una seguridad que para nada sentía—. Todavía creo que me estás confundiendo con alguien más pero… podemos intentar.
Un suave rubor apareció en sus mejillas, las de ambos. Ella no quería hacerse falsas ilusiones y por supuesto que detestó que su corazón palpitara con rapidez, incluso podría jurar que el frio había desaparecido en ese instante.
—¿Intentar qué? —Le animó a continuar al notar que él evitaba verla y jalaba el cuello de su camisa.
—Conocernos.
Ah.
—Quiero decir… estoy convencido de que no nos hemos visto de antes, pero tal vez si nos conocemos pueda descubrirlo —¿Sonaba imprudente? ¿Grosero? ¿Pretencioso? ¿Descarado? Ojalá que no— ¿Te… gustaría eso, Anna? Podemos intentar ser más que cordiales…
—Define eso, Asakura.
La mirada entrecerrada dela rubia, sumado a que sus manos volvían a bajar la tela de la falda sobre sus piernas, le hicieron notar que estaba confundiéndolo con un pervertido. Maldijo que la luz estuviera encendida, ¡su rostro ardía!
—¡Me refiero a convivir en serio! Esto me tiene muy confundido, ¿sabes? Pero no quiero cerrarme y pienso que sería bueno que tengamos a oportunidad de conocernos de verdad, ya sabes, saber qué nos gusta, qué pensamos sobre ciertas cosas o simplemente pasar el rato. Estaremos viviendo juntos hasta la graduación, sería desagradable evitarnos o solo intercambiar frases cortas, ¿no lo crees? —Hizo una pausa para recuperar aire y pasar saliva. Había hablado tan rápido que esperaba Anna pudiese entenderle, o cuando menos no malinterpretarlo por segunda vez. Se relajó cuando ella dejó de forzar la falda a bajar de más y su rostro adquirió un matiz más serio— Yo estoy dispuesto… ¿quisieras hacerlo… conmigo?
Era una oferta tentadora pero también peligrosa. Era hiriente que él continuara afirmando no conocerla de nada, sin embargo, era también un lindo gesto que Yoh estuviera dispuesto a cambiarlo. A comenzar de nuevo, desde cero. La esperanza le susurraba que si aceptaba Yoh sería capaz de recordarla y con ello, también su promesa. No obstante, existía un riesgo latente. ¿Y si al terminar los seis meses seguían igual? ¿O qué sucedería si sus sentimientos por él se fortalecían con esa convivencia y éstos no fuesen correspondidos? Sería más duro poder olvidar todo.
Anna sabía qué responder.
Era lo correcto, para ella y para su corazón.
—¿No te gustaría saber cómo podría terminar?
Pero sus palabras se quedaron al aire. Con su boca entreabierta y sus ojos mirando la sonrisa de Yoh, Kyoyama maldijo internamente todo y a todos. Odiaba que él tuviera ese efecto en ella a pesar de no verle ni escucharle en casi una década. Detestaba que aun sin saberlo lograba derretir la gélida pared que intentaba establecer porque las cartas eran bastante claras: no tenían futuro.
Pero… ¿cómo podría terminar?
—Está bien.
Él sonrió triunfal y esa sonrisa mantenía la misma esencia que recordaba, permitiéndole viajar al pasado. Quizá no lograría recordarla e Yoh jamás reconocería que le había prometido matrimonio, sin embargo, tal vez podrían aspirar a un nuevo futuro. Era peligroso, sí, pero incluso si todo apuntaba a que podría terminar terriblemente mal, Anna estaba dispuesta a intentar una última vez.
Por la pequeña chispa de esperanza que aún no se extinguía.
—Pero si intentas algo raro, te golpearé.
Con esa amenaza el castaño borró el gestó y el color carmín de sus mejillas se reanudó. Al mismo tiempo, intentó negar todo pensamiento que pudiera pasar por la mente de Anna, aunque solo alcanzó a emitir balbuceos y repetitivos "no-no". Era tan fácil alterarlo que se tentó a divertirse con eso en próximas ocasiones, pero esas ya serían estrategias que pensaría después. Había llegado el momento de dormir.
Se recostó sobre la colchoneta, dándole la espalda a Yoh y cuidó que la falda no quedara mal acomodada. Luego colocó su suéter encima de la piel que quedaba expuesta. Sus brazos pasarían frío, sin embargo, había logrado cubrir lo importante.
—Buenas noches —Susurró antes de cerrar los ojos.
Entonces escuchó a su ex prometido moverse, caminar y apagar la luz. Después percibió cómo se acomodaba en su propia colchoneta, la que se mantenía una prudente distancia de tres metros. Anna pensó que eso sería todo, reinaría el silencio hasta que se adentrara en un profundo sueño, pero no fue así. Fueron exactamente 30 segundos los que transcurrieron antes de sentir una cálida tela cubriendo su torso, y pasarían otros 30 segundos antes de escuchar la suave voz de Yoh susurrando un "Buenas noches".
Anna abrió los ojos apenas escuchó que Asakura se acostó y con la mano palpó con discreción lo que estaba encima de su cuerpo. Era el suéter escolar de Yoh tapándola, dándole el calor que necesitaba. Con cuidado se incorporó lo suficiente para virar el rostro hacia él, encontrándolo también de espaldas y únicamente con su camiseta escolar. Nada extra que le diera calor.
Que… amargo sentimiento.
Confirmaba cuánto iba doler obtener un mal final.
¡Hooola!
Ahora sí, tardé un poquito más. ¿Qué puedo decir? Estaba algo insegura sobre cómo conducir este capítulo y originalmente quería hacerlo mucho más largo, pero al final decidí que era mejor así. Quizá un poco más cortito en comparación al anterior, pero enfocado en la relación entre Yoh y Anna, así que vamos a llamarle capitulo de transición. Pasaron cosas interesantes y dos de nuestros muchachos tienen acuerdos importantes; vamos a ver cómo les va. Ya en capítulos venideros podremos ir avanzando en días para que la historia no se haga eterna, ¡hay que abarcar seis meses!
¡Agradecimientos bonitos a borealswitch, NinaNine, Alice Dragneel Vermilion y agradecimientos super especiales a Annasak2! Que me ha impulsado mucho a confiar en esta pequeña historia. :D
¡Nos vemos en el siguiente capítulo con un nuevo sueño de Yoh!
