TODOS LOS PERSONAJES, ESCENARIOS Y HECHIZOS CONOCIDOS PERTENECEN A JK ROWLING, YO SÓLO LOS TOMO, LOS MEZCLO Y AGREGO COSAS
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Capitulo 21:
- ¡ATENCIÓN AURORES!, GUARDEN SILENCIO.
Todos los aurores de la sala comenzaron a guardar silencio. El departamento completo estaba acuartelado a causa de mal comportamiento y cualquier cosa que hiciesen o dijesen seria un boleto directo a una celda en Azkaban.
Kingsley Shacklebolt había vuelto de un viaje oficial y se había topado con la desagradable noticia de que el auror Harry Potter había sido puesto en libertad sin su permiso y que nadie en el departamento había iniciado las investigaciones pertinentes para la denuncia de secuestro de Hermione Granger y Ginevra Weasley, más de tres días después de sucedido el hecho.
- Señores y Señoras. Dos heroínas de guerra fueron secuestradas hace tres días y el departamento de aurores no ha hecho nada aun. Esto es una vergüenza, una mancha para la institución, y si esas mujeres han sido heridas, será nuestra culpa. Hemos fallado en nuestro sagrado deber de proteger a los civiles.
Los aurores se removían incómodos. El encargado de recibir las denuncias había sido inmediatamente encarcelado cuando Kingsley se enteró de que no había hecho nada cuando Malfoy y Zabini se presentaron dando aviso de los secuestros.
McDaniels era un chico nacido de muggles que había perdido a sus padres a mano de los carroñeros durante la segunda guerra mágica y por eso odiaba a Malfoy y a todo lo que estuviese relacionado con los mortífagos. Cuando lo vio completamente fuera de sí, decidió que aquello seria su venganza por la muerte de sus padres y descartó la denuncia sin siquiera leerla dos veces.
- este caso es nuestra única prioridad, y Harry Potter es nuestro principal sospechoso. Pregunten en ambos vecindarios de las víctimas y averigüen si hay sistemas de vigilancia muggle. Quiero que analicen las huellas mágicas para saber que hechizos utilizó el perpetrador. Quiero que busquen huellas digitales para verificar su identidad del secuestrador. Necesito que busquen debajo de las piedras si es necesario, no quiero que pase un día más sin que estas mujeres estén con sus familias. ¿ENTENDIDO?
- ¡SI SEÑOR MINISTRO!
El departamento se convirtió en un hervidero de actividad y rápidamente se iban repartiendo las labores y partiendo hacia sus misiones designadas. Sus cabezas estaban en juego. Kingsley no dudaría en enjuiciar a cualquiera que cometiera un error más en ese caso.
Kingsley se unió a Draco y a Blaise en su oficina. Se encontraba profundamente avergonzado por el trato que se les había dado en su ausencia. Y la furia bullía profunda en su interior a causa de que alguien había lanzado un imperio a un guardia para que liberase a Potter.
Él sabía que el auror estaba fuera de control, pero nunca sospechó que fuera capaz de secuestrar a su mejor amiga y a su ex esposa. Todo aquello era su culpa, hacia años notaba que Potter no era el mismo chico que había conocido durante la guerra y lo había ignorado a sabiendas, creyendo que era solo una fase o que la ayuda psicológica sería suficiente.
Luego de hablar con las parejas de las víctimas, de darles toda la información que tenía disponible y pedirles disculpas por enésima vez, Kingsley los abandonó para seguir él mismo una línea de investigación que había reservado oculta por precaución. Aunque ya no fuera un auror, él investigaría por su propia cuenta. Salvar a ambas mujeres era una cuestión de honor.
Luego de la guerra él había creado un departamento de atención psicológica con el fin de atender a todos los que participaron de ella y ayudarlos a readaptarse y a lidiar con los traumas que pudiesen haber sufrido en ese tiempo, o después, durante las misiones.
Ese año había ingresado a trabajar una nueva medimaga mental, luego de la repentina muerte de Ambrosius Hightower, el anterior medimago residente. Gabrielle Delacour era nueva en el campo de la medimagia, pero Kingsley confiaba en que sabía lo que hacía. Él se había equivocado profundamente.
Desde que Harry Potter la había salvado en el torneo de los tres magos, Gabrielle estaba completamente obsesionada con él. Tanto así que al finalizar sus estudios en Beauxbatons ella intentó ingresar al cuerpo de aurores, para estar cerca de él, pero fracasó miserablemente.
Por suerte el medimago que atendía al cuerpo de aurores era un hombre mayor, y Gabrielle decidió que podía aplicar para ser su reemplazo en algún momento. De esa forma estaría cerca de Harry y podría trabajar en su estrategia para conquistarlo definitivamente. El primer paso en su plan fue convertirse en medimaga mental.
Por desgracia, Ambrosius no dimitió a su cargo lo suficientemente rápido para el gusto de Gabrielle, así que ella había tomado el asunto de su retiro en sus propias manos y le había dado un pequeño empujoncito… hacia el vacio. Dos meses después, ella alcanzaba su sueño de estar cerca de Harry cuanto tiempo quisiera.
Siendo su medimaga tratante, ella tenía acceso a sus más oscuros secretos y podía sentirse tan cerca como era posible del objeto de su deseo. Y con suerte podría meterse muy pronto bajo su piel.
Ella estaba feliz esa mañana. Harry había accedido a desayunar con ella en un modesto bar muggle y había podido seguir ayudándolo con la misión encubierta que estaba llevando a cabo. Gabrielle le había prestado su pequeña casa en los suburbios para que estableciera su base de operaciones, mientras ella se quedaba en el Caldero Chorreante para no molestarlo mientras trabajaba.
Soñaba despierta cuando de pronto alguien llamó a la puerta de su despacho. Era extraño ya que no tenía ninguna cita programada con ningún auror durante esa tarde. Acomodando su largo cabello rubio, usó su varita para dar acceso a los visitantes.
- Buenos días Doctora Delacour.
- Buenos días Señor Ministro. ¿A qué debo su visita?, ¿desea programar una sesión?
- no. Deseo información de Harry Potter. Necesito que me dé un completo informe de todo aquello que sabe de él. ¿Ha notado algún cambio en su comportamiento?, ¿hay alguna información importante que deba darme?
- lo siento señor ministro pero la información y diagnósticos de mis pacientes es estrictamente confidencial. No seré yo quien divulgue nada de ellos. Mis pacientes confían mi discreción.
- admiro su profesionalismo señorita Delacour, pero estamos hablando de un sospechoso de dos secuestros. Necesito que usted me brinde toda la información que tenga que nos lleve a resolver este caso. Es un asunto de vida o muerte.
Gabrielle comenzaba a exasperarse. Harry había dicho que eso sucedería. Que irían con ella para que les diera información. Estaban tras su puesto en el departamento de aurores, así que buscarían cualquier excusa para correrlo de en medio. Y de ser posible, lo llevarían a Azkaban para que no pudiese defenderse.
- NO LE DIRÉ NADA. ¡HARRY TIENE RAZON!, ¡USTEDES QUIEREN ARRUINAR SU CARRERA COMO AUROR!
- Doctora. Potter entró al departamento de Hermione Granger hace dos noches y a la casa de Ginevra Weasley. A estas alturas él las mató o las tiene cautivas. Necesitamos encontrarlo para hallar a las víctimas.
- Está demente Kingsley. Acabo de estar con él. Harry desayunó conmigo esta mañana. Es imposible que haya secuestrado a alguien y salga a desayunar conmigo.
- Necesito saber donde lo vio Gabrielle.
- no se lo diré. Esto es acoso. No contaré más preguntas. Despídame si lo desea.
- Por favor Gabrielle. Necesito saber donde se encuentra Harry Potter.
- se equivocan de sospechoso él no ha hecho nada malo, nunca. Y ahora si me disculpa. Debo irme. Mi horario laboral ha concluido
Gabrielle salió de la oficina como si el mismísimo Voldemort la estuviese persiguiendo. Kingsley estaba desconcertado con su forma de actuar, pero decidió que ella sabía algo. La seguiría el resto del día y vería si ella lo llevaba a Potter y con suerte a las víctimas.
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Era una de esas tardes de domingo donde no valía la pena moverse para salir de debajo de las cobijas. Hacia frio y afuera llovía a cantaros. Todo el castillo estaba anormalmente silencioso, seguramente todos tendrían la misma idea y permanecerían en sus salas comunes refugiados del clima inclemente.
Hermione había hecho algo muy parecido a un nido junto a la chimenea de la sala de premios anuales. Ella le había dicho que era en días así que sus padres hacían eso mismo con ella, cuando era pequeña, y los tres se dedicaban a tejer historias sobre el futuro. A soñar despiertos y hacer planes para el porvenir.
Draco se había permitido aquello solo durante las madrugadas, mientras ella dormía y los tenues rayos de luna caían sobre su rostro dándole un aspecto etéreo, mágico. Él había planeado su vida completa junto a ella, pero eso era un secreto.
Los elfos domésticos le habían traído chocolate caliente y postres. Asombrosamente Blaise había declinado de forma amable la oferta de unírseles esa tarde. Había dicho que tenía una cita o algo así.
El cómodo y tibio nido estaba hecho de almohadas y cobijas dispuestas en el suelo de forma tal que podías estar caliente en cualquier parte de él que decidieras ocupar. Draco nunca había hecho algo así. En Malfoy Manor no se permitía usar los finos brocados de seda de los cobertores para hacer algo parecido a un nido. Y soñar despierto no era algo que se hiciera a menudo en su mundo. Los únicos sueños posibles eran los de grandeza, riqueza y poder.
Draco tenía su cabeza sobre el regazo de Hermione, y ella acariciaba su cabello mientras hablaba, casi sin parar a respirar, de las cosas que haría saliendo del colegio. Él estaba maravillado de cómo lo incluía en cada una de ellas. Incluso daba por hecho que él la acompañaría a buscar a sus padres a Australia en Julio. Cada momento que pasaba con ella era más feliz que el anterior.
- ¿tú con que sueñas Draco?
- mmm. No lo sé. Nunca he hecho eso.
- ¿en serio?, ¿nunca te has acostado y has comenzado a pensar en diversos escenarios, o en cosas que te gustaría hacer o tener?
Draco dudaba. Tenía miedo de decirle la verdad y que de alguna forma ella se horrorizara por sus ideas. Él había soñado despierto con un mundo ideal junto a ella y sentía terror de que se burlara de él por haberlo hecho.
- tus mejillas están sonrosadas. Si los has hecho, no puedes ocultarmelo. Cuéntame. Porfavoooor.
Una lluvia de besos inocentes cubrió su cara. Ella hacia eso cuando deseaba ablandarlo y conseguir algo de él. La inmensa ternura que ella despertaba en su corazón amargado era suficiente para conseguir cualquier cosa. Probablemente ella usaría esa táctica mas a menudo, en su contra, si supiera realmente cuanto poder podía ejercer en él.
- bien. Pero promete que no te burlaras de mi.
- son tus sueños. Jamás me burlaría de tus sueños Draco.
- tampoco puedes reírte por mas estúpidos que suenen.
- vamos. No seas tan miedoso. Te he contado algunos de los míos. Quiero que compartas conmigo alguno de los tuyos.
Draco suspiró. Aquello no sería sencillo. Hermione le estaba pidiendo que desnudase su alma ante ella. Eso era lo único que no había hecho aun. Al parecer, Hermione se quedaría con muchas de sus primeras veces trascendentales.
Quizá ella no fuera la primer mujer con la que él tuvo sexo, pero si la primera a la que le hizo el amor. Hermione siempre sería la primera mujer con la que durmió abrazado, su primera amiga, su primer y único amor.
Armándose de valor comenzó a contar su mayor sueño. Empezaba siendo pequeño. Él deseaba encontrar a los padres de ella y pedirles su bendición para cortejarla.
-no me mires así Hermione. Fui criado con antiguas tradiciones. El beneplácito de tus padres es importante para mí…
- me encanta. No me hagas caso. Tu solo sigue.
Luego le habló sobre su antiguo sueño de ser pocionista y como lo había cambiado por la idea de tener su propia empresa y sacar su apellido del fango.
-¿y luego?
- ¿y luego qué?
- ¿que harías cuando tu apellido sea grande otra vez?
- probablemente lo pondría junto a tu nombre.
- ¿en serio?
- sí. Hermione Jane Malfoy, suena muy bien para mi. ¿Tú qué opinas?
- debo admitir que sí, suena maravilloso. ¿No crees que cientos de tus antepasados se revolcarán en sus tumbas?
- que lo hagan. Están muertos, y yo no les debo nada. Ni siquiera los conozco.
Otra lluvia de besos descendió sobre su rostro, esta vez eran una recompensa por sus palabras. Aquello empezaba a gustarle. Hermione no se reía de su sueño y se estaba comenzando a sentir cómodo mientras le contaba sus sueños.
- entonces yo seré defensora de la ley. Tú serás un reconocido empresario. Y tu apellido estará ligado a mi nombre. ¿Eso implica que me pedirás que me case contigo en algún momento?
- pensaba más bien en adoptarte… pero creo que el matrimonio es buena idea. – ella golpeó suavemente su brazo.
- ¡no seas malo! ¿Sería una formalidad pomposa o una pedida realmente romántica?
- ¿Cuál prefieres?
- una sorpresa.
- hecho, una sorpresa será.
- Será una boda grande. Y usaremos algunas tradiciones muggles. Quiero un vestido de novia blanco. ¿lo aceptarías?.
- Por supuesto. Te verás hermosa. Yo seré el tipo emocionado junto al juez de paz.
- yo seré la que caminará por el pasillo con miedo a tropezar.
Ambos rieron ante la imagen mental de Hermione cayendo por culpa de su vestido ante la atónita mirada de los invitados a su boda imaginaria.
- bien. Entonces. Seré la señora Malfoy. Y tendremos que vivir en algún lado, ¿qué prefieres?, ¿una casa en el campo o un piso en la ciudad?
- somos ricos. Podremos tener ambas. Pero preferiría vivir cerca de la ciudad para poder trasladarnos al trabajo.
- es verdad. En alguna comunidad mixta. Los niños deben ir a una primaria muggle para conocer mis raíces. Serán mestizos así que deben crecer conociendo perfectamente ambos mundos.
- ¿niños?
- sí, ¿tendremos hijos, no?
- no había llegado a ese punto. Pero si, tendremos preciosos niños con abundante cabello rizado y rubio.
-¿Cuántos quieres?
- tantos como tú quieras. No seré yo quien los de a luz. Pero nunca uno solo. Crecer como hijo único es aburrido.
- dímelo a mí. Cientos de veces les pedí a mis padres por un hermanito. Siempre sentí que me faltaba algo al crecer. Pero ellos dijeron que no. Que yo sería su única hija.
- bien. Si tuviera que dar un número, diría que quiero cuatro.
- ¿por qué cuatro?
- es un buen numero. Incluso podríamos convencerlos y poner uno en cada casa.
- pensé que querrías que todos fueran Slytherin.
- serán hijos tuyos Hermione. Si no son todos Ravenclaw, serán todos Gryffindor. Con suerte habrá alguna serpiente inofensiva. Pero hay pocas probabilidades. Me conformo con que sean tan inteligentes como tu.
- ¿quieres niños o niñas?
- serán todos niños.
- ¿por qué estas tan seguro?
- no nacen mujeres en la familia Malfoy desde hace incontables generaciones.
- apuesto a que tendremos al menos una niña.
- sería un milagro si eso llegara a suceder.
- los milagros ocurren Draco. No lo olvides.
Draco rodó sus ojos y luego tomó la mano de Hermione para besarla. Amaba a esa chica con todo su corazón y en ese momento, mientras soñaban despiertos a la orilla de la chimenea, él se creía invencible. El mundo de abría ante él y todo era posible, incluso tener una hija.
- ¿usaríamos la tradición de los nombres estelares?
- por supuesto, esa es una tradición hermosa que continuaremos. Nuestros hijos tendrán nombres de objetos celestes señor Malfoy.
- ¿tenemos un gato?
- no. Tenemos un perro. No he logrado que a tus hijos les gusten. Incluso creo que el menor es alérgico a ellos.
- yo seguramente les compré una mascota exótica y adorable.
- obviamente eso te valió dormir una semana en el sofá. Porque opino que con el perro era suficiente.
-me perdonarás enseguida porque te compraré un libro extraño o haré algo realmente agradable para redimirme. Seguramente terminarás adorando al feo y raro bicho que traje a la casa.
- Ya veremos. Nuestra hija quiere ser jugadora de quidditch y yo no estoy de acuerdo.
- sabes que no es posible, no hay mujeres Malfoy.
-shh. Si las hay. Quiere ser golpeadora. Yo le tengo pánico a las escobas, pero ella quiere jugar. ¿De qué lado estarás?
- lo siento. Pero del lado de mi niña. Y la convenceré de ser buscadora. Es el mejor puesto. Además es más seguro para ella si se mantiene lo más alejada posible de las bludgers.
- dime que no comprarás escobas para todo el equipo como hizo tu padre.
- no. Ella tiene talento. Entrará sola al equipo. Pero… probablemente ayude un poco y les haga un regalo. Las escobas del colegio son demasiado viejas y lo sabes.
- eres incorregible. A tu hijo mayor le gusta una Weasley.
- sabía que no debía dejarte llevar a mis hijos a conocer a esa familia…
-¿estás enojado?
- no. Pero haré algo de escándalo para no perder la costumbre.
Ambos estallaron en risas. Y siguieron tejiendo sueños en el aire mientras la lluvia golpeaba incesantemente en la ventana. Ellos no sabían que algunos de sus sueños serian realidades tangibles. Ni que algunos de ellos cambiarían rotundamente para dar paso a otros más grandes.
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Gabrielle apareció en el callejón cercano a su casa. Tenía que avisarle a Harry que iban tras él. No podía permitir que los aurores dieran con su paradero y lo encarcelaran injustamente. Estaba totalmente segura de que él había comenzado a sentir algo por ella y que una relación podría surgir pronto.
Solo debía mostrarle su lealtad y él la amaría finalmente. De hecho le había dicho que podría amarla alguna vez. Ella lo estaba ayudando y sabía que con eso le mostraría toda la devoción y amor que sentía hacia él.
Apurada golpeó la puerta de la casa. Sus padres le habían comprado ese lugar para que pudiese vivir cerca del ministerio y mucho más cerca de su hermana Fleur.
Pudo oír unos ruidos ahogados y el sonido de puertas que se cerraban a la fuerza. Por alguna razón su instinto le decía que algo iba mal, pero decidió ignorarlo. Harry había salvado su vida en el torneo de los tres magos, cuando era una niña, y ella lo amaba. Él seguro seria incapaz de lastimarla de alguna forma.
- que quieres Gabrielle.
- Harry, ¿puedo pasar?
- estoy ocupado. Que sea rápido.
Harry había estado intentando suministrarle la poción somnífera a Hermione y había oído como Ginny volvía a despertarse cuando Gabrielle llegó a la casa. Ellas aun no se ajustaban a sus nuevas situaciones, y mientras no consiguiese un sitio apartado y oculto donde llevarlas, lo mejor sería seguir manteniéndolas dormidas o los vecinos podrían oírlas.
- te están buscando Harry. Kingsley vino hace un rato intentando saber de ti.
-¿Qué?
- descubrieron que Maxwell estaba bajo un imperio cuando te liberó. Están peinando el país en tu búsqueda.
- ¿ERES IDIOTA GABRIELLE?
-¿Qué hice? ¿Qué hice mal Harry?
- me dices que me están buscando y vienes hasta aquí para decírmelo. ¿No se te ocurrió que podrían estarte siguiendo?
- yo… eh… no lo pensé. Solo quería advertirte.
- estúpida. ¿Les dijiste que estaba aquí? – él tomó su cabello con la intención de lastimarla.
- no, lo siento. No lo hice. Lo juro. No me lastimes Harry.
Kingsley estaba posado en un árbol cercano a la casa en su forma animaga. Su halcón peregrino era muy útil a la hora de pasar desapercibido. Él tenía una vista aérea fantástica y había podido seguir a Delacour casi sin inconvenientes.
Potter estaba en la casa. Había podido vislumbrarlo fugazmente cuando abrió la puerta de la casa. Estaba atardeciendo y tenía que moverse rápido si no quería perder el rastro. Necesitaba buscar un lugar seguro para enviar un patronus al ministerio y esperar por los refuerzos que lo ayudarían a ingresar a la casa y rescatar a Weasley y a Granger sanas y salvas, si es que aun estaban vivas.
Su corazón comenzó a galopar sin control. Las cosas se habían puesto, oficialmente, peligrosas en extremo. Oyó los gritos de auxilio de una mujer, provenientes de la casa y luego se hizo silencio justo cuando un inequívoco fulgor verde se dejó ver tras las cortinas.
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N.a: ¡hola! Antes que nada gracias a todos por los follow y los comentarios. El próximo capítulo será el final de esta historia y espero que me acompañen también ahí. ¡HASTA LA PRÓXIMA!
