TODOS LOS PERSONAJES, ESCENARIOS Y HECHIZOS CONOCIDOS PERTENECEN A JK ROWLING, YO SÓLO LOS TOMO, LOS MEZCLO Y AGREGO COSAS

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Capitulo 18:

Amanecía y desde la ventana abierta podía observar la cima del monte Fuji. Había pasado una noche maravillosa y rogaba internamente que esa mañana no se convirtiese en un infierno. Draco aun dormía, podía sentir su suave respiración en su nuca, una de sus manos sobre su cintura desnuda y su pierna derecha descansaba entre sus muslos como cuando dormían juntos en Hogwarts.

La noche anterior él había entrado a su habitación enfebrecido y la había besado con una pasión que nunca le había mostrado hasta ese momento. Cuando estaban en Hogwarts, él solía ser cuidadoso con ella, como si fuera a romperse. Pero la noche anterior él había arremetido contra ella desesperado, como si necesitase su toque para poder respirar.

Había sido entrada la madrugada cuando Draco finalmente se durmió y Hermione solo pudo quedarse quieta disfrutando de su contacto y evitando dormirse por temor a que todo desapareciera al abrir sus ojos a un nuevo día.

Él estaba despertando y el corazón de Hermione latía desbocado, cuando Draco entrase nuevamente al mundo de la conciencia, sabría si lo de anoche había sido una excepción o había algún tipo de esperanza para ellos.

Aun embotado por la bruma del sueño pudo sentir el característico aroma de Hermione mesclado con el suyo propio. Y sin pensarlo hundió su nariz en su cuello intentando impregnarse aun más de su esencia.

Draco aun tenía el mismo tipo de rutina para despertar que solía tener cuando era poco más que un adolescente. Hermione estaba refrenando su reflejo de reírse, ante las cosquillas que le hacía en el cuello, y su necesidad de moverse más contra él. La erección matutina de él descansaba sobre su cadera y lo único que deseaba es volver a sentirlo en su interior.

De pronto algo cambió en él. Cuando la bruma del sueño se disipó Draco se alejó rápidamente de ella y Hermione quiso llorar. El idilio de la noche anterior había terminado. Draco le había dado un vistazo del paraíso solo para volver a desterrarla al más frio de los infiernos y sin él.

- buenos días. – rompió el silencio porque no soportaba ver como él clavaba sus grises ojos sobre ella sin decir una sola palabra.

Él no respondió y se sentó en el borde de la cama dándole la espalda. Hermione podía observar que él aun tenía la brújula vikinga tatuada en su espalda. Él podría haberla hecho desaparecer en esos años, al igual que ella con su propio tatuaje, pero no lo habían hecho.

- Háblame. Por favor.

- que quieres que diga Hermione.

- no lo sé. Cualquier cosa.

- bien. ¿Qué quieres entonces?

- Si soy sincera, solo quiero que hoy por la mañana vuelva a ser ayer en la noche.

- sabes que eso es imposible.

- lo sé…

El se levantó y caminó hacia el baño. Hermione comenzó a llorar mientras oía la ducha. Quería ir tras él, decirle que la perdone, que todo podría volver a ser como antes, pero sabía que era inútil. Le había hecho demasiado daño como para que una disculpa fuese suficiente. Había cosas que un simple lo siento no arreglarían. Y la relación que ellos tenían en Hogwarts estaba mucho más allá de la salvación.

Vio la puerta abrirse y las ropas que estaban desperdigadas por el suelo levitaron hacia el baño. Draco las estaba invocando porque no estaba listo para volver a enfrentarse a ella.

La noche anterior había enloquecido y fue contra todas las reglas que se había autoimpuesto desde que ella regresó, y ahora no tenía idea de cómo seguir. No tenía idea de cómo saldría de esa habitación ni como haría para mantener su convicción de que no debería perdonarla.

Se había sentido tan bien esos segundos antes de despertar completamente, se había sentido completo por primera vez en mucho tiempo y ahora se estaba acobardando porque quería seguir de ese modo, pero su orgullo decía que no valdría la pena.

Pasase lo que pasase, ella seguiría siendo la madre de sus hijos pero nada de lo que habían tenido podría ser como antes. La relación que tuvieron en el colegio había sido tan maravillosa como fugaz y había muerto en el instante en que ella decidió creerle a Potter.

Respiró profundo para intentar recuperar el valor que no sentía y cruzó la habitación a grandes zancadas en completo silencio. Esperaba que ella se sintiese igual de abatida que él y no lo detuviese porque su convencimiento, de que aquello era lo correcto, estaba demasiado frágil en ese instante.

- Draco, no te vayas.

Draco maldijo en silencio y se giró sobre sus talones para verla. Ella estaba parada junto a la cama, se había envuelto con la sábana blanca y sus cabellos estaban convertidos en un lio que era mudo testigo de lo que habían hecho la noche anterior. A sus ojos ella estaba más que hermosa.

- tengo que hacerlo. Lo de anoche fue un error Hermione. Sabes que nada puede ser como antes.

Caminó resuelta hacia él. Estaba completamente desnuda bajo la sabana, pero su determinación a recuperarlo la hacía sentir fuerte, como si llevase una dorada armadura que la protegería en la batalla que se avecinaba.

- empecemos de nuevo.

- ¿Qué?

- eso, empecemos otra vez. Sé que lo que teníamos se ha roto y no tiene solución. No somos los mismos. Muchas cosas nos han sucedido y somos dos personas completamente distintas a las que fuimos. Empecemos otra vez Draco. Danos la oportunidad de volver a conocernos, de saber si podemos querernos.

- no es tan fácil Hermione.

- Lo sé, pero no puedo dejarte marchar definitivamente sin luchar y tampoco puedo pedirte que retomemos todo donde quedó. Sé que aun sientes algo por mí, me lo demostraste anoche. Permíteme demostrarte cuando siento yo por ti. Permíteme mostrarte que aun puedo hacer que me quieras. Por favor, no tienes nada que perder.

Ella acababa de voltear todas sus barreras como si fueran un estúpido castillo de naipes. Desde que se permitió conocerla en Hogwarts y dejó sus prejuicios de lado, él no había logrado contrariarla en nada. En ese tiempo, todo lo que salía de sus labios era una verdad irrefutable y le había dado la llave de su destrucción. No sabía si seria seguro volver a dejarla entrar nuevamente.

- si tengo mucho que perder. No quiero perder mi corazón Hermione. ¿Sabes?, está maltratado y algo roto, pero aun tengo uno y me gustaría conservarlo.

- quiero ayudarte a protegerlo y repararlo si es posible. Por favor Draco.

Ella se acercó aun más y cuando lo obligó a inclinarse para besar sus labios, él finalmente claudicó. Había demasiado en juego, pero francamente le importaba un comino si ella lo besaba de ese modo.

Hermione dejó caer la sabana y tomando las manos de él lo invitó a tocar su cuerpo desnudo. Probablemente una nueva relación debería iniciar fuera de una cama, pero había pasado tanto tiempo lejos de él, que lo único que deseaba era sentir sus labios en su cuerpo.

Fue entrada la tarde cuando, luego de comer algo, ella sugirió salir del hotel para comprar regalos para los niños. Era una actividad fuera de las cuatro paredes de la habitación y les daría tiempo para conversar de cosas menos profundas y tratar de volver a sentirse cómodos estando juntos, y por sobre todas las cosas, vestidos.

La calle por la que transitaba era una explosión de colores, música y gente caminando a su alrededor. Como siempre, Draco destacaba como un faro en la oscuridad. Su cabello rubio era difícil de ignorar en la marea de cabellos oscuros de los nativos.

Cuando un grupo de mujeres lo miraron y le sonrieron, el se sorprendió gratamente al sentir que Hermione tomaba su mano y las fulminaba con la mirada. Eso era completamente nuevo para él. La relación que habían tenido en el colegio no había visto la luz del día salvo en la breve visita que hicieron a Aberdeen y delante de Blaise.

Hermione sabía que aquello podía resultar invasivo y que Draco podría abrumarse, pero siempre había soñado caminar de la mano con él y los celos tontos que había sentido de aquellas mujeres que se lo comieron con los ojos le dio la excusa perfecta para cumplir su sueño.

No tenían idea de donde estaba el lado mágico de la ciudad, así que se limitaron a pasear por el centro comercial muggle comprando tonterías que sabían que los niños adorarían. Incluso se habían hecho tomar fotografías con varios sujetos disfrazados de personajes de los dibujos animados que Altaír veía.

Cuando las compras terminaron y luego de haberlas reducido discretamente para guardarlas en la cartera de Hermione, ella lo arrastró a uno de los famosos bares de karaoke y tan delirantemente feliz como se hallaba, el accedió sin quejarse a sus caprichos.

Solo ella hablaba japonés, él ignoraba completamente que estaba ordenando y a donde lo llevaba. Diez minutos después estaban en una habitación privada con un equipo de karaoke y los camareros les habían traído piezas de, lo que luego supo era, algo llamado sushi.

Como hacía cada vez que era feliz, ella comenzó a destrozar una canción dando alaridos. Draco solo podía reír. Hermione definitivamente no era una buena cantante, pero él había amado cuando ella hacia eso porque iluminaba su gris existencia.

Ella incluso había intentado hacerlo bailar al ritmo de su desafinada voz y la melodía de la canción que pretendía cantar. Por supuesto solo había conseguido que él se negase, pero aun así parecía que se estaba divirtiendo.

Draco no recordaba haberse sentido así antes. Había sido feliz con ella dentro de la torre, pero siempre el fantasma de lo prohibido, de lo tabú, los perseguía. En cambio esa tarde, viendo vidrieras, él había caminado con ella al aire libre y ningún prejuicio pesaba sobre sus cabezas.

Él se había sentido libre de tomar su mano, pasar su brazo sobre sus hombros, sonreír abiertamente y hasta besar su mejilla en público. Él nunca había estado tan feliz como esa tarde y había tomado una decisión, él lucharía por tener a su familia reunida otra vez.

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Ginny acomodaba el trofeo de campeona sobre una de las repisas, que Blaise había hecho colocar en el estudio, mientras él apoyaba su mentón en la cima de su cabeza y la abrazaba tiernamente por la espalda.

Habían vuelto de la gira de coronación y ella estaba de vacaciones hasta que el nuevo torneo iniciase. Aun no había decidido si jugaría otra temporada o se retiraría como una campeona invicta con las arpías.

- sabes, pensé que me ibas a pedir matrimonio en la ceremonia de premiación.

- ¿por qué?

- no lo sé. Tenías un enorme ramo de flores, estabas vestido con uno de esos perfectos trajes tuyos. Las ceremonias de ese tipo suelen ser el momento elegido.

- ¿en serio esperabas que hiciese eso?, lo siento Ginevra. No lo sabía. ¿Te desilusioné? Perdóname.

- no Blaise, no lo hiciste, solo estoy contándote lo que creí por un segundo. Igual me alivia que no lo hubieses hecho en la ceremonia.

- sabes que en algún momento voy a pedirte que te cases conmigo, pero no es mi estilo quitarte el protagonismo. Te estabas coronando campeona invicta, ¿qué clase de asno te pediría matrimonio y opacaría tu triunfo?

Ella conocía un asno de ese estilo. Harry le había propuesto matrimonio mientras le entregaban su diploma de Hogwarts. Si bien ella había estado tan enamorada que le encantó la idea, con la perspectiva y con tiempo de por medio, se daba cuenta que su merito de haber aprobado varios éxtasis y haber sido capitana del equipo de quidditch había quedado opacado bajo una sortija.

- ¿por que eres tan perfecto hombre de chocolate?

- hago lo que puedo para merecerte pelirroja. Y creo que ya sé cómo te pediré matrimonio. Será con ambos desnudos y luego de un muy, muy extenuante maratón de sexo. ¿Qué dices?

- puesto que me pediste que viviera contigo de esa forma… estaría completamente de acuerdo con tu plan.

- ¿me dirías que si?

- depende.

- ¿de qué?

- de si estarías dispuesto a repetir el pedido en frente de mis padres. Necesitamos una historia apta para niños. Me imagino que querrás contarles a nuestros nietos como me pediste matrimonio.

- siendo nietos míos no se escandalizarían sabiendo que su abuelo estaba desnudo cuando se arrodilló ante su mujer y le pidió más que la mano…

El comenzó a besarle el cuello y ella solo pudo reír. Amaba a ese hombre con locura y sus días con él habían sido uno mejor que el otro. Por supuesto que ellos discutían algunas veces, pero generalmente alguno se disculpaba y se recompensaban las ofensas con algún gesto tierno o muy buen sexo de reconciliación.

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Luna estaba nerviosa, había planeado aquello por varios meses junto al medimago que la ayudaba con sus problemas y esperaba que eso también ayudase a Theo.

Ella se sentía mucho mejor desde que estaba con él y Theo poco a poco había reemplazado sus malos recuerdos con nuevas y excitantes memorias que electrizaban su piel.

Cuando ella se sintió lo suficientemente cómoda y preparada, se entregó a Theodore y este le enseñó suavemente como solo él sabía amar a una mujer. Su miedo a la intimidad había quedado en el pasado y luego de acostarse por primera vez con él, su traumada mente supo que Theodore jamás la lastimó ni lo haría en el futuro.

Uno a uno los invitados fueron acomodándose en el salón de juntas del hospital y ya solo faltaba él para iniciar la reunión. No había sido fácil reunir a esas personas diez años después, pero todo su esfuerzo había valido la pena. Esperaba que aquello sanase un poco las heridas de Theo.

- ¿Qué es esto Luna?

- es una reunión, quiero que veas a algunas personas y las escuches.

Theo estaba escéptico. No entendía que se trataba todo aquello y dicho sea de paso, no tenía ganas de conocer a la gente que Luna había reunido. Ella estaba llevando un plan para mejorar su estado mental y aunque era feliz por ella, no se veía inclinado a participar en los proyectos que su medimago le exigía.

- ven. ¿La recuerdas?

- mmm, no.

- Ella es Annie. Annie, ¿por favor podrías decirle a Theodore quien eres?

- buenas tardes doctor. Soy Annie Durré. Soy una hija de muggles que estuvo encerrada en Malfoy Manor, usted curó mis heridas cuando los carroñeros me arrojaron a la mazmorra y me dio unas horribles pústulas supurantes en la piel que evitaron que alguien me tocase. Yo tenía quince años, y gracias a usted salí viva de la mansión.

- yo soy Sussane, usted atendió mi parto. Llegué embarazada a ese lugar y fue usted quien entregó mi bebé a la familia de su padre. Él es Nicholas, ahora tiene diez años.

- Hola doctor.

Un niño de diez años le sonreía. Apenas comenzaba a entender lo que Luna había hecho por él. De alguna forma ella había reunido a los sobrevivientes de la guerra para que los enfrentase.

- yo soy Harriet. Soy una Squib. Usted le dio un final digno a mi esposo Doctor Nott. Mi Julien murió con una sonrisa en su rostro y sin ningún tipo de dolor. No tengo palabras para agradecer lo que hizo por nosotros. Éramos dos viejos allí abajo y usted nos dio dignidad a pesar de las circunstancias.

- Soy Stuart, usted le dio poción para dormir sin sueños a mis dos hijos y les trajo comida y mantas cada vez que pudo. Ellos ahora están en segundo y cuarto año de Hogwarts, pero aun recuerdan a su héroe.

- Soy Felicia, me dio poción matalobos durante mi estadía en las mazmorras. Evitó que fuese una asesina ahí abajo.

- Soy Marcus, mi esposa murió en la mazmorra, pero usted me dijo donde estaba su cuerpo y luego de la guerra pude llevarla a casa.

- Soy Luna Lovegood. Cortaste mi cabello cuando llegué a Malfoy Manor, me diste algo que manchó mi piel, me diste poción para dormir sin sueños, me salvaste de los demás mortífagos y cada día me salvas de mi misma con todo tu amor.

Estamos aquí porque queremos agradecerte lo que hiciste por nosotros Theo. Si ti no hubiésemos salido vivos de aquel infierno, y aunque no te guste el término, para nosotros fuiste un ángel.

Theo miraba a todos lados desorbitado. No tenía palabras para aquello. Había muchas personas en ese sitio y solo una fracción de ellas había tomado la palabra. Incluso había mujeres embarazadas y niños pequeños en la sala. Niños que no hubiesen nacido sin su intervención.

Él y Draco habían hecho aquello juntos. Sintió una imperiosa necesidad de reencontrarse con él, con el único aliado que tuvo en la guerra. Habían atravesado juntos el infierno y solo se habían vuelto a ver en dos ocasiones en las que el terror los inundaba nuevamente.

- Theo, estamos aquí para agradecerte por todo lo que hiciste. Fuiste un héroe y creemos que es injusto que no se te reconozca por eso...

De todas formas nosotros no necesitamos ver tu nombre en un libro de historia para saber lo que hiciste, eres el salvador de todas estas familias. Sin ti, todos esos niños no hubiesen nacido jamás y creímos que era hora de que los vieras por tus propios medios.

No solo salvaste la vida de cientos allí abajo. Les diste vida a treinta y nueve niños que no hubiesen nacido si sus madres morían en esas mazmorras. Les diste la oportunidad a doce padres de conocer a sus bebés y a once hombres de crear una familia de la que nacieron veinticuatro niños hasta el momento.

Tú crees que solo arrebataste vidas en la guerra pero no es así, tú nos diste vida, nos diste esperanza.

Él seguía sin palabras y Luna podía ver como sus ojos se empañaban con lagrimas, pero estas no eran de tristeza, si no de emoción. Al parecer Theodore estaba comprendiendo lo importante que era para todos ellos y que sin su ayuda cosas más feas hubiesen sucedido.

Luna tomó sus manos y las apoyó sobre su vientre plano. Theo no entendía por qué hacia aquello, estaba demasiado abrumado con todo lo que los presentes le habían dicho como para comprender lo que su novia estaba insinuando.

- Theo, sé que no hemos planeado esto y que probablemente no es el modo de decírtelo. Tú eres mi héroe, salvaste mi vida y ahora me has dado el mejor de los regalo. Theo, estoy embarazada, serás padre…

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Draco Malfoy y Hermione Granger, ¿juntos de nuevo?

Al parecer esto es cierto mis queridos lectores. El último fin de semana esta reportera tuvo el placer de asistir a la gran inauguración de un Resort mágico en Japón y pudo verlo con sus propios ojos.

Según el último reportaje que corazón de bruja obtuvo del señor Malfoy y la señorita Granger, ellos mantenían una relación cordial por el bien de los dos hijos que tienen en común y que son producto de un romance que sostuvieron en Hogwarts.

Si bien aseguraban estar completamente separados desde hacía ocho años, al parecer el fuego que los unió en principio no se ha extinguido del todo. Este fin de semana se los ha podido fotografiar perdiéndose juntos en una habitación y caminando de la mano por las calles de Tokio.

¿Suenan campanas de boda?, quizá aun sea pronto para eso amigos. Pero desde corazón de bruja les deseamos lo mejor a ambos y a esos niños, que merecen tener a su familia unida…

- ¿Qué tienen los Slytherins que se están quedando con las leonas? Ginny con Zabini, Hermione con Malfoy, inclusive Lovegood vive con Nott…

- ¿de qué hablas Finnigan?, ¿Qué hacen todos ustedes aquí rodeando una revista de chimentos como si fueran ancianas?, son aurores señores.

- Jefe, estábamos en nuestro descanso. Solo comentábamos como Ginny, Luna y Hermione se han dejado engatusar por los Slytherins.

- Dame eso.

Harry Potter, jefe del departamento de aurores, hervía de la ira mientras leía la noticia de su Hermione volviendo con el estúpido mortífago.

Los había dejado en paz por un tiempo porque se había enterado de las continuas discusiones que ellos tenían. Pero ahora, al parecer, habían vuelto a estar juntos y eso era algo que no podía permitir.

- ¿qué se siente Potter?, tu ex mujer y tu mejor amiga duermen con el enemigo…

- cierra la boca McLaggen

- no te angusties jefe, todos sabíamos que Ginny y Hermione tenían ambición… no las culpo, al fin y al cabo, Zabini y Malfoy son asquerosamente ricos.

Mclaggen le sonrió desdeñosamente y él se lanzó directo a su cara con un golpe al estilo muggle. Si no fuese por la intervención del primer ministro y Kingsley seguramente Cormac hubiese muerto a base de los golpes.

- ¿Qué es esto Potter?

- no es nada señor Kingsley, solo disciplino a mi tropa.

- ¿moliéndolos a golpes?, te había dicho que una sola trasgresión mas y te degradaría. No sé qué te está pasando Harry, pero este comportamiento es injustificable. Serás arrestado por el ataque a McLaggen y suspendido de tu cargo como jefe de aurores por seis meses.

- ¿qué mierda dices Kingsley?, como que arrestarme y suspenderme. ¿Tienes idea de quién soy? Soy Harry Potter, soy el salvador del mundo mágico.

- te lo dije la ultima vez Harry. En lo que a mí respecta podrías ser la reina de Java, si lo deseas. Agradecemos lo que hiciste por el mundo mágico pero en mi departamento no recibirás tratamiento especial. Eres un auror, hiciste un juramento y la ley también es aplicable a ti…- Kingsley se giró y señaló a uno de los aurores presentes - Finnigan, arreste al señor Potter y asegúrese de tomar en custodia su varita.

Kingsley se la iba a pagar. En los últimos meses él se había metido sistemáticamente en sus asuntos y ahora lo había humillado haciéndolo arrestar por un estúpido subalterno como era Finnigan y nada más ni nada menos que por culpa del troglodita de Mclaggen.

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Estaba iniciando octubre y habían conseguido una dispensa de la escuela de aurores para poder asistir al almuerzo de domingo con los Weasley en la madriguera. Salvo Ginny y Hermione, que estaban en Hogwarts, y Fred por obvias razones, toda la familia se reuniría ese día.

Esa mañana Hermione había enviado una carta y Ron la había guardado para leerla tranquilo luego del almuerzo. Llevaban algunos meses como novios y cada fin de semana se escribían. No veía la hora de que ella saliese del colegio para poder verla más seguido.

En la carta, Hermione le comentaba sobre su nueva torre y un par de discusiones que había tenido con Malfoy. Nada trascendente, pero la extrañaba tanto que cualquier cosa que ella le contase era motivo de alegría para él.

Harry observaba a su amigo leyendo la carta de Hermione y la envidia lo carcomía. Ella ni siquiera le había enviado una mísera nota asegurando que recordaba su nombre. Las cosas entre ella y Ron iban demasiado serias, tenía que hacer algo pronto o la perdería para siempre.

- ¿carta de Hermione?

- sí, te envía saludos.

- bien… ¿podemos hablar Ron?

- ¿qué pasa?, ¿por qué estas tan serio?

Podía ver como el miedo asomaba en el rostro de Ron, él era demasiado crédulo para su bien. Hacerle pensar que Hermione no era quien creía, sería demasiado fácil.

- sabes que eres mi mejor amigo, ¿no?

- Harry estas asustándome. ¿Qué sucede?

- es sobre Herms. Hay algo que tienes que saber.

Ron permaneció en silencio mientras su corazón se rompía. Su mejor amigo le estaba contando que durante el tiempo que él se fue y ellos permanecieron solos en el bosque, Hermione y él habían tenido un romance que había terminado cuando la guerra llegó a su fin.

Le contó que Hermione había querido seguir con él, pero que la había rechazado porque en realidad amaba a Ginny y no quería seguir traicionándola.

Su relación con Hermione era una mentira. Ella no había querido acostarse con él y ahora entendía el por qué. Era mentira que ella fuese virgen y sus negativas se debían a que en realidad quería estar con Harry y no con él.

- lo siento hermano. Quería que supieses esto por mí y no por alguien más. Yo elegí a Ginny, pero Hermione no lo comprendió, no quiero que te lastime por mi culpa.

Palmeó su espalda y lo dejó solo. Estaba hecho, Ron había creído cada una de sus palabras. Era cuestión de tiempo para que dejase a Hermione y le diera vía libre para conquistarla.

Al fin las cosas serian como debían. El héroe de la historia siempre se queda con la chica al final. Y eso era él, un héroe, y Hermione sería su chica después de todo.

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N.a: fin del capítulo. Espero que les haya gustado. Como siempre estaré esperando sus opiniones. HASTA LA PROXIMA!