TODOS LOS PERSONAJES, ESCENARIOS Y HECHIZOS CONOCIDOS PERTENECEN A JK ROWLING, YO SÓLO LOS TOMO, LOS MEZCLO Y AGREGO COSAS
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Capitulo 20:
"¿Por qué haces esto Harry?, tú no eres así."
- CALLESE PROFESOR DUMBLEDORE. CALLESE, QUE PUEDE SABER UN VIEJO MUERTO DE CÓMO SOY O NO. ELLA ES MIA, TIENE QUE ESTAR CONMIGO. LA MEREZCO.
"Harry, déjalas ir. Sabes que esto no es correcto"
- ¿TU TAMBIEN SIRIUS? AMBOS ESTÁN MUERTOS, DESAPAREZCAN, NO SE METAN EN MIS ASUNTOS.
"El señor Potter no ha podido conseguir a la mujer de sus sueños por métodos convencionales y está siendo igual de despreciable que su padre, al obtenerla por la fuerza"
- AL MENOS YO LA OBTUVE SNAPE, NO COMO TU QUE TE CONTENTASTE CON LLORAR POR LOS RINCONES POR MI MADRE.
"No los escuches, ellos no saben nada. Están muertos. Ahora tienes todo lo que siempre has querido. El reconocimiento y el amor de Hermione."
- así es, Hermione está conmigo. Aquí. En nuestra casa. Ella me amará.
"así es, ¿y qué harás si ella no se comporta como debe?
- la mataré.
"la matarás… te han humillado demasiado como para que sigas siendo misericordioso con ellos. Si Hermione se equivoca esta vez, todos morirán"
Las voces de su cabeza estaban particularmente irritantes ese día. Desde el fin de la guerra él había podido oír todo tipo de voces. Al principio, los médicos dijeron que era un simple trastorno post traumático, que se irían con el tiempo. Habían pasado casi diez años, y las voces no solo no se habían ido, sino que gritaban cada vez más fuerte.
La luz que inundaba la habitación hería sus ojos. No recordaba la última vez que estuvo despierta, ni cuánto tiempo llevaba en ese lugar. Solo sabía que sus muñecas dolían y que no podía gritar, por mucho que quisiese, porque Harry la había amordazado y maniatado de la manera muggle.
Sus manos estaban atadas por esposas muggles a uno de los barrotes de la cama, y sobre su boca él había colocado una cinta gruesa que le impedía pedir auxilio. Sentía frio. Su ropa estaba mojada porque a la noche, en un arrebato de ira, él le había lanzado el agua que había estado intentando darle de beber.
Escuchó como una llave era introducida en la cerradura y rápidamente fingió dormir. Hizo lo posible por no sobresaltarse cuando el colchón se hundió a su lado. La mano de Harry comenzó a vagar por su rostro y delineó sus labios, mientras él le decía suavemente al oído que era hora de despertar.
- oye, despertaste, con esos lindos ojos color miel que tienes. Eres tan hermosa Hermione... ¿Estás mareada aun?, Es normal, las pociones para dormir causan ese efecto.
Hermione no respondió. Solo hizo lo imposible por permanecer quieta mientras él acariciaba su mejilla. Hasta ahora solo la había acariciado inocentemente, cuando estaba calmado, o golpeado cuando se enojaba. Ella agradecía que no hubiese intentado nada más por el momento.
- por favor no seas tímida Herms. Te veías tan dulce anoche mientras estabas desmayada. ¿Quieres un trago?
Harry tomó la botella de agua que estaba sobre la cama y se la mostró. Hermione asintió. Él solo había derramado el agua sobre ella, la noche anterior, y no le había dado nada de beber más que la poción para dormir.
Su cuero cabelludo dolía por la cantidad de veces que él había tomado su cabello por la fuerza. A cada hora que pasaban allí, él estaba más inestable y cada vez era más complicado no irritarlo.
- te sacaré la cinta para que puedas beber. Pero ten en cuenta una cosa. Si gritas otra vez, meteré mi varita hasta tu garganta y susurraré el hechizo más desagradable que se me ocurra y luego mataré a Ginny. ¿Has Entendido?, se buena chica Hermione.
Le dio de beber y luego cubrió su boca con sus labios, para darle un lascivo beso. El aliento acre de él revolvió su estomago, y sus ojos hundidos le dieron miedo. Él estaba desquiciado y no dudaría en hacerle algo terrible si ella hacia muecas cuando la besaba. Cuando él tocó sus pechos e intentó seguir bajando sus manos hacia su intimidad, ella no lo soportó.
- ¿por qué me haces esto? Por qué no me matas directamente. – las lagrimas caían sin permiso de sus ojos.
- porque ese no es el fin de esto Hermione. Te lo dije anoche. Estás aquí para ser mi mujer. Para amarme por sobre todas las cosas. Para disfrutar de mi compañía. Tú aprendes rápido, si te comportas como debes, no te mataré. Ni a ti ni a Ginny. Sabes que su bienestar depende por entero de cómo tú seas conmigo. La traje para que te haga compañía, si no te comportas, ella muere. Si haces algo para huir, toda tu familia muere.
- por favor Harry, por favor. No pertenecemos a este lugar. Somos amigos desde pequeños, Ginny fue tu mujer. Déjanos salir ahora y nadie sabrá lo que sucedió realmente. Prometo que no te denunciaremos. Diremos que estábamos de vacaciones.
- a otro perro con ese hueso Hermione.
- por favor, fingiremos que nunca sucedió.
- MENTIROSA.
"Está intentado embaucarte, no la escuches. No hagas caso de sus inútiles lagrimas de cocodrilo"
- no intentes negociar conmigo Hermione. Coopera conmigo, se la esposa ejemplar, ámame, o mataré a Ginny primero y luego iré por tus bastardos. Haré un infierno tu vida si no eres dulce conmigo.
Decidió no tentar más a su suerte. Cada vez que intentaba negociar con él, Harry amenazaba con dañar a Ginny o ir por sus hijos. Ella moriría antes de ser la causante de que alguien dañara uno de los cabellos de los niños. Altaír y Antares sobrevivirían sin ella, pero ella no podria.
- necesito ir al baño.
- tienes razón. Ha pasado mucho tiempo, ¿no?
Harry le lanzó un incarcerus antes de abrir las esposas y la cargó hasta el baño donde la encerró por un instante. Hermione buscó frenéticamente algo con lo cual defenderse pero no halló nada para hacerlo. Alivió su vejiga y suplicó que él no intentara tocarla más de lo que ya había hecho. Extrañaba a su familia y sentía terror, no tanto por ella, sino por lo que Harry podría hacerles.
Cuando la obligó a volver a la cama, y la tuvo nuevamente esposada, abrió la mesa de luz y sacó la poción para dormir.
- abre. Abre Hermione.
Intentó negarse a beber la poción pero él tapó su nariz. Cuando el oxigeno en sus pulmones fue insuficiente, tuvo que abrir la boca y él vertió la poción en su garganta.
- ahora traga… buena chica. Compórtate Hermione. Se buena chica. Este será nuestro lugar especial, lo arreglé para ti. Se buena conmigo y ambas vivirán. Vuelve a convertirte en una perra odiosa y ambas mueren.
Antes de irse la besó y pasó una callosa mano por su torso. Hermione quería moverse lejos de él. Quería huir, sentía miedo y asco por partes iguales. La poción haría efecto pronto y no sabía cuando volvería a estar despierta nuevamente.
- Hermione nadie te ama tanto como lo hago yo y nadie lo hará jamás, somos perfectos el uno para el otro, nadie podrá impedir nuestro amor. Serás mía para siempre.
Harry volvió a salir del cuarto y respiró aliviada mientras se adormecía lentamente. Aunque el hecho de que él no estuviese con ella, implicaba que estaba con Ginny y aquello no era algo mucho más alentador.
Debía pensar que hacer para salir de allí. No podía quedarse sin hacer nada. No sabía si Harry había hecho daño a Blaise cuando se llevó a Ginny, o si había vuelto a su casa para dañar a sus hijos o a Draco.
No veía nada que le pudiese servir como arma, ningún objeto contundente estaba al alcance de su mano y ni siquiera había sabanas sobre el colchón con el que pudiese fabricar una cuerda o algo. Además eran pocos los instantes en el que él no la mantenía sedada.
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Luego de despertarla por la fuerza la sacó de la alacena bajo las escaleras. La había mantenido sedada todo ese tiempo, pero ya era hora de que cumpliese su función. Ella no estaba ahí para dormir tranquilamente. Ella estaba ahí para servirlo.
- SUELTAME HARRY. ME HACES DAÑO. SUELTAME.
Él la había arrastrado por el cabello, desde la alacena hasta la cocina. Al llegar apretó tan fuerte su brazo, para ponerla de pie, que seguramente tendría un moretón mas tarde. Cuando finalmente la soltó, Ginny trastabilló y golpeó su frente con el borde de una de las encimeras.
- quiero que cocines para mí.
La sangre bajaba por su rostro y él le lanzó un paño sucio de cocina para que se limpiara. Harry había sido violento en muchas ocasiones, pero nunca jamás se había mostrado tan frio cuando la hería gravemente.
- muévete que tengo hambre.
Cuando ella no se movió tan rápido como él deseaba. Le lanzó un cruciatus que volvió a lanzarla al suelo. Con la maldición imperio que había lanzado a Hermione, él había cruzado la línea y los pocos escrúpulos que tenía se habían perdido. Ya solo le quedaba por probar la maldición asesina.
No contento con el cruciatus, pateó sus costillas. Ginny había sido la primera en humillarlo al pedirle el divorcio y al no mostrarse destrozada por no tenerlo en su vida. Ella había obtenido el puesto de capitana en su equipo y comenzado a salir con otros hombres casi al instante de divorciarse. Y ahora se daba el tupé de salir con el idiota de Zabini, el mejor amigo de Malfoy.
- es mejor que te acostumbres a tu situación Ginevra. Esto es mejor que la muerte para ti. Si yo decidiera que debes morir, nadie podría encontrar tu cuerpo.
Odiaba a los Slytherin. Los odiaba a todos. Las estúpidas serpientes le habían robado todo lo que le pertenecía y él se los haría pagar.
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Estaba aterrada. Tenía solo treinta y dos semanas de gestación y su fuente se había roto. Nunca había tenido tanto miedo en toda su vida como luego de sufrir ese accidente y rodar por una escalera. Ni siquiera cuando Bellatrix la atacó en Malfoy Manor, y marcó su brazo, había temido tanto.
No era por ella que Hermione tenía miedo. Sus bebes eran demasiado prematuros y estaba horrorizada de perderlos. Le habían dicho que sus padres iban camino al hospital y que la ambulancia corría a máxima velocidad por las calles de Camberra.
La enfermera muggle intentaba calmarla diciéndole palabras agradables, pero Hermione solo podía pensar en su mellizo, Hermes, que había muerto cuando ella nació. ¿Qué haría si algo le pasaba a uno de sus hijos?, ella no era tan fuerte como su madre. Sin Draco y sin sus hijos ella jamás podría seguir adelante.
Ella había estado trabajando en una tienda de ropa en el centro y había rodado por la escalera del depósito. Aun estaba trabajando, porque tenía la esperanza de conseguir dinero suficiente para cuando los bebes llegaran. Pero solo había conseguido accidentarse y probablemente les había hecho daño en la caída.
Con diecinueve años y embarazada, solo había conseguido un puesto mediocre de vendedora en una tienda de ropa. Debía trabajar casi doce horas diarias para conseguir un sueldo mínimo, y aun así, eso no sería suficiente cuando sus hijos nacieran.
Lo único que deseaba en ese momento era tener a Draco con ella. Sabía que era imposible, que él tenía una esposa en ese instante, y que nunca sabría que sus hijos estaban a punto de nacer. Había enviado una carta con Harry, pero Draco la había quemado sin abrirla. A él ya no le importaba nada de ella.
Las contracciones eran insoportables, sentía como si algo la desgarrase desde el interior, pero era el miedo de que sus hijos no sobrevivieran lo que la paralizaba. Los médicos y enfermeros se arremolinaban entorno a ella completamente preocupados.
Tubos, inyecciones, medidores de oxigeno y toda clase de cables habían sido conectados a su cuerpo. Los médicos querían hacerle una cesárea pero no había tiempo, su presión sanguínea se elevaba rápidamente y no había cirujanos en el hospital en ese momento. Si esperaban al cirujano, ella podría no sobrevivir, y sus hijos tampoco.
El médico obstetra tenía una voz suave y una sonrisa radiante que le dio algo de tranquilidad. Por alguna extraña razón irradiaba calma y a pesar de no parecerse en nada, él le recordaba a Dumbledore.
- muy bien Hermione. Hagamos esto, traigamos a tus bebés al mundo. Respira profundo, y cuando sientas la necesidad, puja…
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Blaise corría por toda la casa abriendo las puertas de forma frenética. Había encontrado algunas gotas de sangre en la entrada y sabía que algo horrible había sucedido, pero aun tenía la loca esperanza de encontrarla en algún lugar de la casa y que la sangre solo fuera producto de un accidente tonto.
- ¡GINNY!, ¡¿GINNY DONDE ESTAS?!
Aquello no era racional, su mente se lo gritaba pero no quería creerlo. No podía creerlo. La puerta estaba abierta, había sangre en el suelo y la varita de Ginny estaba junto a la entrada, como si ella la hubiese dejado caer accidentalmente.
El miedo crecía en su pecho al comprobar su ausencia. Estaba seguro de que Potter también se la había llevado. Él había dejado a Draco en casa de sus padres, solo para poner a Ginny en sobre aviso y pedirle que fuera a casa de sus padres por seguridad.
Ella no estaba en ningún lado. Había dejado que el psicópata, que tanto daño le había hecho, se la llevara. Quería matarlo con sus propias manos. Se bañaría en su sangre si él tocaba uno solo de sus cabellos rojos inadecuadamente.
No sabía qué hacer. No podía decirles a los padres de Ginny que Potter la había secuestrado o ellos podían enfermar. Eran personas demasiado grandes y la salud de Molly era frágil. Sin pensarlo dos veces se desapareció rumbo a Gringotts.
Bill Weasley era el hermano mayor, y aunque no lo había aceptado mucho más que Ronald. Si lograba que él le creyese, el resto de los hermanos lo ayudarían a buscar a Ginny.
Por suerte, Bill le creyó inmediatamente. Por alguna razón él llevaba años desconfiando de Potter y enseguida se puso en movimiento para buscar a sus hermanos. Todos juntos convencerían a Draco de presentar una denuncia ante el departamento de aurores.
Si todos ellos presentaban un bloque unido contra Potter, el ministerio tendría que movilizar escuadrones para localizarlo aunque no les gustase la idea. Blaise estaba dispuesto a movilizar la prensa si era necesario. Nada le importaba más que tener a Ginny con él otra vez.
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Antares lloraba nuevamente en los brazos de Narcissa mientras que Scorpius intentaba consolarla a pesar de su corta edad. El niño estaba pronto a cumplir los tres años pero ya demostraba tener una inteligencia emocional mucho mayor que algunos adultos. Sin dudas, Astoria había dejado mucho de ella en su hijo.
Scorpius acariciaba la espalda de Antares en silencio y con gesto triste. Ellos no podían saber si él entendía lo que sucedía, o ver a su hermana llorar solo lo entristecía. Ver a sus hijos tristes rompía el corazón de Draco y el dolor era casi insoportable al saber que era por la desaparición de Hermione.
Habían pasado dos días, y los niños se asustaban cada vez más, cuando veían volver a su padre sin su mamá. Tenían miedo de no volver a verla y con cada día que pasaba, ese terror crecía.
El maldito departamento de aurores no les había prestado atención. Aduciendo que ambas mujeres no llevaban siquiera una semana desaparecidas y que era muy probable que ambas estuvieran de viaje o algo por el estilo.
Habían intentado hablar con Kingsley, pero él no estaba en la ciudad y nadie más había querido tomarles la denuncia. Blaise había hecho una base en su casa y todos los hermanos Weasley estaban con él, a la espera de que surgieran novedades.
Ellos aun no habían contactado a la prensa para acelerar la búsqueda, porque Molly Weasley estaba delicada y trataban de evitar que ella supiese lo que había sucedido con Ginny. Temían que un disgusto de esa magnitud dañara aun más su salud.
Los aurores no tomarían la denuncia hasta que pudiesen comprobar que habían sido secuestradas. No había signos de violencia en ninguna de las casas y habían cometido el error de insinuar que había sido Potter quien las secuestró. Ambas familias estaban completamente destrozadas. Ellos sabían que ellas estaban en peligro y el no saber dónde buscar, era una tortura. Potter parecía haberse esfumado de la tierra y con él se había llevado a ambas mujeres.
Ronald Weasley los había conducido a Grimauld Place y ese sitio parecía vacio hacia meses. Ni siquiera estaba el elfo que había servido en la mansión por tantos años. Todo en la casa estaba revuelto y destruido. Potter había abandonado ese sitio hacía mucho tiempo, aparentemente.
Las paredes estaban llenas de dibujos extraños de una mujer, y frases que helaban sus venas. Potter había tapizado sus paredes con cartas de amor obsesivo a Hermione. Los meses en los que él no los había molestado, aparentemente se había dedicado a fraguar su plan.
Draco giraba el dorado anillo entre sus dedos mientras roía su angustia en soledad. Cuando estuvo de viaje con sus hijos, se había convencido de que no tenía por qué esperar. Él quería estar con Hermione y no quería estar separado de sus hijos nunca más.
Había planeado llevarla a cenar apenas volviesen del viaje y pedirle matrimonio allí. Él había querido hacer aquello cuando estaban en Hogwarts y su amor no había cambiando en nada desde esa época. Al contrario, él sentía que la quería mucho más que en esa época.
- ¿sabes algo hijo? creo que deberías tirar ese anillo. Estoy completamente seguro de que está maldito.
- ¿qué quieres padre? - Draco intentó esconder las rebeldes lágrimas que caían de sus ojos grises. Aunque era inútil.
- se que ese es el anillo que enviaste a confeccionar para la señorita Granger cuando se graduaron de Hogwarts.
- ¿Cómo lo sabes?
-tu madre me contó todo. Sospecho que cada vez que intentas pedirle matrimonio a la señorita Granger, con ese anillo, ella desaparece.
- ojalá fuese eso.
- prueba con uno nuevo la próxima vez.
Lucius Malfoy puso una mano sobre el hombro de su único hijo. Podía sentir la angustia que él tenía en ese instante. Desearía tener su magia aun. Si él tuviese una varita en ese instante, saldría en busca de Potter y haría lo necesario para traer a la madre de sus nietos nuevamente a casa.
La señorita Granger no era la mujer que él hubiese deseado para su hijo, pero era la mujer que su hijo necesitaba. Además era la madre de sus nietos mayores, y esos niños se habían metido bajo su piel de una forma imposible. Verlos sufrir por la ausencia de ella era desgarrador.
- van dos días papá. ¿Qué le estará haciendo?, no sé si ella sigue viva aun.
- ella está viva Draco. La señorita Granger es una sobreviviente.
Era la primera vez que Lucius le daba palabras de aliento. Él jamás lo había reconfortado. Y no recordaba la última vez que lo había abrazado. Probablemente nunca lo había hecho. Pero ahora, con Hermione desaparecida, saber que su padre estaba ahí para él, era agradable.
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N.a: ¡hola!, entramos en la recta final de esta historia. Espero que les haya gustado este capítulo. ¡HASTA LA PROXIMA!
