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felinettenovember en tumblr

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#felinette

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- Resumen de los anteriores capítulos: -

Marinette Dupain-Cheng había amado a Adrien Agreste, demasiado. Pero debido al desamor, a ella se le había roto el corazón y se le habían triturado las esperanzas. Un día, Félix vuelve a París, después de haber realizado su jugarreta que terminó en una triple akumatización, y regresa a pedir perdón. Pero en vez de eso, conoce a la amable y torpe, y llorona, Marinette. Y crean una amistad especial. Luego, empiezan a salir. En un primer intento, fracasan, para volver a intentarlo unos años más tarde. Ambos más maduros y no tan idiotas. Y esta vez, tienen éxito. Forman una familia y son felices.

En Londres.

Ambos son felices.

Lo que no saben es que Adrien Agreste vuelve a sus vidas, ya no como el primo amable y buenazo, sino como el Nuevo Papillon, una mezcla infame de los prodigios de la mariposa, el pavo real y del poderosísimo gato negro.

Entonces, sucede el apocalipsis, la destrucción. Los secretos caen, y la lucha empieza. Ladybug y su anterior compañero, pelean ambos, en un duelo a muerte. Y vaya si es a muerte. En los últimos segundos de vida que le queda, Ladybug entrega la caja de los prodigios a un único superviviente, a Félix, su esposo. Y éste, solo, viudo, huérfano de hijos y de familia, empieza su peregrinaje para dar una marcha atrás, para enmendar ésa línea del tiempo, tétrica y cruel, distópica.

Félix el guardián vuelve al pasado, para convencer a Marinette que no deben amarse, ni casarse. De esta manera, la joven Marinette intentará alterar el futuro, realizando pequeños cambios a su historia. Cambia su boda, de blanca a roja, cambia sus trajes y su vestido. Y en una medida desesperada, madame Graham besa al primo de su marido, ocasionando un nuevo desastre.

¿Por qué lo hizo? ¿Qué sucederá?

-.-

Esta historia nació tomando de base los prompts del felinette november 2020. Además, va a saltos temporales. Para orientarnos mejor en el orden de los capítulos, he puesto un pequeño mensaje debajo del título en cada uno de ellos. Sin escribir más, seguimos.

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DIA 29

FOUND

( o Encontrado)

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Continuación inmediata del día 28: Lost.

Félix ha presenciado el beso entre Adrien y Marinette, y ha tomado una decisión irremediable. Pero para Marinette, aún quedan algunos problemas, que deberá solucionar...muy pronto.

- Letras en cursivas: pensamientos. -

PENULTIMO CAPITULO


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- Éramos uno, durante años, fuimos los mejores, invencibles. Un equipo de dos. Tu, y yo. Pero nuestro tiempo ha pasado... Nuestra misión, también... - dijo Ladybug, quien estaba de frente a él, en una noche sin luna, en medio de la azotea, arriba de la torre Eiffel. - ...Éramos uno, Chat Noir, y desde hoy, no seremos más nada...-

Ladybug siempre supo que era una persona fuerte, una héroe capaz, pero ahora, habiendo perdido a su marido, no estaba tan segura de ello.

-Un paso a la vez, Marinette, que no te falle la voz, céntrate... luego...luego...pensarás en Félix- se dijo la heroína, dándose ánimos y aguantando las lágrimas por debajo del antifaz.

- ...Debo liberarte de tu responsabilidad...y de tu prodigio...- continuó diciendo la Guardiana.

Estiró su mano enguantada de color rojinegro y abrió la palma, esperando que Chat Noir, su gran aliado, le devolviese el anillo del gato negro.

Pero él, no se lo dio.

- No - dijo, sin inmutarse, Chat Noir. - Por supuesto que no.-

Detrás de Ladybug, súbitamente, un portal del tiempo se abrió y por él, emergió una heroína mucho mayor que ellos: Bunnix, la del prodigio del conejo. Sin embargo, ella no parecía sorprendida. De hecho, parecía que estuviera a punto de luchar, con su paraguas plegado en una de sus manos, y haciendo puño con la otra. Ladybug, con el rabillo del ojo, la vio llegar y de inmediato, presintió lo peor, así que abrió su yoyo y sacó dos prodigios más de su interior. Rápidamente, se colocó la peineta de la abeja y el collar del dragón. Ambos kwamis, Longg y Pollen, revolotearon, absolutamente serios, dispuestos a entrar en acción en cualquier momento.

Chat Noir sólo se quedó quieto, observando el despliegue de poder.

- Todos nos merecemos una segunda oportunidad, Chat Noir. En la amistad, en el amor. Y ahora , en nombre de nuestro pasado, te doy otra. Yo soy la Guardiana y te pido, otra vez, que me des el prodigio del gato negro. - Ladybug estiró nuevamente su brazo y abrió la mano.

Pero el héroe gatuno de París no se movió, sino que siguió plantado ahí, con su antifaz negro, sus escleras verdes, su pelo rubio indomable y desordenado. Sus ojos llenos de furia e incomprensión.

- ¡Chat Noir! - exclamó Ladybug, tratando de hacerlo recapacitar, ya algo desesperada. - ¡tu tiempo se ha acabado!...Haz lo que te digo, por- fa- vor. - Ladybug torció sus labios, disgustada ante la nula respuesta del portador. Sin embargo, aún tenía un penúltimo as bajo la manga. Aún tenía algo que lo podía domar.

- Adrien Agreste - dijo la Guardiana, fuerte y claro. - Adrien Agreste, por favor, devuélveme a Plagg.-

Y esta vez, Chat Noir abrió sus ojos, asombrado. ¿Cómo sabía ella eso? Su identidad, ¿Cómo lo había descubierto? ¿acaso esto era un castigo? ¿había hecho algo mal?. Algo mal, resonó en su consciencia. Y su mente voló lejos, a esa fatídica mañana cuando Marinette Graham entró en su salón y le regaló un beso envenenado y ácido, triste y amargo.

- Por favor, Adrien. - escuchó que Bunnix le dijo.

Chat Noir parpadeó, tratando de aguantar el estrés y la sorpresa. Ésa noche, él había sido citado por Ladybug para una conversación, pero, inesperadamente, la Guardiana le había pedido entregar su prodigio, le había llamado por su nombre, y al negarse, ella y Bunnix se disponían a luchar...¡a luchar! ¡ambas! ¡contra él!

- ¿Por qué? ¡Merezco una explicación! - él apretó los puños, al recordar cuánto había amado a la heroína, y al concluir, que esto que le estaba haciendo, no era otra cosa más que traición. - ¡He sido fiel, Ladybug, y leal!. -

- Tu misión ha acabado, Adrien - siguió diciendo Ladybug.

- Me niego a aceptar todo esto. Quiero que me expliques, quiero que hables conmigo. Éramos uno, Ladybug, compañeros y amigos. ¿Qué ha sucedido? ¿Qué he hecho mal?-

Ladybug miró a Bunnix y ambas, asintieron, coincidiendo mentalmente en lo que debían hacer. Así que en un parpadeo, Bunnix elevó la mano y creó un nuevo portal del tiempo, sólo que éste nuevo portal apareció por detrás de Adrien, muy muy cerca de él. Ladybug corrió hacia su compañero, lo empujó hacia atrás, y ambos cayeron dentro del portal, desapareciendo.

Ambos héroes cayeron para luego golpearse, abruptamente, sobre una superficie fría y dura. Al abrir los ojos, vieron que estaban sobre el asfalto, a orillas de un rio en una ciudad, rodeados de escombros. Una atmósfera candente y el aire lleno de humo les hizo taparse la nariz y aguantar las ganas de toser.

Él trató de gritar, pero Ladybug negó con la cabeza y le señaló hacia delante, hacia la otra ribera del río.

- Observa, observa, Adrien Agreste. - musitó la heroína, conteniendo la tos. Bajo el antifaz, Adrien vio que Ladybug tenía la mirada llena de tristeza y dolor, y había lágrimas que estaban a punto de brotar.

Un fuerte estruendo rompió sus pensamientos y lo obligó a mirar al frente, fijamente.

Londres, esto es Londres, pensó Chat Noir al divisar en el horizonte algo muy parecido al London Eye. En el siguiente segundo, vio como un proyectil inmenso de fuego y gas se llevó por delante a la famosa noria de Londres, arrastrando consigo a edificios, coches, personas, y monumentos.

Londres fue arrasado por esa bola candente en llamas, gigantesca y monstruosa. El agua del Támesis se evaporó por el calor y grandes cantidades de neblina caliente y espesa abarcaron todo el ambiente. Los gritos espeluznantes de los que morían calcinados o asfixiados les causó nauseas y miedo, terror. Adrien cerró los ojos, de inmediato, comprendiendo que estaba en medio de un apocalipsis.

- ¡No!- gruñó Marinette.- No dejes de mirar.-

En frente suyo, Adrien Agreste abrió los ojos, otra vez, para ver cómo, en el cielo, volando como aves de caza, dos figuras combatían en un duelo a muerte. Una de ellas, era su Ladybug, gloriosa e imponente, llena de hollín y cenizas, con el cabello despeinado y algo chamuscado. Ella tenía una espada colgando de uno de sus hombros, y una peonza amarilla y negra se sujetaba en su cintura. El yoyo revoloteaba, defendiendo y atacando.

El enemigo con el que luchaba Ladybug, era un ser desconocido, un villano de traje negro y morado, con un bastón en la mano, y en sus manos, vio garras y en su cabeza, minúsculas orejas de gato...de gato.

- ¿Por qué, por qué me muestras esto?. ¿Quién es este villano, quién es el enemigo? Y ¿Dónde estoy yo para ayudarte, porque no estoy aquí? -

Ladybug negó con la cabeza y movió levemente sus manos para indicarle que siguiera viendo.

La Ladybug del futuro, recibió un poderoso bastonazo en un lado de su cara, siendo estrellada contra el piso, y a pesar que se recuperó rápidamente, se podía adivinar que estaba en problemas. Un gran chorro de sangre brotó de un lado de su rostro, muy cerca a su oreja. Ella se apretó la herida para tratar de contener la hemorragia.

El joven Chat Noir también se dio cuenta que el traje había cambiado. Ya no había rastros de motas, ni del yoyo inmortal. Sólo vio la espada y la peonza. Dedujo, anonadado, que su querida Ladybug había perdido un pendiente, destrozando su trasformación.

Y así, sangrando, golpeada y desarmada, la gran Ladybug se incorporó para hacer frente al enemigo.

Ella se puso de pie, para enfrentar a la muerte.

El villano oscuro, al verla mal herida, descendió también muy cerca, para luego lanzarse sobre ella, y así, aprovechar su debilidad.

- ¡No sabes cuánto te odio, Ladybug!.- gritó el monstruo.

Y sin mediar otras palabras, el Nuevo Papillon, le encajó un golpe brutal con su puño ahí dónde ella más se cubría, ahí por donde ella más sangraba. Ladybug la del futuro, lastimosísima, recibió el impacto del nuevo ataque, doblegándose hacia un lado. Pero justo cuando pensaban que ella perdería, Ladybug tocó al villano encajándole la peonza amarilla en el vientre.

- ¡Veneno! - gimió la heroína.

Y aprovechando esos segundos de sujeción y parálisis, con sus dedos llenos de sangre y polvo, Ladybug logró arrancarle los dos broches que colgaban en el pecho del monstruo, el del pavo real y el de la mariposa.

Dos destellos, uno azul y otro morado, emanaron del villano. De repente, el Nuevo Papillon había perdido dos de trasformaciones, quedando sólo cubierto con un traje de látex negro, una cola larga, mostrando sus escleras verdes cubiertas por un antifaz, y un par de orejas de gato sobre su cabeza.

Alucinado, el joven Chat Noir por fin entendió, quién era el villano, quién era el monstruo, quién era … el enemigo.

- ¡Noooo! - gritó desaforado, totalmente pasmado ante la realidad.

La joven Ladybug lo calló cubriéndole la boca con una mano y de inmediato, un nuevo portal se abrió, apareció Bunnix y cogiéndolos desesperadamente, los metió al portal, desapareciendo los tres, nuevamente.

Aterrizaron de regreso en Paris, en la azotea de la torre Eiffel.

Chat Noir temblaba, a pesar de estar sostenido en brazos por Ladybug. Pasaron unos segundos y sin darse cuenta, gruesas lágrimas calientes y redondas cayeron por su rostro.

- Entonces. - habló Adrien, aún trasformado en héroe. Su voz estaba rota y susurrante. - Entonces, ¿soy yo? -

Y la joven Ladybug, no dudó en responder:

- Sí, Chat Noir. Ese monstruo, el del futuro...ese monstruo eres tú. -

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La siguiente visita que hizo, fue mucho más fácil pero igual de compleja. Había planeado quitárselos cuando muriera, para no tener que encarar ni luchar con un anciano y frágil Papillon. Pero ya no podía, no después de que Félix la dejara. El tiempo de dudar y de dejar pasar las cosas, había acabado.

Ella llegó, de madrugada, hasta la habitación de Gabriel Agreste, en su traje de motas y su yoyo en la cintura, luego caminó hasta el borde de la cama y tocándolo suavemente, él despertó. Ladybug vio su rostro sorprendido, su rostro anciano y arrugado, como el de un higo seco. La heroína recorrió con la mirada el cuerpo enfermo y decrépito que estaba tumbado en esa cama. Frágil y vulnerable, del villano de antaño, ya no quedaba nada.

- Los usaste demasiado, Gabriel Agreste. Y sólo un verdadero portador o un Guardián, es capaz de soportar tanto poder. - la Guardiana hablaba en un susurro, para no despertar a nadie más, mientras que los ojos aterrorizados de Papillon se le clavaban en sus ojos celestes.

- Entrégamelos, Papillon. Redímete hoy de tus pecados. - y Ladybug estiró su mano, solicitando sus prodigios de vuelta.

Gabriel Agreste, sorprendido, no tenía fuerzas para gritar, así que simplemente cerró sus párpados y aceptó su derrota, mientras sus ojos grises se llenaban de lágrimas. En su vejez, Gabriel entendió que la vida no le alcanzaría para lograr su objetivo, debido a su enfermedad y a la resistencia de los héroes, así que desistió de su sueño, pero no se rindió. Sino que planificó dejarle a Adrien en herencia ambas joyas, y ya que su hijo decidiera su destino. Y eso hubiera pasado, de no ser porque Ladybug estaba ahí, a su lado, exigiendo a sus kwamis de retorno.

El anciano suspiró, sabiéndose perdido, y con lentitud, descorrió sus sábanas para enseñarle dónde estaban los broches.

- No me arrepiento de nada, Ladybug. -musitó el villano con un hilo de voz.- He luchado por mis sueños, y aunque no los he cumplido, al menos lo he intentado. -

La heroína vio cómo se deslizaba una lágrima escasa por el rostro del anciano, pero no tuvo piedad. No podía. El viejo hablaba de sus sueños, cuando en el camino, había destruido sin compasión, los sueños de los demás. Y las esperanzas. Y el amor. Y una vida ordinaria y pacífica. Sí, Gabriel Agreste le había roto su vida y eso, no tenía arreglo.

No tendría nunca arreglo.

- Que la muerte te sea leve, Papillon. - masculló con rabia y contención la imponente Ladybug.

Ladybug sabía que al quitarle los prodigios, sus fuerzas también se irían. La muerte aparecería y el villano pronto no sería más que tierra y huesos. Y así como lo pensó, así fue. Unos días después, los Agreste anunciaban que el sepelio del gran diseñador se realizaría a puertas cerradas, con tan solo la presencia de la familia cercana.

Y las últimas palabras que le dijo el viejo, siempre resonarían en su cabeza, como un letanía fatídica y triste:

"He luchado por mis sueños".

Sueños de amor y paz, sueños de un final feliz, en medio de una guerra nuclear. Los sueños de él. ¿Qué buscó Gabriel Agreste? ¿Por qué hizo todo esto? Oh, los sueños de él, ésos sueños sólo significaban pesadillas para ella.

Sin quererlo, Ladybug jugueteó con ambos broches en su mano. Los últimos dos que le faltaban para tener todos sus kwamis reunidos. Porque unas noches antes, había conseguido, por fin, el anillo del gato negro. Y de inmediato, ella recordó cómo terminó la reunión con Chat Noir, después de tantas revelaciones:

- ¿Por qué? - preguntó el gato negro, al final de todo. - ¿Por qué hice todo esto? ¿Sólo porque luché por mis sueños? -

Bunnix y Ladybug se miraron la una a la otra, cómplices. Bunnix bajó la cabeza y dejó a la Guardiana hablar.

- Hay sueños que no se cumplen, Chat Noir. Hay ilusiones que nunca se harán realidad. Y hay amores, Adrien Agreste, que están destinados a no ser correspondidos. -

Sus felinas escleras verdes se congestionaron, llenos de lágrimas, y de repente, Chat Noir intentó hablar, pero no pudo, porque tenía partida la voz. Hubiese querido confesarle a su Guardiana, confesarle que amaba desesperadamente a su cuñada, a la mujer de su primo. Un amor tardío y descubierto a destiempo. Descubierto cuando ya nada podía hacer. Y ese amor le escocía y lo ahogaba, le robaba el aire y la paz. Ése amor, agrio y dulce. Ése sueño, roto, para siempre.

Adrien Agreste aún recordaba el sabor ácido de los labios de Marinette sobre los suyos. El beso tierno y mortal. La desesperación en su voz, cuando ella le pidió no amarla. Y la despedida implícita que cargaba.

Adrien Agreste había comprendido que Marinette Graham se despedía de su vida, mostrándole lo horrible que era, o que sería, amarla estando casada con otro.

Chat Noir se sintió impuro e indigno. Un héroe decadente.

Tal vez era cierto, entonces, tal vez su tiempo sí se había acabado.

Porque su alma, llena de pecados y culpas, le decía qué ese futuro distópico había sido ocasionado por muchísimas razones. Por su envidia, por su desesperación y por su frustración. Por un amor no correspondido. Y porque, básicamente, ninguno de sus sueños, se hizo realidad.

- Hay amores que están destinados a no ser correspondidos. - insistió la Guardiana. - Y hay que dejarlos ir, agradeciendo cada recuerdo, ya sea dulce o amargo. Y habrá que desearles la felicidad, aunque nosotros no estemos a su lado. - Ladybug, de nuevo, volvió a estirar la mano y le mostró la palma abierta, esperando.

- Última vez, Adrien Agreste... Tu prodigio, devuélveme tu prodigio. -

Y Chat Noir bajó la cabeza, dejó sus brazos caer, se miró las garras, se alisó el pelo, dio una vuelta, caminó sin sentido hacia un lado para luego volver hacia el otro. Asintió, a la vez que ponía sus brazos en sus caderas.

- Al menos, ¿lo he hecho no?.- preguntó en un susurro el gato negro.

- ¿Qué, Chat Noir? ¿Qué has hecho?- le dijo Ladybug, sorprendida de ésa extraña pregunta.

- Mis sueños, al menos...he luchado por mis sueños. - Chat Noir apretó los labios, tratando de no fracturarse más el alma ni el corazón. Con lentitud, deshizo su trasformación, para ver cómo Plagg volaba hacia su rostro, reclamándole un pequeño abrazo. Ambos se murmuraron cosas, mientras su kwami le acariciaba las mejillas, y le secaba alguna lágrima. Unos segundos más y Adrien Agreste deslizó el anillo fuera de su dedo, dando fin, por fin, a su vida de superhéroe.

- Sí, has luchado por tus sueños, pero no todos los sueños se vuelven realidad. - dijo Ladybug, justo cuando Adrien Agreste se alejaba de ellas.

- Afortunadamente, Minibug, afortunadamente no todos los sueños, o pesadillas, se hacen realidad. - comentó Bunnix, abriendo un portal e introduciéndose en él. En el último segundo, Bunnix se detuvo y se giró para hablar por última vez. - Él vendrá, Marinette, espéralo porque él volverá.-

La heroína del tiempo le sonrió, triste y trémula, agitó su mano y desapareció de la azotea.

Días después, ante la ausencia del Félix del futuro, y del Félix del presente, Marinette decidió realizar un plan duro de ejecutar y que ocasionaría la muerte, casi de inmediato, de Gabriel Agreste.

Así que ahora estaba ella ahí, al lado de la cama de Papillon, jugueteando con los broches arrancados de la pijama del anciano y moribundo diseñador. Su mente dejó sus recuerdos y continuó con lo que estaba haciendo. Dio un último vistazo a Gabriel Agreste, pero al final, decidió no despedirse. De inmediato, abrió la ventana para lanzar el yoyo y desaparecer de ese sitio, de una vez por todas.

Detrás de ella, un débil Gabriel Agreste se revolvía de dolor y cansancio en su cama. Dio un último quejido, un último aliento y su pecho dejó de subir y bajar y sus labios se oscurecieron. Sus ojos perdieron el brillo, su cuerpo perdió su alma.

Y del famoso villano, sólo quedó una historia triste y sin final feliz.

No, él no se merecía un final feliz.

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El día del sepelio de Gabriel Agreste, Madame Graham se vistió con un vestido de falda ancha y de mangas largas estrechas y ajustadas, se puso un pequeño sombrero de lado con un minúsculo tul cubriendo sólo una parte de su cara. Se maquilló suavemente la piel de su rostro, eliminando su palidez y disminuyendo las marcas de sus pómulos afilados y sus ojeras. Se pintó los labios de rojo, tratando de darle color a su rostro. Eligió un bolso pequeño y compacto, y abriéndolo, permitió que Tikki entrara en él.

- ¿Estás segura de esto, Marinette?- le susurró la kwami, antes de entrar al bolso negro.

Pero la Guardiana no contestó a la pregunta. Tikki sólo vio la mirada vacía y azulina que tenía su portadora, sus conjuntivas congestionadas del dolor, sus ojos secos de lágrimas pero húmedos de pena y amor.

Ése día, ella lo volvería a ver.

Tan sólo tenía que ir allí, y conseguir un momento a solas con Félix, tratar de hablar con él, explicarle cosas. Convencerlo.

Suspiró, agotada, y meneó la cabeza negando.

Porque sabía que su esposo, no era dócil ni fácil. Ella sabía que él era un ogro feroz y testarudo, cuando algo se le metía en la cabeza. Pero ella lo amaba así, cómo se ama al chocolate a pesar que engorde. Amargo y placentero. Ella, una flor, y él, un cactus. Ella, torpe y él, diestro. Ella, feliz y sincera, y él, mustio y escueto. Ella, tan lista, y él, tan imbécil.

Así que se armó de valor, cogió su amor, se colgó el bolso y detuvo un taxi, para ir hacia la mansión Agreste y enfrentar a su esposo y a su futuro, de una vez por todas.

Y el futuro la recibió, cerrándole la puerta en la cara.

- Lo lamento, el señor Graham nos ha dicho que no dejemos pasar a ninguna "Madame Graham", Madame Graham. - le dijo el encargado de seguridad. - No puede pasar. Por favor, retírese.-

Marinette frunció el ceño, molesta. En el tiempo compartido con Félix, ella había aprendido cosas, y había visto detalles. Encaró al encargado, amenazándolo con un dedo. Le obligó a hacerse a un lado. El pobre hombre la sujetó de un brazo, pero ella lo fulminó con su mirada, severa y ácida.

- ¿Marinette? - Adrien Agreste la había visto por la ventana, y salió presuroso al ver que no la dejaban entrar. - No sabía que vendrías. Ven, pasa, Félix ya está dentro.-

Y tan solo de escuchar su nombre, su corazón dio un vuelco. Su ira se trasformó en miedo y temor. Por un momento, ella olvidó que había besado a Adrien. Pero luego lo recordó y un rubor llenó sus mejillas.

¡Estás en un funeral, Marinette!, se dijo a sí misma. ¡Y ahí dentro está tu esposo!, le abofeteó su mente.

De pronto, pensó que había sido una mala idea colarse en la mansión. Quiso escapar, huir. Intentó darse la vuelta, pero Adrien había sido rápido y la cogió de un codo, arrastrándola con él adentro de la mansión. Ella se llenó de pánico y su mente, dejó de pensar.

Antes de entrar al salón, donde tenían al féretro del anciano, Adrien se detuvo y miró a su querida Marinette, dedicándole una última mirada de amor y calidez.

- Marinette...Marinette...- susurró Adrien, meneándola ligeramente, tratando de llamar su atención, rompiendo ese trance en el que estaba metida. - Marinette: estamos bien, tu y yo...tu y yo, estaremos bien, nada ha pasado. Lo he entendido. He entendido que algunas veces es mejor...dejar...de amar...he entendido que hay sueños que no se harán realidad, y amores que no serán correspondidos. Y está bien...yo estaré bien. Hoy no, por supuesto. Pero seguro que algún día sí...y...y...perdóname, mi padre ha muerto, estamos en su funeral, y a pesar de eso, yo estoy aquí, hablándote de amor y de olvido, y de algo que nunca debió pasar... que nunca debió pasar. -

Ella asintió ante sus palabras, pero bajó la mirada por un momento, triste, y luego la alzó, comprendiendo que había logrado aclarar ese punto. Había tenido éxito. Un éxito pírrico, pero éxito al fin y al cabo.

- Sí, estamos bien, estaremos bien. - respondió Marinette.

Le sonrió, trémula, y Adrien dejó de hablar para entrar al salón, del brazo de la mujer de su primo. Caminó ligero, tratando de evitar la visión del ataúd enfrente suyo. La llevó hasta la primera fila de sillas y con suavidad, la dejó sentada para luego él plantarse delante de todos y dar inicio a la pequeña ceremonia.

De repente, Marinette sintió calor, como si una hoguera se hubiera encendido a su lado. Abrió los ojos, espantada, sabiendo qué era lo que estaba pasando. Con lentitud, giró su cabeza hacia el lado de donde venía ese calor. Y confirmó, atónita, el origen de ese fuego.

Unos ojos verdes, relampagueantes de furia, le miraban fijamente a tan sólo centímetros de ella.

- Félix. - musitó.

- Bienvenidos a todos, hoy es un día difícil y oscuro para mí...para mi familia...hoy, debo despedir a un gran hombre, a un gran empresario, a un gran padre...- la voz plana y ausente de Adrien Agreste se coló en sus mentes, haciéndoles recordar qué era lo que estaban haciendo ahí.

Dejaron que la ceremonia terminara, dejaron que Adrien cerrara el ataúd. Dejaron que el tiempo pasara.

Félix se despidió de su primo, con un apretón de manos y una fuerte palmada en el hombro. Hubiese querido encajarle un puño, pero en cambio, se decidió por la palmada y por largarse de ahí, antes de matarlo a golpes.

Cuando bajó los escalones de la mansión, se percató que su exmujer también lo seguía.

- Detente. - dijo con severidad. - No quiero verte.-

Marinette se detuvo en la alto de la escalera principal. No, no iba a dejar que él se fuera así por así. Pero le dolía la cabeza, del estrés, o eso creía ella. Y notó que su cuerpo estaba frío y que temblaba, aunque ella no se explicaba porqué. Dio un vistazo rápido a su alrededor, y se percató que seguían solos, que nadie los había seguido. Súbitamente, la vista le falló, desenfocando las imágenes, pero ella parpadeó y su vista recuperó la normalidad.

- Pero debemos hablar. ¡Félix!...Es importante... Debo decirte algo importante. - respondió ella, con autoridad y fuerza.

Félix no se volteó, sólo negó con la cabeza y decidido a no hacerle ningún caso, marchó hacia adelante, donde le esperaba su coche y su chófer. No escuchó ninguna réplica por parte de su exmujer, sino que en cambio oyó un golpe seco, seguido de varios otros más, consecutivos y sordos. Fueron sonidos tétricos que resonaban, distantes, en la odiosa mansión de su malogrado tío. Félix no pudo evitar, girarse para ver de dónde venían esos sonidos.

- ¡Marinette! - gritó Félix, desesperado, al ver a su exmujer tirada al final de las escaleras, boca abajo, en un charco de sangre. - ¡Marinette!- volvió a gritar.

Corrió hacia ella, como haría cualquier otra persona. O eso pensó él. Se arrodilló a su lado, le acarició el rostro y detectó que aún seguía viva pero ausente.

- Marinette. - susurró.

Pero ella no contestó.

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*.*.*.*

Las horas pasaban y nadie les daba noticias de ella. Si alguno preguntaba, le decían que debían esperar. Esperar. De repente, bien trascurridas unas horas, un médico salió intempestivo y pidió hablar con el esposo de la paciente.

Félix se quedó tieso en su sitio.

¿Qué debía decir? ¿Qué debía hacer?

Sus exsuegros lo miraron, expectantes. Su primo, también.

- Es él. - dijo inocentemente Adrien Agreste. - Mi primo es su esposo. -

Sabine Cheng lo volvió a mirar, ceñuda, y Tom, ignorante de todo, lo observó crítico y juicioso. Adrien lo contemplaba sorprendido de su nula reacción.

- Félix, te están hablando. - susurró en voz baja, para hacerlo espabilar.

Félix supo que no tenía opción. Se puso de pie, levantó tímidamente una mano. Se sintió como un colegial al que llaman la atención por hacer barullo en clase.

- Soy yo.- musitó.

Caminó lentamente. Se arregló el cabello con las manos, como cada vez que se ponía nervioso. Apenas se cerró la puerta del despacho, el médico atacó, inmisericorde.

- ¿Va a decirme que no sabe qué le ha sucedido a su esposa?. - preguntó el médico, con sarcasmo y pesadez.

Félix tembló, por la furia contenida del profesional y el reclamo inherente en las palabras del doctor. ¿Qué le estaba tratando de insinuar? ¿Por qué no simplemente le decía el diagnostico, lo que le había pasado y ya? Él necesitaba irse de ahí, escapar, huir de ella. Olvidarla para siempre.

- Su mujer se está consumiendo, señor Graham. No ha comido en días, y presumo que tampoco ha bebido agua. Vino casi sin pulso, con muy poquitos latidos. Sus huesos protruyen por su piel. Ella estuvo al borde la muerte, ¿no lo sabía? ¿es su marido y no lo sabía?- el médico le siguió hablando, molesto.

¿Muerte? ¿marido? ¿mi mujer?

Felix no supo qué responder, sólo abrió los ojos, asombrado y sin aire, como si le hubieran encajado un puñetazo en el abdomen. Sin aliento, sin voz.

- Me sorprende qué aún siga embarazada, teniendo en cuenta su condición tan débil.- continuó diciendo el galeno.

¿Embarazada? ¿Débil? ...¿Embarazada?..¿Emb..

Si alguna vez, él pensó que moriría, bien pudo haber contado con que lo haría ese mismo día. Porque Félix se sintió como un folio de papel, al que rasgan por la mitad, para luego echarlo a arder, en alguna hoguera imaginaria.

- No...- masculló. - No puede ser. -

Un intenso pitido estalló en sus oídos, su corazón latió loco, casi fibrilando. Su cuerpo tembló aún mas y sus ojos amenazaron con salirse de sus cuencas. Balbuceó algo que ni el mismo entendió. El médico le siguió informando, explicando su delicado estado y los cuidados a seguir. Félix asintió, mansamente. El médico, aún furioso, salió del despacho y desapareció, alejándose por el pasillo. Al verse solo, Félix se giró sobre si mismo, abrió la puerta y salió corriendo, huyendo, sin detenerse a hablar con nadie más.

Adrien Agreste vio correr a su primo y decidió perseguirlo. Temía que algo grave estuviera pasando, entre él y Marinette. No los había visto juntos en meses. Y en el funeral, Félix disculpó su ausencia, aunque después sí que Marinette apareció. Así que Adrien, frunció el ceño y se fue tras él.

Los padres de Marinette, en cambio, se mirando recíprocamente confundidos, buscando alguna explicación ante tan extraño momento.

Unos minutos más tarde, Adrien Agreste volvió con Félix, sujetándolo del cuello. Lo arrastraba por el pasillo, a través de la gente. Ambos estaban de luto, pero tenían los trajes desarreglados, las corbatas torcidas y el pelo sumamente desordenado. A sus camisas, le faltaban algunos botones. Los pantalones tenían manchas y estaban pringados con restos de césped y tierra. Adrien tenía un pequeño corte en los labios, y a Félix le sangraba un poco la nariz.

Los dos rubios llegaron ante los padres de Marinette y se plantaron ahí, se dieron un respiro, se arreglaron la ropa. Adrien carraspeó y Félix se limpió los restos de sangre seca que tenía en el rostro.

- Monsieur Dupain, madame Cheng...- dijo Félix, con la voz rasposa y ronca, como si le costase hablar. Luego cogió aire y valor, y recitó lo que el médico le había dicho. Que había sido un desmayo, que Marinette estaba embarazada, que cayó por las escaleras en un accidente fortuito. Y que estaría bien, con buena alimentación y cuidados, ella estaría bien. Les animó a retirarse, porque él se quedaría a cuidarla. Despidió a Adrien, alegando que ése día era el funeral de su padre y que debía estar atento a esos detalles. Los padres de Marinette se marcharon, felices por la noticia que pronto serían abuelos. Tom le dió una palmada en el hombro, Sabine sólo le sonrió. Prometieron verse más tarde.

Cuando se vio solo, sentado en una banca que crujió bajo su peso, Félix Graham de Vanily se cubrió la cara con ambas manos y se echó a llorar.

Y lloró por largo rato, hasta que la última de sus lágrimas se secó y después, inexplicablemente, su llanto se trasformó en una risa suave y ligera, que le calmó el corazón y le alegró el alma.

Porque había encontrado una razón para amarla nuevamente.

Porque había encontrado esperanza en medio de la desesperación.

Porque había encontrado un rayo de luz en la noche más oscura.

Había encontrado, otra vez, al amor.

A su mujer.

A Marinette.

Y esta vez, no permitiría que se le escapase de las manos.

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- Perdonen por el hiatus. -

Bueno, vemos que poco a poco, Marinette ha corregido todos los errores (o asuntos pendientes). Gabriel Agreste ha muerto (por fin) y Adrien ha entendido (a punta de revelaciones) que hay cosas que nunca sucederán, así que deberá vivir con eso. Y Félix, bueno, digamos que ya solucionó los problemas con Adrien ¿no?. Al menos parcialmente, ya les cuento en el sgte capítulo de lo que hablaron.

Ahora solo falta que el felinette hable, y ambos se reconcilien, umm... luego...me preguntan por un ...¿Final feliz?

Lordthunder se encoge de hombros, bebe su vino, y contesta, sin dudar:

- Sí, claro.-

Lo siento mucho. Me gusta el drama y el lío. Lo complicado y lo absurdo. Espero me entiendan. Muchas gracias por permanecer a pesar del dolor y la angustia. Sólo que me he criado literariamente entre tragedia y lágrimas, así que eso es todo lo que doy. Lo siento, nuevamente.

Comentarles que sigo subiendo (lento) desde londres, con amor y mis demás fics a wattpad, como un back-up. Ademas quiero agradecer a los últimos comentarios, porque me he dado cuenta que ...horror!...me había equivocado en algunos capítulos ... y además, agradecer por tan hermosas palabras, me hacéis muy feliz!.

Un enorme abrazo a aquellos que me acompañan desde el inicio, sin apoyos iniciales nunca hubiera continuado.

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¡Penúltimo día de felinette!

Un fuerte abrazo.

Cambio y corto

Lordthunder1000.