TODOS LOS PERSONAJES, ESCENARIOS Y HECHIZOS CONOCIDOS PERTENECEN A JK ROWLING, YO SÓLO LOS TOMO, LOS MEZCLO Y AGREGO COSAS

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Epilogo:

Caminaban a la orilla del mar mientras el rojizo ocaso les daba un ambiente de ensueño. La suave briza salada despeinaba sus rizos y la solitaria rosa blanca que Draco le había regalado perfumaba sus sentidos, a la vez que su masculina y tibia mano envolvía la suya.

La arena blanca era bañada por las aguas turquesas que ahora reflejaban, como un gran espejo, la hermosa caída del sol de verano.

La nana de Scorpius se había quedado en el hotel cuidando a los niños, para que ellos tuviesen un par de horas a solas. Draco había insistido mucho en llevarla, y ahora veía que si había sido una buena idea. Tener un momento romántico para ellos solos era la gloria.

Desde que había salido de aquella casa del horror, no se había separado de sus hijos salvo para ir a dormir. Y a pesar de que pasaba mucho tiempo con Draco, la mayoría era tiempo siendo padres de la gran familia que habían armado.

Esa tarde Draco había insistido en que usase aquel vestido para pasear por la playa, y aunque parecía demasiado sofisticado para un simple paseo, tenía que admitir que nunca se había sentido más bella. Pero él siempre había sido un especialista en elegirle vestidos. Aun recordaba aquel que le había elegido para el baile de navidad que compartieron en la torre de premios anuales.

La sedosa tela blanca hacia resaltar el bonito bronceado que había adquirido en aquella isla paradisiaca. Draco, como siempre, se veía como salido de alguna revista de modas muggle. Su camisa blanca arremangada y con algunos botones desprendidos hacia perfecto conjunto con un pantalón del mismo color de la arena por la que caminaban descalzos.

Ese momento era tan pacifico, le recordaba las madrugadas en las que él la despertaba para que juntos fuesen a volar en su escoba y ver el amanecer, mientras estaban en Hogwarts. Ambos caminaban en perfecto silencio, solo oyendo las suaves olas rompiendo en la costa. Era como si las palabras entre ellos sobrasen.

Tenían un hermoso futuro esperándolos. Hermione recientemente había descubierto que nuevamente estaba embarazada. Los días luego de su secuestro, y durante el juicio a Harry Potter, habían sido tan caóticos que ninguno recordó las pociones anticonceptivas.

Durante el día, Draco tomaba su mano mientras oían los alegatos del wizengamot y daba su testimonio de todo lo que padeció encerrada en aquel sitio. Durante la noche eran sus besos los que le daban consuelo y borraban todo lo malo que había sucedido.

Al amanecer eran sus brazos los que le daban consuelo y eran sus hijos quienes con sus juegos y caricias matinales los que la llenaban de luz ayudándola a superar su miedo a que todo lo que amaba le fuese arrebatado.

La noticia del nuevo bebé solo la había sorprendido a ella. Al parecer Scorpius lo había deseado en un nido que hicieron junto a la chimenea, así que toda su familia había dado por hecho de que solo era cuestión de tiempo para que sucediese.

La historia del famoso nido de deseos que la había traído a casa era algo que siempre la intrigaba. Pues cada vez que la contaban, sus hijos omitían algo y nadie había estado dispuesto a decirle que era. Algún día conseguiría saber que más habían soñado. Probablemente cuando el deseo que habían pedido se cumpliese se lo dirían.

A lo lejos se veía una bella glorieta de flores blancas adornada con cientos de luces que titilaban como estrellas. Una pequeña punzada de envidia surgió en el pecho de Hermione. Sin dudas alguna mujer afortunada se casaría muy enamorada con ese maravilloso marco como fondo.

Recientemente habían asistido a la enorme boda que Blaise había organizado para Ginny, y a la pequeña pero romántica fiesta de casamiento que Luna y Theodore habían tenido luego de que su hijo Galen Nott naciese.

Hermione y Draco eran los padrinos del pequeño Galen. Y ella estaba enamorada del nombre que le habían dado. Galen significaba paz, calma, y era lo que él les había dado a sus padres.

Cuando solo les quedaban unos cincuenta metros para llegar a la zona delimitada para la boda en la playa, su corazón comenzó a palpitar. Al menos cuatro cabelleras eran imposiblemente rubias y las reconocería en cualquier sitio, puesto que a su lado tenía el portador de una con similares características.

- Hermione. ¿Te casarías conmigo ahora?, ¿con el atardecer de fondo y las personas que amamos como testigos?

Draco se arrodilló frente a ella y de su bolsillo extrajo una fina banda plateada con un solitario diamante. Era el anillo más simple y hermoso que jamás hubiese visto. Una hora antes ellos habían arrojado al mar aquel anillo que todos consideraban maldito.

La ornamentada sortija de rosas que Draco había intentado darle dos veces, ahora yacía perdida en el fondo del gran océano. Draco había dicho que no se arriesgaría a que aquella cosa volviese a traerles mala suerte. También había renovado su promesa de sorprenderla completamente cuando finalmente le pidiese matrimonio.

Como siempre él se había lucido. Una hora después de dejarle entre ver que su boda no sería pronto, él estaba arrodillado ante ella pidiendo su mano y a unos cuantos metros todos sus familiares y conocidos aguardaban a su respuesta.

Draco le había organizado una boda sorpresa. No supo si eran las hormonas del embarazo, el mágico momento que estaba viviendo o qué, pero inmediatamente comenzó a llorar mientras aceptaba la propuesta del amor de su vida.

- este será el compromiso más corto de la historia, Hermione. Nuestra hija deseaba esto y sabes que no puedo negarle nada de lo que ella me pida. ¿Caminarías conmigo hasta ese altar y me dirías que si quieres ser mi esposa?

- claro que si Draco. Por supuesto que sí, quiero casarme contigo.

Draco la abrazó y comenzó a girar con ella en andas, mientras todos aplaudían a los recién comprometidos. Cuando el mareo la obligó a exigir que la dejase en el suelo, todos guardaron silencio, una orquesta comenzó a tocar una bella canción y Altaír corrió hasta ella para darle un enorme abrazo.

- yo me adelantaré. Seré el tipo rubio junto al juez de paz. No demores, no quiero seguir esperando por esto.

Él corrió y fue recibido por los brazos abiertos de su madre. Al parecer todos habían estado complotados. Mientras su hijo Altaír le entregaba una pequeña diadema de flores frescas blancas, que había traído en sus manos, Ginny, Luna, Theo y Blaise aparecieron para abrir su cortejo.

Cuando la marcha nupcial comenzó a tocar, con el oleaje como acompañamiento. Antares y Scorpius caminaron delante de los padrinos tomados de la mano, mientras la niña esparcía por el suelo pétalos de flores que extraía de una pequeña bolsa que colgaba cruzada en su pecho.

Su hija vestía un vaporoso vestido rosa y en su cabello habían colocado una diadema de flores similares a la suya, sus rizos rubios rebotaban sueltos mientras daba seguros pasos en dirección al altar. Su bebé Scorpius caminaba altivo con sus piernas regordetas, mientras sostenía fuertemente el cofrecito que contenía las alianzas.

- mami, ¿me dejarás llevarte al altar?

- por supuesto que si mi cielo.

Altaír acomodó sus gafas e intentó reacomodar su cabello rubio y suavemente rizado. Se notaba que estaba nervioso pero no deseaba que lo notara. Su hombrecito siempre intentaba permanecer estoico, pero Hermione sabía que era el niño más sensible de la tierra.

Diez metros la separaban del altar y Draco iluminaba todo con su enorme sonrisa. Nunca había estado tan feliz en su vida y aquella boda sorpresa seria su más atesorado recuerdo. Él estaba parado junto al juez y cambiaba su peso de una pierna a la otra demostrando con su postura lo ansioso que estaba porque ella llegase a su lado. Ambos habían esperado demasiado tiempo para cumplir aquel sueño y los segundos que los separaban se hacían eternos a su parecer.

Lucius Malfoy tenía cara de estar sufriendo parado junto a su esposa en el lado del novio. Para complacer a su nieta estaba usando una camisa muggle color celeste y no había podido conseguir que le dejase usar un pantalón negro o algo más sobrio que aquel pantalón de lino poco sofisticado. Había sido brutalmente coaccionado por unos enormes ojos grises que se habían llenado de lágrimas ante su negativa inicial.

Si, Antares era quien movía los hilos de todos los hombres Malfoy y de su padrino Blaise por añadidura. Su dulzura y su suspicaz inteligencia, junto con el fuerte carácter heredado de su madre, la hacía una niña de armas tomar y no había ningún hombre de la familia que pudiese negar alguno de sus deseos. Por suerte, su madre y sus abuelas estaban para mostrarle el camino correcto, para que no abusase de su encanto y poderes de persuasión.

Mientras caminaba con su hijo de la mano, pudo ver a todos los presentes. Realmente no era una gran boda. Unos pocos ex compañeros de Hogwarts, Neville y su esposa, algunos Weasley y sus padres estaban de su lado. Solo algunos pocos socios de la empresa de Draco acompañaban a Narcissa y Lucius del lado de Draco. Andrómeda y Teddy Lupin no habían podido viajar porque el niño estaba enfermo.

El cielo casi se había oscurecido por completo cuando estuvo frente al altar. El atardecer había dado paso a un firmamento plagado de estrellas que parecían sonreírles. Draco tenía sus ojos brillantes debido a las lágrimas de emoción contenidas y el rostro de Hermione no había dejado de humedecerse por las suyas. Estaban a escasos segundos de unirse finalmente. Después de todo lo que habían pasado, al fin podrían profesarse todo el amor que sentían.

Después de eso, nadie mas podría separarlos, y pobre de aquellos que intentasen hacerlo. Hermione le plantearía guerra sin cuartel y no tomaría rehenes si alguien osaba perturbar la paz de su familia nuevamente. La misericordia y la resignación nunca más figuraría en su vocabulario en cuanto a lo que a sus hijos y a Draco respectaba.

- hola papá. Te entrego a mi mamá para que te cases con ella, pero solo con una condición.

- pídeme lo que sea hijo.

- quiero que mi mamá nunca más vuelva a llorar por tu culpa, y quiero que me prometas que jamás volverás a gritarle. ¿Harías eso?

Draco se arrodilló con la intención de estar a la altura de su hijo y poder verlo a los ojos mientras conversaban. Solo Hermione y el juez de paz podían oír la extraña petición del niño a su padre.

- prometo intentarlo cada día de mi vida, Altaír. Amo mucho a tu madre. Tú y tus hermanos son lo más maravilloso que tengo y nada en el mundo me importa más que ustedes y su madre. Juro que me esforzaré para que ni una sola lagrima mas caiga de sus bonitos ojos y jamás volveré a gritarle más que para decirle que la amo. Es una promesa.

- está bien. Entonces si puedes casarte con ella.

Draco se incorporó para poder tomar la mano de Hermione, que Altaír estaba cediéndole mientras sonreía y besó el anillo que recientemente había colocado en su dedo anular. Prometerle a su hijo que no haría llorar a su madre no estaba en los planes iniciales de la boda, pero su hijo mayor era sobreprotector y si él quería una promesa era justo que se la diera.

Mientras el juez de paz les brindaba algunas sencillas palabras sobre el matrimonio, la vida y la felicidad, el fotógrafo de la boda se estaba esmerando en obtener las mejores tomas para inmortalizar aquel maravilloso momento.

- a continuación, los novios harán sus votos y finalmente realizarán el juramento inquebrantable que los declarará marido y mujer.

El juez le dio la palabra a Draco y él tomó las manos de Hermione entre las suyas para luego besarlas. Como era una boda mixta, ellos ya habían intercambiado alianzas a la usanza muggle, ahora solo faltaba la ceremonia mágica y estarían unidos oficialmente.

- Hermione. No hay palabras suficientes para describir lo que siento en este momento. Estoy parado aquí, frente a ti, a nuestros hijos y todas las personas que nos quieren, y no puedo creer lo afortunado que soy. Sé que cuando era niño, era estúpido y te lastimé de mil formas, pero tú, con tu infinita bondad pudiste perdonarme.

Cuando volví a Hogwarts luego de la guerra, todo se había terminado para mí. No tenía fuerzas para afrontar un mundo que no conocía y nada tuvo sentido hasta que me mostraste que había cosas por las cuales valía la pena luchar.

Me enseñaste a amar las cosas simples de la vida y me enseñaste a amarte por sobre todas las cosas. Me diste dos hijos maravillosos y amas a mi hijo pequeño como si tú lo hubieses dado a luz. Yo estaba perdido cuando no estabas a mi lado. Me había sumergido en una espiral que me hundía y tú fuiste la única capaz de rescatarme de la oscuridad que me mantenía atrapado.

Tú eres mi brújula Hermione. Sin ti no tengo un norte, sin ti, y la familia que me has dado no tengo razones para existir. Te amo con todo lo que tengo, con todo lo que soy y con todos mis defectos, que son muchos.

Te amo y prometo hacerlo hasta que el último suspiro de vida escape de mis labios.

Hermione demoró un instante en encontrar nuevamente su voz. Las palabras de Draco removían tantas cosas en su interior que era difícil volver a hablar después de su romántico discurso.

- Draco. Te amo. No tenía nada pensado para decir en este momento. Pero quiero que sepas que yo tampoco tengo palabras para contarte todo lo que siento, todo lo que me haces sentir. Contigo aprendí que no todo es blanco y negro, sino que es todo de una amplia gama de grises.

Desde que me mostraste tu corazón nada fue igual para mí. Me enamoré de todo lo que eres sin remedio. Me diste el regalo más importante de mi vida, me diste a nuestros hijos y me confías a Scorpius para amarlo como si fuera su madre. Eres un ser maravilloso, un padre extraordinario y sin dudas el amor de mi vida.

Te amo, y te prometo hacerlo hasta mi último suspiro, y si hay una vida después de eso, también seguiré haciéndolo. Porque mi corazón es tuyo.

Todos los presentes comenzaron a aplaudir luego de que el juez lanzara el hechizo que los declaraba marido y mujer. Y uno a uno de los invitados comenzaron a juntarse alrededor de ellos para felicitarlos por su boda.

Estaba hecho. Ella y Draco se habían casado en una hermosa playa, rodeados de sus afectos. Ambos descalzos, con sus pies en la arena blanca, con la luna y las estrellas como testigos de su amor.

Esa noche bailaron hasta el amanecer. Ese fue el primer baile que tuvieron rodeados de personas, pero ambos sentían como si solo estuviesen ellos en esa playa. Ellos bailaban solos, en su mundo, como lo hicieran en aquel baile de navidad al que a Draco no le habían permitido asistir.

Esa noche, tres parejas bailaban enamoradas bajo las estrellas. Tres serpientes habían sido encantadas por dos leonas y un águila majestuosa. Tres hombres disfrutaban del amor que solo ellas eran capaces de darles. Y tres mujeres se sentían a salvo en los brazos de sus héroes personales.

Puede que la vida no fuese fácil para ninguno de ellos. Puede que los obstáculos que la vida les presente sean duros. Puede ser que algunas lágrimas estuviesen en sus futuros. Pero esa noche nada importaba. Porque todos ellos sabían que si estaban juntos, no importaba cuan oscuro fuese el momento, ni cuan difícil fuese el camino, juntos podrían rescatarse mutuamente y mantenerse unidos ante la adversidad.

Fin.

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N.a: fin del epilogo. Otra historia llega al final y solo tengo palabras de agradecimiento para todos los que le dieron su apoyo capitulo a capitulo. Gracias por cada comentario y por cada fav o follow. Esta historia llega a su fin pero espero que me acompañen en las otras que ya han terminado y en las futuras. He descubierto que me gusta hacer esto y el apoyo que ustedes me dan es maravilloso. ¡GRACIAS TOTALES! Y ¡HASTA SIEMPRE!