Era una mañana tranquila en Central City. Los habitantes llenaban las calles, los autos congestionaban las vías principales y en los distritos abandonados, donde pocos se adentran, estaba el líder del Jackal Squad. El chacal acababa de aceptar un contrató y ahora se dirigía a la base del escuadrón. Sin embargo, la misión lo tenía sumido en sus pensamientos. Le parecía fácil, hasta muy remunerada, pero un solo detalle seguía en su mente.

Al cabo de un rato llegó a un edificio pequeño en las afueras de la ciudad. La fachada estaba descuida, no parecía que viviera alguien, mas por dentro era lo contrarío. Al entrar lo recibió un chacal con una banda verde en la cabeza. Este lo saludó sin dejar de soldar un circuito en una placa sobre la mesa de la sala.

—¡Jay! ¿Por qué no haces eso en el taller? —reprendió Zero.

—Desperdicio tiempo en el traslado —dijo sin mirarlo— ¿Conseguiste algo bueno?

—Sí —respondió buscando con la mirada—, muy bueno de hecho. ¿Has visto a Kelly?

Jay se encogió de hombros reanudando su trabajo. En eso salió un chacal con boina roja de la cocina, sosteniendo un cuchillo con un líquido rojo. Él saludó y habiendo escuchado la conversación se disponía a responder, cuando Jay interrumpió.

—¡Pierce! —dijo fingiendo asombro— ¿A quién mataste?

—Kelly está entrenando —dijo y se volteó hacia Jay—. Hoy a nadie. —Colocó el cuchillo a escasos centímetros de él— Pero si Lance no deja de subir el fuego a la comida ¡Hoy comemos chacal…!

Justo en eso se escuchó algo semejante a una explosión en la cocina, seguida de un olor a quemado. Pierce maldijo apretando fuerte el cuchillo y regresó a la cocina. Lo siguiente en oírse fue un grito de Lance, era una mañana típica para el escuadrón. Ajeno al alboroto, Jay le preguntó a Zero por qué buscaba a la chacal, pero este lo había dejado hablando solo.

Zero salió al patio, donde tenían un campo de tiro y no muy lejos una habitación para entrenamiento. El chacal llegó al lugar y entró sin molestarse en tocar. Lo primero en recibirlo fue una cabeza de práctica en el suelo con una daga incrustada, y sonidos de golpes. El chacal vio a Kelly cerca de la esquina, donde estaba el saco de boxeo. La chacal golpeaba a diestra y siniestra, manteniendo una coordinación y ritmo contantes. Estaba tan concentrada que ignoró la presencia del jefe.

—Buen día para destruir otro saco ¿no? —dijo Zero.

La chacal frenó un momento los golpes mirándolo de reojo antes de saludar.

—Te dejaré algo —dijo reanudando los golpes—, pero aún no acabo ¿Puedes…?

—No vine a entrenar.

Kelly lo miró con una ceja alzada.

—¡Ah! Viniste a verme entrenar —bromeó tomando una toalla cerca para secarse el sudor.

Zero negó con una media sonrisa.

—Quiero que me acompañes a un evento.

Kelly dejo de secarse y lo miró extrañada. Zero no entendió su expresión hasta darse cuenta de como sonó eso. La chacal se acercó un poco antes que él pudiera reaccionar y preguntó:

—¿Me estás invitando…?

—¡No! —interrumpió bruscamente. Kelly resopló con desánimo, pero él no lo noto—. Es decir… es para una misión. Lo hablamos en un rato —dijo retirándose.

Así finalizado el almuerzo, Zero aprovechó de informar al equipo de la misión. Esta consistía en asistir a un evento y secuestrar a un invitado en específico. El contratista entregaría lo necesario en unas horas y también les proveería vehículo. Sin embargo, una condición para entrar al evento era llevar un acompañante, no importaba quien. Pero como el objetivo se interesaba en las damas decidió ir con Kelly, así ella lo seduciría.

—Gracias a tu atractivo será fácil —dijo mirándola.

«¿¡Acaba de llamarme atractiva!?», pensó Kelly.

—Pero eso según tus gustos, no sabemos si él piensa igual —argumentó Jay recostándose en una pared.

Zero sintió un leve calor en las mejillas al procesar sus palabras y ahora todas las miradas estaban sobre él.

—No quise decir eso. —Se apresuró a decir— ¡Igual es la única hembra! —añadió agitado.

—¡Así que solo voy por eso! —dijo Kelly indignada.

Zero se frotó el cuello sintiendo una gota de sudor bajar por su cara. «¿Y ahora?», pensó mientras buscaba palabras para corregir el error, pero el silencio aumentó el enojo de la chacal.

—Si no estoy «dotada» para el trabajo mejor ve con una perra barata —escupió mirándolo a los ojos.

—Conozco algunas —intervino el chacal con boina, colocando las manos detrás de la cabeza con una sonrisa.

Todos lo miraron y Kelly gruñó antes de salir del comedor. Los restantes miraron a Zero, que tomó un largo respiro antes de ir tras la chacal. Sabía que fue una estupidez de su parte, y ahora no solo estaba comprometiendo la misión, sino también la oportunidad de pasar tiempo con ella en un ambiente diferente. Zero encontró a la chacal en la sala, sentada en el sofá. Ella lo miró de reojo, mas lo ignoró.

—Me equivoqué. En verdad te necesito para la misión —Pronto se arrepintió de decir eso.

—Solo eso te importa ¿no? —dijo volviendo la mirada—. Si no fuera por eso ni vendrías a «disculparte». —Hizo comillas en el aire.

—Sabes que si lo haría.

Ella alzó una ceja y se levantó, quedando cerca de Zero. Kelly se le quedó viendo con una mano en la cintura y el chacal respiró hondo.

—Lo siento Kelly. No quise decir eso. Eres una gran mercenaria y si ese maldito no cae en tu encanto… tendré que dudar de su orientación —dijo sonriendo, mas ella permaneció sin inmutarse—. Entonces ¿Quieres ser mi pareja para el evento Kelly?

Ella no dijo nada, solo caminó lento hacía él hasta quedar a su lado. El chacal suspiró aliviado, había esperado un golpe. En su lugar ella le susurró en la oreja.

—Sí, pero solo porque eres lindo. —Luego lo golpeó en el costado— Y eso por ser un estúpido —dijo yéndose.

Zero gruñó viendo como se alejaba, al menos ya estaban en paz. El chacal se masajeó la zona golpeada antes de ir a entrenar y a medio camino se detuvo en seco.

«¡Lindo!», pensó al fijarse en lo dicho por Kelly.

Llegada la tarde, el escuadrón recibió un paquete según lo previsto. Los chacales no perdieron tiempo y lo abrieron sobre la mesa. Este contenía dos invitaciones, dos bolsas e información del objetivo. El líder tomó las invitaciones, estas estaban a su nombre y el de Kelly. La chacal agarró una de las bolsas, esta estaba etiquetada con su nombre y decía vestimenta. Sin decir nada se retiró a su habitación con el paquete, mientras Jay leía sobre la víctima. Al poco tiempo Kelly regresó con una caja de zapatos y la arrojó sobre la mesa. Los chacales la miraron.

—No usaré eso —dijo señalando los tacones de aguja dorados—. Así que mejor informa al cliente —sentenció retirándose.

—Qué carácter —murmuró Jay.

Zero se encogió de hombros y notificó el cambio al cliente, que no tuvo problema con eso. Al cabo de un rato Zero y Kelly discutían en el sofá de la sala un plan y que armas llevar. Estas debían ser armas blancas invisibles ante los detectores de metales. Pero eso no sería un problema, Jay y Lance se encargarían de fabricarlas con eso en mente. Al cabo de unos minutos la chacal seguía detallando la información proporcionada. Había encontrado que el sujeto tenía una debilidad por las chicas conocedoras de costumbres de época.

—¿Ya tienes alguna idea para tenerlo a tus pies? —dijo Zero y ella asintió— Y ¿qué tienes pensado exactamente? —preguntó interesado.

—Lo dejo a tu imaginación, pero cuidado con lo que piensas —amenazó con un dedo—. Ya vuelvo.

Sin mas fue al cuarto de armas donde estaban Jay y Lance trabajando. Zero se recostó en el sofá pensativo, tratando de adivinar su plan. Pronto su curiosidad se centró en otra cosa, lo intrigaba saber como luciría Kelly para el evento. No era como si dos mercenarios asistieran a eventos de alta clase. También el pasar un rato con ella le añadía una pizca de emoción, aunque fuera una misión. Luego de unos minutos Kelly regresó notando al chacal sumido en sus pensamientos.

—¿Ya adivinaste? —preguntó sentándose a su lado.

—Ni siquiera lo intenté.

—¡Ah no! ¿Entonces en qué pensabas? —dijo mirándolo de brazos cruzados.

Él desvió la mirada.

—Pensaste lo que no debiste ¿no Zero? —dijo dándole un ligero codazo.

—¿Qué? ¡No! —dijo mirándola y ella rio—. Solo pensaba cómo lucirías para el evento. —añadió esbozando una sonrisa.

Ella sintió su cara calentarse y apartó la mirada. Así el resto del día transcurrió normal, excepto para Pierce, que pudo cocinar sin ninguna interrupción.

Al día siguiente, Kelly habló con el cliente unas cosas sin que los chacales oyeran. Luego de eso salió sin decir nada y al rato regresó con unas bolsas.

—¿Y ahora que tienda robaste? —dijo Jay.

—Cállate tus bromas no dan risa —dijo entregando una cajita a Zero— y tenemos que hablar —añade llevándose a Jay sin dar tiempo a Zero de hablar.

—¡Auxilio! —exclamó Jay casi siendo arrastrado.

—Parece animada y apuesto que no es la única —dice Pierce dando un codazo a Zero. Lance asintió compartiendo el pensamiento.

—¿Qué insinúas? —preguntó Zero.

Pierce levantó las manos con una sonrisa. Zero resopló y revisó la caja, al ver de qué se trataba lo consideró una broma. Luego de un rato Kelly pasó directo a su habitación y Jay regresó ileso. Zero lo miró con una ceja alzada y él respondió encogiendo los hombros mientras se le escapa una risa.

Ya terminando la tarde Zero y Kelly comenzaron a prepararse, debían terminar antes que llegara el transporte. El dúo estaba cada uno en su habitación, mientras los demás esperan ansiosos en la sala por los resultados.

—¿Creen que pase algo entre esos dos? —preguntó Jay, pero los otros lo ignoraron para molestar— ¡Vamos! ¿Soy el único que le da curiosidad? —dijo suplicando respuesta—. ¡Los odio! —masculló ante el silencio.

Entretanto Zero estaba en su habitación arreglando su cabello luego de una ducha. Estaba decidido a estar lo más elegante posible y lo mismo podía decirse de Kelly. Sin decirlo ambos estaban en una competencia amistosa. Por supuesto, al no tener mucha experiencia en la materia surgieron algunas dificultades. Pero no fue nada que unas consultas en internet no resolvieran.

Pasada una eternidad, Zero estaba afinando detalles y vio el perfume que le entregó Kelly temprano. El chacal pensó por un momento antes de usarlo. El olor era agradable, pero un tanto peculiar. Ya satisfecho con su aspecto salió directo a la sala y los chacales lo recibieron con asentimientos de aprobación. El jefe vestía una camisa blanca con un traje azul oscuro, complementado con una corbata de moño negra. Su pelaje se veía aterciopelado y su cabello estaba suelto sin ninguno de los pinchos habituales. En cuanto a guantes y zapatos no había mucho cambio, estos eran completamente negros y sin la recubierta metálica.

—¡Por fin eres alguien decente! —bromeó Jay aplaudiendo.

—¿No pudiste ahorrarte la broma? —resopló Zero.

—Pues hasta yo estoy impresionada —dijo una voz femenina.

Los chacales giraron para quedar sorprendidos y Zero estaba perplejo. La hembra lucia un vestido rojo a medida, este era escotado en la espalda y abierto de pierna. Sus guantes negros eran más largos de lo normal y llevaba tacones bajos dorados. Kelly se acercó y Zero no pudo evitar mirar sus labios resaltados en rojo, el resto de su rostro no llevaba maquillaje. Su pelaje estaba mullido y su cabello estaba suelto, mas tenía una trenza sujeta a un costado de la cabeza. Por si fuera poco, la hembra emanaba un olor afrodisíaco. Los chacales retrocedieron al reconocerlo, excepto el jefe que tragó.

—Veo que funciono —dijo Kelly—. Antes de que pregunten, no es mi ciclo son las feromonas del perfume.

«¿Por qué me haces esto?», pensó Zero.

—El perfume que te di también contiene feromonas —dijo colocándose a centímetros de Zero—. Así que estamos a mano.

Jay, Lance y Pierce miraron a la pareja antes de mirarse entre ellos. Ahora estaban un poco preocupados, y no solo por el éxito de la misión. Jay acercó con los brazos a Lance y Pierce antes de susurrar:

—Hagan sus apuestas chicos, esto se puso interesante.

—Al menos no es tan fuerte el impulso —dijo la pareja al unísono.

—Igual creo que no era necesario. Estas preciosa —dijo Zero mirándola.

—¡Gracias! Tú también estas guapo —dijo tocándole el moño.

El dúo decidió comer algo mientras esperaban y en eso Jay fue por el arma de Zero. La chacal ya la tenía luego de apurarlo hace unas horas. Jay entregó a Zero una daga similar a la usada por Kelly, solo que más delgada y con la hoja hecha de un material cerámico. El líder la examinó antes de colocarla en su espalda por dentro del traje. Este tenía un pequeño enganche, así el arma pasaría desapercibida ante las miradas.

—¿Dónde está tu arma Kelly? —preguntó Zero ajustándose el traje.

Ella sacó un abanico de uno de sus guantes y lo desplegó. A simple vista no era más que eso, un abanico blanco. Sin embargo, la hembra retrajo la tela del abanico dejando a la vista unas varillas filosas como cuchillas.

—Interesante —elogió Zero.

—Es versátil y como le gustan las costumbres antiguas —sonrió—. Esto me da doble ventaja.

Zero alzó una ceja, pero antes de decir algo tocaron la puerta. Pierce abrió encontrándose con un halcón de buen vestir y un auto negro detrás de él. Él ave se presentó, era su conductor para la noche. Kelly salió seguida por Zero, pero antes de que este saliera Jay lo apartó por un momento.

—Hermano no lo olvides… usa protección —dijo mientras corría para evitar un golpe de Zero.

El líder gruñó conteniéndose de perseguirlo y salió enseguida. El halcón estaba abriendo la puerta para Kelly cuando llegó.

—¿Ves? Eso es ser cortés —dijo subiendo al auto.

Zero rodó los ojos antes subir y así emprendieron su marcha. El lugar del evento no estaba lejos, así que no les tomaría más de treinta minutos llegar. Durante el trayecto Kelly estaba moviendo el abanico, parecía que jugaba con eso y Zero solo evitaba mirarla. Todos estaban en silencio, la tensión en el ambiente era tangible, hasta llegó a incomodar al conductor.

—¿Qué tanto haces con el abanico? —dijo Zero.

«Valla forma de romper el silencio», pensó Kelly antes de responder.

—Practico el lenguaje del abanico —dijo y Zero la miró curioso—. Lo usaban las mujeres hace mucho para decir cosas de forma discreta —dijo levantando el abanico abierto hasta cerca de sus ojos, cubriéndolos ligeramente.

—¿Eso significa algo?

—Tal vez —dijo cerrando el abanico lentamente.

Zero negó con una sonrisa ante su juego, no podía negar que lo intrigaba saber lo que dijo. Kelly siguió practicando y el chacal se quedó observando como realizaba esos movimientos agraciados. Luego sin darse cuenta se enfocó más en su rostro, contemplando los detalles, luego sus labios y terminó apartado la mirada con un rubor. Kelly lo notó por el rabillo del ojo y esbozo una pequeña sonrisa, que no fue vista gracias al abanico. Sin ellos saber, el conductor veía con diversión sus comportamientos.

—¿Crees que será fácil? —preguntó Zero.

—Solo tengo que hacer que me siga mientras tú entretienes a su acompañante. Será fácil —dijo confiada.

—Diciéndolo así suena hasta aburrido —resopló.

—En ese caso, mejor nos divertimos mientras lo encontramos ¿No? —sugirió esbozando una sonrisa.

Zero asintió devolviendo la sonrisa y luego quedaron en un silencio reconfortante. Al poco tiempo se detuvieron frente a la entrada de un hotel de unos diez pisos. El conductor les abrió la puerta antes de retirarse y los chacales avanzaron hasta la entrada. Se mantenían tan cerca que sus manos se rozaban. Zero entonces tomó la mano de Kelly y ella respondió entrelazando los dedos con él. Antes de entrar unos uniformados los revisaron y algunos invitados les dieron diversas miradas. Pronto todo estuvo verificado y entraron sin problema. Dentro los recibieron muchos invitados, tanto mobians como humanos. Los chacales se miraron antes de avanzar.

—Tardaremos más de lo que pensé —dijo Zero recorriendo el lugar con la mirada.

El hotel tenía un gran salón. Había una pista de baile en el centro, donde estaban varias parejas mientras sonaba una música tranquila. En los lados de la pista habían varias mesas, en su mayoría ocupadas y con meseros cerca. Por último, al fondo estaba una barra de bebidas.

—¿Alguna idea Kelly? —dijo Zero.

—No es común estar en eventos así ¿Qué tal si tomamos algo?

—Sí, porque no. ¿Algo en específico?

Ella negó dirigiéndose a una mesa, mientras el chacal fue por la bebida. Durante su andar miró en busca de la víctima, pero no estaba cerca de la barra. Ni sabía si ya había llegado. Dejando eso de lado se quedó pensativo mirando las bebidas. Habían cócteles, vinos, cerveza y cosas que ni identificaba. El barman, al verlo, le dio algunas sugerencias. El chacal pronto se decantó por una y regresó con la chacal.

—Algo ligero para mantenernos sobrios —dijo ofreciendo una copa de vino SauvignonBlanc a Kelly.

—Habla por ti —rio tomando la copa.

Zero se sentó frente a ella y Kelly miró el líquido blanco en la copa. Ninguno era un catador, pero la chacal disfrutó el olor afrutado del vino antes de tomar un sorbo. El sabor con su toque cítrico mezclado con fruta la hizo cerrar los ojos por un momento. Zero esbozó una sonrisa al ver la reacción de Kelly y también degustó el vino. En eso llegó un mesero y colocó un plato con rollitos de carpaccio de pescado en la mesa.

—Para que acompañen la bebida —dijo cortes.

Zero estaba por negar, mas Kelly lo frenó y agradeció al mesero.

—Hay que disfrutar Zero —dijo comiendo un rollito.

—Sí, es raro estar en un sitio así —dijo también comiendo uno.

—Dímelo a mí. —Disfrutó el olor del vino antes de tomar unos sorbos— Hasta pensé que me estabas invitando a una cita.

—En parte así lo dije —dijo inclinándose sobre la mesa, quedando más cerca de ella—. Pero no puedo negar que disfruto pasar tiempo contigo.

Ella sonrió ante el comentario tomando otro sorbo. El chacal retrocedió luego de que la fragancia invadiera su olfato, era hipnótico, tenía que controlarse. Estaba por tomar un rollito cuando Kelly lo agarró y se lo dio en la boca. Zero se sonrojó un poco ante el gesto haciéndola reír.

—Por cierto, ¿qué quería Jay ahora?

—Otra de sus bromas malas —dijo recordando y agradeció ya estar sonrojado.

—Es molesto, pero es peor mezclar a Pierce y Lance en la cocina —dijo—. Acabarían con medio edificio.

—Lo dice la que rompe los sacos cada tres días —dijo tomando un trago.

—No es mi culpa que seas un tacaño y compres los peores sacos —rio tomando más vino.

—Dudo que eso hiciera una diferencia. —Se frotó el costado en broma— Pegas fuerte.

Ella negó sin perder la sonrisa.

—¡Ah! El Mercenario Supremo no resistió una caricia —rio.

—Viniendo de la Rosa del Desierto, esperaba algo mejor —dijo ocultando una sonrisa.

Así siguieron hablando por un rato, hasta que la comida y el vino se acabaron. Mentirían si dijeran que no la estaban pasando bien, pero tenían una misión que cumplir. La pareja observó las demás mesas sin levantar sospechas, mas no había señal del sujeto. Habían oído que el anuncio sería pronto, así que debía de haber llegado ya. Pronto algunos invitados se levantaron para acercarse a la entrada. Los invitados saludaron animados y los chacales vieron a un tigre de bengala vestido de traje negro, acompañado de una humana piel morena y cabello oscuro con vestido blanco.

—Muchas gracias por el recibimiento, pero diviértanse otro rato —dijo el tigre caminando con la mujer hasta el ascensor—. Tengo un asunto urgente que atender —añadió mirando a su acompañante, que se sonrojó levemente.

Mientras las puertas se cerraban se vio como tomó a su acompañante de la cintura. Ante la escena los invitados comenzaron a cuchichear mientras volvían a sus lugares. Los chacales intercambiaron miradas y se separaron para buscar a su objetivo. Al estar solos atrajeron algunas miradas.

—¡Hola, señorita! ¿Qué hace sola? —preguntó un coyote, ganándose un codazo de su acompañante.

—Buscó a alguien —respondió Kelly con desdén.

—Tal vez pueda ayudar ¿De quién se trata?

Ella le comentó y el coyote pensó un poco. Aseguró conocerlo, pero no lo había visto desde que llego hace un rato. Sin embargo, sugirió buscarlo en la terraza del hotel. Las pocas veces que había hablado con él mencionó que era su lugar predilecto. Ella agradeció y tras no encontrar más fue a buscar a Zero. No lo vio por las mesas y menos por la pista, luego de avanzar lo encontró en la barra. Al estar cerca lo golpeó ligeramente en la espalda y el chacal casi derramó la bebida.

—¿Qué…? —dijo molesto, pero se detuvo al ver a Kelly con una mano en la cintura.

—Yo buscándote y tú aquí bebiendo sin invitar —gruñó fingiendo molestia.

—No encontré nada —respondió mientras pedía otro vaso—. Algunos dicen conocerlo, pero no lo han visto. Entonces vine a tomar algo mientras te esperaba —explicó tomando un trago.

Kelly se sentó a su lado y el barman colocó un vaso con la misma bebida de Zero, un Vermouth Rosso con soda.

—Por el éxito —dijo el chacal alzando el vaso.

—Por el éxito. —Chocó el vaso.

En un minuto Zero terminó su bebida y ella no se quedó atrás.

—Termine primero —anunció Zero.

—No estábamos compitiendo, además la tuya estaba más vacía —argumentó.

—En ese caso. Te reto —desafió mirándola.

—¿En estos vasos? —dijo alzando una ceja—. Eso no es un reto.

Zero sonrió y ambos observaron algunas bebidas en la lista hasta ponerse de acuerdo. Sin mas ordenaron dos tragos largos de Pink Collins sin hielo. El barman iba a decir algo, pero ellos lo miraron haciendo que se ahorrara el comentario. Pronto tuvieron las bebidas en frente y ordenaron al barman contar. Al llegar a tres arrancaron los vasos de la barra y comenzaron a beber. En unos segundos sonaron los vasos contra la barra casi al unísono. La pareja miró directo al barman, que se frotó el cuello inseguro.

—Creo que terminaron igual. —Ellos gruñeron exigiendo la verdad— La dama terminó primero.

Zero resopló y Kelly le palmeó la espalda mientras ahogaba una risa, pero pronto estalló en risas. Zero también rio y le dio un ligero empujón que ella devolvió con igual intensidad. Los demás en la barra los miraron y el barman se alejó. De pronto la chacal se palmeó la cara al recodar la información que le dieron. Zero la miró extrañado.

—Uno de los invitados aseguró conocerlo y sugirió buscar en la terraza del hotel —dijo a regañadientes.

Zero resopló volviendo a la seriedad, ya le estaba fastidiando la misión. Entonces la pareja tomó el ascensor hasta la terraza. El lugar contaba con algunas mesas bajo techo, una vista perfecta de la ciudad y menos invitados. Zero avanzó un poco, pero al mirar a su lado faltaba Kelly. Volteó para encontrarla centrada en el horizonte, así que se acercó y alcanzó a oírla suspirar. En eso Zero la llamó con suavidad sacándola de sus pensamientos.

—Buena vista ¿no lo crees? —dijo ella.

El chacal observó los edificios iluminados, abarcaban kilómetros y pintaban la noche de colores. Los autos transitando y las personas añadían vida a una ciudad despierta.

—Si —dijo colocando una mano sobre el hombro de Kelly—. ¿Te trae recuerdos?

—No, solo pensaba. Nada que te importe —dijo apartando la mirada.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Porque es de esas preguntas que sientes que debes hacer ¡Aunque no quieras! —dijo cortante.

Zero frunció el ceño, pensaba dejar el tema mas no le gustó su forma de cortar.

—¡Está bien que no quieras contarme! —dijo molesto—. Pero si me importa Kelly —añadió más calmado.

Ella lo miró a los ojos buscando algún indicio de mentira, él esperó en silencio. Al ver que no mentía se colocó a su lado, ambos mirando la ciudad.

—Viendo la ciudad no pude evitar pensar en una vida normal —suspiró—. Me gustaría probarlo. No tener que matar todo el tiempo para ganar dinero. Estar tranquila porque no hay alguien queriéndome matar en cada esquina. Pero es mi vida y no puedo cambiarla. —Miró a Zero— Y aún así, a veces, solo quisiera ser alguien del montón… No creo que entiendas eso —dijo bajando la mirada.

Zero la miró sin saber qué hacer y también dolido por esas últimas palabras. Tenía la mente en blanco, se sentía impotente por no tener palabras. Abrió la boca, pero no encontraba palabras.

—Antes pensaba similar Kelly. Pero no era más que un sueño, una ilusión. El ser una especie pequeña tiene sus consecuencias.

—Si, no es justo que por ser una especie pequeña casi todos tengamos este destino —dijo esbozando una sonrisa maliciosa—. Por eso me gustaría verlos a todos en mi lugar.

Zero esbozó una sonrisa y una sensación extraña lo invadió.

—Estoy de acuerdo. ¡Demonios! Hasta brindaría por eso.

—No tengo problema con otro trago —dijo Kelly recostando la cabeza en su hombro y sintió ese olor.

—Ni yo. —Le rodeó con un brazo la cintura, podía percibir su aroma.

—Hiciste un buen trabajo —elogió ella acariciando su cabello.

—Y tú luces como una reina.

—Adulador, eso no es común en ti —Se acercó a su oreja— y me gusta ese lado suave —susurró.

El aliento cálido junto a las palabras enviaron una hormigueo por el cuerpo de Zero.

—Siempre sabes como sacarlo —respondió girándose hasta quedar cara a cara, pero sin soltarla de la cintura.

Zero alzó levemente la mirada para encontrarse con esos ojos amarillos, si no fuera por los tacones estarían a la misma altura. Kelly deslizó un brazo por el cuello del chacal, quien ahora miraba sus labios. El chacal la acercó hasta que sus cuerpos se tocaron y colocó la otra mano en su mentón. Sentían el aliento del otro y un aroma prohibido mezclado con bebidas. Zero acercó la cara de Kelly con la mano y ella lo haló del moño un poco. Ambos cerraron los ojos y pronto sus labios se rozaron hasta unirse con suavidad. La sensación les recordó a aquella noche en Sand Hill, haciendo que sus corazones se aceleraran.

En unos segundos se separaron, retomando el contacto visual. Esta vez la chacal rodeó con ambos brazos el cuello de Zero y lo acercó. Cuando sus labios chocaron Zero acarició el cabello de ella, mientras sus labios se movían. En eso escucho un gemido de ella, que abrió un poco la boca y pasó la lengua por los labios de Zero. El sabor del alcohol fue estimulante, su mente estaba en blanco y solo se concentró en el momento. El chacal respondió abriendo la boca y luego ambos escucharon una voz. Era un llamado a los invitados para el anuncio de la noche. Los chacales se separaron a regañadientes y suspiraron frustrados. Entonces acomodaron cualquier desperfecto en la ropa antes de bajar, mientras maldijeron su suerte.

Al bajar las luces apuntaban al medio de la pista, iluminando al tigre de hace rato que estaba un poco desarreglado. Los chacales comenzaron a buscar en los alrededores y decidieron separarse, escudriñando entre los invitados. Kelly se abrió paso entre los invitados, ganándose su atención gracias al perfume. Ahora pensaba que no fue tan buena idea. Luego de avanzar un poco lo encontró, estaba al otro lado de la pista. Un lobo gris con manchas negras y una cicatriz en la mejilla izquierda. Estaba de traje blanco y lo acompañaba una felina con vestido blanco.

Kelly notificó al jefe y lo mantuvieron vigilado mientras terminaba el anuncio. En unos minutos estallaron los aplausos. Los chacales siguieron la corriente mientras se acercaban al blanco y la gente se dispersaba. El objetivo se sentó en una mesa y estaba ordenando. Los chacales se sentaron en la mesa de al lado y un mesero se acercó, pero ellos lo despidieron. Se habían sentado de forma tal que Kelly pudiera ver de frente al lobo. La chacal sacó el abanico y lo miró de reojo, esperando conectar las miradas. Ella tomó su abanico en la mano izquierda.

—¿Estas tratando de decirle algo? —preguntó Zero.

Kelly asintió y Zero, otra vez, se quedó con las ganas de saber que decía. En una de esas la mirada de Kelly se cruzó con la del lobo, que notó el abanico. El lobo miró curioso a la chacal, pedía que resolviera las dudas. Ella le guiño y apoyó el abanico sobre su mejilla derecha, para luego dejarlo en su mano izquierda. El lobo asintió con una sonrisa y tomó un tragó. La felina volteo ante el gesto, pero Kelly había bajado el abanico y miraba a Zero.

—¿Ya cayo? —preguntó Zero.

—Sí, bueno, al menos entendió. Ahora sería bueno separarlos —dijo—. Tal vez esperar que terminen sea mejor.

—Entonces creo que iré por algo ¿quieres? —dijo levantándose.

—Sí, tráeme un Rose. Se veía delicioso.

Zero asintió y fue a la barra de bebidas. Entretanto Kelly intentó captar la atención del lobo y al tenerla levantó sus cabellos con el abanico. El lobo esbozó una media sonrisa y ella forzó una, haciéndola lo más natural posible. Entre las miradas la acompañante del lobo se giró y vio a la chacal recogiendo el abanico del suelo. En eso llegó Zero y cruzó mirada con la felina. El chacal le sonrió alzando una copa antes de sentarse.

—Veo que llamaste la atención. Aquí tienes —dijo Zero entregando la copa—. Un Rose para otra rosa.

Kelly sonrió mientras miraba la bebida, que tenía un color rosa intenso y una cereza en el fondo. Zero admitió que la bebida se veía tentadora y al probarla se contuvo de tomarla toda. Tenía un sabor intenso a cereza dulce y un aroma atractivo.

—Excelente elección Kelly —elogió.

Ella sonrió disfrutando otro trago. Luego estuvieron hablando mientras las copas se vaciaban hasta quedar una cereza. Zero la comió tranquilo, pero Kelly sonrió maliciosa a Zero antes de tomar la cereza por la ramita con dos dedos. Luego sacó la lengua y colocó la cereza en la punta antes de comerla. El chacal se pasó un dedo por la corbata de moño mientras ella rio. En eso Kelly miró hacia la mesa del lobo y notó que él estaba mirando, probablemente vio su escena. También la chacal observó que ya habían comido.

—Ya terminaron de comer —notificó a Zero.

Luego miró la pista de baile y tras pensarlo unos segundos dijo:

—¿Un baile con cambio de pareja?

Zero tardó unos segundos en entender la idea.

—No es mala idea, pero no sé bailar —dijo Zero.

—¿Y pensaste que yo si? Solo tratemos de imitar a los demás.

—Entonces —dijo levantándose—, ¿bailamos? —preguntó tendiéndole la mano a Kelly.

Ella sonrió tomando su mano y puesta en pie Zero la sorprendió depositando un beso en el dorso de su mano.

—Te afectó el Rose —dijo sonriendo ante el gesto.

—Sé que te gustó —dijo mirándola.

Los chacales caminaron tomados de la mano hasta el borde de la pista. La música estaba por terminar, así que esperarían, mientras observaban los movimientos del resto. Pronto vieron al lobo junto a la felina del otro lado de la pista y comenzó a sonar otra música. Esta era suave, tenía un ritmo más lento a la anterior y gracias a eso algunos abandonaron la pista. La pareja respiró hondo y se colocaron de frente, con la chacal ligeramente más a un lado. Zero colocó su brazo derecho en la espalda de Kelly. El contacto con su espalda descubierta fue electrizante, el pelaje era tan suave. Por su parte, Kelly tomó la mano libre del chacal, dejándola cerca de su pecho y el otro brazo lo llevó a su espalda.

—Esto no está resultando como esperaba —susurró Kelly, asegurándose que Zero la oyera.

—Estamos tensos —dijo Zero bajando la mirada.

Kelly cerró los ojos e inhaló, oyendo la música y tratando de seguirla con su cuerpo. Pronto sintió a Zero moviendo un poco sus manos entrelazadas. La hembra abrió los ojos y en eso se encontró con la mirada del chacal, que esbozó una sonrisa. Ella ladeó un poco la cabeza, confundida. Zero movió un poco la mano en su espalda antes de acercarla. Ambos sintieron un calor en sus caras cuando sus cuerpos chocaron suavemente. Kelly sonrió, la sensación era diferente a cuando inició el baile. Zero simplemente la contemplaba, aprovechando la cercanía mientras se movían con la música. Ella le sonrió y se perdió en sus ojos, le encantaba la peculiaridad de que fueran de colores diferentes. Sin darse cuenta se acercaron más y ahora Kelly tenía abrazado el cuello de Zero. Mientras él tenía los brazos en su espalda, uno más arriba que otro.

Kelly movió la cabeza a un lado y lo acercó. Después reposó su cabeza en el hombro de Zero mientras cerraba los ojos. Ella lo apretó con suavidad y él movió la mano en su espalda, como una caricia. El gesto fue relajante para la chacal y Zero disfrutaba tenerla tan cerca, podía oír su respiración tranquila, disfrutando el momento. Zero también cerró los ojos antes de recostar un poco la cabeza, ya no sabía si sus pies se movían, pero poco importaba. Solo quería sentir ese pelaje tan mullido con un olor reconfortante. En ese momento el olor del perfume no importó.

Ambos siguieron unidos, moviendo sus cuerpos al compás de la música. Eran pasos lentos, casi un balanceó. Sin embargo, ambos sentían una calidez en su interior y poco a poco la música llegaba a su fin. Zero suspiró y dio un ligero apretón a Kelly. Ella entendió el sentimiento.

—Tampoco quiero que esto acabe Zero —susurró.

El chacal sintió un nudo en la garganta al oírla, todo era consecuencia de estar en una misión. Ambos se acercaron tanto como pudieron, sin molestar al otro. La música comenzó a disminuir y los chacales se fueron separando un poco. La pareja seguía abrazada y sus frentes juntas. El chacal bajó la mirada, lamentó que esto fuera una misión, pero no pensó que llegarían a esto. En eso la música cambió y se separaron resoplando. Ambos se dieron unos segundos para ocultar sus emociones. Antes de que empezara otra melodía Kelly miró directo al lobo y caminó hasta él.

—¿Me lo prestas por un rato? —preguntó Kelly.

Sin dar tiempo a responder tomó al lobo de la mano y lo llevó a bailar.

—¡Oye! Ni siquiera respondí —gruñó la acompañante.

—Tranquila —dijo Zero—, yo te haré compañía. Soy Zero.

Ella lo miró de pies a cabeza antes de presentarse.

—En ese caso —dijo envolviendo los brazos en su cuello—. Salgo ganando.

Kelly estaba cuanto menos actuando, tenía al lobo abrazado mientras bailaban, pero no muy pegados. Ambos estaban intercambiando palabras y al poco tiempo Kelly tiró al lobo de la corbata, dejando su cara a centímetros. El lobo percibió ese aroma hipnótico mientras ella pasaba un dedo desde su cuello hasta el mentón. Luego lo acercó hasta que sus labios casi se tocan.

—¿Te importa si vamos a otro lugar? —preguntó casualmente antes de acercarse a su oreja—. Algo más privado —susurró sugerente y luego le mordisqueó la oreja.

Teniendo toda su atención, Kelly se pasó la lengua por un dedo y al llegar a la punta lo chupó ligeramente. El pelaje del lobo se erizó y sintió su cara arder. No muy lejos Zero estaba viendo todo de frente mientras bailaba, así la felina no vería nada. El chacal veía la escena con resentimiento, sabía que era parte del plan y de seguro ya lo tenía en sus manos. Pero eso no lo hacía más ameno, aunque no lo dijera estaba celoso.

—Ojos al frente guapo —dijo su compañera demandando su atención, luego se recostó en su hombro—. Hueles divino —comentó besándolo en el cuello.

El chacal no pudo contener un jadeo, haciendo sonreír a la felina que le dio una lamida corta. En eso vio a Kelly caminando de la mano con el lobo, al parecer iban a salir. Zero apartó suavemente a la felina, que lo miró.

—¿Te gustaría tomar algo? —preguntó deseando un rotundo sí.

—Lo que tú quieras —dijo avanzado hasta la barra.

Ella se adelantó un poco y aprovechó lo ajustado de su vestido para darle una buena vista, mientras mecía las caderas. Zero tragó. Se sentaron en la barra y el chacal ordenó dos cócteles sin alcohol.

—Tanto que me costó convencerlo de invitarme y ahora se fue con la primera perra que vio —dijo indiferente.

Zero apretó el vaso es su mano ante el comentario, generando una pequeña grieta.

—Por suerte para mí resultó mejor de lo que esperaba —dijo a centímetros de su cara—. ¡Sígueme! Zero —suplicó colocando las manos en el pecho del chacal y deslizándolas hasta su abdomen.

«Debo mantener esto bajo control», pensó inhalando.

Ella se levantó seguida de Zero y fueron al ascensor. Pronto llegaron a la terraza, por insistencia de Zero, pero esta estaba prácticamente sola para su desgracia. Ella le rodeo el cuello con los brazos, pero Zero la apartó.

—Mejor un poco más lento —sugirió.

—¿Por qué? —dijo halando un poco su escote, dejando más a la vista sus pechos—. Mejor algo rápido —ronroneó.

Zero mantuvo cierta distancia, pero antes de hablar ella dijo:

—Se honesto. Solo tienes ojos para esa perra —rio.

«Tú actuando así y Kelly es la perra», pensó —Cuidado con lo que dices —amenazó.

—Está bien —dijo acercándose—. No me meteré con tu Rosa del desierto, Mercenario Supremo.

Zero abrió los ojos, sorprendido y ella le robó un beso. El chacal regresó de su asombro, la felina lo miraba juguetona.

—Sé quien eres, así que vamos mercenario —arrulló—. Muéstrame tu supremacía —sugirió mordiéndose el labio.

Ahora Zero solo deseaba la llamada de Kelly, pero mientras tendría que seguir el juego. Él gruñó acercándose a la felina, sus caras quedaron muy cerca. Zero colocó una mano detrás de la cabeza de la felina. Algunos invitados los miraban de vez en cuando.

—Entonces eso quieres —dijo amenazante acercando su cara.

Ella chilló, pero él no distinguió si por miedo o emoción. Sin embargo ella no protesto y el chacal esbozó una sonrisa retorcida. En eso pasó la otra mano por debajo de los pechos de la chica, casi rozándolos. La felina gimió y se inclinó para besarlo, pero él la frenó poniendo un dedo en sus labios. Ella le lamió el dedo mirándolo deseosa

—Nada de adelantarse —dijo severo y antes que respondiera la cayó con besos rápidos.

Afuera del hotel, Kelly estaba tratando de convencer al lobo de acompañarla. Aún estaban a la vista como para secuestrarlo. El lobo estaba recio a olvidar a la felina y en eso llegó el conductor con el auto. Kelly suspiró antes de mirarlo seductoramente y acercarse. Sacó el abanico cerrado y lo dejo caer frente a él.

—¿Sabes lo que significa? —arrulló en su oreja. Él asintió invadido del perfume—. Ya van dos veces que te lo digo. ¿Vas a hacer esperar a una dama? —dijo rodeándole el cuello.

El lobo parpadeó perplejo al sentir los labios de la chacal contra los suyos. El toque fue agresivo, llenó de entusiasmo. El lobo se acercó por más, pero ella lo frenó poniendo un dedo en sus labios.

—Es no es el lugar, pero conozco uno donde no habrá restricciones —arrulló pasándole las manos por el pecho.

El lobo sonrió y le entregó el abanico del suelo. Ambos se subieron al auto y el conductor inicio la marcha. Luego de haber recorrido unas manzanas Kelly se abalanzó sobre el lobo, estrangulándolo con las manos.

—¡Maldito urgido! —gruñó.

En eso el conductor disparó un dardo al lobo, dejándolo adormecido y apuntó a Kelly. Ella le torció la mano hasta que soltó el arma.

—¿¡Que demonios te pasa!? —reprendió el halcón—. Lo ibas a matar.

—No lo iba a matar, solo lo dejaría desmayado por falta de aire mientras me desahogaba —resopló.

Kelly se recostó en el asiento con los ojos cerrados, satisfecha de haber terminado. Ya la misión estaba cumplida, si regresaba no habría molestias. Animada ordenó detener el auto y se bajó para regresar. Solo estaba a unas manzanas, llegaría en nada. Sin más sacó su teléfono para notificar a Zero del éxito. Esta vez habían optado por comunicarse más normal. Con el chacal las cosas estaban tensas, luego de negarse a ir más lejos, y en eso sonó su teléfono.

—Apuesto a que es…

—¡Cállate! —dijo apartándola.

La felina gruñó apretando los puños y cuando Zero contestó ella gimió con placer fingido. Del otro lado Kelly se detuvo en seco al oírlo, seguido de la voz de Zero. Lo siguiente en escucharse fue a la felina gritando el nombre de Zero y en eso la llamada se cortó. Kelly se quedó ahí parada, sintió como su sangre hervía mientras apretaba un puño. No sabía que pensar y sintió una molestia en el pecho, sin más avanzó rápido hasta el hotel.

—¡Maldita loca! —gritó Zero tomando a la felina del cuello.

—Sé que te gustó —dijo entrecortado.

Zero la soltó resistiendo el impulso de golpearla y se alejó, dando por sentado que Kelly había terminado su parte. Le marcó de regreso, pero no contesto. La felina lo seguía exigiendo que terminara lo que empezó. El chacal optó bajar por las escaleras y ella preguntaba cuando Kelly volvería con el lobo. Zero trató de ignorarla, aunque consideraba aventarla por las escaleras. Entre tanto, Kelly estaba humeando mientras esperaba impaciente que los guardias revisaran todo. Al entrar escudriño cada rincón hasta ver a su jefe saliendo de las escaleras, seguido de esa felina. La chacal caminó hasta ellos, estaba molesta y dolida. Zero al verla retrocedió un paso y tragó seco.

—Por fin terminaron ¿Dónde está mi lobo? —dijo la felina parándose frente a Kelly.

—¡No regresará perra! —escupió empujándola a un lado.

En eso se escuchó un golpe. Kelly tenía la cara medía volteada mientras la felina respiraba pesado con sangre en una mano, sus garras estaban descubiertas. Zero la tomó por el cuello antes que Kelly y la felina lo arañó. Entonces Kelly puso una mano firme en el hombro de Zero, que gruñó a la felina antes de soltarla. En un instante la chacal la alzó por el cuello y la felina luchó por aflojar el agarre.

—Eso fue valiente —elogió Kelly tanteando el corte—. Me dan ganas hasta de liberarte —añadió apretando más.

En eso Kelly sacó una garra y la apoyó en mejilla de la felina. Ella forcejeó mientras derramaba algunas lágrimas e intentaba hablar. Kelly entonces cortó ligeramente la mejilla, lo suficiente para sacar sangre. Ya felina se estaba quedando sin aire y cuando se desmayó la chacal la arrojó al suelo. Kelly se giró hacia Zero mientras una conmoción había empezado. Los gritos resonaban en el ambiente y personal de seguridad se desplegó. Los chacales gruñeron posponiendo lo inevitable. Zero sacó su daga y Kelly retrajo el abanico dejando las cuchillas.

La pareja trató de abrirse paso a la entrada, pero la cantidad de invitados no dejaba y en eso los interceptó un guardia. Kelly le atravesó el brazo con las cuchillas y le arrancó el arma antes de dispararle en el pecho. Por su parte Zero cortó la mano a otro, tomó su arma y lo degolló. Aparecieron otros guardias y hasta invitados armados. Los disparos se mezclaron con gritos, mientras los chacales avanzaban a la puerta. Los cañones de sus armas humeaban mientras sus ropas se pintaban de rojo. Cuando ya no venían más guardias y solo quedaban ellos entre los cuerpos, se confrontaron.

—¿Ya estás calmada? —preguntó Zero.

—¡Imbécil! —espetó—. Después de una noche así y terminas…

—Eso no pasó Kelly —interrumpió—. Ella lo hizo para molestarte, aunque sí que ella quería.

—¿Y qué pasa con el de hacer todo por la misión? —añadió.

—¡Solo actuaba! ¡Igual que tú con ese lobo! —aseveró—. Digo lo besaste, acariciaste y ¡no sé que más! —dijo resentido.

—¡Cállate, no soy una zorra! —gritó abofeteando a Zero— ¡Sabes que esa era la misión y que yo no iría tan lejos jefe!

—¡Tampoco yo Kelly! ¡Estaba hasta dispuesto a olvidar la misión! —explotó tratando de calmarse

En eso se escucharon las sirenas de la policía, por lo que salieron corriendo del lugar. Sin embargo, afuera estaba una patrulla y dos policías desenfundando armas, mas la pareja no estaba para juegos. Kelly se abalanzó sobre uno derribándolo y le perforó los pulmones con el abanico. Repitió la acción varias veces hasta casi matarlo. Ella respiraba agitada y alzó el abanico apuntando al cuello. En un instante le rebanó el cuello y cortó parte de la mandíbula. Su respiración se hizo más lenta viendo el cadáver.

Entretanto Zero había incrustado la daga en el cuello del humano y lo cortó hasta el pecho. Luego con un gruñido deslizó la daga hasta cortarlo a la mitad. Sin mas se perdieron entre las calles y ya estando a una distancia segura, entre los callejones, Zero aminoró pero la chacal no. Él la tomó del brazo, mas ella se zafó y se detuvo a unos metros. Zero tragó antes de acercarse.

—Me disculpo por mi arrebato jefe —dijo Kelly calmada.

—Está bien, no fuiste la única en explotar. Lamento lo que dije —dijo Zero colocándose a su lado—. Solo espero que me creas que no pasó nada.

—Te creo —dijo mirándolo—. Reconozco cuando mientes, y ¿en serio pensabas abandonar la misión? —preguntó sonriendo.

Él se pasó una mano por la parte posterior de la cabeza.

—Sí, es que era una noche…

—Maravillosa —completó ella.

Kelly le pasó una mano por el brazo y luego lo envolvió en un abrazo. El chacal devolvió el gesto y ella lo apretó recostando la cabeza en su hombro mientras suspiraba. Una calidez llenó el interior de los chacales. Ambos estuvieron abrazos varios segundos, solo querían estar cerca del otro.

—Gracias por la velada Zero —dijo Kelly separándose.

—Gracias a ti por hacerla única —dijo tomando su mano.

Ella le plantó un beso en la mejilla y él acarició su mano. Luego comenzaron a caminar para «tomar» un taxi y entretanto siguieron hablando, riendo y haciendo bromas. Sin duda, era más que una misión cumplida para ellos.